Archive for 16 julio 2018

Hallado un pene de oro en una excavación arqueológica en Zaragoza

La pieza, fechada entre los siglos I y II, es un colgante de 1,5 centímetros de longitud

El amuleto fálico de oro encontrado en la excavación de Uncastillo (Zaragoza). COMARCA CINCO VILLAS

Fuente: EL PAÍS
16 de julio de 2018

La campaña de excavación en el yacimiento de Los Bañales, en la localidad zaragozana de Uncastillo, ha sacado a la luz un amuleto fálico de oro de época tardo Imperial (siglos I o II). Se trata de un colgante de 1,5 centímetros, “singular por su temática y por el material con el que está hecha”, informa en su cuenta de Facebook la web Comarca de las Cinco Villas, que agrupa a varias localidades de la zona. La pieza ha sido localizada en una habitación de una casa que se está excavando en la zona norte del yacimiento.

“En un principio creímos que se trataba de una cornucopia, habitual es la iconografía de la época, pero luego vimos que era un pene de oro, también singular, porque los amuletos solían hacerse de bronce”, ha explicado Javier Andreu, director de la excavación y del proyecto pedagógico de Los Bañales. La figura va acompañada de un puño cerrado. “Esta combinación se utilizaba como amuleto contra el mal de ojo, era el símbolo de la buena suerte”, ha añadido Andreu.

El colgante fue hallado por María Campoy, una de las 37 estudiantes de diferentes partes del mundo que han recibido una beca este verano para excavar en la zona, una oportunidad que se da a futuros arqueólogos y en la que colabora la Comarca de las Cinco Villas.

Hace unos días se halló en la misma excavación otra pieza de oro singular, un fragmento de un pendiente con lo que parece ser una esmeralda. La aparición de oro en esta zona desvela “la importancia de la ciudad en aquellos años”, ha subrayado Andreu, ya que el yacimiento de oro más próximo se situaba en los Pirineos.

Estas piezas y la labor realizada en este yacimiento se podrán contemplar en una jornada de puertas abiertas el próximo domingo, 22 de julio. Todo ello se completará con la realización de diferentes talleres de cantería, cerámica, acuñación de monedas y de arqueología para niños.

 

16 julio 2018 at 4:46 pm Deja un comentario

Un arqueólogo cuestiona la existencia de un taller romano de explotación de púrpura en la isla de Lobos

  • José Juan Jiménez, conservador del Museo Arqueológico de Tenerife, afirma que una factoría de las características que presenta el yacimiento hallado en 2012 no hubiera podido ser rentable
  • El también doctor en Prehistoria por la ULL considera que los vestigios pétreos que se conservan “ni siquiera tienen la apariencia arquitectónica” de los recintos industriales de época romana

Yacimiento arqueológico en la isla Lobos. EFE

Fuente: Ana Santana – EFE  |  eldiario.es
16 de julio de 2018

El arqueólogo José Juan Jiménez cuestiona la existencia de una factoría de púrpura en la isla de Lobos, donde habría sido de nula rentabilidad y en donde los vestigios pétreos que se conservan “ni siquiera tienen la apariencia arquitectónica” de los recintos industriales de época romana.

José Juan Jiménez, que es conservador del Museo Arqueológico de Tenerife, explica en una entrevista a EFE que en Canarias hay que diferenciar a los pobladores que se quedaron a vivir de quienes les trajeron desde el norte de África.

Los primeros dejaron su huella arqueológica líbica antigua mientras que los otros no se asentaron ni construyeron ciudades con calzadas, anfiteatros, acueductos, termas, templos, puertos ni factorías, como hacían cuando se establecían en otros sitios.

De ahí que el conservador del Museo cuestione la existencia de una factoría de púrpura en la isla de Lobos y considere improcedente esa hipotética posibilidad.

Porque, para el arqueólogo, desde que en 1909 Paul Friedlaender identificó la estructura y composición química del colorante de púrpura a partir de 12.000 caracoles se sabe que obtuvo 1’4 gramos de pigmento puro.

“Porque un gramo del producto con el cual se podía teñir una prenda se extrae de más de 10.000 ejemplares y en ese sentido, la caracterización específica de la Purpura haemastoma y otros moluscos tintóreos la argumenta siguiendo el criterio de científicos experimentados”, precisa.

Si se tiene en cuenta que en el conchero de Lobos los excavadores contabilizaron cifras que hicieron oscilar entre 59.000 y 70.000 ejemplares de Stramonita (Thais haemastoma) y vistas las ratios de productividad enunciadas por los expertos en la materia, José Juan Jiménez considera que ese cómputo de ejemplares de la isla demostraría la nula rentabilidad de esa supuesta factoría o taller.

Sólo se habrían podido extraer 6 ó 7 gramos de púrpura durante las decenas de años de vigencia que le atribuyen al enclave, sin realizar análisis de cronología absoluta sobre unos vestigios pétreos que ni siquiera tienen la apariencia arquitectónica de esos recintos industriales de época romana.

De hecho, abunda el arqueólogo, investigadores de la época alto imperial romana como Darío Bernal señalan que es frecuente la aparición de moluscos tintóreos cuya identificación se relaciona a veces con la industria de la púrpura, lo que se considera “un tópico historiográfico” porque también hay que pensar en que su potencial nutricional propiciase su pesca y consumo en fresco más que su transformación tintorera en un islote carente de agua dulce como Lobos.

Sin olvidar, prosigue, que en los alrededores de las ciudades que poseían auténticas estructuras arquitectónicas que servían a esos fines había depósitos de millones de ejemplares de conchas de moluscos documentados arqueológicamente, lo que refrenda el procesamiento y la producción purpúrea rentable económicamente y duradera en el tiempo.

Estos extremos han sido confirmados por las series cronológicas absolutas y relativas publicadas por los arqueólogos, como se conoce en el Atlántico para la factoría de púrpura Maure descubierta en los islotes de Mogador (Essaouira, Marruecos), “las auténticas islas Purpurarias que citan los especialistas y las fuentes de la Antigüedad”, añade José Juan Jiménez.

‘Canarii. La génesis de los canarios desde el mundo antiguo’

El arqueólogo, que también es doctor en Prehistoria por la Universidad de La Laguna, alude a esta cuestión en la nueva edición ampliada que ha publicado Le Canarien Ediciones de su obra Canarii. La génesis de los canarios desde el mundo antiguo, un libro que “ha cambiado la manera de entender el poblamiento de Canarias vinculándolo a la época histórica”.

En esta nueva edición se indaga en el origen de los canarios desde los inicios de la Era y el arqueólogo expone sus investigaciones sobre el norte de África y Canarias como “una nueva mirada, una visión ampliada, actualizada, de un ámbito continental y archipielágico pujante”.

Y traza las líneas maestras que conforman su propuesta de “unos Canarii que ya no vivían en la prehistoria, los descubrimientos geográficos que dieron paso a la realidad dejando atrás los mitos, unas islas Canarias auténticas desde la Antigüedad y su relación documentada con los límites atlánticos del Imperio romano norteafricano”.

José Juan Jiménez sitúa a los Canarii en el siglo I como un grupo étnico que no aceptó la paz con Roma y participó por segunda vez en un levantamiento indígena, trasladándose a las montañas del Atlas para prolongar la resistencia.

Con el fin de mitigar esta insurrección el emperador Claudio envió a Suetonio Paulino, el primer jefe romano en traspasar esa cadena montañosa y describir los parajes donde les dio alcance, detallados por Jiménez al abordar la ruta seguida por los romanos y cuál fue el destino de los indígenas rebeldes posteriormente deportados a las islas.

El experto argumenta que “ahora damos a conocer los nombres de islas y lugares continentales donde se produjeron destierros, exilios y deportaciones documentadas”.

 

16 julio 2018 at 4:44 pm Deja un comentario

Homero, la «Odisea» que sigue intrigando a occidente

El hallazgo en Olimpia de una placa de arcilla con 13 versos del poema épico de este vate cuya identidad o identidades sigue siendo un motivo de debate, demuestra que el mensaje humanista de esta pieza fundacional y de la «Ilíada» está vigente más de dos milenios y medio después.

La efigie de Homero, que sigue siendo un misterio, en una moneda de 50 dracmas griegos

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
16 de julio de 2018

A raíz del hallazgo de una placa de arcilla en el santuario de Olimpia con un fragmento del canto XIV de la «Odisea» ha vuelto a los medios el debate en torno al misterioso Homero, origen y culmen de toda literatura en Occidente. Son 13 versos escasos los que aparecen en la pieza, pero bastan para recordar toda la gloria del padre de la literatura occidental. Una breve conversación entre el rey Odiseo, recién retornado a su Ítaca pero aún de incógnito, y su fiel porquero Eumeo, pone de manifiesto la maestría psicológica y social del poeta al hablar de la nobleza de cuna y de espíritu. Y es que Homero no solo es indisociable de nuestra tradición cultural sino también de nuestra sensibilidad.

A la sombra de aquel conflicto mítico y primordial que narrara en la «Ilíada» el cantor conocido como Homero, se fundaba magistralmente la sensibilidad literaria en torno a la frágil y efímera condición humana, su grandeza y miseria. Pues la «Ilíada» no es un poema belicista, casi huelga decirlo, sino hondamente humanista. Luego está el regreso del héroe, o por mejor decir, de uno de los héroes de esa guerra troyana, Odiseo, en uno de los «nostoi» o retornos de los caudillos griegos a sus hogares. Así se cierra el díptico principal tradicionalmente atribuido a Homero y que supone la génesis de toda nuestra literatura e incluso de nuestra historia, por no hablar de las inagotables postrimerías de esa celebrada «materia troyana». Por eso me gusta definir el campo de acción de los poemas homéricos con una figura triangular, como un tríptico de literatura, historia y recepción: primero, la epopeya de Troya y los ecos sempiternos de su destrucción, incluido el viaje de retorno de sus héroes, como el de Ulises; luego, la historicidad de aquella guerra mítica como recuerdo evocado de un conflicto histórico, acrecida con información sobre el propio tiempo de Homero; y por último, pero no menos importante, sus innumerables recreaciones en las artes posteriores, desde Virgilio o Dante hasta los hermanos Coen.

Miseria y esplendor

Lo que hace genial y único al vate llamado Homero, de entre la pléyade de voces que emergen entre los restos del naufragio de la primera literatura de Occidente, es cómo usa magistralmente la materia mítica para extractar en breve todo el esplendor y la miseria del ser humano: la guerra, la mejor excusa para mostrar quiénes somos, se centra en la cólera sin sentido de un héroe egoísta y narra los lances guerreros en los escasos días entre esta y la reconciliación entre dos rivales quintaesenciales que se miran a los ojos llorando y reconocen su idéntica tragedia humana. Otro es el caso del regreso por excelencia del héroe al hogar, el del guerrero acaso más singular de Troya, que toca varios esquemas de la narrativa del «folk-lore», desde la «road-movie» y el relato fantástico al «western» del viejo soldado que regresa a casa para imponer el orden anterior y encontrar su «happy-ending». Esa habilidad para maravillar y condensar lo mejor es parte de la marca de la casa en «Homero». Mucho más pero nada menos.

De ahí que se siga revolucionando el mundo al oír su nombre, ahora que se descubre un antiguo soporte con sus versos. El episodio hallado en Olimpia muestra esa genialidad de lo que Stefan Zweig llamaría «momentos estelares»: el héroe vuelve y se encuentra primero con «los humildes». El cansado rey llega disfrazado de mendigo, buscando su final feliz, y ciertamente no lo reciben los dignatarios que asedian su hacienda y a su mujer. Solo su viejo perro lo reconoce, muriendo de felicidad justo después. Solo le asiste su criado Eumeo, que lo creía muerto. Solo su vieja nodriza Euriclea lo identifica por una antigua herida.

La cuestión palpitante

Pero «el-artista-antes-conocido-como-Homero», base de toda educación letrada en nuestro mundo, lleva dando quebraderos de cabeza a los eruditos ya desde época antigua hasta el nacimiento de la moderna filología clásica, con los «Prolegomena ad Homerum» (1795), de F. A. Wolf. Este avivó la llama de la «cuestión homérica», en torno a la autoría pero sobre todo a la composición de ambos poemas aurorales de Occidente. Desde entonces se señaló el origen de la «Ilíada» y la «Odisea» en una larga tradición oral de piezas más breves, compiladas en algún momento posterior por escrito y atribuidas a un «Homero». Pero otra escuela opuesta siguió creyendo reconocer la voz de un genio unitario, intuida tras parte de ambos poemas. Los poemas compuestos supuestamente en el siglo VIII a.C., con la estructura oral formular que estudió en los años 30 Milman Parry, en comparación con otros cantos épicos, fue transmitida así hasta que en Atenas, en el siglo VI a.C. y bajo la tiranía de Pisístrato, los cambios sociales y políticos aconsejaron fijar una versión por escrito.

Por supuesto, todo eso fue en Atenas, el centro por excelencia de investigación homérica en los dos siglos siguientes, entre otras cosas por el énfasis de la Academia de Platón y, sobre todo, del Liceo de Aristóteles en las citas de Homero. Pero no cabe dudar de que hubo muchas versiones locales que se unificaron en la Biblioteca de Alejandría gracias a la labor de los filólogos helenísticos: Zenódoto, Aristarco o Aristófanes de Bizancio son algunos nombres clave. Luego desde ahí la investigación y la copia de los poemas pasó a los gramáticos tardíos y bizantinos, que mantuvieron viva la llama homérica en varios momentos clave de su recepción: el siglo IV-VI, con el auge de la interpretación alegórica y filosófica, merced al neoplatonismo, o el siglo XII, con un «revival» clasicista bizantino especialmente homérico, como el de Juan Tzetzes y Eustacio. De ahí hay pocos pasos ya hasta la «rentrée» renacentista de Homero en Occidente, merced a los manuscritos griegos que afluyeron tras la caída de La Ciudad, a los que siguieron las ediciones humanistas, las traducciones (la española de la «Odisea», de Gonzalo Pérez, de 1550, es la pionera en lenguas modernas) y a la docta erudición de los siglos XVII y XVIII.

¿Es importante en esta historia la inscripción homérica encontrada en Olimpia esta semana? En términos arqueológicos y epigráficos sin duda, pero en lo global no aporta muchas novedades. Solo recuerda de nuevo –y no es poco– la pasión inextinguible que sigue despertando todo lo relacionado con el poeta llamado «Homero», en ese triángulo de literatura, historia y recepción de eterna vigencia. Ya sea que exista un poeta de tal nombre o que sea éste una apelación colectiva que ocultaba a un grupo o a una clase de épica panhelénica, la noticia es que hoy sus versos siguen tan de actualidad como hace casi tres milenios.

 

16 julio 2018 at 8:38 am Deja un comentario


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