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La loba capitolina

¿Y quién amamantó a Rómulo y Remo?

Roma, Italia
Foto: AgePhotoStock

Fuente: National Geographic
26 de junio de 2018

¿Y quién amamantó a Rómulo y Remo? ¿Una loba de cuatro patas o de dos?

Virgilio Ortega, autor de Palabralogía -2014- y Palabrotalogía -2015- explica en esta entrevista, además del origen etimológico de otras muchas palabras, uno de los posibles orígenes de la leyenda de los fundadores de Roma.

En aquella época había abandono de niños y una loba ¡se los merendaría! “Lupa” era una de las formas para decir “puta”. ¿Qué es el lupanar de Pompeya? Donde trabajaban las putas, las lobas. ¿Quién amamantó a Rómulo y Remo? ¿Una loba de cuatro patas o una lupa de dos patas? Era humana, buena persona, los recogió y les dio de mamar. Pero luego llegan los romanos y en una operación de marketing muy clara piensan: “¡No vamos a decir que somos unos hijos de puta!”. Entonces se inventan la historia de la loba, que es de origen etrusco.

 

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26 junio 2018 at 1:09 pm Deja un comentario

Carlos García Gual: “La mitología griega reconocía, al menos, el valor de las mujeres”

El escritor y académico de la RAE, Carlos García Gual. / D. C.

Fuente: PILAR VERA Diario de Sevilla
24 de junio de 2018

-La muerte de los héroes, las muertes de los héroes eran muchas veces ejemplarizantes, ¿qué se quería enseñar con ellas?
-A veces, las muertes de los héroes clásicos tenían un ejemplo de valor y, en ocasiones, había algo más: te topas con muertes casuales, extrañas, que muestran que el héroe es, en definitiva y a pesar de sus extraordinarias cualidades, humano, y es frágil; a pesar de toda su grandeza, al final no escapa de la muerte. La mayor parte de los héroes mueren jóvenes, casi como recoge la conocida frase. Forma parte del sentimiento trágico de la vida que tenían los griegos: la grandeza a veces se paga con el dolor o con la muerte, aunque eso no le quite brillo a la existencia.

“El latín y el griego te obligan a adaptarte a nuevas estructuras y a rehacer conceptos: te hacen pensar”

-¿Alguno de esos finales es especialmente significativo desde nuestra perspectiva?
-Es difícil recordar todos los casos. Hay muertes, como la de Aquiles, que están programadas de antemano, a su propio conocimiento. Hay otras que tienen un valor especial: Héctor, por ejemplo, sabe que va a morir y muere por su ciudad: un caso más moderno que el otro, aun dentro del mismo ciclo, porque arrostra la muerte para defender a los suyos (por eso que luego se definiría como patria y que se convertiría en un lema), no buscando la gloria personal. Y hay muertes muy extrañas, como la de Jasón, que se sienta en el barco, el mástil se cae y lo aplasta.

-Llama la atención el discurso de Aquiles en el inframundo en la Odisea: habiendo sido el epítome de la épica guerra, su fantasma confiesa que estar muerto no vale la pena.
-Siempre ha sido un discurso muy paradójico. Es como si el poeta de la Odisea quisiera rebatir el afán de gloria del poeta de la Ilíada: es un encuentro sorprendente porque, después de haber escogido morir joven, en el más allá confiesa que le hubiera gustado envejecer como fuera. También esto es muy propio de los griegos, ese sentido de la ironía trágica.

-¿Qué diferencias hay entre los héroes míticos y los del ciclo homérico?
-Los últimos son, fundamentalmente, guerreros, mientras que entre los del ciclo mítico hay más variedad. Heracles, después de todas sus grandes hazañas, se topa con la muerte al ponerse por accidente la camisa que había preparado su mujer, y que esta había empapado con sangre de centauro. Heracles muere entre terribles horrores cuando ha sido el gran héroe indestructible.

-En el libro, toma también el ejemplo de tres mujeres (Clitemnestra, Casandra y Antígona). ¿Por qué, viviendo las mujeres de la antigua Grecia en la sombra, encontramos luego unos personajes míticos tan potentes?
-Encontramos ejemplos femeninos muy suculentos ya entre las diosas, pero lo sorprendente es que aparezcan también en el mundo de los mortales. Una forma de ganar la inmortalidad, para las mujeres, era siendo rebeldes. Casandra desafía el poder masculino; Antígona se revuelve contra el poder y Clitemnestra es la rebelde absoluta, la que rompe todas las normas. La sociedad griega fue injusta con las mujeres como casi todas las sociedades antiguas pero, al menos en la mitología, a algunas se les reconocía ese valor y esa inteligencia.

-De Clitemnestra, Homero dice que su crimen “pesará sobre el resto de mujeres”. Es muy actual, o muy de siempre: si una mujer comete un error, pesa sobre todo el género.
-Lo pone en boca de Agamenón, pero algo de eso está ahí: los griegos veían a las mujeres más inteligentes un tanto peligrosas. Por ejemplo, está esa toma de poder que cuenta Aristófanes, que es un poco farsa, pero claro… la pregunta de que si tomaran el poder lo harían mejor que los hombres, está ahí. En gran parte del mundo árabe actual, por ejemplo, ni siquiera se hubiera permitido esa broma.

-El mundo clásico sigue despertando una gran fascinación, ¿por qué, entonces, no se defienden las lenguas clásicas?
-Existe una gran crisis en los estudios de las Humanidades, pero no es interna. Las Humanidades parecen no interesar nada al sistema educativo. La Filosofía y la Literatura están muy dañadas también, pero el Latín y el Griego, claro, son los más débiles. Existe un desdén por la enseñanza.

-Pero las competencias para desarrollar un lenguaje de programación y para traducir un texto de griego, por ejemplo, no son tan distintas a nivel cognitivo. ¿Por qué está diferencia de consideración?
-El esfuerzo de conocer otras lenguas un poco distintas (no es lo mismo latín y griego que inglés), que te hacen tener que adaptarte a nuevas estructuras y repensar conceptos, es muy importante. El latín y el griego ayudan a pensar: es curioso, por ejemplo, que cuando hemos realizado campañas sobre las clásicas y demás, siempre hemos recogido una gran simpatía proveniente de gente de ciencias.

La vigencia del mundo clásico

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) es escritor, crítico, traductor y catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción y publicado títulos sobre literatura clásica y medieval, filosofía griega y mitología, entre ellos Epicuro, la secta del perro; Sirenas. Seducciones y metamorfosis o Historia mínima de la mitología. Acaba de reeditar su clásico Diccionario de mitos y de publicar con la editorial Turner La muerte de los héroes.

 

24 junio 2018 at 12:55 pm Deja un comentario

Nuccio Ordine: «La buena escuela la hacen los buenos profesores, no Internet ni las tabletas»

El autor de «Clásicos para la vida» y «La utilidad de lo inútil» llevará mañana a Ferrol su defensa de las humanidades

SANDRA ALONSO

Fuente: BEATRIZ ANTÓN – Ferrol  |  La Voz de Galicia
29 de mayo de 2018

«Lo que vivimos hoy en día no es una crisis económica, sino una crisis moral. Hoy reina la indiferencia hacia el sufrimiento del otro y el mensaje con el que se bombardea a los jóvenes es el egoísmo: estudia una carrera para trabajar y ganar dinero, piensa en tu interés, piensa en tu cuenta bancaria y no te preocupes de nada más. Es terrible». Nuccio Ordine (Diamante, Calabria, 1958) considera que la sociedad actual está enferma, pero advierte de que no todo está perdido. El autor de Clásicos para la vida y La utilidad de lo inútil (editado en España por Acantilado, en Galicia por Kalandraka y traducido ya a 22 idiomas en 32 países) defiende el estudio de las disciplinas humanísticas como antídoto contra la dictadura del utilitarismo y reivindica el papel de los profesores como «seres heréticos» capaces de combatir los «falsos valores» de la sociedad. Hablará de ello mañana en el campus de Ferrol (19.30 horas), invitado por la Cátedra Jorge Juan.

-¿Qué fue lo que le llevó a alzar la voz a favor de las humanidades?

-Estamos viviendo una crisis muy importante a causa del utilitarismo, que está destruyendo las cosas buenas de la sociedad, invadiéndolo todo, incluso la escuela y la universidad. La utilidad de lo inútil es un grito de alarma contra eso, una forma de protestar contra esa lógica utilitarista según la cual las cosas que no producen beneficio no son buenas, porque yo realmente pienso que la literatura, la filosofía, la música o el arte son muy importantes para hacer más humana la humanidad.

-Dice que el utilitarismo está invadiendo la escuela y la universidad, ¿de qué manera?

-La universidad tiene que ser un lugar para aprender la reflexión crítica, pero hoy en día no es eso. La universidad se ha convertido en un amplificador de los valores importantes de la sociedad, que son los valores económicos. A los alumnos se les transmite el mensaje de que tienen que estudiar para aprender una profesión y ganar dinero, no para ser personas más solidarias, justas y preocupadas por el bien común. Y en la propia universidad se empiezan a implantar sistemas de evaluación similares a los de las empresas. Pero ni la universidad ni la escuela pueden funcionar como una empresa. ¿Por qué? Porque en una empresa, si una rama no funciona, se corta, pero aplicar esta lógica al ámbito universitario tendría unas consecuencias terribles. Por ejemplo, si tenemos a un profesor enseñando griego y latín a tres alumnos, la universidad podría decir que eso es un lujo y eliminar esos estudios, pero al cabo de cien años, ya nadie sabría leer un texto en griego y latín. ¿Y qué implicaría eso? Pues un gran daño para la democracia, porque si cortamos la memoria, la historia, creamos una sociedad desmemoriada. Y una sociedad desmemoriada es una humanidad perdida, porque para comprender el presente y pensar el futuro tenemos que conocer el pasado.

-En Ferrol, la Xunta ha decidido eliminar el grado de Humanidades por su baja matrícula y la Universidade da Coruña dejará de ofertarlo en el curso 2019-2020. ¿Qué opinión le merece?

-¡Es una locura! Es lo mismo que intentaba explicar antes con el ejemplo del griego y del latín. Cerrar las titulaciones de Humanidades porque no producen beneficios económicos es un suicidio programado del futuro de la sociedad.

-En sus libros también se muestra crítico con la llamada digitalización de las aulas. ¿El libro electrónico y los ordenadores no mejoran la enseñanza?

-La tecnología no es mala, pero hay que saber cómo utilizarla. En el Reino Unido hace ya mucho tiempo que el Gobierno destinó mucho dinero para hacer una revolución digital en las aulas, pero, pasados treinta años, nadie puede asegurar que la enseñanza haya mejorado gracias a eso. Lo que sí se puede asegurar es que las multinacionales que vendieron esos equipos han ganado mucho dinero, porque la tecnología se queda obsoleta enseguida y hay que cambiarla cada cierto tiempo. La buena escuela la hacen los buenos profesores, no Internet, ni las tabletas, ni los ordenadores. Sin embargo, no se destina dinero suficiente a formar a los profesores ni tampoco a pagar su trabajo dignamente.

-¿Qué papel deben desempeñar los profesores hoy en día?

-A los jóvenes se les bombardea constantemente con la idea de pensar en el dinero y en su interés personal. Resulta terrible crecer con esa ideología, pero un buen profesor puede hacer un trabajo muy importante en el aula, porque el saber es una forma de resistencia al utilitarismo. El profesor tiene que ser un hereje que critique los falsos valores de la sociedad. Y aunque a veces me siento pesimista, también soy optimista, porque de verdad pienso que un buen profesor puede cambiar la vida de un estudiante. Por eso hay que defender la educación, la escuela y la universidad. Si las destruimos, no será posible imaginar un futuro de humanidad solidaria.

 

29 mayo 2018 at 1:23 pm Deja un comentario

“Hemos perdido el 99% de la literatura latina”

La historiadora Catherine Nixey estudia el momento en el que el cristianismo se hizo con el control del antiguo Imperio romano

Catherine Nixey, el jueves pasado en Madrid. VÍCTOR SAINZ

Fuente: GUILLERMO ALTARES – Madrid  |  EL PAÍS
21 de mayo de 2018

Catherine Nixey, periodista británica de 37 años, se ha sumergido en su primer libro en uno de los periodos más importantes y, paradójicamente, menos conocidos de la historia de Occidente: cuando el cristianismo logró dominar el espacio que alguna vez ocupó Roma y se produjo entonces, muchas veces en manos de turbas fanáticas, la mayor destrucción de arte que ha conocido la historia. Uno de los escenarios en los que transcurre La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (Taurus; traducción de Ramón González Férriz) es Palmira, la misma ciudad que, muchos siglos más tarde, sufrió un nuevo asalto destructor por parte de otros fanáticos, en este caso los terroristas islámicos del Estado Islámico (ISIS). Pese a que ese periodo ha entrado en la cultura popular gracias al filme de Alejandro Amenábar Ágora y a los miembros de la secta de monjes fanáticos llamados gorriones en Juego de tronos, ha sido objeto de pocos estudios históricos profundos, por eso su libro tuvo una gran repercusión cuando se editó en el mundo anglosajón el año pasado.

Su ensayo arranca y acaba en el mismo momento, cuando, en el año 532 de nuestra era, un grupo de filósofos capitaneados por Damascio ­—cuya obra se ha perdido casi en su totalidad— abandona Atenas y con ellos se cierra la Academia, que fundó Platón mil años antes. Es inevitable sentir cierta melancolía ante esa ruptura radical con el pasado y, por otro lado, alguna forma de temor, al comprobar que ese velo oscuro de fanáticos ha regresado a una parte de Oriente Próximo. Nixey visitó Madrid el jueves, cuando tuvo lugar esta entrevista.

“Existen muchos relatos de la antigüedad que hablan de monjes barbudos que destruyen estatuas. Es imposible no establecer paralelismos”

PREGUNTA. Siempre hemos tenido la idea de que los romanos persiguieron a los cristianos, pero según su libro fue más bien al revés. ¿Fueron realmente los cristianos los que persiguieron a los romanos?

RESPUESTA. Los romanos persiguieron a los cristianos, pero mucho menos de lo que nos han contado. Después de llegar al poder, los cristianos persiguieron a los romanos de una forma mucho más eficaz. Es uno de los motivos por los que hoy hay 2.000 millones de cristianos y no queda nadie que podamos llamar pagano.

P. ¿Fue entonces la violencia el motivo por el que se impuso el cristianismo en Roma?

R. Era sin duda un arma poderosa. Lo que me enseñaron cuando era pequeña, y mi padre y mi madre eran religiosos antes de colgar los hábitos para casarse, fue que los romanos impedían a los creyentes mostrarse como cristianos, y que cuando Constantino se convierte en el año 313 se produjo un gran alivio y la gente empezó a mostrarse abiertamente cristiana. Pero no era verdad. Sólo el 10% de los habitantes del Imperio eran cristianos en ese momento. Cien años más tarde, las cifras habían dado la vuelta. Otros 100 años después, los cristianos ya decían que no quedaban paganos. Por el camino se destruyeron las estatuas de Palmira y también el templo más bello de la antigüedad, el de Serapis, en 392…

P. ¿No era normal en la antigüedad destruir los símbolos de poder y religiosos de un pueblo que había sido derrotado? Fue lo que hicieron, por ejemplo, los romanos en Cartago. ¿No era la forma en que se hacían las cosas en aquellos siglos?

R. Lo interesante es que se trata de una toma de poder dentro del propio Estado, no de una potencia extranjera que se apodera del país. Es una ideología que creció dentro del Imperio romano, llegó al poder y a continuación eliminó cualquier otra ideología. Nadie puede decir que los romanos eran liberales, cuando tomaban una ciudad podían ser brutales y en la guerra eran despiadados. Pero Cartago suponía un peligro para su existencia. El cristiano no se enfrentaba a ninguna amenaza existencial: era una ideología persiguiendo a otra hasta acabar con ella.

P. Su libro empieza y acaba con Damascio, el último filósofo del mundo pagano. ¿Por qué fue tan importante?

R. Cuando los historiadores hablan del principio de los Años Oscuros, la fecha que utilizan es la expulsión de Damascio de Atenas por el emperador Justiniano en el año 529. Damascio era un pensador muy carismático, un defensor inagotable de la filosofía griega. Fue el último responsable de la famosa Academia que fundó Platón y cuyas enseñanzas se prolongaron durante mil años. El emperador había decretado que todo el mundo tenía que estar bautizado y que una vez que te convertías en cristiano, si volvías al paganismo, podías ser ejecutado o exiliado y perdías todas las propiedades. Habían asesinado a Hipatia, colgado de los pies al hermano de Damascio y le habían golpeado para que delatase a los otros filósofos. Entonces, Damascio y sus compañeros, que trataron de mantener la filosofía clásica durante el periodo final del Imperio romano, abandonan Atenas hacia el exilio.

P. ¿Qué pensó cuando vio que Palmira era de nuevo el objetivo de la furia religiosa fanática?

R. Me impresionó muchísimo. Existen muchos relatos de la antigüedad que describen a monjes barbudos que aterrorizaban a todo el mundo y que destruían templos. Cuando ves lo que hace el ISIS es imposible no establecer paralelismos. Una estatua destruida en Palmira en la antigüedad fue destrozada de la misma manera por el ISIS, le rompieron los brazos y la decapitaron. Es la forma más agresiva del monoteísmo, que rechaza cualquier cosa que no se adapte a sus principios.

P. ¿Podemos decir que el testigo de este tipo de extremismo religioso ha sido retomado por el islamismo radical? Las descripciones que realiza en su libro de los asaltos en los siglos IV y V se parecen bastante a lo que ha ocurrido en Kabul bajo los talibanes o Mosul bajo el ISIS: atacaban a la misma gente y las mismas cosas…

R. No sé si existe una línea intelectual, pero desde luego existen paralelismos muy inquietantes. Se trata de sociedades dominadas por hombres, represivas, basadas en una teología en la que no puede existir la disensión. Los cristianos ya decían entonces que la música y la danza debían prohibirse. Y el sexo, naturalmente, porque vivían bajo un Dios que lo veía todo, algo que extrañaba a los paganos, que respondían que si los dioses no tenían nada mejor que hacer que observar lo que hacían en casa. Los paralelismos son chocantes y también cuando piensas en aquellos que quieren ser mártires para ir al cielo… La mayoría de los cristianos no eran así, ni tampoco lo son la mayoría de los musulmanes, pero es muy chocante contemplar cómo regresa ese fanatismo…

P. Dice en su libro que en ese momento de toma de poder del cristianismo se produjo la mayor destrucción de arte y cultura de la historia de la humanidad. ¿No es una exageración?

R. Se han producido muchas grandes destrucciones, pero lo que narran otros historiadores es que se trata de la mayor destrucción de historia del arte que ha contemplado la humanidad.

P. ¿Y se perdieron entonces más del 90% de los textos clásicos?

R. No en ese momento, sino desde la cristianización de Roma y durante los siglos posteriores. Hubo grandes quemas de libros, como la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, pero la mayor parte se produjo porque la Iglesia dio la espalda a la cultura clásica, la consideraba sospechosa, la demonizó y determinó que estaba relacionada con el demonio. El 90% de la literatura griega se pierde entonces y el 99% de la latina.

P. Pero luego los monjes fueron los que salvaron esos textos. ¿Cuándo se produce el cambio?

R. Se vivieron varios renacimientos, en la época de Carlomagno, en Bizancio en torno al siglo X. Pero incluso entonces, 700 años después de Constantino, seguía siendo peligroso preguntar por esos autores. Y durante el siglo XII siguió aumentando el interés y luego se produjo el Renacimiento. Digamos, que si un texto había logrado llegar hasta entonces, ya estaba a salvo. Pero en muchos casos se trataba de documentos únicos. De Cátulo, por ejemplo, solo se conserva un manuscrito.

 

21 mayo 2018 at 1:40 pm 1 comentario

Mary Beard: “La ‘Odisea’ nos dio un modelo para silenciar la voz de las mujeres”

En “Mujeres y poder”, la historiadora británica nos lleva hasta la antigüedad griega y romana para comprender por qué todavía, en el siglo XXI, las mujeres deben luchar más para ocupar puestos de liderazgo e incluso para hablar en público. No se trata de suprimir obras, sino de hacerse preguntas. ¿Repetimos patrones culturales? ¿Hay mujeres poderosas en la historia antigua?

La historiadora Mary Beard en una imagen de archivo. AFP

Fuente: Juan Rodríguez M. – El Mercurio, vía Economía y Negocios Online
2o de mayo de 2018

En la gran sala del palacio, un hombre canta las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso a Grecia, tras la guerra de Troya. Penélope, la mujer de Ulises, uno de aquellos héroes, sale de sus habitaciones, oye el canto y, frente a la multitud que escucha, le pide al aedo que elija un tema más alegre. Entre los oyentes está Telémaco, hijo de Penélope y Ulises, apenas un muchacho: “Madre mía -dice-, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa”. Penélope obedece y se retira a sus habitaciones privadas.

El episodio está narrado al comienzo de la “Odisea”. Lo recuerda la historiadora inglesa Mary Beard en “Mujeres y poder. Un manifiesto” (Crítica, 2018), su libro más reciente. Catedrática de Estudios Clásicos en Cambridge y autora de libros como “El triunfo romano”, “La herencia de los clásicos” y “SPQR. Una historia de la antigua Roma”, Beard dice que dicho episodio es “el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público”.

Dada la discriminación y violencia de género todavía presente, el libro plantea una pregunta simple de hacer, pero difícil de responder: ¿por qué pensamos como pensamos sobre las mujeres, los hombres y el poder?

Beard va a buscar la respuesta a Grecia y Roma. “En algunos sentidos (¡no todos!), en Occidente, hemos heredado culturalmente estas maneras antiguas de tratar y percibir a las mujeres -dice, a través de un correo electrónico-. La ‘Odisea’, en los comienzos de la literatura occidental, nos dio un modelo para silenciar la voz de las mujeres. Por supuesto que hay otras influencias también (gracias al cielo), pero la cultura occidental en parte todavía mira hacia el silencio de las mujeres de la antigüedad”. Como ocurre en ese chiste, recogido en el libro, en el que una mujer hace una propuesta en una reunión de trabajo y el jefe le dice: “Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presente quiera hacerla”. O en algunas reacciones destempladas y perturbadoras, “como las amenazas de violación y decapitación en Twitter”, anota la autora.

Beard cree que desde los arrebatos misóginos contemporáneos hasta las maneras y apariencia que adoptan algunas líderes (impostar un tono de voz grave, vestir trajes oscuros, ojalá chaqueta y pantalón) denotan una relación “culturalmente complicada” entre la voz de las mujeres y la esfera pública, una distancia “real, cultural e imaginaria” entre mujeres y poder. Cuestión que, en parte, respondería en Occidente a patrones culturales, a un concepto de poder aprendido durante milenios. Además del caso de Telémaco y Penélope, Beard cita, por ejemplo, una comedia de Aristófanes, a principios del siglo IV a. C., dedicada entera a la “hilarante” fantasía de que las mujeres pudieran gobernar. Y más adelante, ya en Roma, están las “Metamorfosis” de Ovidio, en la que Júpiter convierte en vaca a Ío para que solo pudiera mugir y no hablar.

Beard identifica solo dos excepciones de este rechazo a que las mujeres hablen en público: pueden hacerlo en calidad de víctimas o de mártires, “normalmente como preámbulo a su muerte”, o para defender su hogar, su familia o en nombre de otras mujeres; en ningún caso “en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto”. “Si buscamos las contribuciones de las mujeres incluidas en esos curiosos compendios llamados «los cien mejores discursos de la historia» o algo parecido, encontraremos que la mayoría de las aportaciones femeninas, desde Emmeline Pankhurst hasta el discurso de Hillary Clinton en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre las mujeres de Pekín, tratan del sino de las mujeres”.

No es solo que en la antigüedad el discurso público y la oratoria fuesen actividades en las que las mujeres no participaban, “sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”. O en otras palabras, una mujer hablando en público era una contradicción en los términos. “Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativa de cobardía femenina”, se lee en el libro. De esa tradición somos herederos, dice Beard. Lo que no significa que seamos “simplemente víctimas o incautos” de esa herencia, pero sí que hemos aprendido a “no oír autoridad” en una voz femenina, que la cultura antigua nos ha dado un patrón para decidir cuándo un discurso es bueno o malo, convincente o no y, dentro de ese patrón, el género ocupa un lugar importante. Es más, agrega Beard, las mujeres que logran hacerse oír adoptan “una versión de la vía «andrógina”, imitando conscientemente aspectos de la retórica masculina”. En Roma está el caso de Mesia, una mujer que se defendió a sí misma en los tribunales, con éxito, y que “dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la ‘andrógina'”, según el relato de un antólogo romano del siglo I. Veinte centurias después, recuerda Beard, Margaret Thatcher reeducó su voz, “demasiado aguda”, para darle el grave tono de la autoridad.

Hay casos de mujeres con poder en la cultura antigua. Por ejemplo, la diosa Atenea, Clitemnestra, reina de Micenas, o las amazonas. Sin embargo, según Beard, una diosa como Atenea -“en absoluto una mujer”- cuyo aspecto y virtudes remiten al sexo masculino, o una reina retratada como usurpadora son menos excepciones que confirmaciones del orden patriarcal.

-¿Por qué?

“Los órdenes patriarcales siempre se justifican a sí mismos con las excepciones. De modo que, de diferentes maneras, estas ‘mujeres poderosas’ justifican el patriarcado… o bien, las mujeres toman el control pareciendo hombres, o (como las amazonas) son destruidas porque intentan usurpar el poder masculino”.

-¿Tal vez Hipatia, la filósofa y matemática griega, sea una excepción?

“Me gustaría pensar que sí. ¡Pero temo que no! ¡Hipatia fue asesinada!”

-¿Cambia la situación de las mujeres entre el mundo greco-romano y la Edad Media?

“Las cosas cambiaron desde la antigüedad pagana al medioevo cristiano. Y las mujeres se reposicionaron en algunos aspectos, pero la supresión fundamental de las mujeres permaneció”.

Medusa decapitada

La mayoría de las representaciones de Atenea, la “divinidad femenina decididamente no femenina”, muestran en el centro de su coraza la cabeza de una mujer que, en vez de cabello, tiene serpientes. Es Medusa, cuya historia tiene muchas versiones. En una de ellas, relata Beard, se la representa como una hermosa mujer violada por Poseidón en el templo de Atenea. Esta, en castigo, la transforma a ella (sí, a ella) “en una criatura monstruosa con la capacidad mortífera de convertir en piedra a todo aquel que la mirase a la cara”. Más tarde, Perseo, el heroico semidios, la decapita y usa su cabeza como escudo, hasta que se la regala a Atenea.

La escena se recrea hasta hoy, con rostros contemporáneos. “¿Souvenirs inquietantes?”, se pregunta Beard en su libro. “En las elecciones presidenciales de 2016 en los Estados Unidos, los partidarios de Donald Trump tenían infinidad de imágenes clásicas para elegir, pero ninguna tan impactante como la de Trump convertido en Perseo decapitando a Hillary Clinton convertida en Medusa”.

No se trata de descartar la “Odisea” y otros textos clásicos por machistas, ni de leerlos solo para investigar las fuentes de la misoginia. Beard cree que eso sería “un crimen cultural”. Se trata, sí, de comprender por qué nos cuesta concebir a las mujeres dentro del poder, por qué “tienen más dificultades para triunfar” e incluso por qué “se las trata con mayor severidad cuando meten la pata”. Es decir: “Hemos de reflexionar acerca de lo que es el poder, para qué sirve y cómo se calibra (…) si no percibimos que las mujeres están totalmente dentro de las estructuras de poder, entonces lo que tenemos que redefinir es el poder, no a las mujeres”. La “Odisea”, agrega Beard en su ensayo, “es un poema que explora, entre otras muchas cosas, la naturaleza de la civilización y la «barbarie», del regreso a casa, de la fidelidad y de la pertenencia. Aun así -como espero que demuestre este libro-, la reprimenda que Telémaco lanza a su madre Penélope cuando esta se atreve a abrir la boca en público es un acto que todavía hoy, en el siglo XXI, se repite con demasiada frecuencia”.

-Le repito una pregunta que usted hace a propósito de Perseo y la decapitación de Medusa: ¿triunfalismo heroico o sadismo misógino?

“Por supuesto que ambas, dependiendo de su punto de vista. Pero pienso que es difícil mirar esas imágenes y no ver la violencia contra las mujeres que es central en el tema”.

-¿Qué hacer para cerrar efectivamente la separación entre mujeres y poder?

“Ojalá lo supiera. Pero necesitamos comprender de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”.

 

21 mayo 2018 at 1:38 pm 2 comentarios

Emilio Lledó: “Sin las humanidades, nada es posible”

Este ilustre profesor que ha enseñado Filosofía durante décadas publica ahora ‘Sobre la educación’, y del libro y de lo que ahora nos acontece (Universidad, posverdad, nacionalismo, Humanidades) habla aquí

El profesor Emilio Lledó / JOSÉ AYMÁ

Fuente: ANTONIO LUCAS > Madrid  |  EL MUNDO
28 de marzo de 2018

Antes de nada, Emilio Lledó (Sevilla, 1925) es el profesor que no ha perdido la vocación de las aulas, que no ha desfibrado su entusiasmo por enseñar. En Valladolid, en Heildelberg (Alemania), en La Laguna, en Barcelona, en Madrid. En institutos y universidades. Lledó es de esos hombres honestos y satisfechos que han desplegado Filosofía en miles de alumnos, generando gratitudes y una irremediable vocación de pensar. El lenguaje es otra de sus jurisdicciones razonadas. Y todo se concreta en un humanismo claro, desenvuelto, provisto de la lucidez de saber mirar al otro.

Lledó no juega a impostar modales de posmodernidad, sabe que la lucidez de su pensamiento tiene mucho de plena vigencia. Como aprende en Platón, Aristóteles, Kant y Nietzsche. La verdad es lo sencillo. Este hombre habla acumulando sentido en lo que dice. El último de sus libros de ensayos y artículos es Sobre la educación (Taurus), donde insiste en algunos de los temas principales de su ideario: la necesidad de la literatura y la vigencia del pensamiento. Por dentro de estos textos asoman igual Juan de Mairena y Clineas, Schiller y Ortega.

P. La cultura, el saber, es una de las últimas coartadas sociales para la multitud. De ahí el desafío de este conjunto de ensayos. De ahí la palabra de Lledó.
R. Pero este libro no nace con afán de desafío. Es sólo el resultado de mi experiencia como profesor, que suma más de 50 años. La escritura de estos textos ha sido una tarea espontánea a lo largo del tiempo. Me alegra dejar testimonio de una vida, aunque parezca un desafío cuando tendría que ser una normalidad.

P. La tecnología va tomando cada vez más espacios de realidad, algo que de algún modo colisiona con los propósitos del Humanismo que usted reivindica, fomenta y defiende. ¿Los pone en peligro?
R. Ya lo están. Y no es fácil especular hasta dónde aguantará la filosofía y la literatura, tan necesarias sin embargo, en los planes de estudio y en la sociedad. Yo no me encuentro muy cómodo en este presente. Es nuestro mundo, lo sé, aunque también sospecho que estamos cometiendo entre todos un grave error.

P. ¿Cuál?
R. Creer que las Humanidades son algo secundario de la vida humana. Es cierto que el aspecto utilitario en las Humanidades no parece inmediato como el de la tecnología, pero sin ellas no es posible nada. Nos aportan conocimiento y capacidad de reflexión crítica. La importancia y necesidad de los grandes conceptos (Justicia, Bien, Verdad) es algo que aprendemos de leer filosofía, de leer literatura.

P. Y en el auge de la confusión irrumpe el concepto de «posverdad».
R. Ese término me inquieta mucho. No sé qué significa exactamente: quizá sea el suplemento de pasión que ponemos en lo que creemos verdad y luego no lo es. La posverdad desfigura aquello que intentamos interpretar. Es un grave error de la política educativa el que se pueda tener en cuenta la posibilidad, aunque sea de un modo solapado, de abandonar lo que se llama Humanidades. En ellas reside la esencia misma de los seres humanos: la literatura, el lenguaje, el sentido exacto de las palabras para poder detectar quién nos manipula y para qué nos manipulan.

P. Y a la vez se estrecha la idea de libertad individual.
R. Naturalmente, la libertad es la libertad de poder cambiar, de poder pensar, de poder mejorar. Y para mejorar hay que ser libre. Si estás atado a unos conceptos que no tienen futuro en tu mente no eres libre, estás esclavizado. La libertad es fluencia y, a la vez, una manera de aprender cómo hay que vivir. Cómo es la vida colectiva, no sólo la individual. Por eso me sorprende tanto el resurgir del nacionalismo.

P. Que va a más.
R. El nacionalismo es un error, más cuando lo que necesitamos urgentemente es globalizar algunos sentimientos humanos.

P. Y razonarlos, ¿no hay un cierto miedo a razonar?
R. Lo hay. Y es muy desalentador. Hemos aceptado el que sean otros los que nos resuelvan el pensamiento, los que razonen por nosotros. En este sentido, la tecnología también tiene una gran responsabilidad.

P. Y la política también, que se ha ido vaciando de referentes vitales.
R. Eso es tremendo. Tiene que ver con la pérdida generalizada de sentido crítico. La cantidad de medios de comunicación que tenemos facilita resbalar si no se tiene una mínima base de comprensión. De ahí que sea tan importante que los chicos y chicas se acostumbren a leer desde temprano, que se familiaricen con la riqueza del lenguaje y con la posibilidad de impregnar de libertad las palabras.

P. Defiende también el lenguaje como uno de los rasgos constitutivos de la identidad de los individuos.
R. Lo creo plenamente. Lo más difícil, ya lo decía la tradición griega, es conocerse a uno mismo. Y a esa posibilidad sólo se accede desde el lenguaje. Con un lenguaje lleno de humanidad, de sentimientos, de ideas. No vale sólo patinar por el lenguaje que se nos entrega, sino que hay que profundizar en él.

P. Las últimas noticias sobre una de las universidades públicas de la Comunidad de Madrid no son muy alentadoras sobre esto que habla, parece que la inmundicia de cierta forma de entender la política se ha instalado en ella.
R. La Universidad es una apertura, nada tiene que ver con esa inmundicia a la que algunos y algunas la someten. La Universidad ha sido mi vida, así que sé bien de lo que hablo. Al releer estos textos veo que reúnen algunas de mis preocupaciones esenciales, que vienen directamente de la experiencia.

P. De ahí esa defensa sin fisuras del educador.
R. Claro. Frente a esos políticos que piden un ordenador por cada alumno, yo reivindico más profesores para más alumnos. Los ordenadores, sin alguien que los llene de sentido, te atropellan.

 

28 marzo 2018 at 4:54 pm Deja un comentario

«Heliogábalo era un Emperador perverso que consideraba el trono imperial como un juguete»

El periodista Javier Ramos publica «Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma», un riguroso libro sobre las peculiaridades de una civilización capaz de lo mejor y de lo peor, entro ello el Emperador más extravagante posible

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
13 de febrero de 2018

«Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma» (Almuzara) centra su atención en los protagonistas, acontecimientos y anécdotas más inverosímiles del mayor imperio que ha conocido la humanidad. Roma en clave de humor a través de un libro que no por divulgativo renuncia al rigor histórico y a mostrar el relato subterráneo que otros libros enciclopédicos obvian por excesivo. ¿Unas ocas salvaron Roma de una invasión franca? ¿Una ciudad hispánica cambió el calendario de todo el imperio? ¿Un caballo fue senador? ¿El primer cómic de la historia fue romano? ¿Hubo un Emperador tan perverso que deja en un hombre bondadoso a Calígula? El periodista Javier Ramos responde a todas estas preguntas, y a muchísimas más, en «Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma», una forma distinta de acercarse a la extravagancias de aquellos hombres que nunca dejaban de asombrar a Obelix y, sin embargo, dan origen a todo lo que somos hoy los europeos del sur. «Somos hijos de aquellos valores, que siguen perdurando dos mil años después en el tiempo», apunta Ramos en una entrevista con ABC Historia.

Fotografía de Javier Ramos

–¿Cuál es la razón principal de la larga longevidad del Imperio romano?
–Explicar este proceso no es tarea sencilla. Una cultura y civilización que perduró más de mil años en el tiempo (sin contar su prolongación en Bizancio, el Imperio romano de Oriente) lo fue por varios motivos a tener en cuenta: una férrea disciplina que le llevaron a conformar la mayor maquinaria bélica de su época; la legión romana, uno de los mejores ejércitos que han existido a lo largo de la historia. Y sobre todo la romanización, es decir, el hecho de intentar que todos los pueblos sometidos imitasen y aceptaran las costumbres y las leyes romanas, sin distinción de razas, credos o religiones. Una frase de Catón sirve a modo de resumen: «Lo que Roma toma por la espada, lo cultiva con el arado, por eso lo que Roma toma, nadie se lo quita».

–El cine y la literatura han abordado reiteradas veces la historia de la Antigua Roma. ¿Cuáles son los errores más habituales en estas aproximaciones?
–El cine de Hollywood ha hecho mucho daño a la verdadera historia solo por buscar el espectáculo y la emoción en el espectador. Por ejemplo, no es cierto que los gladiadores realizasen ningún tipo de saludo especial cuando se mostraban ante el palco del emperador de turno como el archiconocido «¡Ave césar, los que van a morir te saludan!», ni los editores (quienes financiaban los espectáculos) alzaban o entornaban los pulgares para indultar o sacrificar a un gladiador, ni este lanzaba el escudo sobre la arena para pedir clemencia. Las diferencias con la realidad son especialmente notables. Otro caso notable es el de la película Gladiator, en la que su protagonista, Russell Crowe, luce como gladiador una coraza, cuando en realidad los gladiadores no la utilizaban en sus combates.

Las rosas de Heliogábalo, Sir Lawrence Alma-Tadema, 1888

–¿Qué hay de cierto en el mito de las grandes y continuas bacanales romanas, del sexo con un fin religioso?
–El romano, al igual que otros pueblos paganos de la Antigüedad, se entregaba gozosamente al frenesí de vivir y no consideraba pecaminoso el sexo ni advirtió culpa alguna en la complacencia de los sentidos hasta que el cristianismo hizo acto de presencia en el siglo IV. Existía la prostitución y los lupanares como hoy día. Aunque la visión que tenemos viene tergiversada por la existencia de las Lupercalia y los Ludi florales, dos fiestas anuales propicias al desenfreno y bastante equiparables a los modernos carnavales en ciertos lugares. Las grandes y continuas bacanales romanas tienen más de mito que de realidad. Los romanos pensaban que algo natural como el sexo no podía ser indecente.

«En el caso de Calígula, al parecer fue una enfermedad mental la que le llevaba a cometer cierto tipo de actos que a día de hoy nos parecen execrables»

–En Roma la difamación y el traer la vida privada de los Emperadores al debate público parecen una constante en la política. ¿Crees que hay leyenda (o intenciones ocultas) en la visión que ha pervivido hasta hoy de Tiberio y Calígula, sobre todo en la esfera sexual?
–Sí, es posible. La imagen de los excesos cometidos por Tiberio y Calígula, a mi entender, han venido distorsionadas por sus enemigos. Al parecer no fueron tan ‘malos’ como les atribuye la Historia. Las fuentes antiguas se recrean más en las anécdotas que en los logros que se consiguieron bajo su mandato. La biografía de ambos viene determinada por la subjetividad de historiadores como Suetonio o Dión Casio, posteriores a la dinastía julio claudia, que otorgaron mayor grado de benevolencia a la dinastía que le sucedió, los Flavios, época en la que fueron escritas. En el caso de Calígula, al parecer fue una enfermedad mental la que le llevaba a cometer cierto tipo de actos que a día de hoy nos parecen execrables.

–Heliogábalo es el emperador más extravagante y, sin embargo, es un desconocido en comparación con Calígula o Nerón. ¿Es cierto lo que se cuenta de él?
–El hecho de que su figura no haya trascendido tanto como la de otros emperadores quizá se pueda deber a lo exiguo de su mandato (218-222), aunque cuatro años le bastaron para mostrar su lado más perverso y extravagante. Le gustaba sodomizar a los hombres que utilizaba en la cama, se ofrecía en los burdeles, se burlaba en exceso de sus esclavos, era derrochador (viajaba con 500 carros de séquito), sibarita (organizaba pantagruélicos banquetes), o excéntrico (le complacía vestirse de mujer). Consideraba el trono imperial como un juguete y lo empleó como tal. Aunque hay que decir que la Historia Augusta recoge bastantes falsedades sobre su figura.

–Cuál era el papel social de la mujer en la antigua Roma? Eran más “libres” las mujeres que en la Edad Media y periodos posteriores?
–En tiempos de la República la mujer ocupaba un papel secundario en la sociedad. Estaba sometida a la autoridad del padre, primero, y luego, cuando se casaba, a la del marido. No podían divorciarse ni hacer testamento. Incluso el marido el marido tenía la potestad de asesinarla si la descubría cometiendo adulterio. Con el paso del tiempo, ya en época del Imperio, la mujer gozó de mayores derechos. Se vieron liberadas de sus tutelas y pudieron ser dueñas de sus decisiones.

–En la visión que ha llegado hasta hoy de Roma se suele dejar de lado a los esclavos y su forma de vida, que eran la gran masa del Imperio. En tu libro dedicas un capítulo a ellos.
–Uno de cada tres habitantes de la antigua Roma era esclavo. Con esta cifra ya establecemos la importancia que tenían para una civilización como la romana. Resultaban imprescindibles para la sustentación del Imperio, ya que se ocupaban de las tareas domésticas, de la educación de los hijos, llevaban las cuentas del hogar y realizaban muchas otras tareas más, como por ejemplo convertirse en forma de ocio tras ser relegados a la función de gladiadores. Sin embargo, los esclavos en Roma carecían de libertad, no tenían derechos, realizaban los trabajos más pesados e ingratos y su amo o propietario tenía la potestad para acabar con sus vidas si lo estimaba preciso.

–Uno de los capítulos de tu libro se titula “¿Acabó el plomo con el Imperio romano?”. ¿Por qué cayó el Imperio romano?
–Se suele esgrimir que fue una causa más en la amalgama de acontecimientos que acabaron con el Imperio. Los romanos desconocían el efecto tóxico que originaba el plomo, un material que utilizaban tanto en las numerosas infraestructuras de Roma (en las cañerías que abastecían de agua a las ciudades) como para conservar el vino en sus recipientes, la bebida que les chiflaba. El plomo se disolvía lentamente en los caldos que tomaban los romanos en forma de acetato de plomo, lo que originaba unos terribles efectos secundarios para la salud. También el plomo estaba presente en los polvos faciales, ungüentos oculares y colorantes blancos que utilizaban las mujeres. Estaban expuestos demasiado a este noble metal y perecían a edades tempranas.

 

13 febrero 2018 at 8:32 am Deja un comentario

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