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Desvelado el origen del misterioso tesoro de El Carambolo

Un nuevo análisis revela el origen del legendario tesoro de El Carambolo, de 2.700 años de antigüedad y, pese a especulaciones previas, no tiene nada que ver con la Atlántida.

El tesoro de El Carambolo consta de 21 piezas de joyería de oro descubiertas por unos obreros cerca de Sevilla en 1958. FOTO POR KARSTEN MORAN, THE NEW YORK TIMES, REDUX

Fuente: Joshua Rapp Learn  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
10 de abril de 2018

Nuevos análisis químicos han resuelto el misterio del origen del tesoro de El Carambolo, un magnífico conjunto de antiguos objetos de oro descubiertos por unos obreros cerca de Sevilla en 1958.

Cuando se descubrió el tesoro de 2.700 años, enseguida generó mucha especulación y debates sobre Tartessos, una civilización que prosperó en el sur de España entre los siglos IX y VI a.C. Fuentes antiguas describían a los tartesios como una cultura rica y avanzada con un rey al frente. Dicha riqueza y el hecho de que los tartesios aparentemente «desaparecieran» de la historia hace unos 2.500 años, ha dado pie a teorías que equiparan a los tartesios con el lugar mítico de la Atlántida.

Otra parte del debate sostenía que las joyas eran de origen fenicio, una cultura semítica y marinera de Oriente Próximo que llegó al Mediterráneo occidental en el siglo VIII a.C. y estableció un puerto comercial en la actual Cádiz.

«Algunas personas creen que el tesoro de El Carambolo procede de Oriente, de los fenicios», afirma Ana Navarro, directora del Museo Arqueológico de Sevilla y una de las autoras del reciente estudio sobre el tesoro publicado en Journal of Archaeological Science. «Con este trabajo sabemos que el oro se extrajo de minas de España».

De origen local

El tesoro de El Carambolo es una colección de 21 piezas de oro, entre ellas un collar con medallones con grabados intrincados, varios adornos para el pecho en forma de piel de buey y espléndidas pulseras. Aunque los arqueólogos creen que el tesoro se enterró deliberadamente en el siglo VI a.C., es probable que la mayoría de las piezas se fabricaran dos siglos antes. Navarro afirma que no se ha descubierto nada de tal extravagancia que date de este periodo en España.

El tesoro incluye placas de oro en forma de rectángulos y pieles de buey, y pesa más de 2 kilogramos. FOTO POR JOSES LUCAS, ALAMY

Para zanjar el debate sobre el origen del tesoro de El Carambolo, Navarro y su equipo de investigación realizaron análisis químicos e isotópicos para examinar diminutos fragmentos de oro que se habían desprendido de una de las piezas. El análisis reveló que el material probablemente procedía de las mismas minas asociadas a los dólmenes de Valencina de la Concepción, que datan el 3.000 a.C. y también se encuentran cerca de Sevilla. Los autores del estudio afirman que las joyas del tesoro de El Carambolo marcan el final de una tradición continua de procesado de oro que comenzó unos 2.000 años antes con Valencina de la Concepción.

Patrimonio multicultural

Navarro afirma que, aunque el oro es de procedencia local, las joyas se fabricaron empleando técnicas fenicias. Se ha identificado un templo fenicio en la zona donde se descubrió el tesoro de El Carambolo, y el mismo tesoro es probablemente el producto de una cultura mixta de los fenicios de Oriente Próximo y los tartesios locales.

Alicia Perea, arqueóloga del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC especializada en tecnología del oro y que ha estudiado el tesoro de El Carambolo está de acuerdo en que los tartesios probablemente eran una cultura mixta de pueblos del Mediterráneo occidental y marineros de Oriente Próximo.

«Un chico fenicio se casa con una lugareña, es decir, para resumirlo de forma sencilla», explica.

Perea encomia el nuevo estudio en términos generales, especialmente porque los análisis químicos e isotópicos de objetos de oro son relativamente inusuales en España. Pero aborda la cuestión del vínculo directo entre la cultura en torno a los artefactos de El Carambolo y aquella en torno a los descubrimientos previos en Valencina.

«Esa línea no existe. La única línea que conecta ambos mundos es el material», afirma.

Algunos investigadores creen que este collar del tesoro podría tener su origen en la isla de Chipre, basándose en su diseño.

Algunos investigadores creen que este collar del tesoro podría tener su origen en la isla de Chipre, basándose en su diseño. FOTO POR DE AGOSTINI, GETTY IMAGES

Sin embargo, las conclusiones de los recientes análisis son ligeramente limitadas, ya que solo se han examinado los fragmentos de una de las 21 piezas del tesoro de El Carambolo. Perea ha publicado un estudio sobre los procesos tecnológicos empleados en la fabricación de joyas y afirma que, aunque algunas de las piezas probablemente se elaboraron a nivel local basándose en el estilo y la técnica, el collar con los medallones grabados podría proceder de Chipre, basándose en su diseño.

Aunque los investigadores siguen desentrañando los misterios en torno a los tartesios, Navarro y Perea están totalmente de acuerdo sobre la posible conexión entre la antigua civilización y la teoría de la Atlántida.

«Es una verdadera locura. No tiene nada que ver con la arqueología o la investigación científica», afirma Perea.

 

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11 abril 2018 at 6:33 pm Deja un comentario

El monumental expolio arqueológico por el que se juzga a dos jubilados en Zaragoza

Se enfrentan a penas de hasta siete años de cárcel, acusados de saquear durante décadas el yacimiento celtíbero de Aratis

Cascos celtíberos originarios de la ciudad celtíbera de Aratis (Aranda de Moncayo, Zaragoza)

Fuente: R. P. > Zaragoza  |  ABC
3 de abril de 2018

Dos jubilados de la provincia de Zaragoza se enfrentan a peticiones de condena de hasta siete años de cárcel y a cuantiosas multas e indemnizaciones, acusados de haber saqueado durante décadas el yacimiento celbíbero de Aratis o Aratikos, en la también zaragozana localidad de Aranda de Moncayo, y de haber comerciado ilegalmente con valiosas piezas obtenidas en ese enclave. Cuando fueron arrestados, hace cuatro años, la Guardia Civil les sorprendió con unas 6.000 piezas arqueológicas.

Los acusados, Ricardo Granada y Mariano Ostalé, fueron detenidos en marzo y agosto de 2013, respectivamente. Fue fruto de dos operaciones desarrolladas por la Guardia Civil, denominadas Helmet-I y Helmet-II. Helmet significa casco en inglés. Y 18 valiosos cascos celtíberos fueron, precisamente, el detonante de aquellas operaciones. Son los que fueron subastados entre 2008 y 2012 por entre 19.000 y 77.000 euros. Los pusieron a la venta en varias ciudades europeas los herederos de un coleccionista austriaco que se hizo con ellos en los años 90.

El caso puso en evidencia a las autoridades españolas, lo que salpicó de lleno al Gobierno aragonés, que es quien tiene las competencias en materia de patrimonio histórico-artístico. Desde algunos sectores se denunció la dejadez de la Administración, la falta de rigor para proteger el yacimiento y para intentar recuperar esos cascos que, según alertaron diversos expertos, procedían de Aranda de Moncayo, de esa antigua ciudad celtíbera. De hecho, no fue hasta la primavera de 2016 cuando el Gobierno de Aragón protegió el yacimiento de Aratis mediante su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).

Al final, al menos, las reiteradas advertencias llegadas desde Alemania motivaron la apertura de una investigación que acabó con la detención de esos dos hombres que ahora, jubilados, se sientan en el banquillo en la Audiencia de Zaragoza. Este martes se celebra la segunda y última sesión de un juicio que quedará visto para sentencia cinco años después de que se formalizaran las acusaciones contra ellos. Este lunes, durante la primera sesión del juicio, ambos negaron todas las imputaciones, rechazaron que llevaran a cabo expolio alguno y afirmaron incluso que no se conocían entre sí.

Uno de los procesados es Ricardo Granada. Cuando fue detenido ya estaba jubilado. La Guardia Civil encontró en su poder, en marzo de 2013, la friolera de 4.000 piezas arqueológicas de lo más diverso, supuestamente obtenidas tras dos décadas de ilícitos rastreos con buscadores de metales. Ricardo Granada es vecino de Aranda de Moncayo, en cuyo término municipal se encuentran los restos de la vieja ciudad de Aratis, un poderoso enclave celtíbero que participó junto a Numancia (Soria) y Segeda (Mara, Zaragoza) en levantamientos contra los romanos.

Aquella operación de la Guardia Civil permitió obtener datos y documentación que dio de sí para una segunda fase de la investigación, la «Helmet-II» que, en agosto de 2013, condujo a Mariano Ostalé, un ebanista con taller en la localidad zaragozana de Utebo. Ahora también está jubilado. Cuando fue arrestado, en agosto de 2013, en inmuebles de su propiedad se localizaron 4.000 piezas arqueológicas de lo más diverso, abundante material celtíbero.

Queda por ver ahora en qué queda el proceso. De momento, la Fiscalía pide para Ricardo Granada cinco años de prisión por expolio arqueológico y venta ilegal de piezas del patrimonio histórico, además de 120.000 euros de multa. Y para Mariano Ostalé tres años de prisión y 180.000 euros de multa. El Gobierno aragonés, que ejerce la acusación particular, reclama para cada uno de ellos siete años de cárcel -tres de ellos por un delito de contrabando- y que hagan frente conjuntamente a una multa de 106.825 euros. El Ayuntamiento de Aranda de Moncayo también está personado, para tratar de resarcir al municipio del expolio arqueológico sufrido.

 

3 abril 2018 at 1:47 pm Deja un comentario

Descubren una lámina con escritura ibérica de gran valor arqueológico en la Illeta dels Banyets (Alicante)

El hallazgo en el yacimiento alicantino revela la probable llegada del primer alfabeto de los griegos a la antigua región Contestania

Yacimiento arqueológico de La Illeta dels Banyets. MARQ

Fuente: ABC Comunidad Valenciana
27 de febrero de 2018

La campaña de excavaciones en la Illeta dels Banyets en El Campello (Alicante) ha sacado a la luz dos hallazgos “excepcionales” por su relevancia: un fragmento de una escultura y una lámina con signos de escritura ibérica que podría situar allí la llegada del alfabeto grecoibérico a este territorio.

En el caso de esta última, se trata de una lámina de plomo que se presenta doblada y en la que se reconocen signos de escritura ibérica, concretamente grecoibérica propia de la Contestania, la región ibérica que ocupaba la actual provincia de Alicante y parte de Murcia. Precisamente láminas de plomo en grecoibérico se han encontrado varias en el poblado de Serreta (Penàguila-Cocentaina-Alcoi) y dos más en otros tantos yacimientos murcianos.

Que el íbero adopte este alfabeto para transmitir físicamente su lengua es una manifestación cultural de primer orden, ya que trasluce una fuerte influencia griega en estas tierras. El descubrimiento de esta lámina en la Illeta es muy importante, puesto que señalaría que, hoy por hoy, el punto de recepción y transmisión de este alfabeto se daría en este centro costero, según fuentes de la Diputación.

Aunque la excavación del Barrio Suroeste no ha finalizado, esta intervención a nivel arqueológico ha sido de suma importancia dada la calidad y cantidad de los objetos hallados, pues amplían de forma notable los conocimientos sobre el desarrollo urbano de la Illeta durante la segunda fase y han permitido conocer nuevas estructuras y espacios que no son comunes en otros yacimientos de época ibérica.

Zona visitable ampliada

A nivel museístico supone una ampliación de casi 400 metros cuadrados del espacio expositivo y propicia un cambio en los itinerarios de los visitantes que les permitirá recorrer el espacio dedicado a la protohistoria de una manera más libre, así como contemplar los distintos edificios desde puntos de vista hasta ahora desconocidos.

Según ha informado este martes la Diputación de Alicante, el resultado de las últimas actuaciones consolida “la singularidad y el valor” del enclave, “único en el litoral mediterráneo y de gran valor arqueológico”.

Los diputados de Cultura y Arquitectura, César Augusto Asencio y Jaume Lloret, respectivamente, han visitado el paraje, junto al director técnico del MARQ, Manuel Olcina, y el arquitecto de la Diputación, Rafael Pérez, para conocer de primera mano el nuevo tramo de la calle principal. Se trata de la arteria más amplia del paraje, con una anchura de cuatro metros, y las excavaciones han reafirmado que el poblado estaba dotado de un urbanismo complejo, bien desarrollado y planificado desde el inicio.

Además, los trabajos han sacado a la luz otro resto de interés: un fragmento de escultura en piedra, parte de la boca de un toro realizada en arenisca, que se confirma como la primera talla cierta de la Illeta dels Banyets, puesto que la única hallada hasta el momento era de origen más dudoso.

Se trata de un toro similar a otros descubiertos en los yacimientos de Benidorm, la Vila Joiosa, Monforte del Cid o Petrer que se presentan en posición echada con las cuatro patas flexionadas, con cuernos y orejas postizas y de otro material, quizá hueso o metal.

Esta pieza se ha encontrado en el poblado, un lugar que no le es propio ya que la escultura ibérica forma parte de monumentos funerarios, coronando las estructuras, o en santuarios extraurbanos. Por ello, todo indica que el fragmento seria transportado hasta el enclave, ya en época ibérica, desde el área de la necrópolis situada junto a la torre renacentista.

 

27 febrero 2018 at 10:10 pm 1 comentario

El último misterio de Tartesos

Un yacimiento de Badajoz abre pistas sorprendentes sobre esta ancestral civilización que floreció en el suroeste de la península Ibérica, de la mano del comercio con los fenicios, en la primera mitad del primer milenio antes de Cristo.

Animales sacrificados en un ritual celebrado hace 2.500 años en un edificio hallado en Guareña (Badajoz). La escalinata de la derecha convierte esta construcción tartésica en algo insólito en el Mediterráneo occidental. CARLOS CARCAS

Fuente: J. A. Aunión EL PAÍS SEMANAL
20 de febrero de 2018

Hace 2.500 años, muy cerca de lo que hoy es el municipio de Guareña, en Badajoz, los lugareños se reunieron en un enorme edificio de dos plantas para celebrar un banquete y una ceremonia ritual en la que sacrificaron decenas de valiosos animales. Después lo quemaron todo, lo sepultaron y lo abandonaron para siempre. Los últimos días de aquella insólita construcción, congelados en el tiempo gracias a la mezcla de las cenizas y arcilla que ha protegido sus restos todos estos siglos, pueden ser claves para entender la última etapa de Tartesos. Y, de paso, para cubrir algunos de los huecos que durante tantos años se han rellenado a base de mitos y leyendas (de Hércules al rey Argantonio) sobre la gran civilización que floreció en el suroeste de la península Ibérica, de la mano del comercio con los fenicios, en la primera mitad del primer milenio antes de Cristo. Tartesos confluyó con la colonización fenicia y llegó a ser tan brillante y rica que excitó la imaginación de los historiadores griegos. Perduró unos cinco siglos, y su decadencia y desaparición total, hacia el 500 antes de Cristo, aún está por aclarar.

El río Guadiana a su paso por Guareña, cerca del yacimiento del Turuñuelo. CARLOS CARCAS

“Faltan muchos análisis que hacer y mucho edificio por desenterrar —apenas se ha excavado el 10%—”, advierten Sebastián Celestino y Esther Rodríguez, arqueólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y responsables del yacimiento de las Casas del Turuñuelo de Guareña, que empezó a excavarse en 2015. Pero los huesos de 22 caballos, 3 vacas, 2 cerdos, 2 ovejas y 1 asno sacrificados (eso de momento, puede haber más) no solo representan un hallazgo extraordinario —es la mayor hecatombe de animales localizada hasta ahora en todo el Mediterráneo, la primera de tamaño comparable a los holocaustos religiosos que se describen en el Antiguo Testamento o en la Iliada y la Odisea—, sino que abren nuevas pistas para entender qué pasó allí.

El de Guareña no es el único edificio que entre finales del siglo V y principios del IV antes de Cristo tuvo ese mismo final en las Vegas Altas del Guadiana, un territorio que había cobrado vida e importancia económica apenas un siglo antes, gracias a las oleadas migratorias llegadas por culpa de una gran crisis económica desde el núcleo central de Tartesos, entre lo que hoy es Huelva y Sevilla. Toda una serie de construcciones similares —como el santuario de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena, o La Mata, en Campanario, con un perfil más económico—, encargadas de la gestión del territorio y del control del paso por el Guadiana, acabaron también autodestruidas casi al mismo tiempo, algunas tras un gran festín como el del Turuñuelo. La gran diferencia es el desmesurado sacrificio de animales, incluidos todos los caballos, claros símbolos de abundancia y distinción en aquel tiempo, colocados además en posturas teatrales: la mayoría en parejas, ­algunos con las cabezas entrelazadas.

Esto, sumado a las otras riquezas enterradas (sacos de grano, vasos de pasta vítrea, juegos de ponderales, bronces destrozados a propósito), abre la hipótesis de que aquellos hombres y mujeres pensasen que los dioses les habían castigado y que estuvieran intentando ponerle remedio sacrificando los más valioso que poseían, explica Sebastián Celestino.

Copa de vino y fuentes de la excavación. CARLOS CARCAS

Perdería entonces fuerza la idea tradicional que dice que se marcharon por miedo a una inminente invasión de los pueblos celtas del norte, algo que tampoco concuerda con la casi absoluta ausencia de armas (común en realidad a todo Tartesos) y la enorme cantidad de tiempo y mano de obra que se debió de necesitar para ocultar semejante construcción (se calcula que el edificio ocupa casi una hectárea de terreno). Los expertos creen que se debió más bien a algún cambio brusco del clima, alguna gran catástrofe natural o gran epidemia.

Los investigadores insisten en que se trata de resultados e interpretaciones provisionales. Podrán afinar mucho más, por ejemplo, cuando sepan cómo fueron sacrificados los animales, a qué edad o si fueron eviscerados o descarnados después de muertos. Desde que comenzaron los trabajos en 2015 ya han desenterrado una habitación llena de ricos objetos —joyas, puntas de lanza, cerámicas, semillas, parrillas de bronce y un gigantesco caldero extraordinariamente conservados—, otra gran sala con un altar de adobe típico tartésico (que representa una piel de toro) y una rarísima bañera-sarcófago. Además, está la escalinata monumental de tres metros de altura (en la que se utilizó una especie de protocemento un siglo antes de que el Imperio Romano empezara a usar el opus caementicium) que conduce al patio donde se han hallado los animales y frente a la que se abre un camino de pizarra y se intuye una gran puerta en un lateral. El hecho de que conserve las dos plantas también convierte el edificio en un descubrimiento único en todo el Mediterráneo occidental.

Uno de sus dos directores de la excavación, Sebastián Celestino. CARLOS CARCAS

Con todos esos ingredientes, no es extraño el interés que el yacimiento ha despertado en la comunidad científica. Los responsables de la excavación reciben constantes ofertas de colaboración por parte de decenas de expertos e instituciones. Celestino, que también dirige el Instituto de Arqueología de Mérida (centro mixto del CSIC y la Junta de Extremadura), y Rodríguez aceptan muchas de ellas para superar la limitación de medios a la que suelen enfrentarse este tipo de trabajos en España; en su caso, su única subvención procede de la Diputación de Badajoz. Así, por ejemplo, el laboratorio de restauración de la Universidad Autónoma de Madrid está recomponiendo algunos de los restos hallados en Badajoz; mientras, en la Universidad de Cambridge se analizan sus fragmentos de tela; entre ellos, la que es probablemente la lana más antigua encontrada en la Península.

Y también un equipo de ingenieros de la Universidad de Extremadura ha recorrido la excavación con un escáner para tomar información que permitirá reproducir en 3D a escala 1:1 las estancias. Eso servirá después, entre otras cosas, para el desarrollo de algoritmos específicos que permitan recomponer, a partir de los fragmentos encontrados, la forma precisa de la bañera o de la puerta del patio, explica la investigadora Pilar Merchán. Además, el registro exacto de cómo era el patio con los animales sacrificados será especialmente importante por si en un futuro (de momento, bastante lejano) se plantea abrir el yacimiento al público y colocar reproducciones de los huesos.

Esther Rodríguez, codirectora de la excavación (en el centro). CARLOS CARCAS

De momento, y ante el rápido deterioro de los esqueletos, seis zooarqueólogos de diferentes centros de investigación se disponen a transportarlos a sus respectivos laboratorios para analizarlos y, en algunos casos, prepararlos para su conservación (una vez restaurados, todos los restos pasan a disposición del Museo Arqueológico de Badajoz). “Cuando eran solo dos caballos [los primeros que salieron a la luz], yo podía hacerme cargo, pero cuando siguieron saliendo y saliendo, vi que esto era demasiado, que necesitaba ayuda”, cuenta a pie de obra Rafael Martínez Sánchez, arqueólogo experto en restos animales de la Universidad de Granada. Así, de la forma más natural, durante una cena tras un taller celebrado en Mérida el pasado mes de octubre sobre Los sacrificios de caballos en la península Ibérica durante la I Edad del Hierro, nació el improvisado equipo.

Melchor Rodríguez Fernández, obrero especializado en trabajos arqueológicos. CARLOS CARCAS

Sacar de la tierra con piqueta y paletín los restos de una treintena de animales de hace 2.500 años es un trabajo delicado que requiere un plan de ataque: por dónde empezar, cómo nombrar a cada individuo… Mientras lo deciden en el yacimiento (Pilar Iborra y Rafael Martínez Valle, del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración, llevan la voz cantante), repasan las primeras impresiones: aquel parece un ternero; este, un asno de cabeza enorme; a esta cerda le falta una paletilla delantera (¿se la comerían durante el festín?); al caballo quizá le cortaron las patas antes de sacrificarlo… A los especialistas se les ve abrumados, pero también entusiasmados; muy raramente pueden trabajar con semejante muestra, que les permitirá conocer, por ejemplo, pautas de alimentación y enfermedades (de esto se encarga Silvia Albizuri, de la Universidad de Barcelona). O indagar a través de su ADN, si el estado de conservación lo permite, en el proceso de domesticación del caballo en la Península, explica Jaime Lira, del Centro Mixto Universidad Complutense de Madrid-Instituto de Salud Carlos III y miembro del equipo de Atapuerca.

Son sin duda enormes las posibilidades que se abren en este yacimiento de las Casas del Turuñuelo para saber mucho más sobre cómo eran, cómo se organizaban o cuál era la relación de esa cultura tartésica tardía con los lejanos países del otro extremo del Mediterráneo; se han encontrado objetos griegos, pero también imitaciones hechas en los alrededores, y en los bloques rectangulares que sostienen la escalinata monumental se puede ver una versión local de los sillares de piedra que usaban en Grecia. Y como además existen muy pocos restos de envergadu­ra en la zona central de Tartesos en torno al Guadalquivir —probablemente porque sobre ellos se fueron superponiendo capas y capas de los pueblos que llegaron después—, también pueden ayudar a entender mejor aquella gran civilización.

Desde que empezaron a excavar en Guareña, Celestino y Rodríguez, con la inestimable colaboración de Melchor Rodríguez Fernández, un obrero especializado en este tipo de trabajos desde hace más de 20 años, que ha abierto a pico y pala gran parte del yacimiento, no han hecho más que encontrar a cada paso objetos únicos, construcciones insólitas y los restos más antiguos y mejor conservados en la protohistoria mediterránea (¡hasta los marcos de madera de algunas puertas!). Y todavía falta el 90% restante.

 

21 febrero 2018 at 7:00 pm Deja un comentario

Hallazgo excepcional en la ciudad íbera de Ullastret: un objeto de plomo con una inscripción

El plomo, descubierto durante unas excavaciones arqueológicas en el foso defensivo, contiene una inscripción que pertenece a la escritura ibérica nororiental dual de 16 signos

Objeto de plomo. El objeto de plomo se encuentra actualmente en el laboratorio de restauración del Museu d’Arqueologia de Catalunya en Girona, donde se realizará un estudio más detallado de la pieza. Foto: Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
13 de febrero de 2018

Un pequeño objeto de plomo con una inscripción íbera ha aparecido durante unas excavaciones arqueológicas en el foso defensivo del Puig de Sant Andreu de la ciudad íbera de Ullastret, en la provincia de Girona, según reveló ayer la Generalitat de Catalunya en un comunicado. La inscripción, estructurada en dos líneas, pertenece a la escritura ibérica nororiental dual de 16 signos, según un estudio preliminar realizado por el investigador Joan Ferrer. Del signario ibérico nororiental, de esta parte de la península Ibérica, se conocen dos variantes, una de ellas la dual, que es casi exclusiva de las inscripciones más antiguas de los siglos V, IV y III a.C.

Las excavaciones permitirán recuperar 130 metros lineales del foso defensivo

El objeto de plomo, localizado en los niveles que cubrían el foso defensivo, pesa 65 gramos, mide 4 centímetros de largo y 3 de ancho y actualmente se encuentra en el laboratorio de restauración del Museu d’Arqueologia de Catalunya en Girona, donde se realizará un estudio más detallado de la pieza. Las excavaciones del foso defensivo, iniciadas en noviembre de 2017, forman parte de un proyecto de restauración de las murallas del yacimiento, que permitirá recuperar 130 metros lineales del foso que protegía el lado suroeste de la fortificación. La restauración de la muralla y la parte descubierta del foso mostrarán uno de los sistemas defensivos más importantes del mundo ibérico.

Foso defensivo. Excavaciones arqueológicas en el foso defensivo de la ciudad íbera de Ullastret. Foto: Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya

 

13 febrero 2018 at 2:59 pm Deja un comentario

Grafólogos determinarán la autenticidad del lienzo ibérico con escritura descubierto en Jaén

El Instituto de Arqueología advierte sobre el elevado nivel de fraude en este tipo de piezas

Las láminas ibéricas recuperadas proceden de yacimientos de Jaén.

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC Andalucía
4 de noviembre de 2017

El valor de las 748 piezas arqueológicas aprehendidas en una operación de la Guardia Civil de Jaén está supeditado al dictamen de la comunidad científica. Aunque el delegado del gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, lo calificó de incalculable, puntualizó que requiere el nihil obstat de los expertos, quienes someterán a análisis profesional la tabla plomada con escritura ibérica, que es en teoría el principal objeto recuperado. Con un objetivo: determinar si tanto el metal como la grafía datan de hace 24 siglos o, por el contrario, constituyen una falsificación.

El director del instituto universitario de investigación en arqueología ibérica, Arturo Ruiz, aclara en este sentido que el nivel de fraude en la escritura sobre plomo es significativo, por lo que anuncia que su departamento, encargado de validar la autenticidad de las piezas, contactará con grafólogos especializados a fin de clarificar si pertenece al período ibérico la lámina de plomo, un metal maleable, lo que facilita la simulación de su envejecimiento.

En caso de que los expertos descarten la manipulación tanto en el lienzo como en la escritura, esta pieza se convertirá previsiblemente en una de las más importantes de cuantas se expondrán en el museo internacional ibero, ya finalizado, pero cuya apertura, tras una inversión de 26 millones, aún no ha fijado la Junta de Andalucía. Ruiz aclara, no obstante, que estrictamente no es una pieza única, ya que se han hallado otras similares, también con grafía ibérica, que no se puede traducir porque no existe un punto de apoyo semántico que sirva de guía.

El análisis grafológico abarcará también a los otros lienzos de plomo recuperados por el servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil en una operación que se ha saldado con la detención se 6 presuntos expoliadores. Así lo exige la relevancia de una de ellas, que lleva impresa escritura latina, data de hace 20 siglos y es, tras la tabla ibérica, la pieza más relevante del botín recuperado. En el que también destaca una escultura de la época romana y una moneda griega del siglo V antes de Cristo.

Las piezas, una vez se autentifiquen, serán previsiblemente solicitadas por la Consejería de Cultura para exponerlas en el museo ibero, que una vez abra sus puertas mostrará la principal colección de escultura ibérica del mundo, fruto de la riqueza arqueológica de Jaén, que cuenta con 2.500 yacimientos. De uno de ellos, Cerrillo Blanco, localizado en el término municipal de Porcuna, proceden 2 de las principales piezas: el toro y el guerrero de doble armadura.

 

5 noviembre 2017 at 2:58 pm Deja un comentario

Descubren en Jaén una lámina ibera con la escritura más antigua de España

La pieza, de valor excepcional, ha sido aprehendida por la Guardia Civil tras desarticular una banda de expoliadores

La lámina ibera escrita tiene una antigüedad aproximada de 24 siglos – ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ  |  ABC
3 de noviembre de 2017

La Guardia Civil ha recuperado en una operación contra el expolio arqueológico desarrollada en Jaén una lámina de plomo que data del siglo III antes de Cristo, cuyo valor excepcional radica en los signos que contiene. Los expertos aseguran que es la zona cero de la escritura original autóctona de la Península Ibérica. Frente a su importancia palidece la del resto de piezas, 748, recuperadas por el servicio de protección de la naturaleza del instituto armado, entre las que destaca una placa romana fechada en el siglo segundo, la escultura de fauno y un decadracma griego del siglo V ante de Cristo en excelente estado de conservación.

La operación, denominada Alfaíbero, se ha saldado con la detención de 6 personas en Jaén, La Guardia, Andújar y Mancha Real, a las que, además de las piezas, se le ha requisado material para llevar a cabo el expolio. Dado que en la provincia hay 2.500 yacimientos arqueológicos, la Guardia Civil ignora aún el lugar del fue robada la lámina con la inscripción ibérica, si bien confía en que dé sus frutos el estudio que llevará cabo en este sentido el Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica, órgano que en principio ha validado la importancia de la pieza, de la que sólo hay entre 30 ó 40 en el mundo. Es la única, sin embargo, que fue escrita con caracteres iberos hace 24 siglos.

El delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, en su análisis de la operación ha reiterado que el valor de la lámina de plomo es incalculable desde el punto de vista arqueológico, histórico y cultural, al tiempo que ha agradecido a la Guardia Civil el trabajo desarrollado, que se ha prolongado durante años, según ha asegurado el teniente coronel Luis Ortega, jefe de la comandancia, quien ha explicado los pormenores que han llevado a la desarticulación de una banda organizada, especializada en expolios y con un modus operandi profesional.

En la operación se han recuperado gran cantidad de monedas, así como anillos, vasijas y 3 láminas iberas, entre las que destaca la que dio origen a la investigación. Tras constatar su valor, la Guardia Civil hizo un seguimiento de un sospechoso, que se desplazaba con detectores de metales para cometer expolios en yacimientos catalogados de la provincia de Jaén y después se reunía con otros grupos de personas. Entre todos formaban una red dedicada a la comercialización de las piezas. Las vendían en páginas especializadas de las redes sociales, a coleccionistas e incluso a otros expoliadores que después las revendían.

Algunas piezas fueron encontraban en el campo por personas ajenas a la organización mientras llevaban a cabo labores agrícolas, quienes, al desconocer su relevancia, le pedían a un experto de la organización que las evaluara. Si el hallazgo no tenía valor, se lo devolvían, pero, en caso contrario, le decían que había sido aprehendido por la Guardia Civil. Si, a pesar de eso, el agricultor no creía la explicación y exigía la devolución de la pieza, la organización realizaba falsificación de la misma o le entregaba otras similares indicándole que eran más valiosas que la original.

 

3 noviembre 2017 at 2:23 pm Deja un comentario

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