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El mito de Caronte, el barquero infernal en el que se inspiró Harry Potter

Casualidad o no, J.K. Rowling pudo beber, sin saberlo, del ambiente que recrea la historia de la manida leyenda

harry-potter

Fuente: LUCÍA M. CABANELAS > Madrid  |  ABC
13 de noviembre de 2016

¿Qué pueden tener en común Harry Potter y la mitología griega? Aparentemente, nada. Las diferencias son más que evidentes. El niño mago, filón inagotable de la literatura contemporánea, difiere, tanto en forma como en contenido, de la tradición inoculada generación tras generación en la cultura helénica.

Sin embargo, puede que inspirada por el misterio que sugiere la mitología griega, la creadora del universo mágico, J.K. Rowling, pudo beber, sin saberlo, del ambiente que recrea la historia del barquero infernal, una de las leyendas más manidas, referenciada hasta la saciedad en películas (incluso animadas, como «Hércules») y protagonista involuntaria de «discusiones» dialécticas entre Virgilio y Dante.

Según el mito, Caronte guiaba a los muertos de un lado a otro del río Aqueronte (o la laguna Estigia tal y como precisaba Virgilio en su «Eneida»).

Si bien es cierto que ninguna de las figuras de la saga mágica replica la figura del barquero de Hades, una escena de la película «Harry Potter y el misterio del príncipe» (y también del libro) recuerda sustancialmente a ese inframundo por el que Caronte navegaba, guardián tacaño del Dios de los infiernos.

Un lago oscuro, tétrico, una barca hundida, y muertos.

«Ante ellos surgió un panorama sobrecogedor: se hallaban al borde de un gran lago negro, tan vasto que Harry no alcanzó a divisar las orillas opuestas, y situado dentro de una cueva tan alta que el techo tampoco llegaba a verse. Una luz verdosa y difusa brillaba a lo lejos, en lo que debía ser el centro del lago, y se reflejaba en sus aguas, completamente quietas. Aquel resplandor verdoso y la luz de las dos varitas eran lo único que rompía la aterciopelada negrura, aunque no iluminaban como Harry habría deseado. Por decirlo de alguna forma, se trataba de una oscuridad más densa de lo habitual».

Así recrea Rowling la visita de los dos magos a la Cueva del Horrocrux, donde Voldemort había escondido una parte de su alma en el guardapelo de Salazar Slytherin. No tenían que pagarle al barquero de Hades un óbolo por el viaje, la ida en esta ocasión era gratis. Sin embargo, una vez obtienen el objeto que andaban buscando, el mal se cobra su precio. La muerte acecha y a punto está de acabar con la vida del director más mítico de Hogwarts, y de repente los problemas se multiplican. Multitud de cadáveres emergen del agua. Los inferi, criaturas revividas a través de la magia oscura, atacan a Harry Potter y ni su bullir de hechizos primerizos, «Petrificus totalus, sectumsempra… —tantas aventuras para acabar empleando siempre los mismos sortilegios— logran neutralizarlos.

Y, como en todo inframundo, el simbólico fuego.

Entonces, cuando la esperanza se escurre como la luz en la sombría cueva, «el fuego surgió en la oscuridad, un anillo de llamas rojas y doradas rodeó la isla y provocó que los inferi que sujetaban a Harry oscilaran y perdieran el equilibrio, sin atreverse a cruzar las llamas para llegar al agua». Un moribundo Albus Dumbledore susurra un hechizo que salva, cómo no, la vida del niño que sobrevivió, y sigue haciéndolo. A los superhéroes de moda, al realismo, a la literatura… y a su propia saga, ahora con «Animales fantásticos y dónde encontrarlos», un spin-off que se estrena el próximo 18 de noviembre.

 

13 noviembre 2016 at 6:55 pm Deja un comentario

El óbolo no era para Caronte

Otro mito que se nos desmonta. Según la arqueóloga y profesora de la Universidad de Cádiz Alicia Arévalo, las monedas que los antiguos se llevaban a la tumba no eran para pagar a Caronte, el barquero de la mitología griega, sino que se trataría en realidad de un talismán, un amuleto en el mundo funerario.

Marta Torres | Ibiza

Alicia Arévalo González, de 51 años, compagina las clases de Arqueología que imparte en la Universidad de Cádiz con las excavaciones y la investigación. En estos momentos, y hasta 2013, está dedicada de lleno a “Monedas para el más allá”, un proyecto que parte de la premisa de que las monedas encontradas en las tumbas de tres necrópolis (Ebusus, Gadir y Malaca) son talismanes.

Alicia Arévalo lleva dos años dedicada a desmontar un mito: no todas las monedas que los antiguos habitantes de Ebusus (Ibiza), Gadir (Cádiz) y Malaca (Málaga) se llevaban a la tumba eran para pagar a Caronte, el barquero que, según la mitología griega, guiaba las almas de los difuntos de una orilla a otra del río Aqueronte. En “Monedas para el más allá”, proyecto financiado por el extinto Ministerio de Ciencia y Tecnología, el equipo dirigido por esta arqueóloga (que en Ibiza lo forman el director del Museo Arqueológico, Jordi Fernández, y la directora del Gabinete Numismático de Cataluña, Marta Campo, que hizo su tesis sobre las monedas de Ibiza) afirma que eran un talismán.

Toda la vida pensando que las monedas eran para Caronte y resulta que no.
Según nos cuenta Aristófanes, el óbolo de Caronte consistía en colocar un moneda en la boca del difunto. Eso se puede constatar. Si, excavando una tumba, la moneda no aparece en la boca y sí en otras partes del cuerpo el significado de esa moneda es distinto a la del óbolo de Caronte. Unas veces las encontramos sobre la pelvis, la caja torácida, los pies, la mano… En Grecia, la Península Itálica y la Ibérica se han encontrado monedas en la boca del difunto, pero es algo puntual. No es un rito generalizado.

¿Y por qué lo creemos así?
Lo que ha pasado es que desde el mundo antiguo este rito era muy conocido. Era así porque las lecitos de fondo blanco, unos recipientes que se usaban en Grecia para los bálsamos y aceites de los ritos funerarios y que luego guardan las cenizas del difunto, representan a Caronte. Eso hace que hayamos repetido constantemente el mito, pero la constatación arqueológica nos dice que eso no fue aceptado de forma generalizada. El hecho de que, de momento, no encontremos monedas en la boca de los difuntos en Ebusus, Gadir o Malaca, pero sí en otras posiciones quiere decir que no era un rito generalizado.

Está desmontando un mito.
Exactamente. Los casos que analizamos son necrópolis púnicas. Es posible que un rito que tiene su origen en Grecia, que pasa a Roma y se extiende después por todo el Mediterráneo no tuviera aceptación en poblaciones de origen semita, púnicas. Para saber si fue así necesitábamos conocer qué sucede en Cartago, en Túnez, el gran espejo en el que se miran estas ciudades. Y en Cartago tampoco hay óbolos de Caronte. Sí usan, en cambio, amuletos de piedras preciosas y semipreciosas. Esto pasa en los siglos IV y V, luego empiezan a desaparecer de las tumbas y se sustituyen por monedas que aparecen en las partes del cuerpo en las que hasta entonces se encontraban los amuletos. Eso también pasa en Cádiz, Málaga y Ibiza. Antes de las monedas se usaron los amuletos, luego empiezan a rarificarse porque los ajuares funerarios se empobrecen y la moneda los sustituye. Es más habitual usar la moneda en el papel que antes jugaba el amuleto en el mundo funerario, como un talismán, un protector.

¿Por qué se cambian los amuletos por monedas?
La moneda actual tiene la representación del poder emisor, pero en la antigüedad aparecían las divinidades. En el caso de Ibiza aparece Bes, en Cádiz, Melcart. Probablemente por esto, las monedas, además de dinero, eran objetos sagrados. Llevárselas a la tumba era ponerse bajo la protección del dios de la ciudad. ¿Qué protegerá mejor al difunto que su propio dios? Además, el amuleto hay que fabricarlo y la moneda ya está hecha. Lo que hacen es algo muy práctico.

Leer el artículo completo en Diario de Ibiza

10 febrero 2012 at 7:16 pm 4 comentarios

De niños y tumbas

Es sabido que los yacimientos funerarios son para arqueólogos e historiadores una fuente inestimable de información para el conocimiento de las culturas antiguas. Los objetos en ellos encontrados nos aportan conocimientos relativos a su forma de vida, sus costumbres, sus manifestaciones artísticas… Pero en ocasiones lo llamativo de un hallazgo no es el botín arqueológico encontrado sino la historia que se nos descubre detrás.

Si hace poco llamaba la atención de los arqueólogos el hallazgo en Santa Lucía di Piave de una tumba con un bebé enterrado con una oveja que se supondría su mascota, un nuevo descubrimiento sirve para ilustrar el conocimiento de los rituales de enterramiento de época romana, y de paso ofrecernos una historia cargada de ternura.

Según apunta Il Centro, en una necrópolis descubierta en Il Fucino, en la región de Abruzzo, entre la quincena de tumbas encontradas se ha hallado una con los restos de un niño y una niña, posiblemente hermanos. Están uno junto al otro, con las cabezas apoyadas y ligeramente elevadas, cuidadosamente depositados en la parte inferior del enterramiento. La necrópolis es de época imperial, remontándose a los siglos II ó III d.C. Si bien coexistieron en esta época la inhumación y la incineración como prácticas de enterramiento, la primera fue ganando terreno a la segunda como técnica funeraria preferida. Pero estos enterramientos dobles, aunque no son novedosos, no eran habituales y, por lo demás, la carga emotiva que conllevan traslucen una idea de la muerte y del más allá alejada del fatalismo de épocas anteriores.

Por cierto,como curiosidad, las tumbas han podido datarse gracias al descubrimiennto en ellas de algunas monedas. Todo apunta a que sería el peaje de Caronte, el óbolo colocado en la boca del fallecido para pagar al barquero Caronte el paso del río Aqueronte. De ser esto cierto demostraría que este rito pagano habría perdurado en época cristiana.

26 junio 2008 at 7:32 pm Deja un comentario

Caronte en la literatura clásica

 Caronte (Χάρων, Khárôn) era en la mitología griega el barquero encargado en el Hades de conducir las almas al otro lado del río Aqueronte. Si en otro momento hicimos referencia a su aparición en las distintas manifestaciones artísticas, en esta ocasión mencionaremos las referencias que de este personaje podemos encontar en la literatura clásica. Para empezar no hay rastro de Caronte ni en Homero ni en Hesíodo. caronte4.jpgHace su aparición, aun de forma confusa, en Atenas en torno al 500 a.C.  Curiosamente, la primera referencia al barquero infernal nos llega indirectamente a través de Pausanias, autor que vivió en el siglo II quien en La Descripción de Grecia X, 28, 2, al describir  la Nekyia que pintó Polignoto de Tasos (hacia 470-465 a.C.) en el pórtico de los cnidios en Delfos, hace referencia a Caronte en lo que han supuesto los dos únicos versos originales conservados de la Miníada, poema épico compuesto supuestamente en torno al año 470 a.C y atribuído a Pródico de Focea. La escena no deja de tener tintes cómicos al darse a entender que Teseo y Piritoo no encuentran a Caronte en el embarcadero y tienen que hacer por tanto solos el trayecto. Una situación parecida es la que aparecerá después en Las Ranas de Aristófanes. El único dato físico aquí de Caronte hace referencia a su vejez, rasgo que será el que dominará en futuras descripciones suyas. Dice Pausanias: 

La otra parte de la pintura, la que está a mano izquierda, es el descenso de Odiseo al llamado Hades, para preguntarle al alma de Tiresias acerca de la vuelta feliz a su patria. Lo que hay en la pintura es así: hay agua que parece representar un río, evidentemente el Aqueronte, y en él crecen cañas. Las figuras de los peces están tan borrosas que las tomarías por sombras más que por peces. Hay una barca en el río y el barquero con los remos.
Polignoto, en mi opinión, siguió el poema de la Miníada, pues en esta hay respecto a Teseo y Piritoo lo siguiente:
Allí la barca, en la que montan los muertos, que el viejo barquero Caronte acostumbraba a conducir, no la encontraron dentro del embarcadero.
Por eso también Polignoto pintó a Caronte ya viejo.
Traducción de María Cruz Herrero Ingelmo. Editorial Planeta DeAgostini

En el Heracles de Eurípides encontramos una nueva referencia a Caronte. El Heracles se representó por primera vez en Atenas entre los años 423-420 a.C. Si bien los críticos no la consideran del mismo nivel literario que otras de sus tragedias, caronte2.jpgsí tiene a nivel temático el interés de presentar una visión mítica de la figura de Heracles muy diferente de la tradicional. Es llamativo en este sentido el cambio que Eurípides hace en el orden de los acontecimientos en la secuencia muerte-trabajos, ya que mientras la tradición mostraba los trabajos como una expiación que el oráculo de Delfos le había impuesto por haber dado muerte a su esposa Megara y a sus hijos, en el Heracles Eurípides muestra estas crueles muertes como la culminación trágica del periplo del héroe.

  El texto pertenece al primer estásimo (348-450) en lo que constituye un canto funerario en el que el Coro canta los trabajos de Heracles. Megara y tres de sus hijos se han acogido al asilo de los altares ante la pretensión de Lico, que se ha apoderado del trono de Tebas, de darles muerte y esperan el regreso de Heracles. Aquí, Caronte aguarda el viaje de regreso del héroe. 

 Antístrofa 3ª 
Otra expediciones ha terminado con éxito y traído los trofeos. Y ahora -último de sus trabajos- ha navegado hasta el Hades de mil lágrimas donde está llegando desdichado al término de su vida. Y no ha vuelto.
Esta su mansión está huera de amigos y la barca de Caronte aguarda el camino sin retorno de sus hijos -camino sin dioses ni justicia-.
Tu casa pone los ojos en tus manos aunque no estés presente.
Si yo tuviera el vigor de un mozo y blandiera mi lanza en la batalla -y lo mismo los tebanos de mi edad-, me pondría delante de los niños para defenderlos. Mas ahora estoy lejos de mi feliz juventud.
(Sale del palacio Megara con los niños amortajados)
Traducción de José Luis Calvo Martínez. Editorial Gredos

Mayor protagonismo tiene Caronte en Las Ranas de Aristófanes. Esta comedia fue representada por primera vez en las fiestas de las Leneas del año 405 a.C. donde logró el primer premio del certamen, obteniendo además el honor de ser representada una segunda vez, seguramente en las mismas fechas el mismo año. En esta comedia Dioniso desciende al caronte3.gifHades en compañía de un esclavo llamado Jantias a fin de traer de vuelta al mundo de los vivos a Eurípides, dada la mala situación en ese momento de la tragedia en Grecia. En esta escena Caronte conduce a Dioniso al otro lado del Aqueronte mientras que a Jantias, por ser esclavo, no le permite subir a la barca y debe conducirse a pie. Aunque no se dan datos físicos queda sugerida su vejez cuando Dioniso le saluda por tres veces, efecto paródico que tal vez aluda a su sordera. Se sugiere también que Caronte conduce la barca pero no rema, acto que deben realizar las almas de los muertos; aquí lo hace Dioniso con el ritmo que le marca Caronte.

Episodio de Caronte (v. 80-208)

CARONTE.- Oop, atraca.

JANTIAS.- ¿Qué es eso?

DIONISO.- ¿Eso? Esta es, por Zeus, la laguna de la que él nos hablaba, y yo estoy viendo, por cierto, una barca.

JANTIAS.- Sí, por Posidón y ése de ahí es Caronte.

DIONISO.- ¡Salud!,oh Caronte, ¡salud!, oh Caronte, ¡salud!, oh Caronte.¹

CARONTE.- ¿Quién viene al país del descanso, lejos de males y cuidados? ¿Quién a la llanura del Olvido o al Toisón

del Asno o al país de los Cerberios o a los Cuervos o al Ténaro?²

DIONISO.- Yo.

CARONTE.- Rápido, embarca en alguna parte.

DIONISO.- ¿Piensas detenerte realmente en los Cuervos?

CARONTE.- Sí, por Zeus. Al menos por ti. Embarca ya.

DIONISO.- Esclavo, aquí.

CARONTE.- Yo no llevo a un esclavo, si no ha luchado en el mar por sus carnes.³

JANTIAS.- No, por Zeus, no participé porque tenía, casualmente, los ojos malos.

CARONTE.- ¿Darás, entonces, la vuelta a la laguna corriendo?

JANTIAS.- ¿Y dónde me detendré?

CARONTE.- Junto a la piedra de Aveno, en la parada.

DIONISO.- ¿Comprendes?

JANTIAS.- Comprendo perfectamente. ¡Ay, desgraciado de mi!, ¿a quién me encontré yo al salir de casa? (Se va).

CARONTE.- (A Dioniso) Siéntate al remo. Si hay alguien todavía que quiera viajar, que se apresure. ¡Eh, tú! ¿qué

haces?

DIONISO.- ¿Que qué hago? ¿Qué otra cosa que sentarme al remo, donde tú me has ordenado?

CARONTE.- ¿No te sentarás ya ahí, panzudo?

DIONISO.- Ya estoy.

CARONTE.- ¿No vas a adelantar y extender los brazos?

DIONISO.- Ya están.

CARONTE.- No digas tonterías, y, colocando los pies con fuerza contra el suelo, rema con ganas.

DIONISO.- Pero, ¿cómo podré remar, si soy inexperto, no soy marinero, ni de Salamina?

CARONTE.- Muy fácilmente, pues escucharás unas bellísimas canciones,en el momento en que cojas el remo.

DIONISO.- ¿De quiénes?

CARONTE.- De ranas-cisnes. Canciones admirables.

DIONISO.- Entonces, marca ya el ritmo para remar.

CARONTE.- Oopop, oopop. (Mientras la barca avanza se oye a las ranas invisibles).

Traducción de José García López 

Notas: 1. Es una forma de saludo, aunque es dudoso por qué se repite tres veces; pudiera ser un efecto paródico y sugerir que Caronte, por ser ya anciano, estuviera algo sordo. 2.-Parodia del conductor de barco que anuncia las paradas.3.-Al ser Jantias un esclavo no le permite subir a la barca, por lo que tendrá que rodear a pie la laguna.

Pero es sin duda en el canto VI de la Eneida de Virgilio donde encontramos el retrato más pormenorizado de Caronte en la caronte1.jpgliteratura clásica. En un relato de enorme dramatismo, Virgilio nos presenta un personaje que hace juego a todas luces con la sordidez del espacio en que se mueve, con almas que esperan su tránsito y que porfían por ser los primeros en subir a la barca. Aparece aquí Caronte  como un anciano de aspecto horrible mas con el porte fuerte y vigoroso de un dios, con una larga barba blanca, sucio y harapiento. Y leyendo este famoso pasaje no extraña que en la Divina Comedia, Dante se haga acompañar de Virgilio en su descenso al Infierno por el conocimiento que éste demuestra tener del tenebroso lugar. He aquí el texto de la Eneida: 

A partir de aquí comienza el camino que lleva las olas del tartáreo Aqueronte: Aquí hierve un turbio remolino de cieno y de impetuosa corriente y vomita toda su arena en el Cocito. Guarda estas aguas y este río un horrible barquero, Caronte, de terrible suciedad, cuyo mentón está cubierto por una larga barba cana y descuidada, sus ojos de llama se mantienen fijos y una sucia capa pende de sus hombros atada con un nudo. El mismo, con una pértiga, gobierna su nave y la conduce con las velas y transporta los cuerpos en su barca de color de hierro; es ya anciano, pero posee la vejez fuerte y vigorosa de un dios. Aquí toda la multitud corría desparramada en dirección a la orilla, madres y esposos, cuerpos de esforzados héroes que ya habían terminado su vida, muchachos y muchachas solteras, jóvenes colocados en las piras ante los ojos de sus padres.[…] Estaban de pie suplicando pasar los primeros y tendían sus manos con deseo de la otra orilla. Pero el triste navegante ora recoge a éstos, ora a aquéllos, mientras rechaza a otros alejándolos de la arena. Virgilio Eneida VI, 296

Traducción: Dulce Estefanía Álvarez. Editorial PPU

La imagen que aquí presenta Virgilio de Caronte será la que finalmente termine prevaleciendo en la iconografía pictórica a partir del Renacimiento.

la-barca-de-caronte-luca-giordano.jpg

Luca Giordano La barca de Caronte, Sueño, Noche y Morfeo  1684-86 (Palazzo Medici-Riccardi)

19 diciembre 2007 at 8:27 pm 5 comentarios

De Charun a Caronte. De viaje por el Hades

En octubre de 2003, a la luz de la campaña anual de excavaciones de la necrópolis de Pianacce, fueron descubiertos cerca de Sarteano, en la Toscana italiana, uno de los grupos de frescos etruscos más bellos nunca vistos. El sepulcro en el que fueron hallados los frescos es conocido como la Tumba de la cuadriga infernal por el grupo pictórico allí representado. A la belleza de las pinturas del sepulcro se une la excepcionalidad de los temas tratados, de todo punto originales.

La tumba está excavada en el suelo siguiendo la norma habitual de las construcciones funerarias etruscas, en este caso a una profundidad de 5 metros. Consta de una cámara y un corredor de acceso (dromos) de 20 metros de largo.

En el lado derecho del corredor de acceso está representada una cuadriga, arrastrada por dos leones y dos grifos, que conduce un daimon de aspecto inquietante en una representación totalmente novedosa. Probablemente es el daimon Charun, homólogo del Caronte griego, el psicopompo o acompañante de las almas al Hades, y aquí representado como auriga. La cuadriga está vuelta hacia la salida de la tumba después de haber dejado al difunto en el límite del Hades. El límite del Hades está simbolizado por una puerta dórica. 

tumba-de-la-cuadriga-infernal1.jpg

Sarteano, Fresco de la Tumba de la cuadriga infernal     

charun.jpg

Sarteano, Fresco de la Tumba de la cuadriga infernal. Detalle

 Sobre un nicho puede contemplarse una segunda  escena también ésta de gran novedad: dos figuras masculinas, con un raro gesto de aflicción, se disponen en posición tumbada a dar comienzo a un banquete. Son los dos difuntos (posiblemente padre e hijo, por la marcada caracterización de la edad de cada uno de ellos) que ya en el Hades se disponen a iniciar un banquete. Cerca de ellos un sirviente tiene un colador para filtrar el vino. Debajo, un grupo de delfines se lanza entre las olas marinas; esta zambullida simbolizaría el paso al mundo de ultratumba.

                 tumba-de-la-cuadriga-infernal2.jpg

   Sarteano, Tumba de la cuadriga infernal. Fresco de los dos difuntos

En el interior de la cámara vemos pintada una extraordinaria serpiente de tres cabezas, que representa uno de tantos monstruos que poblaban el mundo de ultratumba en la mitología etrusca.  

tumba-de-la-cuadriga-infernal3.jpg 

Sarteano. Fresco

 Al fondo de la cámara se encuentra un colosal sarcófago de alabastro, hallado fragmentado en su momento y ahora restaurado, en el que aparece representado el difunto apoyado en dos cojines. Por desgracia la tumba habría sido violentada por ladrones de tumbas que habrían destruido también una parte de los frescos. Finalmente, después de una difícil tarea de reconstrucción, ha podido recuperarse  importante material cerámico (copas, ánforas…)

La representación de Charun aquí hallada es del todo punto original respecto a la iconografía conservada de este daimon. En la mitología etrusca Charun era un psicopompo del mundo subterráneo, el equivalente del Caronte de la mitología griega; aunque de las ilustraciones conservadas se deduce que, mientras en la tradición griega Caronte no es un personaje perverso ni maligno, los etruscos daban el mismo nombre (bajo la forma de Charun) a un dios sanguinario y cruel que en los campos de batalla aparecía destrozando a los combatientes armado con una enorme maza y en los infiernos maltrataba a los muertos. La representación más habitual de Charun es la de un un hombre de aspecto tenebroso, con una enorme nariz afilada, orejas puntiagudas, serpientes alrededor de los brazos y con enormes alas. Lleva una enorme maza en la mano, su símbolo religioso, y a menudo aparece acompañado de la diosa alada Vanth asociada a su vez al mundo subterráneo. Esta caracterización de Charun era reconocida sin duda en Roma; basta recordar que en los espectáculos de gladiadores era designado con el término caronte al esclavo enmascarado que saltaba a la arena para rematar con un mazo a los combatientes heridos en el espectáculo. 

 carun-ceramica-etrusca.jpg                       charun-cratera-etrusca-de-figuras-rojas.jpg    

Ayax y Charun dando muerte                                  Charun. Crátera etrusca de
a un prisionero troyano. Cerámica                         figuras rojas. Finales siglo IV,
etrusca, finales siglo IV, principios                         principios siglo III aC
siglo III aC
00pl22l.jpg     00081074_000.png
Tarquinia. Tumba de las Ánimas                         Charun. Fresco etrusco
240 aC. Charun y Vanth

No obstante, la tendencia fue a ir mostrando una imagen más amable de este personaje, más próxima a la de su equivalente griego, donde predomina desde un principio su faceta de barquero, como puede verse en una cantidad importante de lécitos, vasos que después de ser utilizados en vida para diversos usos eran utilizados como ajuar funerario representándose en ellos escenas e imágenes de carácter funerario. He aquí alguno de estos lécitos:

caronteoxfordg258.jpg                  caronte-lecito.jpg

              Oxford G258                                                          Atenas, MN 1759

La iconografía pictórica a partir del Renacimiento nos presenta por lo general a Caronte como un anciano de poblada barba blanca, de estrema delgadez y vestido con harapos, que transporta en una frágil barca las almas de los muertos al otro lado del Aqueronte. Así aparece representado en la célebre tabla de Patinir El paso de la laguna Estigia o en el simbolista cuadro de José Benlliure La Barca de Caronte.

patinir31.jpg

Patinir. El paso de la laguna Estigia  (1520-24).  Madrid, Museo del Prado

caronte.jpg

José Benlliure. La barca de Caronte (1919). Valencia, Museo de Bellas Artes

Sorprendente es la representación de Caronte que hace Miguel Ángel en el grupo del Juicio Final de la Capilla Sixtina. Llama la atención, por una parte, que introduzca un personaje de tema pagano en un asunto religioso; eso sí, lo hace recogiendo la identificación entre el reino de Hades y el infierno cristiano que se había hecho ya mucho antes. Sorprende, por otra parte, la caracterización hecha por Miguel Ángel de Caronte, representándole con orejas puntiagudas, el cuerpo envuelto por los anillos de una serpiente  y una expresión en su semblante que recuerda más al Charun etrusco que al Caronte griego y que no tiene reparo, como el primero, en golpear con el remo, a modo de maza, las temerosas almas de los condenados de su barca para conducirlos ante el juez infernal Minos.

miguelangel.jpg

 Miguel Ángel. Capilla Sixtina. Detalle del Juicio Final (1536-41) 

Señalar por último que en la pintura, como ocurría en las primeras representaciones de este conductor de almas, también hay lugar para otras representaciones más amables y menos tenebrosas de su figura, como es el caso de esta pintura de finales del s. XIX, en la que un Caronte, harapiento pero más rejuvenecido del canon habitual, se dispone a cobrarse el óbolo de la boca de Psique.

sstanhope.jpg
Spencer Stanhope. Caronte y Psique (1890)

20 noviembre 2007 at 10:51 pm Deja un comentario


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