Archive for 28 mayo 2018

Cleómenes, el rey loco de Esparta

Hizo de Esparta una gran potencia, pero sus ambiciones políticas y su juego sucio con los oráculos divinos llevaron a sus conciudadanos a apartarlo del poder, hasta que puso fin a su vida con un suicidio

La Esparta imaginada
En el siglo XIX, el pintor y arquitecto inglés Joseph Michael Gandy recreó el centro monumental de la ciudad de Esparta en esta acuarela; la imagen dista mucho de la sobria ciudad del siglo VI a.C. en la que vivió Cleómenes.
Foto: Bridgeman / Aci

Fuente: Francisco Javier Murcia Ortuño  |  National Geographic
28 de mayo de 2018

Aunque en el sistema político espartano las funciones de los reyes se limitaban sobre todo a la dirección del ejército, Cleómenes consiguió –gracias a su gran personalidad y energía– dejar una huella profunda en la historia de Esparta, a la que convirtió en la primera potencia de Grecia durante su reinado de más de 30 años, entre 520 y 488 a.C.

Sin embargo, las fuentes antiguas le son hostiles y lo presentan como un hombre colérico, cruel y mentalmente inestable que despreciaba las normas humanas y divinas. Según escribió el historiador griego Plutarco, Cleómenes tenía su propia norma: “El mal que uno puede hacer a los enemigos es superior a la justicia”.

Heredero por accidente

Las circunstancias de su nacimiento fueron ya inusuales. Su padre, el rey Anaxándridas, estaba casado con una sobrina suya, pero no tenían hijos. Esto preocupaba a los éforos, cinco hombres elegidos anualmente que ostentaban el máximo poder en Esparta y que tenían entre sus funciones el control de los reyes. Los éforos, que velaban por la continuidad dinástica, propusieron a Anaxándridas que repudiara a su esposa para casarse con otra que le pudiera dar hijos. Pero el rey amaba profundamente a su mujer y se negó en redondo a separarse de ella. Según explica Heródoto, los éforos le hicieron entonces una nueva y singular propuesta: “Como te vemos encadenado a la que ahora es tu mujer, ya no te pedimos que la repudies, pero sí que además de ella te lleves a tu casa a otra que te dé hijos”. Anaxándridas lo aprobó y desde ese momento tuvo dos esposas y mantuvo dos hogares.

La nueva esposa pronto dio a luz un hijo, Cleómenes, pero poco después la primera esposa tuvo otros tres hijos. Según las leyes de Esparta, la sucesión recaía en el primer hijo varón nacido después de que su padre subiera al trono y, por tanto, Cleómenes fue considerado el heredero legítimo. Aunque en su juventud ya mostraba síntomas de cierto desequilibrio mental, a la muerte de Anaxándridas los espartanos se ajustaron a su legislación y lo proclamaron rey.

Su primera actuación en el exterior llegó en 510 a.C., cuando dirigió un ejército espartano contra Atenas para derrocar al tirano Hipias. Los espartanos deseaban romper las buenas relaciones que Atenas mantenía con Argos, su gran enemiga; esas buenas relaciones se remontaban al padre de Hipias, Pisístrato, que se había casado con una mujer argiva. Además, Hipias mostraba inclinación hacia los persas y esto llenaba de inquietud a los espartanos, que veían cómo el Imperio persa se extendía poco a poco hacia Occidente.

Cleómenes invadió la región de Atenas, el Ática, y derrotó a Hipias. Tras entrar en la ciudad sitió al tirano, que había buscado refugio en lo alto de la Acrópolis, un recinto bien amurallado. Los espartanos evitaban siempre los combates en las murallas, pues implicaban un gran número de bajas en una lucha sin ninguna gloria, pero tuvieron suerte cuando los hijos del tirano, que pretendían salir en secreto de la Acrópolis, cayeron en sus manos. Hipias pactó entonces su salida de Atenas con su familia y se exilió. Sin duda, la expulsión de Hipias por Cleómenes cimentó la fama de Esparta como enemiga de la tiranía.

Dos años después, Cleómenes volvió a una Atenas alterada por la lucha política entre Clístenes e Iságoras. El primero era partidario de reformas políticas que dieran mayor participación al pueblo, a lo que se oponía Iságoras, que aspiraba a mantener el poder en manos de la aristocracia. Cleómenes había establecido una firme amistad con Iságoras durante su anterior estancia en Atenas (las malas lenguas decían que había sido amante de su esposa), y cuando Clístenes entregó el poder al pueblo, Iságoras llamó a su poderoso amigo. Cleómenes se presentó con escasas tropas, señal de que se trataba de una aventura privada, y entró en Atenas.

Humillado dos veces

El rey de Esparta puso las magistraturas de la ciudad en poder de Iságoras y expulsó a los partidarios de Clístenes, unas 700 familias. Pero el pueblo se negó a obedecer, y en la revuelta que siguió Cleómenes ocupó la Acrópolis junto a Iságoras y sus seguidores. Tras dos días de asedio pactó una tregua para salir sin sufrir daño, aunque, según Heródoto, los atenienses partidarios de Iságoras fueron ejecutados. Entonces Cleómenes se sintió humillado y quiso vengarse de los atenienses.

Los aliados que acompañaban a los espartanos ignoraban que el objetivo principal de la expedición era imponer a Iságoras como tirano de Atenas

Para ello reclutó un ejército entre sus aliados del Peloponeso e invadió el Ática. Esta vez la expedición estaba autorizada oficialmente por Esparta, ya que se pusieron al mando del ejército los dos reyes que tenían los espartanos: el propio Cleómenes y Demarato, miembro de otra casa real. Pero los aliados que acompañaban a los espartanos ignoraban que el objetivo principal de la expedición era imponer a Iságoras como tirano de Atenas. Cuando atenienses y espartanos se encontraron frente a frente, sus aliados corintios se retiraron al conocer de pronto el motivo de la campaña; lo mismo hizo Demarato, que sin duda se oponía a la aventurera política exterior de su colega Cleómenes. Los otros aliados, al advertir la disensión de los reyes, también se retiraron.

Entonces Cleómenes pensó en reponer a Hipias como tirano de Atenas. Para ello, en el año 504 a.C. convocó a los aliados a una reunión en Esparta, en la que tomó parte el propio Hipias. Cleómenes alegó como excusa que había conocido unos oráculos que anunciaban que los espartanos iban a sufrir mucho por culpa de Atenas (se había llevado los oráculos de la Acrópolis de Atenas cuando estuvo allí). Pero los aliados, y en especial Corinto, que había sufrido un largo período de tiranía, se negaron a apoyar los planes del rey.

La masacre de los argivos

Puesto que no había conseguido doblegar a Atenas, Cleómenes centró su política exterior en asegurar la hegemonía de Esparta en la península del Peloponeso y para ello atacó a Argos, su enemiga acérrima, en 494 a.C. Los dos ejércitos acamparon muy cerca uno del otro, a la espera de la batalla campal. Según Heródoto, los argivos estaban pendientes de las órdenes de los heraldos espartanos y realizaban los mismos movimientos que éstos anunciaban. Al advertirlo, Cleómenes ordenó que los heraldos dieran la señal de almorzar; los argivos se prepararon para hacer lo mismo, y entonces Cleómenes los atacó y mató a muchos. Los supervivientes se refugiaron en un bosque consagrado al héroe Argos, pero Cleómenes los exterminó, un acto impío que conllevaba una maldición.

A continuación, el rey despidió al ejército y con mil hombres escogidos se dirigió al Hereo, el santuario más importante de los argivos, y allí realizó un sacrificio solemne a la diosa Hera. Luego, aunque tenía Argos a su merced, se retiró a Esparta. Sus enemigos, entre los que seguramente se contaba su colega en el trono, Demarato, lo acusaron de aceptar sobornos a cambio de esa retirada, pero Cleómenes se defendió diciendo que mientras realizaba el sacrificio en el Hereo, del pecho de la imagen de la diosa salió una fuerte llamarada y comprendió por aquella señal que no podría tomar la ciudad. Al parecer, los piadosos espartanos consideraron dignas de crédito estas explicaciones. En realidad, es muy posible que Cleómenes considerase que una Argos diezmada, pero no destruida, sería más provechosa para la política espartana: no era conveniente que otras ciudades del Peloponeso, como Corinto, incrementasen demasiado su poder, lo que sin duda harían a costa de una Argos arruinada.

Lo cierto es que Argos quedó sin hombres. Heródoto fija en 6.000 el número de argivos muertos, y otro historiador, Pausanias, habla de 5.000 bajas. La ciudad tardó en recuperarse de aquella matanza y alegaría escasez de varones para justificar su neutralidad durante la futura guerra contra los persas.

Precisamente en el año 491 a.C., el rey persa Darío I envió heraldos por toda Grecia para pedir la tierra y el agua, señal tradicional de sumisión. Los atenienses los arrojaron a una antigua cantera, y los espartanos los tiraron a un pozo diciendo burlonamente que se llevaran de allí la tierra y el agua para su rey. Pero la isla de Egina, que era enemiga de Atenas, aceptó someterse al rey persa. Los atenienses acudieron a Esparta y acusaron a los eginetas de traición. Cleómenes se presentó en Egina para exigir rehenes, pero los eginetas se negaron a entregarlos alegando que no estaban presentes los dos reyes de Esparta, como establecía la ley; los eginetas estaban aleccionados por Demarato que, además, según Heródoto, se dedicaba a difamar a Cleómenes en Esparta.

Lo cierto es que Demarato debía de representar la opinión de muchos espartanos, hostiles a Cleómenes. No habían querido reponer como tirano a Hipias, un amigo de los persas; y no les gustaba el comportamiento siempre colérico y vengativo del rey, que era un motivo de intranquilidad para los aliados de Esparta en el Peloponeso. Este grupo utilizó en adelante a Demarato para frenar las empresas de Cleómenes, como sucedió en Egina. Éste se sintió ultrajado, y antes de castigar a los eginetas quiso encargarse de Demarato.

Triunfo y caída

Aprovechó que había ciertas sospechas sobre la legitimidad de su colega y sugirió que se consultase al oráculo de Delfos. Cleómenes había sobornado a los dirigentes de Delfos de modo que, cuando se formuló la pregunta, la pitia declaró que Demarato no era hijo legítimo. Demarato fue destronado y pasó un tiempo en Esparta soportando las burlas, hasta que escapó a Asia y se refugió en la corte de Darío. En su lugar, Cleómenes colocó a Leotíquidas. Ambos se presentaron en Egina y tomaron rehenes; Cleómenes, como especial venganza hacia los eginetas, los dejó en manos de los atenienses, sus peores enemigos.

Temiendo represalias, Cleómenes huyó a Arcadia, a cuyos habitantes intentó unir para que lucharan contra Esparta

Poco después se descubrió el soborno de la pitia y Cleómenes cayó en desgracia en Esparta. Temiendo represalias, huyó a Arcadia, a cuyos habitantes intentó unir para que lucharan contra Esparta. Entonces los espartanos le dejaron volver a casa, pero al regresar sufrió un ataque de locura y empezó a dar bastonazos en la cara a los que se cruzaban con él. Sus parientes lo encadenaron a un cepo, pero cierto día en que quedó bajo la vigilancia de un ilota (un siervo), Cleómenes le pidió un cuchillo. El ilota se negó a dárselo, pero Cleómenes lo amenazó diciéndole lo que le haría cuando estuviera libre del cepo. El ilota se lo entregó, y Cleómenes, según escribe Heródoto, “empezó a herirse desde las piernas; cortando las carnes a jirones fue subiendo hacia los muslos, y desde los muslos hacia las caderas y las ijadas hasta que llegó al vientre y tras cortárselo en pedazos murió”. Otras fuentes añaden que reía con gesto de dolor mientras se desgarraba las carnes.

Hoy, los historiadores apuntan a que quizá fue ejecutado por los mismos espartanos cuando se convirtió en un peligro para el Estado: su política personalista y ambiciosa era un peligro para el equilibrio de fuerzas en el Peloponeso y, en consecuencia, para Esparta.

 

La ciudad sin murallas
Emplazada sobre el río Eurotas, Esparta o Lacedemonia era la polis griega más temida; confiando en el valor sin parangón de sus soldados, carecía de muralla. En la imagen, el teatro de Esparta, de época helenística y romana.
Foto: J. LANGE / GETTY IMAGES

 

La diosa de Esparta
Arriba, antefija del templo de la diosa de Esparta, Atenea Calcieco, “la del templo de bronce”. Este recinto de culto –como el teatro helenístico– estaba en la Acrópolis que dominaba la ciudad.
Foto: P. HORREE / AGE FOTOSTOCK

 

Atenas, enemiga y aliada
Cuando Cleómenes sitió al tirano Hipias en la Acrópolis de Atenas, en esta gran roca aún no se habían construido los edificios que la harían famosa, como el Partenón o el templo de Erecteo, que vemos en esta fotografía.
Foto: RENÉ MATTES / GTRES

 

Santuario de Apolo en Delfos. La pitia, o profetisa, daba sus respuestas en el gran templo de Apolo
El oráculo de Clístenes
El ateniense Clístenes, enfrentado al tirano Hipias, logró que la pitia, la profetisa de Apolo en Delfos, “sobornada a fuerza de dinero”, ofreciera a los espartanos la misma respuesta a cualquier consulta de uno de ellos: que la voluntad de los dioses era que liberasen a Atenas. Al final, en vista de que siempre recibían del oráculo la misma respuesta, hicieron caso a Apolo y Cleómenes marchó contra Hipias y lo depuso. Así lo explica Heródoto.
Foto: Beaux-Arts de Paris / RMN-Grand Palais

 

El expulsado de Atenas
Clístenes instauró el ostracismo para exiliar a los enemigos del Estado; su nombre se escribía en un trozo de cerámica, como el de la imagen. Cleómenes puso las magistraturas de la ciudad de Atenas en poder de Iságoras y expulsó a los partidarios de Clístenes, unas 700 familias. Pero el pueblo se negó a obedecer, y en la revuelta que siguió Cleómenes ocupó la Acrópolis junto a Iságoras y sus seguidores. Tras dos días de asedio pactó una tregua para salir sin sufrir daño, aunque, según Heródoto, los atenienses partidarios de Iságoras fueron ejecutados. Entonces Cleómenes se sintió humillado y quiso vengarse de los atenienses.
Foto: Akg / Album

 

El teatro de Argos, construido hacia 300 a.C.
Sacrilegio en Argos
Cuando Cleómenes derrotó  al ejército de Argos en 494 a.C., los supervivientes se refugiaron en un bosque sagrado dedicado a Argos (el héroe que daba nombre a su ciudad). Cleómenes no quiso entrar allí y matarlos por miedo a cometer un sacrilegio. Entonces los engañó: por un heraldo les dijo que había llegado su rescate y que salieran sin temor a medida que los llamaran por sus nombres, que conocía gracias a unos desertores. Así mató a unos 50, hasta que los de dentro del bosque advirtieron lo que pasaba. Entonces mandó a los ilotas, los esclavos de los espartanos, que amontonaran leña en torno al bosque y le prendieran fuego. Los argivos fueron exterminados y los ilotas asumieron la culpa del sacrilegio.
Foto: A. Garozzo / Getty images

 

Cubiertos de bronce
En esta escena, los infantes u hoplitas llevan armaduras semejantes a las que vistieron espartanos y argivos en la batalla en la que tuvo lugar el sacrilegio de Argos. Esta ciudad era la gran enemiga de Esparta en la península del Peloponeso. Ánfora del siglo VI a.C. Louvre, París.
Foto: Scala, Firenze

 

Leónidas, yerno de Cleómenes, en las Termópilas. Óleo por Jacques Louis David. 1814. Museo del Louvre, París
Hija de rey, esposa de rey
Cleómenes dejó una sola hija llamada Gorgo, que desde pequeña dio muestras de inteligencia. Cuando Aristágoras intentó sobornar a su padre Cleómenes para que ayudara a los rebeldes jonios contra Persia, prometiéndole una cantidad cada vez mayor, Gorgo, que tenía ocho años, exclamó: “Padre, si no te alejas el extranjero acabará por sobornarte”. Gorgo se casó con Leónidas, hermanastro de su padre y futuro defensor de las Termópilas frente a los persas.
Foto: Erich Lessing / Album

 

Guerreros bien protegidos
La coraza, el casco, las grebas o espinilleras y el escudo constituían el armamento defensivo del hoplita griego.
Foto: Bridgeman / Aci

 

El templo de Apolo en Delfos
Cleómenes se ganó el apoyo de Cobón, un personaje muy influyente en Delfos. Éste persuadió a la pitia Perialo, la profetisa de Apolo, para que dijera que Demarato (adversario de Cleómenes) era hijo ilegítimo.
Foto: Jean Heintz / Gtres

 

Áyax se suicida arrojándose sobre su espada. Gema del siglo VI a.C. El suicidio no estaba bien visto en la Grecia antigua
Las razones de un suicidio
El terrible final de Cleómenes, ejemplo de la capacidad de sufrimiento de un espartano, tuvo diferentes explicaciones. En la versión espartana, Cleómenes enloqueció por su afición a beber vino puro (no mezclado con agua); otros lo vieron como un castigo divino por el sacrilegio cometido en el bosque sagrado de Argos, y también se pensó que fue la culminación de un trastorno que ya se había manifestado en su juventud.
Foto: Museum Fine Arts, Boston / Bridgeman / Aci

 

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28 mayo 2018 at 6:20 pm Deja un comentario

Yacimiento de El Beneficio: el «hotel» para viajeros romanos en Collado Mediano

Acabadas, tras diez años, las obras de recuperación de este espacio, del siglo III d. C.

Recreación de las termas romanas en el yacimiento de El Beneficio, en Collado Mediano – COMUNIDAD DE MADRID

Fuente: Sara Medialdea – Madrid  |  ABC
28 de mayo de 2018

Una casualidad unida al interés de un párroco aficionado a la historia hicieron posible rescatar y conservar el yacimiento de El Beneficio, una especie de «parada de postas» de las vías romanas que podría datar del siglo III d.C. y que ahora ha recuperado la consejería de Cultura, en colaboración con el Ayuntamiento de Collado Mediano.

Fue Ricardo Fernández García, párroco de Collado Mediano en 1917, el que se fijó en que la explotación de una veta de basalto en la zona del arroyo de Los Linos dejaba a la luz unos restos que le parecían valiosos. Comunicó su hallazgo a la Real Academia de la Historia por carta en 1927, y ahí comenzó un largo viaje que ahora termina, tras unos trabajos de recuperación y mejora que han durado 10 años y han supuesto la inversión de 307.000 euros.

Los restos podrían tratarse, según los expertos, de una «mansio», un lugar donde pasar la noche durante los viajes, y que estaría situada en la vía XXIV del Itinerario Antonino, una recopilación de 372 rutas por la Hispania romana. Esta, en concreto, uniría Segovia con Titulcia, y atravesaría entre otras localidades, Collado Mediano. El espacio que se ha recuperado incluye edificios de planta cuadrangular de aproximadamente 15 metros por 15, donde se ordenaban una serie de dependencias destinadas probablemente al servicio al viajero.

No hay lujos ni suntuosidad en esta construcción, sino funcionalidad. La consejería de Cultura, Turismo y Deportes que dirige Jaime de los Santos acaba de concluir las obras de recuperación de este yacimiento de Miaccum-El Beneficio. La «mansio» o «mutatio» –denominación que también recibían esta especie de hoteles de carretera– permitiría hacer un alto en el camino para descansar, comer, cambiar los carruajes e incluso para tomar unos baños.

Termas

En efecto, de la recuperación realizada se desprende que podrían haber existido en uno de los edificios que forman este conjunto unas termas. También se localiza un tramo de la vía primitiva en el entorno.

Las excavaciones arqueológicas permitieron distinguir varias fases constructivas, que presentan diferentes estados de conservación, y que parece que fueron construyéndose unas encima de las otras.

Las más antiguas son la Fase I y II, formadas por unos exiguos restos de muros de mampostería de piedra, muy alternados por reformas posteriores. La fase tercera es la que se fecha en torno a los siglos III-IV d.C., y permite ver siete estancias de un edificio de mediano tamaño que poseyó en su día cubierta de teja, junto con abundantes restos de cerámica y monedas.

Sobre el pavimento de opus signinum –una técnica de solado heredada de los fenicios–, se han encontrado restos de la fase cuarta, la más reciente, con un horno del siglo V de planta redonda.

El Beneficio se encuentra musealizado y cuenta con una nueva cubierta. Además, se han consolidado las fábricas deterioradas y se han instalado vías para el acceso de los visitantes al conjunto.

 

28 mayo 2018 at 7:43 am Deja un comentario


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