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Roma no construyó un Arco de Tito… sino dos

Los arqueólogos descubren en el Circo Máximo los restos de esta construcción, mucho más grande que la ubicada en la colina del Palatino

Detalle de la zona donde se han encontrado los restos del segundo Arco de Tito (Sovrintendenza Capitolina ai Beni Culturali)

Fuente: DAVID RUIZ MARULL  |  LA VANGUARDIA
21 de marzo de 2017

Los arqueólogos de Roma han descubierto los restos de un segundo arco triunfal dedicado al emperador Tito tras sofocar la Gran Revuelta de los judíos en el siglo I después de Cristo. El edificio estaba ubicado entre las gradas del Circo Máximo, la extensa arena donde se celebraban carreras de carros, luchas navales y peleas de gladiadores, a menos de un kilómetro de la colina del Palatino, hogar del Arco de Tito que sí ha perdurado en el tiempo.

Ambos arcos -levantados para conmemorar las victorias de Tito, incluido el sitio de Jerusalén (70)- habían sido construidos alrededor del año 82 de nuestra era por Domiciano (81-96), el último emperador de la era Flavia que empezó con su padre Vespasiano (69-79) y continuó con su hermano mayor Tito (79-81).

Los dos Arcos de Tito fueron construidos por su hermano Domiciano alrededor del año 82

El descubrimiento de este segundo arco ofrece, según los investigadores de la Sovrintendenza Capitolina ai Beni Culturali, una visión del tenso clima político de finales del primer siglo y el funcionamiento de la máquina de propaganda imperial. Marialetizia Buonfiglio, la arqueóloga a cargo de la excavación, ha explicado a Haaretz que no recuerda “ningún otro caso” de dos arcos construidos para celebrar la misma victoria militar.

”Los líderes y generales romanos querían jactarse de sus éxitos en la batalla. (Con la construcción de los arcos) quizás se sintió la necesidad de consolidar el poder (de Domiciano) relacionándose con el glorioso pasado de sus predecesores”, especula Buonfiglio.

Reproducción del Arco de Tito que estaba ubicado en el Circo Máximo (Sovrintendenza Capitolina ai Beni Culturali)

”Bajo los emperadores flavianos, y especialmente con Domiciano, se hizo mucha propaganda a través de construcciones e infraestructura, especialmente en lugares muy simbólicos como el Circo Máximo”, añadió la investigadora italiana.

Domiciano, que había visto como su padre iniciaba la construcción del Coliseo en el año 70, aprovechó que un fuego destruyó parte de Roma o que la erupción del Vesubio arrasó Pompeya para iniciar un grandioso plan de reformas y proyectos urbanísticos que incluyó carreteras, circos, palacios y templos.

Bajo los emperadores flavianos se hizo mucha propaganda a través de construcciones

Los restos del segundo Arco de Tito -del que se tenía algunas referencias aparecidas en mapas antiguos- se descubrieron tras una década de excavaciones arqueológicas en el extremo sur del Circo Máximo. Los investigadores creen que esta construcción tendrían unos 17 metros de ancho y 10 de altura. Era un enorme arco triple, mucho más grande que el de una sola puerta que se encuentra en el Palatino. Estaría decorado con una estatua de bronce de Tito conduciendo un carro de cuatro caballos, como los que llevaban los aurigas del circo.

“El arco del Palatino era más un monumento a Tito, marcando su deificación post mortem. El del circo, en cambio conmemoraba su victoria en la Gran Revuelta de los judíos”, considera Marialetizia Buonfiglio. La inscripción dedicatoria del arco, que no ha sobrevivido, fue transcrita por monje suizo del siglo VIII conocido sólo como el Anónimo de Einsiedeln. “Siguiendo el consejo y la dirección de su padre, sometió al pueblo judío y destruyó Jerusalén, algo que todos los demás generales, reyes y pueblos antes de él no habían intentado o no habían logrado”, rezaba el texto.

El segundo Arco de Tito tendría 17 metros de ancho y 10 de alto

Gracias a esta inscripción los arqueólogos deducen que la construcción debía estar en buen estado a principios de la Edad Media y consideran que podría haber sido dañado por un terremoto en el año 847, el mismo incidente que también destruyó parte del Coliseo.

En el siglo XII, el Circo Máximo ya se había convertido en una zona de cultivo y se había canalizado a través del arco un nuevo acueducto para regar los campos y hacer llegar el suministro de agua a la ciudad. Hoy en día sólo quedan unas pocas columnas rotas.

 

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21 marzo 2017 at 7:56 pm Deja un comentario

La «Damnatio memoriae», el infame castigo del Imperio romano a no haber nacido nunca

Se sabe que los asirios, los hititas, los babilonios, los persas y después los egipcios (véase el ejemplo de Hatshepsut o Akenatón «El faraón hereje») ya había aplicado penas similares

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Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
22 de noviembre de 2016

Los romanos reverenciaban a sus ancestros, decoraban sus villas con episodios heroicos de los más eminentes y velaban porque los apellidos fueran legados de generación en generación, aunque hubiera que recurrir a hijos adoptivos para salvarlos. La memoria familiar era uno de los ejes de la sociedad romana, hasta el extremo de la condenada al olvido se situaba en la cúspide de los castigos más crueles. Los romanos imaginaban la historia de la humanidad como un lugar cuyas páginas más oscuras podían, simplemente, ser arrancadas y sustituidas por nuevas.

El nombre moderno de este castigo «Damnatio memoriae» significa literalmente «condena a la memoria». Es decir, condenado a no haber existido nunca. Se trataba de un castigo reservado para determinadas personas que los romanos querían borrar por completo de cualquier forma de recuerdo, ya fuese en textos, grabados, murales, estatuas e incluso música popular

La «abolitio nominis», que prohibía que el nombre del condenado pasara a sus hijos y herederos, y la «rescissio actorum», que suponía la completa destrucción de su obra

Este castigo del período imperial, no en vano, tenía su origen en varios mecanismos para provocar la muerte civil en tiempos de la República. Entonces existían la «abolitio nominis», que prohibía que el nombre del condenado pasara a sus hijos y herederos, y la «rescissio actorum», que suponía la completa destrucción de su obra política o artística. Ese fue el caso de Marco Antonio, cuyas estatuas fueron derribadas a su muerte por orden de su último enemigo, César Augusto, según Plutarco:

«Sus estatuas fueron derribadas: pero las de Cleopatra se conservaron en su lugar, por haber dado Arquibio, su amigo, mil talentos a César, a fin de que no tuvieran igual suerte que las de Antonio».

Emperadores contra el Senado, la venganza

No fue hasta el Imperio romano cuando se llegó a un nuevo nivel de perfección en el borrado de la memoria. El «damnatio memoriae» era una herramienta legal al alcance del Senado y una forma de que la aristocracia se cobrara su venganza contra los abusos del Emperador una vez hubiera fallecido. El proceso solía ir acompañado de la confiscación de los bienes del difunto «damnificado», el destierro de su familia y la persecución y exterminio físico o moral de sus partidarios. Además se decretaban anuladas las leyes que hubiera sacado adelante o éstas se le achacaban a sus sucesores.

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El Emperador Cómodo era conocido por sus ostentosos espectáculos y su constante enfrentamiento con el Senado

No obstante, la mayoría de estas condenas fueron consecuencia de las represalias de los nuevos Emperadores, en su mayoría responsables de la muerte de sus antecesores, y de su afán de consolidarse en el poder. Así fue el caso de Publio Septimio Geta, hermano menor de Caracalla, que fue asesinado por su hermano y posteriormente recibió el infame castigo. Muchos de sus seguidores fueron asesinados y su legado borrado del mapa. Por su parte, a la muerte Maximiano, en el año 310, su sucesor impulsó un damnatio memoriae por el que se ordenó la destrucción de cualquier elemento público que le hiciera alusión.

De otros emperadores se conocen procesos directamente vinculados con su mala relación en vida con el Senado. Por ejemplo, a la muerte de Domiciano, el Senado emitió la condena y autorizó que sus monedas y estatuas fueron fundidas, sus arcos derribados y su nombre eliminado de todos los registros públicos. En este mismo sentido, Nerón fue declarado «enemigo del Estado» por el Senado aún antes de su muerte y varias de sus representaciones destruidas.

De Cómodo, el Emperador gladiador, el Senado decretó su damnatio memoriae tan solo un día después de ser ahogado en el baño por uno de sus libertos. Aquella condena le convirtió en enemigo público, ordenando el derribo de sus estatuas y la eliminación de su nombre de los registros públicos.

En el otro extremo, cabía la posibilidad de que el Senado se reuniera para elevar a la categoría de divino al emperador fallecido. El Apoteosis era el equivalente de reconocer que el Emperador estaba en proceso de «ascender al cielo de los dioses». En este caso el personaje pasaba a ser reconocido como un dios –véase el caso del divino Julio César o el augusto Octavio– se celebraban lujosos funerales en su honor, se le erigían templos e incluso se les reconocía como un astro del firmamento (catasterismo).

Estas «damnationes minores» podíar ser establecidas por senados locales, de alcance mucho más limitado

Más allá de los altares y los tronos, esta condena también iba dirigida a ciudadanos corrientes que hubieran cometido crímenes especialmente censurables, sobre todo aquellos relacionados con la traición al Emperador o al Senado. Tal fue el caso de Lucio Elio Sejano, favorito de Tiberio, al que se le acusó de liderar un amplio complot contra su soberano. O el caso del ex cónsul y gobernador Cneo Calpurnio Pisón en 20 d.C., quien se suicidó tras ser responsabilizado de la muerte de Germánico. A consecuencia de ello, el Senado dictó un senadoconsulto que proponía borrar su nombre de los documentos oficiales y confiscar sus bienes.

En este sentido, las conocidas como «damnationes minores» podíar ser establecidas por senados locales, de alcance mucho más limitado y cuyas razones rara vez tenía que ver con motivaciones políticas.

Del Antiguo Egipto a la Edad Media

No fueron los romanos los primeros ni lo últimos en atentar contra la memoria. Se sabe que los asirios, los hititas, los babilonios, los persas y después los egipcios (véase el ejemplo de Hatshepsut o Akenatón «El faraón hereje») ya había aplicado penas similares a los romanos. En muchas de estas culturas quienes no tenían nombre no podía existir y, por lo tanto, borrar el nombre de un personaje del recuerdo suponía impedirle disfrutar de una vida en el más allá.

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«El Papa Formoso y Esteban VI», por Jean-Paul Laurens

Siguiendo con la tradición romana, en la Alta Edad Media, el Papa Esteban VI ordenó que el cadáver del Papa Formoso fuera exhumado para someterlo a un juicio por sus pecados. Además de borrar su legado y anular sus decisiones como pontífice, el nuevo Papa orquestó la espeluznante escena de juzgar a un cadáver en avanzado estado de descomposición, en lo que hoy es conocido como el Sínodo del Terror.

Otros muchos personajes históricos han aspirado a borrar de un plumazo todo rastro de sus rivales. Todavía en el siglo XX varios dictadores han impuesto borrados colectivos, «vaporizaciones», diría George Orwell en su novela «1984». Sin ir más lejos, el régimen de Stalin prohibió toda mención de los nombres de sus enemigos y eliminó a éstos de la prensa, libros, registros históricos, fotografías y documentos de archivo. La lista de «personajes incorrectos» afectó a León Trotsky, Nikolái Bujarin, Grigori Zinóviev y a otros líderes políticos que fueron cayeron en desgracia a ojos del dictador.

La cuestión es ¿tuvo alguna vez éxito pleno estas condenas? ¿Alguien ha logrado borrar todo rastro de un personaje a lo largo de la Historia? Evidentemente sería imposible saberlo. Si funcionó y consiguieron borrar la memoria de un personaje o pueblo sería hoy un desconocido. Sin embargo, la experiencia de miles de años ha demostrado que se necesita algo más que recortar una fotografía o romper una estatua para eliminar un legado vital. Resulta una tarea sumamente difícil la de destruir en tantos trozos a sus enemigos.

 

22 noviembre 2016 at 9:13 am Deja un comentario

Cástulo abre “una ventana al pasado” gracias a la realidad virtual

Las excavaciones realizadas en el sitio arqueológico de Cástulo, situado a unos cinco kilómetros de Linares (Jaén), muestran cada vez más su ciudad ibero romana al público y ahora lo hacen con un nuevo dispositivo, abriendo “una ventana al pasado” gracias a la realidad virtual.

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Marcador del mosaico de los Amores en Cástulo. Foto: esTRESd Patrimonio Virtual

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

Jaén, 12 mar.-En una visita al yacimiento, la aplicación de realidad aumentada para dispositivos android “Cástulo Virtual” permite contemplar con un teléfono inteligente o una tableta las hipótesis arquitectónicas de la sala del mosaico de los Amores, el edificio público localizado en el centro de la ciudad o la Patena de Cristo en Majestad, junto al lugar de su hallazgo.

Fragmentos de la historia de una ciudad que hoy se conocen gracias a la investigación realizada mediante el Proyecto Forvm MMX de Cástulo, que comenzó en 2011 con el objetivo de hallar el foro romano.

Una meta, en principio modesta, y en la que durante cinco años se afanaron cientos de trabajadores, voluntarios, estudiantes, investigadores e incluso grafiteros, a los que los hallazgos les han empujado a comprender que la ciudad les deparaba otras sorpresas.

Las dos zonas intervenidas en el centro de la ciudad de Cástulo han documentado la existencia de dos edificios públicos de la época alto imperial, así como un edificio fechado en el siglo IV d.C. destinado al uso religioso, que reflejan el esplendor de estas etapas.

En el Área 1 se localiza un edificio de aproximadamente 1.200 metros cuadrados construido con sillares de grandes dimensiones, del que se conocía su cabecera gracias a las intervenciones arqueológicas realizadas en los años 80 por José María Blázquez.

Las últimas intervenciones permitieron conocer la fachada principal, con unos 30 metros de longitud, que cuenta con una puerta central con acceso mediante una pequeña escalinata y seis vanos que dan acceso a diferentes ‘tabernae’ (locales comerciales abiertos a la calle en ciudades de la antigua Roma).

En el Área 2 se localizan dos edificios que han destacado tanto por su estado de conservación como por su singularidad, así, en un primer momento (siglo I d.C.) se construye un edificio de más 700 metros cuadrados que, según las hipótesis, iba a estar destinado al culto del emperador Domiciano, asesinado en el año 96 d.C.

Tras la ‘damnatio memoriae’ (condena al olvido) aplicada a Domiciano, el edificio es destruido de forma intencionada antes de la finalización de la obra, sin que se volviera a construir allí hasta siglos después, por lo que se conservaron sus restos de forma excepcional, permitiendo conocer gran parte de los detalles, de la sala del mosaico de los Amores.

Junto a este edificio se construye en el siglo IV d.C. un complejo arquitectónico asociado al culto religioso, en el que se localizó la patena de Cristo en Majestad.

Ahora, mediante la aplicación “Cástulo Virtual“, desarrollada por esTRESd Patrimonio Virtual (Isidoro García y Francisco Arias) es posible “abrir una ventana al pasado” y contemplar estos tres hitos investigados.

13 marzo 2016 at 12:23 am Deja un comentario

Por primera vez abre al público la rampa imperial de Domiciano

Es un tesoro arquitectónico único que comunicaba el Foro Romano con la via Sacra. Se convierte en museo con la exposición de restos arqueológicos encontrados en las excavaciones

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La Rampa de Domiciano / ABC

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ > Roma |  ABC     20/10/2015

La llamaban la puerta secreta de los emperadores. Por primera vez se ha abierto hoy la Rampa Imperial de Domiciano, el colosal corredor cubierto en el siglo I d.C. que desde el Foro Romano sube por las laderas de la colina del Palatino a lo largo de doscientos metros, con un desnivel de casi 40 metros. Servía para comunicar directamente entre el Foro Romano con la vía Sacra. Sin duda es un tesoro arquitectónico considerado único y excepcional por los arqueólogos. Se trata de una construcción ciclópea, descubierta en el 1900 y nunca abierto hasta hoy. La Rampa adquiere el nombre del emperador Tito Flavio Domiciano, que reinó desde el 81 al 96, siendo el último de los tres emperadores de la dinastía Flavia, tras su padre Tito Flavio Vespasiano y su hermano mayor Tito.

Domiciano ordenó construir la rampa como ingreso espectacular en el palacio imperial en el Palatino. Con sus techos extraordinariamente altos, el corredor da una idea de majestuosidad, que era precisamente lo que buscaba el emperador Domiciano.

Han sido necesarios cinco años para su restauración. Desde hoy el publico tendrá un nuevo lugar para admirar en los Foros Imperiales. La Rampa Domiciana se convierte en sí misma en museo, con la exposición de los hallazgos arqueológicos encontrados durante las excavaciones.

Estadio Domiciano

Domiciano fue descrito por fuentes clásicas como un tirano, cruel y paranoico, afirmaciones que tienen su origen en escritores que le fueron hostiles como Tácito, Plinio el joven y Suetonio. Esa imagen fue revisada en los inicios del siglo XX cuando su reinado volvió a despertar interés después de algunos descubrimientos arqueológicos y numismáticos, con una nueva evaluación de sus políticas militares, administrativas y económicas. Concibió su poder como una monarquía divina, y se embarcó en una serie de ambiciosos proyectos económicos, militares y culturales. Con ello pretendió el retorno de la gloria que adquirió el imperio con Julio César Augusto, el primer emperador romano (27 a. C. – 14 d.C). Su administración sentó las bases para una nueva época de prosperidad del imperio en el siglo II.

Entre sus obras cabe destacar el Estadio Domiciano, actualmente Piazza Navona. Fue el primer ejemplo de estadio de atletismo de piedra construido en Roma, un testimonio único de la historia del deporte. El Estadio Domiciano podía acoger a 30.000 espectadores, la mitad del Coliseo. Después de años de restauración, el Estadio Domiciano se ha abierto al público y hoy constituye un museo más de Roma.

20 octubre 2015 at 4:11 pm Deja un comentario

El muro de Adriano: La última frontera del Imperio

Decidido a poner límites a las fronteras del Imperio en Britania, el emperador Adriano ordenó construir un muro de más de cien kilómetros que cruzara la isla de este a oeste

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«Fui el primero que trazó un muro, de ochenta mil pasos, para separar a los bárbaros de los romanos», afirma Adriano en la Historia augusta. Esta colosal infraestructura –en la imagen, a su paso por Northumberland, en la frontera con Escocia– fue erigida para proteger el territorio conquistado por Roma de los ataques de las tribus escocesas. PETER ADAMS / AGE FOTOSTOCK

Por Juan Manuel Cortés Copete. Profesor titular de Historia Antigua. Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), Historia NG nº 139

En el año 122, Publio Elio Adriano desembarcó en Britania. Con su habitual energía, el emperador marchó hacia el norte, hasta la actual Newcastle, y allí ordenó la construcción de una nueva y faraónica obra: un muro que atravesara la isla de mar a mar. Por primera vez en su larga historia de victorias y conquistas parecía que Roma había encontrado los límites de su Imperio.

La reforma del ejército

El reinado de Adriano había comenzado con los peores augurios. A la muerte de Trajano, su predecesor, en agosto de 117, la situación era crítica: se habían sublevado tanto los judíos como los territorios recientemente conquistados por Trajano en su campaña contra los partos, como Mesopotamia y Armenia. Y había problemas en otros lugares. De Britania llegaban terribles noticias; se hablaba de la imposibilidad de seguir dominando la isla y de multitud de romanos muertos en combate. El emperador descubrió que el poder de Roma tenía límites, realidad hasta entonces inconcebible para un romano. Adriano eligió salvar el Imperio y abandonar las últimas provincias conquistadas por Trajano, que tanta resistencia oponían. Roma debería conservar sus fronteras y fortalecerse en su interior.

El 21 de abril de 121, Adriano celebró el aniversario de la fundación de Roma. Ese día se conmemoraba el trazado por Rómulo del recinto sagrado de la ciudad, el pomerio. Para la ocasión, el emperador ordenó  renovar las marcas y los mojones que lo limitaban. En la tradición romana, la superficie de la ciudad de Roma sólo podía ser acrecentada por quienes hubiesen añadido nuevas provincias al Imperio, lo cual no era el propósito de Adriano, que se limitó a restaurar los límites tradicionales. El mensaje estaba claro: el tiempo de la expansión había terminado.

Pocos días más tarde, el emperador abandonaba Roma para realizar una gira por las provincias occidentales: Galia, Germania, Britania e Hispania. La expedición tenía una clara intención militar. Por una parte, el emperador se esforzó por restaurar la disciplina en los cuarteles. Perdida la expectativa de nuevas conquistas, la vida de los soldados tendía a relajarse y a rodearse de comodidades impropias de la existencia militar, cuya disciplina y dureza Adriano se empeñó en restaurar. Se convirtió en un ejemplo para sus soldados: marchaba con ellos, dormía al raso y comía el mismo rancho. Prohibió el lujo en los cuarteles e insistió en la necesidad del entrenamiento constante  mediante la realización de maniobras y ejercicios tácticos que él mismo corregía con arengas que dirigía a las unidades participantes.

Fue entonces cuando descubrió el valor formativo que para un ejército tenía la realización de obras públicas. Con ellas los soldados se endurecían, abandonaban la inactividad y además aprendían la importancia del trabajo en equipo.

La transformación empezó en Germania. Bajo Domiciano, las legiones habían controlado los campos que se extienden al sureste del Rin y el norte del Danubio, en el valle del río Meno (Main). Estas tierras habían recibido el nombre de Agri Decumates porque sus ocupantes pagaban como impuesto el diezmo, la décima parte de la cosecha. La defensa de estos territorios se fundaba sobre una calzada militar y algunos puestos de vigilancia. Adriano decidió levantar allí una empalizada continua para marcar los límites de los territorios romanos y para ello se talaron miles de árboles. Así, los cursos del Rin y del Danubio quedaron unidos por la primera barrera artificial del Imperio. Roma empezaba a tener un auténtico límite.

La frontera de piedra

Adriano tenía nuevos planes para la provincia de Britania. Consciente de que el deterioro de la guarnición era la causa última de los problemas que la isla había vivido, organizó el traslado de algunos contingentes desde provincias vecinas. Un tal Pontio Sabino fue el oficial encargado de llevar tres mil legionarios de refuerzo. Provenían tanto de Germania como de la legión VII Gemina, acantonada en Hispania. Pero no fueron éstos los únicos soldados que llegaron de la península Ibérica. Al menos la I Cohorte Hispana, una unidad auxiliar, fue también trasladada a la isla. El emperador se hizo acompañar de la legión VI Victrix, que hasta entonces había tenido su cuartel en Vetera, la actual Xanten, en Alemania.

Pero estos refuerzos no estaban destinados a reiniciar la conquista, sino a reforzar la frontera. En la línea entre el río Tyne y el golfo de Solwey, límite efectivo de la dominación romana, ya se habían levantado algunas infraestructuras fronterizas. La más importante de ellas era la vía militar que la recorría de este a oeste, la Stanegate, la «carretera de piedra». A lo largo de esta vía se habían construido algunos fuertes y torres de vigilancia. Este sistema no era nuevo: en Oriente, para vigilar el desierto, se había construido del mismo modo la Vía Trajana.

Los planes de Adriano iban más allá. Al llegar a Newcastle ordenó construir un puente que uniera ambas orillas del río Tyne. Este puente, que recibió en su honor el nombre de Elio, habría de ser el inicio de la más importante obra militar construida bajo su reinado: el muro que uniría las dos orillas del mar. Una inscripción mutilada conserva lo que parece ser el discurso con el que el emperador anunció su decisión. No es mucho lo que se lee, pero sí podemos estar seguros de que Adriano invocó un «divino precepto» para levantar un muro que sería obra del «ejército de la provincia» y que debería unir «las orillas de ambos océanos».

Una muralla en Britania

El sentido político y militar de aquella obra sigue siendo objeto de debate. Deberíamos desterrar la pretensión de comparar el muro de Adriano con las murallas de una ciudad antigua, capaces de resistir un asalto. Ni su altura ni la anchura de su adarve o camino de ronda parecen suficientes para ofrecer una resistencia efectiva. Además, su enorme longitud impediría una distribución eficaz de las fuerzas romanas. Evidentemente, un grupo organizado de bárbaros podría asaltar el muro por algún punto determinado sin que las legiones fueran capaces de frenarlo. La derrota de estos posibles invasores debería realizarse ya sobre suelo romano. Por eso, al sur del muro se mantuvieron los grandes fuertes para las legiones y las unidades auxiliares, que debían proporcionar la necesaria defensa en profundidad. Por otra parte, no debe olvidarse que el muro estaba sembrado de puertas.

Cada milla (unos 1.500 metros) se había construido una puerta, con lo que la estructura presentaba numerosos puntos débiles.

Sólo una fuente antigua habla explícitamente del muro. La biografía de Adriano en la Historia augusta informa del propósito imperial: «Fue el primero que trazó un muro, de ochenta mil pasos, para separar a los bárbaros de los romanos». Este pasaje proporciona la clave para entenderlo. Aunque construido por las legiones y vigilado por tropas auxiliares, el valor del muro estaba en su capacidad de regular los límites de la vida civilizada, de canalizar los intercambios entre el suelo romano y el bárbaro. Cuando las gentes del norte quisieran comerciar en tierras romanas, las puertas del muro se abrirían tras los necesarios controles de seguridad y tras haber pagado los portoria, los impuestos a la importación. Otro tanto ocurría con los mercaderes romanos que quisieran vender sus productos en territorios no ocupados. Además, las patrullas romanas que continuaron recorriendo las tierras al norte del muro tenían en él el soporte logístico y operativo para realizar sus tareas con seguridad.

Y así, el muro se convirtió en una frontera abierta, pero bien controlada, que habría de permitir no sólo la consolidación de la vida civilizada en las tierras del sur, sino una relación pacífica y ordenada con los bárbaros del norte.

Antonino erige otro muro

En el año 142, cuatro años después de la muerte de Adriano, su sucesor, Antonino Pío, ordenó el inicio de la construcción de un segundo muro entre el estuario del río Forth, al este, y el fiordo del Clyde, en la costa occidental. No eran desconocidas estas tierras para los romanos, que a las órdenes de Julio Agrícola ya las habían alcanzado en el siglo I. Por muy paradójico que sea, la construcción de este segundo muro, 140 kilómetros al norte del primero, era el reconocimiento del éxito del muro de Adriano. La obra de este emperador se había concebido como un instrumento de regulación de la frontera y las consecuencias habían sido absolutamente positivas. No sólo se había protegido el proceso de romanización de los pueblos al sur del muro, sino que los vecinos del norte, los que vivían allende la muralla, habían recibido el beneficioso efecto de la civilización romana. Gracias a esto, Antonino Pío los pudo incorporar sin peligro a los dominios imperiales, aunque por lo demás  siguió fielmente el precepto de Adriano de no acrecentar los dominios de Roma.

Pero este éxito sólo fue el preludio de mayores tormentas. Las tribus que habitaban las tierras de Escocia no pudieron ser tan fácilmente atraídas a la civilización. Tras la muerte del emperador, en el año 161, y como consecuencia de la presión bárbara, el muro de Antonino fue abandonado y la frontera volvió a instalarse en la antigua muralla de Adriano. Su destino era el de convertirse en baluarte del Imperio.

Para saber más

Adriano, la biografía del emperador que cambió el curso de la historia. A. R. Birley. Gredos, Madrid, 2010.
El muro de Adriano. N. Fields. Osprey-RBA, Barcelona, 2009.

17 agosto 2015 at 5:45 pm Deja un comentario

Trajano, el emperador español que recuperó la perversión sexual más execrable de los griegos

Nacido cerca de la actual ciudad de Sevilla, Marco Ulpio Trajano estaba considerado el ejemplo de emperador óptimo, solo por detrás de César Augusto. Su enorme popularidad no se vio afectada ni siquiera por su atracción sexual por los niños

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Arco de Trajano en Benevento, el emperador aparece representado a la derecha / ABC

Fuente: CÉSAR CERVERA > MADRID  |  ABC         24/07/2015

Frente a la sucesión interminable de emperadores incompetentes e incluso dementes, se hizo costumbre desear con la muerte de cada princeps la llegada de un sucesor que fuera «mejor» (melior) que Marco Ulpio Trajano, como sinónimo de un dirigente digno de admiración, «el Optimus Princeps». Según la costumbre popular solo el primero, César Augusto, había sido mejor que el español Trajano, nacido en la ciudad romana de Itálica (junto a la actual Sevilla), al que incluso se le perdonó su censurable inclinación sexual por niños y adolescentes. Trajano fue el último gran conquistador romano, y el primer emperador nacido en Hispania.

Hispania (nombre del que deriva la palabra moderna España, aunque entonces solo fuera una designación geográfica) fue pionera en muchas cuestiones dentro de la República Romana y después en el Imperio. «Tú, Francia, fuiste sujeta por Césare, antes de tres años, Hispania lo fue por Catones, Escipiones, Sertorios, Pompeyos y Césares no antes de 200», recordó el escritor Juan Pablo Mártir como síntesis del paso de Roma por la Península Ibérica, en el contexto de un enfrentamiento dialéctico con Francia en 1626. Hispania fue uno de los primeros territorios de ultramar en los que Roma puso sus ojos, pero uno de los que más tiempo tardó en someter completamente. Fue, además, el lugar de nacimiento del primer cónsul nacido fuera de Italia, el gaditano Lucio Cornelio Balbo –amigo personal del emperador Augusto–, y de tres emperadores. Salvo Claudio, que nació de forma casual en la provincia de la Galia, ningún emperador había alcanzado la cabeza de Roma habiendo nacido fuera de Italia hasta la llegada de Trajano.

El general más destacado, convertido en emperador

El primero de ellos, Marco Ulpio Trajano, nació y se educó en la ciudad Itálica. Su familia decía descender de alguno de los soldados originarios de Roma que formaron esta colonia española establecida por Escipión «El Africano» después de su victoria en Ilipa, en el 206 a.C. Recientemente varias investigaciones han apuntado, no en vano, que los antepasados de la familia eran nativos de Hispania, siendo Trajano el Viejo en realidad un Traius adoptado por la familia de los Ulpii. La cuestión no tiene mayor importancia: si la aristocracia local ocupaba magistraturas públicas tenía derecho a la ciudadanía romana plena, y, en caso de contar con las riquezas necesarias, accedía a una plaza en el Senado Romano. El padre de Trajano siguió una carrera senatorial bastante destacada e incluso fue cónsul y legatus Augusti durante una campaña en Siria. El joven Trajano, que recibió una educación típicamente romana y sobresalió en los ejercicios físicos desde muy joven, acompañó a su padre como tribuno senatorial de una de las legiones destinadas en Siria. Trajano mostró gran disposición por la vida militar y alargó su servició por más tiempo de lo que era habitual entre los senadores.

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Ilustración moderna del Foro de Trajano y la Columna del mismo nombre / ABC

«A lo largo de diez campañas, conociste las costumbres de las naciones, la situación de los países, las ventajas de los lugares, te avezaste a soportar el diverso temperamento de las aguas y del cielo como las fuentes de la patria en el cielo patria. ¡Cuantas veces cambiaste los caballos, cambiaste las armas, ya fuera de uso!», recoge un relato de la época sobre la actividad militar de Trajano. Así, en el momento del asesinato del emperador Domiciano y el posterior ascenso de Nerva, el general romano ya era ampliamente respetado como uno de los hombres más dotados en lo militar de todo el Imperio romano. Frente a la presión pretoriana para que los asesinos de Domiciano fueran castigados, Nerva adoptó a Trajano en el 97 d.C, nombrándole su heredero, como concesión al pueblo y al ejército. La adopción de personas ajenas a la familia imperial era una constante en Roma, donde no era tan importante mantener la sangre como preservar el nombre de la familia. Un año después de la adopción, Nerva falleció y Trajano se convirtió en emperador.

Como intrépido militar, el emperador Trajano sondeó las posibilidades para iniciar con su reinado alguna campaña militar de renombre y puso sus ojos en Dacia, una área que corresponde aproximadamente con la actual Transilvania. Tras el agresivo reinado del líder local Decebalo, que había realizado importantes incursiones al otro lado del Danubio e infringido serias derrotas a los romanos, Domiciano solo pudo arrancar un tratado insatisfactorio, donde Roma pagaba una indemnización anual a este rey a cambio de no proseguir con los saqueos. En la concepción romana aquello era un grave agravio, dado que solo los tratados dictados con la derrota total del enemigo eran aceptables, pero el precario régimen de Domiciano se conformó por el momento con esta solución temporal. En tanto, Trajano no estaba dispuesto a tolerarlo y en el 101 d.C. desencadenó una invasión sobre Dacia que resultó un éxito. El hecho de que Trajano escribiera al final del conflicto unos «Comentarios», como hiciera Julio César en la guerra de la Galia, y de que los relieves en torno a la columna levantada para conmemorar el triunfo, la Columna Trajana, narren episodios de la campaña hacen que la invasión de Dacia sea especialmente conocida incluso hoy.

Trajano conquistó Dacia completamente en el año 106, enfrentándose en persona a los temidos guerreros dacios, que si no caían en la batalla se suicidaban por su dios Zalmoxis antes que rendirse. Los romanos tomaron la capital dacia, Sarmizegetusa, y la destruyeron. Decébalo se suicidó, y su cabeza cortada fue exhibida en Roma en los escalones que llevaban al Capitolio. Pese a que no era su intención inicial, el emperador español colonizó Dacia y la anexionó al imperio como una nueva provincia. Las campañas dacias de Trajano, además, beneficiaron las finanzas del Imperio a través de la adquisición de las importantes minas de oro de Dacia. Un año después, Trajano extendió todavía más las fronteras de Roma cuando el fallecimiento del rey Rabbel II Sóter sirvió en bandeja la anexión del reino nabateo, un territorio situado al Sur y al Este de Palestina.

Los vicios de un emperador «optimus»

Las victorias de Trajano, que pasó la mayor parte de su vida en el ejército, fueron celebradas con un amplio programa de construcciones, del que el complejo del Foro constituyó solo una ínfima parte. Nadie salvo Augusto gozó de un gobierno con la popularidad tan elevada como el hispano, al que incluso se le perdonó sus vicios: era propenso a sentir una desmesurada pasión por los niños y los adolescentes. El historiador de origen griego Dión Casio apunta en sus textos que Trajano bebía mucho y que tenía debilidad por los muchachos como hicieran los antiguos griegos: «Sé, por supuesto, que se dedicaba a los chicos y al vino, pero si él cometió o soportó algún acto abyecto o infame como resultado de esto, habría incurrido en censura; en cambio, bebió todo el vino que quiso, pero permanecía sobrio, y en relación con los chicos no hirió a nadie».

Busto de Trajano GLIPTOTECA DE MÚNICH

Busto de Trajano GLIPTOTECA DE MÚNICH

Rara vez esta perversión de su vida privada influyó en su buen gobierno, pero Dion cita al menos una ocasión en que ocurrió así, que, por aprecio al hermoso hijo de un dirigente, favoreció al rey de Edesa: «En esta ocasión, sin embargo, Abgaro, inducido en parte por la persuasión de su hijo Arbandes, que era hermoso y en plena y orgullosa juventud y por lo gozando del favor de Trajano, y en parte por miedo de la presencia de este último, lo encontró en el camino, se excusó con él y obtuvo el perdón, pues tenía un poderoso intercesor en el chico».

Sin alcanzar lo que los romanos consideraban una conducta excesiva o malintencionada, la vida privada de Trajano –que no llegó a tener hijos con su única esposa, Pompeya Plotina– nunca afectó a su fama de hombre sensato. Después de un período de relativa paz dentro del Imperio, lanzó una campaña final en 113 contra Partia, llegando hasta la ciudad de Susa en el 116, y alcanzando con ello la máxima expansión del Imperio romano en toda su historia. En un intento por emular las grandes conquistas de Alejandro Magno en Oriente, Trajano avanzó por las entrañas del continente sin cuidarse en asegurar plenamente sus conquistas recientes. En el año 116, estalló una rebelión entre la comunidad judía de Egipto y otras provincias que le obligó a volver sobre sus pasos. Durante el asedio a la ciudad de Hatra, en el desierto de Arabia, Trajano estuvo a punto de ser alcanzado por un proyectil que mató a uno de sus guardaespaldas mientras cabalgaba cerca de las murallas enemigas. Aunque el emperador se cuidaba de no llamar la atención con la vestimenta sobre su rango, su avanzada edad, 60 años, y su porte altivo denotaban al enemigo su importancia. Sin agua ni provisiones, los ejércitos romanos abandonaron el asedio y se retiraron a preparar nuevas operaciones. En la retirada, lo que no pudo la guerra lo deshizo la salud.

Antinoo-escultura

Busto de Antínoo de la Villa Adriana, en Tívoli / MUSEO DEL LOUVRE

La muerte alcanzó a Trajano en medio de la campaña en Oriente, cuando se vio afectado por un ataque de apoplegía. Le sucedió como emperador su primo Adriano, otro español, cuyo acento provinciano fue motivo de burla entre los senadores, pero que también fue considerado un buen emperador. Amante de la cultura y tradición griega, una de sus contribuciones más curiosas fue la introducción de la barba en la sociedad romana, lo cual evidenciaba su filohelenismo ya lejanamente presente en Trajano. Con la excepción de Nerón –otro amante de la cultura helena–, todos sus antecesores se habían afeitado cuidadosamente, pero a raíz del mandato de Adriano se puso de moda en las siguientes generaciones la costumbre griega. Al igual que Trajano, Adriano también mostró inclinación sexual por menores, siendo recordado sobre todo por su enfermiza obsesión por Antínoo, un joven que conoció cuando éste tenía 13 años y al que ordenó divinizar tras su prematura muerte. En su caso, se estimó que su orientación sexual derivaba de su devoción por la cultura helena, donde la pedofilia y la homosexualidad habían formado parte en el pasado de la introducción de los jóvenes a la vida adulta en muchas ciudades-estado griegos.

24 julio 2015 at 9:10 am Deja un comentario

Coliseo, reconstruido el “montacargas” de Domiciano. Así entraban las fieras a la arena

coliseo-montacargas

Fuente: Il Fatto Quotidiano   05/06/2015
Fotos: Huffington Post

Reconstruido un sofisticado mecanismo de poleas y tornos que hace emerger una jaula desde los subterráneos hasta la luz de la arena del Coliseo. Los ingenieros Umberto Baruffaldi y Heinz Beste han trabajado en el prototipo durante 15 meses bajo la supervisión de la Superintendencia, haciendo revivir uno de los 28 montacargas que en la época del emperador Domiciano aseguraban la elevación de las bestias desde los subterráneos para ofrecer el espectáculo en el anfiteatro del Imperio Romano.

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6 junio 2015 at 10:55 pm Deja un comentario

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