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Barcelona recupera su acueducto romano

La remodelación de una pared medianera pone en valor cuatro arcos del primer edificio público construido en la ciudad

Fuente: JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS EL PAÍS Cataluña
7 de agosto de 2018

Barcelona es fruto de la fundación ex novo de la colonia romana Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino promovida el año 14 a.C. por el emperador Augusto en el marco de la reforma administrativa y viaria del sector noroeste de Hispania, provincia del nuevo imperio que no paraba de extenderse por todo el Mediterráneo. Lo primero que hizo Augusto y sus romanos fue construir las principales calles (el típico cardo y decumanus que se cruzaba en la plaza de Sant Jaume) y antes de rodearla de muralla levantó un acueducto de 13 kilómetros que abastecía de agua desde una fuente cercana al río Besós a los nuevos habitantes. Por eso, el acueducto de Barcelona es la primera obra pública de la ciudad, un edificio que se ha ido perdiendo con el tiempo; derribado por el avance y transformación de la ciudad o enmascarado bajo edificios más modernos.

Es lo que ha pasado con cuatro arcos que han permanecido en la pared medianera de un edificio del siglo XVIII de la plaza Vuit de Març, en el barrio gótico de Barcelona, que después de salir a la luz en 1988 ahora se someterán a una labor de rehabilitación y visualización para ponerlos en valor y dejen de pasar desapercibidos. Los trabajos, enmarcados dentro del Plan Barcino, que trabaja para rehabilitar los restos romanos de la ciudad, tienen un coste de 345.000 obtenidos a partir de las lonas publicitarias que cubren muchos de los edificios de la ciudad.

“Es una pieza clave de nuestra historia. Es el primer edificio público que se construyó con piedra de Montjuïc y estuvo en funcionamiento hasta el siglo VI y VII. El ciclo y reciclaje del agua parece que lo hemos inventado ahora, pero no es verdad. Tenía mucha importancia para romanos que lo primero que buscaban era un caudal de agua potable. Aquí se encontró en la zona de Montcada y tras 13 kilómetros entraba a la ciudad por la Plaça Nova, frente a la catedral, y desde allí llegaba a las industrias, termas, fuentes y casas particulares de los más potentados”, explica Carme Miró, responsable del Plan Barcino y especialista en este tema, tal y como avalan sus múltiples trabajos publicados sobre ese asunto.

Los arcos estaban ocultos hasta que se derribó uno de los edificios dentro de un plan de esponjamiento para crear una plaza. “Uno de los vecinos del barrio, Alfred Lloré, detectó “algo extraño” y avisó al museo de Historia de la Ciutat, que paró el siguiente derribo y posibilitó conservar las arcadas». En la parte superior de la fachada, tras abrirse unas ventanas se rebozará con un estucado, mientras que en la inferior se marcarán los ojos de los arcos para reforzar su profundidad, e incluso se abrirá parcialmente el último para ver su anchura”, prosigue Miró que asegura que habrá que tener en cuenta que siguen teniendo una función estructural dentro del edificio.

“Cuando hablamos de acueducto pensamos en el de Segovia o el Ferreres, de Tarragona, pero en realidad es solo el lugar por donde pasa el agua, lo otro son los arcos que lo aguantan. De hecho, la mayoría de acueductos romanos son subterráneos ya que eso garantizaba la calidad del agua, algo que era muy importante para los romanos”, subraya Miró.

“Siempre se ha dicho que en Barcelona el papel de los andalusíes, los musulmanes españoles, era menor, pero la arqueología nos dice que su presencia fue de unos cien años, un periodo que permite hacer muchas cosas y dejar una impronta grande. Una de ellas fue el del cambio en la gestión del agua que se produce en el siglo IX o X con la creación del Rec Comtal; momento en el que el agua pasa de ser un bien público, un derecho para todos, a ser en la época medieval un bien de consumo que genera riqueza. Algo que no ha cambiado hasta ahora”, explica la arqueóloga.

Los trabajos permitirán marcar el nivel del specus, el canal por donde discurría el agua camino de la ciudad que por dentro está rebozado con mortero de cal, el opus signinum romano. Cuando terminen los trabajos en la medianera se excavará en el subsuelo hasta localizar los cimientos de los arcos y así poder ver el alzado completo de los mismos, que llegarán más o menos a los 11 metros de altura.

Estos cuatro arcos son la zona más visible de este edificio. Pero se han conservado restos en otros lugares, como explica Miró. “En el edificio contiguo de Ca la Dona se conserva una arcada y uno de los pilares; también la entrada del acueducto a la ciudad se puede ver en la Casa de la Ardiaca, mientras que la estructura que se ve junto a la catedral es una reconstrucción de los años sesenta  realizada por el arquitecto Josep Florensa a partir de localizar otro de los pilares. Recientemente en la construcción de un hotel en la calle Magdalenes se encontró otros pilares y se conserva un tramo subterráneo en la zona de Sant Andreu. Pero donde mejor se ve el acueducto es aquí”, sentencia Miró que presentó la intervención (que terminarán en el primer semestre de 2019) en compañía de la concejala del distrito Gala Pin.

 

7 agosto 2018 at 3:25 pm Deja un comentario

Romanos bajo los antiguos juzgados de Barcelona

El derribo del edificio por reformas hace aflorar una necrópolis

Restos arqueológicos en los extremos del desescombro de los antiguos juzgados de Barcelona. A. GARCIA

Fuente: JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS – Barcelona  |  EL PAÍS
19 de julio de 2018

La existencia de restos romanos bajo el edificio que ocuparon los antiguos juzgados de Barcelona antes de su traslado a la Ciudad de la Justicia de L’Hospitalet de Llobregat era un hecho conocido por algunos responsables políticos. Siendo ya presidente de la Generalitat, entre 2003 y 2006, el exalcalde de Barcelona Pasqual Maragall comentó a una autoridad judicial con ironía: “No se os ocurra excavar nunca bajo los juzgados porque está lleno de restos romanos”. Y no se equivocó porque los trabajos de demolición de los edificios judiciales situados al comienzo del paseo Lluís Companys (iniciados el pasado 14 de junio) habrían detectado restos de una necrópolis romana. Fuentes del Departamento de Justicia que coordinan los trabajos de demolición y las excavaciones no desmienten el hallazgo, si bien remiten a que los detalles se harán públicos la semana próxima. Aun así, los restos que han aflorado “no solo son romanos” y se deduce su importancia porque admiten que “pueden condicionar el resto de trabajos”.

Las obras ya empezaron con un grupo de arqueólogos al lado ante la alta posibilidad de que la zona conservara restos arqueológicos, como así ha sido. Los edificios dieron paso pronto a montañas de escombros que están siendo retirados de forma constante desde entonces. Ayer había tan solo tres obreros: el conductor de una excavadora, el de un camión que recogía los escombros y un operario que controlaba el acceso de vehículos. Pero había más operarios: en concreto, seis arqueólogos que, tras excavar en la esquina de la calle Picasso y paseo de Pujades (sector que se mantiene cubierto con plásticos), trabajaban ahora en el extremo superior del solar, junto a la calle Comerç.

En los trabajos han aparecido restos de la historia de Barcelona, como construcciones vinculadas a la Exposición Universal de 1888, en concreto el Palacio de las Bellas Artes, que acabó derribado para aprovechar sus vigas. Están encima de restos de edificios del barrio de la Ribera de los siglos XIV al XVIII. Y por debajo, los restos romanos, tal y como vaticinó Maragall.

Zona rica en restos

Fuentes del departamento de Justicia no quieren aportar datos sobre la cantidad y la época exacta de los restos hallados, si bien todo apunta a la continuación de la necrópolis tardorromana que se extiende por esa zona.

La arqueología barcelonesa cuenta desde hace unos años con una herramienta excepcional: la Carta Arqueológica de Barcelona, en la que se recoge toda la documentación patrimonial sobre las excavaciones realizadas hasta la fecha en la ciudad, con más de 3.000 puntos de interés. Por eso, a los arqueólogos no les ha extrañado la aparición de restos romanos, parecidos a los que se hallaron en sendas excavaciones en el paseo Pujades, 1 en 1995, antes de construir nuevas dependencias para la Universitat Pompeu Fabra, y en 1997, cuando se llevó a cabo la construcción de 30 viviendas de protección oficial. En total fueron localizadas 38 tumbas del periodo tardorromano datadas entre los siglos VII y IX que presentaban características parecidas como estar cubiertas por losas y los cuerpos de los enterrados orientados en sentido este-oeste, con la cabeza hacia poniente.

También se excavaron muros de época medieval y otros del siglo XVIII, así como cráteres ocasionados por las explosiones realizadas por los técnicos de Felipe V para derribar el millar de casas de la Ribera para poder construir la enorme ciudadela militar, después de 1714.

 

20 julio 2018 at 10:34 am Deja un comentario

El mercado de Sant Antoni ocultaba un rico catálogo de los ritos funerarios romanos

  • La necrópolis excavada muestra casi todos los formatos de cremación o exhumación del imperio
  • Destacan los restos de piras funerarias y de las camas decoradas en que se incineraba al difunto

Entierro infantil en una ánfora. / EMILIANO HINOJO

Fuente: Ernest Alós > Barcelona  |  El Periódico
28 de marzo de 2018

La cuenta atrás para la reapertura del mercado de Sant Antoni se acerca al final. Además del edificio comercial, los visitantes podrán contemplar los muros de unos de los baluartes de las murallas de Barcelona. Pero no aún los hallazgos arqueológicos más relevantes que han aparecido durante años de trabajos: un tramo de la Via Augusta y de la necrópolis romana que se extendía a ambos lados. El pasado 19 de marzo, sin embargo, en el Muhba se avanzaron los resultados de los estudios realizados sobre el yacimiento, en el que han aparecido muestras de cada una de las variedades de rituales funerarios de los primeros habitantes de la Barcelona romana: recintos de cremación, tumbas, urnas, cupas, restos de piras y lechos funerarios…

Así que el mercado de Sant Antoni escondía en su subsuelo las pompas fúnebres de Barcino. En minúsculas y en un sentido amplio (no, no había entonces ningún Sancho de Ávila) pero también en un sentido literal: ‘pompa funebris’ era la procesión que llevaba el cuerpo del finado desde su casa hasta el lugar de cremación o inhumación, y esas pompas circularian en aquel tiempo, con trompas sonando y plañideras gimiendo, por las actuales calles de la Boqueria, Hospital y Sant Antoni Abad hasta llegar a los 50 metros de Via Augusta que aparecieron bajo el mercado.

Representación exhaustiva

Carme Miró, jefa del Servei Arqueològic de Barcelona, y el arqueólogo Emiliano Hinojo, responsable de la excavación de Sant Antoni, destacan que todos los distintos formatos de rito funerario están representados en la necrópolis de Sant Antoni. Y también su antigüedad y que corresponda a una época muy acotada, no a una acumulación de sepulturas difícil de interpretar. «Son los enterramientos de la primera o segunda generación de habitantes de Barcino, de mediados del siglo I después de Cristo a mediados del siglo II. Y tanto la vía como el canal que la atraviesa son del momento fundacional», apunta Hinojo.

Excavaciones en la necrópolis romana de Sant Antoni, en el 2014. / JOSEP GARCÍA

En la necrópolis se han encontrado miles de fragmentos que permiten reconstruir los rituales fúnebres de los primeros barceloneses y hasta cierto punto la estructura de aquellas ciudades de los muertos que debían instalarse obligatoriamente fuera del recinto amurallado y sagrado de la ciudad, el ‘pomerium’, tanto por motivos higiénicos como religiosos. El alma del muerto debía quedar lejos, pero su recuerdo, a mano. A lo largo de los caminos, para visitarlos periódicamente y para que los viajeros pudieran ir leyendo los epitafios (aquí solo han aparecido letras sueltas) que los rememoraban. «Y esta era la vía principal de entrada por tierra a Barcino. Digamos que era una zona sepulcral de ‘alto stánding'», valora Miró.

Los arqueólogos han identificado tanto restos de la forma de rito funerario más habitual, la cremación, como de inhumación. Han aparecido recintos de incineración: parcelas acotadas por un murete en el que se situaba el cuerpo del finado sobre una gran pira. «Tenemos casos en que sencillamente las cenizas se cubrían con tierra, y hemos encontrado los restos de la leña quemada, de los huesos y del lecho funerario en el mismo lugar de la pira; en otros casos se recogían las cenizas y se conservaban en urnas, en una cupa [una tumba parecida a un medio tonel] o incluso en un agujero en el suelo», explica Hinojosa.

Habitantes con posibles

En otros casos se levantaban mausoleos para contenerlas, con imágenes del difunto: en Barcelona fueron desmantelados para construir a toda prisa la muralla del siglo III pero en Sant Antoni se ha encontrado también un resto de esta práctica, un realista retrato funerario de un niño labrado en el apreciado y caro mármol de Paros. «Para que alguien se hiciese traer este material para labrarlo in situ tenía que tener posibles: Barcino era una ciudad poblada por una élite acomodada», recuerda Miró.

El hallazgo más espectacular es el de los restos de ocho lechos funerarios, un objeto del que ya apareció un ejemplar en Drassanes pero que solo muy excepcionalmente ha sido hallado fuera de Italia, así como otros elementos que recuerdan los ritos de paso de la vida a la muerte. Tras velar al muerto en su casa sobre una cama elaborada específicamente para ello y con los pies hacia la puerta (con ritos como poner monedas en sus ojos para pagar al barquero Caronte, llamar al difunto por su nombre para asegurarse que no respondía y lavar y ungir el cuerpo), era llevado en procesión al lugar donde era quemado o enterrado y se efectuaba una libación en su honor, que se repetía periódicamente. En Sant Antoni han aparecido frasquitos de cristal que contenían ungüentos que se vertían en la tumba o que, según algunas fuentes discutidas, guardaban las lágrimas de las plañideras que acompañaban al difunto.

Puzzle endiablado

Volviendo a los lechos mortuorios: se han hallado fragmentos de hueso y espigas de hierro que permiten reconstruir ocho. «Es un conjunto muy importante por su diversidad de tipologías», se felicita Hinojosa. Su conservacion es rara y el puzzle recompuesto por la restauradora Isabel Pellejero, endiablado: poco quedaba de ellos tras colocar a difunto y lecho sobre la pira y prenderle fuego, alcanzando temperaturas de 800 a 900 grados. Un buen lecho debía ser de madera, con patas con un ánima de hierro y decoración esculpida en marfil (o de hueso, como es el caso de Barcino). Entre los ocho de Sant Antoni los hay lisos, uno decorado con motivos militares, otros con decoraciones relacionadas con el muy enológico dios Baco (sátiros, putti, ménades bailando) y uno más con motivos especialmente interesantes y aún en estudio.

Entre las inhumaciones, se cuentan cuatro cadáveres de adulto, en fosas cubiertas por tejas, el entierro más económico: llama la atención que uno de ellos esté boca abajo. Un rito que suponía una precaución adicional para asegurarse de que un dfunto infame por un motivo u otro no volviera al mundo de los vivos. «No es habitual, puede corresponder a alguien que ha muerto por una enfermedad infecciosa, o que merecía un castigo», dice Hinojosa.

No personas

Los 10 enterramientos infantiles testimonian también el trato que recibían los niños menores de 40 días, de quienes no se consideraba que fueran aún personas. No se les incineraba, y sus pequeños esqueletos han aparecido cubiertos por tejas o dentro de ánforas. Aunque alguna consideración merecían: han aparecido como ajuar funerario un biberón de arcilla, un amuleto del dios Bes y lo que parece la cabeza de una muñeca de terracota. «Tenían un área específica, porque aún no pertenecían a la sociedad», expica el arqueólogo.

 

28 marzo 2018 at 5:55 pm Deja un comentario

Hallan nuevos restos arqueológicos romanos en tres puntos de Ciutat Vella (Barcelona)

El Servicio de Arqueología de Barcelona ha documentado diversos hallazgos en Ciutat Vella en las últimas semanas: restos romanos de estructuras de viviendas en la calle Sant Sever, fosas de inhumación en la Barceloneta, y enterramientos romanos de entre los siglos III y V en el Born, según ha informado el Icub este miércoles.

ICUB / EUROPA PRESS

Fuente: EUROPA PRESS | LA VANGUARDIA
7 de marzo de 2018

El Servicio de Arqueología de Barcelona ha documentado diversos hallazgos en Ciutat Vella en las últimas semanas: restos romanos de estructuras de viviendas en la calle Sant Sever, fosas de inhumación en la Barceloneta, y enterramientos romanos de entre los siglos III y V en el Born, según ha informado el Icub este miércoles.

Durante las obras dde urbanización del solar de la calle Balboa 36, los obreros localizaron restos óseos que posteriormente fueron identificados como restos humanos y que, tras la fase de excavación arqueológica, fue determinado el encuentro de una fosa de inhumación, según ha explicado el Icub en un comunicado.

Los restos, que se han hallado fuera de la zona de las murallas, corresponden a adultos, hombres y mujeres, que presentan patologías que deberán ser estudiadas en el laboratorio, y a material noble que se ha documentado: cerámica residual romana, cerámica azul y tres rosarios.

En la calle Sant Server y debido al proyecto de rehabilitación de un edificio, se han encontrado restos de construcciones relacionadas con la ocupación romana, un pozo y los fundamentos de una antigua casa que podría fecharse del siglo XVII, así como restos de un antiguo hogar imperial del siglo IV, según el Icub.

Finalmente, en la necrópolis islámica del Born –donde hace unas semanas se localizó una sepultura islámica de entre los siglos VIII-XI– se ha documentado en la calle Antic de Sant Joan un entierro infantil de entre los siglos XIII-XVI y hasta 11 entierros de la época romana de entre los siglos III y V.

 

7 marzo 2018 at 7:41 pm Deja un comentario

El paso de los legionarios de Julio César por Barcino

Una marca en un muro de la antigua puerta de la muralla romana en la calle del Bisbe, junto a la plaza Nova, podría ser el testimonio de que en su construcción participó la histórica Legión Cuarta Macedónica

Imagen de las marcas en la calle Bisbe (Xavi Casinos)

Fuente: XAVI CASINOS  |  LA VANGUARDIA
4 de marzo de 2018

Lo que parece ser el numeral IIII en un muro de la antigua entrada a Barcino junto a la plaza Nova podría ser la prueba de que la Legión Cuarta Macedónica tuvo un papel destacado no solo en la fundación, hace dos milenios de la Barcelona romana, sino que además se implicó a fondo en la construcción de la muralla. La marca pasa muy desapercibida, al inicio de la calle del Bisbe. No es fácil localizarla, de no ser por los ojos experimentados de un arqueólogo.

La citada legión fue fundada en el año 48 antes de Jesucristo por Julio César para perseguir y derrotar a su enemigo Pompeyo en su huida hacia Grecia. Tras conseguir su objetivo, la legión fue acuartelada en la provincia romana de Macedonia, de ahí la denominación con la que ha pasado a la historia. Más tarde, en el 23 antes de Jesucristo, el hijo adoptivo de Julio César, Octavio, convertido en el emperador Augusto, envió a la legión a Hispania, a luchar en la campaña contra los cántabros.

La marca pasa muy desapercibida, al inicio de la calle del Bisbe (Xavi Casinos)

Una vez concluida, los legionarios de la Macedónica se dedicaron principalmente a la construcción de diversas infraestructuras desde la actual Cantabria hasta lo que hoy es Barcelona. Entre ellas, la vía que unía la antigua Pompaelo (Pamplona) con Caesar Augusta (Zaragoza), donde erigieron el puerto fluvial y las murallas. Fue precisamente en la Zaragoza romana y en Barcino donde veteranos de esta legión y también de la Décima Gemina y la VI Victrix retirados del servicio se convirtieron en colonos de estos asentamientos.

La marca de la calle del Bisbe habría sido, pues, dejada por legionarios de la Cuarta Macedónica como testigo de su participación en la construcción de la muralla, en su citada labor de dotar de infraestructuras al territorio hispánico.

También construyeron en Martorell el que hoy se conoce como Pont del Diable, que formaba parte de la Vía Augusta. Esta histórica legión acabó su historia militar en Hispania en el año 39 después de Jesucristo, cuando Calígula la trasladó a Germania.

La marca de la calle del Bisbe ha sido recientemente objeto de un detallado estudio en una tesis doctoral sobre la muralla romana de Barcelona a cargo del arqueólogo Alessandro Ravotto, en la que la ha comparado con otras dejadas por la Cuarta Macedónica, en especial las que se encuentran en el citado Pont del Diable.

La marca de la calle del Bisbe ha sido recientemente objeto de un detallado estudio en una tesis doctoral sobre la muralla romana de Barcelona (Xavi Casinos)

La Legión Cuarta Macedónica fue fundada en el año 48 antes de Jesucristo por Julio César

 

4 marzo 2018 at 10:41 am Deja un comentario

Tras las huellas del coliseo de Barcino

Una piedra en forma de anillo en Volta del Remei hizo creer durante años que era el vestigio de un circo romano, pero hoy los expertos lo descartan y apuestan por situarlo en Santa Maria del Mar o el Pi

La piedra en forma de anillo que se pensaba formaba parte de la estructura del velarium del circo romano (Xavi Casinos)

Fuente: XAVI CASINOS  |  LA VANGUARDIA
21 de enero de 2018

Todavía queda mucho por desenterrar y descubrir de la Barcelona romana. Una de las grandes incógnitas es saber dónde estaba el coliseo donde tenían lugar los espectáculos deportivos y de lucha. Una extraña piedra en forma de anillo en una fachada de la calle de la Volta del Remei hizo pensar durante décadas que se había erigido en este lugar, entre las actuales calles de la Boqueria i Ferran, aunque investigaciones más recientes lo descartan y apuestan por otros lugares.

La curiosa piedra está incrustada en lo alto del edificio que se asienta sobre el arco que da nombre a la pequeña calle, desde donde es visible. En el siglo XVII, algunos estudiosos sugerían que la piedra sería un resto del circo romano, en concreto, una de las piezas que habrían sostenido los postes del velarium, un gran toldo que cubría parte de la arena del anfiteatro.

Además de la piedra, la existencia de una plaza llamada de las Arenas frente a lo que hoy es la iglesia de Sant Jaume hacía pensar también que era un recuerdo del antiguo circo. La plaza desapareció con la apertura de la calle Ferran.

Antigua puerta que se creía que era del establo donde guardaban la fieras (Xavi Casinos)

El folclorista Joan Amades recoge asimismo la creencia que una pequeña puerta de medio punto actualmente tapiada bajo el arco de Volta del Remei habría sido la entrada del establo donde se guardaban las fieras utilizadas en los espectáculos. Si bien es cierto que sus dimensiones son inferiores a las de la altura de una persona, es también improbable que tuviera el citado uso.

Hoy, los historiadores descartan del todo que el anfiteatro romano se encontrara en este lugar y apuestan por una ubicación fuera de la muralla. Lo que sí parece cierto es que la antigua Barcino tuvo un coliseo, a raíz de las evidencias arqueológicas de que existió una intensa actividad de este tipo en la ciudad. De hecho, en la Barcelona romana vivió un verdadero campeón, Lucio Minicio Quadronio Vero, quien llegó a ser cónsul y está documentado que se proclamó vencedor de la carrera de carros en la Olimpiada del año 129 después de Jesucristo.

La piedra en la calle Volta del Remei (Xavi Casinos)

Actualmente existen diversas teorías. Una sitúa el coliseo donde hoy se levanta la basílica de Santa Maria del Mar, y la segunda donde se halla la iglesia del Pi. Ambas se sustentan, básicamente, en el trazado elíptico de algunas calles que rodean ambos templos. Los muros del anfiteatro se habrían aprovechado con posterioridad para levantar nuevos edificios, como ocurrió por ejemplo con las murallas. Así, parte de la forma del circo habría llegado hasta nuestro días en un proceso que se define como de fosilización urbana.

En el caso de Santa Maria del Mar, se añade la circunstancia de que antiguamente se la conocía como Santa Maria de les Arenes, lo que podría ser de nuevo un recuerdo del antiguo circo, y la hipótesis de que la actual calle de la Argenteria habría sido originariamente un camino de acceso al coliseo desde la puerta romana que se alzaba en lo que hoy es la plaza del Àngel. Por lo que se refiere al Pi, estudios basados en excavaciones bajo la iglesia indican que se habrían identificado lo que podrían ser estructuras empleadas en un edificio del tipo de un anfiteatro.

Imagen de la calle la Volta del Remei (Xavi Casinos)

La curiosa piedra está incrustada en lo alto del edificio que se asienta sobre el arco que da nombre a la pequeña calle

 

21 enero 2018 at 10:07 am 1 comentario

El último vestigio de la doble muralla de Barcino

Un centro excursionista de la calle Avinyó conserva un pasillo único de la antigua ciudad romana en el que confluyen restos de la fortificación del siglo I aC y de la del siglo IV dC

Pasillo donde se unen las dos murallas romanas de Barcelona, oculto en un principal de la calle Avinyó (Xavi Casinos)

Fuente: XAVI CASINOS > Barcelona  |  LA VANGUARDIA
19 de noviembre de 2017

La muralla romana de Barcelona es hoy visible en varios puntos de la ciudad, pero hay un lugar que ofrece una visión única, al ser, casi literalmente, un túnel del tiempo a Barcino. Se encuentra en un principal de la calle Avinyó, en el número 19, en la sede de la Associació Excursionista d’Etnografia i Folklore (AEEF). Allí, entre dianas para practicar el tiro con arco y otros enseres de esta entidad, se puede admirar un paño del muro defensivo y, justo detrás, un pasillo en el que una de las paredes corresponde a la muralla fundacional de la ciudad romana, y la otra, a la que se erigió unos siglos después como refuerzo de la primera.

En efecto, la Barcelona romana tuvo dos murallas. Una primera fue construida en el siglo I antes de Jesucristo, y más tarde, en el siglo IV dC, se levantó una mayor. Se hizo con urgencia, posiblemente a causa de algún ataque o amenaza, como demuestra que se utilizara para esta segunda todo el material a mano, incluidas las piedras de los monumentos.

La muralla de Barcino, en una sala de reunión de la Associació Excursionista d’Etnografia i Folklore (Xavi Casinos)

En el relleno entre los dos muros, los arqueólogos han encontrado bustos y otros trozos de estatuas, que fueron sacrificadas para tal menester. Esta segunda muralla, con torres cuadrangulares, es la que hoy puede apreciarse junto a la catedral y en otros puntos del Barri Gòtic.

Más tarde, en la Edad Media, cuando la vieja muralla romana quedó obsoleta y superada por otras defensas más amplias, se utilizó como pared medianera de edificios y viviendas. Sus propietarios aprovecharon entonces para retirar el relleno entre ambas murallas y ampliar así sus casas. Y esto es lo que puede admirarse en la AEEF si uno concierta previamente una cita con Cristina o Núria Lloré, que lo enseñan encantadas por ser parte del enorme legado arqueológico que su padre ayudó a preservar.

Cristina Lloré junto a los restos de muralla que descubrió su padre en la calle Avinyó (Xavi Casinos)

Y es que Barcelona está en deuda con el ya fallecido Alfred Lloré, uno de los primeros socios de esta entidad excursionista –fundada en 1945 y pionera del tiro con arco– y además un gran aficionado a la arqueología. Por ello, fue un apreciado colaborador del Museu d’Història de Barcelona (MUHBA).

Su gran afición era espiar las obras que se hacían en la ciudad y si identificaba la presencia de restos antiguos alertaba al museo, que así podía documentar los hallazgos. Él mismo participaba entusiasmado en muchas de las excavaciones.

Punto donde se aprecia la unión de las dos murallas romanas de Barcelona, dentro de la sede de la Associació Excursionista d’Etnografia i Folklore (Xavi Casinos)

En 1957 descubrió la existencia de parte de la muralla en la sede de la AEEF, escondida tras el revocado. Más tarde localizó el pasillo abierto en la Edad Media donde se unen las dos murallas romanas. Un privilegio y un viaje por la historia poder transitar por él.

La muralla romana visible junto a la catedral fue construida de urgencia en el siglo IV dC

 

19 noviembre 2017 at 12:04 pm Deja un comentario

La cuarta columna de Augusto

Uno de los cuatro pilares del antiguo templo romano de la calle Paradís fue reconstruido con restos de otros derruidos a mediados del siglo XIX y exhibido hasta 1956 en la plaza del Rei

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

Fuente: XAVI CASINOS > Barcelona  |  LA VANGUARDIA
27 de mayo de 2017

El Centre Excursionista de Catalunya custodia, en su sede de la calle Paradís, el más importante vestigio de la antigua Barcino, los restos del templo dedicado al emperador Augusto que presidía el foro romano de la ciudad, en el punto más alto del monte Táber.

Se trata de cuatro columnas que formaban una de las esquinas del edificio. Aunque es realidad son solo tres. La cuarta, conocida como viajera, está en realidad fabricada con restos de otras columnas y que hasta 1956 se exhibía en la plaza del Rei.

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

El edificio se supone que fue erigido a principios del siglo I, en tiempos del emperador Tiberio, que fue quien impuso el culto a su predecesor. Con el tiempo, el templo y sus columnas fueron absorbidos por las edificaciones más modernas. Existen antiguos dibujos que documentan la presencia de las columnas como parte de algunas viviendas.

Sin embargo, la existencia de los restos de las columnas fue prácticamente ignorada durante siglos, hasta que en 1830, el arquitecto Antoni Celles realizó una detallada memoria del templo a partir de unas excavaciones financiadas por la Junta de Comerç de Barcelona. No obstante, el recobrado interés por el antiguo templo de Augusto no impidió que continuara la destrucción de las históricas columnas.

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

En 1850 existían todavía seis, de las cuales dos fueron derribadas durante las obras de unos edificios de la calle Llibreteria. Miembros de la Acadèmia de Bones Lletres recogieron los restos, con los que lograron reconstruir la cuarta columna que hoy puede admirarse en el Centre Excursionista, la más próxima a la entrada.

Su intención inicial era llevarla al museo de antigüedades que esta entidad había promovido en la capilla de Santa Àgueda, pero a causa de sus dimensiones se decidió finalmente situarla en la plaza del Rei, donde permaneció hasta 1956, cuando se integró de nuevo en el templo, junto con las tres que forman la esquina superviviente y de donde, a diferencia de su compañera, no se han movido desde hace casi 2.000 años.

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

 

27 mayo 2017 at 12:11 pm Deja un comentario

Caius Celius hizo las murallas, torres y puertas de Barcino

El arqueólogo Alessandro Ravotto deshace un equívoco secular y sitúa en la muralla fundacional una inscripción que se creía que provenía de Montjuïc

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Lápida de Caius Coelius, procedente de la muralla romana de Barcelona y depositada en el Museu d’Arqueologia de Catalunya. MUSEU D’ARQUEOLOGIA DE CATALUNYA

Fuente: ERNEST ALÓS El Periódico
25 de febrero de 2017

Una lápida de tres líneas y media ha confundido durante más de un siglo a arqueólogos e historiadores, hasta el punto de haberles hecho especular con una pre-Barcino republicana, construida en Montjuïc dos siglos antes que la ciudad imperial. La tesis doctoral de Alessandro Ravotto sobre las murallas de Barcelona también soluciona este enigma, con una propuesta que fundamenta documentalmente: la lápida, expuesta en el Museu d’Arqueologia de Catalunya y que reza “Caius Coelius, hijo de Atisius, duunviro quinquenal, se ocupó de la construcción de muros, puertas y torres”, formaría parte de la muralla fundacional, y habría presidido probablemente la puerta suroeste de la ciudad, la que se abriría cerca de la actual calle del Call. Así, el duunviro Caius Coelius sería el primer barcelonés de nombre conocido, y su primer ‘concejal de urbanismo’ o, por su cargo, más bien de hacienda. Algo que hace que quizá la pequeña calle de Cai Celi que se le dedicó en Hostafranchs sea un reconocimiento algo tacaño.

UN SIGLO DESPISTADOS

Vayamos por partes. En 1903, Pelegrí Casades informaba por carta que días antes se había encontrado la lápida cerca del cementerio. Una información que, ha demostrado Ravotto, parece ser falsa, y fuente del equívoco que ha durado un siglo. Inicialmente la inscripción se interpretó como de época republicana, cosa que junto con la ubicación llevó a plantear que el poblado ibérico de Montjuïc, presidiendo el primitivo puerto comercial situado en la zona del Port, habría sido fortificado por Roma, con esos muros, puertas y torres de los que sería testimonio la lápida, tras el inicio de la colonización en el siglo II antes de Cristo. Esa Barcelona romana primigenia de Montjuïc habría sido abandonada en época de Augusto para fundar desde cero Barcino al otro lado de la montaña. Sin embargo, el hecho de no encontrar el más mínimo rastro de esta ciudad llevó con los años a una segunda hipótesis: la lápida se habría tallado en una cantera de Montjuïc para la Barcino que conocemos, pero no habría llegado a salir del taller y allí se habría quedado.

LA CALLE AVINYÓ, NO MONTJUÏC

Sin embargo, todo se debe a un error documental. Ravotto ha localizado en el inventario de los Museos Artísticos Municipales de 1902 la ficha en la que consta que el abogado, director del ‘El Diluvio’ y promotor inmobiliario Josep Laribal dona esa pieza, que había encontrado en un derribo de la calle Avinyó. Laribal, propietario de una finca de recreo en los actuales jardines de Laribal de Montjuïc podría haber trasladado allí el hallazgo como decoración antes de donarla, cosa que quizá explique que se clasificase erróneamente junto con otros hallazgos de la montaña. Vamos, que a no ser por el peso de la piedra arenisca de Montjuïc podríamos decir que se traspapeló.

Precisamente en el año 1902, recuerda Ravotto, Laribal había construido un edificio en el número 11 de la calle Avinyó, situado a 80 metros de la puerta de la ciudad orientada a Tarraco. Un lugar plausible y un desplazamiento razonable para una pieza reutilizada de la muralla en una construcción posterior. Situar la lápida en una de las puertas de la muralla de Augusto plantea otra cuestión, dice Ravotto. Quizá las torres de la inscripción se refieren a los bastiones laterales de las puertas. O quizá la primera muralla disponía de alguna torre más, no hallada aún, algo que sería coherente con las características castrenses del recinto que ha identificado en su tesis el investigador italiano.

 

25 febrero 2017 at 7:44 pm Deja un comentario

‘Octavia’, una niña de Barcino encontrada en una obra

Hallados enterramientos romanos en el barrio de la Ribera

excavacion_la_ribera

La excavación del barrio de la Ribera de Barcelona

Fuente: BLANCA CIA > Barcelona  |  EL PAÍS
23 de diciembre de 2016

Era una sombra que se confundía entre la tierra con un ligero cambio de textura y de color. El arqueólogo no dudó de que había encontrado algo. Poco a poco y con delicadeza, con brochas y pinceles, fue retirando la tierra que estaba adherida hasta que emergió con toda claridad la forma de un cráneo con la dentadura prácticamente intacta. A falta de los estudios antropológicos, las primeras conclusiones apuntan a que se trata de una niña —por la forma del mentón ligeramente hacia dentro de la cavidad— que todavía tenía varios dientes de leche cuando murió: entre los siglos I a III.

Todo eso ocurría en un hueco realizado en el subsuelo de una finca de la calle Canvis Nous de Barcelona para colocar un ascensor. Exactamente en el taller de la escultora Maïs Jorba que decidió tomarse el hallazgo con filosofía —era evidente que las obras del ascensor se retrasarían— y decidió abrir un debate con sus amistades sobre cómo bautizar a la niña romana. “Los nombres que barajamos fueron Julia, Augusta y Octavia y se impuso ella entre otras cosas porque hay una escultura con ese nombre y de esa época precisamente”, explica.

Cuando pidió el permiso para colocar el ascensor, el Ayuntamiento ya le informó de que debido a la ubicación de la finca era preceptivo realizar una intervención arqueológica porque en otras excavaciones cercanas ya se habían descubierto otros vestigios de la época romana. No muy lejos de Canvis Nous aparecieron restos de 11 personas en lo que era la necrópolis que rodeaba el perímetro de la muralla de Barcino. Como aquellas, el edificio de la calle de Canvis Nous tiene un «alto interés histórico y arqueológico» según sostiene un informe municipal que detalla que esa finca se encuentra dentro de la zona denominada el suburbium de la ciudad romana —una expansión de la Barcino intramurallas—, porque está dentro del recinto amurallado de la época medieval y porque muy cerca, en el año 2001, se encontraron evidencias de la necrópolis romana situada cronológicamente entre los siglos IV-VI.

En el agujero de Canvis Nous lo primero que apareció fue el cráneo de la niña y al seguir horadando surgieron más restos humanos que por la dimensión de los huesos podrían pertenecer a una persona adulta. Estaba enterrado como era costumbre en aquella época: con la cabeza hacia el interior y los pies mirando al mar. Otro día entre las piedras y la arena de la playa —la línea de la costa se situaba muy cerca en ese periodo— se halló una cerámica con un relieve de un animal.

Documentalmente el cementerio de la época se ha situado al noreste de Barcino, inmediatamente después de las murallas de la ciudad a lado y lado de la Vía Augusta. Un cementerio que, según el informe que razona la intervención arqueológica, se ubica entre la plaza de Antoni Maura, discurriría en paralelo a la entonces línea litoral y se prolongaría por la zona del Born y la de la actual avenida de Francesc Cambó. A principios de este mismo año y en otra finca muy cercana, en la calle dels Consellers, se documentó una necrópolis donde hallaron bajo una tumba de teulas -que se utilizaba en aquella época para dar sepultura- los restos de un hombre adulto y fragmentos de cerámica que posteriormente fueron datados entre los siglos IV y V.

Mientras el arqueólogo ha trabajado —la intervención empezó hace unas semanas— en el hueco del subsuelo del edificio de Canvis Nous los trabajadores que tenían que empezar con la base del ascensor seguían atentamente lo que ocurría. La impaciencia para que todo acabara lo antes posible era compartida por la propietaria que, además, es la que tiene que pagar el coste de los trabajos de arqueología a razón de 200 euros por día. Una factura que confía en poder recuperar parcialmente a través de una línea de subvención de la Generalitat.

Todos los restos hallados se iban disponiendo en bolsas para trasladarlos a unas dependencias municipales de la Zona Franca donde se realizarán los trabajos de documentación. “Vengo a ver al muerto”, soltaba con toda naturalidad uno de los trabajadores en la mañana del jueves. Porque el hallazgo de los restos a poco más de un metro del suelo del taller ha provocado la curiosidad de todo el vecindario. Esa misma mañana, siguiendo con las excavaciones, se había descubierto otra capa de teulas por lo que ya esperaban encontrar algo más. No ocurrió así y los trabajos de arqueología se dieron por terminados. Los restos de Octavia y todo lo demás emprendieron su último viaje a la Zona Franca con una despedida en la que no faltó el cava.

 

24 diciembre 2016 at 11:49 am Deja un comentario

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