Archive for 11 junio 2018

Paso adelante para poder abrir al público el mosaico romano de Noheda

La Junta ha autorizado el proyecto de conservación y restauración del yacimiento, que el Ayuntamiento de Villar de Domingo García va a acometer a través del 1,5% Cultural

JCCM

Fuente: DIEGO ALBALADEJO – Cuenca  |  Cadena SER
11 de junio de 2018

Luz verde al proyecto para restaurar el mosaico de Noheda. La Junta ha autorizado, con algunas condiciones, el proyecto de conservación, restauración, y puesta en valor del yacimiento de la Villa Romana de Noheda, que el Ayuntamiento de Villar de Domingo García va a ejecutar con cargo al 1,5% Cultural.

La Viceconsejería de Cultura ha autorizado el proyecto, aunque los técnicos han puesto como condiciones que se presente un proyecto de intervención y otro de actuación arqueológica.

Otro de los requisitos es coordinar la dirección de la restauración y la dirección arqueológica, que tendrán que emitir informes mensuales conjuntos, y que cualquier hallazgo se notifique a la Viceconsejería de Cultura.

El delegado de la Junta en Cuenca, Ángel Tomás Godoy, ha defendido que el gobierno regional ha sido “absolutamente ágil” en este asunto, ya que el proyecto entró en la Viceconsejería el pasado 11 de mayo fue firmado el día 1 de junio.

Por su parte, el alcalde de Villar de Domingo García, Javier Parrilla, ha reconocido que se trata de “un paso más” hacia la apertura al público del mosaico, uno de los hallazgos más espectaculares de los últimos años debido a sus dimensiones y conservación.

Parrilla ha defendido que, tras conseguir esta autorización, con el 1,5% Cultural podrán mejorar las condiciones del mosaico y hay otra partida para poder convertirlo en museo, por lo que su apertura al público está un poco más cerca.

 

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11 junio 2018 at 9:30 pm Deja un comentario

La casa de Braga que escondía un tesoro de monedas de cobre

La valiosa colección ha sido descubierta, durante unas excavaciones, en una de las antiguas viviendas de la aristocracia de la que fuera «Bracara Augusta»

La colección, hallada en una casa en Braga, se exhibe en el Museo Pío XII de la ciudad portuguesa – ABC

Fuente: EFE – Guarda (Portugal)  |  ABC
11 de junio de 2018

Una de las antiguas casas de la aristocracia de la «Bracara Augusta», hoy Braga, ciudad ubicada en el norte de Portugal, escondía entre sus muros un tesoro de 481 monedas de entre los siglos III y V que revela la importancia del comercio mediterráneo de aquella época.

La colección, que está custodiada por la diócesis de Braga, se exhibe de forma permanente en el Museo Pio XII de Braga. El director del museo, José Paulo Abreu, explicó que las monedas fueron halladas durante las excavaciones que se estaban haciendo en un casa próxima al Seminario Mayor de la diócesis.

La importancia de esta colección única radica en que las monedas fueron acuñadas en Turquía, Croacia, Egipto, Francia, Alemania o Italia, lo que «refleja el flujo comercial que había en el mediterráneo», donde Braga jugaba un papel relevante como capital romana, explicó Abreu.

Algunas de las piezas, todas acuñadas en cobre, hacen referencia a dos emperatrices de la época, la popular Theodora, esposa de Justiniano I, y Flavia Julia Helena, también conocida como santa Helena o Helena de Constantinopla. Del total de monedas localizadas, 480 son de los siglos IV y V, y solo una del siglo III, que hace alusión a la fundación de Roma.

Abreu indicó que, quizás, la pieza más relevante de todas es «la que representa a Rómulo y Remo, relativa a la fundación de Roma». Incluso hay una, añadió, que «representa la conversión de Constantino al cristianismo». En los primeros años del cristianismo, Braga se consolidó como un «punto de unión muy fuerte», recordó el director del museo, antes de precisar que «esto se ve reflejado en las 481 monedas».

Más excavaciones

Junto a la casa donde fueron halladas, existen otras tres viviendas de la aristocracia romana y el objetivo de las diócesis de Braga es continuar con más prospecciones y excavaciones para que puedan aflorar los numerosos vestigios que allí se esconden.

El Museo Pío XII de Braga, abierto al público en el año 2000, tiene como una de sus piezas referentes un mosaico con motivos marinos perfectamente conservado, que fue creado para el estanque que había en la residencia denominada «Domus de Santiago», junto a la ubicación actual del propio museo.

Cuenta además con un «dolium romano», una vasija de alfarería de la antigua Roma, similar a una tinaja, muy preciada por los historiadores. El espacio se completa con obras de arte sacro que revelan la importancia de Braga como diócesis de especial relevancia estratégica a nivel internacional.

 

11 junio 2018 at 9:28 pm Deja un comentario

Hallada una cueva funeraria romana durante unas obras en Tiberíades (Israel)

La cueva, probablemente saqueada hace siglos, contiene inscripciones griegas y debió de pertenecer a una familia poderosa que vivió en la zona en época romana

Complejo funerario
Interior del complejo funerario de época romana, que incluye varios nichos tallados en la roca, cerámica decorada y osarios de piedra.

Foto: Miki Peleg, IAA

Fuente: Alec Forssmann  |  National Geographic
11 de junio de 2018

La construcción de un nuevo barrio en la parte norte de Tiberíades, una ciudad en la orilla occidental del mar de Galilea, en el norte de Israel, ha sacado a la luz un complejo funerario de época romana, de unos 2.000 años de antigüedad, oculto en el interior de una cueva, según informó ayer la Autoridad de Antigüedades de Israel. Una pala mecánica dejó al descubierto la entrada de una cueva tallada en la roca, cuyo acceso está decorado con un revoque coloreado. A continuación se abre un espacio central con varios nichos tallados en la roca, con cerámica decorada y osarios de piedra, y al fondo hay una pequeña cámara funeraria. La cueva probablemente fue saqueada en época antigua.

Los arqueólogos han encontrado puertas de piedra en las entradas de las habitaciones y, en una de ellas, inscripciones griegas grabadas en la piedra con los nombres de los difuntos, que serán estudiadas por los especialistas. Yair Amitsur, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, ha explicado que “la cueva debió de funcionar como un complejo funerario para una familia que vivió en la ciudad de Tiberíades o en uno de los poblados adyacentes”. Tiberíades fue establecida en el 18 d.C. por Herodes Antipas, el hijo de Herodes el Grande, en honor del emperador romano Tiberio.

Tiberíades fue establecida en el 18 d.C., en honor del emperador Tiberio

“Esta cueva funeraria es fascinante porque es un hallazgo único en la zona. El tallado de la roca de alta calidad, la complejidad de la cueva, las decoraciones y las inscripciones en griego apuntan a que perteneció a una familia poderosa que vivió en la zona en época romana“, sostiene Amitsur. La cueva ha sido bloqueada con el fin de protegerla y será investigada por expertos de la Autoridad de Antigüedades de Israel.

 

Entrada de la cueva
Una pala mecánica dejó al descubierto la entrada de la cueva, tallada en la roca y situada en la parte norte de la ciudad de Tiberíades.

Foto: Miki Peleg, IAA

 

¡Saqueada!
La cueva, de unos 2.000 años de antigüedad, probablemente fue saqueada en época antigua, pero no queda claro cuándo.

Foto: Miki Peleg, IAA

 

Osario de piedra
Un osario de piedra y fragmentos de cerámica.

Foto: Miki Peleg, IAA

 

Tumba familiar
Yair Amitsur, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, ha explicado que “la cueva debió de funcionar como un complejo funerario para una familia que vivió en la ciudad de Tiberíades o en uno de los poblados adyacentes”.

Foto: Miki Peleg, IAA

 

11 junio 2018 at 1:49 pm Deja un comentario

Enigmas de héroes, dioses y titanes en el Prado

Desde Prometeo hasta Afrodita, Dionisio y los sátiros, ‘Los mitos en el Museo del Prado’ rescata las leyendas detrás de 90 piezas de la pinacoteca.

Fuente: EL MUNDO
10 de junio de 2018

Las obras del Museo del Prado albergan historias milenarias. Detrás de la Ofrenda a Venus de Tiziano, por ejemplo, se esconde un Filóstrato (sofista griego del siglo III) que visitó una galería privada en Nápoles y escribió sobre todas las facetas del amor. Y cuando Goya retrata a Las Parcas (1820/23), retoma la Teogonía de Hesíodo (siglo VIII a.C), en cuya obra poética escribió que Las Moiras (nombre griego de las parcas romanas) eran tres: Cloto, Láquesis y Átropo. Ellas tenían el poder de conceder a los mortales, cuando nacen, el don del bien y del mal. También en la Ilíada y en la Odisea se habla de estas figuras como las encargadas de tejer el destino de las personas. Pero sería con el inicio del Renacimiento que las Parcas tomarían formas y atributos más precisos que las ligarían, sin más rodeos, a la idea de la muerte como la conocemos hoy: ancianas que en vez de tejer los hilos del destino, cortan los hilos de la vida.

Ahora, el libro Los mitos en el Museo del Prado (Ed. Guillermo Escolar), de Miguel Ángel Elvira y Marta Carrasco Ferrer (ambos doctores en Historia del Arte que comparten, entre otras cosas, el interés por la iconografía clásica), reúne y explica los textos clásicos que dieron origen a 90 obras expuestas en la pinacoteca madrileña, ilustradas con fotografías cedidas por el propio museo. “El libro está lleno de historias de infidelidades, enamoramientos y venganzas. Cuando los griegos crearon su panteón mitológico, dotaron a sus dioses con vicios y virtudes humanas”, explica Carrasco en una charla con EL MUNDO.

Cuatro años atrás, cuando Miguel y Marta comenzaron a idear este libro, pensaron en todas las personas que diariamente recorren los pasillos del museo y se detienen ante las más renombradas obras europeas, pero sin conocer los relatos que les dieron origen. “Queremos que el lector haga ese click que falta para entender en profundidad lo que está observando”, comenta Carrasco.

Hércules en Walt Disney, Troya en Warner Bros. De la mano de grandes industrias, las leyendas de la época clásica regresan una y otra vez al presente. “Si no, mira a Prometeo, el gran Titán amigo de los hombres que robaba fuego a los dioses para acercarlo a los humanos. Puede parecer un personaje del pasado, pero hay un pedazo de imagen suya en el centro de Nueva York a cuyos pies patina casi todo el mundo a fin de año”, comenta Elvira en referencia a la escultura ubicada en el Rockefeller Center.

Fueron los mitos grecorromanos los que interpretaron por primera vez al mundo y todo arte que vino después ha vuelto su vista hacia ellos. Como lo dice Elvira, “la mitología está presente en nuestras ciudades y sus héroes siguen siendo los nuestros. A lo mejor no hablamos todos los días de ella, pero sigue viva”.

‘Sísifo’ (1548-1549), de Tiziano

“En 1548, María de Hungría, hermana de Carlos V y regente de los Países Bajos, encargó a Tiziano, para la sala principal de su palacio en Binche, un ciclo de cuatro Grandes Condenados en los infiernos”, explican los autores del libro Los mitos en el Museo del Prado. “Quería que estuvieran listas cuando, en 1549, visitasen el edificio el emperador y su hijo Felipe. Sin embargo, el cronista Juan Cristóbal Calvete de Estrella, al describir esta recepción, en la que estuvo presente, menciona solo tres pinturas: un Prometeo, un Sísifo y un Tántalo”, continúan.

La condena de Sísifo, rey de Corinto, es conocida por muchos: debido a sus “peculiares crímenes”, entre los que se encuentran un engaño a Hades para que le permitiera volver de los infiernos al mundo de los vivos, fue condenado a empujar una gran roca hasta lo más alto de una colina. Una vez allí, la roca estaba destinada a caer, repitiendo el trabajo una y otra vez, de forma inexorable.

Los dioses se enojaron con él por su astucia. “Nadie dudó nunca del carácter admonitorio y amenazante de estas pinturas: tomando como base la Metamorfosis de Ovidio (IV, 456-463) y la Eneida de Virgilio (VI, 547-634), advertían sobre las graves penas reservadas en el Hades a quienes se atrevieran a desafiar a los dioses y al emperador, su reflejo en la Tierra”, comentan los autores.

La historia de Sísifo siempre había sido imaginada así: como la del rey de Corinto empujando una roca una y otra vez. Fue recién con Tiziano que se planteó la alternativa que se presenta en su pintura: la de hacerle cargar con la piedra sobre los hombros. “¿Por qué?”, se preguntan Miguel Ángel Elvira y Marta Carrasco. “Lo ignoramos. Acaso, sencillamente, para explicar el esquema de un grabado de Marcantonio Raimondi (Hombre portando sobre sus hombros una basa de columna) y, de paso, figurar al personaje con la musculatura del Torso del Belvedere (fragmento de la estatua de un desnudo masculino firmado por el escultor ateniense Apolonio de Atenas)”.

Cabe señalar, según los autores, que por 1545/46 Tiziano acababa de viajar a Roma y que por esas épocas el ‘romanismo’ se había convertido en la tendencia artística preferida por Carlos V, “lo que de sobra sabía el pintor”, como expresan los expertos.

‘La caída de Ícaro’ (1554-1555), de Jacob Peter Gowy

Esta pintura de Gowy se basa en un boceto de Rubens que se encuentra en Bruselas. Para Miguel Ángel Elvira y Marta Carrasco, J.P. Gowy es “un artista mal conocido” que se esforzó por “interpretar aquel boceto con fidelidad”.

La leyenda de Ícaro es relatada por Ovidio en su Metamorfosis (VIII, 183-235). “Allí se explica que Dédalo, deseando huir de Creta, elaboró unas alas con plumas, hilos y cera. Se las ajustó a sí mismo y a su hijo, dio a este el consejo de volar a media altura, y ambos emprendieron vuelo”, expresan los autores. Dédalo iba delante; las gentes contemplaban desde la tierra el vuelo de ambos, y, en cierto momento, el muchacho decidió lanzarse hacia el cielo “arrastrado por sus ansias de ascender”, continúan los expertos. Al acercarse al sol, el calor derritió sus alas y el joven cayó al mar.

“Pero Rubens apenas enmendó la plana a Ovidio: los campesinos, en su remoto paisaje, parecen ignorar el vuelo de estos héroes”, expresan los autores. “Y Dédalo, en cambio, ve de cerca la caída de su hijo, mientras que en el poema solo se da cuenta de su desgracia cuando atisba unas plumas flotando sobre las olas”, explica Miguel Ángel Elvira.

“Estas inexactitudes se explican porque nuestro artista buscó apoyo en grabados que conocía bien, y la postura de Ícaro nos habla de una lectura moralista de Rubens”, agrega.

Así, para el coautor del libro, la idea detrás de la pintura puede entenderse de diferentes maneras de acuerdo a cada momento histórico. “Desde alguien que asciende hasta los cielos, a pesar de que le aconsejan que mantenga un vuelo bajo, y en una lección sobre excesos de vanidad se queman sus alas haciéndolo caer al mar. O como la curiosidad de todo adolescente de querer llegar siempre un poco más alto, de querer conocer un poco más”.

‘Marte’ (1639-1640), de Diego Velázquez

Cuentan los autores de Los mitos en el Museo del Prado que esta obra de Velázquez fue pintada para completar la decoración de la Torre de la Parada, donde se hallaba en 1703, antes de ser llevada al Palacio del Prado.

Como explican Miguel Ángel Elvira y Marta Carrasco, algunos han dicho que, al pintar al dios de la guerra, el pintor barroco español estaba queriendo dar una advertencia al rey Felipe IV al entregar un cuadro con la figura del dios de la guerra, hijo de Júpiter. Pero al verlo sentado en un lecho, “cansado y triste”, como lo describen los autores, “debe ser visto en el contexto burlesco de sus amores adúlteros con Venus. Esto vincula la pintura de Velázquez a los cuadros de bufones vestidos de militares que tanto gustaban a nuestro pintor”, aseguran.

Como expresan Elvira y Carrasco, Velázquez pudo haberse inspirado, para la actitud del dios, en algún dibujo del Pensieroso de Miguel Ángel, “o con más seguridad, en el Marte Ludovisi, del que él mismo traería a Madrid una copia tras su segundo viaje a Italia, entre 1649 y 1651″. Y en cuanto a la cara, “con su ostentoso mostacho”, describen, “recuerda ciertas xilografías de Hendrick Goltzius, e incluso una serie de grabados sobre los Amores de los dioses de Jacob Matham (h. 1590), donde Marte aparece precisamente con la diosa Venus”.

‘El paso de la Laguna Estigia’ (1520-1524), de Joachim Patinir

“Si coge uno El paso de la laguna Estigia de Patinir, es un cuadro completamente complicado que quiere mezclar las creencias del más allá cristianas y las paganas y encajarlas, y eso es maravilloso”, confiesa Miguel Ángel Elvira. “Es algo que ha ocurrido en el renacimiento y que nunca ha vuelto a ocurrir. Intenta mezclar las creencias de cómo se sube a los cielos y cómo se desciende a los infiernos del dios Plutón“, agrega.

En este cuadro se reúnen elementos bíblicos con otros mitológicos para hablar de la suerte de las almas en el más allá.

Caronte, figura eminentemente pagana, dirige la barca en el centro, y en ella transporta el alma de un hombre hacia el primer plano. “Es el viejo que describen los poemas antiguos al relatar los viajes de ciertos héroes al más allá”, explica Elvira.

“A la izquierda, una difícil entrada entre rocas nos conduce a un ameno paisaje de ángeles: el Paraíso Terrenal, un ámbito cristiano. A la derecha, una verde enredadera atractiva en apariencia nos lleva a un negro túnel defendido por una bestia monstruosa: es el Infierno, que recuerda al antiguo Hades”, cuentan los autores del libro, recurriendo a la Eneida de Virgilio (VI, 416-418).

“Desde luego”, continúan, “nos hallamos ante una obra única y sin precedentes, lo que explica su propia indecisión. Caronte, más que llevar el alma de un muerto en su barca, parece regir el final de su existencia -Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar, / que es el morir- y solo en el último momento decide si el hombre merece salvarse o condenarse”. Sin embargo, y por curioso que parezca, los católicos monarcas españoles no vieron nada herético en este cuadro que llegó a la corte de Felipe II y, luego, a la sala de lectura de Felipe IV.

 

11 junio 2018 at 8:02 am Deja un comentario

Hallados restos de la muralla romana de Zaragoza del siglo I

Los especialistas estudian si entre ellos han aparecido los cimientos de un antiguo torreón

Técnicos municipales estudiaban y fotografiaban ayer los restos aparecidos en la calle de Pardo Sastrón | Raquel Labodía

Fuente: Mariano García – Zaragoza  |  Heraldo.es
9 de junio de 2018

Las obras para cambiar un colector en la calle de Pardo Sastrón de Zaragoza, frente al hotel Reino de Aragón, han sacado a la luz restos de la muralla romana antigua de la ciudad. Arqueólogos y especialistas municipales han estudiado y documentado en los últimos días el hallazgo, que será cubierto la próxima semana para restituir la fisonomía de la calle.

La parte excavada es pequeña, y lo que ha salido a la luz no es vistoso (se trata de cimentación), pero desde el punto de vista científico sí es muy importante. «Lo que hemos encontrado es un trozo de la cimentación de la muralla romana del siglo I, un tramo de hormigón de 9,5 metros de longitud», señalaba ayer Francisco Escudero, que ha estudiado los vestigios junto a otro arqueólogo municipal, José Juan Frax.

Cuando se habla de la muralla romana de Zaragoza se alude, en realidad, a dos murallas. Una se construyó en hormigón en el siglo I. Tenía 3,5-4 metros de anchura y discurría por lo que actualmente es el Coso. En el siglo III la muralla se reformó, se rebajó más de medio metro para añadirle los sillares de piedra que constituyen lo que popularmente hoy todo el mundo considera ‘muralla romana’, aunque la de hormigón también lo es, e incluso más antigua.

El tramo descubierto ahora es de 9,5 metros de longitud, y no de 3,5-4, como debería, lo que abre incógnitas a los estudiosos.

«La única explicación que se nos ocurre por ahora es que, junto a la cimentación de la muralla del siglo I, hayamos descubierto también la de uno de sus torreones. Es todavía una conclusión provisional, a expensas de posteriores estudios. Pero, de confirmarse esta hipótesis, estaríamos ante el hallazgo de los primeros restos de un torreón de la muralla del siglo I de Caesaraugusta. El problema es que no se puede ver cómo acaba la cimentación ni por un lado ni por el otro, ni siquiera si, en el caso de que fuera un torreón, si este era cuadrado o redondo».

Se sabe perfectamente cómo se disponían los torreones de la muralla de piedra del siglo III (cada 13-14 metros del trazado) pero se ignora todo sobre los de la muralla del siglo I. «Eran más grandes y debían estar mucho más distanciados –subraya Escudero–. Cerca de los restos que han aparecido ahora se descubrieron hace tiempo vestigios de un torreón, pero pertenecía a la defensa del siglo III, la de piedra».

El último tramo de muralla romana que se había descubierto hasta ahora apareció en julio pasado junto a la plaza de la Magdalena. Fue en el sótano de un establecimiento comercial de propiedad privada en el número 147 del Coso. El tramo descubierto era bien distinto al que ha aparecido ahora, ya que tenía 4,75 metros de largo y 2,3 de alto, y en él se encontraban seis alturas de sillares intactos, sin añadidos y sin obras posteriores, conservados en perfecto estado. Formaban parte, además, de un torreón que se integraba en la antigua Puerta de Valencia.

Hasta ahora se han encontrado casi 40 tramos de la antigua muralla romana, documentados en época moderna, conservados o no. Buena parte de ellos han sido estudiados por Francisco Escudero, que prepara una publicación, respaldada por el Ayuntamiento, en la que dará toda la información arqueológica e histórica recabada hasta ahora.

«La idea es terminar el trabajo de investigación a finales de este año o principios del que viene», concluye Escudero.

 

11 junio 2018 at 8:01 am Deja un comentario


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