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El extraño sistema político de Esparta: dos «reyes» con sangre de Hércules para gobernar a la vez

Los diarcas no se repartían el poder, sino que ambos ostentaban las mismas responsabilidades. Los dos reyes eran sacerdotes de Zeus, ambos eran jefes militares permanentes y en un principio podían salir de campaña juntos o por separado

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
12 de enero de 2018

La monarquía espartana es uno de los escasos y extraños casos de diarquía en la antigüedad, esto es, un sistema en la que reinan a la vez dos personas, representantes de dos dinastías distintas. Un concepto que también aparece en Cartago e incluso en Roma, cuya herencia más evidente estuvo en los cónsules republicanos que gobernaban a la vez. Precisamente la batalla de Cannas (216 a. C), el mayor desastre militar de la historia romana, demostró las desventajas de tener el poder absoluto dividido entre dos personas. Eso sin mencionar lo irresistible que es para los que quieren medrar y conjurar en la Corte poder bascular entre dos bandos.

Como explica Nic Fields en su libro «La leyenda de los 300: Termópilas» (Osprey Ediciones), lo más peculiar del sistema político espartano estaba en su monarquía dual, con dos familias reales al frente del país. Los agíadas y los euripóntidas compartían antepasados comunes y cada uno tenía su propio rey, tal vez como remanente de dos tribus que se unieron y decidieron compartir el poder en otro tiempo. No obstante, la mitología griega relata que los dos primeros diarcos fueron Proeles y Euristenes, hijos gemelos del Rey Aristodemo, descendiente de Hércules, que reinaron juntos en Esparta ante la imposibilidad de distinguir quién era el mayor.

Leónidas I fue el 17.º rey agíada de Esparta.

Los diarcas no se repartían el poder, sino que ambos ostentaban las mismas responsabilidades. Los dos reyes eran sacerdotes de Zeus, ambos eran jefes militares permanentes y en un principio podían salir de campaña juntos o por separado, lo cual cambió por los problemas generados sobre el terreno. Con el tiempo se prohibió que los dos reyes dirigiesen a la vez al Ejército, de modo que uno se quedaría en la ciudad, mientras el otro salía en campaña militar.

Aristóteles definió así esta diarquía como un generalato hereditario y vitalicio. Pero que fuera hereditario no hacía de este sistema una monarquía en sí. El poder real descansaba realmente en una asamblea de guerreros, «apella», y en un consejo de ancianos, «gerousia», formado por los dos reyes y otros 28 miembros elegidos entre los espartanos de más de 60 años. En este sentido, estos dos órganos tenían capacidad para deponer o mandar al exilio a los reyes, si bien los diarcas espartanos se encargaron de mantener bajo su control ambas asambleas aprovechando sus victorias militares para aumentar poder. El frágil equilibrio entre las instituciones regulada por la Retra (le Ley suprema espartana) fue el demoninador común de este reino griego.

La diarquía más allá de Esparta

Otras potencias antiguas también emplearon fórmulas parecidas a la espartana, entre ellas Cartago, algunas tribus de Dacia y Germania) y la propia Roma. En los inciertos primeros años de la fundación de la ciudad, se estableció una diarquía entre el mítico Rómulo y Tito Tacio, instaurada tras la guerra de Roma con los sabinos. Esta monarquía dual se prolongó hasta el momento en el que Tacio fue muerto por una familia enemiga y Rómulo no intervino ni en su defensa ni para vengar a su compañero. Con la instauración de la República Romana, la diarquía pervivió en parte a través del sistema de dos cónsules que se alternaban a la cabeza del gobierno y del ejército. Una fórmula que a nivel militar resultó desastrosa a cuenta de que a veces los cónsules les preocupaba más destacarse frente a sus compañeros de gobierno, normalmente rivales políticos, que colaborar con ellos en pos de la Res publica.

El ejemplo de diarquía más conocido y cercana hoy es el del Principado de Andorra, cuyos gobernantes son el Presidente de Francia y el Obispo de Urgell. Un coprincipado vigente desde 1278, cuando se firmó el «Pariatge» entre el Obispo de Urgel y el Conde de Foix. Caso parecido al de la República de San Marino, gobernada en forma colegiada por dos Capitanes Regentes y el Reino de Swazilandia, cuyas cabezas de Estado son el Rey y su madre.

 

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12 enero 2018 at 8:33 pm Deja un comentario

El Batallón Sagrado de Tebas, el ejército de amantes homosexuales que humilló a los espartanos

Tras varias décadas de hegemonía, Alejandro Magno dirigió una compañía de caballería, los hetairoi, contra la unidad de élite de la infantería tebana e inició el principio del fin de su historia

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Cartel promocional de «Alejandro Magno» (2004). Una carga del macedonio marcó el principio del fin del Batallón Tebano en la batalla de Queronea

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
8 de junio de 2016

El batallón Sagrado de Tebas supone un caso único e inesperado en la historia militar. Este cuerpo de élite estaba conformado por amantes homosexuales, aprendiz y maestro, y se convirtió en una de las tropas más temidas de la Antigüedad porque, a decir Plutarco, «la unión entre amantes aumentaba su capacidad combativa». De hecho, la unidad permaneció invicta hasta la batalla de Queronea, donde el rey Filipo II y Alejandro Magno arrasaron al batallón.

150 parejas de amantes varones

El Batallón Sagrado aparece citado por primera vez con ocasión de la batalla de Tegira, a principios de la primavera del 375 a.C, pero existía con anterioridad. El aristócrata tebano Górgidas fue el artífice de la creación de esta unidad, formada por 150 parejas de amantes varones. Górgidas se encargó de la formación y el reclutamiento del Batallón Sagrado, vertebrado por jóvenes aristócratas que se habían educado en el gimnasio, donde eran habituales las prácticas homosexuales.

Se confunde la homosexualidad entre adultos, reprobada entre el pueblo griego, con las relaciones entre un adulto y un joven

Cabe señalar que el concepto de homosexualidad en la Antigua Grecia era muy diferente al actual. Sin ir más lejos, en ocasiones se confunde la homosexualidad entre adultos, reprobada gravemente entre el pueblo griego, con las relaciones entre un adulto y un joven, la pederastia, que estaban instrumentalizadas en algunas ciudades como parte de la formación de los adolescentes procedentes de la aristocracia. Así ocurría también en Tebas, donde las parejas contaban con un miembro de mayor edad, el «heniochoi» (conductor) y uno más joven, «paraibatai» (compañero). El conductor debía encargarse del adiestramiento y educación del compañero, sobre todo en lo que respecta a la moral. El hombre de más edad enseñaba al joven los valores de la lealtad, la fidelidad y la moderación.

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Representación del Batallón Sagradi de Tebas- Wikimedia

Tras un duro periodo de instrucción, las parejas creaban entre sí un fuerte vínculo afectivo y profesional. El historiador clásico Plutarco defendía que el vínculo homosexual tenía ventajas militares, puesto que «un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros».

La idea es que el destacamento lucharía con una convicción casi suicida ante los ojos de su compañero y, en el caso de los soldados que perdieran a su pareja, resistiría hasta la extenuación a cuenta de proteger el cadáver de su amante y vengarle. Sabedora de que las ventajas de su unidad, la legislación tebana se decantó por apoyar este tipo de relaciones de carácter homosexual con el fin de perpetuar la efectividad de su ejército.

El amanecer del poder de Tebas

Ayudó a reforzar el espíritu de estos soldados las múltiples raíces mitológicas en las que encontraba su reflejo el Batallón Sagrado. El héroe mítico Yolao, un joven atleta, domador de caballos y amigo y compañero inseparable de Heracles, servía a los aristócratas tebanos como referencia. De hecho, los amantes masculinos se juraban fidelidad en el herón dedicado a Yolao. Y por si eso fuera poco referente, el mito fundacional de la ciudad giraba sobre la historia de Layo, un rey de Tebas que raptó y violó a su hijastro adolescente, Crisipo. Un episodio que emplazó en esta ciudad el origen legendario de la pederastia en Grecia.

El lecho de muerte de Epaminondas. Rijksmuseum, Amsterdam.

El lecho de muerte de Epaminondas. Rijksmuseum, Amsterdam.

Durante cerca de 33 años, el Batallón Sagrado se alzó como la infantería más victoriosa de Grecia. La ciudad se encargaba de alimentarlos y pagarlos incluso en tiempos de paz, de modo que el ejercicio de las armas era su único oficio. En época de paz, este ejército permanente y profesional residía en la Cadmea como guarnición de la ciudad.

La unidad participó como lanza de la formación tebana en las batallas de Leuctra y de Mantinea, que dejaron colgando de un hilo el poderío de los espartanos. Hasta estas batallas, Tebas había sido un territorio bajo el dominio espartano y solo las innovaciones tácticas de Epaminondas lograron sacar a su ejército de su estado de aletargamiento. De hecho, el general Epaminondas está considerado uno de los mayores genios militares de la Antigüedad y, según el orador romano Cicerón, «el primer hombre de Grecia».

Los espartanos trataron de mantener atrás la masa gigantesca de tebanos y del Batallón Sagrado hasta que fueron literalmente barridos por la columna

El genio de Epaminondas volteó por sí solo el mapa político de Grecia. En la batalla de Leuctra, los espartanos formaron con la tradicional falange, que tenía tendencia a avanzar hacia la derecha y a concentrar en este flanco la mayor parte de sus energías. Sabedor de esta obsesión por el flanco derecho, Epaminondas situó a toda su caballería y a una columna de cincuenta hombres de profundidad de infantería tebana en el ala izquierda. La formación tradicional de doce líneas de profundidad de Esparta cedió ante el impacto de la columna de cincuenta tebanos. Los espartanos trataron de mantener atrás la masa gigantesca de tebanos y del Batallón Sagrado hasta que fueron literalmente barridos por la columna. El ala derecha espartana fue derrotada con bajas de unos 1.000 hombres, entre los que se encontraba el Rey espartano Cleómbroto, de la misma dinastía que Leónidas.

Filipo y Alejandro Magno contra Tebas y Atenas

Los tebanos desplazaron a los espartanos como los guerreros más fieros, pero su hegemonía duró lo que Macedonia alcanzaba la madurez. Filipo II de Macedonia pasó varios años de su infancia como rehén en Tebas. Al volver a casa, el joven se propuso una reforma militar de los ejércitos macedonios que, partiendo de la tradicional falange griega, añadiera nuevos elementos tácticos para darle más flexibilidad y poder someter a aquellas ciudades griegas que seguían estimando al Reino de Macedonia como una tierra de bárbaros. Buena parte de esas tácticas las importó directamente de los tebanos.

Con las principales ciudades estado griegas sometidas y Atenas ofreciendo una alianza favorable a Macedonia, Filipo se dirigió contra Esparta a mediados del siglo cuatro a.C. y les envió un mensaje que en otro tiempo no hubiera hecho más que enaltecer a los fieros espartanos: «Se os avisa para que os sometáis sin mayor dilación, pues enviaré a mi ejército a vuestras tierras y destruiré vuestras granjas, mataré a vuestra gente, y arrasaré vuestra ciudad». Los guerreros espartanos, no obstante, ya no eran lo que fueron y prefirieron conceder a Filipo II la paz sin presentar batalla.

Así, en el 340 a.C, Atenas se convenció de que la única forma de frenar el infinito apetito de Filipo II era a través de una confrontación directa. Acompañado de su hijo adolescente Alejandro, Filipo penetró en la Grecia central y venció en la batalla de Queronea (338 a. C.) a los tebanos y atenienses.

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El león de Queronea , un monumento junto a la excavación donde se encontraron 254 esqueletos de tebanos – Wikimedia

Los detalles sobre la batalla son escasos, pero se sabe que el joven Alejandro escribió con su actuación, al frente de la caballería macedonia, las primeras líneas de su fulgurante carrera militar. Mientras las tropas atenienses eran derrotados en el ala izquierda por la infantería macedonia, Alejandro dirigió una compañía de caballería, «los hetairoi», contra la unidad de élite de la infantería tebana, desplegada en el extremo derecho de la línea de batalla aliada.

Cuando la derrota ya era inminente, el Batallón Sagrado se mantuvo firme y sufrió una auténtica masacre. Plutarco asegura en sus textos que los 300 componentes del batallón perecieron ese día; sin embargo, una tumba comunal en Queronea evidencia que fueron en realidad 254 los muertos, siendo el resto de los miembros del batallón apresados o heridos ese día.

Plutarco asegura en sus textos que los 300 componentes del batallón perecieron ese día

Precisamente Plutarco relata que Filipo, ante la visión de los cadáveres amontonados en una pila, afirmó en señal de respeto: «Muera el hombre que sospeche que estos hombres hicieron algo inapropiadamente».

Tebas y Atenas perdieron a cerca de 2.000 hombres durante esa jornada (más 4.000 prisioneros), en una de las derrota más decisivas de la antigüedad. El macedonio instauró a partir de entonces su hegemonía sobre Grecia, constituyendo la Liga de Corinto, que incluía a todos los Estados griegos, a excepción de Esparta. Lo paradójico es que Macedonia se valió al menos en parte de las tácticas de Tebas para ocupar su trono.

 

8 junio 2016 at 2:07 pm Deja un comentario

El mito de Leónidas, el «anciano» rey espartano que terminó clavado en una pica persa

Cuando el rey persa Jerjes atacó Grecia, Leónidas marchó al norte con un grupo escogido de 300 soldados espartanos, todos ellos hombres con hijos e incluso ancianos, y lo pudo hacer en medio de las festividades religiosas porque él mismo sobrepasaba la edad militar de 60 años

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Fotograma de la película «300»

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
18 de mayo de 2016

El mito lo engulló y solo escupió sus huesos. Del rey que resistió tres días a decenas de miles de persas en el paso de las Termópilas queda tan solo un esbozo mitológico. De su vida anterior se sabe poco, y de su posterior incluso se desconoce que la suya fue una derrota aplastante que, al menos a medio plazo, no influyó en transcurso de la guerra. Es más, nadie pensó que la resistencia en las Termópilas iba a terminar tan pronto.

Leónidas era hijo de Anaxándridas II, rey de Esparta, y su nombre significaba «descendiente de león». No en vano, el historiador Heródoto entronca su linaje con los Heráclidas, es decir, con los descendientes del héroe clásico Heracles. El joven ascendió al trono de los agíadas de Esparta tras la muerte de su mediohermano Cleómenes. Según la leyenda, el tal Cleómenes se cortó en pedazos en un arranque de locura y alcoholemia. Lo cual era especialmente grave, dado que la mayoría de los espartanos eran abstemios y despreciaban a los adoradores de Dionisio. El comportamiento desenfrenado que se le achacaba a este dios chocaba de forma frontal con la disciplina espartana.

Una monarquía dual en Esparta

El caso es que Leónidas accedió al trono en torno a 489 a.C. y era uno de los dos reyes de Esparta cuando aconteció la invasión persa a cargo de Jerjes I. Como explica Nic Fields en su libro «La leyenda de los 300: Termópilas» (Osprey Ediciones), lo más peculiar del sistema espartano es que su monarquía era dual, esto es, era una diarquía con dos familias reales al frente del país. Los agíadas y los euripóntidas compartían antepasados comunes y cada uno tenía su propio rey, tal vez como remanente de dos tribus que se unieron y decidieron compartir el poder en otro tiempo. En este sentido, la monarquía dual era un liderazgo hereditario pero no monárquico. El poder descansaba realmente en una asamblea de guerreros, «apella», y en un consejo de ancianos, «gerousia», formado por los dos reyes y otros 28 miembros elegidos entre los espartanos de más de 60 años.

La trayectoria militar de Leónidas antes de las Termópilas resulta desconocida, pero está claro que debió participar en guerras menores, ya fuera contra atenienses o los argivos. Cuando el rey persa Jerjes atacó Grecia, Leónidas marchó al norte con un grupo escogido de 300 soldados espartanos, todos ellos hombres con hijos e incluso ancianos, y lo pudo hacer porque él mismo sobrepasaba la edad militar de 60 años. El rey espartano sabía que se trataba de una misión casi suicida.

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Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David- Museo del Louvre

En realidad, el plan de la Liga Helénica –formada por Esparta, sus aliados del Peloponeso, Atenas y otros estados de la Grecia central– consistía en combatir con el mayor número de soldados en el estrecho paso de las Termópilas, mientras una flota hacía frente a los persas en Artemisio. ¿Por qué entonces Leónidas se encontró luchando acompañado de una fuerza tan poco numerosa? Herodoto comenta en varias ocasiones que solo se trataba de una avanzadilla de un ejército mayor procedente de toda Grecia.

Las festividades religiosas impidieron que otros griegos se unieran a Leónidas en un principio. La celebración del festival dórico de las Carneas, que tenían lugar tras el solsticio de verano, impedía a los hoplitas acudir a la guerra en esas fechas. Asimismo, los Juegos Olímpicos Panhelénicos, que se celebraban cada cuatro años al final del verano, también entorpecieron los intentos de la Liga Helénica de reunir un número mayor de efectivos. La competición atlética tenía un componente religioso que dejaba en segundo plano las operaciones militares. Incluso cuando los persas incendiaron Atenas, los juegos seguían celebrándose en Olimpia como si nada.

La lucha por el cadáver y la leyenda

Los 300 espartanos de Leónidas no fueron los únicos que se saltaron las restricciones que marcaban las festividades religiosas. Además de sus respectivos esclavos ilotas, los espartanos contaban en sus filas con 2.120 arcadios, 400 corintios, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios, 400 tebanos, 1.000 focenses y 1.000 locrios opuntios. Además, en paralelo a esta operación terrestre, la Liga reunió 271 trirremes (reforzado más tarde con otras 53) y los dirigieron hacia Artemisio, donde las tormentas estaban destrozando a la flota persa.

Leónidas logró resistir durante dos días el avance del ejército del Gran Rey, que se estima en torno a 80.000 hombres, valiéndose de las ventajas que ofrecía el terreno. Sin embargo, su flanco sur fue finalmente superado el tercer día por una fuerza que accedió a esta posición a través del sendero de Anopea. Tras ver partir al grueso de sus fuerzas, el rey permaneció en las Termópilas con 700 tespios, 400 tebanos y los famosos 300 espartanos. Mientras encabezaba un contraataque suicida, el rey espartano fue ensartado por las lanzas persas.

Estatua del Rey Leonidas en la ciudad de Esparta -Wikimedia

Estatua del Rey Leonidas en la ciudad de Esparta  – Wikimedia

Los espartanos no estuvieron dispuestos a abandonar el cadáver del rey y lucharon hasta el final a su lado. Según los textos clásicos, «hubo muchos empujones» para recuperar el cadáver y luego los griegos rechazaron hasta cuatro ataques en ese punto. Una vez masacrados los últimos helenos, Jerjes identificó el cuerpo de su rival, Leónidas, y ordenó que le cortaran la cabeza para colocarla en una pica. Pretendía así hundir la moral de las filas griegas, que en Termópilas perdieron más de 1.500 hombres. No en vano, el 50% de las bajas de ese día las las representó los tespios, que lucharon con igual arrojo pero menos propaganda. En contrapartida, Jerjes perdió probablemente más de 1.000 hombres, aunque la leyenda eleva esta cifra hasta los 20.000.

Lejos de convertirse en un sacrificio que conmovió a los griegos e impulsó el contraataque, como afirma la leyenda, en realidad los propios helenos comentan en sus textos que fue una derrota demasiado rápida e inesperada. Algo parecido ocurrió con la batalla naval de Artemisio, donde la resistencia griega apenas duró tres días, aunque en este caso los persas perdieron cientos de barcos. El poeta tebano Píndaro comentó que en Artemisio fue «donde los hijos de Atenas colocaron la primera piedra de la libertad» y no con el sacrificio de los 300.

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Vista del desfiladero de las Termópilas hoy- Wikimedia

Al día siguiente de las Termópilas, la Grecia central quedó a merced de los persas. El plan de la Liga Helénica había fracasado casi antes de empezar, por lo que los helenos procedieron a evacuar Ática y Beocia. Un ejército griego se concentró en el ismo de Corinto bajo el mando del hermano de Leónidas, Cleómbroto, y empezaron a construir un muro fortificado para contener al enemigo en su avance. El fracaso de Leónidas obligaba a asumir decisiones drásticas y a mirar al mar como única esperanza.

La flota ateniense protagoniza el contraataque

Por su parte, la flota de Artemisia se apostó en Salamina, donde tendría lugar el primer encuentro decisivo de la guerra. La derrota naval en Salamina, sobre todo propiciada por los atenienses, supuso el principio del fin de la invasión persa. Aunque la guerra aún se alargó debido a las diferencias entre las distintas ciudades estado, en verdad los persas erraron en sus siguientes movimientos terrestres y Grecia pudo expulsar al fin a los bárbaros.

Habla por sí mismo el hecho de que los textos de Herodoto apenas mencionen la presencia de 300 ilotas masacrados junto a sus 300 amos espartanos

En este sentido, la otra vertiente de la leyenda sobre las Termópilas hace referencia a la imagen de los hombres libres, los griegos, enfrentándose a los bárbaros esclavos de Jerjes. Habla por sí mismo el hecho de que los textos de Herodoto casi no mencionen la presencia de 300 ilotas masacrados junto a sus 300 amos espartanos. Los ilotas sustentaban la economía espartana y los acompañaban a la batalla en calidad de asistentes. Plantaban las tiendas, cargaban los equipos, cocinaban, buscaban el agua e incluso cuidaban de las armas de los espartanos. La sociedad espartana poco podía reprochar en este sentido al rey persa.

Pasados 40 años, los restos del rey fueron recuperados y llevados a Esparta para ser enterrados de nuevo según los ritos griegos y para que se le construyera un mausoleo acorde a su leyenda. A esas alturas, Grecia le había elevado a la categoría de héroe por su sacrificio.

 

19 mayo 2016 at 10:48 pm Deja un comentario

La agogé espartana, el entrenamiento extremo que daba por resultado los soldados más letales de Grecia

A los niños se les sometía a prácticas penosas, un método para endurecerlos que consistía, entre otras cosas, en bañarles en vino y alimentarlos con forraje

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Fotograma de la película los «300», que recrea de forma fantasiosa la vida de los soldados de Esparta

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC     31/03/2016

La educación espartana era muy diferente a la que recibían los jóvenes de otras ciudades estado. Esparta militarizaba la vida privada de los jóvenes hasta los 30 años. Su legendaria infantería se alimentaba de los extremos métodos de entrenamiento que recibían desde recién nacidos los hijos de Esparta.

Hoplita espartano - Wikimedia

Hoplita espartano – Wikimedia

Los ancianos de la tribu («los gerontes») decidían si los recién nacidos debían ser criados o, si su salud era mala, se les abandonaba en la ladera de la montaña. El ser apto para el combate solo era el primer paso. El primer paso en un proceso para alcanzar la plena ciudadanía y poder acceder a las magistraturas y a los cuerpos de élite. A los niños se les sometía a prácticas penosas, un método para endurecerlos que consistía, entre otras cosas, en bañarles en vino y alimentarlos con forraje.

Se recomendaba criarlos sin pañales que constriñesen su crecimiento o debilitaran su resistencia al frío y al calor. Pronto debían perder el miedo a la oscuridad. Una vez endurecidos, en torno a los siete años, empezaba la verdadera agogé (la crianza), donde el Estado apartaba a los niños de sus familias para someterlos a entrenamiento militar. El propio gobierno de Esparta asumía la tutela y la educación pública de los futuros soldados, para lo cual destinaba a funcionarios especializados.

La educación de los jóvenes a cargo del Estado

Como describe Nick Fields en su libro «Termópilas: la resistencia de los 300», el Estado organizaba a los niños en bandas («agelai»), supervisadas por magistrados, que incentivaban el liderazgo natural a través de la selección de cabecillas. Su vida era austera, espartana. Los jóvenes dormían sobre lechos construidos con juncos, cortados de las orillas del río Eurotas, y disponían de un solo manto para todo el año. Con el tiempo se acostumbraban al dolor. De hecho, la mayor parte del tiempo permanecían desnudos y mugrientos, porque raramente se les permitía bañarse.

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Jóvenes espartanos, de Edgar Degas – National Gallery de Londres

Se les privaba de alimentos, obligando a los niños a robarlos en los campos locales. Esto era en sí una trampa, porque si pillaban a los niños robando se les castigaba con brutales castigos físicos. Es más, cualquier ciudadano podía castigar a los niños si así mejoraba su disciplina. El método preferente era el apaleamiento, que contaba con una suerte de ritual. El lugar de apaleamiento se encontraba ubicado en un bosque, puesto que era necesario un árbol vigoroso y robusto, al cual se le enganchaba una cadena y a ésta un palo. Lo que hacía el muchacho era agarrar este palo mientras otros dos de sus compañeros lo apaleaban. Esta acción se llevaba a cabo con varas de bambú, puesto que dolía, picaba y desgarraba la piel. Por si el muchacho se caía de agotamiento o de dolor había otros dos compañeros que se encargaban de levantarlo para que pudiesen seguir apaleándolo.

El objetivo final de los castigos era que aprendieran el valor de trabajar en grupo, mejor en formación, y de respetar la autoridad ciegamente. La lucha, el atletismo y el manejo de las armas también eran materias fundamentales.

Por lo demás, la educación formal de los jóvenes espartanos era mínima, salvo en materias como la música, gimnasia y juegos relacionados con los principios del arte de la guerra. Según el historiador clásico Plutarco, aprendían entonces a leer y a escribir, al menos de forma básica, así como a cantar, principalmente letras de marchas. Frente a la famosa retórica de Atenas y otras ciudades griegas, de los hijos de Esparta se esperaba que hablaran de forma sólida y concisa (laconismo), al tiempo que con gracia.

Este estado de camaradería se construía sobre una especie de amor que no tenía que ver con el sexo, pese a lo cual es posible que fueran frecuentes las relaciones homosexuales

Mientras que a los niños se les cortaba el pelo al rape, a los adolescentes que alcanzaban los 15 años, los efebos, se les autorizaba a llevarlo largo y bien cuidado. El largo cabello era uno de los rasgos más característicos de los guerreros espartanos.

El Estado asumía la tutela hasta los veinte años. A partir de esta edad, los jóvenes espartanos seguían viviendo en un régimen de cuartel y se les destinaba a distintas agrupaciones militares. El vínculo entre soldados se creaba así desde la niñez. Cada espartano dormía, comía y luchaba con sus compañeros de armas de la infancia. Este ambiente de camaradería se construía sobre una especie de amor que no tenía que ver con el sexo, pese a lo cual es posible que fueran frecuentes las relaciones homosexuales (aunque entre los griegos no existía el concepto de naturaleza homosexual).

«Únicos y verdaderos artistas de la guerra»

Vivían así bajo régimen militar hasta los 30 años, cuando se les entregaba una hacienda y un terreno para que formaran su propio hogar. Era en ese momento que adquirían todos los derechos de un ciudadano como uno de los iguales (homoioi). Lo tardío de los matrimonios y el papel limitado de la mujer en la sociedad griega alentaban, además de la homosexualidad, que los soldados acudieran a luchar sin cargas familiares a sus espaldas. Las mujeres también recibían una educación basada en la gimnasia y la lucha, una exigente actividad física con el fin de mantenerse ágiles y fuertes para poder engendrar a futuros guerreros sanos y robustos.

Todo este entrenamiento hacía de los espartanos los soldados más temidos de Grecia. Herodoto los describía como maestros del pasado en el arte de la guerra, mientras que otro autor clásico, Jenofonte, los admiraba como los «únicos y verdaderos artistas en materia de guerra». A diferencia del resto de hoplitas, los espartanos eran soldados profesionales a tiempo parcial en su ciudad estado, cuyo territorio se beneficiaba del aislamiento que le daban las montañas. En ningún otro punto de Grecia se podían permitir un nivel de profesional tan alto en la milicia.

5 abril 2016 at 10:55 pm 2 comentarios

Descubren vestigios de palacio micénico en Grecia con inscripciones antiguas

Vestigios de un palacio de la época micénica (siglos XVII-XVI AC), con importantes inscripciones en griego arcaico, fueron descubiertos cerca de Esparta en el Peloponeso (sur de Grecia), informó este martes el ministerio de Cultura heleno.

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Excavaciones con restos de un palacio del período micénico el 25 de agosto de 2015 cerca de Esparta en la región del Peloponeso griego. AFP/Ministerio de la Cultura/AFP

Fuente: AFP  |  YAHOO Noticias     25/08/2015

Este nuevo descubrimiento permitirá obtener información sobre “la organización política, administrativa, económica y social de la región” y, sobre todo, aportará “nuevos elementos sobre las creencias (religiosas) micénicas y en materia de lingüística”, indicó el comunicado ministerial.

Las excavaciones arqueológicas realizadas desde 2009 en Agios Vassilios, una aldea cercana a Esparta, a 300 kilómetros al sur de Atenas, permitieron desvelar antiguas inscripciones en lineal B, la forma más arcaica del griego antiguo.

En estas tabletas de arcilla hay inscritas en particular referencias a ceremonias religiosas y nombres de lugares. La más antigua traza de escritura en Europa, el lineal B apareció en la isla de Creta alrededor del año 1375 AC, y recién fue descifrada a partir de 1952.

En el palacio, compuesto por una decena de piezas, también fueron encontrados objetos de culto, figurillas en arcilla, una copa con una cabeza de toro, escarabajos, espadas y fragmentos de pinturas murales.

En el norte del Peloponeso se encuentra el sitio principal de la civilización micénica, la ciudadela de Micenas, descubierta en el siglo XIX. Comprende sobre todo vestigios del palacio real y tumbas monumentales atribuidas a héroes de la mitología griega.

Según el ministerio de Cultura griego, más de 150 búsquedas arqueológicas se han realizado a través de toda Grecia en 2015, “demostrando la importancia de la riqueza arqueológica y la herencia cultural del país”.

25 agosto 2015 at 8:50 pm 4 comentarios

Esclavos de Esparta: La dura vida de los ilotas

Los ciudadanos de Esparta podían consagrar su vida entera a la guerra porque sus esclavos, los ilotas, a los que trataban cruelmente, los liberaban de cualquier preocupación material

guerrero-espartanoGuerrero espartano, quizá Leónidas. Siglo V a.C. Museo de Esparta | DEA / ALBUM

Por Francisco Javier Murcia Ortuño. Doctor en Filología Clásica, Historia NG nº 135

Dentro de la sociedad esclavista de la antigua Grecia, Esparta ocupa un lugar especial tanto por su peculiar sistema como por la crueldad del trato que daba a sus esclavos. Por eso Critias, un político ateniense del siglo V a.C., dijo que en ningún otro lugar «los libres eran más libres ni los esclavos más esclavos». Para explicarlo hay que remontarse al siglo X a.C., cuando los griegos de estirpe doria invadieron el Peloponeso y ocuparon las fértiles tierras del valle del Eurotas –la región de Laconia– y esclavizaron en masa a sus habitantes. Los dorios les arrebataron sus tierras y les obligaron a seguir trabajándolas para ellos. Estos esclavos recibieron el nombre de ilotas, palabra de origen incierto que los autores antiguos relacionaban con la raíz del verbo «capturar», lo que se aviene bien con la condición de estas gentes como cautivos de guerra.

Más tarde, en el siglo VIII a.C., los espartanos, tal vez empujados por la superpoblación, se lanzaron a la conquista de la vecina región de Mesenia. Tras una guerra larga y sangrienta se hicieron con su control y sometieron a sus habitantes a la esclavitud. Los mesenios esclavizados se convirtieron en ilotas; más tarde, en el siglo V a.C., el gran historiador ateniense Tucídides diría que «la mayor parte de los ilotas la constituyen los descendientes de los antiguos mesenios reducidos a la esclavitud».

Como los otros ilotas, los mesenios siguieron cultivando sus tierras y pagaban un fuerte tributo a sus nuevos amos. Según el poeta espartano Tirteo: «Como burros agotados con grandes pesos, llevaron a sus dueños, bajo la forzada desventura, la mitad de los frutos que produce la tierra». La peculiar forma de vida de los ciudadanos de Esparta, consagrados a la milicia, sólo fue posible por esa masa de esclavos que trabajaba las tierras para su sustento. A la vez, este gran número de esclavos debía ser controlado con gran celo para evitar revueltas. Así se creó aquella Esparta que los autores antiguos comparan con un campamento siempre en armas.

Una vida de sumisión

Los ilotas pertenecían al Estado y no podían ser vendidos fuera de Esparta ni liberados por los particulares. Llevaban la cabeza afeitada (lo que contrastaba poderosamente con las largas melenas que lucían los espartanos adultos), vestían una tosca prenda de cuero y se cubrían con un gorro de piel de perro (kynê), que era su elemento más distintivo. Si se desprendían de esta indumentaria eran castigados con la muerte, y sus dueños, multados. Sin duda, poder distinguir fácilmente a los ilotas por la apariencia exterior favorecía su control.

Los ilotas vivían sobre todo en los campos, donde formaban comunidades y podían hacer vida familiar. Estaban ligados a un lote de tierra que tenían que cultivar para ofrecer una parte de la cosecha anual a su amo; el resto de la producción quedaba en manos del ilota. El amo estaba obligado a prestar los esclavos de su lote a otros conciudadanos que los necesitaran, del mismo modo que los caballos o los perros. Algunos ilotas, sobre todo mujeres, se empleaban en el servicio doméstico y personal. El concubinato con hombres espartanos debió de ser frecuente, ya que existía una categoría social llamada móthakes, es decir, «bastardos».

Soldados de segunda

Los ilotas también seguían a sus amos en las campañas militares, en principio portando las pesadas armas y el bagaje. Sabemos que cada hoplita espartano estaba acompañado de un ilota para su exclusivo servicio; pero bien pronto se les permitió combatir como tropas armadas a la ligera. Su papel se incrementó con el tiempo, cuando el número de espartanos de pura cepa comenzó a declinar; así, sabemos que el general espartano Brásidas se llevó consigo a setecientos ilotas para luchar contra los atenienses en el norte del Egeo en plena guerra del Peloponeso. Y a principios del siglo IV a.C. participaron tres mil ilotas en la campaña del rey Agesilao contra los persas.

Esta política de incorporar los ilotas al ejército era una forma de alejar del país a grandes grupos de esclavos que podían resultar peligrosos si estallaba una revuelta. Por ese motivo se les destinaba a escenarios de guerra muy alejados de Esparta, como el norte del Egeo, Asia Menor y Sicilia. Los ilotas que demostraban su buena disposición podían conseguir la ansiada libertad, como pasó con los que acompañaron a Brásidas. En otra ocasión se ofreció la libertad a los ilotas que se atrevieran a pasar comida a los soldados espartanos rodeados por los atenienses en la isla de Esfacteria, en el año 425 a.C.

La creciente importancia militar de los ilotas llevó, a finales del siglo V a.C., a la creación de una categoría social conocida como neodamodeis, «nuevos miembros del demos» (el pueblo), formada por ilotas liberados y entrenados como hoplitas, que se emplearon como tropas de choque en diversas campañas entre los años 421 y 371 a.C.; a pesar de su nombre no gozaban de plenitud de derechos como los viejos ciudadanos.

Una cruel represión

Es imposible conocer la exacta proporción de ciudadanos y esclavos en la antigua Esparta, pero podemos estar seguros de que el número de ilotas crecía mientras el número de ciudadanos declinaba constantemente debido a las continuas guerras y una estricta política de ciudadanía, que incluía el abandono de los niños nacidos con defectos físicos.

Ante esa situación, el Estado tuvo que tomar medidas a fin de controlar a los ilotas. Para empezar, los éforos (los cinco magistrados que ostentaban el poder supremo), al tomar posesión de su cargo a principios de año, declaraban oficialmente la guerra a los ilotas para que no fuese delito matarlos; pues en el pensamiento de la Grecia clásica cualquier crimen injustificado originaba una mancha religiosa que recaía sobre toda la ciudad. Pero el principal instrumento de represión fue la cripteia. Este término se relaciona con el verbo «ocultar», lo que se explica por la principal exigencia de esta prueba: permanecer sin ser visto en los campos y montes de Laconia. Plutarco la describe con cierto detalle: «Cada cierto tiempo, los magistrados enviaban por diversas partes a los jóvenes que eran más juiciosos sólo con un puñal y el alimento imprescindible; de día se ocultaban, pero de noche bajaban a los caminos y degollaban a los ilotas que cogían. Muchas veces, llegando hasta los campos, mataban a los más fuertes y mejores».

Al principio, la cripteia fue una prueba de hombría y de endurecimiento para la vida militar que debía superar la juventud espartana, pero pronto se convirtió en una forma de infundir terror y reducir el peligro de las rebeliones de los ilotas. Estas rondas por los campos permitían controlar mejor a los esclavos, abortar desde el principio una resistencia organizada e impedir el bandidaje.

Rebeliones y liberación

Según cuenta el historiador Jenofonte –que puso su espada al servicio de Esparta–, los ilotas se pasaban la vida acechando los infortunios de sus amos, mirándolos con el deseo de «comérselos crudos». El miedo a las revueltas de sus ilotas condicionaba de forma absoluta la forma de vida y la política de Esparta, ya que sus ciudadanos, temerosos de que los ilotas se rebelaran en su ausencia, tuvieron que renunciar a largas campañas militares en lugares lejanos, y limitaron su influencia política y militar a la zona del Peloponeso.

La mayor rebelión tuvo lugar en 464 a.C., cuando un terremoto asoló Esparta. Se creyó que fue un castigo de Poseidón porque los espartanos habían matado a unos ilotas que buscaron refugio en su templo del cabo Ténaro. Fue tal la violencia del seísmo que murieron 20.000 ciudadanos y sólo quedaron en pie cinco casas. Los supervivientes estaban recogiendo de entre las ruinas sus enseres y objetos valiosos cuando el prudente rey Arquidamo II mandó dar la señal de combate y todos los hombres acudieron armados a su presencia. Esto fue la salvación de Esparta, porque los ilotas llegaban desde todos los campos a la ciudad dispuestos a acabar con los espartanos que hubieran sobrevivido; al encontrarlos en orden de batalla, se retiraron. Pero los ilotas mesenios aprovecharon el desastre y se alzaron en armas. Muchos se hicieron fuertes en el monte Itome, una fortaleza natural en el centro de Mesenia, donde resistieron diez años hasta llegar a un acuerdo con los espartanos, que les permitieron salir del país con sus mujeres e hijos.

La liberación definitiva de los ilotas llegaría mucho después, en 371 a.C., cuando las tropas de Tebas, al mando de Epaminondas, infligieron una durísima derrota a los espartanos en la batalla de Leuctra. Tras su triunfo, los tebanos invadieron Esparta y los ilotas mesenios aprovecharon su presencia para rebelarse de nuevo. El victorioso Epaminondas les entregó su antigua patria ya liberada y refundó para ellos la ciudad de Mesene, en la falda del monte Itome.

Sin embargo, el comportamiento de los ilotas de Laconia fue distinto. Muchos aceptaron el ofrecimiento de alistarse en el ejército espartano para combatir a los invasores (1.000, según Diodoro; 6.000, según Jenofonte). La sumisión de estos esclavos llegaba a tal punto que, cuando algunos ilotas fueron capturados por los tebanos, se les animó a que cantaran canciones y poemas que sus amos les tenían prohibidos, pero se negaron rotundamente a hacerlo.

Durante la decadencia de Esparta los ilotas tuvieron más posibilidades de alcanzar la libertad. Sabemos que entre los años 223 y 222 a.C., seis mil ilotas pudieron pagar las cinco minas áticas que exigió por su liberación el rey espartano Cleomenes III; este dinero procedía de los excedentes de las cosechas que, según las leyes antiguas, los ilotas podían conservar. Y Nabis, que reinó entre 207 y 192 a.C., concedió la libertad y la ciudadanía a un buen número de ilotas para aumentar su ejército. Cuando poco después llegó la dominación romana, este peculiar sistema esclavista, donde una clase servil ligada a la tierra trabajaba para sostener a una clase privilegiada dedicada a las armas, terminó por desaparecer.

Para saber más

Esparta. César Fornis. Crítica, Barcelona, 2003.
Vidas paralelas, vol. I (Licurgo) Plutarco. Gredos, Madrid, 2000.
El hombre de Esparta. Antonio Penadés. Edhasa, Barcelona, 2010.

2 abril 2015 at 9:35 am 1 comentario

¿Cuántas leyendas griegas son ciertas?

Armand D’Angour, músico de la Universidad de Oxford | BBC Mundo

La cultura y las legendas de la antigua Grecia han dejado un extenso y destacado legado en el lenguaje moderno de la educación, la política, la filosofía, el arte y la ciencia.

leyendas-griegas

Referencias clásicas continúan apareciendo aunque hagan referencias a sucesos que ocurrieron -o no- hace miles de años.

¿Pero cuál es el origen de algunas de estas ideas?

BBC Mundo le cuenta 10 historias que pueden sorprenderlo.

1. ¿Existió un Caballo de Troya?

La historia del Caballo de Troya es mencionada por primera vez en la Odisea de Homero, una canción épica compuesta a mediados del siglo VIII antes de Cristo, que describe lo ocurrido después de la guerra de Troya, que supuestamente tuvo lugar 500 años antes.

Luego de sitiar Troya (la actual Hisarlik en Turquía) durante 10 años sin derrotarla, el ejército griego que acampaba fuera de la ciudad simula abandonar el lugar para regresar a casa, pero antes de irse dejan un inmenso caballo de madera como ofrenda para la diosa Atenea.

caballo-de-troyaLos troyanos, triunfantes, llevan el caballo al interior de la ciudad y cuando la noche cae, guerreros griegos escondidos en su interior salen de la estructura y destruyen Troya.

Evidencia arqueológica indica que Troya fue, sin dudarlo, incendiada; pero el caballo de madera es una fábula muy creativa, quizás inspirada en que las máquinas para sitiar ciudades en la antigüedad eran cubiertas con cuero de caballo mojado para evitar que se prendieran en llamas cuando les cayeran flechas con fuego.

2. Homero es uno de los grandes poetas de las leyendas griegas pero, ¿realmente existió?

No solo es el Caballo de Troya una colorida historia de ficción; la existencia de Homero en sí ha sido puesta en duda.

Generalmente se asume que los grandes relatos épicos que se le atribuyen, la Ilíada y la Odisea, fueron compuestos oralmente, sin la ayuda de la escritura, en algún momento del siglo VIII antes de Cristo, producto de una tradición de juglares que se practicaba desde hacía siglos.

Mientras los antiguos no tenían duda de que Homero había sido un bardo real que compuso esos poemas monumentales, nada se sabe con certeza acerca de él.

Todo lo que sabemos es que, aunque los poemas pudieron haber sido compuestos sin recurrir a la escritura y transmitidos oralmente, en algún momento fueron llevados al papel, porque es así como sobrevivieron.

3. ¿Hubo un solo inventor del alfabeto?

alfabeto-griego

La época a la que se le atribuye la redacción de los poemas épicos de Homero está conectada con las primeras evidencias de la existencia de un alfabeto griego.

Los griegos eran conscientes de que su alfabeto (luego adoptado por los romanos y convertido en el alfabeto occidental) se había originado del alfabeto fenicio, una nación cercana a ellos, en el oriente del Mar Mediterráneo, cuya secuencia comenzaba con las letras “aleph” y “bet”.

El hecho de que la adaptación de la creación fenicia fue uniforme en el territorio griego sugiere que hubo una sola persona a cargo del proceso, en lugar de muchos.

La tradición griega llama a esta persona Palamedes, que puede significar también “hombre inteligente de edad avanzada”.

También se atribuye a Palamedes el haber inventado la moneda, los juegos de mesa y las cuentas.

Las letras del alfabeto griego se diferenciaron visualmente de sus antecesores fenicios, y se atribuye la forma de las letras griegas al matemático Pitágoras, que vivió en el siglo VI antes de Cristo.

4. ¿Inventó Pitágoras el teorema de Pitágoras o copió el trabajo de otro?

pitágoras

Existen dudas de si Pitágoras (570-495 AC) fue un matemático en el sentido moderno.

Los alumnos de escuela todavía aprenden “su” teorema sobre el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, pero los babilonios conocían esta ecuación siglos antes de los griegos, y no existe evidencia de que Pitágoras lo haya descubierto o probado.

De hecho, aunque ciertas investigaciones genuinamente matemáticas fueron desarrolladas por seguidores de Pitágoras, la evidencia sugiere que él fue un místico que creía que los números eran la base de todo.

Él entendió, por ejemplo, que un intervalo musical perfecto podría ser expresado con simples indicadores.

5. ¿Qué hizo que los griegos inventaran el dinero? ¿Su comercio o su “psiquis”?

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Podría ser obvio para nosotros que hayan sido imperativos económicos los que llevaron a la invención del dinero.

Pero los seres humanos comerciaron por cientos de años sin una moneda, y tampoco está probado que la primera economía monetarizada en el mundo haya surgido en la Antigua Grecia para facilitar esas transacciones.

El estudioso de la época clásica, Richard Seaford, ha argumentado que la invención del dinero emergió de las profundidades de la psiquis griega.

Está vinculado a las nociones de intercambio recíproco y el sentido de la obligación que caracterizó a sus sociedades, y refleja además las distinciones filosóficas entre el valor real y el valor intrínseco.

Es, por último, un instrumento político, ya que el Estado debe actuar como garantía del valor monetario.

Los instrumentos y las instituciones financieras -monedas, contratos, bancos, créditos y deudas- habían sido desarrollados en muchas ciudades griegas para el siglo V antes de Cristo, siendo Atenas la principal en esta área.

Pero un estado griego mantuvo un fuerte rechazo a la idea del dinero y se resistió a su utilización: Esparta.

6. ¿Cuán espartanos eran los espartanos?

El legendario abogado espartano Licurgo decretó que los espartanos sólo podían usar hierro como moneda de cambio, haciendo todo tan engorroso, que incluso una suma menor tenía que ser transportada por una yunta de bueyes.

Esta historia puede ser parte de la idealización de los antiguos espartanos como una sociedad guerrera dedicada solo a la educación militar.

Pero aunque la clásica Esparta no acuñaba sus propias monedas, sí utilizaba plata extranjera y algunos de sus líderes fueron notorios por cobrar sobornos.

Sin embargo, puede ser que hayan sido aprobadas leyes para evitar que los espartanos importaran lujos de otros lugares que amenazaran su conocida resistencia.

Cuando el general y playboy ateniense Alcibíades desertó a Esparta durante la guerra entre estas dos ciudades, a fines del siglo V antes de Cristo, adoptó una dieta magra, duras rutinas de entrenamiento, ropa ordinaria y expresiones lacónicas.

No obstante, eventualmente su carácter apasionado lo terminó llevando a la cama de la esposa del rey espartano, Timaea, dejándola embarazada.

Al final, Alcibíades regresó a su ciudad de origen, de la que había huído ocho años antes para evitar cargos de sacrilegio, entre ellos, haberse burlado de los misterios sagrados de Atenas.

7. ¿Cuáles eran los secretos de los misteriosos cultos griegos?

Si se los cuento, tengo que matarlos.

Los secretos estaban fieramente guardados y severas penas se aplicaban a quien los divulgara o a aquel, como Alcibíades, que los profanara.

Los iniciados debían pasar por ritos de preparación que podían incluir trasvestismo, objetos secretos (quizás falos) y contraseñas.

El objetivo era brindar a los devotos un vistazo de lo que había “del otro lado”, así podían regresar a sus vidas bendecidos con el conocimiento de que al morir podrían asegurar la supervivencia de su alma en el Mundo Subterráneo.

En excavaciones se han encontrado tumbas que contenían contraseñas e instrucciones escritas en delgadas láminas de oro como ayuda memoria para los devotos fallecidos.

El principal culto misterioso griego era el de Deméter, diosa de la agricultura, y Dionisio (también conocido como Baco), dios del vino, la alegría y el teatro.

8. ¿Quién fue el primero que se inspiró en una crisis para hacer un drama? ¿Cómo nació el teatro?

teatro

En el siglo V antes de Cristo, el teatro estaba unido íntimamente al culto de Dionisio, en cuyo teatro -en la cuesta sur de la Acrópolis- se representaban dramas y comedias en un festival anual.

Pero el origen del teatro es un tema muy discutido.

Una tradición habla del actor Tespis parado en un carro e interpretando un drama por primera vez allá por el año 532 antes de Cristo; otra dice que el drama comenzó con coros rituales que gradualmente introdujeron partes para actores.

Aristóteles (384-322 AC) pensaba que los coros en las tragedias eran originalmente canciones rituales entonadas y danzadas en honor a Dionisio, y que las comedias habían nacido de actuaciones procaces que involucraban modelos de falos.

Como una divinidad asociada con cambios de roles y apariciones, Diniosio parece ser la elección ideal de un dios para haber dado origen al teatro.

Pero desde la primera tragedia, “Persas” de Esquilo en 472 antes de Cristo, pocas obras tienen alguna relación con este dios.

La comedia estuvo básicamente dedicada a burlarse de los contemporáneos, incluyendo Sócrates (la sátira más famosa contra este filósofo fue “Nubes” de Aristófanes).

9. ¿Qué hizo que Sócrates pensara que podría ser un filósofo?

Sócrates-Atenas

Sócrates (469-399 AC) pudo haber tenido su cabeza en las nubes y fue retratado en la comedia de Aristófanes como alguien que podía elaborar ideas científicamente absurdas (“¿Cómo mido el salto de una pulga?”) con otras socialmente subversivas (“Puedo enseñarle a cualquiera a ganar una discusión, incluso si está equivocado”).

Esa imagen no coincide con las principales fuentes biográficas sobre Sócrates, sus pupilos Platón y Xenofón. Ambos lo tratan con gran respeto y lo consideran un guía moral, pero no cuentan mucho de cómo empezó el filósofo.

En realidad, la primera descripción que tenemos de Sócrates, en sus 30s, es de un hombre de acción.

Sirvió en una campaña militar en el norte de Grecia en el 432 A.C. y durante una brutal batalla le salvó la vida a su amado y joven amigo Alcibíades.

Después no volvió a dejar Atenas y pasó su tiempo tratando de que sus compatriotas examinaran su propia vida y sus pensamientos.

Podemos especular con que Sócrates coqueteó con las ciencias y la política en su juventud, hasta que una experiencia de vida o muerte en el campo de batalla lo transformó en un devoto buscador de la sabiduría y la verdad.

Como no escribió nada, las enseñanzas de Sócrates como filósofo nos vienen de los diálogos escritos por su pupilo Platón. Platón tuvo también su pupilo, Aristóteles, que fue tutor de Alejandro, príncipe de Macedonia.

10. ¿Fue Alejandro realmente magno?

Alejandro

Alejandro (356-323 AC) se convirtió en uno de los más grandes generales que el mundo ha visto.

Según fuentes antiguas, sin embargo, su apariencia física no era muy atractiva. Bajo de estatura y fornido, era un gran bebedor de complexión ruda, voz rasposa y un temperamento impulsivo que en una ocasión lo llevó a matar a su compañero de batallas Clito en un ataque de ira.

A medida que pasaron los años, Alejandro se volvió más paranoico y megalómano.

Sin embargo, en 10 breves años, desde sus 20s, forjó un imperio que se extendió desde Egipto hasta India. Nunca derrotado en batalla, utilizó máquinas de guerra innovadoras y tan efectivas como el imaginario Caballo de Troya.

Su éxito militar fue casi milagroso y en los ojos del mundo antiguo, no ajeno a las guerras y las conquistas, se ganó el título de “Magno”.

27 julio 2014 at 10:46 pm Deja un comentario

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