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¿Cuán cierta es la historia que nos contaron sobre el origen del maratón?

En septiembre de 490 a.C. un soldado corría descalzo en dirección a Esparta para pedir ayuda, pues el poderoso ejército imperial de Persia amenazaba a Grecia.

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Los antiguos griegos, definitivamente, corrían; pero ¿exagera la historia cuando cuenta cuánto? BRITISH MUSEUM TRUSTEES

Fuente: BBC Mundo
18 de septiembre de 2016

Había partido de Maratón, que queda al este de Atenas y cuyo nombre significa hinojo, que crecía abundantemente en esa localidad.

El hemerodromo o mensajero corredor se llamaba Filípides y recorrió 260 kilómetros de terreno escarpado en menos de dos días.

Después regresó, luchó y volvió a salir, esta vez hacia Atenas, para llevar las buenas nuevas de que los griegos habían vencido a los invasores persas en la Batalla de Maratón.

En esa ocasión, Filípides corrió unos 40 kilómetros que separan a Maratón de Atenas. Tras cumplir con su misión colapsó y murió extenuado.

La hazaña de Filípides inspiraría uno de los eventos más agotadores de las Olimpiadas, que recibió el nombre de la ciudad: el maratón.

Sin embargo, hay dudas sobre cuánto hay de cierto en el relato. De hecho, muchos expertos se refieren a esta historia como una leyenda romántica.

David y Goliat

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Aunque en realidad la victoria sólo retrasó la marcha imperialista persa, en Maratón por primera vez se demostró que la poderosa Persia podía ser vencida. CREATIVE COMMONS

Las dudas no se circunscriben al raudo mensajero; hay aspectos de la batalla que tampoco convencen.

La batalla pasó a la historia como el momento en el que las ciudades-estado griegas le mostraron al mundo su valentía y ganaron su libertad.

La derrota de una fuerza invasora enviada por el hombre más poderoso del planeta en ese entonces -el Rey de los Reyes de Persia, Darío I el Grande- a manos de un ejército ateniense mucho más reducido es una de las más espectaculares proezas de la historia militar.

Los detalles sobre la batalla se los debemos a Herótodo, el primer gran historiador.

Pero hay un dato que a los historiadores de hoy en día les parece fantasioso: Heródoto cuenta que los atenienses empezaron su embestida a casi un 1,5 kilómetros de distancia de la línea de combate de los enemigos.

¿Mito o realidad?

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Filípides cayó exhausto tras su épica carrera. GETTY IMAGES

El que Filípides haya sido una persona real, sigue siendo un interrogante.

Lo que dejó de serlo es si su hazaña es posible.

En 1982, el comandante John Foden y cuatro oficiales de la Fuerza Aérea Real británica se fueron a Grecia para comprobar si realmente era posible recorrer una distancia de casi 250 kilómetros en menos de dos días.

Tres del grupo lo lograron.

De manera que Filípides efectivamente fue fabuloso, haya existido o no.

¿Y las dudas de los historiadores sobre la batalla?

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Cuerpo a cuerpo: duelo entre un persa y un ateniense. CREATIVE COMMONS

¿Es posible que los atenienses corrieran toda esa distancia, cargando lanzas y escudos, y además tuvieran la energía suficiente para vencer a los persas?

La BBC buscó un conejillo de indias para ponerlo a prueba y la historiadora y comediante Iszi Lawrence fue la primera en levantar la mano.

Para su sorpresa, dijo, la cita para cumplir con su cometido, no fue “una playa que se pareciera a las griegas, con un grupo de hombres idealmente ligeros de ropa, corriendo“, sino un laboratorio de deportes acompañada por el historiador de Antigüedad Jason Crawley, de la Universidad Metropolitana de Manchester.

“La batalla tuvo lugar en el sitio más cercano a Atenas en el que los persas podían desembarcar, la planicie de Maratón. Y su victoria estaba asegurada: tenían una ventaja de 2 a 1 y sus opositores eran todos aficionados, mientras que el persa era un ejército imperial”, relata Crawley.

Debían haberlos aplastado, pero contra todo pronóstico, fueron vencidos“.

¿Cómo pudo ser?

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Soldados griegos persiguiendo a los persas hasta sus barcos tras ganar la batalla. GETTY IMAGES

“Hubo un choque de dos sistemas militares opuestos. Los persas, con su infantería ligera, preferían el combate a distancia con armas como las jabalinas”, explica el historiador.

“Los helenos sólo sabían combatir cuerpo a cuerpo: estrellarse contra el enemigo y apuñalarlo sin merced. ¡Los persas no esperaban encontrarse con gente tan loca!“.

Heródoto relata que los griegos corrieron “8 estadios”, unos 1.500 metros. Pero para los historiadores, eso no tiene sentido.

Pensamos que el relato creció al ser contado“.

A prueba

Es en ese momento en el que a Iszi Lawrence, quien había soñado con estar en una playa acompañada de varios jóvenes, le ponen una máscara azul enorme en la cara y un monitor de ritmo cardíaco en el pecho.

Está en manos de Steve Atkins, director de Deportes, Ejercicio y Fisioterapia en la Escuela de la Salud de la Universidad de Salford.

Su intención es hacerle a Lawrence unas pruebas fisiológicas, psicológicas y mecánicas para simular las condiciones en las que estaban los soldados atenienses en la Batalla de Maratón.

“¿¡Psicológicas?!”, exclama Lawrence sorprendida.

Y le sorprende aún más lo que tendrá que cargar en la prueba de la caminadora.

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No iban con una fresca y liviana toga. GETTY IMAGES

“Lo mínimo que llevaban los soldados griegos era un escudo redondo grande llamado aspis, que pesaba 8 kilos y tenía casi un metro de diámetro; un casco metálico; algún tipo de armadura en el cuerpo; probablemente protectores en las piernas y una larga lanza con puntas afiladas en ambos extremos”, le informa Crawley.

“¿Qué tan grande era esa lanza?”, pregunta Lawrence y Crawley le responde: “Más grande que quien la llevaba”.

Martyn Matthews es un científico de Deportes en la Universidad de Salford con 28 años de experiencia aconsejando a atletas élite.

Nada de eso lo excusa por lo que pretende hacerle a la historiadora.

Te voy a poner un chaleco que pesa 18 kilos y también a pedirte que cargues dos pesas, para replicar el peso que esos soldados llevaban”, le anuncia.

Hora de aplicar la ciencia del siglo XIX a una guerra de la antigüedad.

Tras correr 6 minutos, el corazón de Lawrence estaba latiendo a 173 pulsaciones por minuto, lo que se contrasta con los 138 latidos por minuto que Atkins había tomado como medida de control cuando corrió sin peso encima.

Interesante pero ¿qué pude deducir un historiador de la Antigüedad después de ésta y las otras pruebas?

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Las épocas son incomparables. THINKSTOCK

“Que lo que dijo Heródoto sobre el avance a toda velocidad por una distancia tan larga y en esas condiciones sencillamente es imposible”, responde Crawley.

De haber corrido así, al llegar a dónde el enemigo les esperaba habrían estado exhaustos.

“La otra cosa que cuenta es que la batalla duró ‘mucho tiempo’. Eso es muy relativo. Hasta dos minutos de combate cuerpo a cuerpo, cargando todo ese peso, bajo el sol ardiente, es mucho tiempo“.

“Desde mi punto de vista, este experimento respalda la teoría de que las batallas en la Antigüedad se resolvían rápido”.

¿Punto final?

Por interesantes que sean este tipo de experimentos, ¿hasta qué punto pueden realmente reproducirse las condiciones en las que se encontraban -por ejemplo- los atenienses hace dos milenios y medio?

Las palabras ‘realmente’ y ‘reproducirse‘ son las claves“, le responde a la BBC Carenza Lewis, arqueóloga de la Universidad de Lincoln.

“Por supuesto que estudiar la manera en la que respondemos fisiológicamente al uso de energía y cuánto tiempo podemos mantener una actividad intensa nos da una idea aproximada de la capacidad que tienen los seres humanos”, agrega.

“El problema es que se trata de otra época. No sabemos mucho sobre el estado físico o la vida cotidiana de los griegos que estaban combatiendo”.

“Por otro lado, uno nunca puede reconstruir la experiencia pues nunca puede meterse en sus mentes: la idea de que el miedo te da alas, de que si alguien te ha enardecido, puedes exceder tus propias capacidades. Todo eso es muy difícil de cuantificar”, indica Lewis.

Además, ¿cuán comparables son las exigencias físicas cotidianas de los labradores en la antigüedad con las modernas?

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Los persas eran más poderosos, pero los griegos estaban impulsados por otras fuerzas. CREATIVE COMMONS

“Creo que el estado físico de la gente era mucho mejor”, señala David Miles, el director de Arqueología de English Heritage.

“Incluso dos generaciones atrás, en Reino Unido, lo eran. A mi abuelo no le parecía gran cosa caminar 12 kilómetros al pub, pues nunca tuvo auto… ni siquiera bicicleta”.

“Estamos hablando de gente que de por sí en su mayoría era fuerte, por sus actividades cotidianas. Agrégale que entrenaran saltando obstáculos para poder abarcar grandes extensiones de terreno”, anota Miles.

“Ciertamente las señales de osteoartritis que vemos en los esqueletos lo comprueban, pues nos indican el alto nivel de actividad de aquellos antiguos griegos”, confirma Lewis.

 

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18 septiembre 2016 at 5:07 pm Deja un comentario

“Muchos de la profesión docente nos afanamos en ser sembradores”

Entrevista a Francisco Antonio García Romero, filólogo, académico, miembro del CEHJ, investigador y colaborador del Diario de Jerez.

García Romero

En la fotografía, de izquierda a derecha: José Manuel Anelo –gerente de Bodegas Álvaro Domecq‐, Francisco Antonio García Romero y Marco A. Velo, coordinador de la programación cultural Cultusema.

Fuente: Marco A. Velo  |  Mira Jerez      24/08/2015

“Quien conozca la cultura clásica no puede dejar de reír como Demócrito (por no llorar como Heráclito) de nuestras actuales tonterías”

El destacado filólogo, académico, miembro del CEHJ, investigador y colaborador de Diario de Jerez, Francisco Antonio García Romero protagoniza una nueva sesión del ciclo ‘Diálogos en Bodegas Álvaro Domecq’ incluido en la programación cultural Cultusema “Muchos de la profesión docente, y yo desde luego, nos afanamos en ser sembradores. Los años de docencia, ya treinta y uno, me dicen que a menudo no importa tanto la calidad de la tierra como la pericia del sembrador. Lo que pasa es que las ventoleras modernas dificultan sobremanera la siembra. Hoy se tiene mucha prisa (la del homo “zappiens”, el que hace zapping continuamente) para ejercicios tan serenos y profundos como la lectura y la reflexión”.

“En el caso concreto de nuestro vetusto y riquísimo idioma, no debemos permitir que se degrade por mera dejadez o pereza un sistema complejo que siglo a siglo han venido elaborando nuestros antepasados en el suelo patrio y en las otras tierras que acogieron, de una u otra forma, esta herencia. Esa degradación paulatina era lo que sacaba de sus casillas a don Fernando Lázaro Carreter”.

“Casi todo (y no sé si sobra el “casi”) lo fundamentalmente importante ya lo hicieron ellos, los clásicos: hablaron como nadie, escribieron como nadie, meditaron como nadie, organizaron como nadie, construyeron como nadie, sintieron como nadie…”

“Ars longa, vita brevis, decía Hipócrates refiriéndose a la medicina. Aquí, en Bodegas Álvaro Domecq, entre soleras y criaderas, percibimos historia y arte: las viejas entrañas de nuestro pueblo (desde aquel vinum ceretanum de Marcial y Columela), las de vendimiadores, vinateros, toneleros, arrumbadores, vidrieros, escribientes, impresores…”

Dialogar con el preclaro filólogo Francisco Antonio García Romero comporta una suerte de libertador sosiego personal acaso a veces demasiado adormecido o adormilado en nuestro fuero interno. Las reflexiones de García Romero –que brotan al hilo del pensamiento‐ nos remiten en un amén a cuanto Ortega y Gasset escribiera en el extenso artículo –con asomos ensayísticos‐ ‘Ética de los griegos’, a su vez incluido en la obra ‐compilación de colaboraciones periodísticas del eminente filósofo‐ ‘Espíritu de la letra’: “¡A tu lado se siente uno bueno, porque cae en la cuenta de que no sabe uno nada y habla de lo divino y lo humano, con irrisoria petulancia, en los folletones de los rotativos! Pero tú lo ves claro: más que petulancia es la alegría de ejercitar la operación intelectual –la alegría del músculo sano cuando camina elástico por el caminito largo, entre fondas‐. Tú adviertes que todas mis negras líneas de prosa llevan una filigrana parecida a aquellas palabras usadas por Lotze al fin de su ‘Metafísica’: “Dios sabe de esto mucho más”.

Docente por vocación y por convicción, investigador incansable, Académico de Número de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras y también miembro de Número del Centro de Estudios Históricos Jerezanos –con amplia experiencia dirigente en ambas instituciones culturales‐, humanista y humanitario, colaborador de Diario de Jerez, investigador de larga y fecunda trayectoria, autor de una considerable ristra de libros en el mercado editorial, hombre de veras familiar, sereno y muy dado al fino sentido del humor, cofrade y jerezano de pura cepa, Francisco Antonio –cuyo aspecto físico mantiene una terca y nunca a contrarreloj impecable conservación juvenil (herencia a no dudarlo genética)‐ es un intelectual en la clásica cimentación del término.

¿Un posmoderno grecolatino del siglo XXI? Juzguen ustedes mismos a partir de los plurales diagnósticos que emanan y dimanan, fluvialmente, de sus respuestas…

Unamuno nos dejó dicho que “sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe… Sólo la cultura da libertad… No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento: la libertad que hay que dar al pueblo es la cultura”. ¿Piensa usted que las nuevas generaciones no terminan de asociar, de digerir, de somatizar la configuración ‐el logro‐ de una personalidad enteramente libre desde el pódium de la cultura, del estudio, de la formación permanente, de la lectura como modus vivendi?

Unamuno era colega de Clásicas, como sabes, y en esto desde luego, como en tantas cosas (a pesar de sus dudas en otros terrenos), lo tuvo claro. Cultura es “cultivo” en latín, es el eje en torno al cual gira todo: aunque parezca mentira, “polo” tiene su misma raíz indoeuropea (*kwel‐ / *kwol‐) y también “ciclón”; y es que la cultura lo revuelve todo (“revolver, mover alrededor” es el sentido primario de dicha raíz).

Muchos de la profesión docente, y yo desde luego, nos afanamos en ser sembradores.

Los años de docencia, ya treinta y uno, me dicen que a menudo no importa tanto la calidad de la tierra como la pericia del sembrador. Lo que pasa es que las ventoleras modernas dificultan sobremanera la siembra. Hoy se tiene mucha prisa (la del homo “zappiens”, el que hace zapping continuamente) para ejercicios tan serenos y profundos como la lectura y la reflexión.

Valle‐Inclán, en su arrolladora –por luminosa‐ obra ʹLa lámpara maravillosa. Ejercicios espiritualesʹ escribió lo siguiente: ʺCuando mires tu imagen en el espejo mágico, evoca tu sombra de niño. Quien sabe del pasado, sabe del porvenirʺ. Esta conclusión ‐de aparente yuxtaposición de instantes‐ puede extrapolarse, Francisco Antonio, al concepto mismo de Historia, de la Historia. Como consumado investigador también de Historia, ¿qué importancia concede ‐para afrontar el futuro‐ el conocimiento ‐exhaustivo, contrastado‐ del pasado?

Ya decía el gran Rilke (el que en su Epistolario español menospreció a Sevilla, pero siempre amó a Ronda), que la patria del hombre es la infancia. Yo, un consumado curioso ignorante, siempre he tenido como norma la definición de Tucídides: la historia es ktêma es aieí (I 22), “una adquisición, un tesoro, una posesión para siempre”. Luego Goethe insistió en que hay que llevar tres mil años de “contabilidad” para no vivir a oscuras. Y Ortega ponía la imagen de Lagartijo, “retrogradando” para tirarse a matar: dar un paso atrás para lanzarse adelante. En fin, el ser humano debe conocer su infancia, aunque esta “niñez” con frecuencia y en muchos aspectos haya sido más madura, más consciente y, paradójicamente, más moderna que nuestros tecnológicos siglos.

¿Por qué solemos recurrir a manidos personajes de medio copete relacionados con la cultura menor ‐la mayor de las veces escrita con letras minúsculas‐ y sin embargo mediatizados (a menudo post mortem) por corrientes más asidas al marketing de masas que al valor cualitativo de la obra legada y, por el contrario, apenas se valorizan, se parafrasean, se rescatan pensadores como Sócrates, Homero, Cleóbulo de Lindos, Hesíodo, Píndaro, Quilón de Esparta…?

“Clásico ‘eh’ lo que no se ‘pue’ ‘hasé mejón’ ”, sentenciaba Rafael el Gallo. Yo también creo, como pensaba Schiller, que con mucha frecuencia los clásicos, y los griegos en concreto, nos apabullan, nos abochornan con esa simplicidad y esa modernidad, insisto, que demuestran en sus obras de cualquier tipo. Son nuestros modelos y, en no poca medida, nos sentimos acomplejados y nos condicionan, así que intentamos sobrevalorar nuestros torpes méritos. Casi todo (y no sé si sobra el “casi”) lo fundamentalmente importante ya lo hicieron ellos: hablaron como nadie, escribieron como nadie, meditaron como nadie, organizaron como nadie, construyeron como nadie, sintieron como nadie… Quien conozca la cultura clásica no puede dejar de reír como Demócrito (por no llorar como Heráclito) de nuestras actuales tonterías, como ya hizo Erasmo en su Elogio de la estupidez (Stultitiae laus). Y es que para colmo: “Los griegos no son nuestros clásicos (…); más bien somos nosotros los griegos”, afirmaba Zubiri (en Naturaleza, Historia, Dios). Y continuaba así: “Grecia” —o “la cultura grecolatina”, diría yo—“constituye un elemento formal de las posibilidades de lo que somos hoy”.

¿Qué podemos destacar de un memorable (e inmortal) defensor de la cultura clásica ‐desde la pulcritud del castellano correcto‐ como Fernando Lázaro Carreter?

Hace años, tras fallecer el maestro Lázaro (de quien conservo una carta de puño y letra), escribí un articulito que me permitirás, amigo Marco, que aproveche aquí. Epicuro, escribía yo entonces, creía que los dioses hablaban en griego y es conocido aquel dicho atribuido, aunque sin mucho fundamento a Carlos V: el emperador usaba la lengua italiana con las damas, la francesa con los hombres, la alemana ¡con su caballo! y la castellana la dejaba para hablar con Dios. O griego o español, no importa. Lo que sí importa, y ya en el caso concreto de nuestro vetusto y riquísimo idioma, es no permitir que se degrade por mera dejadez o pereza un sistema complejo que siglo a siglo han venido elaborando nuestros antepasados en el suelo patrio y en las otras tierras que acogieron, de una u otra forma, esta herencia. Esa degradación paulatina era lo que sacaba de sus casillas a don Fernando Lázaro Carreter. Los auténticos sabios siempre aúnan la humildad del genio y el inteligente humor. Escucharlos o leerlos siempre es un bálsamo muy resolutivo contra la vanidad. Si queremos pasar un buen rato, apaguemos la televisión y leamos por ejemplo algunos de sus imponentes, magistrales artículos de El dardo en la palabra: por ejemplo, el titulado “Instrucciones en español” o aquellos otros, muchos, en los que ridiculiza la intemperancia o la sandez de las crónicas deportivas (“Épica y deporte”, “Desmesuras deportivas”, etc.), o la extrema y peligrosa hambruna mental de jóvenes y no tan jóvenes, denunciada por el uso impenitente y extemporáneo de un recurso tan sano, cuando bien empleado, como es el “taco”. Además, don Fernando muy pronto anunció que la gloriosa reforma educativa de la LOGSE nos mandaba a la cuneta y se quejó sin descanso, pero a oídos sordos, de aquella proclamación del “derecho a ser mal enseñados, mal o nada examinados y en modo alguno exigidos” (“Brindis triste”).

Aquella Babel, en las escientes palabras de don Fernando…

En efecto. El castigo de la bíblica Babel, bromeaba razonadamente Lázaro, “consistió en que si alguien, pongamos el capataz de la célebre Torre, ordenaba a un peón que puliese un pedrusco, el pobre esclavo se quitaba una sandalia; y si este pedía el botijo al vecino de andamio, recibía una soga de esparto. Tal teoría expone bien el porqué del derrumbe de aquella famosa máquina: el cielo pudo haberla destruido de un hálito, pero prefirió que mediara el lenguaje” (“Babel”). No hay nada más útil que hablar bien y mostrarse inflexible ante el “supermoderno” guirigay que se nos impone. Algo así, aunque en otro sentido, defendía el fabulista latino Fedro. Yo, al menos, intento hacerle caso y procuro no olvidar que “casi todo puede decirse, como mínimo, de otra manera que tal vez sea mejor, más clara, más rotunda, más irónica, menos enrevesada, más ajustada al asunto”. Y si no me bastaran sus palabras, mi propia experiencia o, más bien, mi propia ineptitud como escritor me convencería de esta inconcusa verdad. Sí, yo quisiera escribir como él y no “con brocha gorda”, pero “lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible”, patochada atribuida al Guerra, pero que ya apuntó un loco personaje del Buscón quevedesco (léase “Rumorología”). En fin, que “Dios ayude” (es lo que significa “Lázaro” en hebreo) al idioma español, porque sus hablantes nos quedamos hace años sin el escudo más firme y sin el dardo más agudo para defenderlo.

¿Qué reporta la Filología Clásica a los alumnos, a los docentes, que se sumergen en su estudio (permanente) allende las modas y los modismos de cualquier época?

Pues también sobre esto he llegado a algunas conclusiones que presumo suficientemente firmes. Son fruto de mi humilde experiencia y de la ayuda de no pocas y valiosas lecturas, entre las que destacaré las riquísimas líneas que al tema han dedicado Italo Calvino y los profesores García Gual y Javier del Hoyo, de cuyas sesudas apreciaciones aquí beberé. Por lo pronto, estoy seguro de que las lenguas clásicas aportan lo que debería aportar el bachillerato. Un matemático afirmaba que de sus alumnos bachilleres no quería que supieran más matemáticas sino solo que fueran aptos para “pensar mejor”, que no tuvieran más conocimientos sino únicamente las cabezas “bien organizadas”. Y eso lo consigue la cultura clásica y el estudio del griego clásico y del latín, porque nos proporcionan una capacidad real de estructurar el pensamiento; una visión más global de los problemas que la que dan los estudios técnicos; el interés por lo humanístico y la lucha, por tanto, contra la deshumanización actual; el desarrollo del juicio crítico; un muy notable aumento del vocabulario y de la propiedad en la expresión; una mayor facilidad para aprender otras lenguas, además de las románicas; y, en resumen, un buen conocimiento de los orígenes y raíces de nuestra lengua, cultura y costumbres, o sea, de nosotros mismos, de lo que hemos sido, lo que somos y seremos. Espero no olvidarme de nada. Además, aparte del docere está el delectare, en palabras de Horacio, y de deleite literario las clásicas lo tienen todo.

También los clásicos, la generación del 98, los miembros del novecentismo e incluso los poetas del grupo del 36 establecieron ciertos paralelismos, ciertas urdimbres, entre la cultura del pensamiento y la práctica del deporte. Usted es un fiel exponente de ambos cultivos. ¿Qué retroalimentación o qué relación (de salubridad mental) establecen sendas prácticas?

Desde los griegos a la Institución Libre de Enseñanza (por no irnos al Oriente) el deporte y el ejercicio físico han sido básicos en la formación de los jóvenes (también la música, como la literatura). También por mí mismo he podido comprobarlo desde mi juventud y, como sabes, continúo ligado al mundo deportivo (fundamentalmente al insuperable invento de un canadiense, profesor por supuesto, llamado James Naismith: el baloncesto). El buen deportista es ejemplo de educación, de superación, de integridad, de amistad, de entrega. En el mito se hace deporte, los héroes homéricos lo practican con ardor, en Grecia fueron una institución… Por otra parte, siempre me ha llamado la atención el que los primeros cristianos entendieran determinadas metáforas deportivas y las usaran con frecuencia. Por ejemplo, en la Segunda carta a Timoteo (2 Tim 4, 7) Pablo (o quien fuera su autor) describe su actividad de la siguiente manera: “He competido noblemente, he llegado a la meta de mi carrera, he mantenido la fe”. Y, luego, los primeros Padres de la Iglesia, para referirse a su tarea como cristianos o al martirio, emplean términos como “atleta”, “campeón”, “gimnasio del alma” o “palestra de virtudes” (“atletas” son los monjes cartujos en la célebre oración de San Bruno: “Aquí concede Dios a sus atletas, por los esfuerzos del combate, la ansiada recompensa…”).

Mens sana…

Así es. También pronunciamos, a manera de máxima, aquello que aludes de las Sátiras de Juvenal, Mens sana in corpore sano (Sátiras X 356), aunque en su sentido primario estaba lejos de significar lo que nosotros queremos entender, pues el satírico romano solamente pretendía pedirle a los dioses la salud de alma y de cuerpo, no una forma física envidiable. Y abundando en la cuestión, en el propio lenguaje baloncestístico, he querido descubrir (y que se perdone la boutade) un uso latino. Los que practicamos el baloncesto sabemos lo que, en pleno juego, quiere decir “¡botó!”: el jugador contrincante que estaba botando el balón lo ha cogido y no puede volver a botarlo, y es entonces el momento de presionar para cortar o impedir el pase. O sea, con “¡botó!” queremos decir precisamente que ya no bota. ¡Qué curioso!

Pero cuál no es nuestra sorpresa cuando comprobamos que la sintaxis latina, sin recurrir a otras, nos da la solución. Es lo que se llama “perfecto de estado alcanzado negativo”, valor que en determinados contextos sigue teniendo nuestro pretérito indefinido (el actual pretérito perfecto simple). Es el mismo valor de la lacónica respuesta de Cicerón al salir de la cárcel Tuliana, tras asistir a la ejecución de los secuaces de Catilina: Vixerunt (o Vixere; gr. Ézēsan, según Plutarco, Cicerón 22), “Vivieron”, o sea “ya no viven”, están muertos y bien muertos. ¡Que hay que ver los intríngulis lingüísticos en que nos metemos los jugadores de baloncesto!

Usted es Académico de Número de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras y Miembro de Número del CEHJ ‐con experiencia dirigente además en sendas prestigiosas instituciones‐. ¿Qué papel han de desempeñar a día de hoy ‐en una sociedad tan desestructurada como la nuestra donde la cultura además parece que se considera como la hermana menor de todas las prelaciones‐ instituciones culturales como las mencionadas?

Desde las instituciones que has mencionado nuestro grupo se empeña, obstinadamente diríamos, en ofrecer a los ciudadanos interesados los temas más variopintos y los encuentros más fructíferos que puedan satisfacer sus ansias culturales. Citaré el curso anual de historia que desarrolla el CEHJ; las jornadas que dedicamos a personajes (a Hipólito Sancho o Manuel Esteve) o temas de la historia de nuestra ciudad y nuestra comarca; el ciclo “Jerez siempre” de la Academia, las conferencias semanales en la sede académica… Y por supuesto ofrecemos nuestra continua disposición a colaborar con otras asociaciones culturales jerezanas: el Ateneo, los Amigos del Archivo, la Biblioteca y el Museo Arqueológico municipales, la propia Delegación de Cultura del ayuntamiento, las hermandades, etc. De una cosa estoy seguro: la unión, también en el mundo cultural, hace la fuerza y, aun respetando los fines específicos de cada institución, “hemos nacido para colaborar”, pròs synergían, como aseguraba el emperador filósofo, Marco Aurelio.

Al margen de su labor como docente, usted también propaga la cultura desde el altavoz o la azotea del papel prensa. ¿Considera que los medios de comunicación ejercen o deben ejercer de meridianos catalizadores del conocimiento destinado a un mayor segmento de público?

Durante muchos años hemos colaborado con los diarios locales, incluso con secciones fijas semanales, con notable aceptación por los lectores, lo que, aparte de llenarnos de alegría y sano orgullo, nos convence de que esta manera de llegar al público es importante, amena y muy productiva. Desde ahí se puede llegar a objetivos, digamos, más altos y a participaciones más inmersas en el tejido social. Es imprescindible que la Cultura (con mayúsculas) forme parte del propio día a día de cualquier ciudad que se precie y todos los medios son pocos para este fin.

¿Qué próximos proyectos trae entre manos?

Aparte de las actividades culturales a las que me he referido tenemos algún que otro trabajillo en preparación o en prensa. Con Eugenio Vega (mi inseparable compañero, por no llamarlo “estrella polar” de mi singladura cultural) y con Antonio Ruiz Castellanos (de la Universidad de Cádiz) colaboro en un libro, Inscripciones latinas de Jerez de la Frontera. Epigrafía y contexto, que seguramente vea la luz el próximo año. Y está en prensa, en una editorial madrileña, para igualmente salir también en el 2016, una traducción y comentario de la obra griega Historia eclesiástica de Sócrates Escolástico (con los hechos desde el emperador Constantino a Teodosio II), un proyecto para el que modestamente he coordinado a un equipo de profesores (algunos de ellos también de la UCA).

¿Qué opinión le merece las instalaciones de las Bodegas Álvaro Domecq?

Ars longa, vita brevis, decía Hipócrates refiriéndose a la medicina. Aquí, entre soleras y criaderas, percibimos historia y arte: las viejas entrañas de nuestro pueblo (desde aquel vinum ceretanum de Marcial y Columela), las de vendimiadores, vinateros, toneleros, arrumbadores, vidrieros, escribientes, impresores… De todo hay en nuestras familias jerezanas, de todo lo que ha rodeado y sigue rodeando al mundo del vino. Y debe ser un orgullo, como en efecto lo es, para estas históricas bodegas el mantenimiento de un legado cultural tan profundo y auténtico. El vino es cultura. Ya lo era, lo aseguraba el geógrafo Estrabón, para los antiguos turdetanos, nuestros antepasados. In vino, veritas, según el refrán que Erasmo recogió a partir del acervo clásico.

¿Qué desea añadir?

Simplemente me gustaría agradecerte tu imperecedero afán cultural, en tantos y tan variados campos, las facilidades y apoyo que siempre nos ofreces, tu incondicional respaldo a nuestras actividades. Somos amigos y, por tanto, sabes que lo digo de corazón. Desde luego tú sí puedes grabar en la meridiana de tu reloj aquello de Amicis quaelibet hora, “Para los amigos cualquier hora es buena”.

24 agosto 2015 at 12:53 pm Deja un comentario

La Biblioteca Bodleian de Oxford y la Biblioteca Vaticana digitalizan 1’5 millones de textos antiguos

El proyecto ya ha superado la fase de ensayo general y está por pasar a la de realización final
La mayor parte de los manuscritos de autores clásicos griegos de la Biblioteca Bodleiana data de los siglos XV y XVI
Los manuscritos griegos de la Biblioteca Vaticana incluyen obras de Homero, Sófocles, Platón e Hipócrates

L’Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, ha anunciado hoy el comienzo de la mayor operación de digitalización de manuscritos de la Biblioteca Vaticana que haya sido llevada a cabo, una iniciativa desarrollada junto a la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford.

Fue el prefecto de la biblioteca de los papas, monseñor Cesare Pasini, quien efectuó el anuncio, subrayando que además de la colaboración de la biblioteca de Oxford -la segunda más importante del Reino Unido luego de la mítica British Library- el proyecto fue llevado a cabo gracias a la Fundación Polonsky, según publica el sitio web ansa.it.

Esta institución británica ya es conocida mundialmente por sus trabajos de difusión digitalizada de manuscritos, ya que llevó a cabo la edición en internet de los papeles científicos de Albert Einstein y Isaac Newton.

“Digitalizar quiere decir tanto conservar mejor los bienes culturales, volviendo menos asidua su consulta y asegurando una reproducción de alto nivel antes de una posible degradación del original, cuanto volverlos más inmediatamente accesibles, a través de la red, a un número mayor de personas”, explicó Pasini.

La cantidad de documentos disponibles para la preservación digital es muy grande, agregó, indicando que en los archivos de la Biblioteca Vaticana “tenemos unos 80.000 manuscritos y unos 8.900 incunables”, o sea los libros impresos entre 1.453 y 1.501, en los albores de la tecnología de la imprenta.

El proyecto, que prevé la digitalización de un millón y medio de páginas de la Biblioteca Vaticana y de la Bodleian, ya superó la fase de ensayo general y está por pasar a la de realización final.

Fuente: Sipse.com y BBC News

Imagen: Sala Sixtina de la Biblioteca Apostólica del Vaticano, vía AP/Sipse.com

12 abril 2012 at 5:30 pm 1 comentario

Domus Baebia Saguntina: Una oferta educativa que llega hasta Canadá

Que la Domus Baebia Saguntina está realizando un trabajo fantástico en favor de la difusión de la cultura clásica en nuestro país es algo que los profesores y alumnos que hemos realizado los talleres didácticos que allí se ofertan ya hemos podido comprobar personalmente. Justo sería que este trabajo bien hecho fuera poco a poco conocido y reconocido también en otros ámbitos educativos y por la sociedad en general. Hoy Levante-emv publica este memorandum de la actividad de la Domus en el curso que ahora termina. Una actividad que, como aquí se dice, llega hasta Canadá. Casi nada…

El aula didáctica Saguntina Domus Baebia recibió a 6.324 alumnos durante el pasado curso, algunos de ellos llegados desde Canadá, Noruega, Turquía, Gran Bretaña o Grecia. Dentro de las fronteras nacionales, estos talleres de cultura clásica acogieron a centros de Málaga, Sevilla, Salamanca o Segovia. En cuanto al nivel educativo de los visitantes, el 65% de los centros que solicitaron participar en las actividades del aula eran de secundaria, un 31% pertenecían a la enseñanza primaria y el resto se correspondían con escuelas de adultos o universidades.

27 junio 2010 at 10:45 pm 3 comentarios

Ya tenemos web de noticias en griego clásico

No es una exageración afirmar que en Internet podemos encontrarse casi todo. Y lo cierto es que según pasa el tiempo esto se va convirtiendo cada vez más en realidad. Los clásicos sabemos de la existencia en la red de varias webs que suministran al lector noticias en latín, pero no teníamos hasta ahora un sitio de noticias de todo el mundo en griego clásico. Desde ahora lo tenemos, y encima gracias a un profesor español.  

En la web  http://www.akwn.net (Akropolis World News) pueden leerse noticias de la actualidad de todo el mundo traducidas a un excelente dialecto griego del siglo V a.C. El sitio es una creación del español Joan Coderch i Sancho, profesor de la Universidad de St. Andrews en Escocia.

De momento, a la espera de poder utilizar una fuente unicode, los textos están visibles en imágenes de texto. A este respecto, el autor, al tiempo que lamenta las dificultades técnicas encontradas,  aprovecha también para señalar que está abierto a observaciones a fin de mejorar el sitio así como a colaboraciones en el mismo.

Joan Coderch cursó Filología Clásica en la Universitat de Barcelona, continuando después sus estudios en la Universidad de Sheffield en Gran Bretaña. De regreso a España, hizo el doctorado mientras trabajaba en la enseñanza secundaria. Años más tarde trabajó como profesor asistente en Oxford, donde dio clases de latín y griego durante cuatro años. En la actualidad es profesor en la Universidad de St. Andrews.

Además de administrar esta web, Joan Coderch ha traducido al griego clásico una historia protagonizada por Sherlock Holmes y ya tiene en mente nuevos proyectos.

Desde aquí le felicitamos por la iniciativa y le deseamos los mayores éxitos.

1 diciembre 2009 at 5:23 pm 2 comentarios

La lengua griega peligra en Cambridge

Enet.gr alertaba ayer de que la Universidad de Cambridge, la tercera después de Harvard y Yale en el ranking mundial de universidades, amenaza con echar el cierre a los estudios de griego moderno y ello a pesar de ser una de las sedes más importantes a nivel mundial del aprendizaje de esta lengua, con grandes logros en los últimos setenta años de funcionamiento.

Para evitar este desenlace, David Chorlton, profesor de Griego Moderno en Cambridge, se encuentra en Atenas con la idea de recabar ayuda de los ministerios, instituciones públicas y donantes helenos que permitan continuar los programas de investigación en el ámbito de la cultura griega moderna. 

El Departamento de Griego Moderno de Cambridge ofrece licenciatura y cursos de postgrado (máster y doctorado), así como programas de cursos de idiomas. Alberga también un ambicioso proyecto de investigación destinado a la elaboración de una gramática de la Edad Media y de los inicios del griego moderno (alrededor de 1100-1700). 

A raíz de las amenazas que para algunas disciplinas universitarias están suponiendo las nuevas directrices educativas, el profesor de la Universidad Freie de Berlín, Constantino Demades, señala: «Soy consciente de las dificultades que conllevan las condiciones del actual marco institucional de las universidades europeas, dado que los criterios económicos suponen graves riesgos para la existencia de muchas disciplinas académicas. Sin embargo, por el hecho de que los estudios de griego moderno son una parte importante en la actividad de la Universidad de Cambridge, tenemos la obligación de adoptar las medidas apropiadas para garantizar que estos estudios tengan continuidad en la universidad ».

8 julio 2009 at 9:36 am Deja un comentario

El sueño de Boris Johnson

boris-johnsonEl actual alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, ha protagonizado una de las carreras más meteóricas en la política británica. Tachado de ingenioso y de gran gestor por sus partidarios y de excéntrico y visionario por sus detractores, lo cierto es que en pocos años ha pasado de dirigir una revista minoritaria a gestionar una de las capitales más importantes del mundo. Por lo demás, Boris Johnson, Licenciado en Estudios Clásicos por la Universidad de Oxford, se ha caracterizado siempre no sólo por hacer gala de su formación clásica sino incluso por pretender hacer de la vuelta del latín y el griego a los planes de estudio de la escuela británica una cruzada personal.

Hoy, sin ir más lejos, vuelve a manifestarlo en una entrevista en Evening Standard. Y además expresa cuál sería su sueño:

Boris tiene un sueño. “Voy a a poner mi energía como alcalde en actividades extraescolares de lectura, escritura y cálculo y en tratar de difundir los beneficios de las cosas que tuve siendo niño. ¿Por qué temas como el latín y el griego se limitan a una minoría de escuelas. Es absolutamente vergonzoso. ¿Por qué las matemáticas avanzadas que están casi muertas en Camden se mantienen en el sector? Piense en las consecuencias sociales y económicas de ello. Creo que el alcalde debe tener un papel en el intento de abordar esa desigualdad. Y lo voy a tener. Actualmente no es de mi competencia, pero ciertamente no está fuera de mi programa”.

Pues eso, Mr. Johnson, que se cumpla su sueño.

23 abril 2009 at 7:11 pm 1 comentario

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