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Érase una vez en Olimpia. Los juegos Olímpicos de la Antigüedad (VI)

Antideportividad y sanciones en los Juegos Olímpicos 

Hace unos días, concretamente el 2 de junio, podía leerse en la BBC un interesante artículo sobre algunos casos conocidos de corrupción y juego sucio en los antiguos Juegos en Olimpia, tema del que pensaba escribir más adelante pero que este artículo me da pie a tratar ahora.

Como es lógico, los juegos en Olimpia no estuvieron exentos de prácticas antideportivas y de intentos de adulterar la competición, lo que les hace en este aspecto no muy diferentes a lo que podemos ver hoy día en los Juegos modernos. Toda competición deportiva implica de entrada la aceptación de una reglas de juego por parte de los competidores, reglas que no todos aceptan y cuya infracción es lógicamente castigada según su importancia y trascendencia.

En Olimpia, la organización y desarrollo de los Juegos se regía por las Leyes Olímpicas. Estas normas estaban grabadas en tablas de bronce y depositadas en el Buleuterión, sede permanente del Senado Olímpico, que era el máximo organismo de apelación y encargado a la vez de velar por su correcta aplicación.

Como normas de aplicación particular de estas Leyes Olímpicas estaban los Reglamentos Olímpicos, de cuya revisión y adaptación se encargaban los hellanódikas o «jueces griegos». Los hellanódikas fueron una pieza clave en la organización de los Juegos y representó una institución que siempre dio muestras de imparcialidad en decisiones y acuerdos.

La violación de los preceptos olímpicos daba lugar a sanciones, pudiendo ser éstas políticas, económicas, deportivas e incluso físicas.

Las sanciones políticas fueron raras, dado que la sanción solía implicar a una comunidad entera. Los motivos que dieron lugar a este tipo de sanciones solieron tener un motivo bélico o militar, y más concretamente la ruptura de la Tregua Sagrada. Nos referíamos ya en otro lugar a la exclusión de que fueron objeto los espartanos de los Juegos de la 90 Olimpiada (420 a.C.) acusados de haber atacado Physcos después de proclamada la Tregua Olímpica. La sanción incluía la prohibición a los lacedemonios de realizar sacrificios en Olimpia, condena que aquéllos consideraron injusta y se aprestaron a no acatar. Tras un ir y venir de emisarios y cuando en Olimpia se temía una irrupción por la fuerza de los lacedemonios en el Santuario, finalmente la cosa no fue a mayores, lo que da prueba del respeto que entonces merecía esta norma.

Las sanciones económicas fueron sin duda las más habituales. Con el importe de las multas impuestas se hacían los zanes, estatuas de Zeus fundidas en bronce en cuyo pie solía grabarse el nombre del atleta sancionado, su país de procedencia y algún verso en defensa del honor y el juego limpio en la competición. Como se mencionaba en el artículo de la BBC, el primer caso conocido de corrupción deportiva fue el de Eupolos de Tesalia, quien en la 98 Olimpiada (388 a. C.) sobornó con dinero a sus rivales para obtener sin dificultad la corona olímpica en la competición de pugilato (Pausanias V, 21, 3). Eupolos fue descubierto y castigado con una fuerte multa, invertida en la fundición de seis zanes.

La sanción deportiva más habitual fue la descalificación, que solía ir acompañada en muchas ocasiones de una sanción económica. Los motivos más frecuentes de esta sanción fueron dar muerte al adversario en las modalidades de pugilato o pancracio, pero también actuar de manera innoble o con excesiva brutalidad en la competición o, en todo caso, infringir las normas reglamentarias de cada especialidad. Relata Pausanias (VI, 9, 6) cómo en la 72 Olimpiada (492 a. C.), en la final de pugilato, Kleómedes de Astipalea fue privado de la victoria por haber dado muerte a su rival Ikkos de Epidauro, señalando además, no sin cierto dramatismo, que Kleómedes, no pudiendo soportarlo, enloqueció de pena.

El castigo corporal tuvo sin duda en el deporte antiguo una dimensión deportiva y pedagógica, como prueban multitud de testimonios en cerámicas. El castigo a base de azotes estaba a la orden del día en las competiciones olímpicas. El atleta que se escapaba en el momento de la salida en la carrera de velocidad era convenientemente azotado por el mastigáforo, que, provisto de un latigo, acompañaba al juez de la prueba. Tampoco se escapaban de este tipo de sanciones en las modalidades de lucha, pugilato o pancracio.

Por suerte no todos los competidores utilizaban el juego sucio en Olimpia y sin duda prevaleció el fair play  y la deportividad a lo largo de la historia de los Juegos. Poetas e historiadores se encargaron de hacernos llegar a través de sus escritos las grandes gestas deportivas de algunos de los más brillantes competidores que hubo en Olimpia, cuyo agonismo contribuyó a forjar su leyenda. Pero si hay una fecha negra para los Juegos, en la que se produjo el mayor nivel de corrupción jamás conocido en ellos, esa fue sin duda la del año 67 d. C.

Desde que en el año 146 a. C. Grecia pasara a convertirse en provincia romana, Olimpia comienza a suponer para Roma un lugar atractivo donde dejar patente su hegemonía política sobre el país vencido, de modo que empiezan a acudir a ella para participar en sus Juegos altos dignatarios romanos en busca de la gloria que aportaba la victoria en Olimpia. En el año 4 (194 Olimpiada) Tiberio obtiene la victoria en la competición de cuadrigas, e igualmente Germánico obtiene la victoria en la misma prueba en la Olimpiada 199. Pero la mayor vejación para los Juegos tendrá lugar en el año 67 cuando Nerón se decide a participar en los mismos.    

De entrada, Nerón hace aplazar dos años la fecha de celebración de la 211 Olimpiada para que coincida con su estancia en Olimpia y poder participar en los Juegos. A continuación obliga a los hellanódikas a incluir en el programa modalidades agonísticas hasta ese momento desconocidas e implanta novedades en las ya existentes y en todas ellas, cuadriga, cuadriga de potros, tiro de potros de a diez, heraldos, tragedia y cítara, se hace proclamar campeón, y ello sin  posibilidad de alegación, aun cuando se da el caso como cuenta Suetonio (Nerón, 23 y siguientes)  de que fue declarado vencedor en una competición de carros a pesar de haber caido del mismo y no haber terminado la carrera. Como resultado de su victorioso paso por Olimpia, Nerón hace acopio de 1808 coronas, por supuesto récord nunca igualado en la historia de los Juegos. Es evidente que Nerón no se guiaba por la máxima de que «lo importante no es ganar, sino participar».

Imágenes:

Imagen 1: Reconstrucción virtual de zanes en Olimpia. Fuente: www.osmosis.com.au/visualize/olympia_06

Imagen 2:  Escena de palestra. Ánfora de figuras rojas (hacia 515 a.C.). Museo del Louvre

24 junio 2008 at 4:21 pm 3 comentarios

Érase una vez en Olimpia. Los juegos Olímpicos de la Antigüedad (V)

La mujer en los Juegos Olímpicos

De entrada, podemos asegurar que, desde los tiempos más remotos de la historia griega, la mujer tuvo un papel destacado dentro del terreno de la educación física y del agonismo.

Ya en la sociedad cretense vemos a la mujer entregada, como los hombres, a numerosas actividades gimnásticas y deportivas: como los hombres, practican la carrera, conducen carros de caballos e incluso practican el pugilato y la tauromaquia.

Tras la formación de las primeras comunidades helenas, la mujer sigue ejercitando sus antiguos derechos al juego, a la actividad física y a la competición pública organizada.

Así, en Esparta las jóvenes son adiestradas junto con los varones al tiempo que se les instruye en su importante papel de futuras madres de espartanos. Recordemos a este respecto la anécdota relatada por Plutarco -Licurgo XIV- en la que Gorgo, esposa de Leónidas, a la observación del dominio que la mujer espartana ejercía sobre los hombres había respondido «También nosotras solas parimos hombres». La importancia que se daba a la actividad física entre las jóvenes espartanas lo prueba el hecho de que a las vencedoras en las competiciones se les daba el título de crisóphoros o «portadora de oro», siendo ese oro obviamente el futuro embrión. 

Del mismo modo, en Atenas, Licurgo supo ver la importancia que un buen estado físico de las jóvenes atenienses tenía en los asuntos familiares e incluso en otros de trascendencia pública en los muchos momentos en que los hombres se hallaban en el campo de batalla. Por este motivo prescribió para ellas no solo el ejercicio de la carrera y los juegos de pelota y del aro, sino también el lanzamiento de disco, la lucha y el pugilato.

Si bien a la mujer griega se le instruyó en el ejercicio físico, su participación en los concursos públicos fue aislada. En Olimpia se celebraron cada cuatro años unas competiciones exclusivas para mujeres denominadas Juegos Hereos, de los que por cierto no disponemos de mucha información. La principal fuente aquí es como casi siempre Pausanias (V,16,2-4). Estos juegos, que en época histórica estaban programados en honor a Hera, tienen un origen incierto que posiblemente tenga que ver con antiguos cultos de la fertilidad  que probaría el hecho de que a la vencedora se le entregaba una granada, símbolo de fertilidad y atributo de Hera.

Además de los Juegos Hereos, parece muy probable que las mujeres tuvieran acceso a participar en otras grandes festividades panhelénicas, Istmicas,Píticas y Nemeas. Sin embargo en los Juegos Olímpicos no solo tuvieron prohibida la participación sino que además tenían prohibida la asistencia a los mismos bajo pena de muerte. De la lectura del texto en Pausanias VI, 20, 9 pueden extraerse las siguientes conclusiones:

Ninguna mujer casada podía asistir a los juegos. Es difícil precisar qué oscuro motivo subyace en esta prohibición. Lo más probable es que obedezca a milenarios preceptos religiosos en el paso de un sistema matriarcal a otro patriarcal en el que la mujer ha perdido el poder religioso que los antiguos ritos de fertilidad le atribuían.

– Como excepción a esta prohibición, la única mujer que podía asistir a los Juegos era la sacerdotisa de la diosa Deméter Cámine. Posiblemente la prerrogativa obedeciera al hecho de que en el talud norte del Estadio se hallaba emplazado originalmente un antiguo templo dedicado a esta diosa. A cambio de permitir su traslado a las afueras del nuevo recinto se le habría otorgado este privilegio a su sacerdotisa, cargo que como es lógico pensar fue muy deseado por las damas nobles y adineradas de la época.

El incumplimiento de la prohibición se castigaba con la muerte. Dice Pausanias (V, 6, 7-8): «Siguiendo el camino que va de Escilunte a Olimpia antes de cruzar el Alfeo, hay una montaña de altos y escarpados farallones. Se llama Monte Tipeón. Hay una ley en Elida que manda precipitar por ellos a cualquier mujer que sea sorprendida en los Juegos Olímpicos, o incluso en la otra parte del Alfeo, en los días prohibidos a las mujeres. Sin embargo, dicen que ninguna mujer fue sorprendida en ellos, excepto tan solo Callipateira». Aun así parece que Callipateira (o Ferenice como es llamada por otros) no terminó pagando con su vida por ser hija, hermana y madre de vencedores en Olimpia.

– Relata Pausanias (VI, 20, 9) que las doncellas sí que podían presenciar los Juegos, hecho que sorprende y que desde siempre ha desconcertado a los investigadores. Hoy la opinión más extendida es que esta afirmación obedece a un error de información de Pausanias,concluyéndose que todas las mujeres, con la única excepción de la sacerdotisa de Deméter Cámine, tenían vetada la asistencia a los Juegos.

-Aunque pueda parecer una paradoja, una mujer podía resultar vencedora en las pruebas ecuestres en Olimpia. Y es que la prohibición no afectaba a las competidoras en estas modalidades, dado que el vencedor era el propietario de los caballos y no el jinete. De todas las vencedoras, la más famosa fue Kyniska de Esparta, hija del rey Arquidamo y hermana de Agis y Agesilao, que obtuvo victorias en la 96 y 97 Olimpiadas (396 y 392 a.C.). Otras mujeres famosas por haber obtenido victorias olímpicas fueron Belistiche de Macedonia, Eurileone de Esparta y las eleas Timareta, Theodota y Kasia Mnasitea.

Imagen 1: Joven espartana entrenando para la carrera. Londres, British Museum (550-520 a.C)

Imagen 2: Olimpia. templo de Hera

21 mayo 2008 at 4:06 pm 1 comentario

¿Latín por qué? ¿Latín para quién? El Informe Treellle

Hoy, 7 de mayo, la Asociación Treelle ha presentado en Roma el documento «Cuestiones abiertas sobre el tema ¿El latín por qué? ¿El latín para quién?». Una publicación muy interesante para conocer la situación de las lenguas clásicas en los sistemas educativos de los principales países. En la presentación del informe han intervenido Attilio Oliva (presidente de Treellle), Tullio De Mauro y Luigi Berlinguer (ex ministros de Educación), Claude Thélot (presidente del Alto Consejo de Evaluación Escolar francés) y los profesores Carlo Bernardini, Maurizio Bettini, Rosario Drago e Leopoldo Gamberale.

Treelle es una asociación que sin ánimo de lucro tiene como principal objetivo la mejora de la calidad de la educación (educación, instrucción, formación) en los diferentes sectores y fases en que se articula. A través de una actividad de investigación, análisis y difusión ofrece un servicio a la opinión pública, a las fuerzas sociales, a las instituciones educativas y a los gestores públicos, a nivel nacional y local.

En esta ocasión la Asociación presenta en este informe datos detallados de la situación del latín y el griego en Italia, en USA y en Europa; datos que incluyen el porcentaje de alumnos que cursan estas materias en cada país y etapa educativa, generales y por sexos, los cursos máximo que pueden estudiarse estas materias, el carácter voluntario/obligatorio de su enseñanza… También puede leerse un apartado donde se explica cómo ha evolucionado en el tiempo el peso curricular del estudio de estas lenguas.

Con todo en mi opinión lo más interesante del informe es el análisis que en él se hace sobre la situación actual del latín y el griego, los pros y contras que se esgrimen en torno a la conveniencia de su pervivencia en el sistema educativo (en este caso italiano) . Y aquí no os creáis que las conclusiones son muy halagüeñas, porque la propuesta que se hace no deja muy bien paradas a las clásicas: El ex ministro Tullio de Mauro aboga por la superación de la ley de los años 70 que marcaba los actuales licei (clásico,científico,lingüístico,etc) y la institución de un liceo unitario con cuatro materias obligatorias: italiano, lengua extranjera moderna,matemáticas e historia) más una rica oferta opcional entre las que estarían el latín y el griego. ¿Os suena?.

Creo que el informe requiere un análisis pormenorizado del que podemos sacar jugosas conclusiones. Por si tenéis interés lo podéis leer aquí.

 

 

7 mayo 2008 at 7:28 pm Deja un comentario


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