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Dioses y héroes en las montañas sagradas de Grecia

Google ha homenajeado con su Doodle a los primeros alpinistas que subieron el monte Olimpo pero, ¿qué significaba este lugar en la Antigua Grecia?

El monte Olimpo se encuentra a 263 kilómetros de Atenas y a 78 kilómetros de Tesalónica
Foto: AGEfotostock

Fuente: Javier Flores  |  National Geographic
2 de agosto de 2018

Hace justo 105 años, tres intrépidos montañeros alcanzaron el pico más alto del monte Olimpo, el hogar de los los principales dioses del panteón de la Antigua Grecia, presidido por Zeus, padre de los dioses y los hombres. Frédéric Boissonnas y Daniel Baud-Bovy junto al guía griego Christos Kakkalos llegaron los 2.919 metros de su cima, el pico Mitikas, marcando un hito en la historia del alpinismo griego. Y ahora, para rememorar su gesta, Google ha decidido homenajearles con su Doodle del 2 de agosto de 2018.

Para los antiguos griegos, los montes eran la morada de las divinidades. El más importante era el Olimpo: en sus estribaciones, en Pieria, tenía su residencia el coro de nueve Musas de Apolo, aunque otros las localizan en el monte Helicón (1.748 metros), en Beocia. Otro ejemplo indiscutible de la importancia para los griegos de las montañas era el monte Parnaso (2.457 metros) donde estaba la sede de Apolo y donde, en sus faldas, estaba el oráculo de Delfos y las fuentes Castalia e Hipocrene, inspiración de profetas y poetas.

Otro ejemplo de la importancia de las cumbres en la Grecia antigua es el monte Citerón (1.049 metros), no muy lejos de Tebas, relacionado con mitos del ciclo tebano como los de Edipo y Acteón, y consagrado a Dionisio (como el monte Pangeo, en Tracia).

Por otro lado, el monte sacro para los espartanos era el Taigeto (2.410 metros), donde se dice que eran arrojados los bebés demasiado débiles para ser instruidos como ciudadanos de la recia Esparta.

Y en Creta era famoso el monte Ida (2.456 metros) donde Zeus se refugió de niño huyendo de su padre Cronos; y en Tesalia el Pelión, morada de centauros, o el Eta, donde murió Heracles. Al norte de Grecia, el Atos sigue siendo el monte sagrado -esto es lo que aúno hoy significa su denominación, Hagion Oros-, que acoge numerosos monasterios bizantinos.

Este halo divino de los montes adorados por los griegos se ha diluido con el paso de los años, sin embargo, por suerte, hemos sido capaces de observar en ellos otros atributos dignos de conservar. Por ejemplo, en el caso de la cadena montañosa del monte Olimpo, fue nombrada reserva natural griega en 1938 por su su singular ecosistema. Además, desde 1981 es patrimonio natural de la Unión Europea en la categoría de Reservas de la Biosfera y está incluido en el listado de lugares ornitológicos más importantes de la Unión.

 

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2 agosto 2018 at 7:38 pm Deja un comentario

La luna roja emerge tras el Coliseo: el espectáculo del eclipse en el cielo de Roma

Un cielo despejado ha regalado a los romanos el espectáculo de la luna roja enmarcada por los monumentos más famosos de la ciudad, empezando por el Anfiteatro Flavio. Miles de ciudadanos y turistas con la nariz hacia arriba, armados con smartphones y cámaras fotográficas, han disfrutado del espectáculo de los Foros Imperiales y de los puntos panorámicos más famosos de la capital.

Fuente: AGF | Repubblica
28 de julio de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28 julio 2018 at 11:06 am Deja un comentario

El eclipse de “luna de sangre”

La Tierra se situó entre el sol y la luna la noche del 27 de julio dando lugar al eclipse lunar más largo del siglo XXI. La fase total del fenómeno empezó a las 21:30, hora peninsular española, y tuvo una duración de 102 minutos, ya que la luna pasó cerca del centro de la sombra terrestre. Durante esta fase el satélite reflejó un tono rojizo que le confiere popularmente el nombre de luna de sangre.

 

Luna de sangre sobre el templo de Apolo en Corinto. VALERIE GACHE (AFP)

 

 

Una luna llena se levanta detrás del Templo de Poseidón antes del eclipse lunar en el Cabo Sounion, cerca de Atenas, Grecia, el 27 de julio de 2018. ALKIS KONSTANTINIDIS (REUTERS)

Fuente: EL PAÍS

 

28 julio 2018 at 10:15 am Deja un comentario

Primer capítulo de “Mujeres y poder”, un manifiesto de Mary Beard

Este año la editorial Planeta publicó el libro que recopila algunas de las conferencias de Mary Beard. La inglesa es una académica especializada en estudios clásicos. Es catedrática en la Universidad de Cambridge y, además, una de las voces más importantes del feminismo contemporáneo.

Mary Beard recibió considerables ciberacosos después de que apareciese en enero de 2013 en el programa de la BBC Question Time desde Lincolnshire, y se expresase positivamente sobre los trabajadores inmigrantes que vivían en el condado. / AFP

Fuente: Mary Beard  |  El Espectador
12 de julio de 2018

Quiero empezar por el principio mismo de la tradición literaria occidental, con el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público. Me refiero a un momento inmortalizado al comienzo de la Odisea de Homero, hace casi tres mil años, una historia que tendemos a considerar como el relato épico de Ulises y las aventuras y peripecias a las que tuvo que enfrentarse para regresar a casa tras finalizar la guerra de Troya, mientras su leal esposa Penélope le aguardaba y trataba de ahuyentar a sus pretendientes que la apremiaban para casarse con ella. No obstante, la Odisea es asimismo la historia de Telémaco, hijo de Ulises y de Penélope, la historia de su desarrollo personal, de cómo va madurando a lo largo del poema hasta convertirse en un hombre.

Este proceso empieza en el primer canto del poema, cuando Penélope desciende de sus aposentos privados a la gran sala del palacio y se encuentra con un aedo que canta, para la multitud de pretendientes, las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso al hogar. Como este tema no le agrada, le pide ante todos los presentes que elija otro más alegre, pero en ese mismo instante interviene el joven Telémaco: «Madre mía —replica—, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Y ella se retira a sus habitaciones del piso superior. Hay algo vagamente ridículo en este muchacho recién salido del cascarón que hace callar a una Penélope sagaz y madura, sin embargo, es una prueba palpable de que ya en las primeras evidencias escritas de la cultura occidental las voces de las mujeres son acalladas en la esfera pública.

Es más, tal y como lo plantea Homero, una parte integrante del desarrollo de un hombre hasta su plenitud consiste en aprender a controlar el discurso público y a silenciar a las hembras de su especie. Las palabras literales pronunciadas por Telémaco son harto significativas, porque cuando dice que el «relato» está «al cuidado de los hombres», el término que utiliza es mythos, aunque no en el sentido de «mito», que es como ha llegado hasta nosotros, sino con el significado que tenía en el griego homérico, que aludía al discurso público acreditado, no a la clase de charla ociosa, parloteo o chismorreo de cualquier persona, incluidas las mujeres, o especialmente las mujeres. Lo que me interesa es la relación entre este momento homérico clásico en el que se silencia a una mujer y algunas de las formas en que no se escuchan públicamente las voces de las mujeres en nuestra cultura contemporánea y en nuestra política, desde los escaños del Parlamento hasta las fábricas y talleres. Es una acostumbrada sordera bien parodiada en la viñeta de un viejo ejemplar de Punch: «Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presentes quiera hacerla».

Examinemos ahora cómo podría relacionarse esta situación con el abuso al que, incluso hoy en día, están sometidas muchas mujeres que sí hablan, y una de las cuestiones que me ronda por la cabeza es la conexión entre pronunciarse públicamente a favor de un logo femenino en un billete bancario, las amenazas de violación y decapitación en Twitter, y el menosprecio de Telémaco hacia Penélope.

Mi objetivo aquí es adoptar un punto de vista amplio y distante, muy distante, sobre la relación culturalmente complicada entre la voz de las mujeres y la esfera pública de los discursos, debates y comentarios: la política en su sentido más amplio, desde los comités de empresa hasta el Parlamento. Espero que este enfoque desde la lejanía nos ayude a superar el simple diagnóstico de «misoginia» al que recurrimos con cierta indolencia, pese a ser, sin duda alguna, una forma de describir lo que ocurre. (Si uno acude a un programa de debate en televisión y después recibe una avalancha de tuits en lo que se comparan tus genitales con una variedad de vegetales podridos, es difícil encontrar una palabra más adecuada para definir la situación.) No obstante, si lo que queremos es comprender —y hacer algo al respecto— por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír, hemos de reconocer que el tema es un poco más complicado y que hay un trasfondo al que hay que remitirse.

“Por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír”.

El arrebato de Telémaco no fue más que el primer caso de una larga lista, que se extiende a lo largo de toda la Antigüedad griega y romana, de fructuosos intentos no solo por excluir a las mujeres del discurso público sino también por hacer ostentación esta exclusión. A principios del siglo iv a. C., por ejemplo, Aristófanes dedicó una comedia entera a la «hilarante» fantasía de que las mujeres pudieran hacerse cargo del gobierno del Estado. Parte de la broma consistía en que las mujeres no podían hablar en público con propiedad, o más bien que no podían adaptar su charla privada (que en este caso estaba centrada básicamente en el sexo) al elevado lenguaje de la política masculina. En el mundo romano, las Metamorfosis de Ovidio —esa extraordinaria épica mitológica sobre los cambios físicos de los personajes (y probablemente la obra más influyente de la literatura occidental después de la Biblia)— vuelve reiteradamente a la idea de silenciar a las mujeres en su proceso de transformación. Júpiter convirtió en vaca a la pobre Ío para que tan solo pudiera mugir, no hablar; mientras que la parlanchina Eco es castigada a que su voz no sea nunca la suya, a ser un simple un instrumento que repita las palabras de los demás.

En el famoso cuadro de Waterhouse, Eco contempla a su anhelado Narciso sin poder entablar conversación con él, mientras este se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque. Un antólogo romano serio del siglo i d.C. solo pudo recopilar tres ejemplos de «mujeres cuya condición natural no consiguió acallarlas en el foro». Sus descripciones son reveladoras. La primera, una mujer llamada Mesia, se defendió a sí misma con éxito en los tribunales y «dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la “andrógina”». La segunda, Afrania, solía iniciar ella misma las demandas judiciales y era tan «descarada» que las defendía personalmente, por lo que todo el mundo estaba harto de sus «ladridos» o «gruñidos» (no se le concede la gracia del «habla» humana). Sabemos que murió en el año 48 a.C., porque «con semejantes bichos es más importante documentar su muerte que su nacimiento». En el mundo clásico hay solo dos importantes excepciones de esta abominación respecto a las mujeres que hablan en público. En primer lugar, se les concede permiso para expresarse a las mujeres en calidad de víctimas y de mártires, normalmente como preámbulo a su muerte. A las primeras mujeres cristianas se las representaba proclamando su fe a gritos mientras eran conducidas a los leones, y en un conocido relato de la historia arcaica de Roma, a la virtuosa Lucrecia, violada por un desalmado príncipe de la monarquía gobernante, se le concede un papel con diálogo solo para denunciar al violador y anunciar su propio suicidio (o así lo presentaron los autores romanos: no tenemos la menor idea de lo que sucedió realmente). No obstante, incluso esta ínfima y amarga oportunidad de expresión podía ser denegada. En un relato de las Metamorfosis se nos cuenta la violación de la joven princesa Filomela, a la que el violador, para evitar cualquier denuncia al estilo de Lucrecia, sencillamente le corta la lengua.

“El discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”.

Esta idea la recoge Shakespeare en su Tito Andrónico, donde también se le arranca la lengua a Lavinia tras ser violada. La otra excepción es más corriente, pues en ocasiones las mujeres podían levantarse y hablar legítimamente para defender sus hogares, a sus hijos, a sus maridos o los intereses de otras mujeres. Por consiguiente, en el tercero de los tres ejemplos de oratoria femenina planteados por el antólogo romano, la mujer, de nombre Hortensia, se sale con la suya porque actúa explícitamente como portavoz de las mujeres de Roma (y solo de las mujeres), tras haber sido sometidas a un impuesto especial sobre el patrimonio para financiar un dudoso esfuerzo de guerra. Dicho de otro modo, en circunstancias extremas las mujeres pueden defender públicamente sus propios intereses sectoriales, pero nunca hablar en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto. En general, tal y como lo expresó un gurú del siglo ii d. C., «una mujer debería guardarse modestamente de exponer su voz ante extraños del mismo modo que se guardaría de quitarse la ropa». No obstante, en todo esto hay mucho más de lo que se percibe a simple vista. Esta «mudez» no es solo un reflejo de la privación general de poder de las mujeres en el mundo clásico, donde, entre otras cosas, no tenían derecho al voto y su independencia legal y económica era limitada. En la Antigüedad, las mujeres no solían elevar su voz en la esfera política, donde no tenían participación alguna, pero aquí estamos ante una exclusión de las mujeres del discurso público mucho más activa y malintencionada, con un impacto mucho mayor del que reconocemos en nuestras propias tradiciones, convenciones y supuestos acerca de la voz de las mujeres. Lo que quiero decir es que el discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género. Como ya hemos visto con Telémaco, convertirse en un hombre (o por lo menos en un hombre de la élite) suponía reivindicar el derecho a hablar, porque el discurso público era un (o mejor el) atributo definitorio de la virilidad. Es más, citando un conocido eslogan romano, el ciudadano de la élite podía definirse como vir bonus dicendi peritus, «un hombre bueno diestro en el discurso». Por consiguiente, una mujer que hablase en público no era, en la mayoría de los casos y por definición, una mujer.

Si recorremos la literatura antigua, encontraremos un reiterado énfasis sobre la autoridad de la voz grave masculina en contraste con la femenina. Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativo de cobardía femenina. Otros autores clásicos insistían en que el tono y timbre del habla de las mujeres amenazaba con subvertir no solo la voz del orador masculino sino también la estabilidad social y política, la salud, del Estado. En una ocasión, un orador e intelectual del siglo ii d.C. con el nombre revelador de Dión Crisóstomo, que significa literalmente Dión «Boca de Oro», pidió a su audiencia que imaginase una situación en la que «una comunidad entera se viera afectada por una extraña dolencia: que, repentinamente, todos los hombres tuvieran voces femeninas, y ningún varón —niño o adulto— pudiera hablar de manera viril. ¿No sería esta una situación terrible y más difícil de soportar que cualquier otra plaga? No me cabe duda de que enviarían una delegación a un santuario para consultar a los dioses y tratar de propiciar el favor divino con numerosas dádivas». No era ninguna broma.

 

13 julio 2018 at 1:06 pm Deja un comentario

La entrada a los museos y yacimientos arqueológicos griegos se moderniza

Se espera que estas medidas agilicen la entrada a los lugares turísticos

El Partenón de Atenas – REUTERS

Fuente: EFE  |  ABC
10 de julio de 2018

El acceso a los museos y yacimientos arqueológicos de Grecia ha cambiado oficialmente a partir de ayer, 9 de julio, con la digitalización de las entradas de unos de los principales activos turísticos del país, según anunció el Ministerio de Cultura heleno.

El proyecto consta de dos ramas principales: el control digital de la entrada y salida de visitantes, puesto en marcha a partir de hoy en algunos lugares seleccionados, y la venta de entradas electrónicas, un servicio muy demandado que estará disponible a partir de finales de semana.

Los tornos con lectores de códigos de barras son desde hoy la entrada al museo de la Acrópolis de Atenas y todos los sitios arqueológicos de la capital, al palacio de Knossos y al museo arqueológico de Heraclión, en Creta; así como al palacio de Néstor y su museo en Mesenia, en el suroeste del Peloponeso.

Según explicaron a Efe fuentes del Ministerio de Cultura, estos lugares reciben alrededor de la mitad de todas las visitas a museos y yacimientos arqueológicos del país. Con el tiempo este sistema, que se espera que agilice considerablemente las colas en las taquillas y entradas de los lugares turísticos, estará presente en toda Grecia.

El proyecto de modernización se ha llevado a cabo con la financiación del Banco Nacional de Grecia y la Fundación Stavros Niarchos, a través del Instituto de Investigación Antigua Mesenia.

 

10 julio 2018 at 8:26 pm Deja un comentario

Un incendio arrasa parte de los estudios Cinecittà

  • No hay heridos y podría ser intencionado
  • El escenario que reproduce espacios de la antigua Roma ha quedado totalmente calcinado

Fuente: LA VANGUARDIA
7 de julio de 2018

Un aparatoso incendio declarado la pasada madrugada ha calcinado parte del mítico complejo de estudios de cine y televisión italiano Cinecittà, concretamente el escenario que reproduce espacios de la antigua Roma y donde se rodó la serie Roma, de HBO. Las llamas han devorado el plató que se construyó en 2005 y que ha servido también para crear otras producciones como Los Borgia o Doctor Who.

Por suerte, no ha habido que lamentar víctimas, pero sí cuantiosos daños materiales que podrían alcanzar los cuatro millones de euros. Durante el siniestro se ha perdido la Basílica Emilia, una construcción de 1500 metros cuadrados completamente escenografiada con capacidad para 1200 personas.

Por el momento, se desconocen las causas del incendio, que también ha afectado al Studio 5, el favorito de Federico Fellini. La policía no descarta incluso que haya sido intencionado. No es la primera vez que las llamas arrasan el complejo ya que en 2007 y 2012 el fuego ya destrozó importantes partes de estos estudios situados en el número 1055 de la Via Tuscolana de Roma en los que se han rodado más de 3.000 películas.

Cinecittà fue construida entre 1936 y 1937 en un intento por competir con las producciones de Hollywood y como medio para promover la propaganda fascista de Mussolini.

Se desconocen las causas del incendio y la policía no descarta incluso que haya sido intencionado

 

8 julio 2018 at 9:28 am Deja un comentario

El Orson Welles que tiró el acueducto de Segovia

¿Puede un bulo convertirse en una verdad? Jesús Arroyo ha demostrado que sí. Con su falsa iniciativa de derribar el monumento romano ha probado que es posible crear una corriente de opinión en la sociedad a partir de una noticia falsa.

Jesús Arroyo no quiere derrumbar el monumento pero ha conseguido que cunda el pánico en Segovia. Foto: Cipriano Pastrano

Fuente: Olaya González LA RAZÓN
28 de junio de 2018

Corría el 30 de octubre de 1938 cuando Orson Welles sembró el caos en Estados Unidos tras advertir en un boletín radiofónico urgente que la Tierra se encontraba bajo amenaza alienígena. A pesar de que entonces las noticias no se propagaban con la rapidez que lo hacen hoy gracias a las redes sociales, el bulo corrió como la pólvora. Y ahora ha vuelto a suceder. Ni siquiera el autor de esta «Guerra de los Mundos» del siglo XXI, Jesús Arroyo, experto en comunicación estratégica y postverdad, imaginó la repercusión que iba a tener su experimento. Arroyo lanzó una propuesta cuanto menos controvertida: demoler el Acueducto de Segovia. ¿Qué perseguía con esto? Demostrar cómo se puede generar una corriente de opinión de manera artificial y así probar la debilidad del sistema. Ahora ha llegado el momento de desmentir el bulo. «Por supuesto que no queremos derribar el Acueducto de Segovia», recalca en una conversación con LA RAZÓN.

El primer paso fue escoger el objetivo perfecto, una diana que debía cumplir varias características: ser muy significativa para una ciudad, querida por todos y libre de connotaciones políticas y religiosas. «Quería algo completamente nuevo, no iba a subirme a la cresta de ninguna ola», apunta. Si conseguía dar con algo que todo el mundo ve con buenos ojos, su objetivo de probar que se puede crear una corriente de opinión contraria a cualquier cosa, independientemente de su prestigio, estaría más que conseguido. Entonces fue cuando lo vio claro: lo que buscaba estaba en Segovia.

«Quise ser brutal: derribarlo con los motivos más extremos», indica Arroyo. ¿Cuál es la razón principal? Que se trata de un símbolo de opresión de los romanos contra el pueblo español –«a pesar de que en esa época ni siquiera había españoles»–. En su lugar, el experto en postverdad planteó construir un centro de recuperación de la memoria de los esclavos que lo construyeron –«a pesar de que ni siquiera se sabe que lo hayan construido esclavos»–.

La reacción de la gente no se hizo esperar y sobrepasó las fronteras segovianas, cuyos habitantes fueron los más indignados cuando descubrieron que alguien quería acabar con su mayor símbolo. «Empezaron a dar argumentos en contra y nosotros rebatimos esas afirmaciones. Habíamos creado el debate», subraya. Hasta 25 medios de comunicación se hicieron eco de la iniciativa, e incluso el ex futbolista Álvaro Arbeloa compartió la noticia en su cuenta de Twitter. El primer objetivo estaba conseguido, tanto que en la actualidad 750 personas han firmado la petición «con nombres y apellidos».

El segundo paso era probar que el sistema no está preparado para afrontar los nuevos retos que ha generado la eclosión de las nuevas tecnologías. Una noticia falsa puede no solo acabar con la reputación de una persona, sino que también puede suponer una seria amenaza para la seguridad. «Esto demuestra que si un grupo está bien organizado puede crear una realidad inexistente», puntualiza. En una conferencia que impartió a expertos en seguridad nacional, Arroyo advirtió que el país no está preparado para atajar un ataque «con este tipo de armas».

«Imaginemos que una persona pone en su Twitter que ha habido un atentado terrorista en el centro de Madrid y además adjunta fotografías. La gente que está justo en ese lugar ve que no es así, pero cinco calles más allá puede cundir el pánico», indica. Una sola persona puede lograr que se colapse el centro de una gran ciudad y sembrar el caos. «Además, eso puede hacer que la Bolsa caiga en los siguientes minutos, justo hasta que se compruebe que es un bulo», añade. Desde su faceta de economista asegura que más de uno puede beneficiarse de eso.

Los organismos competentes no están preparados para atajar una situación similar, un hecho que puede ocurrir en cualquier momento: «La Policía o el Ejército pueden tratar de contrarrestarlo pero van a ir a remolque». Arroyo lamenta que hoy en día no hay manera de frenar esa situación, «solo se puede multar o detener al autor, pero el daño ya estará hecho». Eso pasa porque no existe ningún mecanismo de control: «No podemos depender de que nadie se decida a hacerlo; no podemos confiar solo en la buena voluntad de la gente».

El experto advierte que estas situaciones pueden ser aprovechadas por individuos con «mucha fuerza y mucho dinero» según sus propios intereses: «Yo no tenía fines políticos ni económicos, pero ya hay gente que se está beneficiando con esto». De hecho, Arroyo ha recibido innumerables ofertas de programas de televisión para defender sus argumentos. Las rechazó todas. De haber aceptado alguna se habría estado lucrando de una mentira.

La comunicación, una guerra

Hasta 19 de las 20 primeras entradas en Google sobre el Acueducto corresponden a esta campaña. La otra es Wikipedia. Sin embargo, el experto en comunicación tuvo mucho cuidado a la hora de elegir sus argumentos para que en ningún caso pudieran dañar la imagen del monumento a largo plazo. Es más, Arroyo considera que incluso le ha podido reportar publicidad positiva a Segovia.

Pero, ¿qué habría pasado de haber puesto el foco en una persona? Que su reputación estaría por los suelos. «Aunque parezca difícil a primera vista, en un par de días se puede bajar del pedestal al mayor ídolo español, europeo o mundial», afirma. No se librarían ni Rafa Nadal, ni Miguel Induráin, ni siquiera la Selección Española de Fútbol.

Y es que hoy en día la comunicación se ha convertido en una guerra: «El problema es que ahora mismo hay gente que sigue yendo a la batalla con el arco y la flecha pero otros utilizamos kalashnikovs». Arroyo advierte que para esa «guerra» no están preparadas ni las personas ni los partidos ni las empresas: «Lo ideal es que no haya guerra, que se frene al primer disparo», indica. Pero en muchos casos eso no sucede así.

«Hoy en día tienes que pensar qué quieres ser y lo alucinante es que puedes ser lo que tú quieras. En concreto, Arroyo asegura que en la actualidad una persona es lo que Google dice de ella. «¿Qué es la realidad? ¿La verdad o la postverdad? Pues yo creo que es lo segundo», expone, y explica que la postverdad es «la imagen que los demás tienen de ti»: «Tú puedes influir en ella».

Otra de las partes positivas es que para este experto «se puede salir de todo» siempre que se prepare una buena estrategia de comunicación. Como ejemplo pone la caída de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. «Yo habría organizado una visita a una institución que tratase problemas de cleptomanía y le diría que hiciese un discurso en el que mencionase su problema. Así, si sale el vídeo los que quedan mal son los que lo filtran».

 

28 junio 2018 at 8:40 am Deja un comentario

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