La cuestión del «bien morir»

2 julio 2018 at 8:11 am Deja un comentario

El debate filosófico sobre la muerte digna y el suicidio viene de la Antigüedad clásica, con referentes como Sócrates y Séneca

«La muerte de Marat», de Jacques-Louis David, es uno de los cuadros más representativos sobre el suicidio en la historia del arte

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
1 de julio de 2018

Pensemos también que hay esperanza de que la muerte sea un bien. La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que está muerto no es nada ni tiene sensación de nada o bien, según se dicen, la muerte es precisamente una transformación, un cambio de morada para el alma de este lugar de aquí a otro lugar». Con estas célebres palabras de la «Apología» platónica sobre la muerte de Sócrates en 399 a.C., se recuerda que las éticas antiguas enseñaban a «vivir bien» («eu zen») pero también, con atención a la metafísica, que la vida no es sino una preparación de la muerte. En los misterios griegos había un gran énfasis en la preparación para la muerte como tránsito hacia otra realidad y existía incluso una experiencia de un «morir antes de morir» simbólico para preparar al iniciado para el viaje definitivo, con instrucciones precisas sobre lo que habría en el más allá: pensemos por ejemplo en los misterios de Orfeo, los de Eleusis y también en experiencias como las de la cueva de Trofonio.

La idea del «bien morir» remite invariablemente a la Grecia antigua y la propia palabra «eutanasia», del griego helenístico, se compone de dos étimos griegos, «eu», el adverbio que significa «bien», y «thánatos», la palabra para la muerte. Aunque es cierto que no existía un paralelo claro de la antigüedad a la moderna idea de la eutanasia, pues la palabra se refiere a un morir digna o fácilmente en un debate filosófico. Sin embargo, el suicidio era una salida siempre al alcance de la mano para quién quisiera hacer uso de ella. En la antigüedad hay dos grandes filósofos que tuvieron que quitarse vida y aparecen como modelos de muerte serena antes de tiempo, en momentos clave de la Grecia y la Roma clásicas, entre la Academia y la Estoa. Uno es el ya citado Sócrates y el otro es, por supuesto, Séneca quien, en el año 65, se vio envuelto en una conjura para asesinar al emperador Nerón, su antiguo discípulo. Los relatos que hay sobre ese suicidio forzado, a diferencia del caso de Sócrates, son ambivalentes y recogen también una tradición adversa hacia el filósofo sobre todo en lo que respecta a su esposa Pompeya, en contraste con el caso de Jantipa: al principio intentó que se suicidara con él, pero se salvó. Séneca se había estado preparando para esa «buena muerte» desde hacía tiempo y tenía un testamento para poder leerlo de viva voz a sus amigos.

Su legado no era otra cosa que «la imagen de su vida», según decía y modeló directamente su muerte según las palabras de Sócrates en el «Fedón» de Platón, que animaba a sus amigos a no llorar por él y a ser fuertes inspirándose en su propio pensamiento filosófico y en la racionalidad que les decía que la muerte no era nada de temer. Sin embargo, y frente al caso de Sócrates, la muerte de Séneca fue especialmente cruenta. Primero se cortó las venas, pero esto no funcionó, quizá por su avanzada edad o por el estado de sus venas. Acaso, después de tanto tiempo de ayuno y de ascesis filosófica, su escuálido cuerpo no respondía a ese método, así que se cortó también por debajo de las rodillas, pero tampoco le valió de nada, pues no se desangró. Temiendo que el cruento espectáculo afectase a su esposa y también que le hiciera flaquear a él mismo en su idea de quitarse la vida, mando que llevaran a su esposa a su dormitorio, donde se le hizo un torniquete y se le salvó la vida, mientras que él pidió la cicuta a su médico privado. Al no hacer tampoco efecto en el cuerpo del anciano, finalmente parece que se introdujo en un baño caliente y se ahogó entre sus vapores. Como se ve, no era cosa fácil matarse, ni en la práctica ni en la teoría. Por eso, este antiguo debate filosófico sobre la mejor manera de morir no deja de tener su actualidad a día de hoy, cuando debatimos acerca de la eutanasia.

 

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