Posts tagged ‘Educación’

La Antigua Grecia en 15 minutos, con Academia Play

Fuente: Canal de academiaplay en Youtube

 

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12 junio 2017 at 7:52 pm Deja un comentario

«El castellano es un latín mal hablado»

Emilio del Río, diputado y latinista, reclama la necesidad de que se enseñe esta lengua en el colegio

Fuente: MÓNICA SETIÉN  |  ABC
10 de mayo de 2017

Emilio del Río es un latinista de vocación tardía. En el colegio se decantó por la rama de ciencias, pero luego, en la universidad estudió Clásicas y se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid. Tras su paso por la política autonómica (fue consejero de presidencia y portavoz del Gobierno de la Rioja), ahora ha sentado sus reales en Madrid, en donde ejerce de diputado por el Partido Popular. Colabora en un programa de radio en el que hace que el latín sea ameno y divertido.

-¿Cómo surgió su colaboración en un programa de radio?

-Fue una iniciativa de Pepa Fernández. Ella se empeñó en que hiciéramos la sección «Verba Volant». Llevamos cuatro temporadas sin interrupción hasta ahora.

-¿Tiene éxito un programa que se dedica al latín y la cultura clásica en los tiempos que corren?

-Muchísimo. Lo más impresionante es la cantidad de gente joven que nos sigue, nos escucha y comenta. De hecho, en algunos institutos comienzan la clases el lunes escuchando la grabación del programa. Con este espacio hemos conseguido llevar el latín a la mucha gente. Seguramente de otra manera no lo habríamos conseguido.

-¿Sirven los programas como material de estudio?

-Muchos profesores lo usan como material didáctico. Los jóvenes de ahora tienen sed de cultura, aunque parezca lo contrario.

El latín cada vez está más marginado de los planes educativos ¿Cree que debería ser obligatorio aprender esta lengua en la etapa de secundaria?

-Sería necesario que en la ESO se impartieran un par de años de latín y cultura clásica. En Alemania, por ejemplo es obligatorio el latín durante cinco años. Pues, aquí, en España, debería enseñarse con más razón. Es un idioma que ayuda a ordenar la cabeza, que enseña quienes somos y de donde venimos.

-La cultura clásica es la base de la actual.

-Es importante que los jóvenes adquieran una base mínima de conocimientos, unos principios culturales. El latín nos hace mejores, nos hace pensar, nos enseña lo que es el presente a través del pasado.

-¿Es el castellano una evolución del latín?

-Por supuesto. El latín ha evolucionado. De hecho, se podría decir que el castellano es un latín mal hablado…

-El latín es el padre de casi todos los idiomas que se hablan en la península…

-Las raíces de nuestra cultura son romanas. No podemos renegar de nuestro pasado porque los clásicos dan respuesta a problemas de hoy en día. Y no sólo en España, en toda Europa. Por ejemplo, a raíz de lo de Brexit algunas voces se han alzado reclamando que la cultura británica también está enlazada con el imperio romano. El 60% de las palabras del inglés tienen origen latino, aunque no lo parezca.

-¿Seguimos usando muchas expresiones latinas literalmente?

-En la vida diaria se usan muchas expresiones en latín. Sobre todo en determinados campos como el derecho o la medicina. No se puede concebir el derecho actual sin el derecho romano. Esta es una de las muestras de lo importante que es esta lengua en España y en toda Europa.

-¿Qué opina de que se usen palabras en otros idiomas para designar conceptos que tienen su expresión en castellano?

-Es verdad que los idiomas están vivos y se nutren unos de otros, pero si en castellano hay una palabra para designar algo, ¿por qué usarla en inglés? Eso supone un empobrecimiento cultural, supone olvidar lo que somos. Somos lenguaje, que sirve para comunicar.

-¿Qué le parece que se use una lengua como el catalán, hermana del castellano, como una herramienta de separación?

-Los idiomas unen, nunca deben separar. Son el más importante elemento de comunicación y por ello deben ser un elemento de unión.

 

11 mayo 2017 at 10:50 pm Deja un comentario

Aprende el alfabeto griego con Academia Play

Fuente: Canal de academiaplay en Youtube

 

10 mayo 2017 at 8:30 pm Deja un comentario

Ganadores de la VIII Olimpiada de Clásicas de Valencia

El pasado sábado 8 de abril tuvo lugar en la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València la prueba de la VIII Olimpiada de Clásicas. El certamen está organizado por el Departamento de Filologia Clàssica de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació y la Delegació d’Incorporació a la Universitat y tiene como objetivo estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la enseñanza secundaria y la Universidad.

En esta edición se han inscrito un total de 171 estudiantes de latín y griego de segundo de bachillerato pertenecientes a 50 centros públicos y concertados de la Comunidad Valenciana.

Los ganadores de la VIII Olimpiada de Clásicas han sido los siguientes:

La Universitat de València concederá a los estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada un premio de 1.000 €.

La fecha y hora del Acto de entrega de premios se indicará próximamente en la web de la Olimpiada.

Desde aquí nuestra felicitación a los alumnos premiados y a sus profesores.

 

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12 abril 2017 at 7:27 pm Deja un comentario

El latín, ¿lengua oficial de la UE?

El éxito editorial de un profesor italiano demuestra que el idioma fundacional de la cultura europea goza de buena salud y podría resucitar como argumento identitario para un continente en horas bajas

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El arco de Tito, en el foro de Roma, construido para celebrar las victorias del emperador en Judea. / RON SACHS (CORDON PRESS)

Fuente: RUBÉN AMÓN  |  EL PAÍS
9 de febrero de 2017

Una de las escenas más pintorescas de Il sorpasso (Dino Risi, 1962) concierne al pasaje en que unos sacerdotes alemanes detienen el Alfa Romeo descapotable donde viajan Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Se les ha averiado su coche, han pinchado, necesitan un gato, pero no saben cómo explicárselo a sus interlocutores. Y es entonces cuando uno de los curas decide hacerlo en latín: “Elevator nobis necesse est”.

Trintignant, que es francés, explica la problemática a Gassman, que es italiano, pero no puede satisfacer la emergencia de los religiosos. Y les responde inequívocamente: “Non habemus gato, desolatus”.

La escena es ilustrativa de la raigambre del latín en la cultura occidental. De su vigencia como argumento de comunicación. Y hasta de su valor identitario en el acervo de continente, más aún ahora que las presiones de Trump y de Putin han estimulado una suerte de reacción y de orgullo.

El inglés predomina sobre las demás lenguas y es la más extendida en los planes escolares. El problema es que identifica también un sabotaje, el sabotaje del Brexit. Y que podría subvertirse, hasta el extremo de convertir el latín en el idioma hegemónico de la Unión Europea. Tolerando incluso expresiones tan macarrónicas como el “desolatus” de Gassman.

La idea, la provocación, proviene de un profesor italiano, Nicola Gardini, y de la popularidad —de la fiebre— que ha adquirido en su propio país un ensayo, un libro, concebido, en realidad, sin las menores ambiciones comerciales.

Las ha conseguido como si la sociedad estuviera reclamando un ejercicio retrospectivo de autoestima hacia una lengua que está demasiado viva para considerarla muerta. La LOMCE española (2013), por ejemplo, la ha rehabilitado como asignatura troncal del bachillerato, pero el latín también representa un vehículo de comunicación extraordinario en el ámbito del derecho, la medicina, la filosofía, la liturgia religiosa, el ejército, la ingeniería, la arquitectura y el lenguaje cotidiano.

Decimos motu proprio, quid pro quo, de facto, ergo, ex profeso o in extremis, quizá no demasiado conscientes de que estamos evocando un hito fundacional de la cultura europea cuyo aliento todavía relaciona sobre el asfalto a un cura alemán con un latin lover italiano.

Es el contexto en el que ha resultado providencial la publicación de Viva il latino, storie e bellezza di una lingua inutile. Ocho ediciones lleva la iniciativa de la editorial Garzanti, y el título no requiere de traducción al español, precisamente por la raíz común del idioma. Y porque España fue uno de los territorios más fértiles de la romanización, y también más dotados en la exportación de talentos al imperio. No ya por las figuras de Adriano o Trajano en la nómina de los emperadores, sino por la envergadura de filósofos y escritores que contribuyeron a enriquecer el latín.

Nicola Gardini destaca a Séneca. Y se congratula de la felicidad que nos ha proporcionado el maestro estoico. Tanto en la forma cristalina de su literatura como en los matices conceptuales. Vivir el presente —aunque el carpe diem es de Horacio—, eludir la superstición de la esperanza, disfrutar lo que tenemos mucho más que frustrarnos por aquello que nos falta.

“El latín de Séneca”, escribe Gardini, “es el reflejo directo de su lucidez y de su propensión a la síntesis, va derecho al meollo de las cuestiones, sin complicaciones, sin alzar la voz. Un latín espontáneo. Un latín de quien medita y de quien transforma las ideas en reglas de vida”.

Es el antagonismo perfecto a la retórica ampulosa de Cicerón, aunque Gardini no se la reprocha. Todo lo contrario, le atribuye un valor muy superior al artificio lingüístico. Sostiene que Cicerón dice las cosas adecuadas de la manera adecuada. Y que su oratoria es una ciencia de las emociones, pero también el medio desde el que se desglosa un sistema de valores. “Hablar bien es una filosofía. Escribir bien es una manera de hacer el bien. Y Cicerón lo ha demostrado, exponiendo su propia elocuencia al servicio de una sociedad amenazada por la tiranía. Fue el enemigo jurado de cualquier despotismo y fue un heroico portavoz del Senado. Su arma fue una palabra: libertas” (libertad, si es que la traducción hace falta).

Regresar al latín, a juicio de Gardini, no sería una regresión ni una extravagancia anacrónica, sino un recurso de Europa para reconocerse en su identidad y en el idioma que la ha estructurado en su idiosincrasia civilizadora. Escribir y hablar en latín nos haría buenos, como Cicerón. Y obscenos, como Catulo. Y conmovedores, como Virgilio. Y profundos, como Lucrecio, aunque este monumento de la lengua latina nunca se hubiera engendrado sin la evangelización de Catón (234-149 antes de Cristo) y de Plauto (250-184 antes de Cristo). Sujetaron ellos las columnas del idioma, predispusieron el primer hálito de un prodigio que ha sobrevivido mucho más allá de su tiempo y de su espacio. Lo demuestran las misas pontificias y las patadas que le damos al diccionario latino (de motu propio, a grosso modo, el quiz de la cuestión…), tanto como lo hacen la adhesión al idioma en que llegaron a significarse por los siglos de los siglos Patriarca, Milton, Ariosto, Tomás Moro, pero también Rilke, Montale, Beckett, Joyce o Jorge Luis Borges.

“No sin cierta vanagloria, había comenzado en aquel tiempo el estudio metódico del latín”, escribió el sabio argentino. Evoca la frase Gardini al inicio de su ensayo. O habría que decir en el incipit, pues cualquier libro está lleno de expresiones y abreviaciones latinas (circa, sic, op. cit.), como los garbanzos que el profesor italiano nos ha puesto por delante para seguir el camino hacia “la plenitud cultural” y la resistencia ciceroniana.

“Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas”. Y para entenderse con un cura alemán que está tirado con el coche en la carretera. Y decirle: “Desolatus”.

 

9 febrero 2017 at 6:32 pm 1 comentario

El ocaso de las humanidades. Sobre la situación del latín y el griego

 

Fuente: David Hernández de la Fuente | LA RAZÓN
27 de septiembre de 2016

Los sistemas educativos modernos de la Europa de las naciones, nacidos en el siglo XIX, como por ejemplo la universidad alemana de W. von Humboldt o la tradición intelectual de la enseñanza anglosajona, corrieron parejas con el surgimiento de las ciencias de la antigüedad como disciplina autónoma

Las humanidades clásicas han sido el corazón de toda la civilización occidental no sólo desde el Renacimiento a esta parte, sino, huelga decirlo, desde la fundación de las universidades medievales de los studia humaniora. Los fundamentos de toda la cultura europea se basan a través de los siglos en los cimientos que proporcionan los textos en las dos lenguas llamadas clásicas en Occidente, que son en latín y griego, en su literatura y su historia. Su estudio tiene antiguas raíces, pues el concepto de «clásico» se asentó ya en el mundo romano en busca de modelos de educación y cultura. Es sabido que los diversos renacimientos de la cultura clásica que en el mundo han sido –los renacimientos bizantinos o el italiano, que reabrió las puertas al griego en Occidente– facilitaron una revolución cíclica de las ideas y de la estética. Más tarde, también la Ilustración, el Romanticismo o las Vanguardias, como nuevas vueltas de tuerca sobre los ideales de la cultura clásica, han modelado Europa sucesivamente. Ya fuera por imitación, reacción o subversión, cualquier cambio importante en las corrientes de pensamiento o de creatividad en Occidente ha estado condicionado, cuando no firmemente enraizado, en una relectura de los clásicos grecolatinos que han marcado nuestra historia. Los sistemas educativos modernos de la Europa de las naciones, nacidos en el siglo XIX, como por ejemplo la universidad alemana de W. von Humboldt o la tradición intelectual de la enseñanza anglosajona, corrieron parejas con el surgimiento de las ciencias de la antigüedad como disciplina autónoma. Los soldados del Imperio británico recorrieron medio mundo con Horacio y Homero en la mochila en el original y una anécdota del soldado y escritor británico Patrick Leigh Fermor, recitando versos latinos de memoria con su prisionero de guerra nazi en la Segunda Guerra Mundial, lo que da fe de hasta qué punto el griego y el latín eran idiomas comunes de la Europa culta. Nuestro país, pese a su gloriosa universidad renacentista, que produjo maravillas como la Biblia Complutense, llegó tarde al clasicismo moderno: aun así, la generación de filólogos clásicos de nuestra postguerra fue admirada en toda Europa.

Entonces, ¿qué ha pasado en la España de hoy para que el latín y el griego sean sinónimo de algo caduco, inútil y pasado de moda? Por algún extraño prejuicio las lenguas clásicas han sufrido un desprecio constante desde finales de los sesenta. Este progresivo desprestigio fue a la par con un paulatino arrinconamiento en las sucesivas reformas de planes de estudios de Secundaria e incluso en universidad y se ha justificado en la errónea idea de que son saberes poco prácticos, lejos del énfasis actual en lo inmediatamente productivo. Nada más lejos de la realidad si se entiende que el estudio de las lenguas clásicas es un ejercicio continuado de reflexión, atención y análisis en el que entre en juego el pensamiento lógico, analítico y creativo. ¿Qué mejor que este tipo de aprendizaje para una ley como la LOMCE, que en su segunda línea manifiesta que la enseñanza debe ir dirigida «a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio». Es cuando menos paradójico que una ley que esto propugna arrincone las enseñanzas que mejor cumple ese objetivo.

Aunque el bachillerato LOMCE contempla una modalidad de «Humanidades y Ciencias sociales», a su vez bifurcada en los itinerarios de Humanidades y Ciencias Sociales, la realidad es que el itinerario de Humanidades ha quedado desvirtuado toda vez que el griego no es obligatorio para el Bachillerato de Humanidades y es ofrecido de forma residual y en concurrencia con otras asignaturas como Historia del Mundo Contemporáneo, Literatura Universal y Economía. Por su lado, el latín ha visto reducido su campo de acción al quedar restringido sólo al itinerario de Humanidades y no al de Ciencias Sociales, cuando es una enseñanza clave en estudios superiores de la rama de las Ciencias Sociales (léase, Derecho). Esta restricción y esa pérdida de peso de las lenguas (y literaturas) clásicas hace que, aunque nominalmente la palabra Humanidades aparezca contemplada en los planes de estudios, lo que en realidad se esté ofreciendo sea una versión devaluada de esos estudios.

Ahora las clásicas –en concreto el griego– reciben una nueva estocada en la secundaria madrileña. Si hasta ahora las instrucciones de inicio de curso blindaban la precariedad de los estudios clásicos concediendo la apertura de un grupo de griego o latín con menos de 15 alumnos, desde este curso desaparece la protección a las lenguas clásicas (que sigue, en cambio, en lenguas como el francés), siendo de carácter excepcional la apertura de grupos por debajo de este número. Si con esta medida el latín peligra, el griego está directamente a los pies de los caballos, al no ser de estudio obligado en ningún itinerario, lo que provoca que los funcionarios con plaza se vean desplazados de sus centros y obligados a impartir otras especialidades. No menos importante es el hecho de que los alumnos con vocación humanística no puedan cursar latín y griego, y menos veces aún juntos, con este número mínimo. En el mosaico caótico de las autonomías, hay excepciones honrosas: en Castilla y León la asignatura de Cultura Clásica se enseña de forma obligatoria en Secundaria, y en Cataluña, donde se sigue protegiendo al latín y al griego al no establecerse un mínimo de alumnos para cursarlos: ¿por qué no Madrid?

Merece la pena hacer hincapié en que, aunque las diversas reformas y prejuicios las hayan convertido en minoritarias, el latín y el griego son el núcleo de las humanidades, y que sin ellas es difícil afrontar de forma rigurosa estudios humanísticos y mucho menos comprender nuestra propia historia e identidad. Hagamos algo para frenar esta vergonzosa decadencia de las lenguas clásicas en España, que mucho tienen que ver, me temo, con la decadencia de las humanidades en general.

 

27 septiembre 2016 at 4:23 pm Deja un comentario

UGT Madrid denuncia el peligro en el que se encuentra el profesorado de Latín y Griego

 

Fuente: Gacetín Madrid
7 de julio de 2016

Las lenguas clásicas han tenido, hasta ahora, una gran relevancia en nuestra cultura occidental, por ello se ha permitido que las asignaturas de Latín y Griego pudiesen ofertarse en Secundaria con un mínimo de cinco alumnos. Sin embargo, las Instrucciones sobre el comienzo escolar 2016-17 en centros públicos docentes no universitarios de la Comunidad de Madrid establecen que ha de existir un mínimo de 15 alumnos matriculados en las materias troncales de opción, específicas y de libre configuración, salvo en el caso de Segunda Lengua Extranjera, para la que se exige un mínimo de 10 o Religión, para la que no se establece límites de mínimos.

Con ello, a corto plazo, los profesores que hayan impartido en Bachillerato Latín I o Griego I en grupos de menos de 15 alumnos podrían perder los grupos de Latín II y Griego II al verse obligados sus alumnos a abandonar dichas materias o tener que desplazarse a otro centro que las pudiera ofertar. Esta situación, además, se agrava por la implantación de la LOMCE en 2º de Bachillerato para el curso 2016-17, que impide a los alumnos de Ciencias Sociales cursar Latín II y que priva a Griego II de su condición de materia troncal general del itinerario de Humanidades.

Por tanto, la combinación de las citadas Instrucciones con la implantación de la LOMCE podría provocar desplazamientos y supresiones de docentes de Latín y, sobretodo, de Griego; obligarlos a impartir sus asignaturas en varios centros como profesor compartido, o a asumir otras materias ajenas a su formación.

Pero todo ello, además, vulnera el derecho del alumnado a elegir, cursar y diseñar su proyecto educativo, dado que muchos no podrán formarse en aquellas competencias y materias que hayan elegido para su futuro académico, eliminando la optatividad de dichas enseñanzas cuando todavía no ha finalizado el curso, dado que las pruebas extraordinarias se realizan en septiembre y todavía no ha terminado el proceso de escolarización de las mismas.

Por otra parte, consideramos una burla a las funciones y objetivos del Consejo Escolar de Madrid y, por tanto, hacia toda la ciudadanía a la que representa, el hecho de remitir dichas Instrucciones a los centros, antes de haber sido dictaminado y aprobado, por dicho órgano de representación, el borrador de Orden por el que se regulan determinados aspectos de organización, funcionamiento y evaluación en el Bachillerato, lo que significa que la Consejería de Educación, Juventud y Deporte desprecia las opiniones que dicho Consejo Escolar pueda tener al respecto y que las normas llegan al mismo con nula capacidad de modificación. En resumen, es un mero órgano que solo sirve para dar apariencia democrática y participativa sobre el papel, pero sin ninguna capacidad real de rectificación o cambio de una norma, actitud a la que ya nos tenían acostumbrados los anteriores gestores de la Consejería, pero que con actuaciones como esta, parece que tiene continuidad con los actuales. Mientras tanto, nos ponen sobre la mesa del Consejo Escolar un debate sobre el Pacto Educativo.

Enlace al Comunicado de Prensa de FETE-UGT Madrid

Petición en change.org: Mantengan Latín y Griego con menos de 15 alumnos en la Comunidad de Madrid

 

7 julio 2016 at 8:03 pm 1 comentario

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