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El líder de los laboristas ingleses se compromete a devolver a Grecia los mármoles de Elgin

Jeremy Corbyn asegura que las piezas deben retornar al país heleno, ya que fue allí donde se crearon

Fuente: ABC
4 de junio de 2018

Jeremy Corbyn ha afirmado en un periódico griego que devolvería a Grecia los mármoles de Elgin en caso de convertirse en el primer ministro de Reino Unido en las próximas elecciones. El líder de los laboristas ingleses daría solución de esa forma a una polémica con siglos de historia. Las piezas formaban parte del Partenón y fueron retiradas con el permiso del Imperio Otomano, que en ese tiempo gobernaba Grecia.

La colección llegó a Gran Bretaña entre 1801 y 1805 de manos de Thomas Bruce, conde de Elgin y, desde 1939, se expone en el Museo Británico de Londres. Siempre ha planeado sobre ella el debate de si se deberían devolver a Atenas para exponerse en el Museo de la Acrópolis. Grecia ha abanderado numerosas campañas para repatriar las piezas, pero las voces contrarias advierten de que ello supondría devolver otros tesoros artísticos.

Corbyn aseveró en una entrevista el diario Ta Nea que las esculturas «pertenecen a Grecia» y que, en caso de entrar en Downing Street, comenzaría una serie de «conversaciones contructivas» con el Gobierno para comenzar el proceso de retorno.

El líder laborista apoyó su discurso en que los mármoles habían sido creados en Atenas y habían adornado el Partenón durante cientos de años, según ha puesto de manifiesto el periódico británico The Telegraph.

Por su parte, Boris Johnson, secretario de Estado para Relaciones Exteriores, expresó durante su época como alcalde de Londres que «los restos permanecerían en Londres». Esta opinión la comparte el profesor de arqueología clásica de Oxford John Boardmann, quien afirmó que en caso de devolver las piezas «se estaría sentando un pésimo precedente».

El Museo Británico ha explicado en su página web que los mármoles «aquí son contemplados por una audiencia mundial y son estudiados activamente por una comunidad internacional de académicos. Gracias a esto se promueve la comprensión de la cultura griega antigua y su papel en respecto a las culturas del mundo».

 

4 junio 2018 at 1:55 pm Deja un comentario

Rodin se mide con Fidias

El British Museum de Londres confronta en una excepcional exposición las obras maestras del escultor francés con una selección de los mármoles del Partenón

A la izquierda, figuras de dos diosas procedentes del frontón este del Partenón. A la derecha, «El Beso», de Rodin (versión en yeso) – ABC

Fuente: Natividad Pulido – Londres  |  ABC
21 de mayo de 2018

Desembarco artístico francés esta primavera en Londres con dos de sus tesoros nacionales. Primero lo hizo Monet y sus poéticas arquitecturas en la National Gallery –hay lienzos del maestro impresionista que son pura abstracción– y, más tarde, Rodin en el British Museum con una exposición que habría emocionado al propio escultor al ver muchas de sus mejores creaciones cara a cara con los mármoles del Partenón que tanto admiraba, concebidos por Fidias. Dos de los más excelsos escultores de la Historia del Arte miden su enorme talento en la galería Sainsbury, que por vez primera desde que se inauguró en 2014 deja entrar la luz natural. No es fácil aguantar el tipo junto a las piezas que decoraron el Partenón. Rodin lo logra, demostrando con ello el genial escultor que fue.

A la derecha, «Dios del río Ilisos», figura A del frontón oeste del Partenón. A la izquierda, «Ariadna» (1905), de Rodin – ABC

Pocas veces se ve tanta obra maestra por centímetro cuadrado en una exposición, cuyo elegante montaje está a la altura. El diseño está inspirado en el estudio de Rodin en Meudon, a las afueras de París. Las esculturas se exhiben a la altura de nuestros ojos, como si nos halláramos visitando el taller del artista. En casi todos los casos hay un acceso de 360 grados que permite admirar las piezas desde todos los ángulos. Es una ocasión excepcional poder ver, fuera de sus habituales salas, un buen puñado de joyas del Partenón. Como lo es el generoso préstamo de esculturas del Museo Rodin de París. La ocasión bien lo merecía. Se reúnen, hasta el 29 de julio, con el patrocinio del Bank of America Merrill Lynch, más de ochenta obras en mármol, bronce y yeso, junto a algunos bocetos. La prensa británica se ha rendido al «combate del siglo» entre Fidias y Rodin: «Sorprendente, deslumbrante, sublime» (The Guardian), «Una inspiradora reunión de maestros» (The Times), «Uno de los espectáculos del año» (The Telegraph), «Triunfante» (The Daily Mail), «Extraordinario, impresionante» (The Observer)…

A la izquierda, «Iris», figura N del frontón oeste del Partenón. A la derecha, «Iris, mensajera de los dioses» (1895), de Rodin – ABC

Nunca viajó a Grecia

«Antigüedad es mi juventud», decía Rodin, asiduo lector de Ovidio. Nunca viajó a Grecia, pero siempre sintió fascinación por la escultura griega antigua y, en especial, por el Partenón, que consideraba «un monumento eterno». Fue tal la pasión de Rodin por la Antigüedad que coleccionó cerca de 6.000 piezas. En 1900 construyó un museo en Meudon para acogerlas. En 1881 visitó por vez primera Londres y acudió al British Museum. Se hospedaba en el hotel Thackeray, justo enfrente. Al fin podía admirar «in situ» –hasta entonces tuvo que contentarse con hacerlo en libros o postales– las obras que tanto le obsesionaban y cuya belleza le cautivaba. Hizo algunos bocetos en papel de carta del hotel. Pero nunca haría copias de ellas, tan solo le sirvieron como inspiración. «Amo las esculturas de la Antigua Grecia, han sido y siguen siendo mis maestros», decía Rodin. Visitó el museo al menos en quince ocasiones. «En mi tiempo libre frecuento el British Museum», solía decir. Lo hizo hasta poco antes de su muerte.

Mentor artístico y espiritual

«Palas Atenea con el Partenón» (1896), de Rodin – MUSEO RODIN

Fidias fue un mentor artístico y espiritual para Rodin. Aunque cueste creerlo, 2.320 años separan separan a ambos genios, que fueron los más célebres en sus respectivas épocas. Las esculturas de Fidias (h. 480-90 a.C.-h. 430 a.C) son de una rabiosa modernidad. Las más célebres, las monumentales esculturas de Atenea Virgen del Partenón, y de Zeus en Olimpia, ambas en oro y marfil. Las de Auguste Rodin (1840-1917) semejan reliquias arqueológicas. Y es que, como explica Hartwig Fischer, director del British Museum, Rodin eliminó cabezas y extremidades de sus esculturas, creando un nuevo género artístico moderno. A través de las piezas del Partenón, Rodin descubrió el poder de los fragmentos para transmitir el significado de la obra completa: «Las estatuas dañadas, encontradas en las ruinas, no son menos obras maestras por estar incompletas».

Concibe «El hombre que camina» como una reliquia arqueológica sin cabeza ni brazos, en la que desafía la representación del movimiento. Esta escultura se muestra junto a la figura K de una diosa, también sin cabeza ni brazos, procedente del frontón este del Partenón.

Dos versiones de «El pensador» de Rodin en las salas del British Museum – ABC

Lord Elgin y el expolio

Lord Elgin, embajador británico en Atenas, se llevó a Inglaterra muchas de las esculturas del Partenón que sobrevivivieron: 75 de los 160 metros del friso, 15 de las 92 metopas, 17 figuras de los frontones y algunas piezas del monumento. Lord Elgin le pidió a Antonio Canova que restaurara y reemplazara las partes perdidas. El artista rehusó, pues, al igual que Rodin, hallaba sinceridad e inspiración en los fragmentos. El Parlamento británico firmó la compra de las obras en 1816 y se exhiben en el British Museum desde 1817. «Desde entonces han inspirado a pensadores, poetas, artistas…, pero a ninguno como Rodin», advierte Hartwig Fischer.

«La edad de bronce» (1877), de Rodin – MUSEO RODIN

El Estado francés le encargó a Rodin unas puertas para un museo de artes decorativas que iba a inaugurarse en París. El proyecto no llegó a materializarse, pero «Las puertas del infierno», de seis metros de altura, fueron para el artista una fuente de inspiración constante durante toda su vida. Entre esas figuras, sus celebérrimos «El Beso» y «El pensador», que acabaron siendo esculturas independientes. Hay versiones de ambas en la exposición. De «El Beso» (se inspiró en los amantes Paolo y Francesca de «La Divina Comedia»), una versión en yeso de gran tamaño que Rodin mantuvo toda su vida. A su lado, los cuerpos de dos diosas, una reclinada junto a la otra, figuras L y M del frontón este del Partenón. Se cree que pueden ser hermanas o madre e hija. Tanto ellas como «El Beso» están tallados en un solo bloque de piedra: los dos artistas supieron extraer la carne cálida del frío mármol. En las esculturas de Fidias y Rodin hay intimidad, sensualidad y una fuerte carga emocional. En ambos casos, explica Celeste Farge, comisaria de la muestra, «la expresión y la pasión de las figuras se manifiesta a través del cuerpo». Para Ian Jenkins, también comisario, las figuras del Partenón constituyen un estudio erótico sobre la intimidad, a través de los pliegues mojados de sus vestidos. Cree que «El Beso» es «la mejor respuesta artística a las esculturas del Partenón».

Se cree que ni Fidias ni Rodin hicieron con sus manos todos sus trabajos. Este último pudo modelar en arcilla algunas obras que después otros fundían en bronce o esculpían en mármol. Y Fidias pudo diseñar y modelar las obras del Partenón, pero no ejecutarlas. Vamos que Damien Hirst no es original ni siquiera en eso. Rodin quiso que su arte «expresara las emociones desde las alturas del éxtasis hasta las profundidades de la agonía». Éxtasis y agonía que halló en los mármoles del Partenón que tanto amó, pero que también tanto le atormentaron: «Ningún artista podrá superar a Fidias. El más grande de los escultores nunca será igualado».

Fragmento correspondiente al friso norte del Partenón – BRITISH MUSEUM

De Miguel Ángel a la Acrópolis

Son muchas las conexiones entre Fidias y Rodin presentes en la exposición. Para su escultura «La edad de bronce» (1877), Rodin se inspiró tanto en «El esclavo moribundo», creado por Miguel Ángel en 1513 (Museo del Louvre) -viajó a Italia en 1875-76 y allí descubrió al genio florentino-, como en algunas de las figuras del Partenón. Es el caso de un joven que se prepara para el desfile incluido en el friso norte del principal monumento de la Acrópolis. En ambos casos se repite la pose, el gesto, la misma emoción. Auguste Neyt posó para esta escultura de Rodin.

 

21 mayo 2018 at 7:56 am Deja un comentario

Las esculturas de Rodin «hablan» con las del Partenón en el Museo Británico

Las obras de Auguste Rodin entablan una conversación con las esculturas del Partenón en una nueva exposición del Museo Británico de Londres, «Rodin y el arte de la Antigua Grecia», que pone en diálogo al francés con el clasicismo griego.

Vista de la escultura «Pallas con el Partenón» del escultor francés Auguste Rodin durante el pase de prensa de la exposición «Rodin y el arte de la Antigua Grecia» en el Museo Británico de Londres (Reino Unido). EFE

Fuente: Sabela Rey Cao – EFE  |  YAHOO Noticias
24 de abril de 2018

La primera pieza de la muestra es una escultura en mármol y yeso de la diosa griega de la sabiduría, Atenea -aquella que nació de la testa de Zeus después de que este se comiera a su madre-, representada con un Partenón en miniatura que emerge de su propia cabeza y que anuncia el motivo que recorrerá la producción del francés: Grecia como cumbre intelectual y artística.

Rodin (1840-1917) fue un frecuente visitante del Museo Británico, al que acudió por primera vez en 1881 y en el que siempre vagaba a la caza de los restos del templo griego para capturarlos a lápiz.

Sus dibujos, escritos y esculturas pueblan la exposición del famoso museo londinense, que ha colocado junto a sus creaciones las esculturas del Partenón, para establecer así comparaciones e iluminar la fuerte relación que mantuvo con los griegos, según explicaron los responsables en su presentación hoy a la prensa.

El escultor francés veía en Fidias, arquitecto encargado de reconstruir la Acrópolis de Atenas y el escultor más famoso de la Antigua Grecia, un mentor artístico e intelectual con el que hablaba, a pesar de las barreras temporales, a través de su obra.

«Quisimos poner en conjunto tantos paralelismos como pudimos», indicó Ian Jenkins, comisario de la muestra, sobre las parejas escultóricas.

Una de las obras más famosas del francés, «El beso» (1882), que representa a dos amantes prohibidos de la «Divina Comedia» de Dante, se exhibe aquí junto a dos diosas descabezadas pertenecientes al frontón este del Partenón, en la que una reposa sobre el regazo de la otra.

Vista de la escultura «El beso» del escultor francés Auguste Rodin durante el pase de prensa de la exposición «Rodin y el arte de la Antigua Grecia» en el Museo Británico de Londres (Reino Unido). EFE

Estas dos creaciones dialogan formalmente y constituyen un escrupuloso y erótico estudio sobre la intimidad a partir de la idea de fundición entre sus figuras, generada por haber sido esculpidas en un mismo bloque de mármol, en ambos casos.

«Rodin no está citando directamente estas figuras del Partenón, pero vimos una conexión entre ellas», señaló a Efe Celeste Farge, comisaria de la exposición, al tiempo que dijo que «la expresión y la pasión de las figuras se manifiesta a través del cuerpo».

Vista de un freco del Partenón de Atenas expuesto durante el pase de prensa de «Rodin y el arte de la Antigua Grecia» en el Museo Británico de Londres (Reino Unido). EFE

Otros temas recurrentes del francés se pueden ver en el torso sin cabeza ni brazos de «El hombre que camina» (1907), donde el artista pone el foco en el poder expresivo del cuerpo y en la representación del movimiento con una figura suspendida en el acto de caminar.

«Se inspira en una gran variedad de fuentes, era un ávido lector», apuntó Farge, en alusión a las influencias literarias del francés, que toma referencias de Dante, Baudelaire, Ovidio o los mitos griegos, entre otros.

«Tuvo la audacia de inventar sus propias figuras», añadió Farge sobre las inspiraciones literarias del francés.

La comisaria se refirió así a la pieza «Ilusión: Hermana de Ícaro» (1894-6), en la que el genio se inventó una hermana para Ícaro -el hijo de Dédalo que se quemó al volar muy cerca del sol-, una figura que parece inicialmente sin vida y a la que Rodin le da la vuelta para generar la idea de una caída en picado hacia la Tierra.

Esta creación estaba pensada como parte del conjunto «Las puertas del infierno» (1880-1917), el primer gran encargo del francés para un museo de París, que concentraba en dos pórticos de seis metros de alto, personajes y escenas del «Infierno» de Dante.

El museo que se lo encargó nunca llegó a inaugurarse, pero él continuó trabajando en sus detalles hasta el final, creando nuevos modelos a gran tamaño de algunas de las figuras que ya había hecho, como «El pensador» -también en exhibición dentro de la muestra-.

«A Rodin le encantaba dibujar cuando venía aquí y queremos animar (a la gente) a hacer lo mismo», dijo Farge sobre la novedosa inclusión de cuadernos de dibujo para que los visitantes tengan una experiencia parecida a la del francés, hace más de cien años.

Además, la pinacoteca ha prescindido de las cortinas en la sala para permitir la entrada de luz natural y ha colocado las esculturas a la altura de la visión, en bajos plintos.

La obra de Rodin, un escultor que fue un puente entre la Antigüedad y la Modernidad, estará en el museo de la capital británica hasta el 29 de julio.

 

29 abril 2018 at 10:39 pm Deja un comentario

La competición o la vida

En la antigua Grecia la palabra ‘Agón’ servía para designar la competición. Una muestra con ese título recorre en CaixaForum el espíritu de lucha y desafío que llevó a los griegos a desarrollar campeonatos y juegos deportivos de los que todavía nos nutrimos, pero también envites intelectuales, en la música y en el teatro. Una búsqueda de la victoria reflejada y bien por el arte.

Figurillas de bronce Etrusco-campanienses, realizadas c. 480 a.C. Halladas en Cumas, Italia.

Fuente: ISABEL GÓMEZ-MELENCHÓN  |  LA VANGUARDIA
27 de enero de 2018

Los ganadores de cualquiera de las numerosas competiciones deportivas que se desarrollaban en Grecia no recibían medallas. Su recompensa era la fama. Pero no sólo eso: los deportes eran un buen negocio, en todos los sentidos. A menudo un estado (en el siglo VIII a.C. surgieron por el Mediterráneo cientos de polis, ciudades estado griegas) patrocinaba a un atleta y corría con los gastos de su entrenamiento, viajes, equipo, una inversión que compensaba si este obtenía una victoria, a mayor prestigio de sus paganos. Y a su vez el atleta era retribuido no sólo en su amor propio, sino con grandes privilegios, como alojamiento y manutención gratis y acceso libre a los teatros de por vida, además de contar con un nutrido grupo de admiradores.

¿Hablamos de la antigüedad o de ahora mismo? La exposición Agón! La competición en la antigua Grecia que puede verse en CaixaForum nos ilustra hasta qué punto nuestra tra­dición deportiva tiene un ADN bien localizable. Sí, fueron los romanos quienes dijeron lo de mens sana in corpore sano, pero se lo habían copiado a los griegos. Como ahora hacemos también nosotros, y no sólo con los Juegos Olímpicos, como puede verse en esta magnífica muestra que reúne 170 objetos procedentes del British Museum: entre ellos un fragmento del friso del Mausoleo de Halicarnaso, del 350 a.C., que nunca antes había salido de Londres, o el jarro que acompaña estas líneas, en el que un joven está a punto de coronarse. Siguiendo con las retribuciones más materiales que los laureles, el ganador de la carrera de bigas (carruajes) en las Panateneas, las competiciones de Atenas, recibía 140 ánforas de aceite de oliva, que comparados con fichajes como el de Coutinho hacen sonreír, pero en aquel tiempo valían lo suyo, igual que los recuerdos que podían encargar los atletas de Olimpia: con una victoria, una estatua, con tres, un retrato de sí mismo a cargo de un escultor de élite, Fidias o Mirón. Sin duda eran auténticas estrellas.

Los vencedores en algunas carreras en Atenas recibían como premio 140 ánforas de aceite de oliva

Atenas, Olimpia, Esparta… La rivalidad entre las ciudades tenía su pendant en la que existía entre sus ha­bitantes, reflejo, a su vez, de la que amenizaba la vida de sus dioses: enfrentados entre ellos para establecer la jerarquía de su autoridad, tiene nada de extrañar que los humanos los acabaran emulando y aspiraran a convertirse en héroes. Agón es el término que designaba esta rivalidad que se consideraba necesario y estimulante, no sólo en las actividades físicas, también en las intelectuales, música o teatro, y de apariencia, como los concursos de belleza, uno de los cuales, si hay que creer a Homero, dio lugar a la guerra de Troya.

Entrenados desde bien pequeños para ser competitivos, el deporte era una salida natural para tanta testosterona.También la guerra. Si de la política se puede decir que es la continuación de la guerra por otros medios, también se podría decir lo mismo del deporte, o al revés. Ambas actividades compartían representaciones y dioses, tal como se explica en el estupendo catálogo que acompaña a la exposición. La diosa de la victoria, Niké, era, se explica en el catálogo, una de las más representadas en las artes plásticas, unas veces para conmemorar un triunfo bélico, otras deportivo: se la suele caracterizar con alas o al frente de veloces carros, también en los frontones de los edificios, donde se la situaba posándose después de un vuelo.

Diadumeno

Los hombres competían desnudos, de hecho se prohibió ropa en las competiciones deportivas para evitar accidentes, pero también para mostrar la perfección alcanzada con el ejercicio, de ahí el culto al cuerpo pero también su cuidado.Para protegerse la piel, los atletas se frotaban con aceite de oliva, y después del entrenamiento y de las competiciones se limpiaban con un estrígilo, un utensilio metálico con una hoja curva, con aceite de oliva, bálsamos perfumados y ungüentos. Los niños se iniciaban muy pronto en la educación deportiva, reservada, evidentemente, para los varones; una excepción es la figura de Atalanta, la primera atleta femenina de la mitología griega, quien se resarció venciendo en unos juegos fúnebres del hecho de haber sido abandonada por su padre, el rey Yaso, quien deseaba un varón…

Las competiciones eran parte tan fundamental en la vida griega que incluso formaban parte de los ritos funerarios. Los griegos consideraban que el deporte, y la competición en general, unía a los pueblos, pero también que su instrucción desde la infancia era una manera de inculcar a los pequeños la importancia de seguir las normas. Ya vemos que palabras como gimnasio, palestra o estadio no son lo único que nos han legado los helenos al respecto.

Agón! La competición en la antigua Grecia

Comisario: Peter Higgs. Caixaforum. Barcelona. http://www.caixaforum.es. hasta el 18 de febrero

 

27 enero 2018 at 12:25 pm Deja un comentario

Encuentran una ciudad perdida hace 2.000 años fundada por Alejandro Magno

Qalatga Darband se encuentra en lo que por aquel entonces era Mesopotamia

El asentamiento ha sido encontrado en la región de Kurdistán. / British Museum

Fuente: DAVID JUSTO > Madrid  |  Cadena SER
26 de septiembre de 2017

Después de estar perdida durante más de 2.000 años, un grupo de investigadores del British Museum ha encontrado los restos de la antigua ciudad de Qalatga Darband junto al lago Dukan, en la región de Kurdistán (Irak). Esta ciudad, fundada por Alejandro Magno, fue un antiguo asentamiento fortificado por la que pasaba un activo tráfico de vino con el objetivo de calmar la sed del ejército de Alejandro Magno durante la guerra contra el rey persa Dario III.

Tal y como explica el arqueólogo John MacGinnis del Museo Británico a The Times, el grupo de arqueólogos ha encontrado en Irak, en lo que en aquél entonces era Mesopotamia, restos de un edificio cuadrado que pudo haber sido un fuerte y bloques de piedra califa que pudieron haber sido utilizados como bases para prensas de vino o aceite.

«Una ciudad bulliciosa»

El arqueólogo explica, a pesar de que reconoce que es temprano para sacar conclusiones, que Qalatga Darband fue una ciudad bulliciosa que se convirtió en un paso fundamental entre los actuales Irak e Irán. Bajo su punto de vista, este asentamiento, que habría sido fundado el 331 a.C., pudo contar con una importante industria vinícola.

 

De hecho, un gran número de soldados y comerciantes visitaban la aldea para beber vino y aprender más sobre los antiguos filósofos que acudían a los comercios de esta localidad.  Se estima que el asentamiento llegó a estar compuesto por más de 3.000 personas.

Descubierto en plena guerra fría

Durante la excavación, el grupo de arqueólogos ha descubierto un gran número de tejas y estatuas en el asentamiento. De hecho, se cree que las figuras encontradas representan a los dioses griegos Perséfone y Adonis. Al mismo tiempo, el equipo también ha encontrado monedas en las que se muestra al rey Orodes II, que gobernó entre el 57 y el 37 a.C. Por lo tanto, el asentamiento se mantuvo durante varios siglos.

No se volvió a saber nada sobre esta localidad hasta que un satélite espía lo descubrió en plena guerra fría. Uno de los satélites, mientras sacaba fotos en la región de Kurdistán, en Irak, detectó diversas marcas en los cultivos visibles, lo que señalaba la existencia de un posible asentamiento.

Parte del asentamiento. / British Museum

Trabajarán sobre el terreno hasta 2020

Dado que los militares nunca llegaron a interesarse en las ruinas, los arqueólogos no pudieron trabajar con estas fotografías hasta 1996, cuando se desclasificaron oficialmente. Fue entonces cuando el equipo de arqueólogos del Museo Británico decidió investigar el terreno. No obstante, la guerra que asoló el país impidió realizar el trabajo, por lo que tuvo que esperar hasta el final de la misma para proceder con su trabajo.

Desde entonces, y hasta el año 2020, el grupo de investigadores trabaja sobre el terreno con el objetivo de desenterrar los secretos de esta ciudad perdida que esconde un gran número de secretos.

 

26 septiembre 2017 at 5:01 pm Deja un comentario

Cuando los griegos eran perfectos

Una muestra examina en CaixaForum Madrid la pasión competitiva de la Antigua Grecia con 172 tesoros del British Museum, muchos de los cuales se prestan por primera vez

‘Friso de Amazonas’, de 1,80 metros de largo por 0,90 de alto, del mausoleo de Halicarnassus.

Fuente: ÁNGELES GARCÍA > Madrid  |  EL PAÍS
13 de julio de 2017

¿Diría que la competitividad es un rasgo distintivo de este tiempo en el que todo —los seguidores, los likes, las calorías— se mide? Pues no eso no es nada comparado con los antiguos griegos. Creían que la perfección solo se podía lograr mediante la destreza física y una mente en plena forma y le daban a la competencia un significado de honor y de respeto hacia el otro y hacia uno mismo. De todo ello trata la exposición Agón! La competición en la antigua Grecia, presentada ayer en el CaixaForum de Madrid.

A través de 172 piezas (esculturas, monedas, cerámicas, joyas) procedentes del Museo Británico, se examina el espíritu retador de la civilización a la que, entre otra infinidad de cosas, le debemos la democracia y el olimpismo. Muchas de ellas están consideradas obras maestras y han sido restauradas para su presentación por primera vez fuera de Londres. El caso más espectacular es el fragmento del gigantesco friso (tenía 45 metros de altura) del Mausoleo de Halicarnaso. La exposición permanecerá abierta hasta el 15 de octubre y después viajará por los centros que CaixaForum tiene abiertos en España.

La clave es ‘agón’

La palabra clave es agón, término que en griego antiguo significa contienda, desafío, disputa. Peter Higgs, conservador de escultura y arquitectura griega del British Museum y comisario de la exposición, explica que el sentimiento de competitividad acompañaba a los griegos desde la infancia y hasta la muerte: “Desde los relatos épicos de Homero hasta los triunfos deportivos en Olimpia pasando por las victorias de grandes generales, en la antigua Grecia una intensa rivalidad lo dominaba todo. La competición impregnó incluso el universo de las artes, con certámenes de música, teatro, escultura y pintura”.

La preciosa escultura alada de Niké, la diosa de la victoria, con las ropas agitadas por el viento (hacia el año 100 antes de Cristo) indica el recorrido por un mundo en el que la vida no se concibe sin el deseo de ser el mejor. Los héroes, atletas y guerreros, esculpidos o reproducidos en cerámicas, recuerdan que los griegos eran fanáticos del deporte, como demostraban en los juegos panhelénicos que periódicamente se celebraban en Olimpia, Delfos, Itsmia y Nemea. “Los ganadores”, explica el comisario, recibían suculentos premios y eran tratados como héroes. Como ocurre en la actualidad, las competiciones deportivas eran las grandes distracciones del pueblo griego, su particular forma de entretenimiento. La pasión era de tal calibre que, aún en tiempos de guerra se paralizaban las batallas para poder celebrar los juegos.

De manera paralela a las exhibiciones de fuerza y destreza, los griegos mostraban su amor por la cultura a través de concursos de teatro y música a los que asistían decenas de miles de espectadores y en los que participaban escritores como Esquilo, Eurípides, Sófocles o Aristófanes. Un muestrario de máscaras teatrales y pequeñas esculturas sirven para ilustrar que aquellas piezas eran representadas solo por hombres. Los galardones de las competiciones de las artes escénicas consistían en sencillas coronas de hiedra, aunque los actores y dramaturgos que lograban triunfar eran tratados como auténticas celebridades a las que se pagaba con importantes sumas económicas y se les dedicaban esculturas en espacios públicos. La música, la danza y la poesía, considerados esenciales para la educación de los niños, también tenían sus propios concursos.

Escultura de mármol ‘Atleta con disco’.

Aunque entre todos los artes, tal vez sea el de la guerra en el que los griegos daban rienda suelta al espíritu competitivo innato en ellos. Los ejércitos procedían de las clases propietarias, tanto de las ciudades como del campo. La preparación de la lucha era tan importante que los niños se iniciaban en su formación militar con solo siete años y no dejaban de estar disponibles hasta pasados los 50.

Lejos de aplacarse con el final, la rivalidad social se acentuaba ante la muerte; la duración y lujo del funeral tenía que estar en consonancia con la importancia del personaje fallecido. El mejor ejemplo se exhibe en el apartado final de la muestra con el fragmento de la tumba del poderoso rey Mausolo de Caria, hallada en Halicarnaso, hoy Turquía. Es la pura imagen de la clase de poderío que trasciende al más allá.

Relieve de máscaras griegas.

EL MUSEO DE TODO EL MUNDO A PESAR DEL BREXIT

Las colecciones del British Museum están consideradas como las más importantes de todo el mundo en su especialidad y las reclamaciones, como las de los griegos sobre los frisos procedentes del Partenón, han sido constantes. La respuesta pública por parte del museo ha sido siempre que ellos ejercen de cuidadores de un patrimonio que reconocen universal. Pero ahora, con la inminente salida del Reino Unido de la Unión Europea, las preocupaciones han vuelto a aflorar. ¿Qué ocurrirá como consecuencia del Brexit? El director del museo, Hartwig Fischer, tuvo que responder ayer a esa preocupación en la presentación de la exposición en Caixaforum. “Es pronto para decir qué va a ocurrir con el Brexit. Tenemos la esperanza de que se haga lo correcto y que se siga manteniendo la idea de que el British es un museo del mundo para el mundo”.

 

13 julio 2017 at 9:00 pm Deja un comentario

Por qué la fabulosa copa de Licurgo desconcertó y luego asombró a los científicos

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El cáliz guardaba sus secretos. LOS ADMINISTRADORES DEL MUSEO BRITÁNICO

Fuente: BBC Mundo
6 de noviembre de 2016

Todo en ella es fabuloso.

Desde las hojas de parra de plata dorada que adornan el borde y forman el pie de la copa, hasta las pequeñas esculturas de vidrio que representan varias escenas de la muerte de Licurgo, el mitológico rey de Tracia que perdió la vida por prohibir el culto a Dioniso, el dios tracio del vino.

Es un ejemplo excepcional, que data del siglo IV, de las que se conocen como copas de jaula o diatretum, pues las figuras de vidrio se entrelazan formando una suerte de jaula decorativa.

Las diatretas se cuentan entre los objetos de vidrio más técnicamente sofisticados que se produjeron antes de la era moderna.

Uno de los dos primeros expertos que la pudieron examinar en detalle en los años 50, David Benjamín Harden, la describió como «la pieza de vidrio más espectacular de ese período que conocemos«.

Y, a medida que se fue conociendo mejor, más estupefactos dejaba a los científicos.

Les impresionaba la habilidad de los artesanos para crear un objeto tan exquisito, que incluso con las máquinas modernas requeriría de destreza y tiempo para reproducir.

Pero eso no era todo.

Los artistas romanos que la crearon hace más de un milenio y medio habían dejado un secreto en su interior, que se revelaba con un dramático cambio de color.

A veces se veía así:

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LOS ADMINISTRADORES DEL MUSEO BRITÁNICO

Y otras así:

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LOS ADMINISTRADORES DEL MUSEO BRITÁNICO

El cambio dependía de la dirección de la luz.

Al alumbrarla por delante, su color es verde jade y opaco; por detrás, se torna rojo rubí translúcido… y varios tonos de esos dos colores en medio.

Perplejidad

Desde que el Museo Británico la adquirió en 1958, el misterio del color del cáliz milenario intrigó a los expertos.

No fue sino hasta 1990, cuando unos investigadores en Inglaterra examinaron con microscopios unos fragmentos del vidrio, que se descubrió que los artesanos romanos fueron unos pioneros de la nanotecnología.

Habían impregnado el vidrio con partículas de plata y oro que redujeron a 50 nanometros en diámetro, es decir, mil veces más pequeñas que un grano de sal.

Tal escala sólo da cabida a la perplejidad.

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Un color que los romanos lograron con lo que hoy en día es tecnología de punta. LOS ADMINISTRADORES DEL MUSEO BRITÁNICO

Particularmente porque simplemente añadir oro y plata al vidrio no produce automáticamente esa propiedad óptica única.

Para lograrlo, se requiere un proceso tan controlado y cuidadoso que lleva a que muchos expertos descarten la posibilidad de que los romanos hayan podido producir la asombrosa pieza por accidente, como sugieren algunos.

Es más, la mezcla tan exacta de los metales hace pensar que los romanos llegaron a entender cómo usar las nanopartículas.

Descubrieron que si le añadían metales preciosos al vidrio fundido lo podían teñir de rojo y producir unos efectos de cambio de color inusuales.

Pero, según los investigadores del estudio «La copa de Licurgo – la nanotecnología romana», era una técnica demasiado complicada para perdurar.

No obstante, siglos más tarde la maravillosa copa fue la inspiración para la investigación contemporánea de nanoplasmones.

Ese secreto que dejaron los antiguos romanos en un cáliz que honra al dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis, hoy en día es valioso, entre otras cosas, para diagnosticar enfermedades e identificar riesgos biológicos.

 

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6 noviembre 2016 at 7:52 pm Deja un comentario

Un camarero rompe un dedo a una valiosa estatua del British Museum

El hombre chocó contra la escultura el año pasado y el museo lo ocultó hasta restaurarla

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La Venus de Townley en exhibición en el el British Museum. / THE TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUM

Fuente: EL PAÍS
27 de octubre de 2016

La secuencia parece sacada de una película de Mr. Bean. Sin embargo, es real. Londres, seis de la tarde del pasado 10 de diciembre. Una empresa de catering contratada por el British Museum ultima los preparativos para un evento corporativo en una sala de la pinacoteca. Alrededor, lucen hermosas estatuas de varios maestros griegos y romanos. Un camarero se agacha para un arreglo. Al levantarse no se percata de que a su espalda, demasiado cerca, está la Venus de Townley, obra del primer o segundo siglo d.C., de valor «incalculable», según la BBC. Así que el hombre y la diosa chocan. Y el pulgar de la mano derecha de la estatua cae al suelo. Por lo menos, el dedo resultó intacto y pudo ser restaurado sin problemas por el museo.

La pinacoteca no hizo público lo ocurrido. Pero la historia ha sido descubierta y publicada ahora por la revista especializada The Art Newspaper, que ha reconstruido lo ocurrido aquella tarde. La publicación también apunta a que el museo no ha querido identificar la compañía de catering implicada, aunque destaca que ha de ser una de las nueve que suelen ser contratadas habitualmente por el British Museum.

Una portavoz del museo informó a The Art Newspaper que la ruptura del pulgar fue «limpia» y que pudo ser arreglada de forma rápida y directa. Y el centro añadió en un comunicado que se ha tomado el incidente «en serio». «La preservación de nuestra colección es de importancia fundamental. Nuestros conservadores expertos han podido restaurar perfectamente la obra y ha permanecido expuesta al público», añade el documento.

The Art Newspaper añade que el British Museum ha tomado también medidas para evitar episodios parecidos en el futuro. «Hemos dado pasos para asegurarnos de que no se repita. Todo el personal que está implicado en eventos que no sean vigilados ha sido entrenado para ofrecer la mejor protección de las obras», ha declarado una portavoz.

En 2012 otro visitante protagonizó un incidente con la misma estatua, y resultó dañada una mano que también tuvo que restaurarse. La escultura es una copia de otra griega, la Diosa del Amor. La copia de mármol del museo londinense mide dos metros de alto y se encontró en Roma en 1775 y la compró Charles Townly, de ahí su nombre. Sus descendientes la vendieron al museo en 1805.

 

27 octubre 2016 at 2:52 pm Deja un comentario

¿‘Brexit’ a favor del Partenón?

Una docena de diputados británicos propone devolver a Atenas los mármoles sustraídos en el siglo XIX que se exhiben en Londres

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Friso del Partenón de Atenas, en el Museo Británico de Londres.

Fuente: MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO > Madrid  |  EL PAÍS
19 de julio de 2016

En julio de 1816, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin, vendió al Estado británico por 35.000 libras de la época una colección de relieves escultóricos procedentes de la Acrópolis de Atenas. Por eso más de la mitad de la decoración del Partenón, el templo del que se extirparon los motivos, debe verse en el Museo Británico de Londres, pese a la insistencia griega en recuperar el patrimonio y completar la exposición del conjunto en Atenas.

Dos siglos después, y en plena resaca del Brexit, una docena de parlamentarios británicos presentaba la semana pasada en Westminster un proyecto de ley para impulsar la devolución de los denominados “mármoles de Elgin” a Grecia. Los diputados, proeuropeos y de varios partidos (laboristas, liberal-demócratas, el nacionalista escocés SNP o el galés Plaid Cymru; ningún tory), vuelven a poner sobre la mesa la añeja pelea entre Atenas y Londres —y por extensión, entre el resto del mundo expoliado y las antiguas metrópolis— sobre derechos patrimoniales, legado histórico e identidad cultural.

El robo —según la terminología griega— perpetrado por Elgin, a la sazón embajador británico ante la Sublime Puerta (Imperio otomano), dejó al templo dedicado a la diosa Atenea Parthena (una de sus invocaciones, de ahí Partenón) demediado, sin metros del friso y un centenar de metopas. La Acrópolis vivía tiempos oscuros, y sus templos servían de aprisco, polvorín o mezquita, entre otras funciones espurias, de manera que la rapiña pasó desapercibida. Pero desde los ochenta, gracias a la actriz Melina Mercouri, durante un tiempo ministra de Cultura, la campaña de la devolución fue ganando entidad, y hoy personalidades como Bill Clinton, Georges Clooney —su esposa, abogada, acaba de asesorar al Gobierno griego— o Vanessa Redgrave respaldan la restitución de los mármoles. El nuevo museo de la Acrópolis tiene espacio más que suficiente para albergar los miembros expoliados ya que su galería dedicada al friso del Partenón muestra, junto a los relieves que quedaron en Grecia, imponentes vacíos: los de las piezas que se exhiben en Londres.

El nuevo museo de la Acrópolis, inaugurado en 2004, tiene espacio para las piezas expoliadas

El catedrático emérito de Arqueología y director del museo de la Acrópolis, Dimitris Pantermalís, subraya la “amputación del patrimonio” al valorar la iniciativa parlamentaria. “Es una petición muy correcta, y no sólo para los griegos, sino como oportunidad de restablecer la unidad física de un monumento patrimonio de la humanidad. Desde el expolio, muchas de las esculturas están divididas, la figura de Poseidón tiene la cabeza en un sitio y el torso en otro, y así sucesivamente. Pero insisto, no es un problema sólo griego, sino universal. Los griegos tenemos derecho a reunir todas las piezas en un mismo sitio, donde fueron creadas. Y para ello es esencial que la cuestión se mantenga viva”, explica Pantermalís, miembro del comité especial del Ministerio de Cultura griego para los mármoles.

Moneda de cambio

El profesor Paul Cartledge, vicepresidente del Comité Británico para la Reunificación de los Mármoles —creado en 1983—, enfría sin embargo toda expectativa de que la iniciativa legislativa pueda dar frutos. “Es improbable que el proyecto se convierta en ley, pero lo que sí hace es introducir el asunto en las conversaciones de pasillo en Westminster”, cuenta por correo electrónico. “Y ello contribuirá también a reverdecer la conciencia del resto del mundo”, añade Cartledge. El próximo trámite legislativo, empero, no tendrá lugar “hasta el 20 de enero”, avisa.

El movimiento, en plena onda expansiva del Brexit, puede o no tener que ver con el seísmo político, aunque no faltan quienes ven en él una moneda de cambio —o un gesto amable— para mejorar las condiciones de desconexión de Reino Unido de la UE. Pandermalís no osa pronunciarse sobre ello: “Ese análisis no me corresponde a mí, pero creo que los acontecimientos en curso conducirán a una Europa más abierta en la que los museos puedan colaborar”.

Otros tiran de hemeroteca y sacan a relucir una añeja fotografía de 1986 en la que se ve a Melina Mercouri y a un joven Boris Johnson, eurófobo de pro, hoy ministro de Exteriores y en esa época, presidente de la Oxford Union, antes de un debate sobre, precisamente, los mármoles de Elgin. Mercouri, con la melena leonina y su poderío de diosa griega; Johnson, barbilampiño y de etiqueta: una instantánea que parece una carambola de la historia.

El director del Museo Británico rechaza el retorno

El director del Británico, Hartwig Fischer —primer responsable extranjero del venerable museo, el segundo más visitado del mundo tras el Louvre—, no se ha pronunciado sobre la iniciativa parlamentaria, pero tiene muy clara su postura sobre la hipotética devolución de las piezas griegas del Británico. En una entrevista concedida al diario The Guardian a primeros de julio —pocos días después del referéndum—, Fischer apuntaba que el papel de la institución que dirige será aún más importante tras el Brexit y que los mármoles están donde deben estar, “en el contexto de una exposición de obras de la cultura universal”, en referencia a las otras salas del establecimiento, dedicadas al Antiguo Egipto, Roma u Oriente Próximo, entre otras. “Hay mucha, mucha gente que aprecia que estén aquí, y yo soy uno de ellos”, recalcó.

 

19 julio 2016 at 9:06 pm Deja un comentario

Proyecto de ley en Reino Unido para devolver a Grecia los mármoles del Partenón

El proyecto, elaborado por una docena de parlamentarios de varios partidos políticos, podría ayudar a Reino Unido en las negociaciones con la UE sobre el Brexit.

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Fuente: EL BOLETÍN
11 de julio de 2016

Un grupo transversal de parlamentarios británicos tienen previsto presentar un proyecto de ley para que Inglaterra devuelva los mármoles del Partenón, cuando se cumplen 200 años de que Lord Elgin, embajador británico del entonces Imperio Otomano vendiera a su gobierno por 35.000 libras buena parte del friso interior y las metopas. El proyecto, revelado por el diario The Independent podría ayudar a Reino Unido en las negociaciones con la UE sobre el Brexit.

Estos mármoles han sido durante mucho tiempo una fuente de tensión entre, por un lado, Grecia y los partidarios internacionales de reunificar los mármoles del templo de 2.500 años y antigüedad y, por otro, Reino Unido y el British Museum, que construyó una sala especial para el friso y las esculturas.

Entre los parlamentarios que presentarán este proyecto de ley se encuentran el diputado liberal demócrata Mark Williams, el conservador Jeremy Lefroy y otros diez laboristas, del SNP y del Plaid Cymru. “Es hora de que se corrija un error de 200 años”, ha asegurado Williams.

Las circunstancias en que Lord Elgin se hizo con estas esculturas están en disputa, algunos afirman que los robó de manera deliberada. Atenas ha solicitado su devolución sin éxito desde la victoria en la Guerra de la Independencia en 1832. Durante la contienda, los combatientes griegos llegaron a dar balas a los soldados otomanos sitiados en la Acrópolis, ya que estaban dañando el Partenón mediante la eliminación de los accesorios de plomo para hacer municiones.

Andrew George, presidente de la Asociación Británica para la Reunificación de los mármoles del Partenón, ha dicho son “algunas de las antigüedades más notables en el mundo” y la gente debería poder ver este símbolo nacional de Grecia en un solo lugar.

 

12 julio 2016 at 10:43 am 1 comentario

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Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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