Archive for 6 mayo 2018

Cómo era el primer submarino que describió Aristóteles hace 2.300 años y los que vinieron después

El lugar más misterioso e inexplorado de nuestro planeta es la profundidad de los océanos

Debajo de la superficie de un océano lleno de peces, Alejandro Magno está sentado en una batisfera, un tipo de artilugio de buceo, frunciendo el ceño mientras levanta los ojos hacia la pareja de arriba. Sentada en un bote, la amante de Alejandro y su nuevo pretendiente se miran el uno al otro y se toman de la mano. THE J. PAUL GETTY MUSEUM

Fuente: BBC Mundo
5 de mayo de 2018

A través de la historia, el ser humano ha sentido el impulso de conocer lo que contienen esas aguas con hábitats y vidas fascinantes, tan diferentes a las que existen en la superficie terrestre.

La dificultad de poder sobrevivir dentro del agua sin algún artefacto de apoyo sólo incrementó el misterio y, por ende, la curiosidad.

Sin embargo, eso no frenó la imaginación, los diseños y la eventual audacia para poner a prueba los primeros mecanismos sumergibles que terminaron evolucionando en los sofisticados submarinos que conocemos hoy en día.

Estas fueron algunas de las ideas y a aparatos que se pusieron a prueba en la antigüedad.

La batisfera

La primera mención de un aparato sumergible la hizo el filósofo Aristóteles en el siglo IV a. de C. al aludir a un supuesto evento en el que participó su más destacado pupilo, Alejandro Magno.

La historia de la aventura submarina de Alejandro fue elaborada en gran medida durante el curso de la Edad Media, especialmente en la literatura vernácula alemana.

Una versión relataba que Alejandro tenía curiosidad por explorar el océano. Se sumergió en el agua en una campana de vidrio y se llevó consigo tres criaturas: un perro, un gato y un gallo.

El que fue rey de Macedonia, Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto y rey de Media y Persia confió a su amante más leal el cuidado de la cadena con la que se sacaba la campana a la superficie.

Pero su amante tenía un amante que la persuadió de que se fugase con él y arrojó la cadena al mar. Con la cadena inútilmente enroscada en el fondo del océano, Alejandro tuvo que idear su propio escape.

En el Medioevo se mitificó la exploración de Alejandro Magno en su barril de vidrio. Nótense las lámparas encendidas que hubieran consumido el oxígeno del barril en pocos segundos. GETTY IMAGES

El barril de vidrio

Otra leyenda cuenta que, durante el sitio de Tiro, el gran general griego construyó un barril completamente hecho de vidrio, en el cual podría sumergirse por algún tiempo y regresar a la superficie completamente seco.

Los hechos son un poco oscuros, pues provienen de versos apócrifos e ilustraciones antiguas, pero la idea de un recipiente invertido o campana que atrapara el aire debajo del agua y permitiera la exploración del lecho marino por su ocupante hasta que se acabara el oxígeno, fue un factor coyuntural en la tecnología naval.

Este sistema de campana sumergible ha sido utilizado durante siglos por pescadores de esponjas en el mar Egeo.

Su diseño fue mejorado a través del tiempo cuando se reconoció su utilidad en la recuperación de naufragios y tesoros perdidos en el fondo del mar.

En 1531, el inventor italiano Guglielmo de Lorena ideó una nueva aplicación a la campana sumergible al añadirle amarras para sujetarla a su cuerpo y poder desplazarse por el lecho marino para recolectar el tesoro de barcos romanos hundidos.

La visión de Leonardo

El potencial militar de una nave sumergible también impulsó la creatividad durante el Medioevo y el Renacimiento.

El mismo Leonardo Da Vinci, precursor de los aparatos voladores y tanques de guerra, dibujó a principios del siglo XVI una embarcación de doble casco semisumergible.

Los dibujos de Leonardo Da Vinci se anticiparon a muchas futuras invenciones, como este aparato volador que diseñó. GETTY IMAGES

Aunque algunos se han referido a este como el “submarino de Leonardo”, se trataba de un armazón con espacio suficiente para acomodar una persona sentada en su interior.

En la parte superior tenía una torre de mando sellada con una tapa, que se anticipó al diseño de los submarinos modernos.

Primeros prototipos

Quizás el primer prototipo de lo que podría considerarse un submarino de verdad fue diseñado por el oficial naval británico William Bourne, en 1578.

En realidad se trataba de un barco completamente cerrado y sellado con piel impermeable que podía sumergirse utilizando una palanca operada manualmente, pero no tenía espacio para una tripulación.

La idea de Bourne nunca pasó de los planos, pero su diseño inspiró a otros que lo siguieron para aventurarse a construir un vehículo sumergible.

En 1605, el alemán Magnus Pegelius basó en el prototipo de Bourne la primera construcción de un sumergible que podía navegar bajo el agua.

Pero su diseño no tomó en cuenta la tenacidad del lodo bajo el agua y terminó estancado en su primera prueba.

Sin embargo, Cornelius Drebbel, un médico holandés que servía en la corte de Jaime I de Inglaterra, pudo diseñar y construir lo que se considera el primer submarino exitoso, en 1621.

Esta reconstrucción para un programa de televisión del submarino con remos de Cornelius Drebbel fue probada -con éxito- en el Támesis. (Foto cortesía de http://www.geograph.org.uk) COLIN SMITH CREATIVE COMMONS LICENCE

La nave de Drebbel se parecía a las de Bourne y Pegelius, pues consistía de un casco exterior de cuero engrasado, templado sobre una estructura de madera.

Remos que salían por agujeros impermeables le daban propulsión, tanto en la superficie como cuando se sumergía. Se piensa que incorporaba flotadores con tubos que permitían la entrada del aire para los remeros.

Varias demostraciones se hicieron en el río Támesis, a profundidades de entre tres y cinco metros, y pudo mantenerse bajo el agua por cerca de tres horas.

No se sabe cómo era realmente este submarino y según algunos recuentos pudo haber sido una campana arrastrada por un barco.

Se dice que el rey hizo un breve viaje a bordo del aparato para demostrar su seguridad. Pero, a pesar del entusiasmo real, la nave no logró generar mucho interés en el momento.

El submarino de 12 remos que maravilló a los que lo vieron, y hasta a los que no lo vieron, en el Támesis, pintado por G.H. Tweedale. ROYAL SUBMARINE MUSEUM GOSPORT UK

A pesar de que, por el resto del siglo XVII hubo varias propuestas más, la idea de una nave que pudiera navegar independientemente por debajo de la superficie del agua por un buen trecho y largo tiempo se consideró imposible y sin uso práctico.

Uno de los problemas principales era la falta de entendimiento sobre los principios físicos y mecánicos del desplazamiento subacuático.

La presión del agua incrementa a medida que el vehículo se sumerge a razón de una atmósfera por cada 10 metros de profundidad.

Esto implicaba el uso de materiales más resistentes y pesados lo que, a su vez, creaba problemas de estabilidad por falta de lastre y de propulsión.

Arma de guerra

No fue hasta 1775, que el inventor estadounidense David Bushnell construyó el Turtle (Tortuga). Se ganó ese nombre porque fue construido uniendo dos casquetes que tenían la forma de un caparazón de tortuga.

Este modelo del Turtle o Tortuga en el Museo de la Real Marina Británica muestra la razón del nombre que se le dio al submarino. CREATIVE COMMONS

 

Este es el diagrama del submarino de David Bushnell de 1775. WIKIMEDIA COMMONS

Era una embarcación submarina para un solo tripulante, utilizada durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos para hundir barcos británicos.

Su propulsión era con pedales de pies y de manos y tenía una especie de tirabuzón o tornillo con punta que le permitiría abrir un hoyo en el casco del barco enemigo para colocar la dinamita que explotaría con un mecanismo de tiempo.

La nave, como sumergible, funcionó, pero su primer uso en la historia como arma ofensiva fue un fracaso. El tornillo no logró perforar el caso del buque enemigo y el piloto se dio por vencido. Soltó la carga explosiva en el agua y, cuando detonó, no hizo mella.

Esto no desilusionó a las siguientes generaciones que con sus diseños a través de dos siglos produjeron los enormes y potentes submarinos atómicos de uso militar y los supersofisticados minisubmarinos de control remoto de uso científico y comercial.

 

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6 mayo 2018 at 6:48 pm Deja un comentario

El yacimiento romano de un pueblo de Guadalajara llega al New York Times

Un equipo de arqueólogos descubrió en 2016 bajo una ermita de Driebes (Guadalajara) la ciudad romana de Caraca, que se creía perdida

Diecinueve artistas del grafiti han cubierto los muros del pueblo con murales con temas romanos – Equipo arqueológico Caraca. Driebes/FACEBOOK

Fuente: ABC
5 de mayo de 2018

«Los 339 habitantes de Driebes tienen razones para estar preocupados: el pastor del pueblo ya tiene 82 años; a la escuela, construida para dar cabida hasta a cincuenta niños, solo asisten once; en lo que va del año, seis de sus residentes ancianos han muerto y no se ha registrado un solo nacimiento».

Así comienza The New York Times un artículo sobre Driebes, en la provincia de Guadalajara, y sobre la importancia del yacimiento arqueológico de Caraca en el aspecto cultural, histórico, patrimonial y turístico. Y sobre cómo un pequeño pueblo se aferra a esta posibilidad para sobrevivir a la despoblación del mundo rural.

Hace unos días se celebró en el Museo provincial de Guadalajara la conferencia «Primeras excavaciones en Caraca. Cerro de la Virgen de la Muela (Driebes)», en la que los directores de los trabajos de excavación, Emilio Gamo y Javier Fernández, expusieron los resultados de la primera campaña de excavación llevada a cabo en la zona.

I Jornadas Romanas de Driebes, en verano de 2017 -Equipo arqueológico Caraca. Driebes/FACEBOOK

La conferencia permitió conocer los resultados de esas primeras excavaciones que se llevaron a cabo el pasado año en el yacimiento de Caraca, con una financiación del Gobierno regional de 15.973 euros, a través de la orden de subvenciones para la realización de proyectos de investigación del patrimonio arqueológico y paleontológico de Castilla-La Mancha.

A través de esa subvención, se efectuaron excavaciones en la zona durante dos meses, para después llevar a cabo el trabajo de redacción de informes tras el estudio y análisis de los hallazgos y limpieza de los restos encontrados.

Lo que encontraron fueron los primeros restos de lo que alguna vez fue un importante asentamiento romano dedicado a la minería y la agricultura, con un foro, baños públicos y unos 1.800 habitantes.

Mediciones de los sillares de acceso a la ciudad en la calzada romana. La medición de estos elementos pueden darnos pistas de las dimensiones de los edificios públicos del Cerro de la Muela – Equipo arqueológico Caraca. Driebes

Ese núcleo urbano se remonta a los siglos I al II después de Cristo. Las catas efectuadas han permitido por ahora documentar la presencia de un foro y se ha registrado la existencia de columnas y un edifico público en dos platas superpuestas. También se ha excavado un segmento del «decumano», una de las principales vías de cualquier urbe romana.

Fue en 2016 cuando se iniciaron las tareas de investigación sobre Caraca en el propio terreno, junto a la Universidad Complutense de Madrid y con la financiación también del Gobierno regional, que destinó 3.572 euros al proyecto.

Esa primera fase consistió en una prospección arqueológica y geotécnica mediante la técnica de georadar, de cuyos resultados se dedujo que los restos del cerro de la Muela correspondían a la primera ciudad de época romana localizada en Guadalajara.

La antigua Caraca, la capital de la tribu celtibérica de los caracitanos, la única ciudad romana que existe en la provincia de Guadalajara, está bajo las ruinas de la ermita de la Virgen de la Muela de Driebes y tendría entre 8 y 12 hectáreas de dimensión.

Hasta ahora, el proyecto de Caraca tiene mucho de sueño y poco de realidad inmediata. «Es genial que los lugareños participen, pero las excavaciones suelen ser lentas y costosas», dice en el mencionado artículo Emilio Gamo, uno de los arqueólogos de Caraca.

Driebes – AYUNTAMIENTO DE DRIEBES/FACEBOOK

Ciudad Romana de Caraca

Caraca fue una ciudad romana de la provincia Tarraconense. Su conocimiento se debe a la referencia que hace Plutarco del asedio dirigido por Sertorio a sus habitantes, los caracitanos. Desde el siglo XVI, el río Tagonio fue identificado con el Henares y Caraca con la ciudad de Guadalajara, de ahí el uso de caracense como gentilicio para sus habitantes. Más tarde, Adolf Schulten la identificó con la localidad alcarreña de Taracena. Posteriormente, Caraca fue relacionada con Carabaña, en la Comunidad de Madrid, y el río Tagonio, con el Tajuña. En 1945, durante la construcción del canal de Estremera, apareció en Driebes el llamado tesoro de Driebes, compuesto de 13,8 kilogramos de piezas de orfebrería del siglo III a. C., hoy expuesto en el Museo Arqueológico Nacional. En 1981 Jorge Sánchez-Lafuente Pérez prospectó el cerro de la Virgen de la Muela, en el término municipal de Driebes, concluyendo que, por su situación, la importancia y extensión de sus ruinas, se trataba de un emplazamiento urbano altoimperial, posiblemente identificable con Caraca, siguiendo la opinión de Juan Manuel Abascal Palazón. A finales de 2016, una nueva prospección con georradar, de la mano de Emilio Gamo y Javier Fernández, confirmó la importancia del emplazamiento urbano y la posibilidad de que se tratase de la antigua Caraca. Fuente: Ayuntamiento de Driebes.

 

6 mayo 2018 at 9:18 am Deja un comentario

La Tarragona romana se agrieta bajo el peso de la modernidad

La unión de los materiales empleados en una restauración contemporánea con los originales del siglo II deteriora el Anfiteatro y genera controversia en otros vestigios

Aspecto actual del anfiteatro romano de Tarragona, con los andamios que protegen uno de los muros modernos. M. R.

Fuente: MARC ROVIRA  – Tarragona  |  EL PAÍS
5 de mayo de 2018

Un mensaje difundido por el Ayuntamiento de Tarragona a principios de abril dio la voz de alarma: el Anfiteatro romano necesitaba una actuación de urgencia. Por ser quien era el protagonista, el monumento más visitado de la ciudad, y por la hora del comunicado, un viernes por la tarde, una franja horaria poco dada a los mensajes oficiales, la información tenía que ser de alcance. Lo era. La grieta que había sido detectada a principios de año en uno de los muros de una grada reconstruida en el año 1979 se había extendido y había que intervenir “de emergencia” para evitar un posible derrumbe. Un mes más tarde el Anfiteatro sigue parcialmente vallado por motivos de seguridad y se hace imposible acceder a la arena. Este lunes arranca el festival Tarraco Viva, una muestra cultural internacional dedicada a la divulgación histórica de la época romana y que reúne a más de 100.000 visitantes. El Anfiteatro es uno de los escenarios donde discurren las representaciones.

El Ayuntamiento ha asegurado que ni la fisura que ha rajado el muro, ni los trabajos para apuntalarlo, van a alterar la programación de Tarraco Viva. El Anfiteatro, de hecho, ha permanecido abierto al público con una antiestética señalización que advierte del impedimento de bajar a la arena. Una cinta de plástico rojo donde se puede leer la inscripción “Patrimonio Histórico”, delimita la zona maltrecha. El riesgo de derrumbe afecta la grada y la pasarela del túnel que da acceso al coso. Los operarios que se encargan de apuntalar el muro han tratado de habilitar, también, una escalera metálica provisional que debería facilitar el tránsito hacia la parte central del Anfiteatro, pero el remiendo se ha alargado y los visitantes que se acercan al monumento, hasta 1.400 al día en el reciente puente del 1 de mayo, tienen que conformarse con ver la arena desde la distancia.

En la diferencia de materiales empleados originalmente y los que se usaron en reconstrucciones recientes anida la problemática de las grietas. Así lo piensa Ricardo Mar, doctor en Arquitectura y profesor de Arqueología de la Universitat Rovira i Virgili (URV). “La parte afectada corresponde a una actuación de época moderna, ha sufrido un deterioro por envejecimiento porque, contrariamente a lo que se pensaba, ni la técnica ni los materiales usados tienen durabilidad”. Ricardo Mar, que en el año 2000 fue asesor municipal en el proceso para lograr que el conjunto arqueológico de Tarraco fuera declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, señala la desarmonía entre lo original y los parches de la época moderna: “se usó hormigón pensando que era indestructible. Se ha visto que no, y no solo aquí, en Pompeya ha pasado lo mismo”. Además de los materiales empleados, también chirría la técnica usada en los años setenta para reconstruir la grada ahora agrietada. “Tras la grada se levantó un muro de fachada exterior, pero los romanos no trabajaban así, fachada y grada eran un cuerpo único”. Ricardo Mar pone de relieve que este patrimonio tiene 2.000 años de historia, pero es frágil: “hay que cuidarlo para que no tenga fecha de caducidad”. Recomienda aprender la lección y entender que cada edificio histórico necesita su propia restauración, “con los materiales más adecuados para cada caso”. Señala, además, que se impone una “monitorización permanente” para ver como evolucionan los materiales. No hacerlo supone, a su criterio, “la crónica de una muerte anunciada”.

La entrada al anfiteatro suele costar 3,30 euros pero debido a la restricción, el acceso es temporalmente gratis. Igual como lo era tras su inauguración, en el siglo II. Lo recalca una guía que deja alucinados a unos escolares de La Sènia (Montsià) explicándoles que en tiempos de los romanos ahí entraban 60.000 personas dispuestas a ver como se derramaba sangre a litros. Unos metros más allá, unos estudiantes de Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental) aprenden que el figura de la época era el gladiador Claudio. “Era el Messi del momento, hubierais tenido su póster en la habitación”, les dice su guía a los chavales. También les cuenta que parte de la construcción original fue excavada en la piedra y que allí donde hizo falta colocar ladrillos, o sillares, para ser más precisos, se usó argamasa. “Era mucho más blanda que el cemento de hoy”, precisa.

El circo y el teatro, también

No solo en el Anfiteatro lo nuevo choca con lo antiguo. El arqueólogo Josep Maria Macías, miembro del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC), ha publicado un artículo donde alerta de las intervenciones que se llevan a cabo en el Circo romano, una construcción del siglo I y que, excepcionalmente, los romanos levantaron dentro de la trama urbana. El Circo se halla muy cerca de lo que hoy es la plaza del Ayuntamiento. La reciente instalación de unas gradas metálicas para rememorar la estructura original supone una intervención “desmedida y empobrecedora”, afirma Macías. Critica que la recuperación de esta reliquia se haya ejecutado “sin un plan director concreto ni una línea de actuaciones acordadas con el conjunto de agentes políticos y encargados del patrimonio local”. La obra, valorada en 240.000 euros, ha sido igualmente desaprobada por la mayoría de la oposición en el ayuntamiento.

La controversia también planea sobre el Teatro romano, un vestigio que data de la época del emperador Augusto . Olvidado durante años entre la maraña de bloques de pisos del frente portuario, su recuperación era una asignatura pendiente. En una actuación avalada por el departamento de Cultura de la Generalitat y que asciende a 750.000 euros, se ha hecho una intervención para reproducir como era la silueta de la grada original. El material elegido: hierro oxidado. Ante las dudas que ha generado la restauración, la concejal de Patrimonio del Ayuntamiento, Begoña Floria, replica: “no conozco ningún proyecto arquitectónico de la ciudad que no haya generado polémica”.

 

6 mayo 2018 at 8:51 am Deja un comentario


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