Posts tagged ‘Asdrúbal Barca’

La Universidad de Jaén participará en Italia en la localización de la de la Batalla del Metauro

El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén (Jaén) va a participar en la localización de la Batalla del Metauro (Italia), gracias al convenio específico firmado con la Superintendencia de Arqueología, Bellas Artes y Paisajes de la Región de Marche y la Universidad Carlo Bo, de Urbino. De esta manera, las tres instituciones trabajarán conjuntamente en la realización del proyecto denominado ‘Studio per la identificazione dei luoghi della Battaglia del Metauro’.

Posible tumba de Asdrúbal en Metauro. EUROPA PRESS / UJA

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA
10 de enero de 2018

El investigador del Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA, Juan Pedro Bellón, ha explicado en un comunicado que esta batalla constituye una clave por diversas cuestiones. En primer lugar, porque uno de sus protagonistas, Asdrúbal Barca, también lo fue de la Batalla de Baecula tan solo un año antes de este enfrentamiento, “por lo que los materiales esperables en el campo de batalla deberían ser similares a los localizados en Baecula, de los cuales poseemos un amplio muestrario”.

En segundo lugar, porque su localización puede enfocarse desde el uso de las fuentes clásicas y las claves que aportan, dando protagonismo a las distintas propuestas historiográficas sobre su localización. Y finalmente, porque va a permitir testear un modelo de muestreo de prospección fundamentado en el módulo/escala de la Batalla de Baecula.

En el equipo de investigación se integran investigadores italianos que han desarrollado su actividad tanto en el entorno de la zona, como especialistas de prestigio en el ámbito de la Guerra Púnica, como Giovanni Brizzi.

Además, también dentro del equipo de investigación se integra un grupo vanguardista en el uso de técnicas de análisis del territorio mediante tecnologías SIG y datos Lidar, perteneciente al Departamento de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría de la UJA, que permitirá a los investigadores una gestión de calidad de los datos del terreno y el análisis de fotografía aérea histórica de la zona, elemento que ha sido fundamental para otros casos de estudio.

Desde el año 2001, el Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA desarrolla una línea de investigación relacionada con el análisis de la Segunda Guerra Púnica en el Alto Guadalquivir, que ha permitido el diseño de una metodología de prospección aplicada a la localización y estudio sistemático de campos de batalla, los cuales se caracterizan por un tipo de contexto/registro particular, al tratarse de procesos/eventos de pocas jornadas, afectados por procesos de limpieza (botín) y los propios procesos postdeposicionales, finalmente tratados siempre desde el condicionante de la lectura crítica de las fuentes clásicas.

El primer caso de estudio, la Batalla de Baecula, permitió a los investigadores de la UJA no sólo la localización del sitio o el análisis del posterior proceso de conquista/cambios en el territorio local del oppidum ibérico, sino dos elementos trascendentales para la investigación arqueológica de los campos de batalla en la antigüedad: el patrón/módulo de las dimensiones de una batalla campal en el marco de la Segunda Guerra Púnica; y, por otra parte, un corpus de elementos/indicadores arqueológicos que funciona de referencia/contraste para otros casos de investigación.

Esta línea de trabajo se ha reforzado con los casos de estudio de Puente Tablas e Iliturgi (donde se han localizado los restos del asedio de Escipión el Africano a la ciudad ibérica en el 206 a.n.e.) y, en Numistro (Italia).

“Más allá del análisis de la Batalla del Metauro, pretendemos articular su investigación con el impacto de la misma en el ámbito local y regional del conflicto, recogiendo las ideas braudelianas de los tiempos en el ámbito de los procesos históricos, del evento al tiempo largo, la ‘longue durée’ de los efectos de la batalla”, ha indicado Juan Pedro Bellón.

 

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12 enero 2018 at 8:17 pm Deja un comentario

El amargo final de Escipión «El Africano», el general que derrotó a Aníbal acabó desterrado de Roma

A sus 30 años, uno de los hombres que salvaron Roma del desastre había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso: le acusaron a él y a su hermano de apropiarse de un botín de guerra y se vio obligado a exiliarse

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Escipión «El Africano» ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma – The Walters Art Museum

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
28 de septiembre de 2016

Cuando Aníbal Barca arrasó a un ejército romano muy superior en número al suyo en la batalla de Cannas, un joven oficial romano, de 20 años, destacó por su coraje en medio del desastre. Publio Cornelio Escipión actuó con la «virtus» que cabía esperar de un aristócrata romano y cargó contra aquellos supervivientes del ejército romano que proponían abandonar a la moribunda república. Prorrumpiendo en un «consilium» donde las tropas supervivientes discutían el asunto, el tribuno alzó la espada y juró por Júpiter Optimus Maximus que no abandonaría nunca Roma y mataría con sus manos a todos los que lo hicieran.

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales

Como relata Adrian Goldsworthy en «Grandes generales del Ejército romano» (Ariel), Escipión poseía desde joven de «la ilimitada confianza en sí mismo de un patricio, conocedor desde la infancia que estaba destinado a ocupar un papel preeminente en la vida pública de Roma».

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales envueltos en una supuesta aura de divinidad. Tal vez por ello se decía –como en el caso de Alejandro Magno– que se había descubierto a su madre yaciendo con una serpiente gigante antes de quedarse embarazada. ¿Creía el general romano realmente en aquellas leyendas y en que los dioses guiaron sus victorias? Probablemente no. Los historiadores se inclinan a pensar que simplemente Escipión se valía de estos gestos para motivar a sus tropas y aumentar su popularidad.

La guerra en Hispania: el origen de la leyenda

Durante la guerra contra Cartago, el padre y el tío de Escipión se hicieron cargo del frente en Hispania, buscando cortar el envío de más tropas y suministros a Aníbal. En el año 211 a.C, sin embargo, ambos fallecieron a consecuencia de la traición de las tribus celtíberas, entre ellas la ciudad de Iliturgi, y de la acometida de Asdrúbal, hermano del genio cartaginés. Los dos hermanos romanos llevaban años pidiendo más recursos y advirtiendo del riesgo, como así ocurrió, de que Roma perdiera todos sus aliados españoles si mostraba debilidad.

Fue en esas fechas cuando el joven Escipión se postuló para ponerse al frente de los escasos ejércitos de Roma en España. Incapaces de encontrar candidatos que quisieran ir a una misión tan incierta, el Senado convocó a los Comitia Centuriata para la elección. Solo Escipión se presentó y, por tanto, le fue otorgado automáticamente el cargo de España en calidad de procónsul. Eso a pesar de su juventud (25 años) y de su inexperiencia. Decisiones extraordinarias para una situación de urgencia.

Estatua de Escipión «El Africano»- Wikimedia

Estatua de Escipión «El Africano»- Wikimedia

Escipión inició la expulsión de los cartagineses de España con una fuerza de cerca de 28.000 soldados de infantería y 3.000 jinetes. Frente a él se encontraban tres poderosos ejércitos, si bien distantes entre sí: el de Asdrúbal Barca, el de Magón Barca y el de Asdrúbal Gisco. Su objetivo fue el de vencer a cada una de estas fuerzas por separado y sin que les diera tiempo a coordinarse.

Escipión eligió la conquista de la ciudad de Cartago Nova (la actual Cartagena) para anunciar su llegada a la península. Fundada por el padre de Aníbal, la ciudad era la principal base de operaciones de los cartagineses en España, la sede de su gobierno, su puerto más grande y una de sus plazas mejor fortificadas. Si bien un asedio en la Antigüedad podía durar meses, y eso precisamente es lo que querían evitar los romanos; Escipión logró rendir la ciudad en un asalto directo gracias a la información de unos marineros de la ciudad aliada de Tárraco (Tarragona), que le contaron que al norte de Cartago Nova había un lago por el cual se podía pasar cuando bajaba el nivel del mar. El propio general romano participó de la batalla, donde se disputó cada metro del recinto amurallado y la victoria romana dio paso al saqueo. Magón Barca estaba fuera de juego.

La conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión prestigio, una base en la España meridional y al menos 18 navíos de guerra. Estas nuevas fuerzas permitieron a Escipión dirigirse con garantías al encuentro de Asdrúbal Barca en el año 206 a.C. No está claro hoy en día si hubo realmente un enfrentamiento a gran escala, pero lo cierto es que Asdrúbal tuvo que salir de la península para reforzar a su hermano en Italia (aunque nunca llegó a su destino; solo su cabeza decapitada) dejando un reguero de bajas tras de sí. Un ejército menos al que derrotar, debió tachar Escipión.

La conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión una base en la España meridional, prestigio y al menos 18 navíos de guerra

En el año 206, Gisco unió sus fuerzas a los supervivientes del ejército de Magón y organizó una fuerza temible: 60.000 infantes y 4.000 jinetes, entre ellos la fuerza mercenaria de númidas dirigida por el príncipe Masinisa, más tarde aliado de Escipión en Zama.

En Ilipa, hoy cerca de Sevilla, se enfrentaron al fin ambos ejércitos. Tras una infinidad de escaramuzas en los días previos, al inicio del combate los vélites (infantería ligera reclutada entre las clases bajas) arrojaron lanzas contra la veintena de elefantes cartagineses. Los animales huyeron y dejaron paso a que las caballerías ligeras retomaran la lucha donde lo habían dejado en las vísperas. A continuación, las tropas romanas atacaron a los aliados españoles de Asdrúbal, situados en los flancos, con menos ganas que nadie de dar su vida en una guerra extranjera donde solo eran meros invitados locales.

Cuando los celtíberos empezaron a ceder terreno, Escipión mantuvo la calma y se contuvo de adelantar a su infantería aliada, puesto que confiaba ciegamente en la resistencia física de sus tropas puramente romanas. Sus soldados habían comido antes de la batalla y sabían que las horas correrían a su favor conforme aumentara el calor. Además, a diferencia de su rival, Escipión había situado a los hispanos en el centro porque no confiaba mucho en ellos (más cuando su padre y su tío habían muertos traicionados por tropas locales) y esperaba que la batalla se resolviera sin que apenas intervinieran. La diferencia entre la fe que ambos comandantes tenían en estas fuerzas auxiliares marcó el devenir de la jornada.

Camino de Zama, el ocaso de Aníbal

La presión romana obligó al ejército de Gisco a retirarse con cierto orden. Pero aunque volvieron a reorganizarse en la colina del campamento, en poco tiempo comenzaron las deserciones entre los cartagineses y muchos de los soldados fueron capturados en medio de la confusión. En los siguientes meses, uno a uno fueron cayendo en manos romanas todos los enclaves enemigos en España. Tras superar un motín de sus tropas y varias rebeliones de los celtíberos aliados, Públio Cornelio Escipión partió al fin hacia Roma con la misión cumplida.

Y lo cierto es que no le esperaban los vítores que él había imaginado. En el año 205 recibió uno de los consulados, a pesar de que no cumplía con la edad exigida, pero a cambio comenzó a formarse un partido de senadores que recelaba del poder creciente de Escipión. Solo su popularidad evitó que este grupo de senadores, encabezados el rígido Catón «El viejo», pudieran arrebatarle el consulado a raíz de un escándalo protagonizado por uno de los oficiales de Escipión.

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La batalla de Zama. Ilustración de Cornelis Cort (1567)

No obstante, Roma seguía en estado de guerra y necesitaba cerca a sus mejores militares. Las derrotas en España hicieron insostenible que Cartago pudiera seguir su guerra en Italia, aunque eso solo suponía la solución de la mitad del problema. Fabio Máximo, el escudo, y Marco Claudio Marcelo, la espada, habían contenido las acometidas de Aníbal en el momento más oscuro de la guerra, pero iba a ser ahora una generación más joven la que finiquitara el conflicto.

Los planes de Escipión pasaban por trasladar las operaciones al terreno enemigo, usando Sicilia primero como base de adiestramiento para desembarcar un ejército invasor en África cuanto antes. Una vez en este continente, el general romano venció sin dificultad a los dos primeros ejércitos que mandaron contra él valiéndose de ataques nocturnos a sus campamentos. Aníbal se vio obligado así a regresar a África, cuando Escipión exigió un comandante a su altura.

Los romanos se encargaron de que los nerviosos elefantes pasaran de largo a través de los pasillos que había dejado Escipión

El genio cartaginés fue vencido en la batalla de Zama, en el 202 a.C. y Cartago se vio obligada a firmar una paz humillante, que puso fin a su sueño de crear un gran imperio en el Mediterráneo occidental. Escipión neutralizó la amenaza de los 80 elefantes reunidos por el Aníbal aplicando varias tácticas: por un lado ordenó a sus hombres bruñir corazas, cascos y cualquier cosa de metal, de tal modo que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los animales; además, pidió a varios músicos militares que desconcertaran con su ruido a los elefantes.

Los romanos se encargaron de que los nerviosos animales (aterrados por el ruido y los reflejos) pasaran de largo a través de los pasillos que había dejado Escipión entre sus tropas. Atacados desde los flancos por las lanzas de los legionarios, los elefantes murieron o retrocedieron hacia las líneas cartaginesas. Al final del combate, las bajas cartaginesas se elevaron a alrededor de 20.000 muertos y 15.000 prisioneros. Los romanos capturaron también 133 estandartes militares y once elefantes.

A Escipión le fue otorgado el apelativo de «El Africano» por su victoria, así como un espectacular triunfo a su vuelta a Roma.

Un final amargo, acusaciones y exilio forzado

El problema al que debió enfrentarse entonces era que, a sus 30 años, Escipión ya había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso, como acostumbraba a hacer para evitar que un hombre acumulara demasiado poder. En 194 fue elegido para un segundo consulado, durante el cual dirigió sus tropas contra las tribus galas del norte de Italia. Nada que, en cualquier caso, le pudiera reportar grandes reconocimientos.

En el año 190, asistió a su hermano Lucio cuando le fue otorgado un consultado y se vio forzado a combatir contra el Imperio seléucida de Antíoco III, que curiosamente tenía a Aníbal contratado en calidad de consejero militar después de que éste hubiera tenido que huir de Cartago.

Durante la aplastante victoria de Lucio sobre Antíoco en la batalla de Magnesia, se insiste en los textos del periodo en que Escipión «El Africano» se encontraba gravemente enfermo y no pudo participar en la contienda. Tal vez es una forma de reseñar que Lucio fue el único responsable de la victoria, o precisamente de ocultar que pudo ser su hermano el que mandaba en verdad. Más fama es lo último que necesitaba Escipión en ese momento, con sus enemigos en Roma presumiendo de colmillos.

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Escipión caracterizado como un monarca muestra clemencia ante la captura equivocada de una joven

A su vuelta a la política romana, los dos hermanos fueron acusados de apropiación indebida del botín de guerra y de dar un trato de favor a Antíoco a cambio de que liberara al hijo secuestrado del general romano. Catón y los suyos lanzaron una campaña de acoso y derribo contra la familia Escipión que, de hecho, desembocó en un juicio donde «El Africano» trató de escabullirse invocando su popularidad. En una de las jornadas del juicio, que coincidía con el aniversario de la batalla Zama, Escipión se ausentó porque quería elevar sacrificios a los dioses en señal de agradecimiento. Este exceso de autoestima iba a costarle muy caro.

Los cargos siguieron en pie, a pesar de todas las maniobras populistas de los Escipiones, hasta el punto de que las propiedades de Lucio fueron violentamente confiscadas. La persecución, de hecho, solo se frenó cuando Escipión se vio forzado a una especie de destierro de Roma. «Yo mismo me destierro si es que crecí más de lo que te convenía», afirmó según la versión mitificada. Se exilió a su casa de campo en Liternum y pasó sus últimos cinco años allí. Al morir se dice que reclamó que su cuerpo no regresara a la ingrata tierra romana.

Si bien no hay unanimidad sobre el año exacto de su muerte, Polibio y Rutilio sostienen que falleció en el mismo año que murió su más íntimo enemigo, Aníbal, al que guardó siempre cierta admiración.

 

28 septiembre 2016 at 1:16 pm 1 comentario

Batalla de Baecula

En 208 a.C. tuvo lugar la batalla de Baécula, en el marco de la Segunda Guerra Púnica en la que romanos y cartagineses se enfrentaron por el control político y económico del Mediterráneo.

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Mapa Segunda Guerra Púnica

Fuente: Arturo Ruiz > Madrid  |  SER Historia – Cadena SER
19 de mayo de 2016

En la batalla lucharon Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, que había quedado al frente de las tropas cartagineses en la Península Ibérica y Publio Cornelio Escipión “Africano” que estuvo al frente de las tropas romanas y que venía de tomar Qart Hadasht (Cartagena) en el 209 a. C. a. Eran 30.000 los soldados que tenía el ejército púnico y 40.000 los que tenía el romano, según Polibio y Tito Livio.

La toma de Cartagena, último avance romano hacia el sur, abrió las puertas de Andalucía a Roma. Por esta razón de carácter geoestratégico y las conocidas referencias de los historiadores romanos a la proximidad de la ciudad ibera de Castulo, entre otras cuestiones, se ha supuesto tradicionalmente que el escenario de la batalla estaba en la provincia de Jaén, habiendo propuesto Schulten su localización en el entorno de Bailen. En 2002 El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, inicio un proyecto para comprobar arqueológicamente la existencia del escenario en los lugares tradicionales. Descartados estos, tras un primer estudio de prospección, el ámbito de investigación se amplió a toda la provincia de Jaén y particularmente al entorno de las ciudades iberas (oppida) que no habían sido romanizadas, caso que ocurrió a Baecula. Después de una labor de dos años se concluyó que el escenario de la batalla pudo ser el Cerro de las Albahacas de Santo Tomé, municipio de Jaén, y Baecula el oppidum de los Turruñuelos.

Desde 2006 con el soporte de dos proyectos sucesivos I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad, se ha desarrollado la investigación, dando lugar en 2016 al libro “La Segunda Guerra Púnica en la Península Ibérica. Baecula, Arqueología de una Batalla”. Los trabajos han desarrollado una metodología muy novedosa, por primera vez aplicada a un campo de batalla antiguo, en la que se articulan registros georeferenciados en un SIG (Sistema de Información Geográfica), la prospección de superficie intensiva en un área de más de 600 has de extensión y la excavación arqueológica de los campamentos de Asdrúbal y Escipión y del oppidum de Turruñuelos

Se han registrado más de mil doscientos objetos metálicos de la batalla: armas, monedas, elementos de vestido (impedimenta), vientos de tiendas de campaña, cerámica…etc. que han confirmado que la topografía citada por las fuentes escritas se identificaba con el paisaje propuesto y se han podido reconstruir los momentos de la batalla que los historiadores narraban: la toma del promontorio donde Asdrúbal dispuso a los númidas y los honderos, el avance romano en dos alas para envolver el núcleo del ejército púnico o la lucha final en la zona alta del cerro de las Albahacas. Para ello ha sido fundamental el análisis de la distribución de las armas en el SIG: proyectiles de honda, puntas de flecha y dardos para ver el asalto al promontorio o el avance hacia la parte más alta del cerro; lanzas, jabalinas y pila, para localizar el área en el que se produjo el cuerpo a cuerpo. Especialmente ha de destacarse la distribución de las tachuelas de las sandalias de los legionarios romanos (calligae), que han permitido reconstruir los movimientos del ejército romano, dando a conocer el camino exacto que siguieron las tropas romanas desde su campamento hasta el escenario de la batalla o el avance de las alas envolventes de Escipión.

Asdrúbal huyó antes de que acabara la batalla y Escipión quedó vencedor causando ocho mil bajas al enemigo.

 

19 mayo 2016 at 4:36 pm Deja un comentario

Bailén da la batalla por Baecula

Próximas excavaciones para determinar la localización de la lid entre Roma y Cartago

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Escenificación de la batalla de Bailén. – ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC    07/03/2016

El alcalde de Bailén, Chiqui Camacho, utiliza el brazo de Tito Livio para echar un pulso al centro andaluz de arqueología ibérica, organismo que sitúa la batalla de Baecula en Santo Tomé, a 70 kilómetros del lugar en el que, a tenor de su descripción geográfica, la emplazó el célebre historiador romano. El Ayuntamiento realizará este año una carta arqueológica para conseguir el retorno a su sede clásica de esta lid, enmarcada en la segunda guerra púnica, cuyo resultado apuntaló el dominio de Roma sobre Cartago.

Para el alcalde, del Partido Popular, obviar la historiografía es despreciar la evidencia: «Tito Livio y Polibio resaltan la proximidad del lugar a Cástulo. Hoy, en coche, Santo Tomé está a media hora de allí, pero en el año 208 antes de Cristo… Las conclusiones del centro no se sostienen. Es como si ahora un historiador dijera que la batalla de Lepanto tuvo lugar en realidad en La Manga del mar menor», ironiza.

A su juicio, el centro andaluz ha deformado la historia y la geografía para acomodarlas a la tesis de su director, Arturo Ruiz, principal valedor de Santo Tomé como escenario de la batalla entre Escipión El africano y Asdrúbal Barca. Ruiz, se queja el alcalde, es la única voz que consideran autorizada las administraciones socialistas, que desoyen los argumentos de otros historiadores, también prestigiosos, como Alicia Cantos, quien rechaza de plano las conclusiones del centro.

El argumento principal que esgrime Ruiz para sostener su punto de vista es el hallazgo masivo en el cerro de Las Albahacas de piezas relacionadas con una contienda entre los dos ejércitos más poderosos del momento. Entre los restos destacan las puntas de lanzas, los dardos, las puntas de flechas, las tachuelas de sandalias, los anillos, los colgantes y las monedas. Parece un argumento sólido, pero es contestado por el también arqueólogo Juan Jesús Padilla, concejal de patrimonio histórico del ayuntamiento de Bailén. Padilla no cuestiona que en Santo Tomé se librara una batalla. Lo que cuestiona es que fuera la de Baecula.

«En Santo Tomé no se ha descubierto un oppidum (ciudad fortificada) ni un epígrafe con el topónimo de Baecula», aclara Padilla, quien respeta el trabajo de su homólogo, pero no así sus conclusiones, entre otras cosas porque existe la fundada posibilidad de que la contienda tuviera lugar en Bailén. «Si no lo sabemos con certeza es porque no se han llevado a cabo excavaciones como las que han tenido lugar en Santo Tomé», apostilla el concejal de patrimonio, quien asegura que hay numerosos yacimientos diseminados por su ciudad, especialmente en la zona oeste, donde la historiografía clásica sitúa la batalla.

El consistorio ha solicitado sin éxito a las administraciones gobernada por los socialistas que libren fondos para llevar a cabo excavaciones. La discriminación respecto a Santo Tomé no se sustenta en criterios técnicos, sino políticos, a juicio del alcalde, que advierte de que la postura de la Diputación y la Junta de Andalucía en este asunto perjudica económicamente a su municipio. Esgrime el motivo: «Es una acicate para el turismo que Bailén sea una ciudad con dos batallas célebres». Añade que para no le arrebaten este honor el propio ayuntamiento llevará a cabo excavaciones que revelen que la batalla aconteció en su predio.

Discriminación de la batalla de Bailén

A diferencia de lo que ocurre con la contienda de Baecula, ningún historiador cuestiona que el 19 de julio de 1808 tuvo lugar en el término de Bailén la batalla que supuso la primera gran derrota del ejército de Napoleón. Sin embargo, en el año de segundo centenario de la lid, 2008, con Zapatero en el poder, las administraciones públicas gobernadas por los socialistas en ese momento, todas, excepto el ayuntamiento, restaron importancia a la efeméride.

Sirva como ejemplo que la representación de la Junta de Andalucía en su acto central se limitó la asistencia de la entonces delegada del gobierno en Jaén, según expone el alcalde de la ciudad, quien sugiere que la ausencia de los reyes de España al acto del bicentenario, en el que participaron alrededor de 300 figurantes de diversos países de Europa, se debió a las presiones del Gobierno a la Casa Real.

«El PSOE sólo cree en las batallas de los lugares en que gobierna», agrega el regidor, que esgrime la escasa inversión realizada en su día por las administraciones socialistas para abrir el museo de la batalla de Bailén. Añade que la solicitud reciente realizada por el ayuntamiento a la diputación de Jaén para que le conceda una partida económica específica, sustentada en la relevancia de la lid, ha sido rechazada.

 

7 marzo 2016 at 9:01 pm Deja un comentario

El palacio de Asdrúbal, la joya fenicia de Cartagena

Iván Negueruela ha presentado en Cartagena la investigación que le ha llevado a ubicar estas dependencias en el Cerro del Molinete

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Fuente: LÁZARO GIMÉNEZ  > CARTAGENA  |  Cadena SER    14/07/2015

Hubo un tiempo en el que los cartagineses disputaron el poder y la hegemonía mediterránea al Imperio Romano desde Cartagena. Convencido de que de aquella época tuvieron que quedar restos visibles, hace quince años Iván Negueruela, director del ARQUA, comenzó sus primeras investigaciones sobre el Arx Asdrubalis que han concluido con un libro, “El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena”. En él emplaza el Arx Asdrubalis, el Palacio de Asdrúbal, en el Molinete, uno de los cinco cerros de la ciudad portuaria, con unas dimensiones únicas y que harían de él un yacimiento arqueológico único en todo el Mediterráneo.

Su investigación comenzó por Polibio, rey griego de Megalópolis, que llegó a Cartagena como esclavo de Escipión, y que realiza una extensa descripción de la ciudad de entonces. Como elemento singular, en esa descripción, destaca el Arx Asdrubalis, “los magníficos palacios reales” de Asdrúbal.

Dice Iván Negueruela era imposible que esos palacios hubieran desaparecido sin dejar ningún tipo de huella. Según él, no se ha encontrado hasta ahora porque el palacio se talló en la roca y eso es lo que ha llevado a la confusión a los numerosos equipos de arqueólogos que han pasado por la zona en el último siglo. “Veían muros excavados en la roca y no creían que fuera el palacio, pero sí lo es”, asevera.

“El magnífico palacio”

La planta triangular del palacio y sus proporciones son los aspectos destacados de un palacio con unos 25.000 metros cuadrados y repartido a lo largo de unas siete terrazas excavadas en la roca del cerro del Molinete. La planta es de un triángulo escaleno con las proporciones del teorema de Pitágoras, según Negueruela, cuya hipotenusa sería de unos 280 metros. “Es el único edificio triangular que yo conozco hasta el siglo XVIII o XIX, cuando la masonería recuperó este tipo de planta”, dice el director del ARQUA.

“Está tallado en la roca en unas proporciones inmensas en todo el Mediterráneo, incluyendo a Egipto, Turquía, Grecia, Mesopotamia… Palacio más grande que éste sólo podríamos encontrar el de Nabucodonosor en Babilonia”, asegura Negueruela, quien recuerda que desde estas dependencias “se dirigieron todos los destinos de lo que la dinastía de los Barca (Asdrúbal, Aníbal…) pensó que sería el gran imperio fenicio de Occidente y que Roma frustró”.

Para dar una idea de lo importante que es este palacio, recuerda Negueruela que de él partió Aníbal en su campaña contra Roma.

Interés local e internacional

Nada queda de la cuna de la civilización fenicia, en Tiro, en el actual Líbano. Ni tampoco en el otro referente púnico del Mediterráneo, Cartago, en la actual Túnez, arrasada por completo tras su enfrentamiento con el imperio romano. “No se conserva ninguna muestra de arquitectura monumental fenicia ni cartaginesa”, reconoce Negueruela, lo que dice que ha despertado el interés de investigadores internacionales, y así se lo han trasmitido colegas suyos que han participado recientemente en un congreso en Ankara: “Me dicen que todo el mundo está hablando de este palacio de planta triangular”.

A pesar de la destrucción que ha experimentado este cerro no sólo en siglos anteriores, sino también en las últimas décadas, dice Iván Negueruela que “hay mucho que se puede rescatar” y en ese sentido agradece la predisposición del nuevo equipo de Gobierno a acometer estos trabajos.

15 julio 2015 at 9:56 am 2 comentarios

Hallado en Cartagena el palacio de Asdrúbal

La Real Academia de la Historia publica el hallazgo del arqueólogo Iván Negueruela en una de las cinco colinas de la ciudad murciana

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Fuente: GREGORIO MÁRMOL / CARTAGENA (MURCIA)  |  ABC     07/06/2015

Las ruinas de un monumental edificio púnico con veintidós siglos de antigüedad se confunden entre maleza, escombros y muros de construcciones más modernas en las laderas del cerro del Molinete, en pleno casco histórico de Cartagena, a dos pasos de su bulliciosa Puerta de Murcia y a cuatro del puerto al que estos días llegan miles de turistas a bordo de trasatlánticos. Quien más claro las ha visto es el doctor en Arqueología Iván Negueruela (Valladolid, 1951), que lleva quince años ensimismado en el estudio de esos vestigios. Sus conclusiones las ha plasmado en el libro «El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena (Cerro del Molinete)», que acaba de editar la Real Academia de la Historia. Sus primeras presentaciones públicas están previstas el próximo otoño en Madrid y Túnez.

La obra recopila con criterio científico la investigación que el actual director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), inició a raíz de una cita clásica. El historiador helenístico Polibio de Megalópolis visitó la Cart Hadasht púnica a mediados del siglo II antes de Cristo y dejó escrito que en el actual cerro del Molinete se encontraban «los magníficos palacios reales» de Asdrúbal Barca.

La Policía y el arqueólogo

Esa referencia bibliográfica fue la que motivó a Negueruela a iniciar en el verano del año 2000 una discreta campaña de prospecciones en las laderas de la colina, una de las cinco sobre las que en el año 227 antes de Cristo el propio general cartaginés de la dinastía bárcida erigió la actual Cartagena aprovechando las ruinas de la Mastia ibera. La modesta y breve empresa del arqueólogo -apenas una semana para confirmar lo que había visto durante sus paseos por el Molinete- no estuvo exenta de dificultades: pese a disponer de los preceptivos permisos de la Dirección General de Cultura de la Comunidad Autónoma, tuvo que lidiar con fuertes reticencias municipales evidenciadas por la continua visita de agentes de la Policía Local. La zona está afectada por un gran proyecto urbanístico aprobado en marzo de 2001 y que está a medio ejecutar.

Pese a los contratiempos, Negueruela se propuso arrojar luz sobre esta etapa: la Cartagena púnica es terreno ignoto para muchos arqueólogos que han intentado conquistarlo. Salvo algunos tramos de muralla puestos al descubierto a los pies del cerro de San José, o las trazas de calles en el propio Molinete, los vestigios púnicos siguen ocultos bajo los niveles de la posterior y aparentemente más esplendorosa Carthago Nova de los romanos.

Excavado en la roca

En distintos puntos de las laderas norte, sur y oeste del Molinete (que en la antigüedad fue conocido como Arx Asdrubalis), Negueruela realizó hace quince años una campaña de excavaciones que permitió encontrar tramos de roca madre y trazas de muros milenarios reutilizados en épocas posteriores. Muchos de ellos sustentaron hasta no hace demasiados años los techos de las casas del desaparecido barrio chino de la ciudad. Una de sus primeras conclusiones fue que el palacio bárcida era en realidad un conjunto de construcciones rupestres. Es decir, un gran edificio excavado en la propia roca de las laderas de la colina, previamente preparadas en forma de terrazas para permitir la superposición de alturas. «Un edificio excavado en la roca en esa época es una novedad en todo el Mediterráneo», asegura el arqueólogo.

La plasmación de esas estructuras antiguas en los planos de un monte con unos 25.000 metros cuadrados de extensión también permitió al investigador llegar a otra conclusión asombrosa: se encontraba ante un edificio de planta triangular, algo insólito en aquella época. En concreto, un triángulo escaleno con una hipotenusa de 250 metros, lo que da idea de sus colosales dimensiones. Tampoco había estudiado nada parecido en sus muchos años de trayectoria profesional en España y los países ribereños del Mediterráneo.

Historia de los vencedores

Negueruela sostiene en su investigación que pocos edificios de la Antigüedad habían alcanzado dimensiones tan importantes como el palacio de Asdrúbal. «Ninguno en la Península Ibérica ni en los países de Occidente. Más grandes sí los hubo, pero en los imperios del Próximo Oriente: Babilonia, Persépolis, pero este último tras sucesivas ampliaciones».

Esas proporciones consolidan la hipótesis de que la dinastía Barca quiso hacer de Cartagena la capital de su imperio en la Península Ibérica. «Es evidente que a lo mejor habría que revisar la historia, pues esta la escriben los vencedores, los romanos, y por tanto no tenemos referencias a todo esto», advierte el arqueólogo. Negueruela abunda en otras ideas que refuerza con el uso de planos, como que la planta del palacio de Asdrúbal encierra un complicado entramado de conocimientos en disciplinas como la geometría, la aritmética, la geodesia y la astronomía. Nadie hasta entonces en el Mediterráneo había sido capaz de aterrazar los distintos lados de una colina, construir y excavar en ellos para habilitar diferentes dependencias, hacerlo de manera intencionada y proporcionada, y orientar las dedicadas al culto con intención astronómica.

A ello se suma el dominio de la geometría que tenían sus arquitectos. El investigador destaca como únicos elementos disonantes en la composición de triángulos del palacio la ubicación del templo de la diosa Atargatis coronando la cima y una serie de habitaciones lejanas a este pero dentro del complejo. Intentar darle sentido a esa ruptura ha sido una misión complicada para él durante los últimos años. Piezas de un puzle al que va dando sentido de manera muy lenta.

A falta de que expertos en geometría puedan proporcionar nuevas interpretaciones, el autor del libro cree que las estancias de carácter religioso tienen orientaciones vinculadas a razones astrológicas. De todas las claves ocultas que pudo encerrar el edificio, Negueruela intuye detalles constructivos que quedaban ocultos a los ojos de la población que habitaba a los pies de la cara sur de la colina. Cita como ejemplo la orientación de las salas destinadas al culto divino y la entrada de los primeros rayos de sol por la puerta del templo de Atargatis, cuyos escasos vestigios se pueden ver en el actual parque arqueológico del Molinete.

El estudio de estas ruinas augura futuras investigaciones sobre el papel que jugó Cartagena antes de la dominación romana. ¿Por qué el arquitecto del palacio de Asdrúbal rompió los esquemas cuadrados y rectangulares conocidos hasta entonces? ¿De dónde procedían sus conocimientos? ¿Cómo resolvió arquitectónicamente el conflicto entre el poder terrenal -los Barca- y sobrenatural -Atargatis-? «Responder a todo ello puede dar para cien años», asegura Negueruela.

Este investigador inquieto, de verbo atropellado y fama de independiente (dos veces fue destituido de su puesto de director del Museo Nacional de Arqueología Marítima por sendas ministras de Cultura y dos veces fue repuesto en el cargo por sentencias judiciales) está acostumbrado a ir a contracorriente. Él insiste en probar la existencia de restos del palacio cartaginés en un lugar donde sus colegas no vieron lo que él ha hallado.

Las elecciones del pasado 24 de mayo pusieron fin a veinte años de mayoría absoluta del Partido Popular y de su alcaldesa, Pilar Barreiro, en el Ayuntamiento de Cartagena. El próximo alcalde puede cambiar la valoración del urbanismo en un casco que desde 1981 tiene la consideración de Conjunto Histórico-Artístico y que ahora, en esta zona, se debe proteger hasta que se aclare la relevancia de Cartagena en la historia antigua de España. Lo dejó escrito Polibio hace dos mil años. Ahora lo reivindica Negueruela.

7 junio 2015 at 5:15 pm Deja un comentario

Dos mil años después la batalla continúa, ¿dónde situar Baecula?

M. NIEVES MIRA | ABC

Bailén y Santo Tomé se disputan el honor ser la cuna de un enfrentamiento entre Roma y Cartago, el primero que dirigió Escipión en la Península

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Batalla de Cannas, 216 a.C., dentro de la segunda Guerra Púnica

Bailén, el pueblo que plantó cara al ejército de Napoleón, pasó a la historia por ser el primero en resistir la invasión francesa. Ahora se encuentra de nuevo en pie de guerra para que no les arrebaten una parte de su pasado: la batalla de Baecula. Tradicionalmente se ha ubicado en el entorno de esta ciudad jienense, pero desde 2004 diversos estudios la sitúan en Santo Tomé, a unos 60 km. Esta contienda, que data del 208 a.C., ahora se libra en los despachos. Los mismos en los que se firman los acuerdos turísticos que se han asentado, según un sector crítico de los bailenenses, sobre una premisa falsa.

La batalla de Baecula se encuadra dentro de la segunda Guerra Púnica, en la que se enfrentaron el Imperio Romano –a las órdenes de Escipión el Africano– y el Imperio Cartaginés, dirigido por Asdrúbal Barca. Tras el combate, los cartagineses perdieron el control de la cabecera del Guadalquivir, por lo que se suele indicar que este fue el principio del fin de Cartago.

El enfrentamiento Roma-Cartago

Corría el año 264 a. C. El imperio púnico-cartaginés se había ido configurando desde el siglo X y IX al norte de la actual Túnez y las islas del Mediterráneo. Era una de las dos grandes potencias de la época y vivía del comercio. Sus fuerzas navales eran las más potentes del momento, pero su ejército permanente en tierra no lo era tanto. Tenía vocación comercial más que conquistadora y, por ello, no necesitaba grandes contingentes de soldados. Mientras tanto, la República de Roma se encontraba en plena expansión y ya controlaba la Península Itálica. Su armada era menos numerosa y apenas contaba con experiencia, pero sus legiones estaba bien entrenadas y equipadas, con una importante trayectoria militar tras los dos siglos que precedieron la conquista de los territorios italianos; este sí era el ejército más poderoso de la época. Tan pronto como estuvo asentado en Italia, comenzó su expansión hacia el norte y el sur: inevitablemente se encontraron frente a frente los dos grandes imperios del momento. Las guerras, que confrontaron a Roma y Cartago durante 118 años –interrumpidos– acababan de empezar. Solo podía quedar uno, y fue Roma.

«Sucesivos tratados comerciales no lograron atemperar el creciente antagonismo de los colosos, que desembocó, primero, en guerra fría y, después, en guerra caliente: la Primera Guerra Púnica», apunta Juan Eslava Galán en su libro “Historia de España contada para escépticos”. El autor señala su admiración por los romanos, capaces de improvisar una escuadra de guerra copiando una nave enemiga que encontraron varada en una playa. Y que encima, vencieran en algunas batallas navales para terminar haciéndose con la victoria. La primera Guerra Púnica se desarrolló entre el año 264 y el 241 a. C. Cartago perdió y se vio obligado a ceder Sicilia y Cerdeña además de compensar al imperio con cuantiosas indemnizaciones.

«La fuerte indemnización de guerra que Roma había impuesto a los cartagineses y las pérdidas económicas y humanas llevó a Cartago a fijarse en las tierras del occidente, en las que la Península Ibérica se convirtió en el principal punto de referencia», señala Juan José Palao, profesor del departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Salamanca. Así, Amílcar Barca desembarca en Cádiz y, tras siete años, consigue dominar a los indígenas de la zona. Sus hijos continúan su misión una vez muerto su progenitor. «Carthago Nova (la actual Cartagena) rápidamente se convirtió en la principal base cartaginesa en el Mediterráneo occidental», apunta Palao.

Después de que Asdrúbal fuera asesinado, su hermano Aníbal quedó al mando del imperio cartaginés en la Península Ibérica. Tras conquistar Sagunto, el imperio romano vuelve a declararle la guerra a los cartagineses. Es el comienzo de la segunda Guerra Púnica, que se desarrolla entre los años 218 y 201 a.C. Ambos imperios llevaban años preparándose ante lo que parecía inevitable. «Cartago quería la revancha, y Roma estaba preocupada por el rearme de su rival y la pujanza que había alcanzado», señala Eslava Galán. Asdrúbal inicia su ofensiva en Italia, con gloriosas y estudiadas batallas como la de Cannas. Pero el imperio romano le devuelve el golpe en la Península Ibérica, su punto débil.

En este contexto de la Segunda Guerra Púnica se desarrolla la batalla de Baecula, en el año 208 a.C. El ejército cartaginés obedecía a las órdenes de Asdrúbal. El romano, a las de Publio Cornelio Escipión el Africano, el primer enfrentamiento a gran escala de este último tras quedar al mando de su ejército en los territorios hispanos.

La batalla de Baecula supone un hito «importantísimo» en el desarrollo de la contienda, «ya que el control de la cabecera del Guadalquivir constituía la puerta de acceso a todo el valle y el control de los recursos metalíferos. La victoria romana en este enclave permitió la penetración de estas tropas en unos territorios que hasta entonces habían controlado los cartagineses», señala Palao. Para el profesor, Baecula constituye otra prueba más del genio militar de Escipión, capaz de derrotar a un ejército superior en número y ubicado de forma ventajosa en el terreno. «Gracias a una maniobra envolvente del general romano, consiguió neutralizar al ejército cartaginés y apoderarse del campamento de Asdrúbal. Se iniciaba así la pérdida del dominio púnico en territorios peninsulares», señala Palao, que sentencia: «Si la pérdida de Carthago Nova fue un duro revés para los cartagineses, Baecula significó el principio del fin del dominio cartaginés».

La ubicación tradicional

Los principales estudiosos, tanto nacionales como internacionales han ubicado siempre Baecula en un entorno cercano a la actual ciudad de Bailén (Jaén), pero el debate cambió cuando Arturo Ruiz, director del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI) y catedrático de la Universidad de Jaén, hizo públicos los datos de un estudio que aún se encuentra escribiendo: “La batalla de Baecula tuvo lugar en Santo Tomé”. Grandes titulares llenaron entonces las páginas de muchos medios, sobre todo regionales pero también locales. No era para menos: la noticia cambiaba más de dos milenios de historia.

Diez años después, los bailenenses no dan por perdida «su batalla» y se encuentran también en pie de guerra, esta vez ante la Diputación de Jaén, suplicando medios económicos para que se lleve a cabo en la zona un estudio similar al que realizó el profesor Ruiz en Santo Tomé. «Reivindicamos que se dote a Bailén de los mismos medios con que se dotó en su momento a Santo Tomé para realizar un estudio. En Bailén sí existe sustrato arqueológico de época íbera, algo que niega Ruiz, por lo que es necesario investigar también esta zona», defiende Juan Soriano, presidente del Instituto de Estudios Bailenenses (IEB). Pero, ¿qué propone Ruiz? ¿Por qué ha causado tanta polémica en un pueblo que «ya tiene otra batalla»? ¿Cómo se ha instuticionalizado tan rápido? ¿Qué otras voces pelean por hacerse oír frente a los «grandes gritos»?

Giro en la historia

El profesor Arturo Ruiz, junto al equipo que él dirige en el CAAI se embarca en 2002 en el proyecto de investigación que tenía como fin «comprobar si lo que se había dicho de manera tradicional coincidía arqueológicamente con la realidad», señala a Abc.es el profesor. «Hicimos una primera prospección en el sitio que tradicionalmente se había ubicado Baecula, con resultado negativo. A partir de los historiadores clásicos Polibio y Tito Livio calculamos el movimiento que habían hecho por la noche», apunta. Lo novedoso del estudio, más allá del resultado, es su método arqueológico: «Se van registrando sobre un terreno cuadriculado de 450 hectáreas todo el material que aparece, mediante gps y se pueden interrelacionar los objetos, incluso contrastarlos con las fuentes y aclarar cuestiones que no quedaron definidas».

«El gran éxito del modelo es, no tanto el hallazgo del lugar de la batalla, sino que es aplicable a otros sitios; lo estamos desarrollando ya en Italia y presentaremos un proyecto sobre Metauro, la batalla donde muere Asdrúbal Barca. También trabajamos para reproducir la batalla de Zama, la última, que enfrenta a Aníbal con Escipión», comenta el profesor.

El movimiento del ejército está reconstruido en base a las tachuelas que iban perdiendo los legionarios, ahora recolectadas. «También hemos localizado el lugar del campamento de Asdrúbal y se han excavado las fosas de amortización», apunta. Los resultados de su estudio, que avalan la tesis «reconocida ya mundialmente», en palabras de Ruiz, son los siguientes: 6000 piezas de metal sin contar las cerámicas, de las que 2400 son del momento de la batalla. «Son los restos materiales los que nos dicen que en el año 208 a.C. allí hubo una contienda, y que sigue las trazas de lo que propusieron los historiadores romanos clásicos. Se trata de confirmar lo que dicen las fuentes a partir de los restos hallados», apunta sobre su investigación. En el próximo mes de diciembre se editará la edición del proyecto Baecula y el congreso internacional donde se presentará.

Mientras tanto, a nivel europeo ya se ha asentado esta propuesta, aunque haya algunas voces que se salgan de la corriente común. «El Consejo de Europa ha aceptado el lugar de la batalla de Baecula en el cerro de las Albahacas, y lo reconoce como una parada oficial en el Camino de Aníbal. El debate a nivel europeo y mundial está cerrado desde 2011», concluye el profesor. Pero, ¿cómo es el proceso de aceptación científica? ¿Cómo se cambian tantos años de historia? ¿Qué proceso conlleva a la consolidación de este tipo de estudios?

Para el profesor Palao, «una de las cosas buenas del debate científico sobre el mundo antiguo es que pocas veces se puede a llegar a zanjar un tema de forma definitiva». En su opinión, «que dicho enfrentamiento sea la batalla de Baecula que narran las fuentes romanas no se puede confirmar al cien por cien, pero a tenor de los datos que presentan las fuentes, el material documentado que alude a la presencia en el lugar de tropas cartaginesas, indígenas y romanas, y la propia situación geográfica, parece muy probable que pueda tratarse de ese episodio tan decisivo de la segunda Guerra Púnica».

Por otra parte, también juegan un papel decisivo tanto las ayudas públicas como los medios de comunicación. «La perversión del propio sistema investigador español y las exigencias de una parte de la sociedad hacen que una de las formas de obtener los recursos necesarios para llevar a cabo las investigaciones sea mediante la contrapartida de los beneficios económicos o la riqueza material que puedan suponer», subraya Palao en relación a la importancia de estar presente en los medios.

Sobre esta cuestión, destaca Ruiz: «Hoy en día la investigación no se concibe como un espacio cerrado donde presentar resultados. Una parte importante son los congresos y evaluaciones, y otra esencial también es la difusión de los resultados y la transferencia al público. Este en concreto, es un tema de investigación reconocido e interesante gracias al apoyo de los medios».

Otros puntos de vista

A pesar de la novedad que supuso el hallazgo para la comunidad científica, parece que es un tema bastante asentado. Algunos autores que se sitúan en la línea de Ruiz argumentan que el resto de atribuciones «tradicionales» de la batalla a Bailén se asienta sobre su «parecido toponímico», es decir, su similitud fonética, aunque esto no sea así. Los grandes expertos que desde el siglo XIX han estudiado la topografía de Bailén y el lugar de la batalla no se han basado en tal parecido. Por ejemplo, para Lanzeby, que escribe en 1998 sobre las técnicas guerreras de Aníbal, la causa principal de situar Baecula en Bailén es la estratégica, y lo hace después de estudiar el terreno y compararlo también con los grandes clásicos.

Alicia Canto, profesora del departamento de Prehistoria y Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid, publicó en 2011, a raíz de las afirmaciones de Ruiz, un artículo titulado La batalla de Baecula no pudo ser en Santo Tomé. Bajo ese epígrafe, que no deja lugar a dudas, aporta los argumentos que se encuentra estudiando y ampliando. Entre ellos, la cercanía a Cástulo (actual Linares, frente a los 60 km. que separan a Santo Tomé de dicha ciudad), a unas minas de plata, ser un lugar con buenas comunicaciones, estar al Oeste de Cástulo y contar con un hallazgo epigráfico expresivo del nombre antiguo.

«El profesor Ruiz es ante todo un prehistoriador, militante de la arqueología de campo. En estos casos suelen conocer menos las fuentes históricas y dar una importancia a lo mejor excesiva a los materiales mismos. En cambio, las fuentes literarias y epígrafas aportan otros puntos de vista que son importantes si se quiere estudiar la Antigüedad como un todo, y no sólo los materiales», señala la profesora en relación a los métodos –al parecer– «enfrentados» que proponen ambos. A pesar de ello, reconoce la necesidad de «ser complementarios, de no entrar en contradicción entre ellos. Porque, cuando lo hacen, como pasa en el caso de Baecula, es que uno de los dos métodos está fallando en algo», apunta.

«El estudio de los objetos es importante, pero la mayor parte de las veces carecen de cronología interna, dependen del contexto y de otros factores», señala Canto, que en su opinión, «está mal que se dé “por zanjado” un asunto que, en realidad, está muy lejos de ello». Lo que le recrimina al estudio de Ruiz es «la carencia absoluta de minas de plata en los alrededores, la topografía real, la gran dificultad de las comunicaciones con Cástulo debido al sitio “arrinconado” donde se sitúa Santo Tomé, su lejanía a dicha ciudad o la inexpresividad cronológica e identificativa de los materiales que han hallado», y señala todo esto tomando en cuenta a las fuentes literarias, que van en contra de que Baecula pueda haber estado en Santo Tomé. «Su principal problema es también que no cuentan con lo que siempre se debe cumplir cuando se propone un nombre antiguo para una ciudad moderna: que haya al menos una inscripción antigua que lo confirme. Es una regla invariable de la Geografía Histórica que rige desde siempre, aunque a él no parezca preocuparle. Y de Santo Tomé conocemos una treintena de isncripciones romanas, pero ninguna menciona la ciudad».

La profesora, por otra parte, concluye: «Baecula no tiene que estar necesariamente en Bailén, pero sí en su territorio (de eso estoy segura). El “parecido toponímico” es una simplificación y casi la principal en el caso del equipo del CAAI para descartar Bailén (junto a la inexistencia en esa zona, según ellos, de materiales propios de la segunda Guerra Púnica, lo que puedo decir directamente que no es verdad). Además, es más probable que “Bailén” derive de algo más parecido a un “Bailo” que a un “Baecula” o “Baikor”».

Indignación en Bailén

Dejando de un lado el ámbito académico, estas últimas semanas saltaba en distintos medios una noticia curiosa: la protesta ciudadana frente a una propuesta universitaria. Aunque en cierta medida también fuera una demanda a la clase política y en concreto a la Diputación de Jaén.

Para la asociación que preside Juan Soriana, presidente del IEB, la teoría de Ruiz no es válida «porque se basa en la negación de que en Bailén y en su entorno existen restos arqueológicos de época íbera cosa totalmente falsa. Parte, en su estudio, de esa negación, una premisa errónea y, por consecuencia, el resultado del estudio es nulo». Soriano, que fue cronista oficial de Bailén, defiende, en cambio que «en el entorno de Bailén se han encontrado hasta en 23 lugares distintos restos que avalan la existencia de una batalla. El problema es que ninguna de esas zonas arqueológicas se ha investigado nunca». «Si no se conoce el lugar donde buscar los restos es normal no encontrar nada. El profesor Ruiz tendría que habernos preguntado a quienes conocemos el terreno dónde podría hallar los restos».

Sin embargo, Soriano reconoce la imposibilidad de «adjudicar» la batalla en ningún territorio, ya no solo en Bailén o en Santo Tomé: «Mientras que no exista ningún resto epigráfico, piedra escrita que diga que “este es el lugar de Baecula”, no puede poner el nombre de la batalla donde le apetezca. Al igual que tampoco se puede decir lo mismo de situarlo en Bailén».

Por otra parte, destaca también la mediatización de la que hablaba Ruiz, poniéndola en relación con el plano turístico: «Es un estudio muy mediatizado, la primera noticia ya se vincula con la promoción turística de la zona [la apuesta turística de la Diputación por la provincia de Jaén: la ruta de los castillos y las batallas]». Entre los planes del Instituto, a corto plazo está reunirse con el presidente de la Diputación, Francisco Reyes. A él pretenden presentarle un memorándum para que tenga conocimiento de sus dudas respecto a lo que se ha presentado hasta ahora y que es necesario estudiarlo más en profundidad para que aporte los medios necesarios para llevar a cabo una prospección en Bailén. Pero por si acaso ya preparan un plan B con la intención de buscar medios propios que permitan financiar el proyecto. Sin embargo, la Diputación «ya se ha implicado demasiado en el asunto», señala Soriano, promoviendo el «Camino de Aníbal» bajo un proyecto europeo, con parada en Santo Tomé.

Pocas veces una investigación académica es capaz de implicar a tanta gente tras ella, de que se interesen y organicen por algo «científico», ya no solo a nivel local. Lo bueno, tal y como apuntaba el profesor Palao, es que el proceso nunca se puede dar por cerrado, a pesar de que unos y otros (también los políticos) lo pretendan. Lo malo es que sea demasiado tarde para cuando lleguen las respuestas, pues la ciencia y la investigación necesitan tiempo para asentarse. Por ello, precipitarse puede salir muy caro cuando entran otro tipo de intereses a formar parte del tablero estratégico de esta otra batalla que hoy libran en terreno jienense un grupo de ciudadanos que no se conforma con lo que le cuentan. Que están seguros de que en su terreno hay restos íberos, porque los llevan encontrando toda su vida. Podrán estar equivocados o no, pero lo que sí es cierto es que seguirán luchando, ahora, más de dos mil años después.

25 julio 2014 at 10:44 am Deja un comentario

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