Posts tagged ‘acueductos romanos’

El Anio Novus llevaba menos agua de lo que se pensaba

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Fuente: Prensa Latina

Washington, 16 jun.- Un equipo de la Universidad estadounidense de Chicago determinó que el caudal del emblemático acueducto Anio Novus es inferior al estimado en investigaciones anteriores, publicó hoy la revista Amazings.

Durante cientos de años, esa construcción llevó agua a lo largo de 87 kilómetros (54 millas) desde el río Aniene de la cordillera de los Apeninos hasta Roma, fue edificado entre el año 38 y el 52 después de Cristo.

Muchos estudiosos se esforzaron durante siglos para determinar cuánta agua suministraba a la ciudad, sin lograr resultados sólidos, hasta ahora, expresó la publicación.

Mediante análisis del travertino, el fruto de depósitos minerales cuya formación derivó de la circulación del agua dentro del acueducto y de otros procesos relacionados, el profesor Bruce Fouke, al frente del estudio, aseveró que el caudal debió abastecer a la ciudad con unos mil 400 litros de agua por segundo.

La citada acumulación revela el nivel de agua promedio, lo que se conoce como perímetro húmedo, a juzgar por ese indicador en su tramo cercano al casco antiguo de Roma, donde tanto el antiguo Anio Novus como el travertino están bien conservados, el acueducto estaba casi siempre lleno de agua, especificó el artículo.

Los autores del nuevo estudio encontraron que incluso una pequeña cantidad de sedimento sirvió para reducir notablemente el flujo de agua en un 25 por ciento.

18 junio 2015 at 10:52 am Deja un comentario

Los materiales, claves para datar el Pont del Diable

Por primera vez se usan técnicas de laboratorio para certificar el año de construcción del acueducto romano

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El acueducto romano que sortea el barranco de Els Arcs tiene una longitud de 217 metros para llevar agua del Francolí a la parte baja de la metropoli. Foto: Lluís Milián

Fuente: Jordi Cabré  |  Diari de Tarragona    30/05/2015

¿Cuándo se construyó el Pont del Diable? Hasta la fecha, todas las interpretaciones históricas y arqueológicas de este acueducto de 217 metros de longitud que sortea el barranco de Els Arcs apuntaban al mandato de Augusto (63 aC a 14 dC), el emperador que hizo de Tarraco la capital de su Imperio de facto.

Lo cierto es que las hipótesis estaban bien encaminadas. Por primera vez en un monumento de Tarraco, el análisis técnico de los materiales ha servido para fijar su origen. Un trabajo minucioso, elaborado por un equipo de investigadores de diferentes áreas (geólogos, biólogos, químicos y restauradores) pertenecientes al grupo interuniversitario GRAPAC-CETEC-Patrimoni (Grup de Recerca Aplicada al Patrimoni Cultural-Centre de Tecnologia per a la Conservació del Patrimoni) adscrito a la Universitat Autònoma de Barceclona (UAB) y al Institut Químic de Sarrià (IQS-URL). También ha contado con la ayuda del doctor Jorge Sanjurjo, de la Unidad de Geocronología del Instituto Universitario de Geología-Servicios Centrales de Investigación de la Universidad de A Coruña.

Muestras recogidas

«Nuestro encargo por parte de la empresa responsable de la restauración, EMR ( Estudios y Métodos de Restauración), fue la de datar el monumento a partir de los materiales que lo configuran. Por ello, recogimos muestras de argamasa, básicamente morteros de cal. Unos estaban situados en la base de los pilares de los arcos, otros entre las juntas de los sillares y finalmente también se extrajeron muestras en la canalización, el specus», explica José Luis Prada, responsable científico-técnico de esta investigación.

La restauración del Pont del Diable «fue una gran oportunidad», explica la concejal de Patrimoni, Carme Crespo. «Nuestro objetivo es velar por el mantenimiento y la restauración del patrimonio y necesitamos por ello una investigación constante para saber de dónde venimos y adónde vamos», añade la edil.

Las analíticas efectuadas en este material «señalaron que la construcción del acueducto sería hace unos 2.000 años, con un margen de error de un siglo», apunta Prada. Ello confirma las hipótesis de que el acueducto de les Ferreres (otra de las denominaciones que tiene) podría haber sido ordenado durante el mandato de Augusto para suministrar agua del río Francolí a la parte baja de la ciudad, donde había las termas de Tarraco.

«Es la primera vez que un monumento de Tarraco puede datarse en base a los resultados de los análisis de laboratorio de los materiales empleados en su construcción, en concreto por Radiocarbono (C14) y Luminiscencia Inducida (OSL)», explica Prada.

Técnica novedosa romana

Una de las sorpresas agradables del periodo de investigación fue la técnica novedosa de construcción. «Los romanos construían generalmente con sillares de piedra sin mortero de junta, técnica denominada –al seco–, pero en esta construcción sí se utilizó este material para diversas funciones», explica Prada.

Por ejemplo: en la cimentación de base de algunos de los pilares encajados en la roca, entre los sillares para facilitar su colocación; para rellenar aquellas partes de la roca que pudiera quedar afectadas a causa de un golpe o el trasporte, y se utilizó también en el specus que constituía la canalización del agua».

Cada uno de los morteros analizados, debido a su diferente uso y localización, tiene una composición diferente. Precisamente en los de cimentación de los pilares, el mortero es una mezcla más heterogénea, de aspecto granuloso y con presencia de tierras. Este factor hizo más complejo aplicar los análisis para datación por Carbono 14 de la cal y por Luminiscencia (OSL) de los minerales.

«No obstante gracias al minucioso estudio de su composición mineral y de su granulometría se pudieron obtener resultados que han proporcionado una edad coherente con los obtenidos por los estudios arqueológicos sobre la edad del monumento», explica el geólogo.

El equipo de investigación interuniversitario GRAPAC-CETEC-Patrimoni (UAB-IQS) también encontró un tipo de mortero más ‘joven’ en el canal, correspondiente a la parte norte del acueducto, fechado en el siglo IV, «lo que indica que su uso para el trasvase de agua duró muchos siglos y que durante estas etapas necesitó reparaciones», concluye José Luis Prada.

Las piedras y su calidad

Otra de las hipótesis que aporta este estudio científico es la posibilidad de que la construcción del acueducto, para sortear el barranco de Els Arcs, se hiciera simultáneamente en diferentes puntos y que el material utilizado tuviera diferentes canteras de procedencia.

«Hemos comprobado que la piedra no es uniforme en todo el Pont del Diable y que tiene diferente calidad o resistencia al deterioro, aunque todas sean rocas calcáreas», explica el científico. La roca utilizada en la zona más cerca de la autopista, en la parte sur, es un material de mayor calidad y su estado de conservación, hoy en día, sigue siendo óptimo. «Es una roca extraída de la zona de Les Coves, de gran resistencia», explica Prada.

Por contra, la piedra calcárea que predomina en la vertiente norte, más cerca al barrio de Sant Salvador i Sant Ramon, es un material más heterogéneo, poroso y arenizable, extraída del Mas dels Arcs y zonas colindantes y «a simple vista ya se ve que su erosión es más significativa», añade el experto. Por ello, tanto los arqueólogos como el equipo de geólogos apuntan a que la construcción podría ser simultánea en diferentes grupos de trabajo y con el material más próximo a la construcción de pilares y arcos.

Las cavidades internas

El mismo estudio geológico de los materiales originales y las prospecciones geofísicas con georadar llevadas a cabo por la empresa SOT Prospecció Arqueològica –que se hicieron durante esta última fase de restauración del Pont del Diable–, han descubierto diferentes cavidades internas que hay en el monumento, originadas por las filtraciones de agua de lluvia y las procedentes del canal del Pont del Diable, monumento que forma parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, desde el año 2000.

Garantías de futuro

La restauración presentada en sociedad en septiembre de 2011 (con una inversión de más de 1,5 millones de euros) ya tuvo en cuenta la impermeabilización del specus para evitar que la lluvia y las filtraciones siguieran erosionando la piedra y aumentando la fragilidad de este monumento.

«Las técnicas y los materiales de restauración utilizados durante esta última intervención se seleccionaron especialmente para que no fueran agresivos. Es decir para que no generaran nuevas sales que cristalizaran en el interior de los materiales, ni provocaran ataques químicos de tipo ácido. En definitiva que fueran compatibles física y químicamente con la naturaleza de las piedras originales.

Esta forma de actuación permite por tanto garantizar la estabilidad y frenar el deterioro del monumento. «Es importante que el criterio científico permita a partir de ahora en Tarraco que las restauraciones estén acorde con la identidad geológica de los materiales que configuran el monumento», concluye Prada.

31 mayo 2015 at 8:15 am Deja un comentario

Sant Andreu explicará 2.000 años de abastecimiento de agua a Barcelona

  • Un parque mostrará parte del acueducto romano y del Rec Comtal medieval que venían del Besòs
  • El futuro espacio arqueológico se iniciará con excavaciones en el solar donde estabe el Molí Vell

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Terrenos de Sant Andreu donde se creará el parque arqueológico, ayer

Fuente: RAMON COMORERA  |  El Periódico    09/04/2015

Los cursos de agua, los naturales y los creados por el hombre, han moldeado las ciudades, recuerda Carme Miró, responsable del plan Barcino del servicio de Arqueología de Barcelona citando al escritor romano del siglo I Plinio el Viejo. En la capital este cordón umbilical empezó hace 2.000 años, cuando el emperador Augusto fundó Barcino en el año 10 antes de la era actual, con el acueducto que traía el caudal del Besòs. Siglos después, en la edad media, en el mismo eje se construyó el Rec Comtal, en servicio hasta la pasada centuria. En Sant Andreu, en un gran solar hoy abandonado entre las calles de Fernando Pessoa, Palomar, Andana de l’Estació y Santa Coloma, donde estuvo el Molí Vell, coinciden de forma excepcional restos de ambas infraestructuras. El consistorio ultima un proyecto, que presentó ayer en Can Fabra, para crear allí un parque arqueológico que explique dos milenios de abastecimiento.

Este futuro espacio público se inscribe en un plan estratégico general y a largo plazo de recuperación del Rec Comtal, que hasta podría incluir agua corriente, en los 11 kilómetros de acequia que van de Montcada i Reixac a la plaza de las Glòries, según explicó el arquitecto jefe del Ayuntamiento de Barcelona, Vicente Guallart.

“El canal no está ahora protegido ni urbanística ni patrimonialmente”, aclaró en seguida el responsable municipal, y su situación es muy distinta según los tramos. Sin embargo, la intención del consistorio es “buscar la complicidad ciudadana y crear una conciencia de conservación que permita hacerlo pronto para recuperar ese pasado urbano y su entorno natural por etapas, a medio y largo plazo, en 20 años”, añadió.

Reivindicación

En Sant Andreu, en realidad, el interés e incluso la exigencia a los poderes públicos para salvar y acondicionar los vestigios del olvidado Rec Comtal y también del Molí Vell, que se construyó encima, viene de lejos, como recordó Jaume Seda, presidente del Centre d’Estudis Ignasi Iglésias. Leyó en este sentido un texto reivindicativo de la entidad de hace 28 años y se felicitó porque “ahora parece que se dan pasos para recuperar ese patrimonio”. El centro, cuyo vicepresidente Manel Martín es uno de los máximos especialistas en el Rec Comtal, participa en la actualidad en la definición de los futuros planes.

El proceso para crear el parque arqueológico, proyecto que tiene el apoyo de la Fundación Agbar, se ha iniciado ya con la investigación y recopilación de toda la información documental existente. “Tan pronto como sea posible”, según explicó Carme Miró, se empezarán las excavaciones sobre el terreno. De su resultado dependerá la concreción del proyecto constructivo. Miró apuntó que los trabajos podrían empezar en el 2016 y Guallart añadió que el parque podría estar listo en tres años.

Integración

El anteproyecto que presentó el arquitecto Carles Enrich combina e integra, según explicó, tres elementos. Primero, los restos arqueológicos conocidos y hoy casi completamente cubiertos de tierra y de una tupida maleza, tanto del Rec Comtal y del acueducto como del Molí de Sant Andreu. Enrich dijo que están en «buen estado» y citó la obra romana visible en parte en el sótano del centro de educación especial Taller Escola Barcelona, con fachada a la calle de Fernando Pessoa. Segundo, los árboles ya existentes, como varias higueras. Y tercero, el desnivel del terreno.

El parque tendrá además, según detalló Enrich, dos ámbitos distintos, uno al norte con bosque de ribera y otro al sur con huertos y árboles frutales. El éxito del espacio, continuó, debe estar “en la confluencia de los vecinos, los huertos, las zonas de sombra y los visitantes de los vestigios históricos”.

9 abril 2015 at 9:18 am Deja un comentario

Un niño de siete años descubre una galería romana del acueducto entre Paterna e Itálica

La entrada del acueducto estaba cubierta por unos ramajes que la han mantenido oculta, y se encuentra en buen estado de conservación a pesar de los años que han pasado desde su construcción

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Entrada a la galería romana. / Foto: Jesús Núñez @meteogerena

Fuente: Fermín Cabanillas  |  Huelva Buenas Noticias, vía @rturdulorum

Un niño de siete años de edad vecino de la localidad sevillana de Gerena ha descubierto casualmente una galería romana abandonada, que formaba parte, según los primeros estudios, del acueducto que comunicaba lo que hoy es el municipio onubense de Paterna del Campo con la antigua ciudad de Itálica, en Sevilla.

Así lo ha explicado un tío del niño, Jesús Núñez, que ha señalado que se encontraba con él paseando por la zona sevillana del Guadiamar, cuando de pronto le avisó de que había encontrado algo que parecía una cueva.

La entrada del acueducto estaba cubierta por unos ramajes que la han mantenido oculta, y se encuentra en buen estado de conservación a pesar de los años que han pasado desde su construcción.

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Interior de la galería. / Foto: Jesús Núñez @meteogerena

Se trataría de uno de los dos ramales que llevaban el agua a la ciudad desde dos puntos distintos, con un primero que tomaba el agua de manantiales del río Guadiamar, mientras que el siglo II D.C., con la ampliación de la ciudad, se llevó a cabo una nueva canalización desde las Fuentes de Tejada, en el término municipal de la actual Paterna del Campo.

7 abril 2015 at 9:43 am Deja un comentario

Acueductos: La obra maestra de la ingeniería romana

Para abastecer de agua a las ciudades, los romanos crearon un impresionante sistema de canales y puentes monumentales

Por Isabel Rodà. Catedrática de Arqueología. Universidad Autónoma de Barcelona, Historia NG nº 130

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Acueducto de los Milagros. Esta magna obra, construida en el siglo I, abastecía de agua a la ciudad de Augusta Emerita (Mérida), capital de la provincia romana de la Lusitania. Su caput aquae, donde captaba el agua, se hallaba en el embalse de Proserpina, a 15 kilómetros.

Roma fue indudablemente una civilización del agua. La tecnología que desarrolló para su captación, distribución y consumo no encuentra parangón hasta nuestro mundo contemporáneo. Es cierto que en las ciudades griegas se construyeron sistemas de túneles, galerías o cisternas, a veces de dimensiones considerables, pero quedan muy lejos de los impresionantes acueductos que los romanos, con sus grandes dotes para la ingeniería y la arquitectura, sembraron a lo largo y ancho de su Imperio. Fueron uno de los máximos ejemplos de las grandes obras públicas, que los romanos consideraron siempre prioritarias; pero, también, con su masa imponente y el mensaje de dominio sobre la naturaleza que transmitían, fueron símbolos de la avanzada civilización de Roma, además de vehículos propagandísticos de su poder y del de su emperador.

No todas las ciudades romanas disponían de acueductos, ya que en algunas el suministro hidráulico podía quedar cubierto por pozos y por cisternas públicas y privadas excavadas bajo las casas, como han demostrado estudios en Cesarea (Cherchel, Argelia) y en la misma Pompeya. Éste parece ser también el caso de Emporiae (Empúries), donde por el momento no se han localizado acueductos. Algunas cisternas podían tener dimensiones colosales, como la de Yerebatan Saray, en Constantinopla (Estambul), o la piscina mirabilis en la población de Miseno (Italia). Esta última era subterránea y tenía una capacidad de 12.600 metros cúbicos, con una gran bóveda que se sostiene sobre 48 pilares dispuestos en cuatro hileras y unidos mediante arcos transversales.

Sin embargo, había ciudades que necesitaban mucha más agua de la que podían proporcionar las cisternas, no sólo para abastecer a una población numerosa–hasta un millón de habitantes en el caso de Roma–, sino también para alimentar las fuentes ornamentales y públicas, las termas y los espectáculos. Los acueductos se crearon para atender todas estas necesidades. Cuando se menciona la palabra acueducto pensamos de inmediato en las impresionantes construcciones de Segovia, Mérida o Tarragona, por limitarnos a España. Pero las arquerías monumentales eran sólo una parte del sistema de abastecimiento hidráulico, cuyo objetivo era traer el agua desde fuentes y manantiales que podían hallarse a más de 50 kilómetros de distancia. A lo largo de este trayecto se construían obras de captación, embalses, torres de distribución (castella aquarum) y, lógicamente, el canal por el que discurría el agua aprovechando la ligera pendiente que los ingenieros romanos lograban mantener desde el origen hasta el destino. En los lugares con un fuerte desnivel de terreno –un valle o una hondonada– se construían las arquerías monumentales que acostumbramos a identificar con la imagen del acueducto por excelencia. Sin embargo, en su mayor parte la conducción de agua se hacía por canales subterráneos o a ras de suelo. En el caso de Roma se ha calculado que, de los 507 kilómetros que sumaban sus acueductos, 434 eran subterráneos, 15 de superficie y sólo 59 (el 12%) discurría a través de arquerías.

Abastecer a la Urbe

Roma llegó a tener doce acueductos, el más antiguo de los cuales era el Aqua Appia cuya construcción fue debida a Apio Claudio el Ciego y se inauguró en el año 312 a.C. con un recorrido de más de 1,6 kilómetros. Otros tres acueductos fueron construidos en los siglos III y II a.C.: Aqua Anio Vetus, Aqua Marcia y Aqua Tepula. El impulso definitivo vino dado por Augusto y su yerno Agripa, que repararon los antiguos acueductos y construyeron otros nuevos, algunos de los cuales, como el Aqua Virgo, se han mantenido ininterrumpidamente en uso. Por su parte, los emperadores Claudio y Trajano dieron su nombre al Aqua Claudia y al Aqua Traiana, este último con casi 60 kilómetros de recorrido. El último de los acueductos de Roma fue el Aqua Alexandrina, de 22 kilómetros de longitud, obra de Alejandro Severo en 226 d.C. Con todo ello, se calcula que Roma llegó a disponer de un millón de metros cúbicos de agua al día para cubrir las necesidades de una población en constante aumento y para alimentar las once grandes termas, los aproximadamente 900 baños públicos y las casi 1.400 fuentes monumentales y piscinas privadas.

Para la gestión de las aguas residuales, las ciudades contaban con una completa red de alcantarillado. En Roma, la Cloaca Máxima, que desembocaba en el Tíber, era motivo de general admiración, como nos hace saber Plinio el Viejo en su enciclopédica Historia Natural. El buen estado de los acueductos y la red de cloacas, además de la sana costumbre de la higiene y el baño, evitaron epidemias tan terribles como las que arrasaron las ciudades en la Edad Media.

La construcción de un acueducto, desde su captación hasta su punto de distribución final, era una empresa costosísima y una de las obligaciones que tenían que afrontar las ciudades, que se enorgullecían de ello. Por lo que sabemos, la financiación de estas obras era a la vez pública y privada. En ocasiones, los acueductos eran sufragados por grandes personajes y por lo general las obras se llevaban a cabo durante el ejercicio de sus funciones políticas. Por ejemplo, Agripa, yerno y general de Augusto, como edil y como cónsul hizo construir en Roma dos acueductos, el Aqua Iulia y el Aqua Virgo, empleando los recursos mineros que él controlaba para fabricar las tuberías de plomo. Desde la época de Augusto, los emperadores figuraron entre los donantes habituales de estas onerosas infraestructuras. Pero la tarea la emprendían los gobiernos municipales, que delegaban en los magistrados para llevar a cabo la construcción, normalmente con dinero público.

Una empresa titánica

Hay pocos testimonios directos del proceso de construcción de un acueducto. Por ello es preciosa la información contenida en un cipo con una inscripción hallado en  Saldae (Argelia). Es el monumento funerario de Nonio Dato que nos narra en primera persona las dificultades con las que topó este personaje al acometer la obra. El largo texto nos informa de que en tiempos de Adriano (117-138), los habitantes de esta localidad norteafricana necesitaron ampliar su disponibilidad de agua y para ello se dirigieron al procurador de Numidia. El proceso no fue todo lo  rápido que hubiera sido de desear. Nonio Dato, como ingeniero militar (librator), proyectó el trazado del acueducto hacia el año 138, pero las obras no finalizaron hasta el 152, tras una serie de contratiempos que se describen con precisión. Por ejemplo, los equipos de obreros que empezaron a abrir las dos bocas del túnel no se encontraron según lo previsto; y en otra ocasión unos bandidos asaltaron las obras y el propio Nonio Dato, que había acudido a inspeccionar los trabajos, tan sólo escapó por los pelos, maltrecho y desnudo.

Los romanos siempre fueron conscientes de que resultaba crucial mantener en óptimo estado el suministro hidráulico. Un nutrido grupo de trabajadores especializados o aquarii,  palabra que podríamos traducir como fontaneros, se encargaba del buen funcionamiento y limpieza de los acueductos. Estos técnicos estaban al frente de un servicio de reparaciones y limpiaban sistemáticamente los canales para evitar las obstrucciones y el empeoramiento de la calidad del agua; para ello, el canal por el que circulaba el agua estaba siempre cubierto y se instalaban regularmente albercas llamadas piscinae limariae para decantar las impurezas.

Pero la picaresca es una constante en todas las épocas, de modo que las autoridades romanas pronto se dieron cuenta de que debían vigilar que no hubiera captaciones clandestinas de agua por particulares que sobornaban a los aquarii. Frontino, en el tratado sobre los acueductos de Roma que escribió a finales del siglo I d.C., detectó y denunció oportunamente este hecho, que calificó como fraus aquariorum, «fraude de los fontaneros».

Trampas y triquiñuelas

El acceso privado al agua ha tenido siempre un precio. Los propietarios de las casas que podían permitirse disponer de agua corriente contrataban un servicio por una cierta cantidad, que venía asegurada por el mayor o menor diámetro de la tubería de acceso. Esto también daba lugar a intentos de fraude cambiando el calibre de la canalización. Para evitarlos se ideó el calix, una tubería unida a una carátula que se empotraba en la pared y tenía una decoración, para evitar su falsificación o manipulación. El mismo tipo de objeto se usaba en los castella aquarum, los depósitos desde los que se distribuía el agua a las diferentes partes de la ciudad.

Para un pueblo de tan eminente sentido práctico como el romano, los acueductos no podían dejar de ser motivo de máximo orgullo e incluso una seña de identidad. Así lo manifiesta bien a las claras Frontino, senador y curator aquarum (supervisor responsable de los acueductos) en su obra mencionada: «Comparad si queréis las numerosas moles de las conducciones de agua, tan necesarias, con las ociosas pirámides o bien con las inútiles pero famosas obras de los griegos».

Para saber más

Acueductos romanos en España. Carlos Fernández Casado. Colegio de Ingenieros de Caminos, Madrid, 2008.
Los acueductos de Roma. Sexto Julio Frontino. CSIC, Madrid, 1985.
Los arcos del agua. Montse Barderi. Ediciones B, Barcelona, 2013.

3 noviembre 2014 at 3:04 pm Deja un comentario

Acueducto romano de Segovia: Una declaración con polémica

  • El Acueducto de Segovia celebró el pasado sábado 11 de octubre el 130 aniversario de su declaración como Monumento Histórico Artístico Nacional
  • La Academia de la Historia pidió la protección del Acueducto ante la «desidia» del municipio

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El Acueducto, en 1888, en una fotografía de Levy / Colección de Juan Francisco Sáez Pajares

«Ninguna persona medianamente culta hubiera podido figurarse jamás que para mantener libre de vandálicos atentados el célebre acueducto romano de Segovia fuera menester ampararlo con declaraciones oficiales; pero es lo cierto que ha llegado en nuestros días á tal extremo el vergonzoso desconocimiento de su importancia arqueológica y de su arrogante belleza artística, que con razón se teme verlo bárbaramente afeado con construcciones adosadas á su venerada mole si no se dicta una medida que lo salve de tales profanaciones».

Así, de esta manera tan contundente, comienza el informe que la Real Academia de la Historia emitió el 5 de octubre de 1884. En su misiva, los académicos informan al director general de Instrucción Pública del Ministerio de Fomento de que el Ayuntamiento de Segovia no es capaz de proteger ni garantizar la integridad física del Acueducto, circunstancia que hace necesaria una urgente declaración como Monumento Nacional Artístico e Histórico para ponerlo bajo la custodia de la Comisión Provincial de Monumentos y evitar así que el Ayuntamiento dicte «medidas que puedan afectar á su integridad y belleza artística».

El Gobierno recibió el escrito y puso en marcha un proceso que, en cuestión de días, culminó con la declaración. El rey Alfonso XII sancionó la Real Orden el 11 de octubre, y la Gaceta de Madrid la hizo pública el día 20. Pero en su página 158, el boletín oficial incluyó también las opiniones de los académicos, lo que prendió la mecha de la polémica.

Una vez enterado, el Ayuntamiento de Segovia montó en cólera. También lo hicieron los semanarios locales, que sacaron la cara por el Consistorio al entender que el apunte ofendía a todo el pueblo segoviano. El alcalde, Mariano de la Torre Ajero, y los quince concejales de la Corporación escribieron al ministro de Fomento, Alejandro Pidal y Mon, exponiéndole que el Ayuntamiento se había sentido herido en su dignidad y decoro, por lo que exigían una reparación: «Si los actos de este Ayuntamiento y los de sus antepasados no estuvieron estrictamente ajustados al buen obrar para con su preamado Acueducto que es el distinguido emblema del Ayuntamiento y de los segovianos todos; y si exactos fueron los gratuitos fundamentos del informe citado para basar el móvil de la declaración de Monumento Nacional, Artístico é Histórico á Nuestro insigne Acueducto, el Ayuntamiento de hoy sabría guardar profundo silencio, avergonzarse de su presente y de su pasado, y pedir perdón para sus culpas; pero como felizmente para él se encuentra en caso diametralmente opuesto á las imputaciones incalificables sentadas en el informe, por ello que lo que reclama es desagravio de la ofensa recibida tan sin razón, y con la circunstancia agravante de la publicidad», señalan los concejales.

La prensa

El periodismo, entonces incipiente, se sintió muy ofendido y cargó contra la Academia de la Historia. Protestaron todos los semanarios. Uno de ellos, La Tempestad, expresó en su edición del 26 de octubre la amargura que la declaración causó en el pueblo de Segovia: «Los segovianos, poseídos, con tal motivo, de pena, no sin razón manifiestan que habrían preferido se omitiera la declaración de ser Monumento artístico nacional el Acueducto, que por sus dotes insignes entraña en sí esta misma declaración, y de ella goza en el mundo todo, á que por motivo á tal declaración oficial se diera aquella proposición de la Academia, inculpatoria del Ayuntamiento, que precisamente tiene fija su atención en la conservación de este timbre de honor de la Ciudad y elemento el más necesario á su existencia».

Idéntica opinión sostuvieron El Pardillo, El Adelantado e incluso la revista de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, institución presidida por Ezequiel González, que tan crítico se había mostrado con el Ayuntamiento solo un año antes debido al derribo de la puerta de San Martín.

El asunto coleó durante varias semanas. El alcalde, al comprobar que la reparación exigida no llegaba, elevó una queja al mismísimo presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo, que además era director de la Real Academia de la Historia. Canovas le respondió que sus múltiples ocupaciones le habían impedido enterarse de lo ocurrido: «A fin de ver si los deseos de V. pueden quedar completamente satisfechos, he remitido su citada carta á dicha Real Academia para que en su vista emita de nuevo informe sobre el referido asunto, que desearé más satisfactorio que el anterior».

La Academia no dio marcha atrás en sus apreciaciones. Al contrario, se sintió profundamente herida por la queja expresada por el alcalde de Segovia y escribió a Cánovas justificando sus opiniones en las malas actuaciones que el Ayuntamiento cometió en épocas anteriores en el Acueducto, las cuales habían afeado y adulterado su clásica belleza: «Son testimonio elocuente de estos deplorables intentos, nacidos tal vez, de un celo generoso pero poco ilustrado, multitud de comunicaciones que mediaron entre la Real Academia de San Fernando y el Ayuntamiento unas veces, otras la Comisión de Monumentos de Segovia, acerca del modo de ejecutar aquellas obras», argumentó la Academia poniendo como ejemplo unos trabajos realizados en 1880 por el municipio, «inadecuados y dignos de censura».

El caso es que la polémica declaración entró en vigor y el Acueducto de Segovia quedó bajo la protección de la Comisión Provincial de Monumentos, que no tardó en emitir un estudio en el que detallaba todas las obras que era preciso acometer para preservar la integridad de la obra romana, entre ellas la demolición de seis cerbatanas antiguas adosadas al monumento y de «cuantos edificios impiden por su proximidad al Acueducto que éste ostente con toda su magnificencia». Afortunadamente, no hubo dinero para llevar a cabo las expropiaciones.

Protegido el Acueducto, la ciudad de Segovia recibió un nuevo espaldarazo en 1941, cuando su casco antiguo recibió la declaración de Monumento Nacional. Y el 6 de diciembre de 1985, Segovia, con su Acueducto incluido, era declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para entonces, una asignatura continuaba pendiente: la eliminación del tráfico bajo los arcos. La reforma del entorno acometida a comienzos de la década de 1960 eliminó las construcciones existentes en el lado oriental, muy próximas al monumento. El Acueducto ganaba visibilidad y atractivo turístico, pero a la vez emergía un grave problema que las autoridades del momento no alcanzaron a prever: a los pies del Acueducto confluían varias carreteras nacionales y locales, lo que acabaría incrementado la circulación y la aglomeración de vehículos a escasos centímetros de las históricas piedras.

Finalmente, después de muchas polémicas y los informes de los expertos que alertaban del peligro que estaba ocasionando el deterioro, el Ayuntamiento decidió el corte de tráfico en julio de 1992. La Junta de Castilla y León acometió la segunda gran restauración del monumento –la primera se llevó a cabo a comienzos de la década de 1970–, que aseguró la estabilidad de los pilares y limpió la piedra de las impurezas acumuladas a lo largo de los siglos. En la actualidad, se interviene para erradicar de una vez por todas las filtraciones de agua, pero el ‘abuelo’ goza de una extraordinaria salud.

El diablo y no Roma, según la leyenda

La leyenda del Acueducto es una de las primeras historias sobre el monumento que escucha cualquier segoviano que se precie de serlo. Cuentan que fue el diablo, y no Roma, el auténtico artífice de la faraónica obra, historia que contribuye a fomentar el misterio que rodea el episodio de su construcción. Una joven aguadora, cansada de portar los cántaros por las empinadas calles de la ciudad, llegó a ofrecer el alma al diablo si a cambio le construía un acueducto que le llevara el agua a casa y le librara de tan penosa tarea. No tardó en materializarse la figura de Satán, que aceptó gustoso el reto y se comprometió a construir el puente en solo una noche. El alma de la joven sería suya si conseguía acabar el trabajo antes de que cantara el gallo. La segovianita rezó toda la noche para evitar el trance, mientras legiones de diablillos se empleaban a fondo colocando piedra sobre piedra y levantando la mole de granito. Pero las plegarias de la moza hicieron efecto: cuando el gallo cantó, al diablo solo le quedaba una piedra por colocar. Dicen que los agujeros de las piedras son las huellas de las pezuñas de Lucifer, que huyó con rabia.

Fuente: Carlos Álvaro  |  El Norte de Castilla

16 octubre 2014 at 9:23 am Deja un comentario

Declarados bienes culturales los acueductos romanos de Tordera y Pineda

Los dos tramos formaron parte de una misma obra hidráulica denominada acueducto de Pineda

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La finca de Can Cua en Pineda con el acueducto romano

El Gobierno de la Generalitat ha acordado declarar bien cultural de interés nacional, en la categoría de monumento histórico y zona arqueológica, el acueducto romano de San Pere de Riu (Tordera) y Can Cua (Pineda de Mar) en el Maresme, y delimitar su entorno de protección. Ambos formaron parte de una misma obra hidráulica denominada acueducto de Pineda.

Actualmente, estos dos tramos constituyen los únicos vestigios visibles y son los más relevantes conocidos hasta ahora en Catalunya. El origen de este acueducto podría remontarse a la época romana. El arco de Sant Pere, también conocido como Pont del Diable, es una estructura de 15 metros de longitud y 1,22 metros de anchura con una arcada de 3,13 metros de diámetro. Se construyó con el fin de salvar el desnivel del terreno y la torrentera procedente de la Font del Ferro.

El tramo conocido como acueducto de Can Cua servía para salvar un antiguo torrente hoy desaparecido. Se conservan 39 metros de longitud, con cinco pilares, dos pilastras y seis arcos, cuatro de las cuales se conservan en su totalidad. El acueducto discurría paralelo a la riera de Pineda por la vertiente oriental a lo largo de 3,5 kilómetros. El inicio del trazado se encontraría en el Torrent de Riu, de donde captaba el agua, hasta la villa romana de Can Roig, yacimiento que conserva un ‘lacus’ que podría relacionarse con el final del recorrido.

Fuente: LA VANGUARDIA

8 julio 2014 at 9:39 pm 1 comentario

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