Posts tagged ‘CASC’

Las maderas del Pecio Bou Ferrer viajan de La Vila a Barcelona para restaurarlas

El centro catalán acogió a la restauradora de Vilamuseu para formarse en tratamientos especializados de piezas arqueológicas subacuáticas

Fuente: A. Vicente Información
2 de mayo de 2018

Las maderas del Pecio Bou Ferrer, el barco localizado en aguas de La Vila Joiosa, han viajado a Barcelona para su restauración. El Centre d´Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC) ofreció al proyecto vilero realizar desinteresadamente los complejos tratamientos de los objetos y muestras de madera romana extraídos del pecio, y desde entonces Vilamuseu ha mantenido continuos contactos para tramitar la autorización de la Generalitat Valenciana y el traslado a Gerona, donde se encuentra la sede del Centro.

Los objetos fueron trasladados al CASC por la restauradora de Vilamuseu, Mª José Velázquez, que fue invitada a hacer una estancia para profundizar en su formación en tratamientos de piezas de origen subacuático, en uno de los principales centros de referencia en la materia en España.

Los procesos que se están realizando son: identificar el estado de conservación de las maderas, su congelado y liofilizado, y los baños en polietileno-glicol (PEG), que son los que permitirán que se conserven las maderas a largo plazo. Todo este proceso es para sustituir de una manera no agresiva el agua marina que tras 2000 años ha rellenado las células de la madera por un producto químico que les devuelva su resistencia. Si no se realizan estos procesos, la madera se acabaría deshaciendo si se sacara del agua en la que se han conservado hasta ahora en el fondo del mar, en Vilamuseu y durante su traslado a Gerona.

La concentración de PEG se va aumentando paulatinamente y se van haciendo mediciones y controles hasta que la pieza esté consolidada. La restauradora de Vilamuseu también ha participado en tratamientos específicos de restauración, limpiezas y reintegraciones de partes faltantes, todo ello con materiales y técnicas diferentes a las que se aplican a las piezas procedentes de las excavaciones de yacimientos en tierra. Igualmente ha participado en trabajos de restauración de hierro subacuático y en el manejo de diferentes aparatos de medición y tratamiento de diferentes tipos de piezas, lo que después será de la mayor importancia de cara a tratamientos de piezas procedentes del pecio Bou Ferrer y otros yacimientos subacuáticos en Vilamuseu.

El CASC participa muy activamente desde la campaña de 2017 en el proyecto Bou Ferrer, lo que supone una ayuda de valor incalculable para el proyecto. Además de aportar el barco científico Thetis con su equipo humano, también continua con esta intensa colaboración en los procesos de conservación e investigación durante el resto del año.

 

2 mayo 2018 at 6:09 pm Deja un comentario

Las ánforas del barco hundido en las Illes Formigues llevaban salsa de pescado

Los restos de resina, polen y espinar permitirán realizar un estudio pionero a nivel internacional sobre la receta

Arqueólogos vaciando el contenido de una de las ánforas romanas (ACN / Xavier Pi)

Fuente: ACN – Girona  |  LA VANGUARDIA
16 de abril de 2018

Los arqueólogos han vaciado ánforas de hace 2.000 años procedentes del barco romano hundido junto a las Illes Formigues y han confirmado que llevaban salsa de pescado. Se han pasado dos milenios a más de 45 metros de profundidad, pero hace pocos meses volvieron a la superficie. Formaban parte de la carga del barco romano que a principios del siglo I d.C. se hundió en el litoral del Baix Empordà.

Un derelicto que los arqueólogos descubrieron en 2016 y que ya se ha empezado a excavar en profundidad. De momento, quitando parte de la arena que recubre el yacimiento, ya se han contabilizado 135 ánforas. Y de éstas, durante la última campaña los arqueólogos extrajeron tres. Se habían desprendido de la estiba del barco y, a diferencia del resto de ánforas que todavía descansan bajo el mar, no había riesgo de que se rompieran en el momento de cogerlas.

Las ánforas se han desalinizado tras ser sacadas del fondo del mar (ACN / Xavier Pi)

Pese a que estas tres ánforas habían perdido el tapón (en el yacimiento, muchas lo conservan) los arqueólogos las han vaciado para intentar encontrar restos de su contenido. Y después de retirar los sedimentos acumulados en el interior durante siglos, las ánforas han revelado parte de los secretos de la nave. Y a partir de ahora, también se espera que lo hagan de la cultura culinaria de los romanos.

En su fondo, los arqueólogos han encontrado partes de la resina que se usaba para impermeabilizar las ánforas. Pero también escamas y trozos de espinas, que han permitido descubrir con certidumbre qué transportaba el barco hundido en las Formigues. “Hasta ahora teníamos dos hipótesis: o llevaba salsa de pescado o salazones”, concreta añade el responsable del Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC), el arqueólogo Gustau Vivar. “Pero por la clase y el tamaño de los restos, es decir más bien partes de distintos pescados, ahora ya podemos concluir que llevaba un cargamento de salsa”, añade Gustau Vivar.

Pionero e internacional

Ahora, las tres ánforas descansarán en las estanterías del almacén del CASC, junto con los centenares de restos procedentes de los yacimientos submarinos que hay en el litoral catalán. Pero las muestras que se han extraído de su contenido viajarán hasta laboratorios de Francia y Noruega. Formarán parte de un estudio pionero a nivel internacional que intentará descubrir qué contenía la salsa de pescado que elaboraban los romanos.

También conocido como garum, este condimento se elaboraba con distintas clases de pescado, que se troceaban y se ponían a macerar durante un año a sol y serena. Ahora, a través del microscopio, se mirarán los restos de polen y de ADN que contenían las ánforas para ver qué plantas y pescados se ponían en la salsa.

El sedimento en el fondo de una de las ánforas (ACN / Xavier Pi)

Por eso, dos arqueólogos expertos en palinología (el análisis del polen) se han desplazado hasta la sede del CASC en Girona para extraer las muestras que se enviarán a los laboratorios. “Esta es la primera vez que hacemos un estudio polínico sobre estas salsas romanad”, concreta Anna Ejarque, que trabaja en el laboratorio Geolab que el Centro Nacional de Investigación Científica francés, en CNRS, tiene en Clermont-Ferrand.

Como el polen se conserva durante milenios, Ejarque concreta que podrán determinar qué plantas se usaban para elaborar el garum. “Eso sí, siempre que sean partes en florescencia; por ejemplo, si se ha usado romero para aromatizar la salsa, encontraremos su polen en una proporción muy alta”, concreta la palinóloga.

Además, según explica Santi Riera, palinólogo y profesor de Arqueología de la Universitat de Barcelona (UB), también habrá muestras vegetales que, junto con las escamas y restos de espinas se enviarán a analizar a Noruega. Allí se mirará si se ha conservado el ADN, lo que permitirá determinar qué plantas y qué pescados usaban los romanos para elaborar la salsa.

Una de las muestras extraídas de las ánforas (ACN / Xavier Pi)

En paralelo, los palinólogos también estudiarán la resina que se ha conservado en el fondo y parte de la pared de las paredes de las ánforas (y que se usaba para impermeabilizarlas). El objetivo, en este caso, es ver de qué árbol se extraía.

“Por lo que hemos leído, se ve que para trasportar vino la resina de pino de alta montaña era muy apreciada, pero también sabemos que se extraía del roble”, concreta Ejarque. “El uso de la resina en el mundo antiguo es muy desconocido, y ahora podremos analizar de dónde procedía la que llevaban las ánforas del barco localizando en las Formigues”, añade la palinóloga. “Una de las cosas buenas que tendrá este estudio es que puede servir para aportar información novedosa y descubrir incógnitas”, concluye.

Una arqueóloga rasca restos de resina de una de las ánforas (ACN / Xavier Pi)

 

17 abril 2018 at 1:43 pm Deja un comentario

El barco romano hallado cerca de las islas Formigues conserva parte de la madera del casco

El hallazgo, pionero en el Baix Empordà, permitirá estudiar a fondo la arquitectura de la nave y abre nuevas hipótesis sobre el comercio marítimo

Un arqueólogo junto a algunas de las 135 ánforas descubiertas en el yacimiento ante las islas Formigues. Imagen cedida por el CASC

Fuente: El Periódico
20 de marzo de 2018

Los arqueólogos han descubierto que el barco romano hundido ante las islas Formigues conserva parte de la madera del casco. El hallazgo es pionero en el Baix Empordà, ya que los pecios localizados hasta ahora en la zona de Begur y Aiguablava solo conservaban la carga (es decir, las ánforas).

Los restos del barco, que posiblemente data de principios del siglo I dC, se encuentran a unos 45 metros de profundidad. Durante la última campaña, los arqueólogos han excavado parte de la carga y han podido documentar 135 ánforas. Se sabe que la nave tendría entre 10 y 15 metros de longitud y que se dedicaba a redistribuir mercancías por los pequeños puertos de la zona. Cuando se hundió, seguramente iba cargada con salsa de pescado o salazones. El responsable del Centro de Arqueología Subacuática (CASC), Gustau Vivar, asegura que haber encontrado madera conservada permitirá estudiar a fondo la arquitectura naval del barco y que el hallazgo abre nuevas hipótesis sobre el comercio marítimo de la época.

Algunas de les 135 ánforas que los arqueólogos han desenterrado del pecio que se descubrió ante las islas Formigues. Imagen cedida por el CASC

El pecio hundido cerca de las islas Formigues se descubrió a finales del 2016, durante la campaña que los arqueólogos del CASC y el submarino Ictíneo 3 hicieron conjuntamente en el litoral del Baix Empordà. El barco destaca por su buen estado de conservación (de hecho, en todo el Mediterráneo, hay pocos más como este). Ahora, el yacimiento ha comenzado a excavar en profundidad. Lo ha hecho un equipo especializado de ocho buceadores, que han bajado hasta profundidades de más de 45 metros.

Durante esta campaña, los arqueólogos han centrado en descubrir cuáles eran las medidas del barco. «Podría ser una gran nave de carga o bien una más pequeña, que se dedicara a redistribuir mercancía por los pequeños puertos de la zona», precisa Vivar. Por ello, a partir de allí donde creían que se encontraba la parte central del barco, han comenzado a retirar la arena que cubría las ánforas. El resto del pecio se irá limpiando de arena, y documentando, en próximos años. «Que la madera se conserve es muy difícil, porque a menudo los pecios aparecen junto a la costa, es decir, son barcos que chocaron contra los arrecifes, se reventaron y sólo se conserva parte del cargamento de ánforas que transportaban «, concreta Vivar.

 

20 marzo 2018 at 3:04 pm Deja un comentario

Datan el naufragio del pecio Bou Ferrer en el último periodo del mandato de Nerón

Las excavaciones realizadas este verano en el yacimiento subacuático del pecio Bou Ferrer, en aguas de La Vila Joiosa (Alicante), han permitido situar la fecha del naufragio de la nave entre los años 64 y 68 de nuestra era, durante el último periodo del mandato de Nerón.

Foto: EFE

Fuente: EFE  |  ABC
15 de septiembre de 2017

Una fecha que se certifica con el hallazgo de dos monedas, un sextercio y un dupondio, ambas del citado emperador.

El director científico de las excavaciones, Carles de Juan, ha explicado hoy que la datación se establece en esos años porque «las monedas de Nerón se retiraron muy rápidamente tras su muerte».

En esta campaña de excavaciones ha participado el Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña (CASC), gracias a un acuerdo de colaboración con la Dirección General de Cultura de la Generalitat.

El CASC ha trabajado con la embarcación Tethis y un equipo «con los mejores arqueólogos subacuáticos del país», según De Juan.

Durante los trabajos también se ha descubierto un lingote de plomo con una marca que hacía referencia a un emperador de la dinastía Julia Claudia y una contramarca que aludía directamente a Nerón.

Se ha conocido que el buque transportaba un cargamento de plomo procedente de Sierra Morena y que había partido del puerto de Gades (Cádiz) hacia Roma.

El plomo iba a ser usado para la fabricación de las tuberías que transportaban el agua a las casas y villas romanas durante la reconstrucción de la ciudad tras el incendio que la asoló.

Además, se ha encontrado un resto de madera procedente de un costado del barco hasta la borda.

«Un hallazgo inaudito que supone el segundo caso documentado y que permitirá restituir la forma de la nave», ha indicado De Juan.

Estos descubrimientos han sido valorados por el director del Museo de Arqueología de Cataluña, Josep Manuel Rueda, que los ha calificado de «trascendentes».

Por su parte, la directora general de Cultura y Patrimonio de la Generalitat, Carmen Amoraga, que ha acudido a la presentación del balance de los descubrimientos de esta campaña de verano, ha considerado «cruciales» los trabajos efectuados.

Amoraga también ha destacado la «gran colaboración» entre todas las entidades y órganos que han tomado parte, así como la «rentabilidad temporal y profesional, porque se han cuadruplicado los turnos de buceo, el número de investigadores y el tiempo de campaña».

Estos hallazgos se añaden a lo que ya se conocía, que el barco transportaba también un gran número de ánforas llenas de una salsa de pescado muy apreciada en Roma.

El pecio Bou Ferrer está declarado Bien de Interés Cultural y este año la Unesco lo ha incorporado al Registro de Buenas Prácticas en Arqueología Submarina.

El yacimiento arqueológico subacuático Bou Ferrer está situado a 25 metros de profundidad y a mil metros de distancia de la costa de La Vila Joiosa.

 

15 septiembre 2017 at 5:40 pm Deja un comentario

Los arqueólogos reproducen en 3D el segundo barco íbero localizado en el Cap de Creus

  • Descubren por qué se hundió
  • La nave, que hacía entre 9 y 10 metros de eslora y llevaba un cargamento de más de 150 ánforas de vino, naufragó en el siglo I aC

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La imagen en 3D del yacimiento Cala Cativa I, que permite ver la extensión y los restos que se conservan. (ACN / CASC)

Fuente: LA VANGUARDIA
1 de enero de 2017

Antes de cubrir de arena sus restos para evitar expolios y dejarlos reposar en el fondo del mar, los arqueólogos han hecho cientos de fotografías del segundo barco íbero localizado en el Cap de Creus para reconstruir lo que queda de él en 3D. El resultado es una imagen interactiva que permite ver en detalle este yacimiento. La nave, del siglo I aC, que hacía entre 9 y 10 metros de eslora, naufragó tras chocar contra unos arrecifes.

A bordo iban dos tripulantes y llevaba un cargamento de entre 150 y 200 ánforas de vino. Este 2016, el Centro de Arqueología Subacuática de Catalunya (CASC) ha hecho la segunda y última campaña de excavación del pecio, bautizado como Cala Cativa I. Se han podido documentar 25 cuadernas ligadas con cuerdas, características de la técnica naval de los íberos.

El resultado de los trabajos arqueológicos se podrá ver en una exposición. Se inaugurará el 30 de marzo del próximo año, en la sede del Museo de Arqueología de Catalunya (MAC) de Barcelona. La muestra llevará por título Navegants d’Aiguamolls y versará sobre la arquitectura y la técnica naval de los íberos, aprendida a partir del estudio del Cap de Vol y el Cala Cativa I.

Del Cala Cativa I hacía más de 120 años que se conocía su existencia, pero las técnicas del siglo XIX no permitieron descubrir el tesoro que esconden los restos. Se trata de una técnica constructiva que se distancia de la de los romanos y que, como subraya el director del CASC, Gustau Vivar, “es claramente característica de los indígenas locales de la época”.

Las primeras ánforas, extraídas por coraleros

Quien descubrió el barco fue un prohombre del Port de la Selva, Romualdo Alfaràs, que en 1894 contrató unos coraleros de la zona y llegó a extraer un centenar de ánforas del fondo marino. Alfaràs las dio a un museo, pero cuando quiso sacar más a la superficie topó con los impedimentos del Estado.

Hace cinco años, el CASC hizo una primera inspección en esta parte del subsuelo marino y relocalizó los restos de la nave. El hallazgo fue casi simultáneo al estudio del pecio del Cap de Vol, también hundido en el Cap de Creus, y que permitió documentar, por primera vez en la Península, la arquitectura naval de los iberos.

Del Cap de Vol al Cala Cativa I

El año pasado, con la ayuda del submarino Ictineu, se exploraron los restos del Cala Cativa I, situados a unos 30 metros de profundidad. Ya entonces, los arqueólogos concluyeron que se encontraban ante el segundo exponente de arquitectura naval ibera. Según concreta Vivar, a diferencia de los buques romanos, en este caso las cuadernas se ataban con cuerdas.

Además, otra característica que se escapa de la tradición romana es el hecho de que la quilla era totalmente plana; en aquella época, la costa estaba formada por marismas, y estos barcos se diseñaban específicamente para navegar. “El Cala Cativa I era un barco muy pequeño, adaptado para hacer navegaciones de entre tres o cuatro días”, concreta Vivar. Y añade: “Precisamente, sus dimensiones y el hecho de que creemos que no venía de otro lugar refuerzan la conclusión de que se trata de una nave hecha con técnicas navales indígenas”, subraya Gustau Vivar.

Este 2016, la segunda y última campaña en el Cala Cativa I ha permitido sacar a la luz incógnitas que aún se cernían sobre el barco. De la nave se conservan 7 metros de la carcasa del casco, aunque el barco hacía entre 9 y 10 de eslora. Lo que falta no ha sobrevivido al paso de los siglos.

Los arqueólogos han destapado la mitad de los restos (el año pasado, estudiaron la otra) y han descubierto que, en el momento de naufragar, en la nave había dos tripulantes. “Esto lo sabemos porque hemos encontrado trozos de objetos de su vida cotidiana, como platos y ollas”, precisa Gustau Vivar. Gracias a estos objetos, los arqueólogos también han datado con precisión el hundimiento: a mediados del siglo I aC.

Además, esta última excavación también ha permitido saber por qué se hundió la nave. “El barco se estrelló contra unas piedras y se le abrió una vía de agua importante”, concreta el director del CASC. “Pero cuando naufragó no se desmembró, porque eso habría hecho que las ánforas quedaran repartidas por el fondo del mar”, añade.

Más cargamento del que se sospechaba

Inicialmente, basándose en las que se habían extraído del agua a finales del siglo XIX, los arqueólogos creían que el Cala Cativa I llevaba un cargamento de 100 ánforas de vino. Procedían de la zona del Baix Llobregat y, seguramente, su destino final era Narbona. Ahora, sin embargo, el director del CASC subraya que probablemente la nave llevaba más carga: entre 150 y 200 ánforas.

Por un lado, porque al lado del pecio se han localizado diferentes fragmentos. Y, por el otro, porque mediante un estudio los arqueólogos han visto que estos barcos podían llevar hasta 40 ánforas en 1 metro lineal de buque. “Lo más seguro es que fuese cargado, por tanto, podemos afirmar que al menos llevaba 100 ánforas, que son las que se extrajeron del fondo; pero además nosotros creemos que la carga era mayor y llegaba hasta las 200”, precisa el director del CASC.

Vivar confía en que este barco y el otro que se descubrió, el de Cap de Vol, no serán los únicos yacimientos de la época que se esconden bajo las aguas del Cap de Creus. En los próximos años, si las partidas presupuestarias lo permiten, podría haber nuevos hallazgos.

 

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1 enero 2017 at 7:39 pm Deja un comentario

Hallados los restos del barco romano mejor conservado de Catalunya

El pecio, del siglo I, se ha localizado cerca de las islas Formigues, en aguas del Baix Empordà

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Un arqueólogo, junto a las ánforas que transportaba el barco romano que se ha localizado en las proximidades de las islas Formigues. CASC

Fuente: JOFRE SÁEZ > Girona  |  El Periódico
9 de noviembre de 2016

La Costa Brava atesora una de las grandes joyas arqueológicas subacuáticas del Mediterráneo. El Centro de Arqueología Subacuática de Catalunya (CASC) ha informado del hallazgo de los restos de un barco romano del siglo I ante las islas Formigues, en aguas del Baix Empordà,  a unos 40 metros de profundidad y totalmente cubierto de arena. Se trata del hallazgo más importante de esta época imperial y el “mejor ejemplo” de este tipo de navíos en Catalunya. Sólo se han catalogado 4 más de estas características en todo el Mediterráneo.

La exploración, que se ha realizado durante este mes de octubre, ha permitido detectar un total de 37 ánforas en sólo dos metros cuadrados. Y según el responsable del CASC, Gustau Vivar, se intuye que hay 15 metros más de casco donde es muy probable que hayan más ánforas, colocadas unas encima de otras, formando un “gran puzle” de piezas. “Este tipo de embarcaciones, que probablemente venía de la Bética (Andalucía), transportaba entre 1.000 y 2.000 ánforas, pero hasta que no iniciemos las excavaciones no podemos hablar con más exactitud”, ha expuesto Gustau.

BIEN CONSERVADAS

Durante la inmersión se ha podido constatar que las ánforas, con tapones de corcho y cerámica, están intactas y conservan el garo que transportaban (condimento que se hacía poniendo a macerar en salmuera y con diversos líquidos los intestinos, hígado y otros despojos de ciertos pescados). “Las destapamos bajo el mar y vimos que estaban bien por lo que podremos estudiar el contenido sin ninguna alteración anterior”, ha explicado el responsable del CASC.

“Son barcos  muy grandes que se utilizaban para transportar grandes cargas de material. En Catalunya no habíamos encontrado ninguno igual hasta ahora. Todos eran de épocas posteriores y cuando lo trabajemos podremos saber de donde venía, El Garo nos dice que era de origen bético pero eso no quiere decir que no viniera de aún más allá”, ha relatado el responsable del CASC.

Se está preparando un equipo de 20 submarinistas para iniciar las excavaciones. Trabajarán 3 o 4 equipos que harán inmersiones de media hora dos veces al día. Y, si todo va según el calendario previsto, se iniciarán los trabajos el próximo verano ante el peligro que puede suponer el expolio de este hallazgo.

“Todavía no hemos empezado a excavar y, por lo tanto, no hemos visto nada pero estamos seguros que nos dará muchas alegrías”, ha concluido Gustau Vivar.

ZONA RICA EN YACIMIENTOS

El descubrimiento de esta embarcación se ha hecho en una “zona muy rica” en yacimientos. Los investigadores del CASC han encontrado más pecios en ese área pero que de momento prefieren mantenerlos en secreto ante el riesgo de expolio: “Hemos trabajado en otros yacimientos que se encuentran en buen estado de conservación pero están a más profundidad, aunque no daremos más detalles para evitarnos problemas”.

El descubrimiento ha sido posible gracias a la colaboración de la empresa Ictineu Submarins, que ha puesto a disposición un submarino que puede bajar hasta 1.000 metros de profundidad. Durante este mes de octubre se han realizado varias prospecciones entre Sant Feliu de Guixols y Palafrugell. En total se han realizado 22 inmersiones entres 20 y los 70 metros de profundidad, que han permitido explorar nueve yacimientos, cinco de los cuáles son nuevos.

 

9 noviembre 2016 at 3:20 pm 1 comentario

Hallazgos submarinos excepcionales

El CASC ha dado a conocer los resultados de las excavaciones que ha realizado a lo largo de 2014 frente a la costa catalana

Cala-Aiguablava

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

El pasado 6 de febrero, el Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC) presentó los resultados de las excavaciones realizadas a lo largo de 2014 frente a la costa catalana, principalmente en aguas de Begur y del Port de la Selva (Girona), pero también en Deltebre (Tarragona). Los resultados indican que la cala de Aiguablava, en el municipio de Begur, fue un puerto natural de gran importancia, un rincón protegido de los vientos que fue utilizado ininterrumpidamente desde el siglo III a.C. hasta tiempos presentes. Más al norte, cerca del Port de la Selva, se ha explorado un barco de construcción ibérica que naufragó a finales del siglo I a.C., más conocido como el Cap del Vol. Otras intervenciones arqueológicas se han realizado en un barco hundido en 1813 en Deltebre.

ánforas-Aiguablava

La cala de Aiguablava fue un refugio para aquellos barcos que cruzaron el cabo de Begur en su travesía hacia los puertos de Ampurias o de Narbona. En las profundidades se han localizado los restos de tres barcos de época romana, de entre finales del siglo II y finales del siglo I a.C. Los arqueólogos han rescatado ánforas procedentes de Italia, ánforas de vino de la costa catalana, ánforas de la Bética para conservar aceite y salazones, clavos de hierro, un escandallo de plomo para reconocer la calidad del fondo, utensilios de cocina de la tripulación, un cesto en un estado de conservación excepcional que servía para achicar el agua y un dupondio con la cabeza laureada de Marco Aurelio, entre otras cosas. Cabe destacar una inscripción en latín sobre un ánfora (oleum dulce) que ha permitido identificar su antiguo contenido, un tipo de aceite que servía para cocinar. También se han encontrado los restos de una magnífica copa de vidrio, de alrededor del siglo III, con motivos serpenteantes. En las últimas excavaciones se ha constatado la existencia de un barco moderno, de los siglos XVIII o XIX, y puede que la posible existencia de un barco medieval.

copa-Aiguablava

La excavación del Cap del Vol ha sido tremendamente fructífera, pues se ha hallado la quilla completa, además de 45 cuadernas, un fragmento del mástil y partes de los dos timones laterales de popa y los mangos con los que se controlaban, unas piezas prácticamente inéditas en todo el Mediterráneo. El estudio de este pecio ha sacado a la luz las técnicas de construcción naval de los iberos. Los restos han sido enterrados in situ para que se conserven, como mínimo, durante 2.000 años más.

Por último, el barco hundido en 1813 en Deltebre ha proporcionado un material excepcional. Se han recuperado herraduras y otros objetos propios de los caballos o mulas que fueron utlizados para tirar de los cañones. Entre las piezas más destacadas o curiosas hay que destacar un conjunto formado por un tintero y una pluma de campaña, una escalera de mano para subir a la bodega y, sobre todo, la campana de bronce del barco.

9 febrero 2015 at 10:04 pm 2 comentarios

Hallada la primera ánfora del Mediterráneo con indicaciones de su contenido

Los técnicos del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña (CASC) han hallado en la cala Aiguablava del municipio gerundense de Begur la primera ánfora que aparece en el Mediterráneo con una inscripción en tinta que describe su contenido, en este caso «Oleum Dulce»

ánfora-Aiguablava

El Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña (CASC) ha presentado hoy los resultados de las excavaciones subacuáticas realizadas en 2014 en la cala de Aiguablava, en Girona, y en el Delta del Ebro. EFE

Fuente: EFE  |  Yahoo Noticias   06/02/2015

Según el director del CASC, Gustau Vivar, este tipo de cántaro, denominado «Dressel 20 parva», es muy conocido, pero nunca había aparecido con las indicaciones del producto que transportaba.

«Esta ánfora es muy conocida, aunque hasta ahora no sabíamos qué llevaba, sabíamos que aceite, pero no sabíamos cuál ni para qué», ha explicado Vivar, quien ha relatado que «el Oleum dulce es muy fácil de encontrar en los textos en latín para hacer recetas de cocina romana».

Los responsables del CASC han presentado hoy sus hallazgos más destacados del pasado año, entre los que destaca también en Aiguablava el de la primera copa de cristal que se encuentra sumergida en el litoral catalán, ya que este material es muy frágil.

La pieza cuenta con decoración aplicada a hilos serpentiformes incoloros y podría ser de finales del siglo III a. C., según los exámenes de los técnicos.

CASC

Otro hallazgo en esta zona es un cesto, en un «excepcional estado de conservación», según Gustau Vivar, que servía para sacar el agua que entraba en la embarcación.

El CASC finalizó en 2014 los trabajos arqueológicos en Aiguablava, que se iniciaron en 2006 con el descubrimiento de tres barcos de época romana de entre los siglos I y II a. C.

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6 febrero 2015 at 7:34 pm Deja un comentario

Un timón de veinte siglos

La excepcional pieza ha sido hallada en un pecio romano en Port de la Selva

pecio-Port-de-la-Selva

Operaciones de limpieza en el pecio hundido en la era cristiana

Los arqueólogos del Centro de Arqueología Subacuática de Catalunya (CASC) han hallado en el pecio Cap de Vol , hundido en el inicio de la era cristiana frente a la costa del Port de la Selva (Alt Empordà), la parte superior de uno de los dos timones laterales que utilizaban estas embarcaciones. Se trata del primero localizado en aguas estatales, y uno de los pocos citados en todo el Mediterráneo. La campaña en este yacimiento subacuático está siendo muy productiva para los arqueólogos ya que les ha permitido localizar otras piezas de incalculable valor para poder conocer tanto la planimetría como la navegabilidad del barco.

Este pecio, hundido entre los últimos años del siglo I a.C y primeros del siglo I d.C, transportaba unas 200 ánforas de vino de Badalona (Baetulo) con destino a Narbona, para ser exportado en gran parte al sur-oeste de la Galia hasta la Bretaña. Quedó posado a unos 25 metros de profundidad en un valle de arena, ladeado sobre una piedra.

En esta época los buques llevaban dos timones laterales; al hundirse, normalmente estos timones se rompían y flotaban. El año pasado se localizaron dos mangos del timón. Uno de los más importantes hallazgos de la campaña actual ha sido lo que se conoce como la parte superior de uno de los dos timones laterales que utilizaban estas embarcaciones, con la bola de decoración por si había que amarrarlo, y el encaje para el mango. La importancia de esta pieza radica en su escasez. «Es muy difícil encontrar timones, no hay más de 10 hallados en todo el Mediterráneo», asegura el director del CASC, Gustau Vivar, y codirector de la excavación, junto a Carlos de Juan y Rut Geli. Es el primero que se encuentra en el Estado.

El bautizado como Cap de Vol quedó cubierto de arena y esto, según los expertos, ha permitido que el gusano endémico del Mediterráneo, el Teredo Navalis (que se come la madera y la hace desaparecer), no haya podido devorar los restos del buque, porque necesita agua para sobrevivir.

En la campaña que se llevará a cabo hasta finales de mes en este pecio, el resultado ha sido óptimo. Tras tres años de trabajos arqueológicos en este yacimiento submarino, este verano se ha logrado abrir todo el barco, de unos 12 metros de eslora y seis de manga conservados.

La sorpresa de los arqueólogos ha sido mayúscula al localizar también la parte del barco que continuaba, la banda de un lateral, que se rompió y cayó plana sobre el fondo. Este trozo, de unos 2,5 metros de alto por tres de ancho permitirá, según Vivar «sacar lo que se conoce como las ‘líneas de agua'». En otras palabras: mostrará cómo navegaba el barco. Esta pieza se colocará en su lugar original gracias a un programa informático ello permitirá que del Cap de Vol se pueda ver, amén de la parte de abajo, la curvatura de cómo llegaba hasta la cubierta.

Asociados a este lateral del barco han aparecido también una serie de elementos, los llamados curvatones, que sirven para aguantar la tapa de la bodega. Gracias a esos elementos, los arqueólogos han deducido que el pecio estaba cubierto por arriba para que los marineros pudieran andar por encima, si bien seguramente tenía el medio abierto. Este detalle, según el director del CASC, «es básico para hacer una insólita reproducción en 3D de un barco como este; si no fuera así habríamos tenido que ayudarnos por la iconografía, que es lo habitual».

El gran regalo del Cap de Vol para los investigadores «es que se rompiera y que cayera en la misma arena; eso debió ser posible porque el buque quedó de lado en la cubeta de arena y las propias ánforas que transportaba hicieron peso y rompieron el lateral, quedando encima e impidiendo que se desplazara del punto donde se hundió», asegura Vivar.

Muchas de las piezas de estos pecios los arqueólogos solo las pueden reconocer por los exvotos e iconografías. En todo el Mediterráneo hay mucha iconografía en piedra y sobretodo exvotos (imágenes de barcos de época), principalmente en Roma. Los exvotos son los dibujos o gravados en piedra que dejaban los marineros normalmente en templos o lugares de culto, mayormente para agradecer que se habían salvado de alguna desgracia marítima.

Entre los hallazgos también se han localizado una gran cantidad de plegaderas de la vela, unas piezas de madera de unos siete por cinco centímetros que iban ligadas a la vela y servían para pasar una cuerda por el medio para subir y bajar la vela a voluntad del marinero. Ha aparecido asimismo en esta fructífera campaña un metro y medio del único mástil que llevaba.

Todas las piezas halladas, de «incalculable valor», insiste Vivar, a excepción del propio casco del buque, se conservarán en el laboratorio de conservación del CASC en Girona.

Fuente: MARTA RODRÍGUEZ  | EL PAÍS CATALUÑA       16/09/2014

16 septiembre 2014 at 3:37 pm 1 comentario


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