Archive for 24 junio 2018

Una reconstrucción de la cabeza de César revela su forma extraordinaria

Permite tener una idea de cómo era la cara y las proporciones del cráneo del dictador romano.

Wikipedia / Karl Theodor von Piloty Murder of Caesar 1865

Fuente: RT Actualidad
24 de junio de 2018

Este viernes fue mostrada al público una representación de la cabeza de Cayo Julio César en los Países Bajos, en el marco de la promoción del nuevo libro sobre el líder romano escrito por el arqueólogo Tom Buijtendorp, informó el Museo Nacional de Antigüedades neerlandés. La reconstrucción revela la forma extraordinaria de la cabeza de César.

En el 2017 Buijtendorp tuvo la idea de recrear la cabeza de César a través de un busto de mármol del dictador romano, que se encuentra en ese museo.

La arqueóloga y antropóloga Maja d’Hollosy ayudó a hacer realidad la reconstrucción, que se realizó sobre la base de un escáner 3D de la citada obra. La escultura, que está bastante dañada, fue complementada agregando partes desaparecidas, como la nariz y la barbilla, sobre la base de una segunda obra sobre Julio César: el busto de Tusculum. Este busto fue hallado en la antigua ciudad de Tusculum, al sur de Roma, y se encuentra en el Museo Arqueológico de Turín.

 

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24 junio 2018 at 1:17 pm Deja un comentario

Carlos García Gual: “La mitología griega reconocía, al menos, el valor de las mujeres”

El escritor y académico de la RAE, Carlos García Gual. / D. C.

Fuente: PILAR VERA Diario de Sevilla
24 de junio de 2018

-La muerte de los héroes, las muertes de los héroes eran muchas veces ejemplarizantes, ¿qué se quería enseñar con ellas?
-A veces, las muertes de los héroes clásicos tenían un ejemplo de valor y, en ocasiones, había algo más: te topas con muertes casuales, extrañas, que muestran que el héroe es, en definitiva y a pesar de sus extraordinarias cualidades, humano, y es frágil; a pesar de toda su grandeza, al final no escapa de la muerte. La mayor parte de los héroes mueren jóvenes, casi como recoge la conocida frase. Forma parte del sentimiento trágico de la vida que tenían los griegos: la grandeza a veces se paga con el dolor o con la muerte, aunque eso no le quite brillo a la existencia.

“El latín y el griego te obligan a adaptarte a nuevas estructuras y a rehacer conceptos: te hacen pensar”

-¿Alguno de esos finales es especialmente significativo desde nuestra perspectiva?
-Es difícil recordar todos los casos. Hay muertes, como la de Aquiles, que están programadas de antemano, a su propio conocimiento. Hay otras que tienen un valor especial: Héctor, por ejemplo, sabe que va a morir y muere por su ciudad: un caso más moderno que el otro, aun dentro del mismo ciclo, porque arrostra la muerte para defender a los suyos (por eso que luego se definiría como patria y que se convertiría en un lema), no buscando la gloria personal. Y hay muertes muy extrañas, como la de Jasón, que se sienta en el barco, el mástil se cae y lo aplasta.

-Llama la atención el discurso de Aquiles en el inframundo en la Odisea: habiendo sido el epítome de la épica guerra, su fantasma confiesa que estar muerto no vale la pena.
-Siempre ha sido un discurso muy paradójico. Es como si el poeta de la Odisea quisiera rebatir el afán de gloria del poeta de la Ilíada: es un encuentro sorprendente porque, después de haber escogido morir joven, en el más allá confiesa que le hubiera gustado envejecer como fuera. También esto es muy propio de los griegos, ese sentido de la ironía trágica.

-¿Qué diferencias hay entre los héroes míticos y los del ciclo homérico?
-Los últimos son, fundamentalmente, guerreros, mientras que entre los del ciclo mítico hay más variedad. Heracles, después de todas sus grandes hazañas, se topa con la muerte al ponerse por accidente la camisa que había preparado su mujer, y que esta había empapado con sangre de centauro. Heracles muere entre terribles horrores cuando ha sido el gran héroe indestructible.

-En el libro, toma también el ejemplo de tres mujeres (Clitemnestra, Casandra y Antígona). ¿Por qué, viviendo las mujeres de la antigua Grecia en la sombra, encontramos luego unos personajes míticos tan potentes?
-Encontramos ejemplos femeninos muy suculentos ya entre las diosas, pero lo sorprendente es que aparezcan también en el mundo de los mortales. Una forma de ganar la inmortalidad, para las mujeres, era siendo rebeldes. Casandra desafía el poder masculino; Antígona se revuelve contra el poder y Clitemnestra es la rebelde absoluta, la que rompe todas las normas. La sociedad griega fue injusta con las mujeres como casi todas las sociedades antiguas pero, al menos en la mitología, a algunas se les reconocía ese valor y esa inteligencia.

-De Clitemnestra, Homero dice que su crimen “pesará sobre el resto de mujeres”. Es muy actual, o muy de siempre: si una mujer comete un error, pesa sobre todo el género.
-Lo pone en boca de Agamenón, pero algo de eso está ahí: los griegos veían a las mujeres más inteligentes un tanto peligrosas. Por ejemplo, está esa toma de poder que cuenta Aristófanes, que es un poco farsa, pero claro… la pregunta de que si tomaran el poder lo harían mejor que los hombres, está ahí. En gran parte del mundo árabe actual, por ejemplo, ni siquiera se hubiera permitido esa broma.

-El mundo clásico sigue despertando una gran fascinación, ¿por qué, entonces, no se defienden las lenguas clásicas?
-Existe una gran crisis en los estudios de las Humanidades, pero no es interna. Las Humanidades parecen no interesar nada al sistema educativo. La Filosofía y la Literatura están muy dañadas también, pero el Latín y el Griego, claro, son los más débiles. Existe un desdén por la enseñanza.

-Pero las competencias para desarrollar un lenguaje de programación y para traducir un texto de griego, por ejemplo, no son tan distintas a nivel cognitivo. ¿Por qué está diferencia de consideración?
-El esfuerzo de conocer otras lenguas un poco distintas (no es lo mismo latín y griego que inglés), que te hacen tener que adaptarte a nuevas estructuras y repensar conceptos, es muy importante. El latín y el griego ayudan a pensar: es curioso, por ejemplo, que cuando hemos realizado campañas sobre las clásicas y demás, siempre hemos recogido una gran simpatía proveniente de gente de ciencias.

La vigencia del mundo clásico

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) es escritor, crítico, traductor y catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción y publicado títulos sobre literatura clásica y medieval, filosofía griega y mitología, entre ellos Epicuro, la secta del perro; Sirenas. Seducciones y metamorfosis o Historia mínima de la mitología. Acaba de reeditar su clásico Diccionario de mitos y de publicar con la editorial Turner La muerte de los héroes.

 

24 junio 2018 at 12:55 pm Deja un comentario

Solsticio de verano: la noche de los dioses del fuego

Desde tiempo inmemorial, los seres humanos han celebrado la noche más corta del año vestidos de superstición y culto pero con el fuego como elemento purificador y sanador: una hoguera llena de misterios.

El sol y las estaciones fueron percibidas por el hombre prehistórico

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
24 de junio de 2018

El solsticio de verano en el hemisferio norte, la noche más breve del año, la de ayer, tiene muchos nombres y muchas caras, pero tras la aparente multiplicidad, como en la paradoja de la filosofía antigua, se esconde una unidad primordial que se pierde en la noche de los tiempos. Es la noche de transición. Llamémosla Saint John’s Eve, Noche de San Juan, Midsummer, Sankthansaften, Jaaniohtu, Szentiván-éj, Litha, Midsommar, Juhannus o Mittumaari: como quiera que sea, tras los múltiples nombres y después de las edades, está la esencia. Cuando el sol se pone el día 23 de junio se celebra la mágica fiesta del solsticio de verano en toda Europa y en los países de tradición occidental, heredada del corazón del mundo antiguo. La festividad cristiana –procedente del conglomerado pagano del mundo mediterráneo, celta y germano– se celebra oficialmente hoy, pero la víspera, la noche, retiene aun todo el peso derivado de la antigua celebración precristiana. Hay que recordar que esta fiesta fue una típica apropiación tardoantigua del sincretismo cristiano que subsumió fechas clave del calendario agrícola de las divinidades mistéricas (Dioniso, Isis u Osiris) y de las celestes del año solar (Eón, Zeus y Febo Apolo en el mundo clásico, pero también dioses desde Ormuz a Mitra o Zurvan Akarana), tomó diosas y semidioses y los tornó santos y vírgenes, en la fusión religiosa y cultural más inteligente de la historia. La fiesta se renombró en honor de San Juan, quien según la tradición nació como precursor de Cristo justo seis meses antes del Mesías, cuyo nacimiento se sitúa también en otro momento clave del calendario solar, tras el solsticio de invierno y la noche más larga, el 25 de diciembre. Se diría que el ciclo solar del año quedaba así representado por las dos figuras más significantes dentro del plan divino del cristianismo, en torno a las que bascula el Nuevo Testamento, y que tienden puentes con el Antiguo y, merced a estas fechas y a toda la carga que conllevan, con la tradición pagana. Hay que destacar la especial importancia de San Juan como vínculo con el Antiguo Testamento al ser el último profeta y como «hombre divino» o «theios aner» de la tradición judeohelenística.

Clave, ritual y simbólico

La fiesta del comienzo del verano ha sido celebrada desde tiempo inmemorial y tiene como elemento simbólico el fuego que quema figuras, pecados o malas intenciones y renueva a los fieles para el resto del año. En la más pura tradición mística, que recuerda un magnífico libro de Pietro Citati, el fuego se constituye como una paradójica «luz en la noche», en esa noche mágica que nos guía para afrontar el resto del ciclo hasta el siguiente solsticio. Sin entrar a considerar las antigüedades cristianas de esta fecha tan señalada, salta a la vista que recoge una tradición anterior arraigada tan primordial como el conocimiento del hombre prehistórico de los ciclos del sol. No por casualidad el santuario de Stonehenge, cuya «avenida» principal estaba alineada con el solsticio veraniego, estaba dedicado a este momento clave del año. Pero puede que los más antiguos testimonios en época de las celebraciones del solsticio de verano se remonten al mundo iranio, en el que tampoco es casual que el fuego fuera el elemento clave, ritual y simbólico, de la que quizá sea la más antigua religión profética del mundo, el zoroastrismo.

Predicada por Zoroastro y basada en los textos sagrados del Avesta, esta religión milenaria veneraba este momento, centrándose en la visión del sabio señor Ahura Mazda, frente a su fuerza opuesta, el espíritu destructivo del mal, Angra Mainyu, creadores respectivamente la vida y la no-vida. Su sistema ritual, con sus siete espíritus benéficos y siete espíritus malignos, presentaba una subdivisión del año en seis fiestas o «Gahanbar», que se celebraban al acabar las seis estaciones del calendario zoroástrico. El solsticio de verano, que se conocía por la denominación de Maidyoshahem Gahanbar (literalmente, la fiesta de «la mitad del verano»), era uno de los festivales clave para la purificación de la comunidad. Huelga recordar el papel del fuego en esta religión, el elemento purificador al que se rinde culto como luz divina y simbólica de Ahura Mazda. El zoroastrismo tuvo continuación en el Imperio Romano gracias al culto a Mitra, que, en el sistema de Zoroastro, tendrá el papel de vigía y guerrero del bien. La gran expansión de Mitra llegaría a partir de la época helenística, con su adopción por la dinastía de reyes greco-persas de Comagene, cuando su culto resultó enriquecido con los saberes griegos del momento, notablemente las doctrinas filosóficas. A partir del siglo II, sobre todo, las legiones romanas y el comercio extendieron por todo el orbe romano el culto a Mitra, convertido en dios principal de una nueva religión mistérica de mitología antigua, astrología oriental y orientación platónica, que tenía el 21 de junio una gran fiesta de solsticio. En el Imperio romano proliferaron los Mitreos –conocido es el de Mérida– y el culto a este dios mistérico que, en cierto modo, allanó el camino del cristianismo.

Las celebraciones de la Noche de San Juan se extienden así desde antiguo por toda la vieja Europa y están especialmente arraigadas no solo la Península Ibérica sino en los países nórdicos, especialmente en Suecia y en el Reino Unido. También los germanos y los celtas del norte de Europa veneraron esta festividad, relacionada con la cultura de los druidas. Los festivales religiosos incluyen hogueras y la acción de bailar o atravesar el fuego: en nuestros lares, abundan las hogueras de costa a costa, desde Alicante a La Coruña, desde la Iberia ancestral al Finis Terrae. Una de las celebraciones de rasgos más arcaizantes, como han estudiado los antropólogos desde el maestro Caro Baroja, se da entre nosotros en San Pedro Manrique (Soria), con el acto de caminar sobre fuego. Este ritual es también de una antigüedad insondable y ha servido en el contexto de esta noche y en otros momentos del calendario religioso de diversos pueblos como una prueba de fe y valor o como un rito de paso, siguiendo la añeja pero esencial definición de Van Gennep (1909). El «Paso del Fuego» de San Pedro Manrique se da precisamente en la noche de San Juan y participan, llevadas en volandas, las llamadas «móndidas», auténticas sacerdotisas primordiales. Es interesantísima la comparación con otros festivales de pasos por el fuego, con purificación y sanación, como la Anastenaria, en el norte de Grecia y en Bulgaria, que muchos estudiosos remontan a la época bizantina pero que otros relacionan con los antiguos cultos dionisíacos. Hay otros rituales en esta noche mágica, como las abluciones y baños o el caminar por los montes druídicos en búsqueda de la planta misteriosa que nos iluminará. Pero qué duda cabe de que el fuego es el alma de esta noche, su espíritu creador y purificador. El fuego, sobre el que se salta o se camina –y que, a su vez, camina con el celebrante y lo acompaña misteriosamente–, la hoguera ancestral en torno a la que se danza, es lo que define a esta noche de transición y paso a otra etapa de la vida cíclica.

Stonehenge y arqueoastronomía

El famoso conjunto megalítico de Stonehenge, al suroeste de Inglaterra, suele congregar aún hoy a bastantes devotos del neopaganismo para celebrar el solsticio de verano, el día más largo del año y que era especialmente venerado en época prehistórica, como han mostrado investigaciones de arqueólogos y astrónomos. Una de las disciplinas punteras, de hecho, y más interesantes en el estudio del mundo antiguo es la llamada arqueoastronomía, que se dedica a estudiar la disposicion arquitectonica de los restos arqueológicos de las culturas antiguas según reflejaban el uso y el conocimiento del calendario solar y de los astros (en España hay, por cierto, grandes expertos en ello). En el caso de Stonehenge, un conjunto seguramente de finalidad religiosa construido entre el 3000 y el 1600 antes de Cristo en al menos tres fases diversas, aunque se desconoce en detalle su uso y su sentido, sobre el que existen varias teorías, sí que se ha comprobado que durante el solsticio de verano, si se mira en la avenida central hacia el noreste, se ve el alba de una manera alineada perfectamente con los restos arqueológicos.

 

24 junio 2018 at 12:51 pm 1 comentario

Dórico, jónico y corintio, los tres órdenes griegos

En la antigua Grecia hubo tres estilos de construcción de edificios diferenciados por la forma de las columnas, sus capiteles y el entablamento

Dórico, jónico y corintio
Así era el aspecto, de forma general, de las columnas de los tres órdenes

FOTO: AKG / Album

Fuente: National Geographic
23 de junio de 2018

Lo que los historiadores del arte llaman «órdenes» en arquitectura griega son diferentes estilos de construcción que se distinguen básicamente por la disposición de los elementos arquitectónicos fundamentales –las columnas, los capiteles que las coronan y el entablamento (los elementos dispuestos sobre los capiteles)–, y también por las proporciones de estos elementos. En Grecia hubo dos órdenes arquitectónicos básicos: el dórico, el más antiguo y que se caracteriza por su sencillez, y el jónico, que se define porque las columnas tienen un capitel en forma de volutas. Ambos órdenes surgieron entre los siglos VII y VI a.C. El tercer orden, el corintio, era una variante del jónico y es más tardío, apareció en el siglo IV a.C. Su principal característica son los capiteles decorados con hojas de acanto.

El dórico y el jónico perduraron durante toda la Antigüedad clásica, si bien variaron las proporciones, en especial la altura y el diámetro de las columnas, que tendieron a hacerse más esbeltas, a la vez que se aligeraba el entablamento. Ejemplos de templos construidos en estos estilos son el Partenón, paradigma del orden dórico; el Erecteion, erigido en órden jónico, y el templo de Zeus Olímpico, con sus grandiosas columnas de orden corintio. Los dos primeros se alzan en la Acrópolis de Atenas, y el último, también en Atenas, a los pies de la colina sagrada.

 

Templo de la Concordia, en Agrigento (Sicilia)
Las austeras columnas dóricas del templo de la Concordia, situado en el siciliano Valle de los Templos, es un claro ejemplo de este simple y funcional orden arquitectónico.

Foto: Gtres

 

Templo de Zeus Olímpico en Atenas
Un buen ejemplo del orden corintio, una variante del jónico que apareció en el siglo IV a. C..

Foto: Gtres

 

El Erecteion de la Acrópolis de Atenas
El famoso Erecteion se edificó entre los años 421 y 406 a.C. y es un fantástico ejemplo del orden jónico. A la derecha se encuentran las Cariátides, seis columnas con forma de doncella que podrían representar a las seis hijas del rey Erecteo.

Foto: Gtres

 

24 junio 2018 at 12:49 pm Deja un comentario


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