Posts tagged ‘Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya’

Las maderas del Pecio Bou Ferrer viajan de La Vila a Barcelona para restaurarlas

El centro catalán acogió a la restauradora de Vilamuseu para formarse en tratamientos especializados de piezas arqueológicas subacuáticas

Fuente: A. Vicente Información
2 de mayo de 2018

Las maderas del Pecio Bou Ferrer, el barco localizado en aguas de La Vila Joiosa, han viajado a Barcelona para su restauración. El Centre d´Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC) ofreció al proyecto vilero realizar desinteresadamente los complejos tratamientos de los objetos y muestras de madera romana extraídos del pecio, y desde entonces Vilamuseu ha mantenido continuos contactos para tramitar la autorización de la Generalitat Valenciana y el traslado a Gerona, donde se encuentra la sede del Centro.

Los objetos fueron trasladados al CASC por la restauradora de Vilamuseu, Mª José Velázquez, que fue invitada a hacer una estancia para profundizar en su formación en tratamientos de piezas de origen subacuático, en uno de los principales centros de referencia en la materia en España.

Los procesos que se están realizando son: identificar el estado de conservación de las maderas, su congelado y liofilizado, y los baños en polietileno-glicol (PEG), que son los que permitirán que se conserven las maderas a largo plazo. Todo este proceso es para sustituir de una manera no agresiva el agua marina que tras 2000 años ha rellenado las células de la madera por un producto químico que les devuelva su resistencia. Si no se realizan estos procesos, la madera se acabaría deshaciendo si se sacara del agua en la que se han conservado hasta ahora en el fondo del mar, en Vilamuseu y durante su traslado a Gerona.

La concentración de PEG se va aumentando paulatinamente y se van haciendo mediciones y controles hasta que la pieza esté consolidada. La restauradora de Vilamuseu también ha participado en tratamientos específicos de restauración, limpiezas y reintegraciones de partes faltantes, todo ello con materiales y técnicas diferentes a las que se aplican a las piezas procedentes de las excavaciones de yacimientos en tierra. Igualmente ha participado en trabajos de restauración de hierro subacuático y en el manejo de diferentes aparatos de medición y tratamiento de diferentes tipos de piezas, lo que después será de la mayor importancia de cara a tratamientos de piezas procedentes del pecio Bou Ferrer y otros yacimientos subacuáticos en Vilamuseu.

El CASC participa muy activamente desde la campaña de 2017 en el proyecto Bou Ferrer, lo que supone una ayuda de valor incalculable para el proyecto. Además de aportar el barco científico Thetis con su equipo humano, también continua con esta intensa colaboración en los procesos de conservación e investigación durante el resto del año.

 

2 mayo 2018 at 6:09 pm Deja un comentario

Las ánforas del barco hundido en las Illes Formigues llevaban salsa de pescado

Los restos de resina, polen y espinar permitirán realizar un estudio pionero a nivel internacional sobre la receta

Arqueólogos vaciando el contenido de una de las ánforas romanas (ACN / Xavier Pi)

Fuente: ACN – Girona  |  LA VANGUARDIA
16 de abril de 2018

Los arqueólogos han vaciado ánforas de hace 2.000 años procedentes del barco romano hundido junto a las Illes Formigues y han confirmado que llevaban salsa de pescado. Se han pasado dos milenios a más de 45 metros de profundidad, pero hace pocos meses volvieron a la superficie. Formaban parte de la carga del barco romano que a principios del siglo I d.C. se hundió en el litoral del Baix Empordà.

Un derelicto que los arqueólogos descubrieron en 2016 y que ya se ha empezado a excavar en profundidad. De momento, quitando parte de la arena que recubre el yacimiento, ya se han contabilizado 135 ánforas. Y de éstas, durante la última campaña los arqueólogos extrajeron tres. Se habían desprendido de la estiba del barco y, a diferencia del resto de ánforas que todavía descansan bajo el mar, no había riesgo de que se rompieran en el momento de cogerlas.

Las ánforas se han desalinizado tras ser sacadas del fondo del mar (ACN / Xavier Pi)

Pese a que estas tres ánforas habían perdido el tapón (en el yacimiento, muchas lo conservan) los arqueólogos las han vaciado para intentar encontrar restos de su contenido. Y después de retirar los sedimentos acumulados en el interior durante siglos, las ánforas han revelado parte de los secretos de la nave. Y a partir de ahora, también se espera que lo hagan de la cultura culinaria de los romanos.

En su fondo, los arqueólogos han encontrado partes de la resina que se usaba para impermeabilizar las ánforas. Pero también escamas y trozos de espinas, que han permitido descubrir con certidumbre qué transportaba el barco hundido en las Formigues. “Hasta ahora teníamos dos hipótesis: o llevaba salsa de pescado o salazones”, concreta añade el responsable del Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC), el arqueólogo Gustau Vivar. “Pero por la clase y el tamaño de los restos, es decir más bien partes de distintos pescados, ahora ya podemos concluir que llevaba un cargamento de salsa”, añade Gustau Vivar.

Pionero e internacional

Ahora, las tres ánforas descansarán en las estanterías del almacén del CASC, junto con los centenares de restos procedentes de los yacimientos submarinos que hay en el litoral catalán. Pero las muestras que se han extraído de su contenido viajarán hasta laboratorios de Francia y Noruega. Formarán parte de un estudio pionero a nivel internacional que intentará descubrir qué contenía la salsa de pescado que elaboraban los romanos.

También conocido como garum, este condimento se elaboraba con distintas clases de pescado, que se troceaban y se ponían a macerar durante un año a sol y serena. Ahora, a través del microscopio, se mirarán los restos de polen y de ADN que contenían las ánforas para ver qué plantas y pescados se ponían en la salsa.

El sedimento en el fondo de una de las ánforas (ACN / Xavier Pi)

Por eso, dos arqueólogos expertos en palinología (el análisis del polen) se han desplazado hasta la sede del CASC en Girona para extraer las muestras que se enviarán a los laboratorios. “Esta es la primera vez que hacemos un estudio polínico sobre estas salsas romanad”, concreta Anna Ejarque, que trabaja en el laboratorio Geolab que el Centro Nacional de Investigación Científica francés, en CNRS, tiene en Clermont-Ferrand.

Como el polen se conserva durante milenios, Ejarque concreta que podrán determinar qué plantas se usaban para elaborar el garum. “Eso sí, siempre que sean partes en florescencia; por ejemplo, si se ha usado romero para aromatizar la salsa, encontraremos su polen en una proporción muy alta”, concreta la palinóloga.

Además, según explica Santi Riera, palinólogo y profesor de Arqueología de la Universitat de Barcelona (UB), también habrá muestras vegetales que, junto con las escamas y restos de espinas se enviarán a analizar a Noruega. Allí se mirará si se ha conservado el ADN, lo que permitirá determinar qué plantas y qué pescados usaban los romanos para elaborar la salsa.

Una de las muestras extraídas de las ánforas (ACN / Xavier Pi)

En paralelo, los palinólogos también estudiarán la resina que se ha conservado en el fondo y parte de la pared de las paredes de las ánforas (y que se usaba para impermeabilizarlas). El objetivo, en este caso, es ver de qué árbol se extraía.

“Por lo que hemos leído, se ve que para trasportar vino la resina de pino de alta montaña era muy apreciada, pero también sabemos que se extraía del roble”, concreta Ejarque. “El uso de la resina en el mundo antiguo es muy desconocido, y ahora podremos analizar de dónde procedía la que llevaban las ánforas del barco localizando en las Formigues”, añade la palinóloga. “Una de las cosas buenas que tendrá este estudio es que puede servir para aportar información novedosa y descubrir incógnitas”, concluye.

Una arqueóloga rasca restos de resina de una de las ánforas (ACN / Xavier Pi)

 

17 abril 2018 at 1:43 pm Deja un comentario

Hallazgos submarinos excepcionales

El CASC ha dado a conocer los resultados de las excavaciones que ha realizado a lo largo de 2014 frente a la costa catalana

Cala-Aiguablava

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

El pasado 6 de febrero, el Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC) presentó los resultados de las excavaciones realizadas a lo largo de 2014 frente a la costa catalana, principalmente en aguas de Begur y del Port de la Selva (Girona), pero también en Deltebre (Tarragona). Los resultados indican que la cala de Aiguablava, en el municipio de Begur, fue un puerto natural de gran importancia, un rincón protegido de los vientos que fue utilizado ininterrumpidamente desde el siglo III a.C. hasta tiempos presentes. Más al norte, cerca del Port de la Selva, se ha explorado un barco de construcción ibérica que naufragó a finales del siglo I a.C., más conocido como el Cap del Vol. Otras intervenciones arqueológicas se han realizado en un barco hundido en 1813 en Deltebre.

ánforas-Aiguablava

La cala de Aiguablava fue un refugio para aquellos barcos que cruzaron el cabo de Begur en su travesía hacia los puertos de Ampurias o de Narbona. En las profundidades se han localizado los restos de tres barcos de época romana, de entre finales del siglo II y finales del siglo I a.C. Los arqueólogos han rescatado ánforas procedentes de Italia, ánforas de vino de la costa catalana, ánforas de la Bética para conservar aceite y salazones, clavos de hierro, un escandallo de plomo para reconocer la calidad del fondo, utensilios de cocina de la tripulación, un cesto en un estado de conservación excepcional que servía para achicar el agua y un dupondio con la cabeza laureada de Marco Aurelio, entre otras cosas. Cabe destacar una inscripción en latín sobre un ánfora (oleum dulce) que ha permitido identificar su antiguo contenido, un tipo de aceite que servía para cocinar. También se han encontrado los restos de una magnífica copa de vidrio, de alrededor del siglo III, con motivos serpenteantes. En las últimas excavaciones se ha constatado la existencia de un barco moderno, de los siglos XVIII o XIX, y puede que la posible existencia de un barco medieval.

copa-Aiguablava

La excavación del Cap del Vol ha sido tremendamente fructífera, pues se ha hallado la quilla completa, además de 45 cuadernas, un fragmento del mástil y partes de los dos timones laterales de popa y los mangos con los que se controlaban, unas piezas prácticamente inéditas en todo el Mediterráneo. El estudio de este pecio ha sacado a la luz las técnicas de construcción naval de los iberos. Los restos han sido enterrados in situ para que se conserven, como mínimo, durante 2.000 años más.

Por último, el barco hundido en 1813 en Deltebre ha proporcionado un material excepcional. Se han recuperado herraduras y otros objetos propios de los caballos o mulas que fueron utlizados para tirar de los cañones. Entre las piezas más destacadas o curiosas hay que destacar un conjunto formado por un tintero y una pluma de campaña, una escalera de mano para subir a la bodega y, sobre todo, la campana de bronce del barco.

9 febrero 2015 at 10:04 pm 2 comentarios

«Cap del Vol», un naufragio revelador

El barco conocido como «Cap del Vol» nunca llegó a puerto, pero siglos después sus restos han aportado información muy valiosa sobre la navegabilidad y sobre las rutas comerciales que predominaron en la época

Por Alec Forssmann  |  NATIONAL GEOGRAPHIC

cap_del_vol

Alrededor de la última década del siglo I a.C., durante el reinado de Augusto, una embarcación construida probablemente con la técnica de los iberos recibió una carga de unas 200 ánforas en Baetulo, la actual Badalona. Las ánforas habían sido producidas en una alfarería de la misma Baetulo y contenían miles de litros de vino de la zona. El barco, de una sola vela y de poco calado, había sido concebido para la navegación de cabotaje, es decir, para transportar un cargamento a lo largo de la costa, sin adentrarse en aguas profundas pero expuesto a los escollos y a las terribles acometidas laterales de las olas y el viento. Probablemente puso rumbo a Narbona, al sureste de Francia, desde donde se redistribuiría la mercancía, pero nunca llegó a puerto. La fuerte corriente causada por un temporal debió impedir el avance de la nave y los marineros echaron el ancla para no estrellarse contra las rocas, pero el agua penetró en el interior del barco y se hundió lentamente. Durante más de 2.000 años ha permanecido encallado en el fondo arenoso, a unos 25 metros de profundidad y cerca del Port de la Selva, en la provincia de Girona.

Ésta es la reconstrucción histórica que proponen Gustau Vivar, director del Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC), y su equipo, Rut Geli y Carlos de Juan, quienes desde 2011 investigan el Cap del Vol, que así es como se llama el pecio. «El yacimiento sufrió un expolio masivo en los años sesenta. Se llevaron casi todas las ánforas y rompieron muchísimas de ellas. Este año hemos encontrado las dos únicas que se conservan enteras», explica Vivar a Historia National Geographic. En cambio, los restos del barco se han mantenido enterrados bajo una capa de arena de unos sesenta centímetros. «El barco se llenó de agua y se sumergió completamente. De esta forma se ha conservado perfectamente el casco, sin fisuras ni roturas», observa Vivar.

Entre 1978 y 1980 se llevaron a cabo las primeras exploraciones. Los arqueólogos hallaron, entre otras cosas, una espléndida moneda ibera del siglo II a.C., procedente de Arse o de Bolskan, las actuales Sagunto y Huesca. En ella aparece la típica efigie de un caballero enristrando una lanza. «Se trata de una moneda apotropaica, que fue colocada en un hueco en la base del mástil para atraer la buena suerte», comenta Vivar. En 2011, los arqueólogos del CASC localizaron de nuevo el pecio y valoraron su estado de conservación. El proyecto de excavación comenzó un año después y ha finalizado recientemente. Durante unas campañas sumamente fructíferas han hallado la quilla completa, 45 cuadernas, un fragmento del mástil y partes de los dos timones laterales de popa y los mangos con los que se controlaban, unas piezas prácticamente inéditas en todo el Mediterráneo. También se recuperó el ancla de hierro y los utensilios de cocina de la tripulación, sobre todo recipientes.

«El barco medía unos quince metros de eslora y cuatro metros de manga. Creemos que se trata de una construcción ibera por la forma de la quilla, totalmente plana, y por los sistemas de unión de las diferentes piezas del barco, principalmente las cuadernas, que estaban unidas de forma interna», sostiene Vivar. «Hemos descubierto que los iberos tenían sus propios conocimientos sobre la construcción de barcos. En el siglo I a.C., la cultura ibera prácticamente se había esfumado, pero no su legado. El Cap del Vol puede que fuera uno de los últimos barcos iberos», añade. El estudio de este pecio aportará informacion muy relevante sobre la navegabilidad de estas naves y sobre las rutas comerciales que predominaron en la época. «Hemos dejado la mayor parte del pecio tal y como la encontramos, con el convencimiento de que si ha aguantado 2.000 años en el lecho marino, aguantará como mínimo otros 2.000 años más», concluye.

11 octubre 2014 at 9:29 am 2 comentarios


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