Posts tagged ‘esqueleto Pompeya’

Pompeya: Hallada la cabeza del «último fugitivo»

Osanna: «Murió por asfixia, un final terrible»

ANSA

Fuente: ANSA

ROMA, 28 DE JUNIO – «El fugitivo hallado hace unas semanas en Pompeya no murió por un choque térmico ni por la roca que cayó sobre él, sino por asfixia». Lo ha anunciado a ANSA el director del Parque Arqueológico de Pompeya, Massimo Osanna, que destaca el continuo e interesante desarrollo de las excavaciones en curso en el área arqueológica. Unas semanas después del descubrimiento en la esquina del Vicolo dei Balconi del esqueleto del que se ha dado en llamar el último fugitivo, el arqueólogo anticipa: «Acabamos de encontrar también el cráneo, perfectamente conservado y con la boca abierta de manera impresionante», algo que «nos hace pensar que el pobre hombre debió tener una muerte verdaderamente horrible». El hallazgo ha sido llevado al laboratorio, donde los expertos del equipo de excavación lo están examinando. Hay todavía en curso un estudio sobre el esqueleto, añade, que resulta tener algunas costillas aplastadas, «queremos saber si son signos de contusiones».

 

28 junio 2018 at 7:27 pm Deja un comentario

Pompeya, en busca de una segunda vida

  • El yacimiento toma un impulso renovado con varios descubrimientos
  • Por primera vez en décadas se vuelve a excavar sistemáticamente con fines científicos y nodebido a emergencias

Una de las zonas de la ‘Regio V’, la nueva área en la que están excavando los arqueólogos de Pompeya. MARCO CANTILE (GETTY IMAGES)

Fuente: LORENA PACHO – Pompeya  |  EL PAÍS
16 de junio de 2018

Pompeya es una máquina del tiempo inagotable. La semana pasada dos arqueólogos encontraron en un área hasta ahora inexplorada de la ciudad sepultada hace dos milenios por la erupción del Vesubio una pieza de un juego de mesa, un trozo de una lámpara y la parte superior de un frasco de perfume. Se lo mostraron orgullosos a quienes les observaban desde los andamios, que pusieron los ojos como platos. Un pequeño ejército de cascos blancos y amarillos, formado por operarios, arquitectos y restauradores, trabaja a destajo entre los vestigios para extraer de las cenizas ecos que sigan ayudando a fraguar la percepción actual de la antigua Roma. Los arqueólogos han vuelto a excavar en Pompeya por primera vez en 30 años. Y en esta ocasión no se trata de frenar la destrucción de alguna zona, sino de ejecutar una investigación planificada. “Desde el siglo pasado no se hacían excavaciones tan significativas como esta”, explica la arqueóloga Laura D’Esposito al pie de las zanjas.

En el viaje al interior del nuevo yacimiento aparecen tres domus originales con balcones asombrosamente bien conservados, frescos intactos como el que da la bienvenida a la llamada casa de los delfines, con la representación de una pareja de estos mamíferos en color dorado nadando en un fondo negro. O propaganda política grabada en rojo y negro en los muros de una casa de una calle transitada que confirma que la ciudad estaba en plena campaña electoral, aunque no pudieron concluirla antes de que la furia del Vesubio arrasara con todo. “Os ruego que votéis a Elvio Sabino, digno del Estado, un hombre bueno”, se lee en una. D’Esposito aclara que era un personaje respetado en la urbe y, a juzgar por el gran número de inscripciones con su nombre que se han encontrado en otros periodos, muy presente en la vida pública. Algo que no resultaba fácil, dada la reputación histórica de votantes exigentes que tenían los pompeyanos. Cicerón incluso solía comentar que era más sencillo llegar a senador en Roma que a decurión en Pompeya.

Día tras día

Estos y otros importantes descubrimientos que han resurgido en ese sector, conocido como Regio V, al norte del yacimiento, se presentaron la semana pasada a un grupo de medios. “Pompeya todavía vive y nos deja mensajes día tras día”, resumió el general Mauro Cipolletta, director del Gran Proyecto Pompeya. La zona está en proceso de excavación y llena de fosos todavía abiertos, pero, cuando concluyan las obras y se hayan sacado a la luz todos los tesoros, abrirá al público.

Una visitante fotografía una inscripción en la ‘Regio V’ de Pompeya. MARCO CANTILE (GETTY IMAGES)

En esta fase se aprecia un gran contraste entre las calles del resto de la ciudad, sorprendentemente bien conservadas y por las que transitan cómodamente cada año tres millones y medio de turistas, y la Pompeya inédita. Aquí los pies se hunden en el suelo al avanzar entre el material volcánico que cubrió la ciudad. Y las pequeñas piedras de lapilli —fragmentos sólidos de lava, una especie de granizo negro— se cuelan en los zapatos.

En esta parte hay un constante trajín de brochas, escobas, palas y carretillas envueltas por una polvareda perenne. Los excavadores remueven la tierra mezclada con piedra pómez, cenizas y el flujo piroclástico por todas partes. Lo hacen bajo un calor sofocante que recuerda a aquel tórrido verano del año 79 de nuestra era, cuando el Vesubio se despertó y barrió la próspera Pompeya.

Poco a poco van saliendo a la luz pinturas que conservan casi inalterado el clásico rojo pompeyano, decoraciones y todo tipo de mobiliario. Como un elegante candelabro de bronce, que emergió íntegro, apoyado sobre una pared en la llamada casa de Júpiter. O un conjunto de ánforas, en el callejón de los balcones, colocadas boca abajo para que se secaran al sol. Cada hallazgo es como una cápsula del tiempo cada vez más precisa. “Con las nuevas técnicas somos capaces de ver las estructuras exactamente tal y como se encontraban en el momento de la erupción y eso nos ayuda a entender las dinámicas de destrucción del paso del tiempo”, explica la arquitecta Arianna Spinosa, directora de las excavaciones del Gran Proyecto Pompeya.

Una pequeña mesa hallada durante las excavaciones en Pompeya. MARCO CANTILE (GETTY IMAGES)

En el parque arqueológico, cada día se revive la emoción de las primeras excavaciones. Todos comentan el hallazgo más significativo de esta nueva etapa, que retrata el lado humano de la tragedia y que ha dado la vuelta al mundo: el esqueleto de un hombre que murió decapitado por una gran roca cuando trataba de salvarse de la erupción. Corría todo lo deprisa que su pierna enferma le permitía, pensando probablemente que escapaba del castigo de los dioses y no de una de las mayores catástrofes naturales de la historia. “Es dramático”, dice Giordano, que presenció el descubrimiento, mientras señala la posición en la que aparecieron los restos, que ahora se encuentran en un laboratorio. También habla de la lluvia que lo sepultó en cuestión de segundos, a la vez que señala con respeto al imponente Vesubio, una mole ingente que domina la bahía de Nápoles y que por ahora duerme.

El Gran Proyecto Pompeya se lanzó en 2012 para subsanar lo que se apodó la “segunda destrucción” de la ciudad, casi más terrible que la primera por la desidia que la provocó: acabó asolada por el abandono y los derrumbes. Años de gestión deficiente y la injerencia de la camorra napolitana pusieron en peligro incluso la denominación de Patrimonio de la Humanidad. A partir de 2014 empezaron a dejarse atrás esos fantasmas y se dio salida a los fondos que la Unión Europea aportó al plan —115 millones de euros— hasta entonces bloqueados en un cajón. La administración del yacimiento tomó un nuevo rumbo y ahora comienzan a verse frutos trascendentales. Pompeya parece lista para afrontar el reto de la ardua conservación de los restos descubiertos y para evitar que alguna parte vuelva a quedar sepultada. Aunque el director del parque arqueológico, Massimo Osanna, invita a la prudencia: “No hay que bajar la guardia, tres años sin manutención serían suficientes para que hubiera que comenzar de cero”.

UNA LLUVIA DE HALLAZGOS EN POCOS DÍAS

El esqueleto del hombre que intentó huir de Pompeya y fue decapitado por una piedra. KONTROLAB (GETTY IMAGES)

En las últimas semanas, los arqueólogos de Pompeya han sacado a la luz una larga lista de hallazgos fascinantes.

El callejón de los balcones. Una de las primeras sorpresas salidas de la Regio V, la nueva zona de excavaciones, es una serie de edificios con tres balcones que se han mantenido en muy buenas condiciones. Incluso se conservaban varias ánforas, amontonadas en un rincón para que se secaran con el sol.

La domus de los delfines. Esta casa, de decoración refinada, apareció a finales de mayo. En la vivienda, que perteneció probablemente a una familia noble de Pompeya, hay frescos que retratan a un pavo real, un loro, ciervos y dos delfines dorados.

Un caballo para desfiles. Los expertos han encontrado un establo y, en él, restos que han permitido reconstruir, con yeso, el cuerpo de un caballo que allí falleció. Se trataba de un animal adulto, empleado en desfiles.

El fugitivo atrapado. El hallazgo, a finales de mayo, del esqueleto de un hombre que intentaba huir de Pompeya pero fue decapitado por una enorme piedra ha dado la vuelta al mundo. Los huesos aún yacían bajo su verduga y permitieron descubrir que el hombre sufría una infección en la pierna que ralentizó su fuga. Al retirar el esqueleto, el 1 de junio, apareció un saco con 20 monedas de plata, entre otras, que el fugitivo pretendía llevarse. Corresponderían a unos “500 euros” de hoy, según los expertos.

 

16 junio 2018 at 9:09 pm Deja un comentario

El hombre que tuvo un muy mal día en Pompeya

El reciente hallazgo de una víctima de la ciudad recuerda los terribles acontecimientos que ocurrieron en el año 79. Una erupción pliniana en el Vesubio arrasó y enterró varias ciudades romanas y mató a miles de personas

Última víctima descubierta en Pompeya. Un hombre decapitado por el impacto de la jamba de una puerta – Parque Arqueológico de Pompeya

Fuente: Gonzalo López Sánchez – Madrid  |  ABC
4 de junio de 2018

Alrededor del 24 de agosto del año 79 el tiempo se detuvo en la bahía de Nápoles, en la Antigua Roma. El monte Vesubio entró en erupción de forma muy violenta. En apenas 24 horas, la ciudad romana de Pompeya, llena de vida horas antes, quedó sepultada bajo una capa de tefra o piroclastos (cenizas y piedras) de hasta tres metros de grosor. Varias nubes ardientes y tóxicas, los flujos piroclásticos, descendieron de los flancos del Vesubio a altas velocidades, arrasaron los edificios y asfixiaron y carbonizaron a las víctimas. Se calcula que murieron 16.000 personas. Cuatro ciudades romanas (Pompeya, Herculano, Oplontis y Estabia) quedaron sepultadas por el apabullante poder del volcán Vesubio.

La reanudación de las excavaciones en marzo de este año ha permitido a los arqueólogos adentrarse un poco más en lo que ocurrieron en esas terribles horas. Los investigadores han hallado recientemente los restos de un hombre de unos 30 años de edad, tal como ha informado en un comunicado el Parque Arqueológico de Pompeya. La víctima padecía de cojera, y fue aplastada por un bloque de piedra de un metro de largo que voló por los aires, como si fuera una brizna de hierba, a causa del choque de un flujo piroclástico.

«Este hallazgo tan interesante nos recuerda a un caso análogo de un esqueleto (…) de un individuo cojo, que probablemente no pudo escapar por sus dificultades para moverse», ha explicado en un comunicado el arqueólogo Massimo Osanna, director general del Parque Arqueológico de Pompeya.

El arqueólogo Massimo Osanna observa los restos de la última víctima del Vesubio descubierta – Parque Arqueológico de Pompeya

Esta víctima sufrió el brutal impacto de un bloque de piedra de unos 300 kilogramos que probablemente era la jamba de una puerta, cuando seguramente trataba de huir de la erupción. El choque le hizo volar hacia atrás, con la caja torácica aplastada. Al parecer, su cabeza se desprendió del cuerpo y el choque enterró la parte superior de su tronco en las cenizas de la calle.

Alcanzado por el flujo piroclástico

El esqueleto fue descubierto en las nuevas excavaciones de Regio V, reanudadas en marzo, en el cruce de «Vicolo delle Nozze d’Argento». Aparentemente, esta persona sobrevivió a la primera fase de la erupción y estaba recorriendo la calle, ahora cubierta de una gruesa capa de lapilli (cenizas), cuando le alcanzó el flujo pirocástico.

Los análisis antropológicos han concluido que la víctima era un hombre de unos 30 años. Las lesiones halladas en su tibia indican la presencia de una infección ósea, que probablemente le causó graves problemas de cojera.

Las nuevas excavaciones de Regio V están centradas en una zona llamada «la cuña», situada entre «La casa de la Boda de Plata» y «La casa de Marcus Lucretius Fronto», al norte de Pompeya. En estas han salido a la luz tres edificios con grandes balcones, ánforas de vino y mosaicos, así como los esqueletos de una caballo engalanado y de un niño que trató de esconderse de la destrucción.

El despertar de la montaña

El Vesubio es un cono compuesto o estratovolcán (como el Teide), un tipo de volcán que se caracteriza por erupciones muy violentas y repentinas: este tipo de bocas eruptivas parece estar detrás de la erupción catastrófica de la isla de Santorini (en Grecia), que algunos vinculan con el continente perdido de la Atlántida, o la destrucción de San Pedro (en Martinica), donde murieron 28.000 personas en 1902 y donde solo hubo un superviviente. En 1980 el estratovolcán de Santa Elena entró en erupción en Estados Unidos.

El monte Vesubio había estado dormido durante siglos, y solo unos fuertes terremotos en torno al año 62 después de Cristo podían hacer presagiar lo que estaba por llegar. Los testimonios de Plinio el Joven han permitido documentar lo que ocurrió en Pompeya en torno al 24 de agosto del año 79. Por desgracia, este testigo de la catástrofe, que la siguió desde la cercana ciudad de Miseno, perdió aquel día a su tío, el historiador, naturalista y militar Plinio el Viejo, prefecto de la flota naval. Este zarpó para socorrer con sus galeras a las víctimas, pero murió a causa de la erupción.

Erupción similar a la del Vesubio en el volcán Redoubt, en 1990. La columna tiene forma de pino mediterráneo, tal como describió Plinio el Joven en el año 79 d.C. – R. Clucas

La mañana del 24 de agosto comenzó con normalidad, pero después de medio día el volcán entró en erupción. Se cree que se formó una columna de más de 30 kilómetros de altura, con aspecto de un enorme pino mediterráneo, tal como dijo Plinio el Joven. Mientras en la distancia se percibían los rugidos del volcán y se veían sus relámpagos, en las ciudades romanas afectadas se inició una lluvia de ceniza y trozos de piedra pómez de hasta cinco centímetros de tamaño que en algunos lugares recordaba a una nevada y que en otros puntos era más intensa.

Ciudades enterradas en vida

Pero lo cierto es que las cenizas blanquearon la zona y comenzaron a enterrar varias ciudades romanas, a una tasa de 12 a 15 centímetros por hora en Pompeya, dificultando la respiración y la visión. Algunos se cubrían la cabeza con cojines y buscaban refugio dentro de los edificios, pero el peso de las cenizas derribó los tejados de muchos de ellos, causando múltiples víctimas. Los habitantes de varias poblaciones comenzaron a huir. Además, se registraron terremotos y tsunamis moderados por toda la bahía de Nápoles.

Se sospecha que la intensidad de la lluvia de cenizas disminuyó, cuando ya se acumulaba una considerable capa en las calles y en los campos. Quizás algunos volvieron a las ciudades para recoger sus cosas, pensando que ya había pasado lo peor. Pero lo cierto es que entre la noche y el amanecer del próximo día el Vesubio mostró su máximo poder destructivo.

Ciudades afectadas por la erupción del Vesubio. En negro, el recorrido de la ceniza, movida por el viento – MapMaster

Un flujo piroclástico llega a Pompeya

Todo comenzó por varios derrumbes de las laderas del monte Vesubio, a causa de las erupciones. Las explosiones y los deslizamientos provocaron que se produjeran los llamados flujos piroclásticos. De los flancos del volcán descendieron nubes abrasadoras y muy densas de gases, cenizas y rocas incandescentes, que pueden descender de los volcanes a velocidades de cientos de kilómetros por hora y a temperaturas de cientos de grados centígrados.

Los flujos que alcanzaron las ciudades tiraron edificios abajo o se canalizaron por las calles, a gran velocidad. Estas nubes abrasadoras encontraron a los romanos refugiados en sus casas. Algunos murieron al instante, por las extremas temperaturas, mientras que otros fallecieron por asfixia.

En Herculano, cerca de la boca del Vesubio, los flujos piroclásticos carbonizaron las vigas de madera de los edificios, hicieron hervir los cerebros de sus habitantes y separaron la carne de los huesos. Muchos de ellos encontraron la muerte cuando se refugiaban cerca de los embarcaderos y esperaban la llegada de barcos de rescate.

Retrato de una pareja hallado en una casa de Pompeya

En Pompeya, a ocho kilómetros del Vesubio, el flujo letal fue más frío y lento: rondó los 60 kilómetros por hora y alcanzó temperaturas de 300º C. Esto provocó un efecto distinto al de Herculano. El calor mató al instante a las personas, pero en vez de carbonizarlos, asó la piel de su cuerpo y respetó sus ropas. Por efecto del calor extremo los músculos se quemaron y los cuerpos quedaron doblados, en posición pugilística.

El vulcanólogo Giuseppe Mastrolorenzo dirigió un estudio para investigar lo ocurrido y dijo: «(El calor) fue suficiente para matar a cientos de personas en una fracción de segundo». También explicó la causa de las extrañas posturas de las víctimas de Pompeya, que parecen congelados en pleno movimiento: «Las posturas contorsionadas no son efecto de una larga agonía, sino de un espasmo cadavérico, una consecuencia del choque de calor en los cuerpos».

El «jardín de los fugitivos», en Pompeya, donde quedaron los moldes de ceniza de algunas de las víctimas del Vesubio

Por la tarde del segundo día, la erupción finalizó. Las ciudades quedaron enterradas por una capa de cenizas grisáceas y blancas y una neblina que los rayos del sol apenas podían atravesar.

Pero las lluvias endurecieron las cenizas y crearon una sepultura que congeló en el tiempo a Pompeya y a sus habitantes. El agua permitió que se formaran moldes de personas, caballos y perros, y los edificios romanos quedaran preservados durante milenios. Aunque los cuerpos se descompusieron, las carcasas de ceniza todavía muestran expresiones faciales y víctimas que intentan cubrirse la boca en un esfuerzo por tomar el que sería su último aliento.

El Vesubio, uno de los volcanes más peligrosos

Casi 2.000 años después de aquellos terribles acontecimientos, el Vesubio sigue activo. De hecho, ha entrado en erupción 50 veces en los dos últimos milenios, la última ocasión en 1944, cuando una débil erupción hizo acumular medio metro de ceniza en algunas zonas. Hoy en día, los científicos lo consideran como uno de los volcanes más peligrosos del mundo, porque bajo sus faldas se apiña una población de tres millones de personas.

Los vulcanólogos analizan el suelo constantemente en busca de temblores y deformaciones que podrán alertarlos con semanas o meses de antelación de una futura erupción. Pero el día en que se produzca una erupción potente, el volcán solo necesitará horas para liberar todo su poder destructivo. Ese día ocurrirá una erupción explosiva de tipo pliniano, en honor al hombre que alertó por primera vez del poder destructivo del Vesubio.

 

4 junio 2018 at 2:24 pm Deja un comentario

El hombre que murió aplastado en Pompeya huía con un saquito de monedas

Los numismáticos han podido examinar 15 monedas de cronología variada, pero la mayor parte de época republicana, fechadas a partir del siglo II a.C.

14 monedas
La fotografía muestra 14 monedas y los restos del saquito que llevaba el hombre apretado contra el pecho.
Foto: Parco Archeologico di Pompei

Fuente: Alec Forssmann  |  National Geographic
1 de junio de 2018

El esqueleto recientemente excavado en la inexplorada Región V de Pompeya, de un individuo que fue rematado por un enorme bloque de piedra mientras huía desesperadamente de la furiosa erupción del Vesubio, ha deparado un nuevo hallazgo: un saquito de monedas romanas de plata y bronce que el hombre apretó contra su pecho. El individuo llevaba 20 denarios de plata y dos ases de bronce con un valor nominal de 80 sestercios y medio, «una cantidad de monedas que, en la época, podía garantizar el mantenimiento de una familia de tres personas durante unos 14-16 días«, según explica hoy el Parque Arqueológico de Pompeya en un comunicado. El fuggiasco o fugitivo, de más de 30 años de edad, cayó derribado por el flujo piroclástico resultante de la erupción volcánica y un bloque de piedra formidable, quizá la jamba de una puerta, acabó rematándolo en el suelo.

La piedra acabó aplastando al hombre, destrozándole la cabeza y la parte superior del tórax. Entre las costillas del tórax primero aparecieron tres monedas y, al remover la tierra, los restos de la víctima y el tesorillo de monedas en una pequeña bolsa que será analizada en el laboratorio para conocer el material. Los numismáticos han podido examinar 15 monedas de cronología variada, pero la mayor parte de época republicana, fechadas a partir del siglo II a.C.

Una de las monedas republicanas más tardías es un denario legionario de Marco Antonio, común en Pompeya, con la indicación de la Legio XXI. Entre las pocas monedas imperiales que han sido examinadas hay un probable denario de Augusto, el primer emperador romano, y dos denarios de Vespasiano. Los restos de la víctima serán analizados en el laboratorio de investigaciones aplicadas del Parque Arqueológico de Pompeya.

 

Saquito de monedas
El momento en que apareció el saquito de monedas. La pequeña bolsa será analizada en el laboratorio para conocer el material.
Foto: Parco Archeologico di Pompei

 

Tesorillo
El individuo llevaba 20 denarios de plata y dos ases de bronce con un valor nominal de 80 sestercios y medio, una cantidad con la que hubiera podido subsistir durante varios días.
Foto: Parco Archeologico di Pompei

 

Monedas republicanas y algunas imperiales
Una de las monedas republicanas más tardías es un denario legionario de Marco Antonio y, entre las pocas monedas imperiales que han sido examinadas, hay un probable denario de Augusto y dos denarios de Vespasiano.
Foto: Parco Archeologico di Pompei

 

1 junio 2018 at 6:36 pm Deja un comentario

Descubren en Pompeya el esqueleto de un hombre que murió decapitado mientras huía de la lava

Es el último sorprendente y «dramático» descubrimiento en el área del Regio V, en la esquina del callejón de los Balcones

Los restos óseos encontrados en Pompeya – EFE

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES  |  ABC
29 de mayo de 2018

Pompeya no deja de sorprender. Hoy se ha hecho público un descubrimiento excepcional: en las nuevas excavaciones ha aparecido el que por ahora se considera el último fugitivo de la antigua ciudad romana. Tuvo un final horrible: fue investido por la furia del Vesubio, que le lanzó una roca de unos 300 kilos, aplastando su tórax y con toda probabilidad decapitándolo.

La víctima era un hombre de unos 35 años, con una pierna enferma, que quizás por su discapacidad se retrasó en la fuga. Murió mirando el Vesubio en su intento desesperado por huir de la furia destructiva del volcán. «Es un descubrimiento dramático y excepcional», ha dicho el arqueólogo Massimo Osanna, director del parque arqueológico de Pompeya.

Tras las primeras observaciones, se percibe que la víctima, que sobrevivió a las primeras fases de la erupción del Vesubio, huyó en busca de su salvación por un callejón invadido ya de cenizas y piedras volcánicas. Aquí fue embestido por la densa nube piroclástica que lo arrojó violentamente hacia atrás. El bloque de piedra que lo aplastó será removido en breve.

Análisis antropológicos

Los primeros análisis antropológicos indican que el hombre tenía más de 30 años. La presencia de lesiones en la tibia señalan una infección ósea, que podría haber sido la causa de su dificultad para andar, hasta el punto de impedirle escapar tras las primeras señales dramáticas que procedían de la erupción del Vesubio. Esa infección debía procurarle dolor, y cuando se convenció de que escapar era la única opción, ya era demasiado tarde. Intentó el todo por el todo, pero fue en vano.

El esqueleto presenta lesiones a nivel de la tibia – EFE

El director Massimo Osanna explica así la importancia de la recuperación de este esqueleto: «Más allá del impacto emotivo de este descubrimiento, nos da la posibilidad de compararlo con otros, confrontar las patologías y los estilos de vida, así como las dinámicas de fuga de la erupción. Además, estas investigaciones, realizadas con instrumentos y una profesionalidad cada vez más específicas y presentes en las excavaciones, contribuyen a darnos cuenta, de una forma cada día más precisa, sobre la historia y la civilización de una época, lo que es la base de la investigación arqueológica». Se añade así una nueva pieza a la fascinante historia de Pompeya.

Los restos óseos han sido hallados en la llamada área del Regio V, en la esquina entre el callejón de los Balcones, recientemente descubierto, y el callejón de Bodas de Plata, una zona en la que los arqueólogos trabajan en estos momentos.

El individuo fue localizado decapitado en el primer piso de un edificio – EFE

En las últimas excavaciones han salido a la luz tres edificios con grandes balcones, ánforas de vino y mosaicos, así como los esqueletos de una caballo engalanado y de un niño que trató de esconderse del fuego y la ceniza y que pueden dar más elementos de la vida en esta ciudad que quedó completamente arrasada.

 

29 mayo 2018 at 3:43 pm 1 comentario

Pompeya: el esqueleto de una víctima joven de la erupción volcánica del 79 d.C.

El niño, de 7-8 años de edad, debió de huir de la violenta erupción del Vesubio refugiándose en las Termas Centrales, pero no logró escapar de la muerte

Esqueleto de un niño. Esqueleto de un niño de 7-8 años de edad, excavado en un ambiente de entrada de las Termas Centrales de Pompeya. Foto: Parco Archeologico di Pompei

Fuente: Alec Forssmann  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
26 de abril de 2018

Unos trabajos recientes de consolidación y restauración en las Termas Centrales de Pompeya han sacado a la luz un esqueleto de un niño de 7-8 años de edad, una víctima joven de la violenta erupción del Vesubio en el año 79 d.C. El esqueleto, según destaca el Parque Arqueológico de Pompeya, ha aparecido durante la limpieza de un ambiente de entrada de las Termas Centrales de Pompeya: bajo un estrato de unos 10 centímetros ha aflorado primero el pequeño cráneo y después los huesos, dispuestos de forma recogida, que han permitido calcular la edad del niño, quien debió de huir de la erupción, refugiándose en las Termas Centrales pero no logró escapar de la muerte. El esqueleto ha sido retirado y transferido al Laboratorio de Investigaciones Aplicadas del Parque Arqueológico de Pompeya, donde se podrán determinar las posibles patologías.

La peculiaridad del descubrimiento (o del redescubrimiento porque probablemente fue descubierto durante las excavaciones de finales del siglo XIX, aunque el estrato volcánico quizá no permitió realizar un molde con yeso) es que el esqueleto estaba inmerso en el flujo piroclástico, una mezcla de gases y materiales volcánicos, cuando lo habitual en la estratigrafía de la erupción del 79 d.C. es que esté presente el lapillo (el depósito de piedras pequeñas o fragmentos piroclásticos) en el nivel más bajo y después la ceniza que lo sella todo. Por tanto, en este caso debía de tratarse de un ambiente cerrado que evitó la entrada del lapillo y cuyo techo no cedió, pero en cambio sí que penetró el flujo piroclástico por las ventanas en la fase final de la erupción.

 

Restos esqueléticos. Massimo Osanna, el director del Parque Arqueológico de Pompeya, examina los restos. Foto: Parco Archeologico di Pompei

 

Dispuestos de forma recogida. Los huesos han aparecido dispuestos de forma recogida, lo que indica que el niño se refugió en las Termas Centrales de Pompeya. Foto: Parco Archeologico di Pompei

 

Termas Centrales. El flujo piroclástico penetró por las ventanas de las Termas Centrales en la fase final de la erupción y el niño murió. Foto: Parco Archeologico di Pompei

 

28 abril 2018 at 4:41 pm Deja un comentario


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