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Carlos García Gual: “La mitología griega reconocía, al menos, el valor de las mujeres”

El escritor y académico de la RAE, Carlos García Gual. / D. C.

Fuente: PILAR VERA Diario de Sevilla
24 de junio de 2018

-La muerte de los héroes, las muertes de los héroes eran muchas veces ejemplarizantes, ¿qué se quería enseñar con ellas?
-A veces, las muertes de los héroes clásicos tenían un ejemplo de valor y, en ocasiones, había algo más: te topas con muertes casuales, extrañas, que muestran que el héroe es, en definitiva y a pesar de sus extraordinarias cualidades, humano, y es frágil; a pesar de toda su grandeza, al final no escapa de la muerte. La mayor parte de los héroes mueren jóvenes, casi como recoge la conocida frase. Forma parte del sentimiento trágico de la vida que tenían los griegos: la grandeza a veces se paga con el dolor o con la muerte, aunque eso no le quite brillo a la existencia.

“El latín y el griego te obligan a adaptarte a nuevas estructuras y a rehacer conceptos: te hacen pensar”

-¿Alguno de esos finales es especialmente significativo desde nuestra perspectiva?
-Es difícil recordar todos los casos. Hay muertes, como la de Aquiles, que están programadas de antemano, a su propio conocimiento. Hay otras que tienen un valor especial: Héctor, por ejemplo, sabe que va a morir y muere por su ciudad: un caso más moderno que el otro, aun dentro del mismo ciclo, porque arrostra la muerte para defender a los suyos (por eso que luego se definiría como patria y que se convertiría en un lema), no buscando la gloria personal. Y hay muertes muy extrañas, como la de Jasón, que se sienta en el barco, el mástil se cae y lo aplasta.

-Llama la atención el discurso de Aquiles en el inframundo en la Odisea: habiendo sido el epítome de la épica guerra, su fantasma confiesa que estar muerto no vale la pena.
-Siempre ha sido un discurso muy paradójico. Es como si el poeta de la Odisea quisiera rebatir el afán de gloria del poeta de la Ilíada: es un encuentro sorprendente porque, después de haber escogido morir joven, en el más allá confiesa que le hubiera gustado envejecer como fuera. También esto es muy propio de los griegos, ese sentido de la ironía trágica.

-¿Qué diferencias hay entre los héroes míticos y los del ciclo homérico?
-Los últimos son, fundamentalmente, guerreros, mientras que entre los del ciclo mítico hay más variedad. Heracles, después de todas sus grandes hazañas, se topa con la muerte al ponerse por accidente la camisa que había preparado su mujer, y que esta había empapado con sangre de centauro. Heracles muere entre terribles horrores cuando ha sido el gran héroe indestructible.

-En el libro, toma también el ejemplo de tres mujeres (Clitemnestra, Casandra y Antígona). ¿Por qué, viviendo las mujeres de la antigua Grecia en la sombra, encontramos luego unos personajes míticos tan potentes?
-Encontramos ejemplos femeninos muy suculentos ya entre las diosas, pero lo sorprendente es que aparezcan también en el mundo de los mortales. Una forma de ganar la inmortalidad, para las mujeres, era siendo rebeldes. Casandra desafía el poder masculino; Antígona se revuelve contra el poder y Clitemnestra es la rebelde absoluta, la que rompe todas las normas. La sociedad griega fue injusta con las mujeres como casi todas las sociedades antiguas pero, al menos en la mitología, a algunas se les reconocía ese valor y esa inteligencia.

-De Clitemnestra, Homero dice que su crimen “pesará sobre el resto de mujeres”. Es muy actual, o muy de siempre: si una mujer comete un error, pesa sobre todo el género.
-Lo pone en boca de Agamenón, pero algo de eso está ahí: los griegos veían a las mujeres más inteligentes un tanto peligrosas. Por ejemplo, está esa toma de poder que cuenta Aristófanes, que es un poco farsa, pero claro… la pregunta de que si tomaran el poder lo harían mejor que los hombres, está ahí. En gran parte del mundo árabe actual, por ejemplo, ni siquiera se hubiera permitido esa broma.

-El mundo clásico sigue despertando una gran fascinación, ¿por qué, entonces, no se defienden las lenguas clásicas?
-Existe una gran crisis en los estudios de las Humanidades, pero no es interna. Las Humanidades parecen no interesar nada al sistema educativo. La Filosofía y la Literatura están muy dañadas también, pero el Latín y el Griego, claro, son los más débiles. Existe un desdén por la enseñanza.

-Pero las competencias para desarrollar un lenguaje de programación y para traducir un texto de griego, por ejemplo, no son tan distintas a nivel cognitivo. ¿Por qué está diferencia de consideración?
-El esfuerzo de conocer otras lenguas un poco distintas (no es lo mismo latín y griego que inglés), que te hacen tener que adaptarte a nuevas estructuras y repensar conceptos, es muy importante. El latín y el griego ayudan a pensar: es curioso, por ejemplo, que cuando hemos realizado campañas sobre las clásicas y demás, siempre hemos recogido una gran simpatía proveniente de gente de ciencias.

La vigencia del mundo clásico

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) es escritor, crítico, traductor y catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción y publicado títulos sobre literatura clásica y medieval, filosofía griega y mitología, entre ellos Epicuro, la secta del perro; Sirenas. Seducciones y metamorfosis o Historia mínima de la mitología. Acaba de reeditar su clásico Diccionario de mitos y de publicar con la editorial Turner La muerte de los héroes.

 

24 junio 2018 at 12:55 pm Deja un comentario

Carlos García Gual: “A los gobernantes no les interesa la formación cultural de la gente”

El helenista, elegido miembro de la RAE, considera que la batalla por el retroceso de las humanidades en la enseñanza “está perdida”

El helenista Carlos García Gual, en su casa de Madrid. ANDREA COMAS

Fuente: MANUEL MORALES > Madrid  |  EL PAÍS
1 de diciembre de 2017

Aquel niño con gafas de miope que se colgaba de las baldas de la biblioteca de su abuelo, en Mallorca, para coger libros de Julio Verne o Conan Doyle es, desde el pasado jueves, flamante miembro de la Real Academia Española (RAE). El helenista Carlos García Gual (Palma, 1943), catedrático emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, profesor durante medio siglo en institutos y universidades, es la nueva silla J de la institución, en la que sucede al dramaturgo Francisco Nieva. Durante la media hora larga de charla, recibe ocho llamadas a su teléfono fijo (“tengo un móvil en un cajón que solo lo saco cuando voy de viaje”, dice) , pero, educado, prefiere no interrumpir la entrevista. Rodeado de un caos ordenado de miles de libros por todas las habitaciones, su talante amable, opuesto al del erudito de ceja alta, le lleva a hablar con pasión de Homero, Tintín o Juego de Tronos.

Pregunta. En abril se presentó a la silla M de la Academia con Rosa Montero y ninguno de los dos la consiguió. ¿Pensó que podía repetirse el disgusto?

Respuesta. Esperaba salir elegido [su rival fue el escritor gallego Alfredo Conde], pero siempre hay dudas. Lo que me sorprendió es que volvieran a proponérmelo tan pronto después de lo que sucedió con Rosa Montero. Creo que había un cierto malestar en algunos académicos.

P. ¿Qué puede aportar un helenista a la RAE?

R. Aún no tengo una idea precisa, pero puedo opinar del léxico culto formado por helenismos. También de palabras nuevas que se forman con prefijos o sufijos griegos como ha ocurrido con turismofobia o las que surgen en el vocabulario científico y técnico.

P. ¿Por qué ha dedicado su vida al mundo griego?

R. Nací y viví de niño en Palma. Mi padre, militar, fue destinado a la costa catalana e hice el Bachillerato, en parte, en Figueras [Girona]. No hablo mallorquín ni catalán, pero los entiendo. Tengo simpatía por el mundo mediterráneo, por su paisaje, la gente… En las islas griegas me siento en un entorno familiar y eso que no sé griego moderno, pero sí el antiguo. Cuando voy allí me entiendo con la gente de los puertos, los taberneros, pescadores. En realidad, les dejo hablar y les doy unas palmaditas, es que los griegos hablan muy deprisa, pero nos entendemos. El griego moderno tiene mucho vocabulario culto del antiguo.

P. ¿Cómo ve un mallorquín que vivió en el Ampurdán lo que está ocurriendo en Cataluña?

R. Me disgusta y apena. Usar la lengua como barrera o como un trampolín para subirte y marcar distancias con otros… el separatismo es lamentable y mezquino.

P. Hace 20 años ya alertaba de la “honda crisis” de las Humanidades en la enseñanza.

R. La batalla de las Humanidades es una batalla perdida porque a los gobernantes no les interesa la formación cultural de la gente. Van a lo rentable, que la gente estudie para sacar un oficio, ganar dinero, producir y consumir. Que los ciudadanos sean más tontos o listos les da igual. Las Humanidades abren un horizonte mental. Lo de hoy es un retroceso en literatura, historia, en todo lo que tiene carácter universal.

P. ¿Cómo puede convencerse a los jóvenes de que leer a los clásicos no es un rollo?

Carlos Garcia Gual, durante la entrevista, en su casa de Madrid. ANDREA COMAS

R. No hay una receta clara, porque ha habido un cambio de costumbres y de mentalidad. Ahora están pendientes del móvil y leen menos. Aunque hay niños pequeños que tienen libros infantiles muy bonitos y les gusta la mitología por su carga fantástica. Eso habría que aprovecharlo pero es difícil combatir la tendencia. La Odisea se puede leer hoy como antes. Los clásicos no son difíciles, es más difícil leer La divina comedia.

P. ¿El mal llega también a las universidades?

R. Las que yo conocí eran más críticas, se leía más fuera de las clases. Hoy, los profesores son más mediocres, también los hay buenos, pero hay menos que destaquen. La universidad desilusiona porque, a veces, es un mundo de eruditos pesados que solo saben de lo suyo, se enredan. Hay que enseñar que aquel mundo tenía una fuerza dramática fantástica.

P. Entonces, ¿qué es un sabio? ¿Lo es usted?

R. No… yo soy un lector bastante omnívoro. Me ha interesado la literatura en general, he escrito de Epicuro pero también del rey Arturo. A mi padre le gustaba cazar y pescar y yo siempre lamento que no me enseñara. En cierto modo, yo soy cazador y pescador, pero en el mundo de los libros.

P. Su elección como académico ha coincidido con la reedición de su Diccionario de mitos, en el que ha incluido nuevos personajes.

R. A Tarzán, que hay que decir que es políticamente incorrecto porque supone la superioridad del hombre blanco, sobre todo si es inglés, en la selva frente a los negros. Pero fue un personaje que fascinó a generaciones. También he puesto a uno pasado de moda, Satanás, pero que ha sido muy importante en la literatura y la vida. Y a Don Quijote, que empieza y acaba en Cervantes y por eso lo mata, para que no haya continuación. Aunque ha habido relecturas, como la de los románticos, que les inspira melancolía. De otros mitos, como Don Juan, sí hubo varios autores. La propia palabra mito, que entró en el siglo XIX por los alemanes, ha tenido varios significados. Hay quien lo asocia a la mentira, como hicieron los marxistas. Yo lo uso como relato tradicional que se transmite y pasa a la imaginación colectiva.

P. ¿Cuáles son sus mitos favoritos?

R. Me atrae mucho Edipo, porque Sófocles hace de él un buscador de la verdad que se va entrampando y se destruye. Y Ulises porque algo de él está en todo viajero.

P. ¿Por qué fueron tan avanzados los griegos en construir ese mundo?

R. Tenían dos cosas, eran curiosos, les gustaba preguntarse por el mundo, y críticos. Crearon universos fantásticos y la filosofía, tal vez porque eran de ciudades pequeñas junto al mar. Los grandes imperios, como Egipto o los asirios, no cambiaban, pensaban siempre lo mismo. A los griegos les gustaban mucho los viajes y abrieron caminos en todos los sentidos. Su teatro sigue vivo, aunque un poco estropeado por los adaptadores, que a veces los desvirtúan por sus cambios en los textos.

P. Relatos modernos como La guerra de las galaxias o El señor de los anillos, ¿han copiado algo de los mitos griegos?

P. Más bien han tomado esquirlas, como si hubiesen cogido trozos de melodías, pero el mundo antiguo era más plástico en su dramatismo.

P. ¿Y Juego de tronos?

R. He visto algunos capítulos. Más bien tiene retazos de Shakespeare, pero es muy exagerado. Es un amontonamientos de violencias… estamos hechos de piel más gorda porque estamos acostumbrados a ver muertes en el cine. En esa serie, los malos son malísimos y las intrigas están trazadas con líneas muy gordas.

P. ¿Cuál es la gran amenaza al español?

R. La profusión de anglicismos, la invasión constante de palabras de la técnica o la comunicación que vienen del inglés, es imparable. Pero el castellano es un idioma de gran fuerza y belleza, tiene una gran literatura.

P. Lee la prensa en papel, ¿cómo escribimos los periodistas?

R. En la parte de la opinión se manejan las ideas con más viveza que en el mundo académico, pero estaría bien que los periodistas supieran más literatura.

 

2 diciembre 2017 at 11:09 am Deja un comentario

El helenista Carlos García Gual, elegido miembro de la RAE

Filólogo, crítico y traductor, su obra se ha centrado en los mitos y la filosofía

Fuente: MANUEL MORALES > Madrid  |  EL PAÍS
30 de noviembre de 2017

“Solo soy un viejo profesor de griego”. Con estas modestas palabras, el helenista Carlos García  Gual (Palma, 1943) ha agradecido por teléfono su elección como nuevo miembro de la Real Academia Española (RAE). En la votación del pleno celebrado esta tarde en la sede de la institución en Madrid, se ha impuesto en segunda ronda al otro candidato, el escritor gallego Alfredo Conde por 22 votos contra 5. En esa segunda votación son necesarios dos tercios de los votos de los académicos presentes. En la primera, según el propio García Gual, logró 26 votos, aunque fueron insuficientes. En esa votación inicial se necesitan también dos tercios, pero se cuenta el voto de los académicos presentes y de los que envían su papeleta por correo.

El balear García Gual, catedrático emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, sucede en la silla J al dramaturgo Francisco Nieva, fallecido en noviembre de 2016. “Me hacía mucha ilusión porque no me esperaba que me lo propusieran tan pronto otra vez”, ha dicho en referencia a su fallido intento del pasado mes de abril, cuando optó a la silla M en pugna con la escritora Rosa Montero y ninguno obtuvo los votos suficientes. “Es el reconocimiento a una trayectoria atenta sobre todo al humanismo, muy larga. Por otra parte, en la Academia hay mucha gente que aprecio”.

Escritor, filólogo, traductor, editor y crítico, entre otros medios, de Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, había sido propuesto por los académicos José Manuel Sánchez Ron, Miguel Sáenz y Carmen Iglesias.

Maestro de griego durante medio siglo en institutos y universidades, Garcia Gual ha publicado obras sobre literatura, mitos y filosofía como Los orígenes de la novela, Epicuro, Historia del rey Arturo, Apología de la novela histórica o Diccionario de mitos, su último libro, publicado este año.  De saber enciclopédico, es, desde 1977, fundador y asesor de la serie griega de la Biblioteca Clásica de Gredos. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción. En 2002 fue por el conjunto de su obra. Entre sus últimas traducciones destaca una versión de la Odisea de Homero.

Tras su elección, García Gual dispone de dos años para dar lectura en la RAE de su discurso de ingreso, del que aún no tiene muy claro sobre qué versará, “seguramente sobre literatura y humanismo”. Hasta ese momento será académico electo, pero no de número en la tricentenaria institución.

Sobre su futura labor en la Academia, García Gual ha destacado que ayudará en el estudio del léxico de origen helénico. “Es curioso que la influencia del griego sigue siendo muy notoria, como ocurre con la formación de nuevas palabras acabadas en –filia y –fobia. El último ejemplo es turismofobia. En el vocabulario científico y médico y en la política hay mucho de origen griego porque ofrece facilidad para dar palabras nuevas”, ha añadido. Por sus conocimientos de la Grecia clásica, espera “influir en que la atención al mundo helénico siga viva”. También le interesa “el estudio de la relación entre la literatura española y otras europeas”.

Preguntado por la reducción del número de horas dedicadas a las Humanidades en la enseñanza preuniversitaria, el nuevo académico confiesa estar “muy preocupado”. “Soy pesimista, es muy grave porque estamos viviendo una crisis de la lectura. Los jóvenes leen menos”. Por eso reconoce que es una “batalla casi perdida, aunque hay que seguir luchando desde las barricadas”.

Tras la votación de hoy, de las 46 sillas académicas de la RAE solo hay una vacante, la M, cuyo último titular fue Carlos Bousoño, fallecido el 24 de octubre de 2015.

ASÍ SE ELIGE A UN ACADÉMICO DE LA LENGUA

Los estatutos de la RAE establecen que para elegir a un nuevo miembro será necesaria, primero, “la presencia de la mitad más uno de los académicos con derecho a voto”. Resultará elegido en primera votación “el candidato que obtuviere el voto favorable de las dos terceras partes. Los académicos ausentes podrán votar mediante envío acreditado de su voto”. Si no es elegido ningún candidato en el primer intento, se votará de nuevo, aunque solo se tendrá en cuenta esta vez el voto de los académicos presentes en el pleno. De nuevo, la condición es obtener dos tercios de los votos. Si tampoco hay fumata blanca, “se procederá en la misma sesión a una tercera votación. En esta resultará elegido el que logre los votos favorables de la mitad más uno de los académicos presentes”. Y si ninguno los obtuviera, la plaza quedará vacante y se procederá a una nueva convocatoria.

 

30 noviembre 2017 at 11:54 pm Deja un comentario

Carlos García Gual: «El progreso no explica el sentido de la vida»

El escritor y filólogo presenta una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), una obra que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria»

El escritor y filólogo Carlos García Gual – ABC

Fuente: Bruno Pardo Porto  ABC
22 de noviembre de 2017

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) se refiere al presente como «el mundo moderno», una distancia que no tiene tanto que ver con su edad como con el hecho de que ha pasado más de medio siglo viviendo entre textos griegos, enseñando una lengua muerta que permanece viva en una de sus pasiones: los mitos. Tiene en sus ojos el brillo de la leyenda, una pátina que no termina de casar con una realidad demasiado rápida y repetitiva. Para Gual, el tiempo pasado, en efecto, fue mejor. Resulta difícil moverle de la certeza de que hay más encanto en la fantasía que en la vida, pues él conoce muy bien los horizontes de ambas. «El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un lugar de historias interesantes. No hay pasiones nuevas. No hay aventuras. Las grandes pasiones y los grandes personajes están en la literatura», sostiene con nostalgia.

Acaba de publicar una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), que escribió hace ahora veinte años movido por el pulso de sus lecturas. Es una selección subjetiva que baila entre la antiguëdad y los superhéroes, que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria». Por ahí aparecen Ulises y Edipo, pero también Don Quijote, Carmen y Superman.

– ¿Qué tienen en común todas estas figuras que se pasean por el libro?
– Yo hablo de los mitos no tanto como creencias religiosas, sino como historias que se han mantenido en el imaginario colectivo. Son esos relatos que se han transmitido durante siglos, que ejercen una extraña fascinación en la cultura y en la imaginación de la gente. Mi definición del mito es que se trata de un relato tradicional, un tanto paradigmático, y que tiene personajes extraordinarios que viven en un pasado prestigioso y lejano.

– ¿Qué es lo que nos fascina de ellos?
– Que nos hablan de las grandes pasiones, de las grandes aventuras. Sus personajes son héroes, con su condición humana y mortal, pero que hacen cosas extraordinarias. Los mitos presentan figuras más grandiosas, más fuertes, más terribles y más aventureras que los individuos corrientes.

– En el texto que abre el libro habla de que, a pesar de que somos racionales, no podemos prescindir de nuestra vocación mítica, de los relatos.
– Es que la razón técnica no explica el sentido de la vida. Ayuda a vivir más cómodamente, sí, pero las grandes preguntas siguen ahí: ¿Qué sentido tiene vivir?, ¿vivir para qué? Indudablemente, el progreso nos ayuda a vivir mejor, pero no explica el sentido de la vida. Digamos que la razón, muchas veces, tampoco llega a convencer sobre esas cuestiones. Los mitos proponen historias fantásticas que tampoco dan una solución, pero que proporcionan un horizonte atractivo de fantasía. Nos animan a vivir en otras épocas, en otros mundos. Nos transportan a unos horizontes más vastos, más amplios, más animados.

– ¿Más animados que la vida?
– Las grandes pasiones y los grandes personajes están mucho más en la literatura y en la fantasía que en la realidad. La vida es mucho más monótona si uno no conoce la mitología.

– Habla de los mitos como algo vivo, que no paran de crecer con el paso del tiempo y las reescrituras.
– No hay que olvidar que los mitos griegos estaban a cargo de los poetas, no de los sacerdotes. Eso daba a las recreaciones de los mitos una cierta libertad, una cierta capacidad de variar detalles. Eso los vuelve algo muy vivo, que perdura en los siglos, que nos dice algo nuevo. El Ulises antiguo no es exactamente el de James Joyce, pero la figura mantiene un eje o un núcleo esencial.

– Es esa idea de Joseph Campbell de hay una serie de motivos y temas que se repiten a lo largo de la historia de forma inevitable.
– Es que en la vida humana las circunstancias y los elementos básicos son casi siempre los mismos: el amor, la audacia, la cobardía, la envidia, la lucha por el poder… Todo eso lo recoge la mitología. En eso Campbell tiene razón: los mitos son las grandes historias, a veces sumergidas, recobradas por la literatura. Y cada cultura les da un color especial.

– En la portada de esta nueva edición del diccionario aparecen Zeus y Superman. ¿Son los superhéroes la nueva mitología?

Portada de la nueva edición del «Diccionario de mitos» – ABC

– Yo creo que los superhéroes del mundo moderno son héroes muy banalizados, muy triviales. No son grandes figuras míticas. Son figuras poderosas. A veces vuelan, como Superman, o dan saltos enormes, como Spiderman, pero son un poco héroes de papel, superficiales, un tanto planos. Y no solo hay mitos modernos, sino que también existe una pervivencia de los mitos clásicos en la cultura de hoy. «La guerra de las galaxias», desde un punto de vista mítico, revela muchos rasgos antiguos como el enfrentamiento con el padre o el villano encarnado en una figura que tiene mucho de demoníaca. Incluso las vestiduras de los personajes que recuerdan al mundo artúrico.

– Parece que no le gustan mucho los superhéroes.
– Siempre insisto: la otra gran fuente literaria del presente la forman el cine y la televisión. Lo malo es que cuando uno ve lo que se produce da la sensación de un cierto agotamiento temático. Hay mucha más violencia y más carreras de coches, pero los argumentos no son nuevos. Yo pienso que en muchas películas el autor es el director de los efectos especiales: se ha convertido en el gran constructor. El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un mundo de historias interesantes. No hay pasiones nuevas, no hay grandes historias. El otro día vi en la televisión «50 sombras de Grey». Que eso haya vendido millones de ejemplares muestra la necedad y la pobreza de la imaginación moderna.

– En esta reedición añade al Quijote, el único mito que nace y muere en la misma pluma.
– Según mi idea de que un mito se construye a través de la tradición, en la que el personaje se mantiene y cambia al mismo tiempo, no encaja. Todo el mito del Quijote está en el libro de Cervantes, en las dos partes. Se han escrito continuaciones y otras versiones, pero no brillan al lado de la original. Sin embargo, me he dado cuenta de que aunque no hayan trascendido más aventuras del personaje, sí que ha habido muchas reinterpretaciones. Y eso hace de él un mito.

– ¿Cómo ha cambiado su interpretación?
– En el siglo XVI era un personaje cómico. Pero para los franceses e ingleses del XVII se transforma en una figura seria, que plantea unos problemas muy importantes. Después, para los alemanes románticos del XVIII, es un ideal. Luego viene la generación del 98, que ofrece unas interpretaciones simbolistas en las que el Quijote puede representar la España decadente. Creo que el relato de Don Quijote está todo en Cervantes, pero las interpretaciones hacen de él una figura mítica.

– También añade a Sherlock Holmes.
– La novela policiaca siempre me ha gustado, desde pequeño. Sherlock Holmes tiene el atractivo del detective que con su inteligencia lo resuelve todo. Es un homenaje a la inteligencia deductiva. Tiene algo de heroico, pero es un individuo victoriano un poco raro que toca música y se inyecta morfina. Y es fantástico: los casos de Holmes no se podrían resolver. Es un personaje mítico de su tiempo al que todos los detectives de la novela negra deben algo.

– Con tantas adaptaciones, el cine también le debe mucho a ese detective.
– Se ha dicho que el cine es una fábrica de mitos, pero más bien es una empresa de recogida de mitos. Toma mitos que ya estaban en la literatura: Sherlock Holmes, Tarzán, Superman… Todos nacieron por escrito.

– El legado español se cifra en su diccionario en dos dones: Don Quijote y Don Juan.
– Sí, aunque podría haber incluido, tal vez, al personaje del pícaro. Pero este no está encarnado en una figura concreta porque el Lazarillo no conforma del todo el prototipo. Y está Carmen, que es un tipo de heroína española aunque su autor no fuese español.

– En su momento, los mitos ayudaban a crear conciencia de pertenencia a la polis.
– Por supuesto. Por eso decía que los mitos tienen algo de ejemplar. Son ejemplos de grandeza. En el mundo griego los héroes buscan la inmortalidad a través de la fama: saben que van a morir, todos mueren de hecho, pero arriesgan la vida por la gloria eterna. Y de alguna manera lo han logrado.

De nuevo, candidato a la RAE

Hace unos días, conocíamos que Gual es uno de los candidatos a ocupar la silla «J» de la Real Academia Española, un honor que comparte con Alfredo Conde y que se decidirá el próximo 30 de noviembre. En mayo de este año ya se «disputó» el asiento «M» con Rosa Montero, pero ninguno de los dos alcanzó la mayoría absoluta. El escritor y filólogo se muestra ilusionado, aunque afirma que la elección no le quita el sueño. «Me hace ilusión por lo que tiene de reconocimiento a una trayectoria, por haber estado escribiendo libros y enseñando griego durante cincuenta años. Además, creo que hay una serie de personas muy dignas con las que puedo pasar buenos ratos y servir de algo a la lengua española. Pero no es que sea un fanático de las academias», señala.

 

22 noviembre 2017 at 6:52 pm 1 comentario

Carlos García Gual y Alfredo Conde, candidatos a la silla «J» de la RAE

Este puesto está vacante desde el fallecimiento de Francisco Nieva

Carlos García Gual – Efe

Fuente: ABC
17 de noviembre de 2017

El escritor, filólogo y crítico Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) y el escritor y político Alfredo Conde (Allariz, Ourense, 1945) son los candidatos a ocupar la silla «J» de la Real Academia Española (RAE), vacante desde el fallecimiento de Francisco Nieva, hace dos años.

El pleno de la RAE ha sido informado, en su sesión de este jueves, de la presentación de las dos candidaturas, que se votarán el próximo 30 de noviembre, informaron a Efe fuentes de la institución.

Tal como señalan los estatutos de la RAE, que establece las normas de ingreso de nuevos miembros en la corporación, cada una de estas candidaturas está avalada por tres académicos y en el caso de Conde le respaldan Guillermo Rojo, José B. Terceiro y Carme Riera.

Los firmantes de la candidatura de García Gual, que ya fue candidato el pasado mes de abril -junto con Rosa Montero- a ocupar la silla “M”, son los académicos José Manuel Sánchez Ron, Miguel Sáenz y Carmen Iglesias, que también le apoyó en la anterior ocasión. Esta silla quedó vacante al no obtener ninguno los votos necesarios.

La convocatoria de la silla de Nieva (1924-2016) se publicó en el BOE el 16 de octubre de 2017 y la lectura de los elogios y méritos de los candidatos se efectuará en el pleno del 23 de noviembre.

Los estatutos de la RAE establecen en su artículo X que elegirá a sus miembros entre las personas que considere «más dignas, en votación secreta y, como mínimo, por mayoría absoluta de votos».

La RAE cuenta con un total de cuarenta y seis sillas académicas. Actualmente, además de la «J», está vacante la correspondiente a la letra «M», cuyo último titular fue Carlos Bousoño, fallecido el 24 de octubre de 2015.

El último en ser elegido, en el pleno del 6 de abril, fue el arabista Federico Corriente, quien ocupará la silla «K», vacante desde el fallecimiento de Ana María Matute.

Federico Corriente tiene pendiente la lectura de su discurso de ingreso, prevista para 2018.

 

17 noviembre 2017 at 2:37 pm Deja un comentario

Heródoto, el historiador viajero

Nacido en la ciudad jonia de Halicarnaso, Heródoto concibió la historia como una investigación personal y una exploración de otras culturas, incluidas las de los pueblos “bárbaros”.

El padre de la historia. Heródoto de Halicarnaso describió el mundo y los acontecimientos que marcaron su época en su Historia, una magna obra que siglos después fue dividida en nueve libros. Aquí en un busto  en el Museo Metropolitano de Nueva York. ESCULTURA: MMA / RMN-GRAND PALAIS

Fuente: CARLOS GARCÍA GUAL  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
25 de septiembre de 2017

Homero, el autor de la Ilíada y la Odisea, comienza sus poemas invocando a la “Musa divina” como inspiradora de su obra; Heródoto, en cambio, pone su nombre propio en la primera línea de su relato, escrito no en verso, sino en prosa. Esa firma personal sirve como garantía de la veracidad de su testimonio y de su narración, como harán otros dos cronistas, Tucídides y Jenofonte.

En ese inicio encontramos también la palabra que denominará para siempre a este nuevo género de escritura: historia. El relato que presenta Heródoto es el resultado de su investigación personal (apodexis historíes). Enseguida nos advierte de que no pretende contar mitos de los dioses y héroes antiguos, sino “los hechos de los hombres”. Pero hay algo en su gran proyecto narrativo en lo que coincide con los poetas épicos: escribe para salvar del olvido el recuerdo de gestas admirables. Conviene fijarse bien en las líneas iniciales de ese relato histórico pionero, tan extenso y de largo aliento, que esboza su programa de clara novedad: “Ésta es la exposición de la investigación de Heródoto de Halicarnaso, a fin de evitar que, con el tiempo, caigan en el olvido los hechos de los hombres y que las gestas importantes y admirables realizadas tanto por griegos como por bárbaros, y de manera particular el motivo por el que lucharon unos contra otros, queden sin gloria”.

Heródoto quería explicar las causas de la gran confrontación que conocemos con el nombre de guerras médicas

En este prólogo, escrito sin duda al concluir su extensa obra, subraya un doble objetivo: referir las grandes gestas tanto de griegos como de no griegos –bárbaros– y, en segundo lugar, explicar las causas de la tremenda guerra entre unos y otros, la gran confrontación que conocemos con el nombre de guerras médicas (492-478 a.C.). En el texto de Heródoto, la palabra bárbaros no tiene ningún matiz despectivo, como sí tendrá posteriormente en Tucídides y otros autores clásicos. Heródoto admira el mundo abigarrado de “los bárbaros”, sus hazañas y los grandiosos monumentos que erigieron.

Un hombre cosmopolita

Heródoto vivió aproximadamente entre los años 485 y 425 a.C. Es, por tanto, coetáneo del sofista Protágoras y del poeta trágico Sófocles. Consiguió gran renombre durante su visita a Atenas hacia 441 a.C. Allí fue invitado a leer con gran éxito algunos capítulos de su obra y recibió un premio importante por ello, un pago a sus elogios de la heroica lucha de los griegos, sobre todo de los atenienses, en defensa de la libertad.

Nacido en la ciudad jonia de Halicarnaso, de donde fue desterrado, pasó largo tiempo en la isla de Samos y luego se dedicó a viajar. Fue en Jonia donde surgieron los primeros filósofos, en ciudades como Mileto o Éfeso, urbes comerciales y abiertas al mar, siempre bajo la amenaza del vecino Imperio persa. Allí forjó Heródoto su carácter y su ánimo intrépido de amante de los viajes, curioso y tolerante, y tomó nota de las noticias frescas de lo que veía y lo que le contaban, como un buen reportero avant la lettre; no en vano, Ryszard Kapuscinski, uno de los mejores periodistas del siglo XX, lo vio como un guía ejemplar para viajeros a tierras lejanas en su libro Viajes con Heródoto.

La actual división de su larga obra Historia en nueve libros procede, seguramente, de los filólogos alejandrinos. Heródoto habla de lógoi, algo así como “tratados”, cada uno con temática propia, reunidos en ese conjunto final. En el libro primero de su Historia, Heródoto trata del reino de Lidia, del fastuoso rey Creso y sus enormes riquezas, y de la conquista de este territorio por el rey persa Ciro. En el segundo libro nos habla de Egipto y sus maravillas. El tercero comienza con la conquista del país del Nilo por el persa Cambises y vuelve a las historias de Persia. El cuarto libro abarca dos lógoi: uno sobre Escitia (región situada en Asia Central) y otro sobre Libia.

Los libros siguientes relatan el conflicto bélico entre griegos y persas, episodio tras episodio. En el quinto enfoca las intrigas de los persas en Macedonia y los conflictos de las ciudades griegas, con noticias sobre las políticas de Esparta y Atenas. Los siguientes libros cuentan las dos guerras médicas: en el sexto, la expedición de Darío, que concluye con la victoria griega en Maratón; el séptimo evoca con intenso dramatismo las batallas decisivas, las de Termópilas y Maratón; en el libro octavo, la de Salamina, y en el noveno narra la de Platea. Todas ellas sellan la merecida victoria final de los griegos.

El primer reportero

Heródoto reúne noticias muy variadas de sus viajes y experiencias. No se basa para ello en textos escritos, no usa viejos archivos, sino que cuenta lo que ha visto y oído en sus largos viajes y, ya en la segunda parte, nos describe y comenta, como nadie antes, la guerra que decidió la libertad de Grecia, con especial referencia a la democrática Atenas. No sólo es el “padre de la historia”, como lo definió Cicerón, sino también de la geografía e incluso de la antropología cultural. Nos ofrece una visión personal de su mundo, que exploró con enorme agudeza escuchando a informadores de distintos países a lo largo de sus itinerarios. Sus instrumentos fueron la mirada curiosa (ópsis), el escuchar a fondo (akoé) y la reflexión crítica sobre los datos recogidos (gnóme).

No sólo es el “padre de la historia”, como lo definió Cicerón, sino también de la geografía e incluso de la antropología cultural

Los primeros libros de su Historia atestiguan esa faceta de viajero excepcional. Visitó Egipto, recorriendo el valle de Nilo hasta la primera catarata en Elefantina (Asuán), donde acababa el Egipto antiguo, a unos mil kilómetros del mar. También visitó Mesopotamia y nos ha dejado una descripción de la famosa Babilonia y las comarcas cercanas; tal vez llegara hasta Susa. Hacia el norte, visitó las colonias griegas a orillas del mar Negro, y más allá se internó en las praderas pobladas por los errabundos escitas, en la estepa ucraniana, hasta llegar cerca de la actual Kíev. Recorrió también el norte de África, pasando por la Cirenaica y la costa de la actual Libia. Recaló un tiempo en las ciudades griegas del sur de Italia y colaboró en la fundación de la colonia de Turios. Podemos suponer que deambuló por toda Grecia y visitó muchas islas del Egeo.

Nos habría gustado saber más de las andanzas del intrépido viajero. ¿Cómo viajaba? ¿En solitario y con mínima impedimenta? ¿A caballo? ¿Cómo pagaba sus gastos y dónde se albergaba? ¿Registraba sus encuentros e impresiones en apuntes en rollos de papiro? Algunas regiones que Heródoto recorrió estaban colonizadas por griegos –como la costa del mar Negro o el sur de Italia–. También en la costa norte de Egipto había comerciantes griegos, y en Persia, tal vez algunos mercenarios. Pero ¿y en la estepa escita, cuando remontó el río Dniéper viajando entre tribus bárbaras, o en el Alto Egipto? Por otra parte, parece que sólo conocía el griego (como era natural en los viajeros griegos de la época), así que en Egipto tuvo que recurrir a sacerdotes locales bilingües para que le interpretaran las inscripciones más o menos sagradas de los templos.

Heródoto era, indudablemente, un tipo excepcional en su curiosidad por lo exótico y en su admiración de lo extraordinario. Al recordar al sabio Solón cuenta que, tras su etapa como legislador en Atenas, partió de viaje “por afán de ver mundo” (theoríes héneken). Ese mismo “afán téorico” movía sin tregua a Heródoto, pero en él va unido a las ganas de narrar las cosas asombrosas que ha visto o que le contaron, y lo hace en un estilo muy claro, con descripciones y anécdotas de vivo colorido en escenarios muy variados.

Pionero de la antropología

Heródoto es también aquí el gran precursor de la pasión por las maravillas del milenario y enigmático Egipto, conocida luego como “egiptomanía”

Comparado con historiadores como Tucídides o Jenofonte, Heródoto se revela –sobre todo en los primeros libros– como un narrador divertido y fabuloso; después, cuando describe la guerra y sus contextos políticos, resulta más austero. Pero si nos detenemos en la lectura de la mitad inicial de su gran obra podemos admirar toda la variedad de sus observaciones. Es, con razón, muy conocido el libro segundo, dedicado a Egipto –que, desde tiempos de Homero, fue un país que siempre fascinó a los griegos y adonde viajaron famosos sabios como Tales, Pitágoras y más tarde Platón–. Fue Heródoto quien lo llamó “un don del Nilo”.

Y, en efecto, comienza hablando del caudaloso río y de las teorías sobre sus lejanas fuentes en el centro de África, para describir luego las extrañas costumbres de sus gentes, así como algunos animales del variopinto bestiario egipcio, como el cocodrilo, el ibis y los gatos (por entonces, unos animales poco conocidos por los griegos). Asimismo trata de las colosales pirámides y de los dioses, sus templos, sus arcanos ritos y las historias asociadas a ellos; incluso narra cuentos curiosos, como el del ladrón de tesoros de pirámides, Rampsinito. Heródoto es también aquí el gran precursor de la pasión por las maravillas del milenario y enigmático Egipto, conocida luego como “egiptomanía”.

Heródoto es así, en cierto modo, el primer antropólogo que explora mundos ajenos a su cultura. Abre ojos y oídos a las tradiciones de otros pueblos y elabora una pintoresca narración, una “historia” de horizontes lejanos, monumental y novelesca a ratos; se nos aparece como un viajero ilustrado fascinado por Oriente y Egipto, un pensador de extraordinaria amplitud de miras, tolerante y ameno.

Como otros historiadores griegos, Heródoto vivió desde joven en el exilio y compuso su magna obra desde él. Al igual que Tucídides, Jenofonte y Polibio, la experiencia del destierro le incitó a tender una mirada aguzada e imparcial sobre otras culturas, sin censuras morales ni partidismos patrióticos. Lo hizo con el hondo orgullo de ser un hombre libre y haber conocido la democracia, y de manejar la flexible lengua griega y afianzar, escribiendo en la joven prosa jonia, la tradición helénica del gusto por el diálogo en libertad y el examen crítico ante los hechos y las personas. Por eso, en los últimos libros de su Historia, exaltó la lucha heroica de los griegos por su independencia contra el gran ejército de los persas, llevados de continuo al desastre por reyes despóticos.

Desafiar al olvido

“Todo es azaroso en la vida humana”, apunta en una sentencia; “La divinidad es envidiosa y perturbadora”, dice en otra

Coetáneo y amigo de Sófocles, Heródoto mantiene una visión humanista y trágica de la historia universal, con esa mentalidad arcaica que veía a los humanos como seres “efímeros” de azaroso destino. Incluso el poderío y la ambición de los más grandes puede derrumbarse. “Todo es azaroso en la vida humana”, apunta en una sentencia; “La divinidad es envidiosa y perturbadora”, dice en otra. “No llames a nadie feliz hasta contemplar su último día”, alecciona el ateniense Solón al riquísimo rey Creso, que recordará la frase al caer derrotado por el persa Ciro.

La divinidad abate a los orgullosos y premia a los justos, y castiga el exceso de soberbia, como hizo con Jerjes, al que ya Esquilo en su tragedia Los persas presentó como ejemplo de hybris (el arrebato pasional que lleva a los hombres a desafiar los límites impuestos por los dioses). Para Heródoto, el mundo se mueve bajo la mirada de los dioses, pero la providencia divina nos es extraña e imprevisible. El destino resulta trágico, y por ello vale la pena celebrar las gestas heroicas y las maravillas, e inventar, para siempre, la historia, es decir, un testimonio acreditado a favor de las glorias humanas desafiando las sombras del olvido.

 

25 septiembre 2017 at 7:13 pm Deja un comentario

18 maneras de morir…como un héroe

Carlos García Gual publica “La muerte de los héroes”: aquí algunas de las maneras de irse de los héroes.

baco

Baco, cómplice de la muerte de Penteo, despedazado por mujeres

Fuente: JUAN CARLOS LAVIANA  |  El Español
14 de enero de 2017

Carlos García Gual es uno de los mayores especialistas españoles en la Grecia clásica. Cada nueva publicación suya es un acontecimiento. No sólo para el mundo académico, sino para el lector en general, al que el catedrático sabe entusiasmar con la mitología, como si se tratara de un libro de aventuras sin perder una pizca rigor.

Esta vez se ha centrado en un aspecto muy concreto: La última escena de la trayectoria de mitos y héroes, personajes especiales hasta en su manera de morir. Vivir como un héroe es difícil, pero morir heroicamente es mucho más complicado. Al fin y al cabo, la muerte es el más humano de los actos de los mortales. En La muerte de los héroes (Turner), García Gual, repasa la aventura final de seres que tuvieron una vida llena de fascinantes peripecias. Y es que, como escribe el autor en la introducción, “el mero morir no es algo extraordinario”. Estas son sólo algunas de las maneras de irse de los héroes, probablemente el momento en que se muestran más humanos.

1. Anciano, ciego y exiliado

No es una manera muy heroica de morir, pero así acabó sus días Edipo. El rey de Tebas se arrancó los ojos y se condenó a sí mismo al exilio. Tamaño castigo era el precio pagado por haber mantenido relaciones con su madre, Yocasta, que se suicidó sobre el tálamo conyugal, tras descubrir que se había casado con su propio hijo.

2. Abrasado por una túnica

Heracles fue víctima de un regalo de su esposa. No se lo ocurrió mejor cosa que volver a casa, tras la batalla, con la bella y joven hija del rey al que acaba de vencer. Su mujer untó con sangre de un centauro una túnica que había hecho con todo su amor para el marido. Cuanto éste se la puso empezó a sufrir horribles dolores, a abrasarse y agitarse entre gritos de desesperación. Ordenó que prendieran fuego a una pira y se lanzó sobre ella hasta ser consumido por las llamas. Cruel agonía. Afortunadamente, la historia no acaba aquí. Zeus, por un favor especial, lo hizo inmortal como premio a su heroicidad.

3. Petrificado

Perseo utilizaba la cabeza que había cortado a una medusa para dejar petrificado al enemigo cuando se la enseñaba. En una pelea con Cegeo, padre de su amada Andrómeda, usó su arma, pero no hizo ningún efecto, ya que el viejo era ciego. Volvió la cabeza hacia así, creyendo que el arma había perdido su efecto, y el que se quedó petrificado fue él. El autor no da mucha fiabilidad a esta versión, pero sí le concede un gran sentido del humor.

4. Despedazado por mujeres

El poeta y cantor Orfeo se volvió misógino después de perder a su joven mujer, que murió envenenada tras pisar una serpiente. El poeta, que decía haber descubierto la forma de curar enfermedades y evitar la venganza divina, arrastraba tras de sí a un buen número de hombres. Sus mujeres, enfurecidas y envalentonadas por ritos báquicos, lo despedazaron miembro a miembro y lanzaron sus restos al mar.

De forma muy parecida encuentra la muerte Penteo, joven rey tebano. Diniosio (Baco) había convencido a las mujeres de Tebas de que abandonaran a maridos e hijos para ir al bosque a bailar día y noche con las bacantes. Disfrazado de mujer, Penteo intentó averiguar lo que pasaba, ya que se imaginaba que allí se celebran orgías de toda índole. Pero fue descubierto y descuartizado por las mujeres furiosas. Su propia madre, creyendo que era un león, le arrancó la cabeza. Sus restos aparecerían repartidos por las ramas. Cuentan que a punto de expirar, Penteo exclamó: “¡Ahora comprendo!”.

5. Partido por un rayo

Es una muerte frecuente, símbolo de la ira de los dioses y de purificación como el fuego. Algunas versiones aseguran que Orfeo murió así y no atacado por las mujeres. Lo que parece más seguro es que eso fue lo que le ocurrió a Asclepio. El centauro que le había criado le había enseñado poderes especiales para curar enfermos, y hasta llegó a resucitar a un muerto. Zeus no lo podía tolerar -temía que le hiciera la competencia- y puso fin a la historia fulminándolo con un rayo.

6. Aplastado por un mástil

Héroe y mujeriego, Jasón, el capitán de la célebre nave Argo, la de los argonautas, puso fin a sus aventureras tras algunos fracasos y después de mucho vagar sin rumbo. Deprimido, se encontraba sentado junto a su nave, ya en un estado ruinoso, cuando de repente se le vino encima el mástil que le aplastó.

7. Tragado por la tierra

Anfiarao -rey, héroe y profeta- tenía la desgracia de prever el futuro. Fue uno de los siete magníficos que asediaron Tebas. Sabía que iba a morir en la batalla, pero no logró persuadir a sus compañeros para retirarse, así que su honor le obligó a seguir adelante. Una enorme zanja se abrió a su paso –otra vez la acción de un rayo de Zeus-, y la tierra le devoró a él y a sus caballos.

8. En una emboscada

Alcmeón participó heroicamente en la segunda ofensiva sobre Tebas, la de los hijos de los siete magníficos. Pero no moriría de forma ejemplar, sino de una forma mucho más mundana: en una emboscada de su suegro y sus cuñados tras haber engañado a su mujer.

9. Despeñado en un barranco

A Teseo, monarca y aventurero, se le atribuyen un sinnúmero de hazañas, pero alcanzó la fama tras secuestrar a Helena, la espartana. Huido de Atenas, fue a visitar al rey de los escirios, Licomedes, probablemente en busca de ayuda. Pero el monarca era fiel a las nuevas autoridades, así que le persuadió para subir a una montaña con la excusa de enseñarle los campos. Desde lo alto, le empujó al vació por un barranco. Hay quien dice que no, que, en realidad Teseo estuvo torpe, se tropezó y se cayó.

10. Una muerte en vida

Sísifo fue condenado a trabajos forzados por haber desafiado a los dioses, tratando de evitar la muerte. Ya se sabe, subir la piedra a lo alto de la montaña; y una vez allí, ver que invariablemente la piedra rueda ladera abajo… y vuelta a empezar. El castigo eterno. Probablemente Sísifo ya no quisiera evitar la muerte visto lo visto, pero para su desgracia moriría de viejo.

11. Descabalgado del caballo

Belerofonte, soberbio y arrogante, también desafió a los dioses. Cabalgando su caballo alado, Pegaso, trató de cruzar los cielos, para alcanzar el reino divino. Zeus, enfurecido, lo desmontó haciéndole caer al vacío.

12. A hachazos en la bañera

Hay al menos dos versiones de la muerte del rey Agamenón. Una asegura que la adúltera de su esposa le cubrió con una red para inmovilizarle cuando se estaba bañando, y a continuación acabó con él a hachazos. Y la otra sostiene que murió por los tajos de la espada del amante de su mujer en medio de un banquete organizado en su propia casa por su ‘maldita esposa’ y el rival.

13. Un flechazo en el talón

La de Aquiles es probablemente la muerte más célebre de la Antigüedad. Recién nacido, había sido sumergido por su madre en la laguna Estigia para hacerlo invencible, con tan mala fortuna que al tenerlo cogido por los tobillos impidió que los talones se mojaran. Y claro, en una batalla de la guerra de Troya, una flecha fue a dar precisamente en su talón. Menos claro está quién le mató: si fue Zeus directamente, si fue su enemigo Paris, o si Paris disparó la flecha, pero Zeus la dirigió. El caso es que murió.

14. Clavándose la propia espada

De un heroico guerrero del tamaño de Ayax, famoso por su gran estatura y por el tamaño de su lanza y de su escudo, cabía esperar una muerte sublime, pero no. En un rapto de locura, había degollado varios carneros en el campamento. Se sintió tan avergonzado al volver en sí, que espetó la espada por la empuñadura en la arena de la playa, y se lanzó con todas sus fuerzas contra el filo enhiesto.

15. Ahogado en el mar

Ayax el menor fue otro que también desafió a los dioses. Al volver de la guerra de Troya, sobrevivió milagrosamente a un naufragio. Se jactaba de forma soberbia de haber eludido los designios divinos. Poseidón lo oyó y de un arrebato partió en dos la roca en la que se encontraba Ayax, de forma que el arrogante marino se hundió en las profundidades.

16. Atravesado por una lanza

El más legendario de los héroes homéricos, Ulises, tampoco tuvo una muerte a la altura de su vida. Disfrutaba de una “suave vejez” en Ítaca. Oyó ruido y pensó que alguien intentaba robar su ganado. Intentó impedirlo, pero un intruso le atravesó con una lanza reforzada por la espina de una raya. El extraño, que no había reconocido al viejo, era en realidad Telégono, el hijo que Ulises había tenido, sin saberlo, con Circe durante uno de sus viajes.

17. En un duelo

Paris, el raptor de Helena, el que desencadenó la guerra de Troya, murió asaetado durante un duelo de arqueros con Filoctetes. Primero disparó Paris y falló. Luego disparó su oponente y le atravesó una mano. Volvió a disparar y le dio en el ojo. Luego, le traspasó ambos pies cuando ya huía. Finalmente, lo remató ya en el suelo.

También en un duelo, pero en este caso de lanzas, murió Héctor. Se midió con Aquiles. Tras fallar los dos contendientes en el primer lanzamiento, la diosa Atenea le dio a Aquiles una nueva lanza, con la que éste fulminó a Héctor. Es sabido que los dioses también tienen sus debilidades.

18. Ahorcada en su propio sepulcro

Antígona es la heroína rebelde por excelencia, defensora de los intereses privados de su familia frente a los públicos del Estado. El rey Creonte había prohibido dar sepultura a su hermano Polinices, acusado de traidor. Antígona desafió al monarca echando un puñado de tierra sobre el cadáver. Fue detenida y encerrada viva en una sepultura excavada en una roca, pero ella se ahorcó adelantándose así la ejecución de su condena.

 

14 enero 2017 at 2:11 pm Deja un comentario

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