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La fundación de Cartago: El origen de la gran potencia mediterránea

Según la leyenda, la gran ciudad del norte de África fue fundada por una princesa fenicia, Elisa. El viaje desde su Tiro natal evoca el gran movimiento colonizador de los fenicios a partir del siglo IX a.C.

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Desde su fundación en el siglo IX a.C., Cartago estaba llamada a convertirse en la gran potencia del Mediterráneo. Pero a partir del siglo III a.C., sus enfrentamientos con Roma acabaron con la victoria de la emergente potencia y la destrucción de la ciudad púnica. En la imagen, termas de Antonino en Cartago. MANUEL COHEN / ART ARCHIVE

Por Fernando Prados Martínez. Doctor en Historia. Investigador en la Universidad de Alicante, Historia NG nº 139

Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

Las tretas de Dido

Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa, que significa «piel de buey», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.

Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

Para saber más

Cartago. Una ciudad, dos leyendas. C. Wagner. Alderabán, Madrid, 2001.
Los fenicios: del monte Líbano a las columnas de Hércules. F. Prados Martínez. Marcial Pons, 2007.
El silbido del arquero. I. Vallejo Moreu. Contraseña, Zaragoza, 2015.

30 julio 2015 at 9:27 am Deja un comentario

En busca de la eternidad

Una exposición en el MuCEM de Marsella reúne más de 200 piezas relacionadas con las creencias de las tres grandes civilizaciones de la cuenca mediterránea: Egipto, Grecia y Roma

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Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

La exposición temporal Migraciones divinas, sobre las creencias religiosas que se dispersaron por la cuenca mediterránea en tiempos antiguos, se puede visitar hasta el 16 de noviembre en el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM), inaugurado junto al puerto de Marsella en 2013. La muestra reúne más de 200 piezas, fechadas entre el III o II milenio a.C. y el siglo III d.C., procedentes de las tres grandes áreas de la civilización mediterránea antigua: Egipto, Grecia y Roma. El mar Mediterráneo favoreció el intercambio entre estas tres culturas, unas veces a través de las actividades marítimas y el comercio y otras veces como consecuencia de los conflictos militares y las conquistas. Las religiones politeístas generalmente aceptaron a los dioses de las civilizaciones extranjeras, hasta el punto de que fueron asimilados y se crearon nuevos cultos y formas divinas. Serapis, por ejemplo, es un caso ejemplar de divinidad sincrética greco-egipcia. Asimismo, el culto a la divinidad Mitra, de origen indoiranio, fue adoptado por los soldados romanos.

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La esperanza de renacer

Desde tiempos remotos, los integrantes de cada cultura buscaron respuestas a sus propias cuestiones existenciales. En el prólogo de la exposición se exhiben dos piezas tremendamente antiguas que sumergen al visitante en un mundo misterioso e inconcebible: un ídolo de la cultura cicládica y una estatuilla del período predinástico de Egipto que representa a una mujer con los brazos levantados. La primera parte de la muestra está dedicada al panteón como concepto, es decir, el conjunto de dioses de una mitología politeísta, de tipo jerárquico en el caso egipcio y familiar en el caso griego, con Zeus originando toda esta genealogía tan compleja. Dioniso es el dios griego más representado en esta exposición, en un total de quince piezas. La segunda parte explora los caminos que siguió la humanidad en su búsqueda desesperada por la eternidad: a través de los ritos, los cultos públicos y privados e incluso la magia. Al escoger una escena dionisíaca  para decorar su sarcófago, un romano abrigaba la esperanza de renacer. La última parte está dedicada a los encuentros e intercambios de los diferentes cultos en la cuenca mediterránea y reúne unas piezas tan maravillosas como una cabeza de Vajrapani, una deidad del budismo, identificada aquí como Heracles, procedente de la cultura sincrética que floreció en Gandhara.

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7 julio 2015 at 8:45 am Deja un comentario

La Domus Avinyó abre al público

Desde comienzos de abril se puede visitar en el casco antiguo de Barcelona esta «domus» del siglo I d.C., descubierta en 2004 y que conserva unos restos absolutamente deslumbrantes

Fuente: Alec Forssmann   |  NATIONAL GEOGRAPHIC

Todo lo que hoy es Barcelona, una ciudad dinámica, cosmopolita y con una cultura extraordinaria, se lo debe a su ciudad romana, fundada junto al mar a finales del siglo I a.C. “No sabemos por qué, pero Augusto fundó una colonia aquí y el tiempo le ha dado la razón”, comenta a este medio Carme Miró, responsable del Pla Barcino, del Servei d’Arqueologia de Barcelona. En los últimos años Barcelona se está desnudando arqueológicamente y bajo las vestiduras modernas y medievales está apareciendo la urbs romana original, no tan grande y monumental como Tarraco, pero muy próspera. Desde hace unas semanas, en el número 15 de la calle Avinyó se pueden visitar los restos de una domus del siglo I d.C., la casa urbana de una de las primeras familias acaudaladas de Barcelona.

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Descubierta en 2004, durante unas reformas en un edificio de propiedad municipal, la Domus Avinyó conservaba algunos de sus muros, fragmentos de un mosaico y un espléndido pavimento ajedrezado en mármol “como los que lucen algunos pisos modernistas de l’Eixample”, en palabras de Carme Miró, quien también dirige el proyecto de la Domus Avinyó y realiza las visitas guiadas, que se pueden concertar a través del número de teléfono que aparece en la página web del Museu d’Història de Barcelona. Los arqueólogos del proyecto han obrado un milagro al recomponer meticulosamente algunos de los pedazos que formaban un conjunto pictórico inigualable en el techo del cubiculum, una habitación para recibir a los invitados y a los clientes y para mantener relaciones sexuales. Entre la suntuosa decoración se adivina el rapto de Ganimedes, un mito basado en el rapto del joven príncipe, de enorme belleza, por Zeus en forma de un águila, quien se lo lleva al Olimpo para que le sirva de amante y escanciador en la mesa de los dioses olímpicos. “Esta pintura totalmente única representa la libertad y la homosexualidad; por algún motivo la debió de escoger el dueño de la domus“, expresa Miró.

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«Trabajamos para las personas y no para las piedras»

El transeúnte que baja por la turística calle Avinyó no se imagina la muralla romana que hace 2.000 años se alzaba justo a su izquierda. Al cruzar el portal del número 15 está traspasando esa muralla hoy imaginaria, aunque se conservan algunos restos, y se está trasladando al interior de la antigua Barcino. La domus se encontraba junto a la muralla y su aspecto exterior era más bien austero, con pocas aberturas para mantener la privacidad de sus propietarios. La casa se distribuía en torno a un peristilo o patio interior rodeado de columnas, normalmente ajardinado y adornado con fuentes y esculturas. El dominus o propietario seguramente disponía de todos los lujos de la época, por ejemplo unas termas privadas que eran símbolo de salud y bienestar; todavía se conserva un canal por donde discurría el agua hacia el exterior de la vivienda. La edificación soportó varias transformaciones a lo largo de los años y sobre todo hacia el siglo III se llevaron a cabo reformas urbanas importantes.

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Una visita a la Domus Avinyó se traduce en un viaje a otra época, a una Barcelona que parecía desaparecida, pero que subyace en el barrio Gótico, a la vuelta de la esquina, con sus mármoles deslumbrantes y sus pinturas polícromas. La antigua Barcino aflora gradualmente y desde hace unos años se busca crear un nexo entre todos estos vestigios y el gran público. “No trabajamos para las piedras. Lo que queremos es dar a conocer las personas que vivían en las piedras”, afirma Miró. “Aún queda mucho por descubrir, pero no se trata de excavar por excavar. Debemos dejar algo para el futuro, para nuestros nietos arqueólogos, que usarán otras tecnologías”, concluye.

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29 abril 2015 at 8:54 pm Deja un comentario

Pompeya y Herculano en el centro de Barcelona

El Ayuntamiento recupera una domus romana del siglo I en la que destaca la única muestra de pintura mural del cuarto estilo pompeyano documentada en la península ibérica

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El interior de la domus ha sacado a la luz un conjunto pictórico «único»

Fuente:  ABC          01/04/2015

Su propietario era un destacado miembro de la élite de Barcino del siglo I y su existencia había pasado desapercibida hasta que en 2004 los trabajos de rehabilitación de una finca sacaron a la luz un pedazo de la Barcelona romana más desconocida, la situada al sur de las murallas, que permanecía aún bajo tierra.

He aquí, pues, una domus romana de la que se conserva parte del triclinio o sala de banquetes, un cubiculum para recibir a las visitas y un espacio para comer pero cuyo hallazgo ha descubierto algo aún más sorprendente: una muestra de pintura mural única en la península ibérica.

«Para encontrar una pintura mural de este estilo tendríamos que ir a los conjuntos arqueológicos de Pompeya y Herculano, y de hecho el dueño de la casa hizo venir a un pintor muy especializado de la península itálica», resalta Carme Miró, responsable del Plan Barcino.

Se trata de un mural datado entre el siglo I y II que hasta ahora no había sido documentado y que habría sido realizado al fresco con retoques en seco siguiendo los estilos pompeyano y provincial. La pintura más destacada, que se encontraba originalmente en el techo del cubiculum, representa el mito del Rapto de Ganímedes entre decoraciones con motivos florales y geométricos. En otras pinturas aparece asimismo una imagen de Terpsicore, la musa de la danza y el canto coral, y un joven desnudo y alado que, según los investigadores, podría ser el hijo de Venus.

Según los responsables del nuevo espacio, visitable después de Semana Santa, la complejidad artística implica la presencia de un propietario de alto nivel adquisitivo y cultural y un artista especializado en la pintura que entonces se desarrollaba en la península itálica y que se estaba expandiendo por todas las provincias del imperio.

1 abril 2015 at 5:51 pm Deja un comentario

Ayude a bautizar los lugares de Plutón

La Unión Astronómica Internacional abre al público la denominación de los lugares que descubra la sonda de la NASA `New Horizons´ en el planeta enano, al que llega este verano

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Ilustración del planeta enano Plutón. / IAU/L.CALÇADA

Fuente: ALICIA RIVERA  |  EL PAÍS     24/03/2015

Para el próximo 14 de julio está previsto que la sonda espacial New Horizons, de la NASA, pase muy cerca del planeta enano Plutón y su gran satélite Caronte. Es la primera misión a esos cuerpos remotos del Sistema Solar, en los que hasta ahora solo se distinguen algunos grandes rasgos, y lo más probable es que, con el sobrevuelo de la sonda y los datos que esta tomará y enviará, adquieran una nueva cara con abundantes detalles de su superficie. Para bautizarlos, la Unión Astronómica Internacional (IAU, en sus siglas en inglés) ha lanzado una campaña pública en la que cualquier persona puede votar por los nombres más idóneos e incluso sugerir algunos no propuestos aún. La campaña, en colaboración con la misión New Horizons y con el Instituto SETI, concluye el próximo 7 de abril. Después, los miembros de la misión elaborarán una lista de los nombres más idóneos y la IAU tendrá la última palabra sobre ellos, siempre teniendo en cuenta los criterios establecidos por su Grupo de Trabajo de Nomenclatura en Sistemas Planetarios. Los nombres deben estar relacionados con la mitología, la literatura y la historia de la exploración.

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Ilustración de la sonda espacial de la NASA `New Horizons´ pasando junto a Plutón y su luna Caronte. / NASA/JHU APL/SwRI/Steve Gribben

“Plutón es un mundo remoto y enigmático que reside en el borde del Sistema Solar, en una región denominada Cinturón de Kuiper, de la que es uno de los muchos planetas enanos similares, aunque sigue siendo el mayor descubierto hasta ahora”, recuerda la IAU. La New Horizons ofrecerá “la primera visión de cerca de este mundo pequeño y distante, así como de su mayor satélite, Caronte. Estos cuerpos misteriosos del Sistema Solar exterior se transformarán, por fin, en mundos con rasgos distintivos”, añade dicha organización en un comunicado.

Los nombres de los lugares que se identifiquen en Plutón y sus lunas, según los criterios establecidos por el grupo de trabajo de la IAU, se referirán a:

Para Plutón: Nombres del inframundo de la mitología mundial; dioses, diosas y gnomos; héroes y exploradores del inframundo; escritores relacionados con Plutón y el Cinturón de Kuiper, así como científicos e ingenieros asociados con ellos.

Para Caronte: Destinos e hitos de la exploración, de ficción o reales; vehículos de ficción y mitológicos de exploración.

Para Estigia: dioses relacionados con ríos.

Para Nix: Dioses de la noche.

Para Cerbero: Canes de la literatura, de la mitología o históricos.

Para Hidra: Serpientes y dragones históricos.

La IAU advierte, además, que no se tendrán en consideración nombres de misiones y naves espaciales; autores, artistas, directores y productores de exploración de ficción; exploradores de la Tierra, el aire y los mares, “ya que estos temas ya se han utilizado en las nomenclaturas de Mercurio, Venus y Marte”.

La Unión Astronómica Internacional es una organización científica que agrupa a más de 10.000 profesionales de la astronomía de casi un centenar de países, y “su misión es promover y salvaguardar la ciencia de la astronomía en todos sus aspectos a través de la cooperación internacional”, explica la propia institución. Además, recalca, “es la autoridad reconocida internacionalmente para realizar las asignaciones de los cuerpos celestes y de los rasgos en su superficie”.

25 marzo 2015 at 8:34 pm Deja un comentario

La diosa navega sobre la marea

  • La restauración de la impresionante ‘Victoria de Samotracia’ hace aumentar las visitas en un Museo del Louvre cada vez más tumultuoso
  • Más de un millón de personas han desfilado ante la obra maestra griega desde su reciente ‘vuelta a casa’.

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Los viajeros se agolpan bajo la ‘Victoria de Samotracia’ | MARGA ESTEBARANZ

Hay más gente si cabe. Desde el pasado 8 de julio, fecha en la que la impresionante Victoria de Samotracia fue presentada después de una minuciosa restauración, la escalera Daru se ha quedado pequeña ante la ingente marea de turistas que se agolpan a los pies de la diosa para pasmarse con la elegancia de sus formas resucitadas.

Antes ya eran muchos los que desfilaban bajo una de las tres obras más emblemáticas del Louvre, pero que carecía del aura que se le supone a una Niké triunfante. Ahora no queda hueco en los escalones. A las tres semanas de haber sido colocada de nuevo en el centro de la monumental escalera, ya han desfilado bajo ella un millón de almas. Selfies, instantáneas de la diosa sobre la nave, fotos con la familia y los amigos… la totalidad de visitantes tira de aparato, acaso sin comprender del todo qué es lo que se llevan impreso en sus tarjetas electrónicas.

Con una altura de 5,57 metros y 30 toneladas de peso, la Mensajera de la Victoria representa el momento en que, en sorprendente equilibrio, se posa sobre la proa de un navío. Fue descubierta el 15 de abril de 1863 en la isla de Samotracia, al noreste del Egeo, por el viceconsul de Francia y arqueólogo Charles Champoiseau, quien la encontró hecha pedazos en lo que fue el santuario de los Grandes Dioses. “Ha sido esculpida con un arte que ninguna de las obras griegas que conozco iguala”, escribió al embajador francés en Constantinopla. De autor desconocido, data del siglo II antes de nuestra era.

Iniciada el pasado 10 de septiembre, la restauración se ha realizado en la cercana Sala de las Chimeneas, convertida en taller de fortuna para evitar peligrosos traslados. Fueron desmontados los 23 sillares que forman la nave, comprobando los ensamblajes. También se ha retirado el bloque de cemento que en la restauración de 1932 se había colocado sin demasiado fundamento entre la estatua y el barco. Ahora, el monumento se aposenta sobre un amplio pedestal que eleva la colosal obra casi un metro sobre el suelo, ofreciendo una vista más acorde con su posición original.

Donde más luce la restauración es en el cuerpo de la diosa alada, que ha recuperado su integridad visual. Frotada la superficie de la piedra con una solución de bicarbonato de amonio, ha salido a la luz un espectacular contraste entre la blancura del mármol de Paros de la diosa y la severidad del gris mármol de Lartos, conocida cantera de la lejana Rodas, del barco donde se aposenta.

La limpieza ha resaltado la delicadeza de los pliegues de la vestimenta, apenas sustentada por un golpe de viento, que no ocultan las divinas formas de la Niké. El pecho, el ombligo, la curva del abdomen, han surgido como por encanto. El que carezca de brazos y cabeza no le resta el menor atractivo.

En el Louvre se guardan 30 fragmentos que aparecieron desgajados de la obra. Siete de ellos han podido ser colocados, cuatro en la estatua y tres en el barco. Destaca un grupo de tres plumas acopladas en la cúspide del ala izquierda. Se ha retirado una gola de yeso colocada en anteriores restauraciones, apareciendo un mechón de cabello de la diosa.

Realizada por un equipo de ocho restauradores dirigido por Daniel Ibled, se han encontrado con la sorpresa de la policromía en algunos rincones de la escultura. En especial trazos de una banda de color azul en el borde de la túnica, que conforman una suerte de galón y también en las plumas, invisibles a simple vista. “Esto no quiere decir que las alas fueran azules”, asegura el restaurador jefe. Según considera, se trata de restos de pigmento que pudo ser la base para mezclarlo con otro color.

El coste de la restauración ha sido de cuatro millones de euros. Para obtenerlos, el Louvre recurrió a una laboriosa campaña de mecenazgo. La mayor parte la aportaron grandes empresas: Nippon Televisión Holdings, F. Marc de Lacharrière y Bank of América Merrill Lynch, aunque es más reseñable la recaudación de la increíble cantidad de un millón de euros gracias a la generosidad y el chovismo de 6.700 donantes individuales. Por todos los rincones del Louvre grandes carteles explican y agradecen la campaña.

La Victoria de Samotracia junto con La Gioconda de Leonardo da Vinci y la Venus de Milo integra el trío de superstars del Louvre. El fervor que se muestra hacia el resto de obras, todas únicas e imprescindibles, no le llega a la altura de los zapatos a la sacrosanta trinidad del museo de los museos. El 90 por ciento de los visitantes sólo viene para ver a alguna de ellas. Mona Lisa se lleva la palma; ella es la primera de lejos. Para comprobarlo sólo hay que acceder a la Salle des États. Desde que en 2005 se colgó en este enorme espacio, que se creía suficiente para acoger a los visitantes, se constató que era insuficiente para acoger a la marabunta que lo inunda a todas horas.

Mona Lisa preside la sala. Protegida en todo momento al menos por dos vigilantes y dentro de una vitrina que la aisla. Frente a ella la masa se agolpa detrás de la barrera y dispara móviles, cámaras y tabletas en un intento inútil de descubrir la enigmática sonrisa, alejada seis metros, detrás de los brillos del cristal blindado y bajo la mugre de siglos acumulada sobre el esfumeto de Leonardo, que pide a gritos una restauración como la de su hermana del Museo del Prado.

En el piso de abajo los turistas hacen otra montonera. Esta vez bajo la tercera prima donna del museo, la Venus de Milo. Al contrario que la Victoria de Samotracia, la fascinante Afrodita encontrada en las Cícladas en 1820 no perdió la cabeza en su viaje a través de los siglos. Su rostro contempla impasible al gentío rendido a sus pies. Elipse medio desnuda, la sensual y ondulante figura emana un misterio que fascina a todo el que la contempla.

Vayan a ver a la Mona Lisa o a la Venus de Milo, es obligado que todos pasen ante la diosa Niké y, claro, se detienen a contemplar su último lifting, de manera que la escalinata Daru parece el metro en hora punta. Solo es el principio. Ahora se restauran escaleras, paredes, suelos, arcos y barandillas. Las obras concluirán en la primavera de 2015, justo para acoger la gran exposición que sobre la Victoria de Samotracia ha anunciado el museo y que incluirá el resto de fragmentos encontrados, entre los que destaca la enorme mano derecha aparecida en 1950 y que ya se muestra en una vitrina lateral.

Parque temático del arte, el Louvre tiene muy claro que su éxito se basa en una renovación permanente y si estos días los andamios cubren el ala Richelieu en la calle Rivoli, justo frente a la dorada estatua de Juana de Arco, ya se anuncian nuevas obras para el otoño. “Se va a transformar el vestíbulo de Napoleón para racionalizar los accesos a las colecciones”, explica Coralie James, portavoz del museo. En 2013 visitaron el Louvre 9,33 millones de personas, el más visitado del mundo. Tal afluencia provoca grandes atascos y aglomeraciones bajo la pirámide creada por el arquitecto chino I. M. Pei, mientras afuera una multitud aguarda el turno en una cola que alcanza el Arco del Triunfo del Carrusel. La espera supera la hora y media.

El 70 por ciento de los visitantes son extranjeros. Con un millón de personas, los estadounidenses son los primeros, les siguen italianos y chinos, esperándose que este año los orientales pasen a cabeza. Los españoles ocupamos el puesto duodécimo con 210.000 visitantes.

Inaugurada en 1989, la pirámide es la parte más visible de una reforma que se hizo para recibir a cuatro millones de visitas. No habían pasado 10 años y las cifras superaban el doble de las previsiones. La nueva transformación será, como lo fue entonces, la cara del nuevo Louvre. El denominado proyecto Pirámide permitirá acoger a ¡12 millones! de personas al año. Con un presupuesto de 53,5 millones de euros, está previsto que se concluya a finales de 2016.

Lejos del trasiego de tan tumultuosos lugares, el patio Visconti permanece en un sacro silencio que para sí quisieran muchas iglesias, la cercana Notre Dame (ocho millones de visitantes al año), sin ir más lejos. Y eso que aquí se localiza la última gran transformación del Louvre que ha seguido a la pirámide de Pei. Desde finales de 2012, un singular techo ondulado, metáfora de una alfombra voladora, ocupa el patio. Ala de libélula suspendida en el aire, la etérea estructura de cristal traslucido apoyada en paredes transparentes, fue la solución de los arquitectos Rudy Riccioti y Mario Bellini para albergar uno de los más antiguos sueños del primer museo parisino: las Artes del Islam.

La tarea no fue sencilla, pues se trataba de hacer sitio a una colección que se extiende a lo largo de 12 siglos y abarca desde España al norte de la India, incluyendo Sicilia, los Balcanes, Malta, el Magreb, Libia, Egipto, Oriente Medio, Turquía, Irak, Irán y Afganistán. Junto con el techo volante, se excavó el patio en una profundidad de 12 metros, lo que supuso el empleo de un sofisticado sistema hidráulico que evitase el menor movimiento del ala Denon. Todo ello sin tocar ni una de las fachadas del XVIII, consideradas monumentos históricos.

Los 100 millones de euros gastados pueden parecer excesivos en estos tiempos en los que hasta Francia tiene apreturas, pero el resultado es espectacular. Un total de 2.800 metros cuadrados expositivos nuevos que albergan cerámicas, cristalerías, joyas, armaduras, bronces, marfiles, tapices, manuscritos, artesonados, elementos arquitectónicos reconstruidos… Hasta más de 3.000 piezas, no pocas procedentes de España, que desde hace siglos se llenaban de polvo en los almacenes del Louvre y también del Musée des Arts Décoratifs, que ha cedido una importante cantidad de obras. Merece la pena detenerse ante algunas. La pila bautismal de San Luis, pieza de latón, oro y plata exquisitamente grabada procedente de la Siria del XIV; el espectacular muro de azulejos otomanos del XVI y la extravagante jarra fatimida egipcia tallada en cristal de roca en el año 1.000 son buenos ejemplos. Es hora de partir. Cojamos fuerzas, hay que zambullirse de nuevo en la ávida marea que recorre las galerías y para alcanzar la salida toca nadar a contracorriente.

Fuente: ALFREDO MERINO  |  EL MUNDO       20/08/2014

20 agosto 2014 at 9:46 am Deja un comentario

Carranque, un trocito de Roma en Toledo

Las ruinas arqueológicas de este municipio manchego son una excepcional muestra de mosaicos datados en la segunda mitad del siglo IV

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Uno de los mosaicos que pueden verse en la Casa del Materno, en Carranque (Toledo)

Por puro azar. Así se encontró el primer mosaico de la larga lista que hoy compone el conjunto arqueológico de Carranque. Las responsables de que hoy podamos disfrutar de este trocito de historia fueron unas labores agrícolas llevadas a cabo por Samuel López Iglesias, vecino de esta localidad de poco más de 4.500 habitantes. La gran relevancia del hallazgo provocó el inicio de varios trabajos arqueológicos que se desarrollaron sin cesar desde 1985 hasta 2010, pasando por la dirección de diferentes manos. Después de varios años de esfuerzo, hoy en día el visitante consigue trasladarse hasta la antigua Roma sin salir de España.

Con una superficie de unas 18 hectáreas, el complejo ofrece varios atractivos turísticos: un mausoleo, un complejo dedicado a la fabricación de aceite y vino, un edificio palacial y la casa de Materno –que es la máxima «joya» del lugar–. Declarado Parque Arqueológico y abierto hace 11 años, la simple visita a la colección de mosaicos de la Casa de Materno ya valdría por sí sola una excursión a Carranque. A través de una serie de plataformas elevadas el visitante puede contemplar desde el «aire» el conjunto de preciosas teselas que embellecían el suelo de la construcción.

La más llamativa de ellas podría ser la recreación de Neptuno en la «Fuente del Océano». El dios del mar romano queda inmortalizado a través de vivos colores con antenas y pinzas de cangrejo –atributos de varios animales marinos– en un suelo con ligera inclinación. En su día, este habitáculo se cubría con agua para simular la sensación de que el dios vivía realmente bajo el agua.

Datos de interés

Dirección: Carretera Carranque-Madrid, km. 34 (45216 Carranque, Toledo)
Teléfono: +34 925 54 44 77
Web: http://www.parquearqueologico.org
Email: info@parquearqueologico.org
Precios:
– Entrada general: 5 euros.
– Entrada reducida: 3 euros. ( Será de aplicación a grupos superiores a 20 personas, a las personas que acrediten su condición con Carnet Joven o Carnet de Estudiante y a personas que acrediten su condición de discapacitados)
– Visitas guiadas: 2 euros.
– Audioguia: 1 euro.

Fuente: Aurora Vasco | ABC

27 junio 2014 at 8:53 am 1 comentario

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