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La cabeza dorada que añade un giro inesperado a la historia de la antigua Roma

La escultura de una cabeza de caballo y otros hallazgos sugieren que los romanos tenían una relación sorprendente con las tribus de su frontera norte.

Es probable que esta cabeza de caballo dorada, que ahora se exhibe en Alemania, sea el fragmento de una estatua a tamaño real de un emperador romano esculpida en el año 1 d.C.

Foto: ARNE DEDERT, PICTURE-ALLIANCE/DPA/AP IMAGES

Fuente: Andrew Curry | National Geographic
22 de agosto de 2018

Tras casi una década de batallas legales, se ha revelado al público por primera vez un fragmento de una antigua escultura romana por valor de casi 1,7 millones de euros. El fragmento de 13 kilogramos es la cabeza de un caballo a tamaño real que data del año 1 d.C. La cabeza, hecha de bronce y bañada en oro, es mucho más que un ejemplo espectacular de arte romano.

La cabeza de caballo fue descubierta durante las excavaciones de un asentamiento romano llamado Waldgirmes, cerca de la actual Frankfurt, y añade un nuevo giro inesperado a la historia de Roma y las tribus germánicas.

Durante siglos, los historiadores estaban de acuerdo en que los romanos pretendían usar la fuerza para someter a las tribus germánicas y crear una nueva provincia al norte y al este del Rin. Tras una batalla catastrófica en el año 9 d.C. que costó 15.000 hombres al ejército romano, la conquista de Germania se canceló. Marcados por esta derrota —conocida como la batalla del bosque de Teutoburgo—, los romanos finalmente establecieron una red de fuertes que definió la frontera norte del mundo romano durante casi 300 años.

Pero la cabeza de caballo y otros hallazgos en Waldgirmes, excavado por la comisión romano-germánica del Instituto Arqueológico Alemán entre 1994 y 2009, son pruebas de que la fuerza bruta podría no haber sido la única parte del plan de Roma.

El asentamiento se extendía a lo largo de casi ocho hectáreas y contaba con una muralla defensiva, pero no con edificios militares. Su existencia demuestra que los romanos vivieron codo con codo y comerciaron con los «bárbaros» germánicos de forma pacífica durante años, justo hasta la derrota de Teutoburgo, según Gabriele Rasbach, investigador principal del Instituto Arqueológico Alemán.

La mayor parte de los edificios del asentamiento estaban hechos de madera y, basándose en los datos de los anillos de los árboles, los arqueólogos calculan que se construyó de cero a partir del año 4 a.C. Tras los muros de madera de tres metros de alto, Waldgirmes albergaba talleres de carpintería y alfarería, residencias de estilo romano e incluso restos de tuberías de plomo.

En el centro de la ciudad había un edificio administrativo de varios pisos y, frente a él, en un patio o un foro, los arqueólogos identificaron los pedestales de cuatro estatuas de jinetes a tamaño real. La cabeza de caballo bañada en oro formaba parte de una de estas estatuas, probablemente la que representaba a un emperador romano.

Los hallazgos de Waldgirmes fueron una sorpresa para arqueólogos e historiadores por igual.

«Darnos cuenta de que allí había edificios civiles fue toda una sorpresa», afirma Sebastian Sommer, arqueólogo de la Oficina del Estado de Baviera para Protección de Monumentos en Múnich que no participó en las excavaciones. «Waldgirmes muestra un enfoque exclusivamente civil, y quizá que los romanos se equivocaron sobre lo fácil que sería colonizar a estos pueblos».

¿Una estatua sacrificada?

Con sus brillantes estatuas y sus cañerías de plomo, Waldgirmes parece haber formado parte de una iniciativa para ganarse a las tribus germánicas en lugar de atacarlas.

«En el asentamiento hemos visto que su objetivo era ser un centro administrativo importante, quizá hasta una capital planificada», afirma Carsten Amrhein, arqueólogo y director del Fuerte Romano de Saalburg, un museo cerca de Frankfurt dedicado al pasado romano de la zona. «Los planes de los romanos de una nueva provincia fueron mucho más lejos de lo que creíamos».

Pocos años después de la batalla del bosque de Teutoburgo, la vida en la antigua localidad se detuvo. Pero, según Rasbach, no se observan señales de batallas ni matanzas. Quizá Waldgirmes fue evacuada de forma pacífica en el año 16 d.C., cuando se les ordenó a las fuerzas romanas que abandonasen el territorio que poseían al norte y al este del Rin.

Tras quedar abandonado, Rasbach explica que es probable que las tribus germánicas destrozaran deliberadamente las estatuas y las aprovecharan por su contenido en metales. Se descubrieron fragmentos de bronce —en total 160, la mayoría astillas diminutas— esparcidos por todo el asentamiento.

La cabeza de caballo es la única excepción. No muy lejos de los pedestales, los arqueólogos descubrieron un pozo de la época romana de más de nueve metros de profundidad. La cabeza se encontraba en el fondo, cubierta de pesadas piedras de molino, cubos de madera, asas de herramientas, un yugo de buey y otros desperdicios.

Rasbach señala que la cabeza de caballo no cayó al pozo por accidente. El metal era un bien demasiado preciado como para malgastarlo. En lugar de eso, es posible que tirasen la cabeza al pozo como parte de un ritual: las tribus del norte de Europa solían sacrificar caballos y arrojar sus cadáveres a pantanos o ríos. Quizá la cabeza de bronce formase parte de una ceremonia similar, y las piedras y el resto de desperdicios se arrojaron para sellar el sacrificio.

Aunque se excavó en 2009, la cabeza lleva almacenada durante casi una década, mientras una demanda del agricultor en cuya tierra se descubrió pasaba por los tribunales alemanes. La semana pasada, el estado alemán de Hesse acordó pagar al agricultor unos 688.800 euros para adquirir el fragmento. Forma parte de la exposición permanente del Fuerte Romano de Saalburg desde el domingo pasado.

Y si Waldgirmes formaba parte del plan romano para ganarse a los germanos a través del comercio y la cultura, podría no haber sido el único puesto avanzado colocado en los bosques.

«Tiene que haber más», afirma Rasbach. «Pero muchas veces los asentamientos modernos se construyen sobre antiguos asentamientos romanos. Con Waldgirmes tuvimos mucha suerte».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

 

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23 agosto 2018 at 10:10 am Deja un comentario

Esta deslumbrante cabeza de una estatua ecuestre romana fue hallada en Alemania

La cabeza, de unos 2.000 años de antigüedad, perteneció a una estatua ecuestre de bronce dorado que probablemente representaba al emperador Augusto; las autoridades alemanas deberán pagar 773.000 euros al propietario del terreno

Sensación arqueológica
La cabeza, de unos 2.000 años de antigüedad, preparada para ser expuesta de forma permanente en el museo del Fuerte Romano de Saalburg, cerca de Bad Homburg, en una fotografía del 17 de agosto de 2018. El hallazgo de la cabeza escultórica fue una sensación arqueológica en 2009, pero ha sido objeto de litigio durante varios años.

Foto: Arne Dedert / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

Fuente: Alec Forssmann  |  National Geographic
18 de agosto de 2018

La impresionante cabeza de caballo de bronce dorado del Imperio romano, hallada en 2009 en Waldgirmes, al norte de Frankfurt am Main (Alemania), ha sido exhaustivamente restaurada y, a partir del 19 de agosto, se mostrará al público de forma permanente en el Saalburgmuseum, el museo del Fuerte Romano de Saalburg, hoy un parque arqueológico, pero hace casi 2.000 años un asentamiento militar romano en la frontera entre el Imperio romano y los territorios germánicos tribales. La cabeza escultórica de caballo es de tamaño natural, de 55 centímetros de longitud, y perteneció a una estatua ecuestre de bronce dorado que probablemente representaba a un emperador (¿Augusto?). La pieza fue descubierta en 2009 por un equipo del Instituto Arqueológico Alemán (DAI) en un terreno de propiedad privada: un tribunal alemán recientemente obligó a las autoridades a pagar 773.000 euros al agricultor, es decir, la mitad del valor estimado de la pieza.

El hallazgo de la cabeza escultórica fue una sensación arqueológica, pero más importante aún ha sido la investigación del Instituto Arqueológico Alemán en el asentamiento romano de Lahnau-Waldgirmes, cerca de Wetzlar, pues “ha arrojado unos resultados sorprendentes y únicos“, informaba el DAI en un comunicado el pasado 8 de agosto. Los arqueólogos han encontrado los restos de un antiguo foro y estructuras de edificios residenciales romanos pero también nativos, unos vestigios que demuestran que los romanos convivieron con los bárbaros y comerciaron con ellos, tal y como afirmaron los historiadores Tácito y Dion Casio, y esa convivencia pacífica se interrumpió después de la catastrófica derrota romana en la batalla del bosque de Teutoburgo, en el año 9 d.C., aunque en el asentamiento romano de Waldgirmes “no hay signos de que se hubiera librado una batalla o perpetrado una matanza, sino que fue evacuado pacíficamente en el año 16 d.C., cuando las fuerzas romanas recibieron la orden de abandonar el territorio que tenían al norte y al este del Rin”, explica Gabriele Rasbach, la principal investigadora del sitio arqueológico, en un artículo sobre el mismo tema publicado por Andrew Curry en la edición internacional de National Geographic.

Los vestigios demuestran que los romanos convivieron pacíficamente con los bárbaros

Una vez abandonado el sitio, continúa Rasbach, “las estatuas probablemente fueron destrozadas de forma deliberada y recicladas, por su contenido metálico, por las tribus germánicas, pues se han hallado 160 fragmentos de bronce, principalmente pequeñas esquirlas, diseminados por toda la antigua ciudad”. De hecho, la cabeza equina, con su atuendo ricamente decorado, fue excavada en el interior de un pozo junto a otras piezas y desechos de la época: un gran barril cortado, piedras de molino, un yugo de buey… “El lado izquierdo de la cabeza está muy dañado; las huellas de los golpes que consiguieron destruir la estatua son claramente visibles”, destaca el comunicado del DAI. La cabeza escultórica tenía valor metálico y si fue lanzada deliberadamente a un pozo puede que fuera como parte de un ritual. El público podrá contemplarla por primera vez a partir del domingo 19.

 

Cabeza restaurada
La restauradora Angelika Ulbrich posa junto a la imponente cabeza escultórica de Waldgirmes. El arnés del caballo está ricamente decorado con varias figuras contenidas en círculos: en los medallones laterales aparece el busto de la diosa Victoria y en el medallón ovalado central aparece la imagen de Marte, el dios de la guerra, descansando sobre una roca, entre otros elementos decorativos.

Foto: Arne Dedert / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

 

De tamaño natural
La cabeza escultórica de caballo es de tamaño natural, de 55 centímetros de longitud, y perteneció a una estatua ecuestre de bronce dorado.

Foto: Arne Dedert / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

 

18 agosto 2018 at 9:23 pm Deja un comentario

Descifrando la columna Trajana

Hace 1.900 años el emperador Trajano mandó construir un foro presidido por una columna de mármol de 38 metros de altura y decorada con 155 bajorrelieves para conmemorar sus victorias sobre la Dacia.

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La columna Trajana, con la estatua de san Pedro que hizo colocar en lo alto un papa del Renacimiento, domina las ruinas del foro de Trajano, donde en otro tiempo había dos bibliotecas y un gran edificio público financiados con el botín de la guerra de la Dacia

Por Andrew Curry, abril de 2015  |  NATIONAL GEOGRAPHIC

Invadió la Dacia en el año 101 de nuestra era, donde libró batallas sin solución de continuidad hasta el año 106. El emperador Trajano reclutó decenas de miles de soldados romanos, cruzó el Danubio por dos de los puentes más largos que ha conocido el mundo antiguo, dos veces derrotó a un poderoso imperio bárbaro en su propio territorio montañoso y acto seguido lo borró sin contemplaciones de la faz de Europa.

La guerra de Trajano contra los dacios, una civilización ubicada en la actual Rumania, fue el hito por antonomasia de sus 19 años al frente del Imperio. De ella regresó con un botín fabuloso. Un cronista de la época se jactaba de que la conquista había reportado cerca de 250.000 kilos de oro y casi medio millón de kilos de plata, además de una fértil provincia nueva.

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Trajano, emperador desde el año 98 hasta su muerte en 117, alcanzó la máxima expansión del Imperio romano en toda su historia. En esta estatua de mármol porta la cota típica de los desfiles triunfales. NY Carlsberg Glyptotek, Copenhague / Fotografiado en los Museos Capitolinos de Roma

Tamaño botín de guerra cambió el paisaje de Roma. Para conmemorar la victoria, Trajano mandó construir un foro que incluía una amplia plaza columnada, dos bibliotecas, un enorme edificio público conocido como la basílica Ulpia y es posible que incluso un templo. El foro era «único en el mundo», escribía extasiado un historiador antiguo, con construcciones «indescrip­tibles e imposibles de repetir por otros mortales».

Imponente, se erguía por encima de todo una columna de piedra de 38 metros de altura, coronada por una estatua de bronce del conquistador. Ascendiendo en espiral en torno a ella se desplie­ga un relato de las campañas dacias: miles de romanos y dacios esculpidos con todo detalle marchan, construyen, luchan, navegan, se escabullen, negocian, suplican y perecen en 155 escenas. Completada en el año 113 de nuestra era, la columna lleva más de 1.900 años en pie.

Es difícil distinguir los erosionados bajorrelieves más arriba de las primeras secuencias de la historia. La columna se alza solitaria en medio de ruinas, pedestales vacíos, losas hendidas, pilares quebrados y esculturas fracturadas que permiten adivinar la magnificencia original del foro de Trajano, hoy vallado y cerrado al público, testimonio de pretéritas glorias imperiales.

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En una narración visual que se desarrolla desde la base de la columna hasta el ápice, Trajano y sus soldados vencen a los dacios. En esta escena de una réplica en yeso marmolizado, realizada entre 1939 y 1943, Trajano (extremo izquierda) contempla la batalla mientras dos auxiliares del ejército romano le presentan la cabeza de sus enemigos

La columna es una de las esculturas monumentales más distintivas que sobrevivieron a la caída de Roma. Durante siglos los clasicistas han visto en los bajorrelieves una historia visual de las guerras, con Trajano en el papel de héroe y Decébalo, rey de los dacios, como su digno adversario. Los arqueólogos han examinado las escenas para obtener información sobre los uniformes, las armas, los pertrechos y las tácticas del ejército romano.

Y como quiera que Trajano arrasó la Dacia, la columna y las esculturas de soldados vencidos que aún quedan en pie y que otrora decoraron el foro constituyen para los rumanos de hoy una valiosa referencia de qué aspecto pudieron tener y cómo pudieron vestir sus antepasados dacios.

La columna ejerció una enorme influencia, pues inspiró monumentos posteriores tanto en Roma como a lo largo y ancho del Imperio. Con el paso de los siglos, a medida que los monumentos emblemáticos de la ciudad se iban desmoronando, la columna continuó fascinando e impresionando. Un papa renacentista sustituyó la estatua de Trajano por una de san Pedro para santificar el monumento. Los artistas se descolgaban desde lo alto, dentro de cestos, para estudiar de cerca los bajorrelieves. Más adelante la columna se convirtió en un importante hito tu­­rístico; Goethe subió los 185 escalones interiores en 1787 para «disfrutar de unas vistas incompara­bles». En el siglo XVI empezaron a hacerse vaciados en yeso de las escenas, y gracias a esos moldes se conservan detalles que han sucumbido a la lluvia ácida y la contaminación.

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En esta escena soldados romanos cargan a unas bestias con el botín tras derrotar a Decébalo, el rey de los dacios. Moldes como este preservan detalles de la columna Trajana que la contaminación ha erosionado

La construcción, el significado y, sobre todo, la exactitud histórica de la columna continúan siendo objeto de debate. A veces se diría que hay tantas interpretaciones como figuras en los relieves, y hay 2.662 figuras.

El arqueólogo e historiador del arte Filippo Coarelli, un distinguido italiano de setenta y muchos años, escribió el libro por excelencia sobre la columna Trajana. En su soleada sala de estar de Roma, extrae de una estantería la histo­ria ilustrada del monumento. «La columna es una obra fabulosa –dice mientras hojea las fotografías en blanco y negro de los bajorrelieves, deteniéndose para admirar las escenas cargadas de dramatismo–. ¿Dacias torturando soldados romanos? ¿Dacios envenenándose entre lágrimas para que no los capturen vivos? Es como una serie de televisión.»

O como las memorias de Trajano, añade. Cuando se construyó, la columna se alzaba entre las dos bibliotecas, donde quizá se cus­todiase el relato sobre las campañas dacias escrito por el propio emperador-soldado. En la interpretación que hace Coarelli, los bajorrelieves se asemejan a un rollo, un formato más que probable del diario de guerra de Trajano. «El artista (y en aquella época los artistas no hacían lo que les viniera en gana) tuvo que actuar según los deseos de Trajano», apunta.

Trabajando bajo la supervisión de un maestro, prosigue Coarelli, los escultores siguieron un plan: crear una versión gigantesca del rollo de Trajano en 17 tambores de mármol de Carrara.

El emperador es el héroe de la narración. Aparece 58 veces, representado como comandante astuto, estadista consumado y soberano piadoso: arengando las tropas, en meditabunda consulta con sus consejeros, supervisando un sacrificio a los dioses… «Es el intento de Trajano de no quedarse en un mero hombre de armas y ser también un hombre de cultura», dice Coarelli.

Huelga decir que Coarelli está especulando. Fuera cual fuese su formato, las memorias de Trajano desaparecieron hace una eternidad. De hecho, ciertos detalles de la columna y varios hallazgos arqueológicos de Sarmizegetusa, la capital dacia, sugieren que los relieves hablan más de los afanes romanos que de su historia.

Jon Coulston, experto en iconografía, armas y equipo militar romanos de la universidad escocesa de Saint Andrews, dedicó meses al estudio de la columna desde el andamio levantado para su restauración en las décadas de 1980 y 1990. Su tesis doctoral versó sobre ella. Desde entonces ha seguido fascinado por la columna de Trajano… refutando interpretaciones ajenas con pertinacia. «La gente está empeñada en verla como el “telediario” de la época o como una película –dice–. Y caen en sobreinterpretaciones, como siempre. Los relieves de la columna son genéricos, la obra de obreros ordinarios. No podemos creer ni una palabra de lo que vemos en ella.»

Coulston sostiene que los relieves no sa­­lieron de una mente maestra. Ligeras diferencias de estilo y errores de bulto (ventanas en medio de una escena o desproporciones de altura) lo han convencido de que los escultores labraron la columna sobre la marcha, basándose en lo que habían oído sobre las guerras. «Por mucho que guste la idea a los historiadores del arte, no hubo un gran intelecto creativo al mando de la obra –dice–. La composición la crean los canteros in situ a golpe de cincel, no se proyectó en un estudio.»

En su opinión, se trata de una obra de arte «inspirada» y no «basada» en la historia de Trajano. Basta observar la temática de los relieves: relatan la historia de dos guerras, pero no se ven demasiados combates. Las batallas y los asedios no suponen ni la cuarta parte del friso, y en ningún momento aparece Trajano en plena lid.

Por el contrario, los legionarios –la altamente cualificada espina dorsal de la maquinaria de guerra romana– se dedican a construir fuertes, puentes, calzadas e incluso a cultivar la tierra. La columna los presenta como una fuerza de orden, civilizadora, no destructiva y conquistadora. Y se diría que también invencible, ya que no se ve ni un solo soldado romano muerto.

La columna subraya la vastedad del Imperio romano. Las huestes de Trajano incluyen jinetes africanos con rastas, iberos armados con hondas, arqueros del Levante mediterráneo con cascos aguzados y germanos con el torso desnudo, algo que debía de antojarse exótico a ojos de los romanos togados. Todos ellos hacen la guerra a los dacios, transmitiendo el mensaje de que cualquiera, por estrafalario que fuese su pei­nado o su atuendo, podía convertirse en romano. (El propio Trajano, hijo de padres romanos, nació en Hispania.)

Algunas escenas son ambiguas y de interpretación controvertida. ¿Alargan la mano los da­cios asediados para asir un cáliz con ponzoña y quitarse la vida antes que verse humillados a manos de sus conquistadores? ¿O simplemente tienen sed? Cuando los nobles dacios se congregan alrededor de Trajano en una escena tras otra, ¿están rindiéndose o negociando?

¿Y qué decir de la sobrecogedora estampa de unas mujeres torturando con teas encendidas a unos cautivos descamisados y atados? Expertos italianos interpretan que son romanos cautivos atormentados por mujeres bárbaras. Ernest Oberländer-Târnoveanu, director del Museo de Historia Nacional de Rumania, les lleva la contraria: «Sin la menor duda son prisioneros dacios torturados por las furibundas viudas de los soldados romanos caídos». Como en buena parte de la columna, cada cual ve una cosa en función de lo que opine sobre los romanos y los dacios.

Entre los políticos romanos, «dacio» era sinónimo de «doblez». El historiador Tácito habló de los dacios como de «un pueblo que nunca es de fiar». Eran famosos por sus extorsiones: cobraban del Imperio en concepto de protección al tiempo que sus guerreros saqueaban las ciudades fronterizas. En el año 101 Trajano dio el paso de castigar a los díscolos dacios. Tras casi dos años de guerra, Decébalo, su rey, negoció con Trajano un tratado que quebrantó ipso facto.

Roma no iba a consentir otra traición. En la segunda invasión Trajano no se anduvo con chiquitas. A la vista están las imágenes del saqueo de Sarmizegetusa o de poblaciones incendiadas.

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Los dacios utilizaban metales preciosos para confeccionar alhajas, monedas y obras de arte, como el cáliz de plata y oro de la izquierda. Estas pulseras –de hasta un kilo de peso cada una– y monedas de oro con imágenes romanas fueron robadas de las ruinas de Sarmizegetusa, la capital dacia, y recuperadas hace unos años. CÁLIZ: 17 CENTIMETROS DE ALTO, SIGLO IV A.C. MONEDAS: 1.7-2.1 CM, SIGLO I A.C.

«Las campañas fueron terribles, muy violentas –afirma Roberto Meneghini, el arqueólogo italiano al frente de las excavaciones del foro de Trajano–. Fíjese en los romanos que combaten con una cabeza decapitada entre los dientes. La guerra es la guerra. Las legiones romanas eran conocidas por su violencia y ferocidad.»

Una vez derrotados, los dacios se convirtieron en un tema favorito de los escultores romanos. El foro de Trajano alberga decenas de estatuas de gallardos y barbudos guerreros dacios, un orgulloso ejército de mármol en el corazón de Roma.

El mensaje parece ir dirigido a los romanos, no a los dacios supervivientes, la mayoría de los cuales fueron vendidos como esclavos. «Los da­cios que quedaron no habrían podido admirar la columna –dice Meneghini–. Se erigió pensando en la ciudadanía romana, para hacer exhibición del poder de la maquinaria imperial, capaz de conquistar un pueblo tan noble y aguerrido.»

Bien puede ser que la columna de Trajano sea pura propaganda, pero los arqueólogos identifican en ella un componente de verdad. Las excavaciones de yacimientos dacios, entre ellos Sarmizegetusa, no dejan de revelar vestigios de una civilización mucho más sofisticada de lo que podría sugerir el término «bárbaro», la despectiva calificación que les dedicaban los romanos.

Los dacios carecían de escritura, de modo que todo cuanto sabemos de ellos pasa por el filtro de las fuentes romanas. Hay sobradas pruebas de que durante siglos constituyeron toda una potencia regional que saqueaba y gravaba a sus vecinos. Eran hábiles metalúrgicos que extraían y fundían hierro y lavaban oro, y con ambos metales creaban ornamentadas joyas y armas.

Sarmizegetusa era la capital política y espiritual dacia. Sus ruinas yacen en los montes de la Rumania central. En tiempos de Trajano los 1.600 kilómetros que la separaban de Roma se traducían en un mes de viaje como mínimo. Para acceder hoy al yacimiento, hay que recorrer la pista de tierra cuajada de baches que serpentea por el mismo valle imponente al que se enfrentó Trajano. Entonces los puertos se vigilaban desde complejas fortificaciones; ahora no hay más guardia que unas pocas casitas de campesinos.

sarmizegetusa

Un templo parcialmente reconstruido se alza junto a un altar circular en el recinto sagrado de Sarmizegetusa, demolido después de la victoria de Roma. Trajano repobló la provincia recién incorporada al Imperio con veteranos de guerra romanos, un legado que se refleja en el nombre actual del país, Rumania

Las altísimas hayas que se han adueñado de Sarmizegetusa bloquean la luz del sol y proyectan una sombra helada aun en los días más calurosos. Una ancha carretera empedrada conduce desde los gruesos muros semienterrados de una fortaleza hasta un prado amplio y llano.

Esa extensión verde –un bancal allanado en la ladera– fue el corazón religioso del mundo dacio. Se distinguen restos de edificaciones, una mezcla de piedras originales y reproducciones de hormigón, lo que queda del intento frustrado de reconstruir el lugar en la época comunista. Un triple anillo de columnas de piedra marca el que fuera un impresionante templo, que recuerda vagamente los edificios circulares dacios esculpidos en la columna Trajana. Junto a ellas, un altar circular de poca altura en cuya piedra se distingue un motivo solar: el centro sacro del universo dacio.

desde hace seis años Gelu Florea, arqueólogo de la Universidad de Babeș-Bolyai en Cluj-Napoca, pasa el verano excavando en el yacimiento. Las ruinas desenterradas, junto con piezas saqueadas y posteriormente recobradas, hablan de un animado centro manufacturero y ritual. Florea y su equipo han hallado pruebas de que a Sarmizegetusa habían llegado la tecnología militar romana y la arquitectura e influencias artísticas griegas. Con ayuda de imágenes aéreas, han identificado más de 260 bancales artificiales que se extienden casi cinco kilómetros valle abajo. El asentamiento entero ocupaba más de 280 hectáreas. «Es asombroso comprobar lo cosmopolitas que eran en las montañas –dice Florea–. Es el asentamiento más grande, más representativo y más complejo de la Dacia.»

No hay indicios de que los dacios cultivasen a esa altitud. No hay terrenos agrícolas. En lugar de eso, los arqueólogos han localizado restos de talleres y viviendas, además de hornos para el refinado de mena de hierro, toneladas de torchos listos para la fragua y decenas de yunques. Da la impresión de que la ciudad era un centro metalúrgico que suministraba al resto de los dacios armas y herramientas a cambio de oro y grano.

El yacimiento es un reducto de verdor y de paz. Cerca del altar brota un manantial que quizá proveyese agua para los ritos religiosos. Cuesta imaginar las ceremonias que se celebraban aquí… y su terrible final. Florea evoca el humo y los gritos, el saqueo y la matanza, los suicidios y el pánico esculpidos en la columna Trajana cuando un trueno interrumpe su discurso y el cielo se vela, amenazador.

La caída de Sarmizegetusa concluyó con la destrucción de los templos sagrados. «Los romanos lo desmantelaron todo –dice Florea–. En la fortaleza no quedó un edificio en pie. Fue una demostración de poder.» El resto de la Dacia también quedó devastado. Cerca del ápice de la columna se vislumbra el desenlace: una aldea arrasada por las llamas, dacios huyendo, una provincia en la que solo quedan vacas y cabras.

Necesariamente las dos guerras tuvieron que saldarse con decenas de miles de muertos. Un contemporáneo dejó escrito que Trajano hizo 500.000 prisioneros, 10.000 de los cuales transportó a Roma para que combatiesen en los juegos de gladiadores que durante 123 jornadas celebraron la victoria.

El orgulloso rey de la Dacia no quiso verse humillado y rendido. Su final está esculpido en la columna de su archienemigo. Arrodillado al pie de un roble, se traspasa el cuello con un cu­chillo largo y curvo. «Ocupada su capital y todo su territorio, en peligro de caer cautivo, Decébalo se quitó la vida; su cabeza fue llevada a Roma –escribió el historiador romano Dion Casio un siglo más tarde–. De este modo la Dacia quedó bajo dominio romano.»

1 mayo 2015 at 9:30 am Deja un comentario


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