Posts filed under ‘mitologia’

Ofiuco, el signo del zodiaco que descoloca a los astrólogos

El Sol abandona el 18 de diciembre esta constelación, que convierte en 13 el número de signos zodiacales en lugar de los 12 tradicionales

ofiuco

Constelación de ‘Ofiuco’, del ‘Celestial Atlas’, de Alexander Jamieson (1822).

Fuente: CARMEN DEL PUERTO VARELA  |  EL PAÍS    15/12/2015

En enero de 1995, Jacqueline Mitton, de la Real Sociedad de Astronomía británica, anunciaba en una serie de divulgación de la BBC que los 12 signos del zodíaco no solo estaban erróneamente adelantados, por los efectos de precesión que sufre la Tierra, sino que eran, en realidad, 13. Mitton explicaba que la eclíptica (el aparente recorrido anual del Sol por los cielos) atraviesa una decimotercera constelación: Ofiuco, versión latina de Asclepio, el dios griego de la medicina. Es más, en realidad, la eclíptica siempre había atravesado esa constelación, solo cambian las fechas con los siglos. Si imaginamos el Sol como un círculo, este año su centro salió del Escorpión y entró en Ofiuco el 30 de noviembre, a las 10:00 UT (Tiempo Universal), y saldrá de Ofiuco para entrar en Sagitario el 18 de diciembre, a las 17:30 UT.

¿Cómo afectaba eso al horóscopo de aquellas personas nacidas entre el 22 de noviembre y el 21 de diciembre, es decir, de signo Sagitario? Los astrólogos, descolocados, tenían un problema: integrar esta constelación como signo del Zodíaco.

Los 12 signos del zodíaco no solo estaban erróneamente adelantados, por los efectos de precesión que sufre la Tierra, sino que eran, en realidad, 13

Para entender este desaguisado astral, empecemos explicando que una constelación es una agrupación “aparente” de estrellas: aunque parecen hallarse en el mismo plano, en realidad se encuentran a diferentes distancias sin que necesariamente exista relación entre ellas. Por convenio, hoy es cada una de las 88 áreas en que se divide el cielo así como el grupo de estrellas que contienen. Sin embargo, a lo largo de la historia y empezando en Mesopotamia, el número total de constelaciones y el área que ocupaban variaban según el autor que catalogaba las estrellas. Entre 1922 y 1930, estas constelaciones y sus abreviaturas oficiales fueron definitivamente establecidas por la Unión Astronómica Internacional (IAU).

Mapa 'Firmamentum Sobiescianum sive Uranographia' (1690), del astrónomo Johannes Hevelius.

Mapa ‘Firmamentum Sobiescianum sive Uranographia’ (1690), del astrónomo Johannes Hevelius.

El zodíaco astronómico es un cinturón imaginario que se distribuye en el ecuador celeste y sobre el que se sitúan las 12 antiguas constelaciones, de distintos tamaños, designadas con los nombres de las figuras que sus contornos evocaban a los antiguos: el Carnero, el Toro, los Gemelos, el Cangrejo, el León, la Virgen, la Balanza, el Escorpión, Sagitario o el Arquero, Capricornio, Acuario o el Aguador y los Peces (algunas más conocidas por su nombre latino, como Aries, Virgo y Libra). Ofiuco, que ya Ptolomeo incluyó entre las 48 constelaciones de su Almagesto, probablemente no se tuvo en cuenta porque, además de no gustarles el número 13, dividir la banda zodiacal de 360º entre 13 constelaciones no daría un número exacto, y sí entre 12 uniendo Escorpión y Ofiuco.

El zodíaco astrológico, por su parte, está dividido en 12 porciones iguales de 30 grados, a cada una de las cuales le corresponde un signo: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis (algunos presentan pequeñas variaciones en el nombre con respecto a las constelaciones astronómicas).

Representación del cielo donde se aprecia el paso del Sol saliendo de la constelación de 'Ofiuco' y entrando en la de Sagitario. / 'Stellarium'

Representación del cielo donde se aprecia el paso del Sol saliendo de la constelación de ‘Ofiuco’ y entrando en la de Sagitario. / ‘STELLARIUM’

Fue el astrónomo griego Hiparco de Nicea quien en el siglo II a.C. dedujo que la Esfera Celeste tenía un movimiento retrógrado al que denominó precesión. Debido a la influencia gravitatoria de los demás cuerpos del Sistema Solar y a la esfericidad de nuestro planeta, la Tierra se comporta como una peonza de forma que las posiciones relativas de las estrellas respecto al ecuador y a los polos varían a lo largo de un ciclo de unos 26.000 años en que la Tierra da una vuelta completa alrededor del eje de la eclíptica.

Sin embargo, la reivindicación de Ofiuco como constelación zodiacal entre el Escorpión y Sagitario no se debe a la precesión, que solo afecta a las fechas, sino al trazado del mapa celeste clásico y, sobre todo, tras la división arbitraria del cielo en constelaciones por parte de la IAU. Su nombre deriva del griego y significa “el que sostiene a la serpiente”. De hecho, esta constelación se representa con la figura de Asclepio, quien agarra con las manos una serpiente (la constelación de Serpens, en latín), con la cabeza hacia el oeste y la cola hacia el este. Recordemos que el emblema de serpientes entrelazadas es el símbolo de la profesión médica.

San Isidoro de Sevilla estableció distinciones importantes entre astronomía y astrología en el tercero de los 20 libros de sus Etimologías

Ofiuco continúa la leyenda de Orión y el Escorpión. Cuenta el mito griego, que la diosa cazadora Ártemis quiso vengarse del también cazador Orión, quien alardeaba de ser capaz de matar a todas las bestias salvajes, además de acosar de continuo a las Pléyades, las siete ninfas convertidas en palomas. Por ello, la diosa le mandó a un escorpión, que le persiguió y le picó en el talón, matándole con su veneno. Los dioses trasladaron al cielo tanto a Orión como al escorpión, aunque alejados para que no pudieran volver a encontrarse; de hecho, Orión se esconde en cuanto el Escorpión asoma sus pinzas. Conforme el Escorpión asciende por el horizonte oriental, Orión muere y se pone por el oeste. Pero Asclepio, con los poderes sanatorios que Apolo y Quirón le enseñaron, curó al cazador y aplastó al escorpión con el pie. Por ello, Orión resurge por el este, mientras que el animal es aplastado por el oeste.

Remanente de la supernova de Kepler, en la constelación de 'Ofiuco'. / NASA/ESA/JHU/R.Sankrit & W.Blair

Remanente de la supernova de Kepler, en la constelación de ‘Ofiuco’. / NASA/ESA/JHU/R.Sankrit & W.Blair

Lamentablemente, en el interés por la astronomía existe -aún hoy- una componente astrológica que hunde sus raíces en la antigüedad. Astronomía y astrología no se diferenciaron conceptualmente hasta el siglo VI d.C., cuando San Isidoro de Sevilla estableció distinciones importantes entre estas dos materias en el tercero de los 20 libros de sus Etimologías, como han estudiado Antonio Aparicio y Francisco Salvador Ventura. Según el prelado sevillano, la astronomía propiamente se dedica al conocimiento abstracto de la salida, ocaso y movimiento de los astros. En cuanto a la astrología, diferencia entre una “astrología natural”, que se encarga de la observación del camino del Sol y de la Luna y de determinadas posiciones de las estrellas, y una “astrología supersticiosa”, que predice el futuro a través de las estrellas, asigna una parte del alma y de los miembros del cuerpo según los 12 signos del cielo y ordena el nacimiento y costumbres de los hombres según ellos.

La espectacular Supernova de Kepler, de 1604, en Ofiuco, pudo verse a simple vista y en el momento de máxima luminosidad

El sentido de la “astrología supersticiosa” -las supuestas influencias de los cuerpos celestes en la vida y el destino humanos- es el que adquiere la astrología actual. Cuenta Isidoro que fueron los caldeos los primeros en utilizar la observación relacionándola con el nacimiento y que fue Abraham quien la instituyó entre los egipcios. Aun así, la confusión perduró hasta muchos siglos después. Es más, muchas observaciones astronómicas importantes fueron hechas con propósitos astrológicos. El propio Johannes Kepler tuvo que dedicarse por necesidad a la astrología y se disculpaba por esta lucrativa actividad diciendo que así como la naturaleza ofrecía a cada ser medios de subsistencia, así había puesto a la astrología como ayuda de la astronomía, con la cual por sí sola no habría podido vivir. Curiosamente, la constelación de Ofiuco alberga -entre otro contenido astronómico de gran interés, como la Estrella de Barnard-, los restos de la explosión de una estrella moribunda en 1604, conocida como la Supernova de Kepler. Esta espectacular supernova, que pudo verse a simple vista y en el momento de máxima luminosidad, fue observada por el astrónomo alemán, quien escribió De Stella nova in pede Serpentarii (Sobre la nueva estrella en el pie del portador de la Serpiente).

La Universidad de Salamanca mantuvo la cátedra de “astrología” hasta el siglo XVII

Otra prueba de que no hubo distinción entre astrónomos y astrólogos durante mucho tiempo es el hecho de que la Universidad de Salamanca mantuviera la cátedra de “astrología” hasta el siglo XVII. Fue Entonces cuando astronomía y astrología se divorciaron definitivamente, adoptando diferentes sentidos. Sin embargo, es verdad que el origen etimológico de la palabra astrología, “la ciencia de los astros”, no contribuye en absoluto a mantener clara esta distinción.

*Carmen del Puerto Varela es periodista, doctora en Ciencias de la Información y jefa de la Unidad de Comunicación y Cultura Científica (UC3) del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Durante seis años fue directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos, de Museos de Tenerife. En 2009 escribió y dirigió la obra de teatro multimedia El honor perdido de Henrietta Leavitt.

Anuncios

15 diciembre 2015 at 8:58 pm Deja un comentario

De Hércules a Darth Vader, el Museo del Louvre explora los mitos fundadores

mitos-fundadores

Fachada del Louvre en la calle Rivoli, donde se anuncia la exposición “Mitos fundadores: De Hércules a Darth Vader”./ EFE

Fuente: María Luisa Gaspar – EFE > París  | LA RAZÓN    16/10/2015

Los “Mitos fundadores: De Hércules a Darth Vader”, de la prehistoria a la Grecia clásica, de la Biblia al inquietante ‘lado oscuro de la fuerza’ de George Lucas, protagonizan en el Louvre un nuevo espacio de exposición permanente que abre mañana sus puertas al público. Es “La Petite Galerie du Louvre”, cuyas salas ocupan 250 de los 70.000 m2 abiertos al público en el museo más visitado del mundo, al que acuden cada año más de nueve millones de personas.

Un lugar ideado para “educar”, para dar las claves del arte e incitar a visitar las grandes pinacotecas del país “a un público de aficionados, familiar, infantil, a veces alejado del mundo del museo”, dijo a Efe el presidente del Louvre, Jean-Luc Martínez.

La presencia de Darth Vader “no es artificial -explicó-, tiene su origen en una visita de George Lucas al museo, con quien desde hace tres generaciones hemos desarrollado y transmitido un repertorio, el de la epopeya de ‘La Guerra de las Galaxias’, muy inspirado a la vez de la Biblia y la mitología clásica”.

Este “verdadero encuentro” entre los mitos de “Star Wars” con los fundadores de la cultura occidental y los de la cultura universal, permite para Martínez mostrar mejor que “una mitología es lo que es compartido, lo que revela las grandes elecciones de la sociedad, que según las épocas y culturas encuentra respuestas diferentes”.

La galería evoca entre otras muchas mitologías la egipcia, con la “Estela de la dama Taperet” (hacia el año 1000 a.C) adorando al dios del día Rê-Horakhty y a Atum, dios del atardecer.

Presenta, asimismo, grandes religiones como la budista y la tradición bíblica y mitos como el del paraíso perdido, ilustrado aquí por otra de las joyas de la exposición, un óleo sobre cobre pintado entre 1607 y 1608 por Jan I Brueghel: “La tierra o el Paraíso terrestre”.

Esta atípica reunión de cerca de 60 cuadros, esculturas, piezas de orfebrería, cerámicas, máscaras, vídeos o carteles de cine; de diferentes épocas, géneros, materiales y civilizaciones, durará diez meses y no aspira en absoluto a resumir los fondos del museo, sino a educar y maravillar, resaltó su comisaria, Dominique de Font-Réaulx.

Algunas obras proceden de otras instituciones, como el “Cocodrilo original” (186x12x22 cm) de Nueva Guinea, del siglo XX, prestado por el Museo Branly para la primera sala; o la “Venus de Tursac”, su minúscula compañera paleolítica, de poco más de 8cm y 25.000 años de edad, procedente del Museo de Arqueología de Saint-Germain-en-Laye.

En ese mismo espacio dedicado a la creación del mundo brilla una segunda Venus: “Aphrodite dite Vénus”, desnudo de 96 cm de altura, aunque sin cabeza, brazos, ni piernas a partir de las rodillas; obra romana imperial creada en mármol de Paros hacia el siglo II, hallada en Brindisi (Italia) y hoy propiedad del Louvre.

A su espalda, orienta la introducción mitológica la maqueta titulada “Orfeo viene a civilizar a los Griegos todavía salvajes y enseñarles las artes y la paz”, pintada en 1843 para el Parlamento francés por Eugène Delacroix, prestada por el Museo Delacroix, que dirige de Font-Réaulx.

Los ciclos naturales, el paso del tiempo y la magia capaz de vencer los elementos -o de transformar a los hombres en puercos, como hizo Circé con los compañeros de Ulises en “La Odisea”-, inspiran la segunda de las cuatro secciones de la muestra, centrada luego en héroes y figuras míticas de diferentes culturas.

Hércules, descendiente de Júpiter y de una simple mortal; Ícaro, hijo del ingeniero Dédalo que se acercó demasiado al sol y perdió sus alas, cotejan al héroe tailandés Phra Ram (Rama), antes de dar paso a protectores y/o temibles monstruos, gigantes, animales fantásticos, a veces devorándose unos a otros, o en plena metamorfosis.

Presiden las últimas salas la máscara de Darth Vader, un vídeo sobre la célebre saga cinematográfica y el cuadro oro, azul y rosa “Ci-gît l’espace, (RP3)”, de Yves Klein, anunciador de “un nuevo mundo”, mientras en el centro, visible desde la entrada, luce el rojizo y demoníaco palacio “Le Pandemoinum” (1841), de John Martin.

17 octubre 2015 at 9:38 am Deja un comentario

El origen divino de nuestros superhéroes favoritos

superheroes

Hoy también tenemos héroes cuya habilidad es lanzar flechas con enorme precisión. Image Getty

Fuente: Natalie Haynes | BBC.com    12/10/2015

En los últimos años, incluso el más ardiente fanático de los libros de cómic se ha tenido que preguntar si es que había demasiadas películas de superhéroes en su cine local.

Por cada largometraje de “Iron Man” o “Los Vengadores”, ha habido un par de no tan buenas de “Los 4 fantásticos” y suficientes “Hulk” dudosos para machacar al espíritu más rígido.

Los estudios siguen haciendo estas películas porque saben que las audiencias irán a verlas, incluso si los héroes son un árbol y un mapache.

Así que la pregunta que esto suscita es, ¿por qué nos atraen tanto las historias de superhéroes? ¿Y desde cuándo?

La respuesta a la segunda pregunta es más breve que la primera.

Los superhéroes han existido desde siempre, antes de la escritura y en todas las culturas para las cuales podemos encontrar pruebas.

Fionn mac Cumhaill construyó la Calzada del Gigante en Irlanda del Norte y Gilgamés batió a Humbaba en Mesopotamia.

Rama fue expulsado de Ayodhya, en India, mientras que Beowulf mató a Grendel y a su madre en Escandinavia.

Y esto, antes de los antiguos griegos, quienes produjeron una gran cantidad de héroes a la altura de cualquier colección de Marvel o DC.

Currículum básico

Las reglas sobre qué características debe tener un súper héroe son bastante flexibles.

superheroes_2

La Mujer Maravilla, como Hipólita, es una amazona, una raza de mujeres guerreras. Image Warner Bross

Superman es un alienígena antecedido en casi dos milenios por el sátiro asirio Lucian, que escribió sobre ejércitos extraterrestres en guerra en su Historia Verdadera.

Spiderman fue mordido por una araña radiactiva y Bruce Banner recibió una dosis de rayos gamma: en otras palabras, son seres humanos ordinarios con un poder extraordinario que se les impone.

Los antiguos utilizaban una narrativa similar, pero sobre la base de la explicación de la semi-divinidad, en lugar de la ciencia: Perseo, por ejemplo, es un héroe porque su padre es Zeus.

La Mujer Maravilla, como Hipólita y Penthesilea antes que ella, es una Amazona, y también semi-divina.

Los superpoderes de Bruce Wayne y Tony Stark son sus ilimitadas tarjetas de crédito, lo cual también explica por qué Agamenón, el héroe menos heroico de todos, se preocupa tanto por obtener más ganancias que otros héroes griegos en la Guerra de Troya: el dinero es poder.

Pero quizás mi subgrupo favorito de superhéroes incluye a Ojo de Halcón y Flecha Verde, cuyo superpoder es “ser especialmente bueno con un arco y una flecha”.

superheroes_3

Algunos de los personajes de Marvel están directamente tomados de la mitología, como Thor y su hermano Loki. Image Disney Marvel

Esto los vincula con el más astuto de los héroes antiguos: Ulises.

Tras una ausencia de 20 años de su casa, en Ítaca, prueba su identidad a aquellos que pensaban que estaba muerto tensando un complejo arco y disparando una flecha a través de 12 hachas.

Todos los superhéroes tienen su historia original, y un número sorprendente de los modernos deben esos orígenes a los mitos de dioses y héroes que existieron hace milenios.

Cómics y clásicos

Entonces, ¿qué es lo que nos atrae tanto de la narrativa de los superhéroes, que son tan antiguos como el contar historias?

Para los antiguos, los héroes y los dioses eran una especie de puente entre lo que podían entender y explicar, y lo que no.

Por ejemplo, los antiguos griegos y romanos experimentaban muchos terremotos; sabían que el suelo se mueve, pero no podían conocer la existencia de las placas tectónicas.

Así que extrapolaban: una mesa ligera y de madera se mueve si pisas fuerte con tu pie cerca, en un piso de madera.

Cuando los edificios se mueven, tiene sentido que sea algo muy potente que pise en el suelo en algún lugar.

Así que Poseidón asumió su título honorífico “agitador de la Tierra”. La idea de un dios que acecha bajo el océano dando golpes con su tridente sobre el lecho marino puede parecernos una explicación fantasiosa, pero como forma de explicar la información disponible para los antiguos, no está mal.

Y los héroes en la Iíada, la Odisea y la Eneida, los poemas épicos de la guerra de Troya y sus secuelas, tienen a menudo una conexión íntima con los dioses que da forma a sus historias heroicas.

Aquiles es el hijo de Tetis, Eneas es el hijo de Venus y Ulises es el favorito de Atenea y la bestia negra de Poseidón.

superheroes_4

Al final, lo que nos gusta de los superhéroes es que son como nosotros… Sólo que más fuertes, más rápidos, más inteligentes. Image Getty

superheroes_5

Las historias de la antigüedad también contaban las historias de los villanos, como la de Polifemo, aquí dibujado por el artista suizo Arnold Böcklin. Image Wikipedia

Ulises es descrito por Homero como polumetis, que significa “de numerosos inventos”. Pero aún así, muchas de sus mejores estrategias se las proporcionan los dioses: sin la ayuda de Hermes, por ejemplo, no tendría una estratagema para vencer a la bruja Circe.

Esta conexión con un poder supremo que puede influir en el mundo a su alrededor, sea Zeus o S.H.I.E.L.D., es un aspecto crucial de muchos héroes.

Y quizás es esta característica la que aporta a los superhéroes una de sus tendencias más problemáticas: el individualismo que les permite operar fuera de las reglas de la sociedad y por encima o más allá del estado de derecho.

Es un motivo común de las películas de superhéroes: ¿quién es Batman para decidir qué tipo de justicia merece Gotham?

Es un justiciero enmascarado que se pone por encima de sus conciudadanos y actúa como juez, jurado y a veces ejecutor sobre los villanos que pueblan la ciudad.

Los existenciales X-Men

Esta pregunta tampoco es moderna. En el libro II de La Ilíada, un hombre llamado Tersites hace una breve aparición.

No se lo describe, como a otros personajes, en referencia a su padre: no es suficientemente importante. Tersites es vulgar y deforme, por lo que debemos concluir que esta muy lejos de ser un héroe.

Y más aún, cuando empieza a hablar y hace un crítica aguda del personaje de Agamenón, el rey que vigila a todos los griegos.

superheroes_6

La Mujer Maravilla fue encarnada por la actriz Lynda Carter para la serie de televisión de los años 70. Warner Bross. Image Getty

Tersites lo acusa de ser avaro y cobarde, sentimientos similares a los que Aquiles ha tenido sobre Agamenón en pasajes anteriores.

Tersites es golpeado por Odiseo y llora de dolor y humillación. Pero la pregunta está ahora ya en las mentes de la audiencia: ¿por qué debe Agamenón ser tratado como un gran rey, que merece todos los tesoros que se ha apropiado?

¿Qué lo sitúa por encima del resto, además de su monstruoso amor propio? En especial, cuando todos están de acuerdo en que Aquiles es el gran guerrero, un hombre más valiente.

Los héroes y superhéroes nos atraen porque iluminan la condición humana y lo hacen operando a un nivel ligeramente inhumano. Los héroes son como nosotros, pero más: más fuertes, más listos, más rápidos.

Sufren las mismas fragilidades que nosotros, pero por sus poderes superiores, esas luchas se producen en un escenario más dramático que el nuestro.

Los superhéroes ponen orden en un mundo caótico, que puede parecer lleno de poderes malvados, desde los desastres naturales a los supervillanos, que los mortales no pueden identificar ni combatir.

Claramente preferimos un mundo de superhéroes al margen de la ley que uno sin superhéroes. Y siempre ha sido así.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture

13 octubre 2015 at 1:37 pm Deja un comentario

Cazadores de Hermes

Hace tres años que once barceloneses fundaron la asociación Caçadors d’Hermes y se encuentran a menudo para descubrir las figuras de este dios mitológico que hay en Barcelona

Fuente: El Periódico   26/08/2015

Según la mitología griega, Hermes es mensajero de los dioses y dios del comercio, aunque también es inventor, protector y dios de los ladrones y los mentirosos. En el antiguo Egipto era conocido con el nombre de ‘Djehuty’, y los romanos lo bautizaron como Mercurio.

Como dios del comercio, su figura aparece representada en una gran cantidad de edificios, como bancos, industrias y casas burguesas. De hecho, es uno de los dioses más representados en el mundo.

En Barcelona hay miles de representaciones, sobre todo en el Eixample, debido a la gran cantidad de antiguas casas burguesas que había en el distrito, y también en Ciutat Vella.

El mismo Ayuntamiento de Barcelona tiene el caduceo de Hermes, uno de sus rasgos distintivos junto con el casco alado y los zapatos alados, representado en la fachada.

En la plaza de Catalunya también se puede encontrar una figura entera de Hermes, en el grupo escultórico llamado ‘Barcelona’, de Frederic Marès. Y quien también quiso homenajear este dios fue Antoni Gaudí, que diseñó seis farolas con un casco alado, dos de las cuales se encuentran en la plaza Reial.

Los miembros de Caçadors d’Hermes de Barcelona buscan figuras de esta divinidad por toda Barcelona. Estos blogueros curiosos quedan a menudo para descubrir y fotografiar otras nuevas y desconocidas representaciones.

Además, también ofrecen rutas culturales y exposiciones fotográficas y realizan conferencias, en las que explican las actividades que llevan a cabo y curiosidades relacionadas con este dios.

Hermes, cofundador de Barcelona

Según la mitología griega, los dos hermanos Hermes y Heracles iniciaron un largo viaje en barco en busca del vellocino de oro. De las nueve barcas de la tripulación, una se extravió y apareció donde actualmente está Montjuïc.

El lugar gustó tanto a los dos hermanos que decidieron fundar una ciudad con el nombre de Barca Nona, en referencia a la novena barca perdida.

26 agosto 2015 at 10:22 am Deja un comentario

La fundación de Cartago: El origen de la gran potencia mediterránea

Según la leyenda, la gran ciudad del norte de África fue fundada por una princesa fenicia, Elisa. El viaje desde su Tiro natal evoca el gran movimiento colonizador de los fenicios a partir del siglo IX a.C.

cartago-ng

Desde su fundación en el siglo IX a.C., Cartago estaba llamada a convertirse en la gran potencia del Mediterráneo. Pero a partir del siglo III a.C., sus enfrentamientos con Roma acabaron con la victoria de la emergente potencia y la destrucción de la ciudad púnica. En la imagen, termas de Antonino en Cartago. MANUEL COHEN / ART ARCHIVE

Por Fernando Prados Martínez. Doctor en Historia. Investigador en la Universidad de Alicante, Historia NG nº 139

Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

Las tretas de Dido

Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa, que significa «piel de buey», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.

Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

Para saber más

Cartago. Una ciudad, dos leyendas. C. Wagner. Alderabán, Madrid, 2001.
Los fenicios: del monte Líbano a las columnas de Hércules. F. Prados Martínez. Marcial Pons, 2007.
El silbido del arquero. I. Vallejo Moreu. Contraseña, Zaragoza, 2015.

30 julio 2015 at 9:27 am Deja un comentario

En busca de la eternidad

Una exposición en el MuCEM de Marsella reúne más de 200 piezas relacionadas con las creencias de las tres grandes civilizaciones de la cuenca mediterránea: Egipto, Grecia y Roma

migraciones_divinas_1

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

La exposición temporal Migraciones divinas, sobre las creencias religiosas que se dispersaron por la cuenca mediterránea en tiempos antiguos, se puede visitar hasta el 16 de noviembre en el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM), inaugurado junto al puerto de Marsella en 2013. La muestra reúne más de 200 piezas, fechadas entre el III o II milenio a.C. y el siglo III d.C., procedentes de las tres grandes áreas de la civilización mediterránea antigua: Egipto, Grecia y Roma. El mar Mediterráneo favoreció el intercambio entre estas tres culturas, unas veces a través de las actividades marítimas y el comercio y otras veces como consecuencia de los conflictos militares y las conquistas. Las religiones politeístas generalmente aceptaron a los dioses de las civilizaciones extranjeras, hasta el punto de que fueron asimilados y se crearon nuevos cultos y formas divinas. Serapis, por ejemplo, es un caso ejemplar de divinidad sincrética greco-egipcia. Asimismo, el culto a la divinidad Mitra, de origen indoiranio, fue adoptado por los soldados romanos.

migraciones_divinas_3

La esperanza de renacer

Desde tiempos remotos, los integrantes de cada cultura buscaron respuestas a sus propias cuestiones existenciales. En el prólogo de la exposición se exhiben dos piezas tremendamente antiguas que sumergen al visitante en un mundo misterioso e inconcebible: un ídolo de la cultura cicládica y una estatuilla del período predinástico de Egipto que representa a una mujer con los brazos levantados. La primera parte de la muestra está dedicada al panteón como concepto, es decir, el conjunto de dioses de una mitología politeísta, de tipo jerárquico en el caso egipcio y familiar en el caso griego, con Zeus originando toda esta genealogía tan compleja. Dioniso es el dios griego más representado en esta exposición, en un total de quince piezas. La segunda parte explora los caminos que siguió la humanidad en su búsqueda desesperada por la eternidad: a través de los ritos, los cultos públicos y privados e incluso la magia. Al escoger una escena dionisíaca  para decorar su sarcófago, un romano abrigaba la esperanza de renacer. La última parte está dedicada a los encuentros e intercambios de los diferentes cultos en la cuenca mediterránea y reúne unas piezas tan maravillosas como una cabeza de Vajrapani, una deidad del budismo, identificada aquí como Heracles, procedente de la cultura sincrética que floreció en Gandhara.

migraciones_divinas_4

7 julio 2015 at 8:45 am Deja un comentario

La Domus Avinyó abre al público

Desde comienzos de abril se puede visitar en el casco antiguo de Barcelona esta «domus» del siglo I d.C., descubierta en 2004 y que conserva unos restos absolutamente deslumbrantes

Fuente: Alec Forssmann   |  NATIONAL GEOGRAPHIC

Todo lo que hoy es Barcelona, una ciudad dinámica, cosmopolita y con una cultura extraordinaria, se lo debe a su ciudad romana, fundada junto al mar a finales del siglo I a.C. “No sabemos por qué, pero Augusto fundó una colonia aquí y el tiempo le ha dado la razón”, comenta a este medio Carme Miró, responsable del Pla Barcino, del Servei d’Arqueologia de Barcelona. En los últimos años Barcelona se está desnudando arqueológicamente y bajo las vestiduras modernas y medievales está apareciendo la urbs romana original, no tan grande y monumental como Tarraco, pero muy próspera. Desde hace unas semanas, en el número 15 de la calle Avinyó se pueden visitar los restos de una domus del siglo I d.C., la casa urbana de una de las primeras familias acaudaladas de Barcelona.

domus_avinyo_2

Descubierta en 2004, durante unas reformas en un edificio de propiedad municipal, la Domus Avinyó conservaba algunos de sus muros, fragmentos de un mosaico y un espléndido pavimento ajedrezado en mármol “como los que lucen algunos pisos modernistas de l’Eixample”, en palabras de Carme Miró, quien también dirige el proyecto de la Domus Avinyó y realiza las visitas guiadas, que se pueden concertar a través del número de teléfono que aparece en la página web del Museu d’Història de Barcelona. Los arqueólogos del proyecto han obrado un milagro al recomponer meticulosamente algunos de los pedazos que formaban un conjunto pictórico inigualable en el techo del cubiculum, una habitación para recibir a los invitados y a los clientes y para mantener relaciones sexuales. Entre la suntuosa decoración se adivina el rapto de Ganimedes, un mito basado en el rapto del joven príncipe, de enorme belleza, por Zeus en forma de un águila, quien se lo lleva al Olimpo para que le sirva de amante y escanciador en la mesa de los dioses olímpicos. “Esta pintura totalmente única representa la libertad y la homosexualidad; por algún motivo la debió de escoger el dueño de la domus“, expresa Miró.

domus_avinyo_3

«Trabajamos para las personas y no para las piedras»

El transeúnte que baja por la turística calle Avinyó no se imagina la muralla romana que hace 2.000 años se alzaba justo a su izquierda. Al cruzar el portal del número 15 está traspasando esa muralla hoy imaginaria, aunque se conservan algunos restos, y se está trasladando al interior de la antigua Barcino. La domus se encontraba junto a la muralla y su aspecto exterior era más bien austero, con pocas aberturas para mantener la privacidad de sus propietarios. La casa se distribuía en torno a un peristilo o patio interior rodeado de columnas, normalmente ajardinado y adornado con fuentes y esculturas. El dominus o propietario seguramente disponía de todos los lujos de la época, por ejemplo unas termas privadas que eran símbolo de salud y bienestar; todavía se conserva un canal por donde discurría el agua hacia el exterior de la vivienda. La edificación soportó varias transformaciones a lo largo de los años y sobre todo hacia el siglo III se llevaron a cabo reformas urbanas importantes.

domus_avinyo_4

Una visita a la Domus Avinyó se traduce en un viaje a otra época, a una Barcelona que parecía desaparecida, pero que subyace en el barrio Gótico, a la vuelta de la esquina, con sus mármoles deslumbrantes y sus pinturas polícromas. La antigua Barcino aflora gradualmente y desde hace unos años se busca crear un nexo entre todos estos vestigios y el gran público. “No trabajamos para las piedras. Lo que queremos es dar a conocer las personas que vivían en las piedras”, afirma Miró. “Aún queda mucho por descubrir, pero no se trata de excavar por excavar. Debemos dejar algo para el futuro, para nuestros nietos arqueólogos, que usarán otras tecnologías”, concluye.

domus_avinyo_5

29 abril 2015 at 8:54 pm Deja un comentario

Entradas antiguas Entradas recientes


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

diciembre 2017
L M X J V S D
« Nov    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente