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Tom Holland: “Trump, como Calígula, basa su régimen en la diversión de la humillación”

La transformación de Roma en una dictadura es el tema del último libro de este ensayista que utiliza la narración del pasado para ayudar a entender el presente

El escritor Tom Holland, en el hotel de las Letras. SAMUEL SANCHEZ

Fuente: GUILLERMO ALTARES EL PAÍS
11 de abril de 2017

Antes de dedicarse a escribir libros de historia, Tom Holland (Broadchalke, Inglaterra, 1968) realizó una hazaña para la BBC: adaptar para la radio los apuntes de los primeros genios de la lengua escrita, Homero, Heródoto, Tucídides y Virgilio. Con Rubicón consiguió su primer éxito internacional al narrar con pulso y rigor los años que llevaron a Julio César al poder. En sus libros, como Fuego persa o Milenio, siempre lee la historia desde un punto de vista contemporáneo, logra que los problemas del pasado nos ayuden a dialogar con la actualidad. Ahora acaba de publicar en Ático de los Libros Dinastía. Auge y caída de la casa de César, la historia de los Julio-Claudios, una saga a la que pertenecieron los emperadores más famosos, y con peor prensa, de la historia de Roma: Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Con la llegada al poder de Donald Trump, y el desafío a la democracia de otros líderes ultraderechistas, su relato del final de la República romana y el principio del Imperio, uno de los momentos clave de la historia de Occidente, cobra una nueva dimensión. Holland visitó recientemente Madrid.

PREGUNTA. ¿Podemos encontrar un paralelismo entre el fin de la República y lo que está ocurriendo ahora en EE UU? ¿Se puede acabar una democracia sin un cambio de régimen?

RESPUESTA. Es interesante porque la idea de que la república americana podía acabar de la misma forma que la romana es algo que está ahí desde su propia fundación. Cuando los americanos echaron a su rey, miraron a Roma como modelo, por eso existen un Senado y un capitolio en Washington. Los padres fundadores eran muy conscientes de cómo Roma se convirtió en una autocracia y la Constitución está diseñada para asegurarse de que algo así no vuelva a ocurrir. La cuestión en EE UU en la actualidad es si alguien como Donald Trump, que claramente solo está interesado en sí mismo, en su marca, puede llegar a ser tan corrosivo que acabe por dañar la democracia. Personalmente tengo serias dudas, no creo que Trump sea comparable a Julio César, que era un hombre de una inteligencia prodigiosa, ni a Augusto, que ha sido el mayor genio político de la historia occidental. Hay que tener mucho talento para ser capaz de convertir una vieja república en una autocracia, y no creo que Trump tenga ni la paciencia ni la habilidad para convertirse en un Julio César.

P. En su libro muestra su clara preferencia por el historiador romano Tácito. ¿Puede ser Tácito útil para entender el periodo que estamos viviendo?

R. Tácito es uno de los mejores historiadores de todos los tiempos y es el gran analista de la autocracia. Entiende aquello que hace que una autocracia funcione, entiende el efecto corruptor que el poder tiene sobre quien lo ejerce. Por eso en cualquier periodo en que la sombra de una autocracia cae sobre un país, siempre se ha leído a Tácito y siempre ha sido valorado. Creo que, sobre todo gracias a Tácito, ese periodo, el final de la República romana, sigue viviendo en el imaginario occidental y es el ejemplo primario de una tiranía.

P. ¿Y es posible comparar a Trump con Calígula o Nerón? Ese paralelismo se ha convertido en un lugar común.

“Toda historia tiene algo de ficción. Sobre este periodo, en muchos casos solo tenemos el rumor”

R. Solo es posible hasta un cierto nivel. Terminé este libro incluso antes de que Trump comenzase su carrera hacia la Casa Blanca. Trump dijo e hizo cosas durante su campaña que el establishment político pensó que eran fatales para su carrera, contra las mujeres, los veteranos, los musulmanes. Todo el mundo estaba convencido de que iban a acabar con él. Pero no ocurrió. Y al final resultó que a la gente le gustó que alguien con poder cambiase la forma tradicional de decir las cosas, la forma de comportarse de la élite, ya sea la de la prensa o la de la política. El choque de ver a gente poderosa humillada claramente tocó algún tipo de fibra. Hay algo que tanto Calígula como Trump entendieron, basaron su régimen en la diversión que la humillación de otros despierta en una parte de la sociedad. Es lo que hizo Calígula con la élite de los senadores. Fue descrito por sus críticos en el Senado como alguien que estaba loco. El ejemplo más famoso de esto es cuando nombró cónsul a un caballo. Era una broma, lo que pretendía era ridiculizar al Senado, mostrar su impotencia diciendo: “Puedo nombrar a quien quiera, hasta a mi caballo”. Está dejando claro quién manda. Cuando he leído cosas que Trump ha dicho o los tuits que ha mandado, nos preguntamos si está loco. Lo que escribe o dice puede parecer cruel, sin sentido, pero a veces es también divertido. Podemos pensar que hace esas cosas para entretener. Creo que lo mismo ocurre con Calígula.

P. En su libro sobre los Julio-Claudios se alza una figura central, Livia, porque en realidad muchos de los emperadores de esta dinastía son descendientes de ella más que del propio Augusto. ¿Es Livia, la esposa del emperador, el personaje clave en esta historia pero se mantiene en un segundo plano porque era mujer?

R. Pese a ser sobrino de Julio César, Augusto era en cierta medida algo provinciano. Cuando se casa con Livia, ella está fabulosamente bien conectada. Tiene sangre azul, estuvo casada con un Claudio antes de divorciarse y casarse con Augusto. El hijo de este primer matrimonio, Tiberio, lleva la sangre de los Claudios. Y eso tranquiliza a los miembros de la élite romana, porque piensan que va a defender sus intereses. Augusto basa todo su régimen en que está restaurando los auténticos valores de Roma y Livia es fundamental en esa imagen. Es probablemente el único personaje femenino importante de esa dinastía que nunca fue acusada de ser una prostituta. La medida de su éxito es que, cuando muere Augusto, recibe honores sin precedentes. Y cuando muere también es divinizada.

“Los padres fundadores de EE UU eran muy conscientes de cómo Roma se convirtió en una dictadura”

P. ¿Podemos acercarnos a algo parecido a la verdad cuando estudiamos un periodo tan remoto de la historia y sobre el que circulan tantas leyendas y existen tan pocas fuentes fiables?

R. Es un asunto clave. Se trata de una aproximación a la verdad. Toda historia tiene elementos de ficción. Y cuanto más nos remontemos en el tiempo, es peor porque nuestras fuentes primarias tienen un elemento literario muy importante. En muchos casos, la historia de segunda mano es lo único que tenemos. Debemos tratar de entender lo que quería hacer en realidad el emperador. La historia de Calígula y su caballo es un ejemplo claro. Por eso es importante buscar historias que nos expliquen la forma en que los romanos veían el mundo, historias que se repitan una y otra vez, como la acusación contra muchas mujeres de los Julio-Claudios de que eran prostitutas. No creo que ninguna de esas historias sea cierta. Pero nos hablan de la imagen que los romanos tenían de las mujeres poderosas, porque pensaban que no debían tener ninguna autoridad política, ningún poder. Las acusaciones contra mujeres como Mesalina reflejan todo esto, el temor de los hombres romanos ante las mujeres con poder, no creo que nos digan algo real sobre lo que ellas hicieron.

 

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11 abril 2017 at 7:50 pm Deja un comentario

El palacio flotante de Calígula

Un equipo de expertos busca bajo el lago de Nemi, cerca de Roma, un fastuoso tercer barco que, según la leyenda, el lujurioso emperador usaba para sus fiestas

Fiestas en el lago. Según la tradición, el emperador Calígula mandó construir tres barcos de gran lujo para celebrar fiestas en el lago Nemi (Michael Nicholson / Getty)

Fuente: EUSEBIO VAL > Nemi  |  LA VANGUARDIA
7 de abril de 2017

Santi Scolaro ha realizado misiones más desagradables en su vida. En octubre del 2013, por ejemplo, participó en la recuperación de los cadáveres de los más de 360 eritreos que se ahogaron frente a la isla de Lampedusa tras incendiarse y hundirse el viejo pesquero en el que viajaban hacinados. “La arqueología es la parte más tranquila de mi trabajo –comenta a La Vanguardia este vicecomandante de la sección de submarinismo de los carabineros de Roma–. Pero también actuamos como policía judicial. Emocionalmente es más duro, aunque estamos habituados”.

A Scolaro le toca estos días hacer de arqueólogo. Forma parte de un equipo interdisciplinar de 15 personas que, con la ayuda de sofisticada tecnología, trata de hallar, en el lago de Nemi, los restos de un enorme barco usado por el emperador Calígula para sus fiestas flotantes. Durante el fascismo, a finales de los años veinte, ya lograron extraer dos naves. Sin embargo, nunca se ha extinguido la leyenda de que había existido un tercer barco, el más grande y lujoso de la extravagante flota. Ese es ahora el objetivo.

Los buzos descienden hasta el fondo lacustre, a 27 metros de profundidad, donde el agua se mezcla con el lodo. Necesitan guiarse con brújulas y otros aparatos.

–¿Han visto algo?

–No vemos nada, ni siquiera a una distancia de cinco metros–, admite Scolaro.

–¿Llevan focos?

–No. Eso todavía es peor.

–Les debe de causar impresión el tener que bucear bajo estas condiciones…

–Peor es hacerlo en el Tíber (para buscar cadáveres), con la corriente del río.

Nemi es una localidad de postal, a una treintena de kilómetros al sur de Roma. Queda muy cerca de Castel Gandolfo, sede de la residencia estiva de los papas, a la que el austero Francisco ha renunciado. Sus habitantes no llegan a dos mil. El pueblo se halla sobre el lago del mismo nombre, de origen volcánico, un lugar mitológico y sagrado ya en época prerromana. Allí se ubicaba el templo de Diana, la diosa de los bosques y de la fertilidad. Las laderas de las colinas que circundan el lago son extremadamente fértiles, de un intenso verdor casi impropio del Mediterráneo. El pueblo es conocido por las flores y por sus sabrosas fresas.

Parte de la equipación del equipo de submarinistas que trabaja para hallar el supuesto barco del emperador Calígula (Ayuntamiento de Nemi)

Calígula se llamaba en realidad Cayo Julio César Augusto Germánico. Lo apodaron Calígula (“pequeñas botas”, en latín) porque ya de niño acompañaba a su padre en las campañas militares. Pese su breve mandato, de apenas cuatro años –entre el 37 y el 41 después de Cristo–, ha pasado a la historia por su megalomanía, su crueldad y su carácter lujurioso. Para distinguirse de otros emperadores, no le bastó con palacios convencionales sino que mandó construir unas naves en las que celebrar sus fiestas y sus orgías. Tenían entre 70 y 80 metros de eslora y eran muy pesadas. Incluían mansiones con columnas de 6 metros, decoradas con mosaicos y piezas de oro y provistas con cañerías para el agua caliente. Su ingeniería anticipó técnicas que se creían inventadas muchos siglos después por los ingleses, como el cojinete de esfera o el ancla con cepo móvil.

Benito Mussolini, cuyo régimen se proclamaba sucesor natural de las glorias de la Roma imperial, promovió un faraónico proyecto hidráulico para el vaciado parcial del lago de Nemi, con el único fin de encontrar las naves de Calígula. Dos de ellas, en efecto, aparecieron, en sorprendente buen estado (el agua dulce y la escasa oxigenación preservan la madera mucho mejor que el mar), y se construyó para ellas el Museo de las Naves Romanas. Pero en 1944, durante la II Guerra Mundial, un incendio las destruyó casi por completo.

Trabajos de recuperación del supuesto barco del emperador Calígula en el lago Nemi (Ayuntamiento de Nemi)

“No existe evidencia científica sobre el tercer barco –avisa el alcalde de Nemi, Alberto Bertucci–. Pero tenemos la tradición oral y lo que vio el arquitecto Francesco de Marchi, que en 1535 se sumergió con una campana (rudimentario batiscafo) como el que diseñó Leonardo da Vinci”. Bertucci, entusiasta promotor de la búsqueda de la nave, cree que, sea cual sea el desenlace, el proyecto tendrá utilidad científica y de protección medioambiental. “Lo que está claro es que, de una vez por todas, saldremos de dudas sobre si era una leyenda o no”, enfatiza el alcalde

Luigi Dattola, de la Agencia de Protección Medioambiental de Calabria, uno de los técnicos que auscultan con instrumentos especiales lo que puede esconder el fango bajo el lago, no se atreve a hacer pronósticos.

–¿Confía en que aparecerá el tercer barco?

–Confiaré cuando lo vea. No quiero ni tener confianza ni ser escéptico. Prefiero ser neutral. De lo contrario corro el riesgo de ver algo que no existe o, al revés, de no ver algo real.

El alcalde de la localidad de Nemi, Alberto Bertucci (Ayuntamiento de Nemi)

 

7 abril 2017 at 8:12 pm Deja un comentario

Si la antigua Roma hubiera tenido televisión

Un estudio analiza la promoción política que se hacían los emperadores a través de los medios de entonces: monedas, estatuas, pinturas

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Una ánfora repleta de monedas romanas del Museo Arqueológico de Sevilla. PACO PUENTES

Fuente: ISABEL FERRER > La Haya  |  EL PAÍS
2 de febrero de 2017

La idea de un sistema internacional de Estados cuyas relaciones sirvan para equilibrar el poder surge después del Renacimiento y es el espejo del mundo actual. La Roma antigua, por el contrario, ejemplifica la fuerza militar aplicada de la manera más funcional: la conquista para expandir sus límites. Aunque los emperadores han pasado a la historia como el rostro más visible de la antigüedad clásica, para mantenerse no solo debían manejarse con el Senado, sofocar conjuras y ganar batallas. La imagen que proyectaban en todos sus territorios debía reforzar su posición, y algunos, como Augusto y Adriano, destacaron en el uso de lo que podría denominarse los medios masivos de comunicación de la época. En su caso, las monedas de curso legal, bustos, estatuas o bien relieves e inscripciones en edificios, con mensajes distintos para sus múltiples interlocutores.

La carga ideológica del áureo (moneda de oro), denario (plata), sestercio (bronce) o bien as (cobre), surge en el momento mismo de ser acuñadas. “Las de oro y plata eran para los ricos, entre ellos los senadores, y en su cara aparecía el rostro del emperador de turno. El revés es distinto. Claudio fue aupado al poder por la guardia pretoriana tras el asesinato de su sobrino, Calígula. Así que, al principio, el reverso de las monedas hacía hincapié en este cuerpo de escoltas de élite. Solo cuando conquista Britania (la isla de Gran Bretaña antes de las invasiones germanas) siente que ya no les debe nada y desaparecen”, señala Olivier Hekster, catedrático de Historia Antigua de la universidad Radboud, de Nimega. Recién premiado por la Academia holandesa para las Artes y las Ciencias por sus estudios en este campo, señala asimismo que Nerón, tal vez el emperador con peor fama, fue más popular de lo que creemos. “Las monedas de bronce se destinaban a los pobres, y él podía poner detrás edificios reconocibles para la gente. Como cuando mandó reconstruir el puerto de Ostia, la vía de entrada del grano, es decir el alimento, en Roma”.

Las estatuas eran otro de los reclamos publicitarios de los emperadores y Adriano llegó a un grado sumo de refinamiento. Según Hekster, fue el primero que vio la imposibilidad de mantener intactos los límites de un imperio enorme, “y devuelve fronteras al Este de Roma, un gesto insólito, porque el Imperio solo podía crecer”. “En sus efigies, de todos modos, aparece como un gran líder militar, con su uniforme más imponente. Las monedas muestran otro aspecto de este proceso, que podríamos llamar de descentralización, y ahí aparecen distintas provincias del Imperio. De esta manera, no parecen mera tierra conquistada”.

Algunos emperadores, como Marco Aurelio, eran percibidos ya en vida como un filósofo y su buena imagen ha llegado hasta nosotros. Su secreto fue centrarse en los senadores, un pequeño grupo de gente comparado con el pueblo en su conjunto. “Pero ellos escribían la Historia en una sociedad donde solo se alfabetizaban los poderosos, y sin ellos era impensable llegar al poder”. Con todo, el maestro en el manejo de estos recursos fue Augusto, el primer emperador. Sobrino nieto de Julio César, que lo adoptó, pasó toda su vida intentado evitarse la muerte violenta de su protector. “En el Senado, sus esculturas lo presentaban con toga, como uno más. Para la gente, aparecía fuerte y también como un pacificador. Con sus soldados era un militar. Es decir, tenía el mensaje adecuado para cada situación”, asegura el experto. Aunque no fuera emperador, el magnicidio impidió a Julio César cultivar con el esmero de sus sucesores la exhibición de imágenes paralelas del poder. “Pero para su posteridad ya está Shakespeare, e incluso Asterix, en otro plano, desde luego”, concluye Hekster.

 

6 febrero 2017 at 8:21 pm Deja un comentario

Las estatuas de Augusto y Calígula recuperan la cabeza en Torreparedones

El Ayuntamiento manda construir dos réplicas idénticas a los bustos originales

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Busto reconstruido del emperador Augusto para sus estatua en Torreparedones – S.N.T.

Fuente: S. N. T. > Baena  |  La Voz Digital
26 de diciembre de 2016

Las esculturas masculinas sedentes halladas en la curia del parque arqueológico de Torreparedones de Baena en diciembre de 2011 cuentan ya con sus respectivas cabezas. Se trata de los emperadores Augusto y Calígula-Claudio divinizados.

Estas esculturas se presentaron en sociedad tras su restauración el pasado 26 de septiembre acéfalas y quedando así expuestas en el patio del Museo Histórico Municipal a pesar de que «se conservan los dos bustos masculinos, que están expuestos en la sala II del recinto dedicada a la estatuaria romana», según informaron desde el Ayuntamiento banense. Las cabezas originales expuestas no están completas ya que les falta parte del cuello, sobre todo a la de Augusto.

Con el objetivo de «dar más prestancia y valor a las esculturas», indican desde el Consistorio, «se han realizado sendas copias, a escala natural, en poliestireno expandido en las que se ha incorporado ya la parte perdida del cuello». Dichas copias son las que se han colocado en las esculturas.

Desde el departamento de arqueología municipal apuntan que «las dos esculturas masculinas han ganado mucho desde el punto de vista museográfico».

El catedrático de la Universidad de Córdoba, Carlos Márquez, resaltó de ellas que son piezas «absolutamente extraordinarias» y «únicas en todo el imperio romano» por lo que «resulta excepcional su aparición» en Torreparedones.

 

26 diciembre 2016 at 1:50 pm Deja un comentario

La tumba de Alejandro Magno, el rompecabezas que tampoco Napoleón supo resolver

Durante dos años sus compañeros de armas se empeñaron en construir un mausoleo de oro macizo con la figura en relieve del Magno. La estructura contaba en sus extremos con columnas jónicas de oro y en sus laterales incluía escenas de la vida del general

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Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
26 de octubre de 2016

La localización de la tumba del gran conquistador de la Antigüedad resulta uno de los casos más misteriosos de la arqueología mundial. No tanto por lo que puede haber en su interior, como por el hecho de que durante siglos su ubicación era archiconocida. La visitaron emperadores, reyes, gobernantes y grandes personajes hasta que, mientras se venía abajo el Imperio romano, se le perdió el rastro para siempre.

Alejandro cayó enfermo el 2 de junio del 323 a. C. tras un banquete en Babilonia donde había bebió grandes cantidades de vino. Durante casi dos semanas, Alejandro padeció fiebre alta, escalofríos y cansancio generalizado, unido a un fuerte dolor abdominal, náuseas y vómitos. El 13 de junio, cuando le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años de edad, falleció el dueño de media Asia sin dejar un heredero claro.

Durante dos años sus compañeros se empeñaron en construir un mausoleo de oro macizo con la figura en relieve del Magno. La estructura contaba en sus extremos con columnas jónicas de oro y en sus laterales incluía escenas de la vida del general. En el palio de púrpura bordada se encontraba expuestos el casco, la armadura y las armas del macedonio. Una vez finalizado, el mausoleo fue transportado desde Babilonia hacia Macedonia por 64 mulas que completaron un recorrido de 1.500 kilómetros. Sin embargo, los restos mortales nunca lograron alcanzar su lugar de nacimiento.

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Reconstrucción del catafalco de Alejandro según Diodoro (mitad del S. XIX) – Wikimedia

La guerra abierta entre los sucesores de Alejandro Magno fragmentó el imperio del macedonio y entregó la parte Egipcia a Ptolomeo, que se declaró a sí mismo Rey de Egipto. Mientras el cortejo fúnebre con los restos de Alejandro se dirigía a Macedonia, Ptolomeo se apropió de ellos y se los llevó a Egipto. En un principio, adaptó una tumba vacía que había sido preparada para enterrar al último faraón nativo de Egipto, Nectanebo II, y trasladó los restos del que fuera su general a una capilla dentro del templo del Serapeo de Saqqara, en la necrópolis de la antigua Menfis. La grandilocuente tumba se encontraba al final de una larga avenida de esfinges.

Una parada para los emperadores que se perdió

Al hijo de Ptolomeo, Ptolomeo II, no le parecía suficientemente lustrosa la localización y trasladó la tumba de Alejandro de Menfis a Alejandría (la más famosa de las 50 Alejandrías fundadas por el conquistador). Así creó un estructura monumental conocida como el Soma para el descanso del macedonio y el de su propia dinastía. El sarcófago era en su origen de oro, si bien Ptolomeo IX lo reemplazó por cristal debido a necesidades económicas e incluso es posible que cambiara su ubicación de nuevo. Allí lo halló Julio César cuando peregrinó a la tumba de su héroe de juventud. En el año 48 a. C, el romano llegó a Alejandría, después de haber perseguido a su enemigo Pompeyo, y tuvo ocasión de ver los restos.

Algunos, como Cayo Calígula, que la conoció en un viaje con su padre de niño, se apoderaron de distintos objetos presentes (en su caso de la coraza de Alejandro)

Su heredero político, César Augusto, también visitó la tumba en un acto plagado de propaganda. Cuando las dignidades griegas que le acompañaban le ofrecieron visitar las tumbas de los reyes Ptolomeos, el primer ciudadano de Roma les recordó que él no había ido a ver muertos sino a un rey. Ordenó que fueran sacados los restos de Alejandro de su tumba, adornando el cadáver con flores y una corona de oro. Según las fuentes del periodo, cuando Augusto estiró la mano para tocarle la cara a Alejandro le rompió de forma accidental un pedazo de nariz.

A partir de entonces, la visita de los emperadores de Roma a la tumba de Alejandro se convirtió en «protocolaria». Algunos, como Cayo Calígula, que la conoció en un viaje con su padre de niño, se apoderaron de distintos objetos presentes (en su caso de la coraza de Alejandro). Por el contrario, Septimio Severo ordenó sellar el acceso a la tumba al ver lo poco protegida que estaba, en el año 200 d. C. La última supuesta visita fue la del emperador romano Caracalla, en 215, que afirmó haber sido poseído por el espíritu de Magno.

Con la decadencia del Imperio romano, Alejandría se vio azotada por distintos saqueos y revueltas, que terminaron por perder el rastro de la tumba del general. Si bien hay evidencias de que todavía en el siglo IV la tumba seguía en su lugar original, no se puede constatar que saliera intacta en el 365 del gran terremoto seguido de un tsunami gigantesco, que provocó estragos en las regiones costeras y ciudades portuarias de todo el Mediterráneo oriental. En Alejandría los barcos fueron levantados hasta los tejados de los edificios que quedaron, lo que hace probable la destrucción del mausoleo del Soma.

A partir de ese momento se perdió el rastro a la tumba, ya fuera porque fue destruida en el terremoto o en los saqueos que acompañaron los años finales del Imperio romano. No así a los restos mortales del conquistador. Libanio de Antioquía mencionó en un discurso dirigido al Emperador Teodosio, que el cadáver de Alejandro estaba expuesto en Alejandría de forma pública. Probablemente fue retirado y separado del sarcófago, lo que explicaría que la expedición de Napoleón lo hallara vacío en el siglo XIX.

La devoción por estos restos finalizó de forma abrupta cuando Teodosio publicó una serie de decretos para prohibir el culto a los dioses paganos, entre los que destacaba Alejandro. Aquí se perdieron también los restos.

Una búsqueda obsesiva entre los arqueólogos

En la célebre expedición que Napoleón condujo en 1798, se descubrió un antiguo sarcófago vacío situado en una capilla en el patio de la mezquita Atarina en Alejandría. Los lugareños aseguraban, basándose en la creencia medieval de que el gigantesco sarcófago se había quedado limitado a una pequeña capilla, que se trataba de la tumba de Alejandro Magno. No obstante, los arqueólogos que acompañaban al «Gran corso» albergaba sus dudas y no fueron capaces de resolver el rompecabezas todavía vigente.

En 1801, Edward Daniel Clarke llevó el sarcófago al Museo Británico de Londres y dio pie a que Champollion descifrara los jeroglíficos. Después de que los británicos transportaron el sarcófago a Inglaterra entre 1802 y 1803, la mezquita se deterioró rápidamente, y pocas décadas después había desaparecido. No en vano, el monumento contenía una pista, una inscripción que anunciaba que el sarcófago pertenecía al faraón Nectanebo (Nectanebo II, aclararon investigaciones posteriores).

El egiptólogo italiano Evaristo Breccia lo buscó casi de forma desesperada en la zona de la mezquita de Nabi Daniel (a no muchos metros de donde estuvo la de Atarina)

El asunto se cerró en falso sin sospechar, en ese momento, que Ptolomeo se había apoderado de la tumba de Nectanebo II (él huyó de Egipto cuando llegaron los macedonios y su tumba quedó vacía) para enterrar a Alejandro Magno. Distintos autores han insistido recientemente en que la respuesta al misterio está en esta mezquita de Atarina en Alejandría, concretamente en la costumbre de los ptolomeos por reciclar elementos arquitectónicos de sus antecesores.

Pero esta no ha sido la única teoría, siendo que la mayor parte de los esfuerzos por encontrar la tumba o los restos del conquistador se han centrado en Alejandría. El egiptólogo italiano Evaristo Breccia lo buscó casi de forma desesperada en la zona de la mezquita de Nabi Daniel (a pocos metros de donde estuvo la de Atarina) y en Kom el Dick. Todo ello sin éxito. Como explica Valerio Massimo Manfredi en su libro «La tumba de Alejandro: El enigma», el sucesor de Breccia, el arqueólogo Achille Adriani, decidió cambiar la dirección de las búsquedas hacia el cementerio latino de Alejandría, en la zona sudeste de la península del Lochias. Tampoco él logró dar con la tecla.

Fuera de la ciudad, otros estudios han buscado la tumba en el oasis de Siwa, el lugar donde Alejandro fue acogido por los sacerdotes egipcios como el hijo del dios Amón. Así como en la antigua Anfípolis, una importante ciudad del reino de Macedonia, a 100 kilómetros al este de Tesalónica, la segunda ciudad de Grecia. En este sentido, los arqueólogos anunciaron el año pasado que lo más probable es que esta tumba esté dedicada a Hefestión, el amigo más íntimo de Alejandro Magno.

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Mosaico hallado en el pavimento de la tumba de Amfípolis – ABC

Pero más allá de saber dónde está la tumba, al menos cabe preguntarse qué fue de los restos tras la prohibición de Teodosio de adorar a símbolos paganos. En 2004, el historiador británico Andrew Chugg planteó una curiosa pero poco probable teoría en su libro «La tumba perdida de Alejandro Magno». En su opinión, la venerada tumba de San Marcos en Venecia podría contener no los restos del evangelista, sino nada menos que el cuerpo de Alejandro Magno.

Sostiene este experto en el legendario rey de Macedonia que la confusión histórica sobre la suerte del cuerpo del mítico guerrero se explica porque el cadáver fue disfrazado de San Marcos para evitar su destrucción durante una insurrección cristiana. De esta forma, no fueron los restos de San Marcos (que algunas tradiciones dicen que fueron quemados) los que fueron robados por mercaderes venecianos unos cuatro siglos más tarde para devolverlos a su ciudad natal. Serían, en este caso, los restos de Alejandro Magno los que fueron llevados a Venecia.

 

26 octubre 2016 at 11:52 am 2 comentarios

Las estatuas de Augusto, Calígula y Livia muestran sus colores

La restauración de tres esculturas del siglo I, encontradas en el yacimiento de Torreparedones (Baena, Córdoba), ha permitido saber que dos de ellas representaban al emperador Augusto y a Calígula, en forma divinizada. La tercera podría corresponder a Livia, viuda de Augusto. Las tres estatuas sedentes estaban pintadas, según se deduce por los restos de pigmentos hallados en sus pliegues. Las dos masculinas, en tonalidades purpúreas, amarillas ocres y blancas, mientras la femenina era representada en tonos rojizos y azul egipcio.

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De izquierda a derecha, las esculturas sedentes de Calígula, de Augusto, y de una figura femenina (posiblemente Livia), halladas en el yacimiento de Torreparedones y exhibidas en el Museo Histórico de Baena (Córdoba). / UCO

Fuente: Agencia SINC
27 de septiembre de 2016

La Universidad de Córdoba (UCO) ha presentado los resultados de la investigación en torno al hallazgo de tres esculturas del siglo I en el yacimiento de Torreparedones (Baena, Córdoba). Dos representan a Augusto y Calígula de manera divinizada.

Con Augusto nació no sólo el Imperio Romano, sino también el culto religioso a su líder. A finales de 2011, un hallazgo sacudió el yacimiento de Torreparedones  y el pontífice máximo regresó a su trono. Amontonados y ordenados, aparecieron decenas de fragmentos de tres esculturas, dos masculinas y una femenina, sentadas y fabricadas en mármol.

Las estatuas están casi completas, pero descabezadas. Era normal que estas piezas fueran independientes y se ajustaran luego al cuerpo

La restauración de esas piezas ha permitido descubrir que dos de ellas representan a Augusto y a Calígula, otro conocido emperador de Roma, en un modelo único que no tiene parangón en cualquier otro lugar en Europa, África o Asia que fuera hollado por el estandarte del SPQR.

El valioso descubrimiento de las tres estatuas sedentes, las dos masculinas de los emperadores y otra femenina, posiblemente de Livia, viuda del propio Augusto, se halla ahora depositado en el Museo Histórico de Baena. Allí han sido presentadas a la sociedad, como resultado de un trabajo de investigación en el que han participado la Universidad de Córdoba, arquitectos municipales y restauradores de una empresa especializada.

Pigmentos

Recompuestas como si fueran un puzle desde las piezas encontradas en la curia de la colonia romana de Torreparedones, las esculturas presentan otra singularidad: en sus pliegues se hallaron pigmentos que permite reconstruir el color original con el que fueron adorados estos gobernantes pétreos.

“En ninguna parte del imperio se han localizado representaciones de este tipo”, subraya el catedrático de Arqueología de la UCO Carlos Márquez, responsable del equipo científico que ha estudiado las piezas arqueológicas. La primera de ellas se moldeó bajo el modelo divus Augustus Pater, esto es, a Augusto cuando fue elevado a los altares. Bajo este criterio se representa también a Calígula, calzado con botas militares, uno de sus rasgos identitarios. No en vano, Calígula es un diminutivo de caliga, la sandalia de los legionarios.

La representación femenina también responde al modelo. Después de que los restauradores recompusieran en los últimos meses los fragmentos hallados en el yacimiento, las estatuas se presentan casi completas, pero descabezadas. Era normal en la escultura romana que estas piezas fueran independientes y se ajustaran luego al cuerpo. En el Museo Histórico de Baena ya se conservaba la cabeza laureada del propio Augusto, otra valiosa pieza.

En el Museo Histórico de Baena ya se conservaba la cabeza laureada del propio Augusto, otra valiosa pieza.

Fabricadas en el siglo I de nuestra era (Augusto murió en el año 16, Calígula en el 41), las estatuas, según relata el director del museo, José Antonio Morena, “fueron ocultadas en algún momento de finales del siglo II”, probablemente por causa de una guerra civil romana. Los colonos querrían conservar a sus divinos emperadores, que presidían el foro, de los peligros de un ataque enemigo.

El hallazgo de los restos se produjo en la curia de la colonia Ituci Virtus Iulia, la actual Torreparedones. La curia era una sala de reuniones de la vida pública del asentamiento. Seguramente “procedieran del templo anexo”, ha explicado Morena. Gracias a la restauración, las esculturas sedentes “parecen haber cobrado vida”, ha valorado el especialista.

Sentadas, togadas y con un gesto mayestático, las representaciones conservaban además algo de su colorida estética. Las estatuas masculinas estaban pintadas en tonalidades purpúreas, amarillas ocres y blancas; mientras la femenina era representada en tonos rojizos y azul egipcio.

Las estatuas fueron ocultadas en algún momento de finales del siglo II, probablemente por causa de una guerra civil romana

Descubrir los mismos pigmentos que vieron los colonos hispanorromanos “es algo de gran novedad internacional”, afirma Márquez. Se ha logrado a partir de la aplicación de técnicas de espectrometría Raman, fotografía multiespectral e infarroja y estudios de luminescencia por parte de los arqueólogos de la UCO. Junto a la recuperación de las figuras se exhibe también una representación gráfica de cómo fueron sus entronizadas magnificencias.

Proceso trabajoso

La recuperación de este patrimonio no fue sencilla. En el momento de su descubrimiento, las piezas encontradas se encontraban “en un estado complicado y peligroso”, al hallarse en contacto con el suelo, con restos de humedad, con oxidación en los anclajes y por la aparición de microorganismos y sales solubles, recuerda restauradora Ana Infante, de la empresa Gestión y Restauración del Patrimonio Histórico. Armadas en el taller de restauración sus extremidades al tronco, la apariencia actual es muy completa. Las estatuas tienen unas dimensiones mayores que una figura humana al natural y se asientan sobre un atril, como pudieron estar en su apogeo.

 

27 septiembre 2016 at 5:07 pm Deja un comentario

Las estatuas sedentes de Torreparedones son únicas en el Imperio Romano

Pertenecen a Calígula, Augusto y su esposa Livia, son de un tamaño colosal y su presencia en Baena es «excepcional»

estatuas-cordoba-baena

Estado en que han quedado las estatuas tras su restauración de cinco años – ABC

Fuente: S. N. T. > Baena  |  ABC Andalucía
26 de septiembre de 2016

En diciembre de 2011, durante una excavación en la curia de la colonia Ituci Virtus Iulia, el parque arqueológico de Torreparedones en Baena, se hallaron «amontonados pero intencionadamente ordenados», según el arqueólogo municipal, José Antonio Morena, decenas de fragmentos pertenecientes a tres esculturas sedentes de tamaño colosal, que se pueden fechar «en la mitad del siglo I de nuestra era».

Casi cinco años después, ayer, el grupo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) y el Ayuntamiento daban a conocer el resultado de los trabajos realizados durante los últimos años con los restos hallados. Se trata de dos esculturas masculinas y una femenina. Sobre las primeras, el director del grupo y catedrático de la UCO, Carlos Márquez, resaltó que «son piezas absolutamente extraordinarias». Explicó que tras los trabajos e investigaciones realizadas «hemos podido determinar que son únicas en todo el Imperio Romano», por lo que «resulta excepcional su aparición» en Torreparedones.

Una de las esculturas representa el modelo divus Augustus Pater, Augusto cuando fue elevado a los altares. La segunda se trata de divus Claudius, reelaborado de un retrato de Calígula, pues el cuerpo togado y calzado con mulleus representa al emperador Calígula, del que apenas se conservan esculturas. La tercera es «probablemente diva Augusta, la emperatriz Livia, viuda de Augusto, que fue elevada a los altares».

Márquez recalcó que «es una circunstancia realmente extraordinaria contar con ellas aquí». El catedrático explicó que durante la restauración «se han podido aplicar una serie de técnicas que nos permiten conocer el color original de las esculturas», en lo que supone «una novedad puesta en relieve a nivel internacional».

 

27 septiembre 2016 at 7:54 am Deja un comentario

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