Posts tagged ‘fenicios’

El enigma del gran guerrero griego que fue enterrado en Málaga en tiempos de los fenicios

Una de las estrellas del Museo del Palacio de la Aduana es el ajuar hallado en el centro de la ciudad en 2012

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Casco griego del guerrero enterrado en el siglo IV a.C. y hallado en 2012

Fuente: JESÚS GARCÍA CALERO  |  ABC
31 de octubre de 2016

¿Qué hacía un guerrero griego en la ciudad fenicia de Malaka? En 2012 apareció una tumba durante una excavación de control previo a unas obras en la calle Jinetes, en pleno centro de la ciudad. Es del siglo IV a. C. y se calcula que estaba extramuros de la ciudad fenicia, sobre un promontorio.

Aquel resultó ser un yacimiento único,una vez explorado, porque fue excavado y construido con sillares perfectamente trabajados -nada habitual en las tumbas fenicias- y es hoy una pieza central en el relato del nuevo museo.

Era un soldado griego o un fenicio que adquirió esas armas. Sea cual fuera el caso, aquel hombre de mediana edad cuyos restos estaban en la tumba debió ser muy importante para merecer tal enterramiento. El museo incorpora con este y otros muchos elementos los frutos de las excavaciones e investigaciones de los últimos años en la zona.

Pero Málaga y su nuevo museo muestran al menos otras dos tumbas únicas de la época. Una es extremadamente rara: una tumba pozo, un caso sin comparación en el mundo fenicio, que tiene en el centro el delicado alabastrón que portaba las cenizas. Para encontrar la otra es necesario aventurarse en la planta baja del museo, porque se muestra en el almacén visitable (digno de verse, pues está lleno de muestras de las distintas colecciones, eso sí, dispuestas en orden de almacén). La planta de esta tumba parece de la que se llama de «piel de toro», pero aún se está investigando. Fue excavada por la malagueña Nerea Arqueología y demuestra que bajo el asfalto permanece nuestra historia.

 

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1 noviembre 2016 at 9:43 pm Deja un comentario

Un estudio sobre cerámica refuerza la tesis de que Tartessos fue cultura fenicia

Las similitudes de la decoración de la cerámica tartésica hallada en el yacimiento del Carambolo (Sevilla) con la de otros elementos materiales fenicios refuerza la tesis de que, en realidad, Tartessos no fue sino parte de la colonización fenicia del suroeste peninsular, según el arqueólogo Manuel Casado.

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Parte del Tesoro del Carambolo, un conjunto de piezas de orfebrería de la época tartésica hallado hace 60 años. EFE / Archivo

Fuente: EFE  |  YAHOO Noticias

Sevilla, 6 ago.- Casado, cuyo estudio “La cerámica de decoración geométrica del Carambolo” ha sido publicado por la Universidad de Sevilla, ha dicho a Efe que los cientos de piezas de restos cerámicos que han sido halladas en ese yacimiento sevillano “refuerzan la idea de que el componente fenicio en el fenómeno tartésico es preeminente”.

Según Casado, el estudio comparado de la cerámica denominada “de tipo Carambolo” con la de otros yacimientos fenicios del sur de la Península de hasta 2.900 años de antigüedad pone de manifiesto la semejanza simbólica de los motivos geométricos y zoomorfos, y de la representación de estrellas y motivos botánicos, entre otros elementos decorativos.

El arqueólogo ha explicado que la cuestión simbólica y religiosa -el yacimiento del Carambolo fue un santuario dedicado al dios Baal y la diosa Astarté, una de las principales deidades fenicias- es crucial para determinar si Tartessos existió de manera independiente a los asentamientos fenicios.

“Las cuestiones materiales y tecnológicas, como es la cerámica, se traspasan con facilidad de una etnia a otra; por ejemplo, si un arqueólogo del futuro tratara de adivinar quién vive en mi casa, concluiría que en mi casa vive un sueco porque todos los muebles son de Ikea; pero hay dos elementos que son menos permeables, la religión y la lengua”, ha explicado.

Las similitudes entre la cerámica del Carambolo y la de otros yacimientos fenicios es importante porque, según Casado, “El Carambolo, además de un santuario, es un yacimiento crucial en la historiografía de Tartessos, y ha aportado la base para interpretar ese fenómeno” desde que se halló el tesoro que lleva el nombre de ese lugar en 1958 y seguidamente fue excavado por Juan de Mata Carriazo.

Según Casado, ante el hallazgo de aquel fabuloso tesoro labrado en oro nadie dudó de la existencia de Tartessos, pero investigaciones posteriores desdibujan el “mito de Tartessos” y aproximan el yacimiento del Carambolo al mundo fenicio, como las últimas excavaciones efectuadas allí entre 2002 y 2005 por Álvaro Fernández y Araceli Rodríguez.

Esas excavaciones confirmaban las tesis de los arqueólogos José Luis Escacena y María Belén, expresadas a finales de los años noventa y que supusieron una relectura de los materiales extraídos por Carriazo para concluir con “un cambio de paradigma” interpretativo del fenómeno tartésico, al considerarlo como una parte más de la gran colonización fenicia del sur de la Península.

Entre esos materiales, el arqueólogo ha mencionado la estatuilla de la diosa Astarté -deidad fenicia- que se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla y que lleva una inscripción fenicia en la peana que permite interpretarla como una ofrenda religiosa.

Casado ha mencionado que, de hecho, entre el siglo IX y VI antes de Cristo, los asentamientos en la costa del sur de España se consideran fenicios sin duda y los del interior “se han reservado a Tartessos”.

“Tartessos es un término literario y nace como un mito, por las alusiones de la literatura griega que lo sitúa en el fin del mundo, donde se colocan los mitos; y en su búsqueda ha habido un elemento sentimental y los arqueólogos hemos ido identificando una serie de materiales con esa idea”, según Casado.

Para el arqueólogo, que ahora existan “dos posicionamientos” sobre la existencia de Tartessos como tal reino independiente permite que “se esté viviendo un momento maravilloso por el repunte del debate”, si bien ha considerado que la posición que no acepta al mítico reino como tal, sino como un episodio más del gran asentamiento fenicio, es aún minoritaria entre los arqueólogos.

 

17 agosto 2016 at 9:18 am Deja un comentario

Tiro: la cuna de Ibiza

Un equipo de arqueólogos ha empezado a sacar a la luz las ruinas de la ciudad fenicia de Tiro (Líbano), de la que salieron los comerciantes que fundaron el núcleo urbano de sa Caleta en el VIII aC

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Arqueólogos en un enclave del sector de la acrópolis de Tiro. J. M. LÓPEZ GARÍ

Fuente: JOAN LLUÍS FERRER  |  Diario de Ibiza
8 de julio de 2016

Fenicios llegados de Tiro (en el actual Líbano) fundaron Ibiza (Ibosim) en el siglo VIII aC, aunque antes de llegar aquí permanecieron un centenar de años en las costas andaluzas. Ahora, un equipo de arqueólogos de la Universitat Pompeu Fabra de Catalunya ha descubierto las casas donde vivían aquellos habitantes de la lejana Tiro que un buen día decidieron dejarlo todo para adentrarse en el mar, en una incierta aventura que les llevaría hasta los confines del Mar Mediterráneo.

El arqueólogo ibicenco Josep Maria López Garí ha formado parte de este grupo, financiado por el Ministerio de Cultura de España y con la participación del Gobierno libanés. Son unas excavaciones que, por primera vez, están dejando al descubierto las viviendas de aquellos hombres y mujeres de los que descendían los primeros ibicencos.

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Josep Maria López Garí, durante las excavaciones que la Universitat Pompeu Fabra está realizando en la antigua ciudad fenicia. J. M. LÓPEZ GARÍ

Los fenicios ya conocían las costas españolas desde antes, pues en el siglo XI aC mantenían contactos comerciales con las comunidades indígenas de la Península. Sin embargo, en el siglo IX aC sucede algo que impulsa a un importante número de hombres primero y mujeres y niños después, a dejar sus casas y lanzarse a un viaje lleno de peligros y de impredecible desenlace con el objetivo de buscar una nueva vida. ¿Qué fue lo que impulsó esa masiva emigración? Según Garí, «en Oriente las cosas estaban muy complicadas; la situación política y el colapso de los mercados orientales conducen a Tiro, ciudad en auge en aquel momento, a la búsqueda de nuevos mercados».

Fue así como cientos de personas, en varias oleadas sucesivas, dejaron la bella ciudad de Tiro e irían llegando a través del mar a varios puntos del Mediterráneo, como la actual Túnez, donde fundaron Cartago (que acabaría siendo la sede del potente imperio cartaginés), Cádiz, Huelva o Málaga, entre otras ciudades nacidas entonces. Y fue desde estas ciudades españolas desde donde, un siglo después, los nietos de esas mismas familias viajarían hasta Ibiza para fundar otro enclave, concretamente en sa Caleta, que llegaría a convertirse «en un núcleo urbano compacto, repleto de callejuelas y casitas de punta a punta, como lo es ahora Dalt Vila y con cientos personas viviendo allí». En sus inicios, sin embargo, «lo más probable es que los fenicios sólo montaran allí un mercado al aire libre con la intención de comerciar con los indígenas de Ibiza, pero únicamente unos meses al año», explica Garí. Pero poco a poco, aquel agradable lugar de sa Caleta iría pasando de mercadillo a zona residencial. Esos mismos mercaderes irían construyendo allí sus casas hasta formar un gran poblado. Pero, al cabo de un siglo, decidieron trasladarse a un lugar con más potencial. Detrás de las salinas descubrieron un puerto mucho mejor, con un montículo ideal para construir una ciudad y una fértil llanura cultivable a sus pies. Era Dalt Vila, a donde se trasladaron en el siglo VI aC.

Ibiza, una isla ideal

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Los tirios atravesaron todo el Mediterráneo, desde el actual Líbano hasta llegar a Cádiz. J. M. LÓPEZ GARÍ

Pero ¿por qué los fenicios eligieron Ibiza y no Mallorca para asentarse? Garí apunta tres motivos: «Era una isla muy bien situada en las rutas comerciales, además era fácil de defender y, sobre todo, no tenía una población indígena muy importante, a diferencia de Mallorca, donde sí había bastantes habitantes, y además eran muy beligerantes. Esto no sucedía en Ibiza, donde la población era escasa».

Esta es la historia ya conocida de la fundación de Ibosim. A partir de ahí, y sobre todo con el impulso añadido que proporcionó la llegada de los cartagineses (primos hermanos de los fenicios, al fin y al cabo), Ibiza se convertiría en una potencia comercial en esta parte del Mediterráneo y disponía de industrias, talleres y negocios que exportaban productos a todos los confines del Mediterráneo, gracias a un puerto que era un hervidero de barcos, ánforas y comerciantes. Mientras tanto, Mallorca continuaba siendo un reducto primitivo cuyos habitantes seguían anclados en una cultura prehistórica.

La novedad la han aportado las excavaciones que, desde hace algunos años, se están realizando en la ciudad de Tiro por parte de un grupo de arqueólogos españoles y libaneses, auspiciados por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, financiados por el Ministerio de Cultura de España y con la participación del Gobierno de Líbano. Bajo la dirección de Maria Eugènia Aubet, integran el equipo español López Garí, Francisco Núñez, Laura Trellisó, Bárbara Mura, María Luisa Ruiz y Alfredo Mederos.

Es la primera vez que, tras la guerra civil libanesa, se excavan de forma sistemática los niveles fenicios de Tiro, fundada en el tercer milenio antes de Cristo y que aún hoy es una de las más importantes del país. «Antes se había excavado la necrópolis e incluso la arqueóloga americana Patricia Bikai había empezado a excavar la ciudad, pero estalló la guerra civil de Líbano en los años 70 y lo abandonó», afirma Garí, que lleva ya seis años en los yacimientos tirios, aunque la investigación de la ciudad antigua se inició hace sólo dos años.

Trabajo para años

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Piezas de cerámica halladas en la excavación. J. M. LÓPEZ GARÍ

Lo que se ha descubierto hasta ahora no parece ser sino el anticipo de lo que vendrá, pues los arqueólogos son conscientes de que se encuentran ante una de las grandes ciudades de la antigüedad. «Aquí hay trabajo para años», afirma el ibicenco. De momento, sin embargo, ya se están poniendo al descubierto las características típicas de toda ciudad: entradas a portales, un pasillo que conduce a un patio, un empedrado, un patio descubierto… También hay un edificio de gran tamaño cuya naturaleza exacta aún está estudiándose. Entre las novedades más recientes, destaca el descubrimiento de una calle con viviendas a lado y lado. En algunas de ellas debieron vivir los bisabuelos de quienes, un siglo más tarde, pusieron su pie en sa Caleta y acabaron viviendo en Ibiza. Las que están desenterrando los arqueólogos en Tiro son, literalmente, las casas de nuestros ancestros al otro lado del Mediterráneo, a 3.500 kilómetros de distancia.

Mientras los especialistas excavan estas estructuras, una piedra descomunal, perteneciente a un gran muro, asoma entre la tierra y exhibe, inscrita en uno de sus lados, una letra fenicia. Está justo al lado del área donde trabaja la expedición de la Pompeu Fabra. Los arqueólogos se frotan las manos ante tan prometedor indicio y ya especulan con su posible pertenencia al templo dedicado a Melkart que había en Tiro. «Sabemos que por esta zona estaba el templo de Melkart y esa piedra podría ser parte de ese templo», considera Garí, que recuerda que ese lugar todavía no ha sido excavado, aunque sin duda lo será muy pronto.

Sólo se ha empezado a trabajar en una pequeña parte de los aproximadamente 5.000 metros cuadrados que el Gobierno libanés ha autorizado al equipo dirigido por Maria Eugènia Aubet en la ciudad de Tiro. Por ello, los investigadores todavía están tratando de saber dónde están, es decir, qué posición ocupaba el solar excavado dentro del recinto de la vieja ciudad fenicia y qué tipo de construcciones predominaban allí.

Sea como sea, lo que está claro es la importancia de esta ciudad en el mundo antiguo, que comerciaba con Egipto, Mesopotamia, el Egeo y, en realidad, casi todo el mundo conocido entonces. Contaba con importantes santuarios y espectaculares murallas. «Era una ciudad muy rica, con talleres, industrias, artesanos especializados y redistribución de mercancías», señala Garí, quien recuerda que la abundante cerámica recuperada demuestra que en Tiro había productos de todas partes. Otras urbes importantes de la civilización fenicia que floreció en este tramo de costa de Oriente Medio fueron Biblos, Sidón o Berytos (hoy Beirut).

Los fenicios llamaban a su propia ciudad Sur o Sor, que en su lengua signifca ´la roca´. De hecho, Tiro tenía dos zonas: la situada en la costa y una isla situada enfrente, a unos 500 metros de distancia. Alejandro Magno, tras asediar la ciudad, construyó un istmo artificial en 332 aC que unió ambas partes.

La ciudad estaba ya poblada en el tercer milenio aC y entre los siglos XVI y XIII aC estuvo en manos de los egipcios. Después de varias vicisitudes, que combinaron épocas de prosperidad con momentos de crisis, a partir del siglo X aC empezó a ejercer un papel de hegemonía sobre las ciudades fenicias, que duraría hasta el siglo VI aC.

Tiro acabaría viéndose superada en todos los aspectos por una de sus colonias: Cartago, fundada en el IX aC durante la misma corriente de expansión que terminaría fundando Eivissa. Cartago alcanzaría dimensiones portentosas y contaría con dos de los puertos más impresionantes del Mediterráneo –uno militar y otro civil–, que permitieron dominar este mar durante siglos. De ellos saldrían los barcos que entre los siglos V y III aC tejerían una red comercial, incluyendo a Eivissa, que recibía así un nuevo impulso después de su fundación por los fenicios. Cartago, que llegó a disputar la supremacía del Mediterráneo a la mismísima Roma, acabó derrotado por los romanos tras las Guerras Púnicas que enfrentaron a ambos imperios. Al obtener la victoria definitiva en 146 aC, Roma puso especial saña en borrar del mapa a sus enemigos y arrasó concienzudamente la ciudad norteafricana, de la que apenas quedó rastro alguno.

Toda la historia de Ibosim, de Cartago, pero también de Cádiz, Málaga y otras ciudades costeras españolas proviene de aquel primer viaje que un grupo de fenicios decidió realizar hacia el otro extremo del Mediterráneo, no ya para comerciar, sino para fijar allí su nuevo hogar. «Se supone que todo sucedió como pasa ahora con cualquier emigrante moderno. Una vez que empieza a ganar dinero en su nuevo hogar, ya casi no volverá a su patria, y al final pasarán los años y ya se quedará allí para no volver jamás», explica Garí, que además señala que fueron abundantes los matrimonios mixtos, sobre todo entre hombres fenicios y mujeres indígenas, razón de más para ir asentándose en Ibiza y no recordar ya su lugar de origen.

Han pasado casi 29 siglos desde aquél movimiento migratorio que dio lugar al origen de nuestra historia (aunque ya antes hubiera una prehistoria). Y, sin embargo, ni las razones de aquel viaje, ni las dificultades que encerró, ni muchos otros detalles fueron tan distintos de los que impulsan hoy día a tanta gente a hacer exactamente lo mismo en todo el mundo.

 

9 julio 2016 at 10:09 am Deja un comentario

“El Carambolo, además de templo y centro de negocios, también sería un prostíbulo sagrado”

  • Álvaro Fernández Flores. Arqueólogo
  • Sus excavaciones en el cerro de El Carambolo entre 2002 y 2005 han sido fundamentales en la reinterpretación de Tartessos como la civilización de los fenicios que colonizaron Andalucía

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Cerro del Carambolo de Camas – dds

Fuente: Luis Sánchez-Moliní  |  Diario de Sevilla
3 de julio de 2016

Álvaro Fernández Flores (Fuentes de Andalucía, 1966) es uno de esos aguafiestas que pusieron fin al mito de Tartessos como una civilización fabulosa que nació casi por generación espontánea en el Bajo Guadalquivir. A cambio, nos propone una realidad que para él es “aún más fascinante”: Tartessos no sería nada más (ni nada menos) que un conjunto de colonias fenicias que evolucionaron durante siglos en lo que hoy son las provincias de Cádiz, Sevilla y Huelva. Para llegar a esta conclusión fue fundamental su trabajo arqueológico en el yacimiento del Carambolo durante 2002 y 2005, fruto del cual fue su libro, escrito al alimón con Araceli Rodríguez, Tartessos desvelado. La colonización fenicia del suroeste peninsular y el ocaso de Tartessos (Almuzara). También ha coordinado las obras colectivas Ilipa Antiqva. Desde la Prehistoria a la época Romana. (Ayuntamiento de Alcalá del Río) y La necrópolis tartésica de la Angorrilla (Universidad de Sevilla). Además, Álvaro Fernández es socio fundador de Arqueología y Gestión S. L, una de las pocas empresas sevillanas del sector que sobrevivió a la crisis inmobiliaria.

-En el colegio me enseñaron que Tartessos era una avanzada y fabulosa civilización autóctona. Sin embargo, esa imagen parece que se está desmoronando.

-Sí, las recientes intervenciones arqueológicas han planteado la necesidad de revisar esta imagen tradicional. Las fuentes literarias griegas nos hablan, ya a finales del siglo VII a. C., de un lugar llamado Tartessos en el suroeste peninsular. Por tanto, los arqueólogos estamos buscando qué es lo que había en la Baja Andalucía durante esa época.

-¿Y qué es lo que han encontrado?

-Un montón de ciudades con casas de planta cuadrada hechas de adobe y pintadas de rojo. También santuarios y objetos de marfil o escarabeos [amuletos con forma de escarabajo] de tipo egipcio… Toda una serie de objetos cuyos paralelos más cercanos están en Oriente, en lo que hoy es Siria y Palestina.

-¿Y?

-Tartessos del siglo VII a. C. no es más que el mundo colonial de aquellos fenicios que llegaron sobre el siglo X a. C. y que llevaban trescientos años viviendo, principalmente, en la zona de Cádiz, Sevilla y Huelva. Si Tartessos fue algo es lo que vieron los griegos cuando arribaron al suroeste de la Península Ibérica aprovechando la crisis del mundo fenicio.

-Fenicios que llevan trescientos años en la Península… Me recuerda a las élites criollas de América poco antes de la independencia, españoles que llevaban tres siglos en el Nuevo Mundo.

-Exacto. ¿Hasta qué punto eran ya fenicios o autóctonos?

-Ya ha dado algún apunte, pero ¿cómo eran las ciudades tartésicas?

-Como decíamos, tenían un urbanismo regular, con casas cuadradas hechas con adobe que no tienen ya nada que ver con las cabañas de planta circular realizadas con cañizo que había con anterioridad. Las medidas de estas construcciones obedecen al codo fenicio, una unidad de medida de este pueblo. Los suelos, realizados con una arcilla de un rojo muy fuerte, son muy característicos. De rojo también se pintaban los zócalos, aunque los alzados eran blancos. Son ciudades que siempre están junto a un cauce de agua y fuera de ellas se sitúan tanto la necrópolis como el templo, que suele estar en un promontorio cercano, como una ermita.

-Esto nos indica que muchos de los actuales pobladores del Bajo Guadalquivir tenemos sangre fenicia, aunque sea sólo un poco. Se habla mucho del pasado romano y árabe, pero no de nuestros antepasados fenicios, que es un pueblo que más bien tiene mala fama.

-Sí, el término fenicio se usa algunas veces como algo peyorativo. Incluso, durante mucho tiempo, estuvo asociado al de judío, que ya sabe que era un insulto. Como la historiografía tradicional relacionó Tartessos con los nativos, se creía que los fenicios eran unos comerciantes que llegaban aquí y los engañaban, como esos exploradores que cambian cuencas de vidrio por pieles valiosísimas. Incluso, en los libros de texto de los años cincuenta y sesenta se ven ilustraciones con los fenicios timando a los indígenas.

-¿Qué había aquí antes de la llegada de estos fenicios?

-Es un gran misterio. Algo pasó y, entre el 1.700 a. C. y el 1.100 a. C. en el que empezó la colonización fenicia, la gente prácticamente desaparece de esta zona del valle del Guadalquivir. ¿Un desastre natural, una epidemia, la subida de las marismas…? No lo sabemos. Muy atrás había quedado el boom del Calcolítico, periodo del que tenemos muchísimos yacimientos.

-¿Y cuando llegaron los fenicios no había nadie?

-Alguien pululaba por aquí, pero no dejaron unos restos materiales firmes y sólidos. Podían ser sociedades trashumantes que, en invierno, bajaban con los ganados de las zonas de sierra. Son pueblos relacionados con el llamado Bronce Atlántico que lo único que han dejado son estelas de guerrero y depósitos de armas.

-Poco podrían comerciar los fenicios con esos pueblos.

-Es que, como le decía, los fenicios no vinieron aquí para comerciar, como siempre hemos creído, sino para asentarse, para colonizar el territorio, para fundar ciudades. Es posible que estos pueblos del Bronce Final del que hablábamos bajasen de las montañas a saquear las ciudades fenicias.

-¿Y quién fue entonces Argantonio, el legendario rey tartésico tan del gusto de algunos nacionalistas andaluces?

-Argantonio, el hombre de plata, parece ser la recreación en estas tierras de un antiguo mito griego. Es un proceso similar al traslado de los mitos clásicos que llevaron los conquistadores españoles a América: El Dorado, las amazonas… Todo esto no quita que dejemos bien claro que, cuando hablamos de Tartessos, estamos hablando de la primera civilización de Occidente.

-¿Para usted cuál es la gran incógnita de este tema?

-Lo que hablábamos antes: ese mundo de transición entre el Calcolítico y la llegada de los fenicios.

-En todos estos siglos que duraron las colonias fenicias habría una evolución cultural autóctona, ¿no?

-Claro, en la cultura tartésica hay cosas que ya no son de los fenicios. Se observan influencias de Grecia, chipriotas, evolución propia y algunas cosas raras que no sabemos de dónde vienen y que podrían ser de esos pocos indígenas de los que hablábamos antes.

-¿Los fenicios trajeron el alfabeto a la Península Ibérica? ¿Qué tipo de fuentes escritas dejaron?

-Hay muy pocas inscripciones, porque muchas de ellas se hicieron en papiro y han desaparecido. Fundamentalmente, tenemos fórmulas religiosas, como la de la diosa Astarté que se encontró en El Carambolo y que se guarda en el Museo Arqueológico de Sevilla.

-La buscaré y copiaré cuando llegue a casa. [Dicho y hecho. El resultado fue: “Esta ofrenda la ha hecho B’lytn, hijo de D’mlk, y Bdb’ l, hijo de D’mlk, hijo de Ys’l, para Astarté, nuestra Señora, porque ella ha escuchado la voz de su plegaria”]. Dígame, ¿qué comían?

-Ahora estamos empezando a hacer estudios sobre la alimentación. En las tumbas se encuentran cuartos traseros de bueyes, pero esto sería parte del ritual funerario y no significa que estuviesen todo el día comiendo carne. En principio, los análisis que hemos hecho en la necrópolis de Alcalá del Río nos indican que comían fundamentalmente legumbres, cereales y verduras y, en menor cantidad, algo de carne y pescado.

-¿Y su alfarería?

-Tenían una gama muy amplia, desde los típicas cazuelas para cocinar hasta cerámicas de engobe rojo, una especie de barniz muy fino que haría las veces del vidriado e impedía que los líquidos se filtrasen. Son interesantes unos platos para comer pescado con una oquedad central para una salsa que sería el antecedente del garum romano.

-¿Y sus muertos, como los enterraban?

-De eso sí sabemos mucho. Los cementerios solían estar a uno o dos kilómetros de las ciudades, siempre atravesando un río, como una frontera mágica. Solían hacer banquetes funerarios en los que se le ofrecían al difunto diferentes platos con comida. Los vivos, que también comían, tiraban los restos del banquete a la tumba.

-Entre el 2002 y el 2005 usted hizo una excavación en El Carambolo de la que surgió su libro, escrito al alimón con Araceli Rodríguez, Tartessos desvelado. Fue una intervención muy importante para la reinterpretación de este yacimiento, que ya es considerado como un santuario fenicio.

-El Carambolo era el gran santuario de Spal, que, como todas las colonias fenicias, tenía varios núcleos: Sevilla (en la paleodesembocadura del Guadalquivir), Alcalá del Río (como punto de defensa hacia el interior del Valle), y el Cerro de la Cabeza o el Cerro Macareno. Sabemos que en este templo marítimo se daba culto a Astarté, por un lado, y Baal o Melkart por otro. Eran los grandes dioses de Tiro y de la colonización fenicia, sus grandes protectores.

-Como gran templo que se precie, el de El Carambolo también sería un importante centro comercial, un lugar donde ocurrían muchas cosas.

-Sí, claro. El templo funcionaban como banco, almacén, registro de la propiedad, notaría… Los mercaderes que echó Cristo del templo no estaban allí por casualidad. El Carambolo, al igual que todos estos templos, también funcionaría como lugar donde se practicaba la prostitución sagrada.

-¿Un burdel cuyos beneficios eran para el templo?

-Exacto. El Carambolo, además de templo y centro de negocios, también sería un prostíbulo.

-¿Y el famoso tesoro de El Carambolo? Carriazo pensó que era el ajuar sagrado de un sacerdote y lo representó con un famoso dibujo de Juan Miguel Sánchez. Sin embargo, últimamente ha habido otras interpretaciones.

-José Luis Escacena y Fernando Amores han propuesto que parte del tesoro podía ser para engalanar a los bóvidos que iban a ser sacrificados.

-¿Y qué piensa usted?

-Yo creo más probable otra teoría de Eduardo Ferrer Albelda que lo ve como parte de la vestimenta del dios, del betilo, piedras sagradas que se vestían como hoy se visten a las vírgenes de candelero.

-Muy recientemente, al fin se ha declarado BIC al yacimiento de El Carambolo después de años de abandono. ¿Cree que se ha podido deteriorar algo?

-Con toda seguridad. La parte principal del yacimiento se protegió, pero otras zonas, como las dependencias anexas, apenas se cubrieron. La erosión y el vandalismo han tenido que actuar. Está muy bien la declaración BIC del Carambolo, pero ahora hay que tomar medidas, porque si no…

-¿Y qué se puede hacer con el yacimiento?

-Ideas hay muchísimas y hoy en día disponemos de materiales y discursos museológicos que permitirían una puesta en valor espectacular. Nunca olvide que hablamos de un santuario de más de 2.800 años de antigüedad… Bien recuperado, El Carambolo podría tener el mismo rango que Itálica. Sólo por las vistas que se tienen allí arriba ya irían muchos turistas.

-Lo que se muestra en el Arqueológico es una copia del tesoro realizada por Marmolejo, pero el auténtico se guarda en la cámara de un banco. ¿El original debería estar en exposición permanente?

-Creo que sí, porque aunque Marmolejo hizo una gran copia se nota mucho la diferencia, empezando porque la tuvo que realizar en una escala mayor. Está claro que no es lo mismo una réplica que un original.

-¿El tesoro es obra de un sólo autor?

-Todo indica que es obra de varios autores. Probablemente fue una acumulación de piezas de diferentes épocas, como el tesoro de una catedral. Primero el collar, después otra pieza…

-¿Y dónde se debe enseñar: en el Arqueológico o en el Ayuntamiento, como pretendió Zoido?

-En el Arqueológico, porque le da un contexto en el que el tesoro se entiende gracias a las salas de los periodos previos y posteriores. De la otra manera no es más que una masa de oro, algo que tiene más que ver con la codicia que con la historia.

 

3 julio 2016 at 9:19 am Deja un comentario

La antigua ciudad de Tiro comienza a revelar sus secretos

La misión arqueológica dirigida por la catalana Maria Eugènia Aubet ha comenzado a desvelar los secretos de la antigua ciudad de Tiro, en el actual Líbano, y cuyo origen se remonta al tercer milenio antes de Cristo.

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Tiro, Líbano. Columnas en el área arqueológica de Al Mina, posible palestra. Foto: Heretiq en Wikimedia Commons

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

Beirut, 26 may.-  “A pesar de que está muy destruida por la ciudad romana, hemos dado desde el comienzo de las excavaciones con un sitio intacto en el que trabajamos y la gran sorpresa es que estamos muy cerca del puerto meridional de la ciudad y que hemos encontrado un edificio monumental, impresionante”, asegura a Efe Aubet, recientemente condecorada con la Orden de Isabel la Católica.

La arqueóloga agrega que la parte de la urbe donde están trabajando en la actualidad se erigió hace unos tres mil años -en el primer milenio a. C.- y en ella han localizado “una gran calzada con una puerta enorme” en la que se perciben los restos del lugar donde estuvieron ubicadas unas columnas, que para Aubet “pudo ser una de las entradas de la ciudad de Tiro”.

“Llevamos muchos años acá, pero solo el año pasado comenzamos a tantear este sitio de Tiro del 1.000 a. C., la (ciudad) que fundó Cádiz y Cartago, donde nadie había trabajado desde 1973 a causa del estallido de la guerra libanesa (1975-1990)”, agrega.

Tiro fue fundada por los fenicios en una pequeña isla en la costa sur del actual Líbano en el tercer milenio a. C y fue unida al continente por terraplenes durante el reinado del monarca Hiram I (969-939 a. C), ganándole terreno al mar.

La arqueóloga, catedrática emérita en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, apunta que han hallado “muchos restos arqueológicos asociados a dicha puerta, en otros sectores cercanos”.

Estos hallazgos, según explica, muestran la existencia de “muchísimas importaciones de lujo de cerámica, vajillas de Creta, del Peloponeso, griegas, de bronces y del exterior de Oriente”.

Estos productos son una prueba, continúa la experta, “de que Tiro tuvo contactos internacionales muy intensos e impresionantes, y que fue una ciudad cosmopolita”.

Sobre el lugar que están prospectando, que se encuentra en la periferia, destaca la “puerta urbana” que ha salido a la luz.

“No hemos llegado al interior donde estuvieron las dependencias, los archivos, etc”, agrega, antes de recordar que Tiro “fue destruida completamente por un terremoto en el 550 d.C.”, que acabó con casi todo vestigio de las ciudades helenística, romana y bizantina.

Según cuenta, ya los romanos extrajeron piedras de la antigua Tiro para edificar sus monumentos, una práctica que también llevaron a cabo los británicos durante la ocupación de Palestina para la reconstrucción de “la ciudad medieval de San Juan de Acre y otras del norte de ese país”.

“La ciudad ha sido casi una cantera”, subraya Aubet.

Por todo esto, resalta que el hecho de que algún día pudieran llegar “a los restos de la Tiro fenicia de los siglos IX y X a. C., en la que hubo tantas construcciones posteriores, sobre todo romanas, es como un sueño que hace dos años nos parecía imposible”.

“No esperábamos encontrar los restos de la ciudad tan bien conservados”, concluye.

Durante sus excavaciones, que comenzaron en 1997 y que se reanudarán en septiembre en el cementerio fenicio y la próxima primavera volverán al Tiro antiguo, está acompañada por otros seis arqueólogos españoles.

 

26 mayo 2016 at 5:29 pm 1 comentario

El origen ibérico de los cartagineses, los enemigos de Roma

Han conseguido, por primera vez, secuenciar los genes de un fenicio. El ADN del «Joven de Birsa» indica que sus antepasados vivieron en la Península y que tenían genes «antiguos» de cazadores-recolectores

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El hombre de Birsa, recontruido por expertos a partir de un esqueleto – Wikimedia Commons

Fuente: GONZALO LÓPEZ SÁNCHEZ > Madrid |  ABC
25 de mayo de 2016

En 1994 unos jardineros estaban plantando árboles en el monte Birsa (Túnez), muy cerca del lugar donde se levantó Cartago y una imponente ciudadela del Imperio Cartaginés. Sin quererlo, dieron con un sarcófago dejado allí por los antiguos pobladores, siglos antes de que en el año 146 a. C., el romano Escipión el Africano arrasara la ciudad y acabara con la Tercera Guerra Púnica.

Este pequeño accidente llevó a un importante descubrimiento. En el interior del sarcófago encontraron un esqueleto de más de 2.500 años de antigüedad que perteneció a un joven cartaginés. Se le llamó «El joven de Birsa» o «Ariche» (que significa «el hombre deseado», por la voluntad de las autoridades tunecinas de tenerlo en su territorio) y se comenzó a estudiar sus restos. Gracias a esto, los expertos reconstruyeron sus facciones y le dieron un rostro. Años después de que ocurriera todo esto, un estudio publicado en PLOS ONE este miércoles ha concluído que aquel cartaginés tenía raíces europeas, y que probablemente sus antepasados vivieron en la Península Ibérica.

El hallazgo se ha producido después de secuenciar (leer) el ADN mitocondrial, un material genético que está presente en las mitocondrias, las fábricas de energía de las células, y que se hereda exclusivamente de las madres. Este análisis ha permitido revelar que «Ariche» perteneció a una «rara familia» europea. Se trata del haplogrupo U5b2cl, un conjunto de individuos que comparten una serie de rasgos genéticos y un ancestro común a todos ellos.

«Se cree que U5b2cl es uno de los haplogrupos más antiguos de Europa y que está asociado a poblaciones de cazadores-recolectores. Es bastante raro en las poblaciones actuales, y apenas aparece en europa en el uno por ciento de la población», ha explicado Lisa Matisoo-Smith, investigadora en el Departamento de Anatomía de la Universidad de Otago y primera autora del estudio. Esto indica, en su opinión, «que las ciudades cartaginesas eran bastante cosmopolitas».

La odisea de los genes «primitivos»

La historia de U5b2cl es compleja y convulsa. En anteriores investigaciones se comprobó que estos genes «primitivos» quedaron relegados a algunos refugios. Por ejemplo, Matisoo-Smith ha recordado en el artículo que en anteriores investigaciones se ha informado de la presencia de U5b2c1 en poblaciones de cazadores recolectores hallados en el yacimiento de La Braña, en León, y en otras zonas del noreste de Europa.

Pero en realidad, U5b2cl estuvo a punto de desaparecer: «Una oleada de granjeros del Próximo Oriente reemplazó a los cazadores-recolectores, aunque algunos de sus linajes pudieron persistir más tiempo», ha explicado Matisoo-Smith. En opinión de esta investigadora, fueron las rutas comerciales, las que permitieron que estos genes fueran trasladados desde «la Península Ibérica y algunas islas, hasta el crisol de Cartago, en el Norte de África».

¿Fue esta la historia del joven fenicio? Podría ser. Se sabe que los fenicios proceden de la zona del actual Líbano y que su influencia se expandió como la pólvora gracias al comercio en el Mediterráneo. Así es como comenzaron a fundar asentamientos y puestos comerciales que luego se convertirían en ciudades como Cádiz, Cartagena, Barcelona o la propia Cartago, en el actual Túnez, conectadas con las importantes ciudades de Tiro o Sidón.

Gracias a esto, la cultura fenicia y el comercio tuvieron un fuerte impacto en la civilización occidental. Por ejemplo, tal como ha recordado la autora del estudio, fueron ellos los que introdujeron el primer alfabeto.

alfabeto-fenicio

Parte del alfabeto fenicio- LUCA/WIKIPEDIA

«Sin embargo, aún sabemos muy poco sobre los fenicios, excepto por las referencias de romanos y griegos. Esperamos que nuestros resultados y otras investigaciones aclaren los orígenes y el impacto de los fenicios y de su cultura», ha concluido la investigadora. Por ello, los científicos tratarán de buscar este material genético mitocondrial en otros asentamientos fenicios, y al final «recrar la mobilidad humana en el pasado para entender las variaciones que vemos hoy en día», ha dicho la científica. Y además, hacer estos análisis con el ADN nuclear, que puede proporcionar mucha más información.

La historia de los navegantes

De momento, al menos sí se sabe algo acerca del «Joven de Birsa». Gracias al trabajo de expertos en reconstrucción dermoplástica, se puede intuir qué aspecto tenía. Gracias a un estudio antropológico, se concluyó que aquel hombre medía 1,70 metros, que era bastante robusto y que frisaba los 19 o 24 años. Estaba enterrado junto a dos ánforas, una lámpara y una caja de marfil cargada de ricos amuletos y ofrendas de comida, por lo que se cree que formaba parte de las élites de Cartago.

Los fenicios suelen ser reconocidos como una de las más grandes civilizaciones del mediterráneo. Descendían de los cananeos, habitantes de las costas del Mediteráneo, y fueron los creadores del primer alfabeto. Documentaban su historia en papiros, pero el tiempo los desintegró y las guerras y conquistas en sus ciudades principales, como Tiro, Sidón o Biblos, hoy en Siria y Líbano, dificultaron que fueran exploradas en profundidad por los científicos.

Conocidos por sus capacidad para viajar, comerciar y construir barcos, se ganaron su nombre de los griegos por ser los únicos capaces de acceder al tinte púrpura en el Mediterráneo. Sea como sea, sus viajes les llevaron desde Líbano hasta España y Marruecos, y algunos han sugerido que incluso circunnavegaron Africa o que llegaron al sur de Gran Bretaña. Por todo eso, su herencia parece estar profundamente sumergida en las raíces de Europa.

 

25 mayo 2016 at 11:17 pm Deja un comentario

El palacio de Asdrúbal, la joya fenicia de Cartagena

Iván Negueruela ha presentado en Cartagena la investigación que le ha llevado a ubicar estas dependencias en el Cerro del Molinete

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Fuente: LÁZARO GIMÉNEZ  > CARTAGENA  |  Cadena SER    14/07/2015

Hubo un tiempo en el que los cartagineses disputaron el poder y la hegemonía mediterránea al Imperio Romano desde Cartagena. Convencido de que de aquella época tuvieron que quedar restos visibles, hace quince años Iván Negueruela, director del ARQUA, comenzó sus primeras investigaciones sobre el Arx Asdrubalis que han concluido con un libro, “El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena”. En él emplaza el Arx Asdrubalis, el Palacio de Asdrúbal, en el Molinete, uno de los cinco cerros de la ciudad portuaria, con unas dimensiones únicas y que harían de él un yacimiento arqueológico único en todo el Mediterráneo.

Su investigación comenzó por Polibio, rey griego de Megalópolis, que llegó a Cartagena como esclavo de Escipión, y que realiza una extensa descripción de la ciudad de entonces. Como elemento singular, en esa descripción, destaca el Arx Asdrubalis, “los magníficos palacios reales” de Asdrúbal.

Dice Iván Negueruela era imposible que esos palacios hubieran desaparecido sin dejar ningún tipo de huella. Según él, no se ha encontrado hasta ahora porque el palacio se talló en la roca y eso es lo que ha llevado a la confusión a los numerosos equipos de arqueólogos que han pasado por la zona en el último siglo. “Veían muros excavados en la roca y no creían que fuera el palacio, pero sí lo es”, asevera.

“El magnífico palacio”

La planta triangular del palacio y sus proporciones son los aspectos destacados de un palacio con unos 25.000 metros cuadrados y repartido a lo largo de unas siete terrazas excavadas en la roca del cerro del Molinete. La planta es de un triángulo escaleno con las proporciones del teorema de Pitágoras, según Negueruela, cuya hipotenusa sería de unos 280 metros. “Es el único edificio triangular que yo conozco hasta el siglo XVIII o XIX, cuando la masonería recuperó este tipo de planta”, dice el director del ARQUA.

“Está tallado en la roca en unas proporciones inmensas en todo el Mediterráneo, incluyendo a Egipto, Turquía, Grecia, Mesopotamia… Palacio más grande que éste sólo podríamos encontrar el de Nabucodonosor en Babilonia”, asegura Negueruela, quien recuerda que desde estas dependencias “se dirigieron todos los destinos de lo que la dinastía de los Barca (Asdrúbal, Aníbal…) pensó que sería el gran imperio fenicio de Occidente y que Roma frustró”.

Para dar una idea de lo importante que es este palacio, recuerda Negueruela que de él partió Aníbal en su campaña contra Roma.

Interés local e internacional

Nada queda de la cuna de la civilización fenicia, en Tiro, en el actual Líbano. Ni tampoco en el otro referente púnico del Mediterráneo, Cartago, en la actual Túnez, arrasada por completo tras su enfrentamiento con el imperio romano. “No se conserva ninguna muestra de arquitectura monumental fenicia ni cartaginesa”, reconoce Negueruela, lo que dice que ha despertado el interés de investigadores internacionales, y así se lo han trasmitido colegas suyos que han participado recientemente en un congreso en Ankara: “Me dicen que todo el mundo está hablando de este palacio de planta triangular”.

A pesar de la destrucción que ha experimentado este cerro no sólo en siglos anteriores, sino también en las últimas décadas, dice Iván Negueruela que “hay mucho que se puede rescatar” y en ese sentido agradece la predisposición del nuevo equipo de Gobierno a acometer estos trabajos.

15 julio 2015 at 9:56 am 2 comentarios

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