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La creatividad de Fornasetti se mezcla con la escultura clásica en Roma

Los innovadores diseños del polifacético artista italiano Piero Fornasetti se mezclan ahora en Roma con la colección de escultura clásica del Palacio Altemps, con la que ironizan y dialogan en armonía.

Foto: MiBAC

Fuente: EFE  |  ABC
10 de enero de 2018

Lo hacen con ocasión del vigésimo aniversario de la apertura al público de este palacio, una de las sedes del Museo Nacional Romano, que acoge hasta el 6 de mayo la exposición “Citazioni pratiche. Fornasetti a Palazzo Altemps” (“Citas prácticas. Fornasetti en el Palazzo Altemps”).

De la mano del diseñador que llevó “lo antiguo a lo contemporáneo” se pretende así acercar a las nuevas generaciones el patrimonio arqueológico alojado en su interior, que va desde el siglo V a. C. hasta el XVII, a fin de que “puedan preservar y mejorar la memoria del pasado”, explicó a Efe la directora del centro, Daniela Porro.

Creador de impresiones surrealistas y fantasiosas, Fornasetti (1913-1988) tomaba motivos clásicos de lo antiguo, como la diosa Afrodita, la serpiente o el sol, del Renacimiento y hasta del barroco, y los plasmaba en una gran variedad de objetos decorativos.

Su técnica la llevó a mobiliario, objetos de porcelana, alfombras, ceniceros, juegos de café, lámparas o biombos, todos los cuales, y más, se han dispuesto en una especie de “horror vacui” (horror al vacío) en varias de las habitaciones del primer piso de este museo hasta dar forma a la estética de los que fueron sus antiguos apartamentos.

Juega así el arquitecto con el doble alma del inmueble, otrora residencia del embajador de España y alojamiento histórico de aristócratas familias italianas como los Orsini, Altemps o Hardouin.

De sala en sala, y en un escenario aparentemente antagónico, la colección de escultura clásica y antigua del palacio se envuelve y confronta con veintisiete de las incursiones artísticas de este moderno creador, en las que se despliegan hábilmente alrededor de ochocientas de sus piezas, de las más de trece mil que ejecutó.

“Una comparación a veces fantástica, otras irreverente, pero siempre sabia, que permite leer la colección del Palazzo Altemps de una nueva manera”, valora Porro.

Un busto de mármol del dios romano Plutón se rodea de platos en forma de constelación; de cerámica y coloridos por otro lado son los gatos, símbolo de la antigua Roma, que se alternan sobre restos romanos.

Hay hasta paragüeros y cojines colocados en varias salas del museo, en el que el mensaje que se transmite es la imaginación desenfrenada del autor en la que todo cabe.

En innumerables ocasiones, el artista alude a Grecia, y tanto rodea con bocetos eróticos antiguas esculturas de sus dioses o criaturas mitológicas, como ironiza con sus narices, arquetipo clásico, comparándolas con fotografías de la suya.

Fue defensor de la funcionalidad en el diseño de los objetos, pues decía que “una silla está hecha para sentarse y, sobre todo, debe ser cómoda”, tal como recuerda a Efe su hijo Barnaba Fornasetti.

Cual artesano renacentista, Fornasetti gestó un sello distintivo e inconfundible desde las paredes de un taller sito en su ciudad natal, Milán, que lo han llevado a ser considerado uno de los creadores de más talento del siglo XX.

Su secreto fue la originalidad y la falta de contemporaneidad de su arte, según lo resume su hijo, actualmente a las riendas del estudio familiar.

Muestra de la atracción por las obras de Fornasetti es que un mueble con su firma se vendiera por 53.500 euros (unos 64.000 dólares) en una subasta en la casa “Christie’s” en Londres en 2016.

O que se pujara hasta los 22.500 euros (unos 27.000 dólares) por una serie de 24 platos en los que figuraba uno de sus recurrentes “leitmotivs”, la cara de la soprano italiana Lina Cavalieri.

Nunca conoció a esa artista pero sintió “fascinación formal y gráfica” por su rostro, asegura Barnaba sobre una cara a la que su padre regresó constantemente en el curso de su carrera artística.

“Como el mismo Piero explicó, el rostro de la mujer es como una estatua griega, enigmático como la Mona Lisa y modelable a través de la intuición visual”, evoca Barnaba sobre palabras de su padre quien, apunta, “reinventó y reinterpretó, dejando flotar su imaginación con rigor, otros temas como las cartas, los arlequines o las manos”.

Varias de estas cuelgan, invitando a ser estrechadas, del techo de una sala del Palacio Altemps, donde lo antiguo y lo moderno se dan la mano.

Ver Galería fotográfica en Corriere della Sera

 

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10 enero 2018 at 7:16 pm Deja un comentario

Un paseo en Valencia por la mitología griega

El Jardín de las Hespérides recrea esta leyenda a través de sus esculturas y vegetación

Pérgola del Jardín de las Hespérides / JARDINES DE VALENCIA

Fuente: TAMARA VILLENA > Valencia |  LAS PROVINCIAS
27 de octubre de 2017

La ciudad de Valencia guarda rincones llenos de historia, arte y, por supuesto, encanto. Sin embargo, son muchos los que desconocen la singularidad de algunas de las zonas que la capital de la Comunitat Valenciana atesora en su interior, incluso sus propios residentes. El Jardín de las Hespérides es uno de ellos, y probablemente sea de los jardines menos conocidos de Valencia, a pesar de ser también uno de los más peculiares y diferentes.

Situado en la calle Beato Gaspar Bono, justo entre el jardín Botánico y el solar de Jesuitas, se trata de una de las maravillas que ofrece el repertorio jardinero de Valencia: 4.700 metros cuadrados junto al Botánico donde una colección de esculturas de la mitología griega (junto a un huerto de naranjos con cincuenta variedades de cítricos, el toque valenciano) forman una historia que va marcando la disposición de la vegetación.

Uno de los espacios del recinto arbolado / JARDINES DE VALENCIA

Se creó en el año 2000 para ocupar un solar con el que poder ampliar el botánico en un futuro y simboliza el mito del Jardín de las Hespérides, donde las manzanas de oro que guardaban las ninfas son sustituidas por naranjas valencianas como objeto preciado. Además de la amplia variedad cítrica que se puede encontrar, hay rincones para descansar entre enredaderas y vegetación que te harán olvidarte del Olympo.

El Ayuntamiento cataloga este jardín como de «colección» por su singularidad y atractivo, planteado como un ‘hortus conclusus’ cuya cerradura se abre ocasionalmente en una especie de guiños que invitan a los transeúntes a adentrarse en un espacio de fuga a las mundanidades de la urbe. Aquí, el relato mitológico es el hilo argumental que conduce al visitante a través de sus esculturas y vegetación.

Las Hespérides

Las manzanas de oro que originariamente custodian las ninfas hacen referencia al origen mitológico de los cítricos: en la boda de Hera con Zeus, la Tierra dio a la diosa como regalo nupcial unas manzanas de oro que fascinaron a Hera, tanto como para plantarlas en su jardín. Encomendó la labor de cuidar a estos frutos y su árbol a Ladon, un dragón inmortal de 100 cabezas, y a las Hespérides: tres ninfas del atardecer llamadas Egle (Resplandeciente), Eritia (Roja) y Hespertusa (Aretusa del Poniente) cuyos nombres hacen referencia a los matices del cielo conforme el sol se dirige hacia el ocaso.

Fue a Hércules a quien se le encomendó, entre las doce misiones que debía cumplir para convertirse en héroe, robar las manzanas de oro del jardín. Para ello venció al dragón, que se transportó al cielo y se convirtió en la constelación de la serpiente, pero las ninfas, desoladas por haber fallado y perder los frutos que custodiaban se transformaron en árboles: un olmo, sauce y álamo, tal y como las puedes ver en el jardín.

Estatua de Hércules inspirada en el mito, con una de las manzanas robadas / JARDINES DE VALENCIA

Un recorrido entre ninfas

Las puertas metálicas que guardan dos de las entradas al recinto cuentan con frases descriptivas del mito, como «A través de las olas del mar profundo llegaron a la hermosa isla de los dioses, allí donde las Hespérides tienen su casa de oro». El jardín sigue una estructura geométrica y cuenta con tres terrazas y una pérgola que ofrece una visión global del jardín antes de introducirte en él.

Frase grabada en la puerta de una de las entradas al recinto / JARDINES DE VALENCIA

El centro del jardín se forma como una explanada desde la que el espectador puede ver los episodios de la historia que sirve como referente argumental: las esculturas de las ninfas y su metamorfosis, la de Hércules, el árbol de los frutos de oro y el dragón transformado en serpiente.

Estatua de la metamorfosis de la ninfa / JARDINES DE VALENCIA

Los muros que recogen el espacio son de ciprés recortado y dentro de él, el agua adquiere un papel especial como otro de los elementos fundamentales de la historia de los jardines. Una fuente corona el punto más alto del jardín, escondida entre los cítricos y sigue una forma laberíntica que sugiere misterio a quien se adentre en su búsqueda. El agua brota del suelo y va por los canalillos que recorren las terrazas, hasta sumergirse en el tramo final y volver a emerger en el estanque donde se reflejan las ninfas convertidas en árboles. Y como broche otro estanque, más recóndito y tranquilo, rodeado de muros y cipreses, donde la diosa protectora de los jardines se presenta para atribuir una especial calma al lugar.

Si eres un apasionado de la mitología griega, o al menos de la popular película de Disney, deberías visitar este rincón para sentirte una más de las musas y recrear el mítico ‘No diré que es amor’, o bien para pasar de ‘Cero a Héroe’ en un pispás. Eso sí, hay que tener en cuenta que aunque sea de entrada libre y gratuita, al ser un recinto cerrado hay un horario de visita que en la temporada otoño-invierno es de 10.00 horas a las 18.00 horas y que se amplía dos horas (hasta las 20.00 horas) en primavera y verano.

 

27 octubre 2017 at 7:05 pm Deja un comentario

Diana caza en la Gran Vía

La escultora Natividad Sánchez se convierte en la primera mujer en idear una escultura para la avenida madrileña

Escultura de Diana Cazadora en el tejado del futuro Hyatt Centric Gran Vía. DANIEL ESPADA

Fuente: CARLOS DÁVALOS > Madrid  |  EL PAÍS
19 de octubre de 2017

En un estudio de arte, en la planta baja del número 5 de la calle Crevillente, detrás del Santiago Bernabéu, llama la atención una enorme escultura plantada en medio del local. Desde octubre del año pasado, una versión de esta obra descansa en una de las azoteas de Gran Vía, concretamente sobre el número 31. Es una obra de la arquitecta y escultora Natividad Sánchez Fernández (Jaén, 1960), que con su figura de Diana Cazadora se ha convertido en la primera mujer en idear un monumento para adornar los cielos de la centenaria vía madrileña.

“Cuando me plantearon el proyecto, me emocioné”, cuenta Sánchez junto a una de las cuatro maquetas que hicieron falta para realizar el proyecto, que finalmente terminó con una pieza de cinco metros de altura y más de 900 kilos de peso. “Estaba en el segundo año de la Escuela de Arte de la Palma”, receurda la artista, “un amigo me dijo que querían incluir una escultura en la remodelación de un edificio de Gran Vía”.

Quien hacía el encargo era el inversor mexicano Jorge Díaz Estrada, dueño, entre otros, del edificio de Sol que albergó el neón de Tío Pepe y que actualmente ocupa Apple. Su nuevo proyecto en el 31 de Gran Vía —edificio proyectado en 1925 por José Miguel de la Quadra Salcedo— será un hotel de la cadena Hyatt; el Hyatt Centric Gran Vía, con 159 habitaciones, un bar llamado Hielo y Carbón y una terraza en la azotea y que tiene previsto inaugurar en 2018.

“Díaz quería una escultura basada en la Diana Cazadora que hay en México DF, creada en 1942 por el escultor Olaguibel y que está en el Paseo de la Reforma. “En ella me inspiré”, agrega la artista, que contó con la ayuda de una de sus hijas que ejerció de modelo para encarnar a la deidad. La escultura de la cazadora romana Diana —Artemisa en la mitología griega— está rodeada de cinco perros y una diadema con la que acaba de disparar una flecha. “El propietario me propuso elaborar un anteproyecto para presentarlo en el Ayuntamiento y que lo aprobasen”. Una maqueta de unos 50 centímetros convenció al Consistorio.

Graduada en arquitectura en 1986, Sánchez estuvo colaborando en proyectos arquitectónicos de envergadura como la creación de la estación intermodal de Palma de Mallorca o las estaciones de metro de Barajas. “Cuando llegó la crisis llevaba 25 años ejerciendo y tenía 52 años. Puedes imaginar lo duro que es quedarse sin trabajo a esa edad”, dice Sánchez que, haciendo de la necesidad virtud, decidió reinventarse y matricularse en la Escuela de Arte de la Palma.

Aunque se trata de la primera mujer en diseñar una escultura en la Gran Vía, Sánchez prefiere enfatizar otros aspectos de la obra, como el uso de la tecnología: “Esta escultura establece un punto de transición entre la escultura analógica clásica-decimonónica de finales del siglo XIX y la escultura digital de principios del siglo XXI. Sin olvidar el modernismo del siglo XX que adorna toda la Gran Vía”. La autora opina que hasta ahora la escultura digital estaba más relacionada con los videojuegos que con el mundo artístico. “En este caso ha habido un punto de encuentro” resume la primera mujer en hacer una escultura para los altos de la Gran Vía.

 

19 octubre 2017 at 4:51 pm Deja un comentario

Valencia, ciudad de dioses y mitos

Historias de guerras, amores, incestos, pasiones, dioses y semidioses de la mitología clásica permenecen aún hoy en la sabiduría popular y en las calles de la capital del Túria

La transformación de una de las ninfas en árbol en el Jardín de las Hespérides. / AYUNTAMIENTO DE VALENCIA

Fuente: CONCHA MOLINA > Valencia  |  LAS PROVINCIAS
31 de agosto de 2017

En el principio, todo era Caos. Y de Caos surgieron Gea, Tártaro y Eros que dieron a luz a Erebos, Nyx, Eter y Hemera. Así explica la mitología clásica el origen del universo: de la tierra, el abismo y el amor nacieron las tinieblas, la noche y la luz del día. Resulta curiosa la pervivencia de los mitos clásicos hasta nuestros días, teniendo en cuenta que en su origen, a diferencia de las religiones monoteístas, fueron trasmitidos solo mediante el boca a boca.

Historias de guerras, furias, amores, incestos, templos, pasiones, dioses y semidioses de la mitología clásica permenecen aún hoy en la sabiduría popular: el nacimiento de Afrodita, la mirada petrificadora de Medusa, la historia de Dafne y Apolo, las aventuras de Hércules… Historias recordadas por muchos gracias a haberlas escuchado de boca de aquel profesor de Latín del instituto que las leía en voz alta con una pasión contagiosa.

Sin ir más lejos, Valencia debe su nombre a la Valentia romana, siendo fundada por la civilización del Imperio en el 138 a.C. sobre la actual Plaza de la Virgen. Allí se encontraba el foro y aún hoy puede leerse sobre el suelo una inscripción en latín sobre la fundación de la ciudad.

Así pues, debido a las raíces romanas de la ciudad y la fuerza de la tradición de la mitología clásica para ser trasmitida hasta la actualidad, en Valencia podemos encontrar múltiples referencias a los personajes que protagonizan los mitos, convirtiendo la ciudad en tierra de dioses y semidioses.

Fuentes de Valentia

Precisamente en la fuente de la Plaza de la Virgen se encuentra la figura de un hombre que sujeta en su mano un objeto del que salen frutos. El hombre representa el Río Túria y el objeto que sujeta en la mano una cornucopia o cuerno de la abundancia.

La cornucopia, presente en múltiples imágenes representativas de la mitología, hace referencia al mito griego de Zeus y Amaltea y simboliza la abundancia. Amaltea es la cabra que amamantó al dios Zeus, quien jugando con ella le rompió uno de sus cuernos.

Entonces, Zeus convirtió el cuerno en cornucopia de donde saldrían alimentos siempre que la cabra quisiera. La figura aparece en varios edificios y esculturas de la ciudad, en referencia a la fertilidad de la zona.

Fuente de la Plaza de / BIBLIOTECA VALENCIANA Y AYUNTAMIENTO DE VALENCIA

En otra plaza cercana a la Catedral, concretamente la Plaza de las Barcas, se encuentra otra fuente alegórica al mito de las Tres Gracias. Áglae, Talia y Eufrosine, representadas en la fuente central de la calle, son hijas de Zeus y la ninfa Eurínome.

Diosas del hechizo, la alegría y la belleza estaban presentes en todos los eventos en los que el placer fuera la protagonista como en los banquetes, la danza o el sexo para proporcionar alegría, belleza y fertilidad.

Entre al calle de la Paz y Colón se encuentra el jardín del Parterre donde, además de a Jaime I, encontramos una fuente que representa al dios de los mares, Poseidón que aparece rodeado siempre de criaturas marinas y con su tridente en la mano.

Jardines divinos

Si hay algún rincón de la ciudad en el que el caminante se envuelva en al mitología clásica este es sin duda el Jardín de las Hespérides. Su nombre, y las figuras distribuidas en su interior hacen referencia al mito de las manzanas doradas protegidas por las mélides.

Entre la lista de encargos que Euristeo hizo a Hércules, el undécimo recado consistía en robar las manzanas de oro que protegían las ninfas Hesperetusta, Egle y Eritia y Ladón, un dragón de tres cabezas. Dragón representado en una de las fuentes del jardín que tira el chorro de agua a la piscina.

Hércules se las ingenió para convencer al titán Atlas, encargado de sujetar el cielo, para que le trajera las manzanas mientras él sostenía su peso. El titán derrotó al dragón y Hércules logro los frutos. Precisamente en el jardín puede verse al hijo de Zeus sosteniendo una manzana y la metamorfosis de las ninfas en árboles ante la desesperación por el hurto.

Detalle del Jardín de las Hespérides. / AYUNTAMIENTO DE VALENCIA

Otros ejemplo de espacio verde con presencia de deidades son los Jardines de Viveros, donde las figuras divinas se esparcen como gotas de lluvia. En él encontramos cuatro estatuas que representan las “falsas estaciones”: Diana, Afrodita, Plutón y Apolo.

Estas estatuas fueron creadas por el artista Giacomo Antonio Ponzanelli, presente en muchas plazas y jardines de la capital del Túria y también en el Museo de la Ciudad, donde muchas de las estatuas han sido guardadas para protegerlas. De hecho, las figuras que están hoy en Viveros han pasado por los jardines de Pontons de Patraix y la Glorieta.

Así pues, Afrodita, diosa del amor y la belleza, aparece apoyada en un delfin en referencia a su nacimiento como hija de Urano; Apolo, siempre acompañado de una lira como dios de la música; Diana, diosa de la caza, con el arco, las flechas y el pecho izquierdo descubierto; Plutón, el dios de lo infiernos y de nuevo Poseidón, dios de los mares.

Detalle del Jardín de Monforte. / AYUNTAMIENTO DE VALENCIA

Conectado con los Jardines de Viveros se encuentran los Jardines de Monforte, donde se repite la presencia de Poseidón junto a una criatura marina que enrosca su cintura. Otra deidad presente es Flora, que porta la flor de óleno, una flor que producía fecundidad con solo tocarla, que entregó a Hera para que pudiese engendrar a Ares sin intervención de Zeus.

Otra estatua con mito propio es la de Dafnis y Cloe, dos bebés abandonados en un bosque que crecen juntos sin saber el lazo que les une y al alcanzar la adolescencia y con ella la sexualidad, se enamoran y acaban casándose. Uno de los ejemplos del incesto, bastante recurrente en la tradición mitológica: Zeus estaba casado con su hermana Hera; Mirra engendró a Adonis tras acostarse con su padre después de que Afrodita le castigara por no honrarla, y Urano se desfogaba con su madre Gea, aunqe estos encuentros servían para explicar la lluvia.

Al pasar lista por las murallas de Monforte, se encuentra también a Dioniso, dios del vino, con una copa alzada en al mano y un racimo de uva en la otra; Hebe, la diosa de la juventud y esposa de Hércules con un cáliza en la mano y una jarra en la otra, y Calíope, musa de la ciencia con un rollo de papiro.

Centros del conocimiento

UNIVERSIDAD DE VALENCIA

En el interior de Facultat de Filosofía y Ciencias del Conocimiento, en la Avenida Blasco Ibáñez, un mural representa Temis, diosa de la ley que aparece con los ojos vendados para no ver la maldad. Su presencia en esta facultad se explica porque hace años era la sede de los estudios de Derecho.

También en Blasco Ibáñez, frente a los Jardines de Viveros, aparece la escultura en cerámica de Atenea, diosa de la guerra y la estrategia. En su escudo, el rostro de Medusa; en la mano sujeta la victoria alada sobre el globo del mundo y a los pies una serpiente. En el pedestal una leyenda reza “Patria y escudo”.

En los jardines de la Biblioteca del Hospital se encuentran restos de la antigua Facultat de Medicina. Entre ellos, aparece la figura de Esculapio, dios de la medicina, con la vara de asclepio y una bebida curativa.

Detalles que pasaste por alto

Hay otros grandes edificios en los que ciertos detalles remiten a figuras mitológicas. Es el caso de los medallones del Templo de la Fama en la Lonja. En ellos aparecen representados emperadores y personajes míticos como Helena y Menelao, Héctor y Andrómaca, Filis y Demofón… Solo hay que afinar un poco la vista para descubrir uno a uno los personajes.

También hay que mirar muy de cerca la fachada del Teatro Principal para descubrir a Apolo, dios de la belleza y jefe de las musas, con una corona de laurel sobre la cabeza. En la del Teatro Olympia aparecen Hermes, dios del comercio y los viajeros, y Erato, musa de la poesía.

Así pues, Valencia queda protegida y vigilada por los dioses del Olimpo, quienes continuan aún tentados por la vida terrenal, siendo un reflejo de los defectos y pasiones humanas y velando por el destino de los valencianos que pasan por delante de ellos como si simples trozos de piedra se trataran. Y como desde siempre, sus historias seguirán estando entre nosotros in saecula saeculorum.

 

1 septiembre 2017 at 9:31 am 1 comentario

Berruguete ante el hechizo del Laocoonte

El Museo Nacional de Escultura rastrea las fuentes clásicas que inspiraron al artista castellano y su reinterpretación de los motivos paganos para los encargos religiosos que realizó

Reproducción del Laocoonte y «Sacrificio de Isaac» – Fotos: F. HERAS

Fuente: C. MONJE  |  ABC
29 de julio de 2017

Doce años en la Italia de Miguel Ángel, Rafael, Leonardo da Vinci y Bramante, en el ambiente artístico del Renacimiento que miraba hacia la Antigüedad, necesariamente tenían que dejar huella en Alonso Berruguete. El artista, aún adolescente, viajó a Roma a comienzos del siglo XVI como parte de un séquito eclesiástico, pasó por Florencia y cuando regresó, en 1518, tenía ya treinta años. La escultura clásica que le había impactado en esa época de aprendizaje poco tenía que ver con los encargos de obra religiosa de los que iba a vivir. Pero el de Paredes de Nava no haría borrón y cuenta nueva, sino que trasladó a sus retablos, esculturas y pinturas los referentes paganos asimilados y reinterpretados.

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid conserva la colección más importante del mundo de obras del autor y ahora le dedica la exposición «Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana», instalada en el Palacio de Villena hasta el 5 de noviembre. Las fuentes artísticas que le inspiraron sirven de hilo argumental a una muestra que también ilustra sobre el proceso creativo, explica el comisario y subdirector del centro, Manuel Arias.

Berruguete estaba ya en Valladolid en 1523, cuando asume el encargo del retablo de la Mejorada, en Olmedo. Carlos I le nombra escribano del Crimen de la Real Chancillería, una especie de funcionario de Justicia, lo que le obliga a fijar su residencia en la ciudad castellana.

Aquí trabaja entonces Juan de Juni, pero será el palentino quien se convierta en el artista más relevante para sus coetáneos. La obra de ambos son radicalmente diferentes: Berruguete se desmarca del tipo de escultura «hecha para rezar», precisa Manuel Arias. Su trabajo obedece a razones más artísticas que devotas, aunque los motivos fuesen siempre religiosos. «A partir de él todo cambia». Con él la estatuaria clásica y los adornos profanos se cuelan en los retablos y en la escultura policromada.

Venera y Calvario que coronaban el retablo de San Benito

La exposición desvela a las claras la influencia clásica de Berruguete. Sus obras se enfrentan a otras de la Antigüedad en un relato de similitudes probadas con obras procedentes de los museos del Prado, Arqueológico Nacional, Catedralicio del Burgo de Osma y Diocesano de Palencia, la galería Uffizi de Florencia, las bibliotecas Nacional e Histórica de Santa Cruz, o Chancillería, entre otros fondos.

Un «Ecce Homo» del autor castellano muestra su semejanza con un anónimo romano del Museo del Prado que representa a un joven dios Pan de la mitología griega tocando una flauta; los bustos de San Pedro y San Pablo de la iglesia vallisoletana de Santiago dejan ver su similitud con un retrato masculino también romano. Pero es el Laocoonte, presente en el título de la muestra, la obra de forma más rotunda prueba la influencia de la Antigüedad en Berruguete.

Cuando el todavía aprendiz de artista llegó a Italia, acababa de ser descubierto el grupo escultórico en una villa romana. El hallazgo fortuito de 1506 revolucionó la ciudad. «Se dice que toda Roma pasó a verla», recuerda Arias. Y entre sus más fervientes admiradores estuvo el autor castellano: «se puede decir que Berruguete fue un artista fulminado por el Laocoonte, quizás el escultor del siglo XVI que más manifiesta a lo largo de toda su extensa carrera el efecto sobrecogedor de esta obra maestra helenísica», asegura el historiador del arte Vicenzo Farinella en el catálogo de la exposición.

La reproducción del Laocoonte y sus hijos del siglo XIX, depositada en Museo Nacional de Escultura, preside el espacio central de la exposición. A su lado, la reinterpretación de Berruguete de las mismas figuras en su escultura del sacrificio de Isaac para el retablo de la iglesia vallisoletana de San Benito, y la Natividad realizada para el de la iglesia de Santiago, también de Valladolid. El San José de este último constituye casi una réplica del gesto y la tensión del Laocoonte, lejos de la representación serena habitual del personaje.

Musa pensativa romana, junto a a las sibilas de Berruguete

La pareja de sibilas del retablo de San Benito remiten a una «musa pensativa» romana o a una figura femenina griega que las acompañan. «Siempre se ha hablado de la modernidad de las sibilas de Berruguete, y realmente son modernas, pero ¿de dónde vienen?: de la Antigüedad», señala el comisario de la exposición.

Los parecidos continúa en numerosos elementos ornamentales. En los espacios secundarios de los retablos Berruguete se explaya en los motivos clásicos. Las obras concebidas para lugares de culto se llenan así de elementos paganos, cupidos, máscaras, cabezas de carnero o motivos vegetales.

El proceso creativo que también sirve de argumento a la exposición puede intuirse a partir del dibujo preparatorio que el autor esbozó en el papel de una carta, conservada en la Real Chancillería, en la que se quejaba del trato recibido de los monjes de San Benito. El bosquejo de la escena de la circuncisión de Jesús tomará cuerpo en una pintura realizada para el retablo del Colegio Mayor Fonseca de Salamanca y en una escultura para el de San Benito, a los que complementa otro dibujo ya finalizado que se conserva en la galería Uffizi.

«Circuncisión», dibujo de la galería de los Ufizzi

La sucesión de obras confirma a Berruguete como ejemplo español de hombre del Renacimiento que trabajó todas las disciplinas artísticas. Indirectamente, también la arquitectura. Este aspecto queda patente en otra de las piezas destacadas de la muestra, la gran venera que coronaba el retablo de San Benito, reconstruida y exhibida por primera vez desde que se desmontase en el siglo XIX con la Desamortización y coronada por un gran calvario. La pieza, que formaba parte del gran conjunto de once metros de altura y en el que se aplicaron soluciones arquitectónicas, está inspirada en la Domus Aurea.

La exposición culmina con una tabla inacabada para ese retablo, una representación de San Marcos Evangelista, pintura «musaica», entonces de moda, que imitaba las teselas de los mosaicos romanos. Pero el recorrido invita a pasar del Palacio de Villena al Colegio de San Gregorio, donde se exhiben habitualmente otras partes de los retablos de San Benito y la Mejorada.

Alonso Berruguete no fue el único artista español de su tiempo en beber directamente de las fuentes clásicas, como demuestran las obras expuestas de Machuca, Siloe o Bartolomé Ordóñez, que también viajaron a Italia, pero sí el que mantuvo de forma más prolongada y fructífera esa influencia.

«Su singularidad no estuvo en beber de las fuentes de la arqueología romana y producir un remedo sin mayores perspectivas. Su catálogo no es el de una colección de réplicas miméticas, sino que muy consciente de lo que estaba sucediendo en un entorno en el que participaba activamente, fue capaz de digerir el alimento para trasladar al suelo hispano lo que se estaba llevando a cabo en Italia, con citas pero contra la norma», sostiene Manuel Arias en la publicación editada con motivo de la muestra.

Paredes de Nava se suma al homenaje

La cita con la obra de Berruguete va más allá de la muestra del Museo Nacional de Escultura y llega a la localidad natal del artista. Hasta el 21 de septiembre en la iglesia-museo de Santa Eulalia permanecerá abierta «Alonso Berruguete en Paredes de Nava. A propósito de una exposición», que recuerda la tradición artística familiar iniciada por el pintor Pedro Berruguete, padre de Alonso y autor de los conocidos retratos de reyes incluidos en el retablo del propio templo. Además de obras procedentes del Museo Nacional de Escultura, se exhiben otras del Museo Diocesano de Palencia y de distintas iglesias.

 

29 julio 2017 at 9:41 pm Deja un comentario

El favorito de los Papas en Roma

Bernini dejó en el siglo XVII en las calles y los templos romanos obras maestras de exaltada tensión barroca. De Villa Borghese al Vaticano, una ruta escultórica

Fuente: DAVID TORRES  |  EL PAÍS
22 de mayo de 2017

La mujer grita, pero su voz no se oye. La mujer corre sin moverse del sitio, lleva siglos parada en su metamorfosis, cabellos cuajados de ramas, hojas tiernas brotando de los dedos, una rodilla fundida en una corteza de árbol. El hombre la alcanza justo en el momento de perderla, una pareja condenada por los siglos de los siglos a tocarse y no tocarse. Hay muchas maneras de decirlo, pero en realidad no hay ninguna manera: quizá la belleza se encuentre más allá de las palabras. Un deseo truncado, un mito trágico, un intento de violación, un bloque de mármol blanco resuelto en energía pura.

JAVIER BELLOSO

Estoy de pie en una sala de la Galería Borghese, en Roma, solo e indefenso ante el Apolo y Dafne de Bernini, rodeado de docenas de turistas y solo ante la eternidad, sin poder hacer nada. He visto antes este bloque escultórico docenas de veces, en fotografías, en documentales, en ilustraciones de libros de arte, pero realmente nunca lo había visto. Garcilaso lo anticipó en un soneto que leí por primera vez hace treinta y tantos años: A Dafne ya los brazos le crecían… Pero nada, ni Garcilaso, ni Ovidio, ni los bancos de imágenes, ni las guías de viaje, me había preparado para la experiencia de primera mano; nada puede compararse realmente a esta conmoción, a esta explosión de luz, al momento exacto en que una piedra cobra vida.

David no está detenido en el combate, sino que arquea su cuerpo un segundo antes de lanzar la piedra

Roma merece un viaje por muchos motivos, y entre esos motivos siempre estará Bernini. La presencia del gran escultor y arquitecto napolitano en calles, iglesias y museos es uno de los sellos distintivos de la Ciudad Eterna, como también lo son Bramante, Miguel Ángel o Caravaggio. Si se escoge el orden cronológico, el recorrido por la Roma de Bernini bien puede empezar por la Galería Borghese. Allí se alzan cuatro de las primeras grandes esculturas de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), cuatro obras maestras que realizó cuando solo era un joven que trabajaba a las órdenes del cardenal Scipione Borghese. El Eneas, Anquises y Ascanio parece un verso de Virgilio puesto en pie. En El rapto de Proserpina, los dedos de Plutón se hunden para siempre en la carne de mármol. Con su David, Bernini se atrevió a seguir los pasos de Miguel Ángel: el pastor ya no está detenido en el momento previo al combate, sino que estira la honda entre sus brazos mientras que arquea el cuerpo un segundo antes de lanzar la piedra. Ese es el momento en el que se instala el arte de Bernini, pleno de tensión, barroco hasta el tuétano.

El Pulcino della Minerva, en Roma. FRANZ-MARC FREI

El reloj de arena

Bernini fue el artista favorito de los Papas durante el siglo XVII, y de las muchas obras que atestiguan su talento como arquitecto destaca la iglesia de Sant’Andrea al Quirinale, una asombrosa síntesis de curvas y elipses. En el Vaticano, Bernini diseñó la plaza de forma oval con dos semicírculos ante los que se levanta la columnata rematada con una balaustrada adornada con las figuras de 140 santos. En el interior del templo, bajo la cúpula, realizó el inmenso baldaquino de bronce con sus prodigiosas columnas salomónicas. También proyectó la decoración de los cuatro pilares que sustentan la cúpula en forma de nichos que albergan cuatro enormes esculturas, una de las cuales, San Longinos, es obra suya. El Vaticano guarda también una de sus últimas obras: el sepulcro de Alejandro VII, una majestuosa alegoría donde la figura de la Muerte, agazapada bajo un cortinaje de mármol sanguinolento, muestra un reloj de arena con el tiempo que se acaba.

En la plaza Navona, Bernini aprovechó el encargo del papa Inocencio X para levantar la fuente más fastuosa e impresionante de Roma —y en ninguna otra ciudad del mundo hay tanta competencia—. Coronada por un obelisco egipcio, festoneada de animales y vegetales petrificados, la Fontana dei Quattro Fiumi es una monumental alegoría de los cuatro ríos más grandes conocidos en la época: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. La otra gran fuente de la plaza, la Fontana del Moro, sigue un diseño de Giacomo della Porta, pero fue Bernini quien esculpió la estatua central. No muy lejos, casi junto al Panteón, se encuentra el Obelisco della Minerva, cuyo pedestal en forma de elefante también es de Bernini.

Si la temática mitológica encumbró a Bernini en sus comienzos, fueron dos encargos religiosos los que representan la cúspide de su arte en su madurez. El Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni, en la iglesia de San Francesco a Ripa, una composición horizontal de una ternura insoportable en la que los pliegues de los ropajes son caricias; el Éxtasis de Santa Teresa, en la iglesia de Santa Maria della Vittoria, una obra sublime en la que asistimos a la transverberación de la santa desde lejos, casi a escondidas. Nuevamente las fotos nos engañan con detalles sacados a través de teleobjetivos y a los que no tenemos ningún derecho. La Santa Teresa está hecha para asomarse a ella de puntillas, de igual modo que en Apolo y Dafne hay que girar en torno a la estatua para ver a la mujer floreciendo, las ramas brotando, el instante exacto de la metamorfosis. Ese instante, el de la transfiguración, es el que se atrevió a esculpir Bernini, un artista que plasmó a la mujer acosada, zarandeada, desgarrada, raptada, extasiada en luz, en amor, en árboles, en vida.

David Torres es autor de la novela Todos los buenos soldados (Planeta, 2014).

 

22 mayo 2017 at 8:04 pm Deja un comentario

Facebook censura una foto del Neptuno de Bolonia por ser «explícitamente sexual»

La escritora boloñesa, Elisa Barbari, pretendía colocarla en su página sobre historias y curiosidades de la ciudad italiana

neptuno-bolonia

Imagen del Neptuno de Bolonia – ABC

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES > Roma  |  ABC
3 de enero de 2017

En Bolonia todavía no se lo pueden creer: Su célebre estatua de Neptuno, que desde hace 500 años preside la plaza homónima, desnudo e imponente, ha sido censurada en Facebook por considerarla «explícitamente sexual». Los boloñeses llaman afectuosamente a la estatua de Neptuno «el gigante», por sus dimensiones. Durante cinco siglos han convivido con él y nadie se escandalizó al ver que sobre el pedestal de una fuente se alzara la majestuosa figura de Neptuno desnudo, un bronce del dios del mar y de los terremotos.

La escritora boloñesa, Elisa Barbari, ha denunciado que la citada red social le censuró la foto de la estatua de Neptuno que pretendía colocar en su página sobre historias y curiosidades de Bolonia: «Quería patrocinar mi página, pero al parecer la foto de nuestro gigante tiene un contenido explícitamente sexual que muestra excesivamente el cuerpo o se concentra sobre partes del cuerpo sin que sea necesario. ¿El Neptuno? ¡Cosa de locos!», exclama Elisa Barbari. En la comunicación recibida por la escritora, que pidió una aclaración, Facebook le explica el por qué la foto de Neptuno no ha sido publicada: «No ha sido aprobada porque no respeta la línea publicitaria de Facebook al promover el uso de imágenes o video de desnudos o escotes demasiados profundos, aunque sea para fines artísticos o educativos».

Otras fotos censuradas

No es la primera vez que Facebook censura fotos por considerarlas excesivamente «atrevidas». En octubre la red social eliminó la fotografía de Manuela Migliaccio, modelo parapléjica italiana, porque en un desfile enseñaba un pezón. Después Facebook reconoció el error: «Nuestro equipo examina millones de indicaciones cada semana y a veces cometemos equivocaciones».

Cabe destacar que son muchísimas las quejas en todo el mundo contra Facebook por la forma en que actúan sus cuatro equipos –distribuidos en tejas, California, Irlanda e India- que deben controlar 1.700 millones de usuarios. A menudo no entienden ciertos lenguajes coloquiales o idiosincrasias. Solo así se puede entender la censura al Neptuno de Bolonia, lo que ha desatado la ironía en las redes sociales. Se da el caso , además, que «il Gigante» boloñés y su fuente fue un encargo del cardenal Pier Donato Cesi en homenaje al papa Pio IV y se concluyó en 1566. Cinco siglos después, Facebook actuó como Daniele de Volterra, el «braghettone» que censuró retocando los desnudos en el juicio Final de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Pura ignorancia.

 

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3 enero 2017 at 1:29 pm Deja un comentario

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