Alcalá de Henares revela los últimos días de Roma

22 julio 2018 at 10:19 am Deja un comentario

Hace 1.700 años, el centro de Hispania tembló. De la tierra surgió un volcán que escupió barro y agua. Los edificios cayeron y explotaron en mil pedazos. Las tumbas de los muertos se movieron. El terror se apoderó de los habitantes, que corrieron de un lado a otro, sin saber, sin entender. Complutum había despertado la ira de los dioses.

Contenedores cerámicos del siglo IV hallados en el yacimiento de Complutum. / ÁNGEL NAVARRETE

Fuente: MAR DE MIGUEL – Alcalá de Henares  |  EL MUNDO
22 de julio de 2018

La antigua urbe romana que vivió varios siglos de esplendor tuvo un final amargo. A la crisis económica y política del Imperio se sumó la llegada de una religión que cambió el mundo y un terremoto que destruyó comercios y hogares. La ciudad se mudó a otro lugar, al amparo de la leyenda de unos niños mártires, cimientos de la actual Alcalá de Henares, en el este de la Comunidad de Madrid.

La religión romana, ligada al imperio, se practicaba en ceremonias cívicas. Los cristianos no creían en ellas, no asistían y esto se entendía como una rebeldía. «Se enfrentaban directamente al estado», explica a EL MUNDO Sebastián Rascón, jefe del Servicio de Arqueología de Alcalá de Henares. El sigilo con el que se profesaba el cristianismo contrastaba con una sociedad en la que estas ceremonias eran públicas, por lo que se sospechaba de ellos. Se les tenía por seres extraños de una secta que se reunía en secreto para practicar la magia negra, el canibalismo o mantener relaciones incestuosas.

Por no seguir la tradición de Roma, entre los años 303 y 304 el emperador Diocleciano dictó cuatro edictos de persecución a los cristianos. Se les prohibió reunirse y se ordenó ejecutar a todo aquel que no ofreciera un sacrificio público a los dioses. «Los romanos querían que los cristianos fueran buenos ciudadanos y participaran en el culto imperial», comenta Rascón.

En Complutum, la llegada del cristianismo es incierta. Se sabe que en el siglo IV un hombre rico transformó su palacete en un monasterio. Es la Villa del Val, famosa antaño por la cría de caballos para las carreras de cuádrigas del Circo Máximo en Roma. Sus restos hoy están en un yacimiento aún no excavado a las afueras de Alcalá de Henares, junto a una necrópolis visigoda. La casa de Hippolytus, colegio de jóvenes con termas y piscinas de la antigua urbe, también esconde indicios cristianos. «Puede que en el siglo IV se convirtiera en una iglesia», asegura Rascón. La decoración pagana, como el triunfo de Venus de una piscina, inapropiada para su nueva función, se destruyó. Lo que no molestó, como el mosaico de pesca principal, «más aséptico y relacionado con el cristianismo», se conservó. La presencia de otra necrópolis refuerza esta teoría. «Estamos ante un cambio de uso. Un nuevo centro de reunión cristiana con una pequeña necrópolis».

Los mártires Justo y Pastor

Complutum no se libró de la persecución de los cristianos. «Hubo mártires, entre ellos niños», afirma Juan Miguel Prim, delegado diocesano de cultura de Alcalá de Henares. Cuenta el poeta Prudencio que Justo y Pastor, de siete y nueve años de edad, confesaron su fe al gobernador Daciano en el año 304. El prefecto celebró un juicio en la basílica de Complutum y ordenó azotarlos. Aún se conserva un muro testigo del tormento, el famoso Paredón del Milagro. Al no renegar de sus creencias, Daciano decidió ejecutarlos. Los degollaron sobre una piedra, a las afueras de Complutum, pues la ley romana prohibía el derramamiento de sangre en la ciudad. «Para evitar la venganza del espíritu del muerto», señala Rascón.

Se cree que los cuerpos se enterraron allí. También se sabe que en el año 392 Paulino de Nola, un senador romano converso casado con la complutense Therasia, ordenó sepultar junto a Justo y Pastor a su hijo Celso, que había muerto a los ocho días de nacer. Puede que para su hijo edificara un mausoleo, como era costumbre entre aristócratas romanos, y para los mártires el primer vestigio de iglesia, un martyrium. Con el paso del tiempo, se perdió la memoria del lugar hasta que, en el año 412, Asturio, obispo de Toledo, descubrió su ubicación.

Hoy en día es difícil discernir la obra original. Sobre el martyrium de Paulino de Nola, el obispo Asturio mandó construir una iglesia, el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada la reedificó, el arzobispo Carrillo fundó una Colegiata y el cardenal Cisneros, una catedral, con las piedras de la propia Complutum, como muestra su fachada. Sus cimientos esconden un tesoro. «A la entrada del claustro hay una trampilla. Debajo están las ruinas de un edificio romano del siglo IV», describe Prim. También hay una gran estructura circular del siglo III. «No sabemos qué es», añade Rascón.

Vasija. / ÁNGEL NAVARRETE

Hasta nosotros ha llegado la piedra donde mataron a los niños y parte de sus cuerpos. De uno de ellos, una tibia, del otro una costilla y dos vértebras. Las reliquias están en un arca de plata custodiada por varias llaves en la cripta de la catedral. Sobre ellos, una corona triunfal de laureles luce al estilo del mundo clásico, porque «los mártires son los héroes del cristianismo», explica Prim. El martirio de los Santos Niños tuvo una gran trascendencia. Con los visigodos fueron patronos de España y hoy se veneran en 400 lugares del mundo. «Todavía los mayores de Alcalá dicen Justo y Pástor, en latín, con acento grave, de oír ‘Justus et Pastor’ en las homilías», recuerda Prim.

Tras su muerte, los cristianos de Complutum abandonaron el foro y se trasladaron al lugar de culto de los Santos Niños. La gente quería vivir y morir junto a sus mártires y resucitar a su lado. «Estar cerca del mártir era asegurarse su intercesión respecto de Dios en la resurrección», aclara Prim. Así, dejaron de enterrar a los muertos extramuros y construyeron una necrópolis en torno a ellos. «Hasta entonces, los vivos y los muertos estaban en espacios separados», subraya Rascón. Era el siglo V y la cristianización transformó la ciudad. Los edificios cívicos, la basílica y el templo a los dioses, fueron reemplazados por iglesias y sedes episcopales. El foro se despobló y los habitantes establecieron su vida en el llamado Campo Laudable, el lugar alabado en el que descansaban los héroes Justo y Pastor. Allí se construyó la nueva ciudad medieval, Burgo de Santiuste, en honor a San Justo.

Vólcanes de lodo

La tortura de unos niños mártires cristianos conmocionó a sus conciudadanos. Pero, ¿fue este el motivo de la ira de los dioses de Complutum? Es poco probable que los complutenses pensaran en esta maldición cuando el mundo se derrumbó a sus pies por un fuerte terremoto.

Miguel Ángel Rodríguez Pascua, sismólogo del Instituto Geológico y Minero de España, ha estudiado el temblor que afectó en el año 350 a La Magdalena, un yacimiento arqueológico situado sobre una falla a cinco kilómetros al norte de la catedral de Alcalá. Allí se pueden ver los daños de un seísmo de gran magnitud que afectó a un área de 50 por 20 kilómetros. El terremoto fue parecido al que provocó el accidente de Tokushima (Japón) en 2011, con volcanes de lodo y cráteres de los que brotó agua y barro durante días, un extraño fenómeno llamado licuefacción.

Elementos metálicos que los antiguos habitantes de Complutum tiraron para intentar apaciguar la ira de los dioses. / ÁNGEL NAVARRETE

La Magdalena fue una explotación industrial metalúrgica, con hornos, herreros, alfareros y cisternas para almacenar vino y aceite. El terremoto produjo daños importantes y las evidencias son claras: cráteres de arena, cisternas hidráulicas lanzadas a 20 metros de distancia y tumbas desplazadas. En Complutum, un cambio constructivo resulta sospechoso. Podría ser una prueba de la sacudida. «Cuesta creer que los romanos derribaran un buen foro de piedra de sillería y lo reemplazaran por un mampuesto y una argamasa de bajo coste», opina Rodríguez Pascua.

Los hechos debieron de desconcertar a los complutenses. «En su mentalidad tuvo que ser el caos. Para esta gente, lo de la Magdalena pudo ser como lo que ocurrió en Pompeya», destaca el antropólogo César Heras, director de Trébede, la empresa de arqueología encargada del yacimiento. «Pensaron que los dioses estaban en su contra y quisieron devolverles el hierro que habían extraído», dice Heras. Esto explicaría el hallazgo de 287 piezas metálicas (cuchillos y herramientas) en un cráter de tres metros. «Lo tiraron todo dentro», añade Heras. También abandonaron cien lingotes de acero para construir armas. «Se fueron de allí aterrorizados», recalca Rodríguez Pascua.

Los últimos días de Roma en la Complutum del siglo V fueron difíciles. Los romanos se marcharon y hubo una gran crisis económica y política. El caro modelo de ciudad no pudo mantenerse. «Si además hubo un terremoto, puede que no pudieran reconstruir», indica Rascón. La vida se ajustó a esta nueva situación y el Campo Laudable atrajo hacia sí a los habitantes. «Complutum dejó de tener interés, hubo un abandono y un poblamiento disperso», afirma Rascón. «Fue una refundación a lo cristiano y más humilde, porque no hay nada comparable a las ciudades que construyeron los romanos», concluye.

 

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