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Se estrena en Cartagena ”La mujer en Carthago Nova”

Nueva producción de la Fundación Integra dedicada al papel de la mujer en la sociedad romana

Estreno de ”La Mujer en Carthago Nova”

Fuente: Región de Murcia
16 de marzo de 2018

“La mujer en Carthago Nova” es una nueva serie documental que forma parte de los 8 trabajos audiovisuales producidos durante el año pasado por la Fundación Integra. Tiene una duración total de 50 minutos, consta de 3 capítulos y está dedicada a describir el papel de la mujer en la sociedad romana y particularmente en la ciudad de Carthago Nova, actual Cartagena.

La producción fue estrenada en un acto con gran asistencia de público, y en el que presentaron el trabajo realizado Juan José Almela, Director General de Informática, Patrimonio y Telecomunicaciones, Elena Ruiz, Directora del Museo del Teatro Romano de Cartagena, y Antonio Alpañez, director de la producción y gerente de la productora Imagia Video.

La producción combina testimonios de investigadores y especialistas en la materia con cuidadas y detalladas recreaciones históricas con actores que nos transportan a esta ciudad mítica hace 2.000 años. El primer capítulo está dedicado a la mujer en el ámbito doméstico, el lugar donde transcurría gran parte de su existencia, ya fuera como hija o esposa, el segundo realiza un completo recorrido por los momentos más importantes en la vida de una mujer romana, desde el nacimiento hasta el fallecimiento, pasando por la niñez, el casamiento y la maternidad. El tercer y último capítulo recoge el reflejo de la mujer romana en la sociedad actual de Cartagena, principalmente a través de manifestaciones artísticas y populares, y todo ello gracias al conocimiento obtenido en los últimos años de trabajos arqueológicos y posteriores investigaciones.

Esta producción se enmarca dentro del proyecto Patrimonio Digital que dirige la Fundación Integra, que cuenta con financiación de fondos europeos FEDER y de la Dirección General de lnformática, Patrimonio y Telecomunicaciones de la Consejería de Hacienda y Administraciones públicas.

 

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17 marzo 2018 at 12:09 pm Deja un comentario

Escitia, el país donde mandaban las mujeres

La ginecocracia, el gobierno de ellas, existió en algunas culturas y alimentó docenas de leyendas que nos han llegado a través de la cultura griega

Retrato idealizado de Zenobia, reina de Palmira, que hizo frente al imperio Sasánida, por un lado, y Roma, por el otro

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
11 de marzo de 2018

Las costumbres de los pueblos nómadas de las llanuras de Eurasia en la historia antigua, etiquetados bajo el cómodo pero inexacto cajón de sastre del nombre «Escitia», resultaban tan extrañas a ojos de los occidentales de entonces, los griegos, que se transmitieron numerosas leyendas e invenciones más o menos fantasiosas, sobre todo en lo que se refiere al grado de libertad y la preeminencia sociopolítica de las mujeres. Historiadores como Heródoto o geógrafos como Estrabón dieron informes detallados de la situación de las mujeres entre pueblos bárbaros muy diversos, desde el Cáucaso a las estepas o al lejano occidente, y los escritores y artistas se complacieron en retratar a esas poderosas amazonas que, si hacemos caso a la interpretación evemerista de su leyenda, no habrían sido sino un trasunto mítico de la especial situación de la mujer escita. En su libro «Amazonas. Guerreras del mundo antiguo» (Desperta Ferro 2017), Adrienne Mayor estudia la leyenda de las amazonas desde la perspectiva histórica y con la tesis de que los contactos de los griegos con el mundo escita y la evocación del comportamiento sociopolítico de sus mujeres con-dicionó la leyenda de las mujeres guerreras: las anchurosas llanuras serían, así, el mítico lugar donde reinaron las fantásticas amazonas que, además, seguramente condicionaron todas las ideas griegas sobre la ginecocracia, es decir, que ocurriría si las mujeres gobernaran. Se decía que todo esto era puro mito pero, como otras historias que refiere fuentes como Heródoto sobre diversos pueblos o algunas figuras míticas de los vasos griegos, como las ménades, algunas referencias han sido confirmadas a lo largo del siglo XX por la arqueología o la epigrafía: así sucede con los hallazgos de esqueletos de mujeres en Altái con heridas de guerra o las momias de mujeres tatuadas y enterradas entre armamento para preparar su viaje al más allá como la llamada «princesa de los hielos» (Museo Hermitage, c. 500 a.C.).

Pensamiento único

Es muy significante toda esta tradición sobre los pueblos que se regían por mujeres para el surgimiento del pensamiento utópico griego acerca de la ginecocracia en relación con la política de la época clásica, tal y como se refleja en la literatura, en la filosofía. Escitia era, en cualquier caso, el lugar donde las mujeres mandaban por excelencia y los griegos se sentían fascinados por aquellas noticias –transmitidas por los escritores de viajes, oradores o historiadores– sobre comunidades fantásticas y utópicas allende su civilización que ponían en duda los cimientos del mundo griego –la propiedad privada y la familia patriarcal, notablemente– mediante curiosos sistemas que inspiraban su imaginación creativa tanto al menos como los proyectos de sus teóricos políticos. Se suponía que algunos bárbaros remotos se regían por un cierto matriarcado o que, incluso, vivían en comunidad de bienes y familias, por lo que tales ejemplos fueron referidos por ciertos sofistas con cierta admiración o como prueba de la convencionalidad de las leyes y de las costumbres: eso acaso reforzaba, por ejemplo, las ideas de Protágoras sobre la convención frente a la naturaleza y relacionaban el debate con la situación de la Atenas democrática, en endémica y sistémica crisis sociopolítica.

Muchos pueblos extranjeros eran conocidos por la comunidad de familias o, directamente, por la ginecocracia, como la tribu nómada de los agatirsos, relacionada con los tracios, que es descrita por el historiador Heródoto como un pueblo polígamo, tatuado y amante del lujo que vivía en la llanura del río Maris. Las fábulas sobre la promiscuidad de las mujeres bárbaras, su «poliandria» o, lo que es más atractivo, la imagen de unas mujeres poderosas y masculinizadas que ejercen el gobierno se relacionaba invariablemente con los pueblos de las estepas de Eurasia y encontraban múltiples reflejos en la mitología y en la literatura, si se tiene en cuenta la leyenda la gran cantidad de noticias disponibles sobre las Amazonas, los tracios, ilirios o chipriotas (incluso sobre nuestros cántabros se contará la leyenda del gobierno matriarcal en tiempos posteriores). También entre los griegos había lugares donde las mujeres ostentaban cierta relevancia e incluso poder sociopolítico, como entre ciertas ciudades cuya legislación e instituciones como la de las «patrouchoi» –con la posibilidad de heredar y ser titulares de patrimonio– parecían conceder a las mujeres más libertades, cosa de la que, en el caso de Esparta, se lamentaba Aristóteles, que achacaba a esto la decadencia de la ciudad.

La «Lisístrata» de Aristófanes

Como quiera que sea, el debate sobre la reforma de la sociedad a partir de una aplicación al conjunto de la «polis» de recetas utópicas basadas en sus elementos básicos, se agudiza en la época de la guerra del Peloponeso, sobre todo en su fase final. Sus ejemplos afloran especialmente en Atenas, laboratorio del pensamiento utópico antiguo, y tiene como cuestión central para la reforma política, no por casualidad, en el plano literario la idea del papel político de la mujer. Así, la «Lisístrata» de Aristófanes –una comedia sobre el poder femenino ya de por sí, con la huelga sexual para parar la guerra como trasfondo– presenta una utopía de gobierno basada en la habilidad típica de las mujeres, es decir, el arte del telar: se habla de reunir las distintas capas sociales y gobernar como quien «teje un manto» (575 ss.). Otra comedia suya, «Asambleístas», muestra a mujeres que rigen la ciudad y se visten como hombres, enunciándose ideas utópicas como «establecer una vida común e igual para todos» (588 ss.). Las diferencias con las posibles ginecocracias históricas, como la escita, son ciertamente claras, pero salta a la vista incluso en un tratamiento paródico como este la relevancia del tema del gobierno femenino como idea central de las propuestas utópicas de reforma sociopolítica, hasta llegar más tarde a las propuestas de Platón, en las que la mujer tiene un papel muy relevante.

La inspiración, entre mito e historia, de estas ideas que surgen en los siglos V-IV a.C. puede relacionarse con las noticias sobre pueblos de tradición matriarcal. Entre ellos destacan siempre las legendarias guerreras nómadas de las estepas eurasiáticas que pasaron al imaginario griego como las «amazonas», personajes indispensables en la mitología, las representaciones en la pintura sobre cerámica griega o en las decoraciones escultóricas de los templos arcaicos, como símbolo de barbarie y antihelenismo, pero a la par como estímulo intelectual para muchos, lo que da fe del impacto cultural que provocaron en el mundo griego. La Escitia que imaginaron los griegos, o la compleja cultura de las estepas y los kurganes, que poco a poco sale a la luz con nuevos hallazgos impresionantes, vuelve hoy a la actualidad con el debate sobre la posición sociopolítica de la mujer en Occidente, más allá de los modelos clásicos que heredamos de la antigüedad.

 

11 marzo 2018 at 1:09 pm Deja un comentario

Mary Beard: “El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres”

La académica Mary Beard, la intelectual de moda en Reino Unido, se adentra con el pequeño libro ‘Mujeres y poder’ en uno de los debates más calientes del momento

La académica inglesa Mary Beard, retratada en Madrid. CARLOS ROSILLO

Fuente: PABLO GUIMÓN > Cambridge  |  EL PAÍS
10 de febrero de 2018

Contemplar a la gran experta en la Roma clásica conversar amigablemente por teléfono con un funcionario anónimo de Hacienda es una manera, tan buena como cualquier otra, de reconciliarse con la Humanidad. Como toda plebeya honrada, Mary Beard paga sus impuestos. En concreto, trata de convencer al funcionario de que debe dos mil libras a las arcas públicas. La presencia del periodista no impide a Beard desplegar sus intimidades fiscales y bancarias sobre la mesa de la cocina de aire campestre de su acogedora casa de Cambridge.

Beard, de 63 años, es la intelectual de moda en Reino Unido. Su vasto conocimiento del mundo antiguo y su proverbial talento divulgador, desplegados en obras como SPQR, permiten a Beard contextualizar y enfocar certeramente los debates contemporáneos. De ello da fe Mujeres y poder, un pequeño libro que publica en español Crítica y que, como anuncia su título, se adentra en uno de los debates más calientes del momento.

El funcionario examina su expediente y concluye que, lejos de deber dos mil libras, Beard goza incluso de un pequeño crédito a su favor. Sucede que había pagado de más. “Joder”. “Gracias, gracias”. “Es usted una joya”. Cuelga el teléfono sonriente y, para celebrar que es un poco más rica de lo que creía hace cinco minutos, descorcha una humilde botella de pinot griglio. Sirve dos generosos vasos e invita al intruso a encender la grabadora.

Pregunta. El primer ejemplo documentado de un hombre mandando a una mujer callar está en la Odisea. ¿Silenciar a Penélope, su madre, forma parte del desarrollo de Telémaco como hombre?

Respuesta. Necesitamos comprender que son problemas profundamente arraigados en la historia de la cultura occidental desde hace milenios. Con eso no quiero decir que estemos atrapados en ellos, pero debemos buscar soluciones diferentes. Cuando ves ejemplos de mujeres silenciadas en el mundo antiguo, es fácil concluir que forma parte de una discriminación general. Pero lo que muestra la Odisea es que es más que eso. Para dejar de ser un niño y convertirse en hombre, Telémaco debe aprender a callar a las mujeres. Es un silenciamiento mucho más activo. El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres. Toda la definición de la masculinidad dependía del silenciamiento activo de la mujer.

P. Si las mujeres no son atraídas a las estructuras de poder, ¿por qué la inercia histórica es cambiar a las mujeres y no esas estructuras?

R. Pensamos en las estructuras de poder como masculinas y hacemos que las mujeres encajen, que cambien su comportamiento al acceder al poder. Acaban actuando, interpretando un guion. Pero no hay que cambiar a las mujeres, sino las estructuras. Hay que pensar qué es el poder, cómo hablamos de él, cómo está conectado a la celebridad, cómo son la imagen y el lenguaje asociados al poder. Veremos que es una versión extremadamente masculina. Poder es algo que tú tienes y yo no. Queremos grandes lideres. Pues no. Lo que queremos es grandes contribuidores. Cuando veo cursos de liderazgo en la universidad, me pregunto dónde enseñamos a la gente a ser seguidora. Un líder grande y macho con una pirámide por debajo es una de las maneras posibles, pero no la única.

‘El regreso de Ulises’, obra de 1508-1509 de Bernardino Pinturicchio, expuesta en la National Gallery. DEA PICTURE LIBRARY (DE AGOSTINI/GETTY IMAGES)

P. Se cumplen cien años del momento en que las primeras mujeres consiguieron el derecho a voto en su país, Reino Unido, y el derecho a ser elegidas diputadas. Pero hay estudios que demuestran que, aún hoy, el rol de las mujeres en los parlamentos sigue siendo el de promover legislación sobre asuntos relacionados con los intereses tradicionalmente asociados a las mujeres.

R. Y está bien. Alguien tiene que defender a las mujeres. Pero sigue dejándolas fuera de las estructuras masculinas de poder. Siguen siendo segregadas a la sección de intereses femeninos. Hay que estar agradecido, y si yo fuera una mujer en el Parlamento también querría levantarme por las mujeres. Pero sigue habiendo una diferencia. La gente escucha a las mujeres cuando hablan de asuntos de mujeres de una manera que no las escuchan cuando hablan de economía.

P. Usted misma, el primer libro que publicó, más allá del ámbito académico, fue un manual para madres trabajadoras (The good working mother’s guide, 1989).

R. Es fácil, le diré por qué. Cuando tienes hijos muy pequeños, dispones de basante tiempo, pero nunca en periodos largos. Media hora aquí, 20 minutos allá. No tienes tiempo de pensar, pero tienes bastantes trozos de tiempo. Yo buscaba algo que pudiera escribir en trozos. No puedes escribir un artículo académico con 20 minutos aquí, 30 minutos allá. Por otro lado, hay algo muy curioso al tener hijos: adquieres una cantidad enorme de conocimiento y experiencia práctica, y luego todo se va a la basura. Fue juntar esos trozos de tiempo con, de alguna manera, utilizar lo que conoces.

P. ¿Qué opina de la campaña global del #MeToo?

R. Está siendo muy importante. Las redes sociales son muy buenas para empezar las cosas, el problema es que un hashtag no cambia de hecho nada. Si quieres solucionar el problema, no es suficiente encontrar gente que lo señale en el pasado. Tienes que cambiar el equilibrio del poder.

P. En una reciente entrada de su blog en The Times Literary Supplement, quiso subrayar la diferencia entre comportamiento inapropiado ocasional y sistemático. ¿No defiende la tolerancia cero?

R. No creo en la cultura de tolerancia cero porque todos hacemos cosas estúpidas. ¡No quiero un mundo en que nadie nunca sea maleducado! Pero tampoco quiero un mundo en que la gente sea sistemáticamente inapropiada. Yo, en muchas ocasiones, he hecho cosas inapropiadas. No creo que deba ser lapidada por eso.

P. ¿Seguirá viendo películas de Woody Allen a pesar de su supuesto abuso de las mujeres?

R. He disfrutado de películas de Woody Allen desde que tengo memoria. Hay muchos aspectos de él que deploro. Pero me iré a la tumba pensando que Annie Hall es divertida. ¿Qué hacemos? Es difícil de saber. Esto es inaceptable, tío, pero también haces buenas películas. Tenemos que ser mucho más sofisticados que pensar que la gente es solo buena o mala. Hay que hallar la manera de lidiar con alguien que es brillante y horrible. Cómo manifestar nuestra desaprobación de algunos aspectos de la vida de alguien, mientras reconocemos otros.

Escultura de la diosa Atenea, en el Louvre de París. ALINARI/CORDON PRESS

P. Leerla y escucharla es comprender que las respuestas no suelen ser sencillas. Pero vivimos en un mundo que demanda respuestas simples.

R. ¡Esto es complicado! Cualquiera que diga que esto es simple es que no lo ha pensado a fondo. El papel de los académicos, y también el de los políticos, es decir, que la complejidad es buena.

P. ¿Cuánta complejidad cabe en 280 caracteres?

R. Cualquiera que use Twitter, yo incluida, dice cosas que no quiere decir realmente. Necesitamos un formato en el que la gente pueda expresar duda y complejidad. Debemos mejorar la conversación.

P. Los extremos monopolizan ciertos debates en redes sociales. ¿Tienen los más moderados la responsabilidad de intervenir?

R. Las redes sociales no han cambiado la manera en que la gente habla o piensa. Cuando yo era estudiante decíamos cosas horribles de nuestros profesores, pero lo decíamos en el bar. Twitter lo amplifica, y eso igual es bueno. Lo importante es que no tienes que decir que mi vagina huele a repollo para decir que no estamos de acuerdo. ¡Qué horrible sería un mundo en el que todos estuvieran de acuerdo! Yo tengo opiniones muy fuertes sobre muchas cosas, que encajan en los estándares del feminismo. ¿Querría que todo el mundo estuviera de acuerdo conmigo? Claro que no.

P. Su actitud la ha convertido en referente de muchas mujeres que quieren ser valoradas por sus ideas y no por su aspecto.

R. Es importante mostrar a la gente que puedes ser mayor y estar cómoda. Claro que me molestan ciertas cosas malas que dicen sobre mí, si no sería una psicópata, pero no me afectan demasiado. Y creo que es importante, especialmente para las chicas jóvenes, ver a una mujer mayor que está por ahí, que dice tacos, que habla de lo que sea y no es amedrentada por la gente que le dice que se calle.

 

10 febrero 2018 at 9:50 am Deja un comentario

Una galería de Manchester retira un cuadro de ninfas desnudas

La retirada de ‘Hylas y las ninfas’, de John William Waterhouse, se ha hecho con el fin de abrir un debate y no censurar, según la coordinadora de la sala

Hylas y las ninfas’ de John William Waterhouse

Fuente: EL PAÍS
1 de febrero de 2018

La Galería de Arte de Manchester ha decidido retirar una de las obras de John William Waterhouse para abrir el debate sobre los personajes femeninos en el arte. Se trata del cuadro Hylas y las ninfas, en el que aparecen unas ninfas desnudas, según informa el diario The Guardian.

La retirada forma parte de una obra experimental de otra artista. Se ha grabado la retirada del cuadro y las reacciones del público para otra exposición de la artista Sonya Boyce. Según la coordinadora de la galería de arte contemporáneo, Clare Gannaway, la retirada del cuadro se ha hecho con el fin de abrir un debate y no censurar. “No se trataba de negar la existencia de obras de arte particulares”, ha dicho. “Queremos crear un espacio de conversación sobre cómo exponer e interpretar las obras de arte en Manchester”.

La obra se encontraba en una sala que lleva por nombre En busca de la belleza. Se exponía con otras pinturas del siglo XIX donde domina el desnudo femenino. Gannaway afirmó que se trataba de un mal título para aquel espacio. Además, señaló que la mujer solo se representaba como un sujeto pasivo y decorativo o como una femme fatale.

En el lugar del cuadro, asistentes del museo han pegado algunos post-it mostrando sus opiniones de la decisión de esta retirada. Algunos creen que esto sienta un peligroso precedente, otros dicen que es un movimiento políticamente correcto.

 

1 febrero 2018 at 6:12 pm Deja un comentario

La desconocida dama gallega que fue la primera viajera española de la historia

El relato de viajes más antiguo del que se tiene noticia en España fue escrito en el siglo IV por Egeria, una gallega que contó sus aventuras en cartas dirigidas a sus amigas

Retrato de Egeria

Fuente: MÓNICA GAIL  |  ABC
2 de octubre de 2017

«Valiente, fresca y humana que, a través de frases sencillas, se revela como una mujer de gran coraje y fuerza». Así describe el periodista Carlos Pascual a la protagonista de su libro: «Viaje de Egeria» (La Línea del Horizonte). Es el relato de viajes más antiguo en nuestro país del que se tiene noticia, escritor por una mujer.

Portada del libro «Viaje de Egeria», de Carlos Pascual Gil

«Viaje de Egeria» es una nueva traducción hecha por Carlos Pascual -un histórico del periodismo de viajes en España- del original códice medieval encontrado en 1884 por un erudito italiano, Gian Francesco Gamurrini, en la biblioteca de Arezzo. Las páginas del códice no encajaban unas con otras, pues unas eran textos de Hilario de Poitiers, un santo padre de la Iglesia, y las otras parecían unas cartas escritas por una mujer, Egeria, y dirigidas a unas dominaes sorores (del latín, literalmente se traduce como señoras y hermanas).

Ahora Carlos Pascual ha podido revisar la historia al detalle y ampliar su conocimiento con los nuevos estudios que se han hecho. El texto original de Egeria, el «Itinerarium ad Loca Sancta», aún permanece en la biblioteca de Arezzo y, aunque no está expuesto al público, se puede ver con los permisos necesarios.

Egeria, la primera viajera-escritora

Las cartas descubiertas en Arezzo fueron obra de Egeria, una valiente viajera que empezó a recorrer mundo en el siglo IV partiendo de la antigua Gaellecia. Estas cartas consistían en una especie de «diario de viajes», cuenta Carlos Pascual. En sus cartas narraba a sus amigas lo que iba haciendo, los lugares que iba viendo… Al principio se atribuyó su autoría a otras personalidades hasta que, finalmente, se supo que fue Egeria gracias a otros documentos, como una carta del siglo VII que hablaba sobre el viaje que habría realizado esta mujer desde el extremo de El Bierzo (antiguamente perteneciente a Gallaecia y actualmente a León), donde está escrita esta carta.

«En aquel momento, lo que ella hizo se consideraba recorrer el mundo, porque era todo lo que se conocía», asevera Carlos Pascual, quien explica en el libro que no se sabe su edad exacta pero se puede aventurar: «Debía de ser, al realizar su viaje, una mujer de edad mediana (…) No una mujer joven; no se compaginaría ese hecho con el de viajar acompañada siempre de «santos varones», presbíteros, diáconos e incluso obispos. Tampoco una mujer anciana; pues en tal caso no hubiera podido seguir el ritmo del viaje (…)».

Retrato de Egeria

Egeria, a pesar de ser una mujer de la alta nobleza y poseer grandes conocimientos, redactaba sus cartas en un latín sencillo y evolucionado a las lenguas romances, por lo que resultaba fácil de traducir. Era un latín casi pobre, el que se hablaba entonces en la calle: el sermo cotidianus. Usaba un estilo coloquial, directo, cercano e, incluso, a veces repetitivo y atropellado. A pesar de que algunas versiones han coregido ese «defecto», Carlos Pascual ha decidido mantenerlo en su traducción porque, según él, «en ese atropello coloquial reside parte del encanto de Egeria».

«Al principio sus cartas eran de lo más farragosas, pero cuando va tomando confianza, demuestra ser un personaje de lo más atractivo», cuenta Carlos Pascual. El periodista quedó impresionado por la frescura y la naturalidad con la que Egeria contaba todo en las cartas. Por ejemplo, una de las anécdotas relata que el obispo de Segor sugirió a Egeria visitar el lugar donde supuestamente se encontraba la mujer de Lot convertida en estatua de sal y ella escribió a sus amigas: «Pero creedme, venerables señoras (…) cuando nosotros inspeccionamos aquel paraje, no vimos la estatua por ninguna parte, no puedo engañaros al respecto».

El itinerario de Egeria

«Egeria hizo su viaje en el momento oportuno», dice Carlos Pascual. Todos los Santos Lugares que había descubierto Santa Helena en los que se empezaron a construir templos, basílicas e, incluso, hospederías para los peregrinos, cayeron en manos de los sarracenos (nombre con el que se denominaba a los árabes o musulmanes; la palabra es muy anterior a Mahoma). Estos cerraron las fronteras y ya no se pudo pasar por ahí nunca más.

A pesar de que las cartas están incompletas, pues faltan hojas del principio y del final, constituyen el itinerarium o peregrinatio que realizó Egeria.

Esta mujer viajera pudo ir a Palestina, Jerusalén o Egipto. Atravesando la Vía Domitia, llega a la capital de la pars orientis del Imperio, Constantinopla, y recorre parajes bíblicos, incluido el Sinaí y algunos lugares de la Mesopotamia romana. Tan sólo llega a una parte de Mesopotamia debido a que estaba dividida en dos: la Mesopotamia romana civilizada, donde se podía llegar, y la Mesopotamia fuera del Nimes, fuera de esta frontera, donde ni Egeria ni nadie podía entrar. «Los mundos de entonces eran mundos cerrados a cal y canto», explica Carlos Pascual.

Egeria pudo viajar desde Gallaecia hasta Mesopotamia casi sin problemas gracias a la pax romana. Esto sucedía entre los años 29 a. C. y 180 d.C.

Tras cuatro años viajando por Tierra Santa, cuando vuelve a Constantinopla (actual Estambul), desde allí escribe la última carta que nos ha llegado en la que dice que si aún le quedan fuerzas, quiere ir a ver el Martyrium (iglesia sobre el sepulcro de un santo) de San Juan en Éfeso. «Por ese ‘si tengo fuerzas’ se ha interpretado que ya estaba mal, pero no se sabe si llegó a ir a Éfeso, murió o regresó a Gaellecia», dice el periodista con incertidumbre.

El comienzo de la investigación

Carlos Pascual se empezó a interesar por esta historia mientras estaba en Gran Bretaña. Estaba haciendo un reportaje sobre la Muralla de Adriano, una construcción defensiva de costa este a costa oeste que también servía de frontera y de la que aún se conservan los restos. «Cada ciertos kilómetros tenían un puesto, como un cuartel, un destacamento», recuerda Carlos Pascual. Uno de esos destacamentos albergaba un museo y el periodista observó con detenimiento unas tablillas de madera escritas a mano con tinta. El hecho de que estuvieran escritas a mano fue lo que realmente le llamó la atención: «Todos los documentos que tenemos latinos, como las tragedias, comedias, etc. todos están escritos por monjes de la Edad Media. No tenemos documentos directos de aquella época».

Además, una de las tablillas acaparó su atención al repetir la palabra soror (del latín, hermana) varias veces. «De ahí vino entonces que a las monjas se les llamara sorores, pero en aquel momento, el significado que tenía soror era ‘amiga’», explica Carlos Pascual. Para mayor sorpresa, al traducir el escrito, descubrió que era una invitación de cumpleaños, seguramente la primera de la historia. La mujer del jefe del destacamento invitaba a una amiga del mismo cuartel para que fuera a su fiesta de cumpleaños.

Excerpta Matritensia relativos al Viaje a Tierra Santa de la Monja Egeria (folio 188 del Manuscrito 10018 de la Biblioteca Nacional) – BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Fue a partir de ahí que el curioso periodista empezó a investigar. Y lo primero con lo que se topó fue con una «historieta» que hablaba de la «monja viajera», algo que según Carlos Pascual es totalmente «disparatado».

El malentendido de la «monja viajera»

En el texto original se pudo comprobar que las cartas iban dirigidas a unas dominaes sorores que, literalmente, se traduce como señoras y hermanas. De estas palabras llega la gran confusión: Egeria no era una monja. Esto es lo que Carlos Pascual quiere dejar claro: «Durante 100 años se ha alimentado esa especie de mito de manera un poco interesada porque quienes estudiaron esto eran frailes y curas».

Pensaron que Egeria se refería a «hermanas monjas», algo que desmiente Carlos Pascual: «Yo enseguida empecé a sospechar que no podía ser así por muchas cosas: era imposible que una monja se moviera con un séquito imperial de soldados, sacerdotes e incluso obispos y, además, por aquellas fechas no existían las monjas».

Lo que sí existía, dice el periodista, era un movimiento precursor de mujeres que querían acercarse a la religión pero, por supuesto, no existían los conventos. Lo más parecido eran las llamadas «beguinas», unas asociaciones de mujeres cristianas que ayudaban a los más desamparados, a los pobres, enfermos, mujeres, niños o ancianos. Carlos Pascual explica que eran unas mujeres piadosas que vivían juntas en una especie de comunidad pero «muy a su aire» y que no eran religiosas. Podían salir de la asociación en cualquier momento y, a menudo, eran viudas jóvenes cuyos maridos habían muerto en combate.

«Este malentendido ha llegado tan lejos hasta el punto de que hace poco se editó un sello en España en el que aparecía ‘la monja viajera’», cuenta Carlos Pascual sin salir de su asombro. Además, en 2005 una congregación de monjas inició en Alemania el «Proyecto Egeria» para realizar cada año, hasta 2015, una peregrinación a los lugares que visitó esta antigua viajera.

Sello español en honor al «XVI Centenario del viaje de la monja Egeria a Oriente Bíblico»

¿Cómo se viajaba en el siglo IV?

Para Carlos Pascual, los viajes en el siglo IV no distaban mucho de como se realizan en la actualidad. «Las autopistas de entonces eran las vías. El Imperio tenía como 83.000 kilómetros de vías: la Vía Augusta, la Vía Domitia, la Vía Flavia…», explica el periodista.

Por estas vías caminaban las ya mencionadas mujeres piadosas, los pordioseros, comerciantes, estudiosos, maleantes y ladrones… Todo tipo de gente se juntaba por esos caminos.

«Cada 30 kilómetros, más o menos, que es lo que se puede recorrer en un día -explica Carlos Pascual-, había unas mansiones (plural del término latino mansio, que significa casa) donde se hacían paradas para hacer noche, para encontrar alojamiento». Carlos Pascual las compara con nuestras gasolineras. Entre mansio y mansio había otras más pequeñas, una especie de ventas rápidas, llamadas mutaciones, donde paraban ligeramente para ir al baño, a la cafetería o, básicamente, para cambiar los caballos si venían muy cansados o se habían roto una herradura. Y es que estos eran, lógicamente los «vehículos» de la época: viajaban a lomos de caballería, en barco y, muchas veces, a pie.

Por supuesto, para pasar de unas zonas a otras, de unos territorios a otros, se necesitaban pasaportes. Pero, ¿cuáles eran los pasaportes de entonces? Antiguamente se usaban los llamados diplomas para poderse mover por allí, pues «cualquiera no podía ir, igual que ahora», asegura Carlos Pascual. «Te das cuenta de que los tiempos cambian, pero mucho menos de lo que nos pensamos», añade. Y, por no cambiar, no han cambiado ni las vías, como la Vía de la Plata actual (desde Sevilla hasta Astorga), que sigue el mismo trazado de la antigua Vía de la Plata romana.

Una moda inspirada por Santa Helena

Santa Helena con la Vera Cruz, por Francesco Morandini

Carlos Pascual dice que la «culpable» de que las mujeres en aquella época viajaran tanto fue Santa Helena (250-329 d.C.), madre del Emperador Constantino. Ella se dedicó a «descubrir» todo lo relacionado con la Pasión de Jesús en Jerusalén: la cruz, el santo sepulcro, etc. Así fue como en los últimos años del Imperio Romano, se puso de moda entre las mujeres de la alta aristocracia viajar a Tierra Santa. Pero para esto tuvo que pasar medio siglo, pues los viajes empezaron a ponerse de moda alrededor del año 380 d.C.

«Esto tiene más sentido, empieza a encajar», afirma Carlos Pascual comparándolo con el mito de la «monja viajera».

Además, un profesor de la Universidad de Canadá realizó un estudio sobre este movimiento de mujeres aristócratas que hacían peregrinaciones a los lugares santos descubiertos. Así, pudo comprobar que en la corte del Imperio Romano de Oriente (actual Estambul) muchas de las mujeres que viajaban eran hispanas. Esto podría explicarse porque Teodosio el Grande era hispano y, por tanto, las mujeres de su corte también lo eran.

El poder de las mujeres en la época

«En la corte de Teodosio realmente mandaban las mujeres; incluso su mujer fue la primera que tuvo el título de ‘Augusta’», asegura Pascual. Y es que este título que recibió la mujer de Teodosio, era un título reservado exclusivamente a los emperadores (hombres), que eran considerados Dioses.

«Por lo tanto, este libro es importante también para ver la fuerza y el poder que tenían en aquel momento las mujeres», dice Carlos Pascual. Y se lamenta de que no se le haya dado tanta relevancia «porque, primero, se lo apropiaron los curas y, segundo, por el hecho de que era una mujer». Además, hace una pequeña crítica hacia la falta de curiosidad de los españoles por no indagar o querer saber más sobre la historia.

 

5 octubre 2017 at 6:07 pm Deja un comentario

La violencia de género en los grandes museos

Raptos, violaciones, humillaciones y toda clase de vejaciones hacia las mujeres están ampliamente representadas en cuadros, dibujos y esculturas

Susana y los Viejos’, de Artemisia Gentileschi. WIKIMEDIA

Fuente: CONCHA MAYORDOMO  |  EL PAÍS
9 de mayo de 2017

Visitar los grandes museos europeos, aquellos que recogen las obras que la historia del arte ha calificado como maestras, no es siempre una experiencia gratificante, independientemente de la perfección técnica, el tratamiento del color, el equilibrio en la composición, el ritmo, la luz, la atmósfera… A veces el tema, especialmente el de las escenas bíblicas o mitológicas, puede dejar sin aliento; raptos, violaciones, humillaciones y toda clase de vejaciones hacia las mujeres están ampliamente representadas en cuadros, dibujos y esculturas, y obedecen a una ideología visual en la que la situación social de la mujer queda explícitamente agraviada.

La obra de Pedro Pablo Rubens, Rapto de las hijas de Leucipo, que podemos contemplar en la Pinacoteca Antigua de Múnich, nos sitúa ante una de las escenas más violentas de todo el período barroco. En ella se desarrolla una brutal agresión. El secuestro de dos bellas jóvenes de la época, que desnudas, son atrapadas entre unos caballos encabritados por unos seres descomunales, con la evidente idea —así su título lo indica— de ser arrancadas de su entorno natural y forzadas hacia una vida desconocida. La mitología nos cuenta que ese rapto forma parte de una historia romántica, ya que incluye un pequeño cupido, pero a nadie se le escapa la desesperada resistencia de las dos mujeres y la ferocidad que desprende toda la composición.

‘El rapto de las hijas de Leucipo’, de Rubens. WIKIMEDIA

En el Museo del Prado también podemos asistir a este tipo de escenas violentas pintadas con gran maestría por Rubens, como El rapto de Hipodamía, en este caso realizado con la colaboración de su taller. Ilustra la escena del secuestro de una de las mujeres más hermosas de su generación el día de su boda por parte del centauro Éurito. Hipodamía aparece representada semidesnuda, con el pecho al aire y los ropajes desgarrados, probablemente debido a la resistencia que opuso ante la fuerza de su secuestrador y que Ovidio lo describe de la siguiente forma en Las Metamorfosis:

‘El rapto de Himodamía’, de Rubens. MUSEO NACIONAL DEL PRADO

“Porque a ti, el más bestial de los bestiales, Éurito, te ardía el corazón tanto por el vino como por la visión de la novia, y reinaba una embriaguez que duplicaba la lujuria”.

Al parecer Rubens se especializó en la escenificación de raptos: Rapto de Proserpina y la copia anónima de su obra Rapto de Deyanira, todos ellos pertenecientes a las colecciones del Museo del Prado.

La escultura tampoco fue ajena al tema, una de las obras más celebradas de esta disciplina artística es El rapto de las Sabinas de Juan de Bolonia, actualmente en la Galería de la Academia de Florencia. Algunas opiniones quieren ver en el grupo escultórico el carácter romántico de un ballet, pero una mujer extremadamente levantada mientras lucha por su libertad, agitando los brazos y gritando de desesperación para poder desprenderse de su secuestrador no convence como idea de consentimiento.

‘El rapto de Proserpina’, de Rubens. MUSEO NACIONAL DEL PRADO

El grupo escultórico fue expuesto en el exterior, concretamente en la Piazza della Signoria Loggia dei Lanzi de Florencia, donde fue agredido por unos vándalos, causándole graves daños. Pretendían colocar una botella en la mano de la secuestrada. Parece lógico pensar que el hecho de mostrar públicamente una vejación de derechos puede incitar a que esa actuación pueda ser compartida por otros que hacen alarde de los mismos principios.

“Cuando el objeto erótico es una mujer, la incitación al rapto se potencia porque también, en cierto modo, puso Dios en el mundo a la mujer para ser arrebatada, no digo que deba ser así, pero ¿qué le vamos a hacer si Dios lo ha arreglado de esa manera?”, se preguntaba Ortega y Gasset en Estudios sobre el amor (Editorial Plenitud, 1957).

Entre los grabados de la serie ‘Los Desastres de la Guerra’, el aguafuerte titulado ‘No quieren’, de Goya. WIKIMEDIA

En la producción de Francisco de Goya encontramos otras escenas que contienen violencia explícita contra las mujeres. Entre los grabados de la serie Los Desastres de la Guerra, el aguafuerte titulado No quieren representa a una mujer aparentemente joven que se defiende del acoso de un soldado francés mientras una anciana, cuchillo en mano, trata de protegerla. Con esta obra Goya parece ser sensible a la dignidad femenina, sorprendentemente en la serie Los Caprichos, junto a la estampa Que se la llevaron, incluye un comentario manuscrito en el que culpabiliza a la mujer de la agresión: “La mujer que no sabe guardar es del primero que la pilla y cuando no tiene remedio se admiran de que se la llevaron”.

Susana y los Viejos

La Historia de Susana y los Viejos es un breve texto independiente asociado al Libro de Daniel del Antiguo Testamento que ha sido ilustrado ampliamente: Rembrandt, Rubens, Artemisia Gentileschi, Lorenzo Lotto, Albrecht Altdorfer, Anthonis van Dyck, Tintoretto, Veronese, Guercino, Domenichino, Francesco Hayez, Franz von Stuck, Lovis Corinth, Bartolomeo Altomonte, Lukas Vorstermann o Johann Spillenberger plasmaron en sus lienzos el esplendor de la belleza desnuda de la joven.

Arquián y Sedequía eran dos ancianos jueces que acudían asiduamente a casa del rico Joaquín, esposo de Susana, para dirimir algunos pleitos. Un día de mucho calor Susana quiso bañarse en una de las fuentes de la casa sin percatarse de que los ancianos, que desde hacía tiempo la deseaban con pasión, se habían escondido para observarla. Trataron después de forzar su voluntad para ser sometida sexualmente, al resistirse ella, la calumniaron acusándola de adulterio. El juez Daniel demostró su inocencia y la sentencia a muerte que pendía sobre Susana acabó recayendo sobre los ancianos.

‘Susana y los Viejos’, de Tintoretto. GOOGLE ART PROJECT

En Susana y los Viejos de Tintoretto, que se encuentra en el Museo de Historia del Arte de Viena, el pintor se esmeran en presentar a una mujer en su espacio íntimo, cosificada y expuesta para su contemplación, no sólo para los rijosos que aparecen en la escena, también para todo aquel que contemple el cuadro. Susana es una mujer voluptuosa que se acicala en su baño mientras se contempla en un espejo sólo cubierta por una completa colección de joyas. Parece demostrar con ello, la magnífica fortuna del marido, y que fueron sus encantos los que le logró conquistar. Mantiene además, para mayor incitación, las piernas semiabiertas.

Por su parte Rubens, en la obra del mismo título, expuesta en Museo de la Real Academia de San Fernando de Madrid, pone especial énfasis en mostrar la carnalidad del cuerpo de la joven que es destapado por los viejos, uno de ellos con actitud decididamente amenazante.

‘El rapto de las Sabinas’, de Juan de Bolonia. RICARDO ANDRÉ / WIKIMEDIA

Muy al contrario, la versión que sobre el episodio realiza la italiana Artemisia Gentileschi, que se conserva en el Castillo de Weissenstein de Pommersfelden (Alemania) presenta a la joven Susana avergonzada, huidiza y asqueada del acoso de las dos figuras grotescas que traman sus estrategias.

En la mitología el rapto era un acto razonablemente legitimado, cuyas víctimas propiciatorias solían ser jóvenes vírgenes, o bien mujeres honestas que los pintores de todas las épocas —incluido Pablo Picasso— han representado de manera misógina para uso y disfrute no sólo de los cuerpos esteriotipados por los gustos de la época, sino también como demostración de la fuerza y la razón del género masculino frente al definido como débil. Estos hechos seguramente continuarían con una violación. Raptos, vulneración de la intimidad o calumnias pueden ser vistas en otras muchas obras maestras que componen la historia del arte con mayúsculas estetizando la violencia de género, por ello es importante que la belleza que encierran no desvíen la atención de que somos testigos también de la representación de delitos infames.

 

9 mayo 2017 at 6:57 pm Deja un comentario

Ateneas científicas para derrumbar el techo de cristal

Una encuesta realizada entre científicos españoles en Reino Unido muestra que hay un mayor porcentaje de hombres que considera que las mujeres son buenas líderes en investigación que de mujeres

Atenea, diosa de la inteligencia, ayuda a construir el Caballo de Troya.

Fuente: NEREA IRIGOYEN VERGARA  |  EL PAÍS
7 de marzo de 2017

“No valgo para las ciencias, las matemáticas y la física se me dan mal, creo que debería hacer algo de letras”. “La ciencia es muy difícil, haz algo más fácil, algo más de chicas”. Frases como estas las escuchan (y piensan) niñas y adolescentes todos los días en casa, en el colegio y en el instituto. Prejuicios que se mantienen en una sociedad heteropatriarcal y que moldean los estereotipos sociales de género a una edad tan temprana como los 6 años, según una reciente publicación en la revista científica Science. Estas niñas tan pequeñas ya son menos propensas a asociar la brillantez y valía intelectual (referida a una inteligencia analítica-lógica-racional) con su propio sexo y rehúyen aquellas actividades que consideran que son para niños inteligentes. Lamentablemente, este patrón pervive en el resto de la sociedad. En una encuesta europea, por encargo de la Fundación L’Oréal a finales de 2015, solo el 41% de los consultados podían imaginar a una mujer cuando se les pedía que describiesen a un científico. Más del 60% consideraba que las mujeres carecían de cualidades esenciales en la carrera científica como la perseverancia o el espíritu analítico y racional. Pero no solo a pie de calle, en los grandes ámbitos académicos como los Premios Nobel, ninguna mujer fue galardonada en la edición de 2016.

Desde la Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido (SRUK/CERU) queríamos saber si este tipo de prejuicios existen entre nuestros socios, y sobre todo, si los hay, cómo se perciben en función del género. Para ello, en las últimas semanas, hemos realizado una encuesta sobre “igualdad y la percepción de la mujer en ciencia” con ciertos resultados interesantes. Por ejemplo, tanto hombres como mujeres consideran que la cuestión de género es una barrera en la progresión de sus carreras, pero el 80% de las encuestadas cree que no poseen las mismas oportunidades que sus colegas masculinos. Casi el 70% de las investigadoras respondieron que resultaba/resultaría muy difícil mantener el éxito profesional una vez que eran/fueran madres frente al 40% de los hombres. Esto indica que con diferencia, la maternidad es uno (si no el más grande) de los retos a los que una mujer científica (y lamentablemente de cualquier ámbito profesional) se tiene que enfrentar a la hora de progresar en su profesión.

Para ellas, uno de los grandes desafíos de su carrera (más del 40%) es el ambiente claramente competitivo que tiende a premiar comportamientos más propios de los machos alfa de la manada (ambición, beligerancia, autoritarismo) tradicionalmente poco asociados con la feminidad y la falta de roles femeninos en los que reflejarse.

Sorprendentemente, el 60% de los encuestados varones considera que las mujeres son buenas líderes en investigación frente solo al 29% de las féminas. Casi la mitad de las investigadoras respondieron a la pregunta con una valoración neutra, ni se percibían ni se dejaban de percibir como líderes. Pero, ¿quién no lo haría si desde pequeña lo único que has oído es que probablemente tú no seas lo suficientemente capaz para ser científica?

El 80% de las encuestadas cree que no posee las mismas oportunidades que sus colegas masculinos

Como iniciativa para afrontar el reto de la Mujer en Ciencia, el Reino Unido estableció en 2005 a través de su Equality Challenge Unit (Departamento de Pro-igualdad) el pionero programa de acreditación Athena SWAN (Scientific Women’s Academic Network –Red Académica de Mujeres Científicas). Athena o Atenea en español, toma su nombre de manera poco inocente de la diosa de la guerra, la sabiduría y las artes en la mitología griega.

Este programa adopta 10 principios básicos que promueven la igualdad de género en el ámbito académico de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Entre ellos destacan la lucha contra la pérdida de fuerza laboral femenina desde el doctorado a posiciones seniors, la promoción del liderazgo de la mujer, la equiparación salarial entre géneros, o las consecuencias negativas de los contratos de corta duración en la progresión académica femenina. La implementación de estos principios en las políticas y los planes de acción de las distintas instituciones académicas superiores y centros de investigación, otorga premios de bronce, plata y oro renovables de manera trianual.

Debido al gran éxito obtenido, en mayo de 2015, Athena Swan se extendió a otros ámbitos académicos como las humanidades y ciencias sociales; e incluyó a personas transgénero. Hasta el momento, fuera del Reino Unido, el programa solo se ha desarrollado de manera piloto en Irlanda (Athena Swan Ireland) y Australia (Science in Australia Gender Equity –SAGE).

A nivel institucional, España debería hacer más implementando programas similares a Athena SWAN, mejorando con ello la conciliación laboral mediante bajas de maternidad/paternidad compartidas, la promoción de la corresponsabilidad, programas de mentoring específicos para mujeres científicas y contratos que ofrezcan una flexibilidad laboral para el cuidado de hijos y dependientes similares a las británicas Dorothy Hodgkin Fellowships. Mientras tanto, desde SRUK/CERU, seguiremos participando y colaborando en tan increíbles e importantes iniciativas de concienciación social como la iniciativa 11 de Febrero, celebrando el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, así como en el dossier especial SRUK Women: A pathway towards gender equality in research, que hemos preparado conmemorando el Día Internacional de la Mujer. Esperamos que, poco a poco, las científicas del presente nos vayamos empoderando cual Ateneas modernas que sirvan de modelo para las mujeres del futuro.

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Nerea Irigoyen Vergara es investigadora post-doctoral en la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y Directora de Relaciones Internacionales de la Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido.

 

7 marzo 2017 at 10:19 pm 1 comentario

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