Archive for mayo, 2018

Eligen el Partenón como el edificio más bello del mundo

Fuente: Philip Chrysopoulos  |  Greek Reporter
29 de mayo de 2018

Distinguidos arquitectos de todo el mundo han elegido el Partenón como el edificio más bello del mundo.

Este emblemático edificio de estilo dórico situado en la cima de la colina de la Acrópolis en Atenas, el Templo de Atenea, ha sido considerado por expertos internacionales como el más atractivo, en una encuesta realizada por Business Insider.

La construcción del Partenón comenzó durante el gobierno del gran Pericles y duró unos cinco años. Fue diseñado por los arquitectos Ictino y Calícrates con la ayuda del escultor Fidias.

Fue construido en honor a Atenea, la diosa de la sabiduría, que se cree que salvó la ciudad durante las Guerras Médicas. Se terminó de construir en el año 432 a.C.

Las hermosas columnas dóricas y las arcadas están decoradas con esculturas que muestran imágenes de la antigua Atenas. Según Business Insider, los arquitectos han llamado al Partenón el hito de las construcciones.

Pero también está el significado histórico del Partenón y de la Acrópolis; es el lugar donde nació la democracia, el lugar donde la gente podía expresar sus opiniones sobre los asuntos de Estado y su vida cotidiana.

Veinticinco siglos después, el Partenón todavía domina la ciudad de Atenas, recordando a los atenienses y a los visitantes de todo el planeta que este es el lugar donde nació la civilización griega, que más tarde fue reconocida como la cuna de la civilización occidental.

 

 

 

 

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31 mayo 2018 at 7:22 pm Deja un comentario

El Museo de Cádiz y la UAH descubren un fragmento de calendario romano

El grupo de investigación CIL II de la Universidad de Alcalá descubre en Cádiz un fragmento de calendario romano, casi único en España.

Foto: Museo de Cádiz

Fuente: Dream! Alcalá
30 de mayo de 2018

La colaboración entre el personal técnico del Museo de Cádiz y el grupo de investigación CIL-II (Corpus Inscriptionum Latiranum II) de la Universidad de Alcalá ha llevado a descifrar la naturaleza de una pieza singular: un fragmento de calendario romano, el segundo de estas características localizado en España. La inscripción en el fragmento corresponde a las ‘Kalendas’ (comienzos) del mes de julio.

Como se ha indicado, se trata del segundo de este tipo localizado en España. El otro se halló en Écija y allí se exhibe. El fragmento de Cádiz está datado entre el siglo I a.n.e y el siglo I d.n.e.

La pieza apareció, junto con otros restos arqueológicos, en las excavaciones realizadas en un solar de la ciudad de Cádiz en el año 2014 con motivo de unas obras de construcción. Después se depositó en el Museo de Cádiz donde, gracias a esta investigación, luce ya con todo su esplendor.

Los proyectos del grupo CIL II de la UAH tienen como finalidad la documentación (manuscritos, impresos, fotografías, calcos) y catalogación de las inscripciones latinas antiguas de la Península Ibérica y su publicación en la nueva edición del Corpus Inscriptionum Latinarum vol II (Inscriptiones Hispaniae Latinae).

El calendario romano servía más para regular la vida política y religiosa que para medir el paso del tiempo. Constaba de diez meses, la mitad de ellos de 31 días y la otra mitad de 29. Los nombres de los meses hacían referencia, en algunos casos a divinidades o emperadores: el primer mes, marzo, estaba dedicado al dios Marte. Junio a Juno, julio al emperador Julio y el sexto mes, agosto, a Augusto. Otros nombres de meses se correspondían con el lugar y orden que ocupaban en el calendario, así septiembre era el séptimo, octubre el octavo y diciembre el décimo.

Esta pieza localizada en Cádiz se añade a los más de cincuenta fragmentos de calendario romano que ya se conocen en todo el mundo.

 

31 mayo 2018 at 7:13 pm Deja un comentario

El segundo crucificado de la historia

La arqueología solo ha identificado dos cuerpos de personas que hayan sufrido ese tormento en la antigüedad

Representación de la crucifixión de Jesuscristo en Líbano, la pasada semana santa. ALI HASHISHO (REUTERS)

Fuente: GUILLERMO ALTARES – Madrid  |  EL PAÍS
30 de mayo de 2018

Por motivos sobre los que no es necesario extenderse mucho, sobre todo en los países de ámbito cristiano, la crucifixión es un tormento que aplicaban los antiguos romanos universalmente conocido. Sin embargo, las evidencias arqueológicas de esta dolorosa forma de ejecutar a un condenado son casi inexistentes. Hasta ahora solo se había descubierto un caso, un hombre llamado Yehohanan, que murió de esta forma atroz en el siglo I en Jerusalén, más o menos en la época de Jesús. Su cuerpo fue descubierto en 1968. Sin embargo, en Italia se ha identificado ahora un segundo esqueleto con muestras de haber sido crucificado.

Un artículo publicado recientemente por la revista Archaeological and Anthropological Sciences narra la historia del segundo crucificado que ha llegado hasta nosotros: se trata del cuerpo de un hombre de unos 30 años, que fue encontrado por casualidad durante unas excavaciones preventivas antes de la construcción de un gasoducto en Gavello, una localidad del norte de Italia, situada cerca del Delta del Po. Durante una década, estos restos han sido analizados por un equipo científico multidisciplinar.

A diferencia del cadáver descubierto en Palestina, en este caso no existe ningún dato sobre la identidad del desdichado. Solo que se trata de un cuerpo descubierto en una necrópolis romana en la llamada tumba número 7. “No había ningún otro material ni ningún objeto en la tumba que permitiese una identificación más precisa. Solo se encontró el esqueleto”, explican por correo electrónico Ursula Thun y Emanuela Gualdi-Russo, dos profesoras de la Universidad de Ferrara (Italia) que participaron en la investigación y que firman el artículo junto a otros tres autores. Thun es profesora del departamento de Humanidades, experta en prehistoria y antropología, mientras que Gualdi-Russo pertenece al departamento de especialidades biomédicas y quirúrgicas.

Los exámenes llevados a cabo en el cuerpo mostraron una herida en el talón derecho compatible con una crucifixión. Se trata de una lesión circular y transversal. “Como escribimos en el artículo, puede ser el segundo caso investigado que demuestra el uso de clavos en una crucifixión. Se trataba de un castigo muy complejo y no siempre se utilizaban los clavos”, explican las profesoras Thun y Gualdi-Russo. “En numerosos casos los condenados eran atados a la cruz utilizando sogas en vez de clavos, pero de esto no hay evidencias arqueológicas”, agregan.

Solo la movilización de un equipo multidisciplinar de dos universidades, las de Ferrara y Florencia, ha permitido llegar a esta conclusión porque era necesario mezclar los conocimientos históricos sobre la forma en que los romanos aplicaban este suplicio con los estudios antropológicos, para determinar qué puede causar ciertas lesiones en un hueso, en esta ocasión un clavo. En el caso del cuerpo descubierto en Jerusalén en 1968 todo fue mucho más claro porque entonces apareció no solo el clavo fundido después de 20 siglos con el hueso del talón, sino también pequeños restos de la madera de olivo con la que fue construida la cruz.

Rebelión de Espartaco

Aunque se han barajado muchas hipótesis, entre otras que se pensaba que los clavos de un crucificado tenían propiedades curativas y, por lo tanto, eran muy codiciados, sigue siendo un misterio el motivo por el que se han descubierto tan pocos cadáveres de víctimas de esta condena a muerte, tan común sin embargo en la antigua Roma. Como escribió en un artículo en la revista de Biblical Archeology Society Vassilios Tzaferis, el arqueólogo que descubrió el cuerpo de Yehohanan: “Si nos basamos en fuentes literarias antiguas, sabemos que decenas de miles de personas fueron crucificadas durante el Imperio romano. Sólo en Palestina, fueron miles. Sin embargo, hasta 1968 ni una sola víctima de esta horrible forma ejecución ha sido recuperada por la arqueología”.

La crucifixión no era un castigo romano: fue ampliamente practicada por asirios, fenicios y persas durante el primer milenio antes de Cristo. “Al final del primer siglo antes de Cristo, Roma adoptó la crucifixión como pena oficial para ciudadanos no romanos para algunas transgresiones. Al principio no era una forma de ejecución, sino un castigo”, escribe Tzaferis en el mismo artículo. Recuerda que Flavio Josefo habla de 800 víctimas crucificadas en un solo día durante la revuelta judía del año 7 de nuestra era y apunta que, en 71AC, 6.000 supervivientes de la rebelión de esclavos de Espartaco fueron sometidos al tormento de la cruz. Por no hablar, claro, de la muerte de Jesucristo. Sin embargo, la arqueología, hasta 1968 y 2018, había guardado un silencio sepulcral.

 

30 mayo 2018 at 12:05 pm Deja un comentario

El profesor Ozcáriz descubre que el senador Galo gobernó Hispania más tarde de lo que se creía

El historiador de la URJC ha realizado un estudio, basándose en grabados y fuentes literarias y numismáticas, y ha llegado a la conclusión de que Cayo Asinio Galo ocupó el cargo de gobernador en los años 1 a.C. – 3 d.C. y no entre el 7 y 4 a.C., como se creía hasta el momento.

Tabula Lougeiorum, Álvaro Pérez Vilariño (Flickr)

Fuente: Irene Vega  |  URJC
29 de mayo de 2018

Cayo Asinio Galo fue uno de los senadores más relevantes del Imperio romano durante los mandatos de los emperadores Augusto (31 a.C.-14 d.C.) y Tiberio (14 d.C.-37 d.C.). En el año 8 a.C. fue cónsul en Roma y después gobernador de la provincia Hispania citerior, con capital en Tarragona. Hasta este momento la mayoría de los autores han fechado el gobierno en la Hispania citerior del senador Cayo Asinio Galo entre los años 7 y 4 a.C.

Sin embargo, el trabajo de Pablo Ozcáriz Gil, investigador de la URJC y director del grupo ‘Fortuna Redux’ de Historia Antigua, demuestra que el senador Galo no pudo ser gobernador en Hispania durante ese periodo de tiempo. El estudio, publicado en Latomus: Revue d’études latines, revista belga y una de las más destacadas en la especialidad en Historia Antigua, prueba que en esas fechas Cayo Asinio Galo no podía estar en Hispania, ya que se encontraba en la provincia de Asia como gobernador.

Este trabajo se integra dentro de la línea de investigación de Pablo Ozcáriz sobre la administración provincial de la provincia Hispania Citerior en el Alto Imperio romano. El investigador ha publicado diversos libros, artículos y capítulos sobre el tema.

Inscripciones, sentencias y monedas: claves del descubrimiento

La epigrafía, ciencia que estudia las inscripciones o los escritos antiguos grabados en una superficie dura, y el análisis de fuentes literarias y numismáticas han sido claves para apoyar estas conclusiones. “Galo aparece citado en varias inscripciones de Éfeso (bien datadas) y en una sentencia enviada por carta por el emperador Augusto a los ciudadanos de Cnido (provincia de Asia), lo que demuestra que no se encontraba en Hispania en los años 7 y 4 a.C.”, explica Pablo Ozcáriz.

En este trabajo se defiende también que Galo habría ocupado el cargo de gobernador de Hispania unos años después, coincidiendo con la datación de la tabula (ver imagen) que lo menciona en territorio de los astures en el año 1 d.C. “Consiste en un tratado de amistad entre Galo y una comunidad indígena local. La tabula se encuadra perfectamente en la labor de ‘romanización’ y de administración que debía llevar a cabo un gobernador durante el ejercicio de su mandato en esta parte de la provincia. No se trata de un homenaje que Galo habría recibido años después de estar en la Península. Por todo ello, teniendo en cuenta que la duración del cargo era de tres años, este estudio propone la nueva datación de su gobierno en la Hispania citerior en los años 1 a.C. – 3 d.C”, concluye el investigador de la URJC.

La modificación de la fecha de un cargo tan importante, como es el de uno de los senadores más relevantes del Imperio, hace que este estudio suponga un avance en la investigación de los gobernadores provinciales de la Hispania romana.

 

30 mayo 2018 at 12:04 pm Deja un comentario

Descubren en Pompeya el esqueleto de un hombre que murió decapitado mientras huía de la lava

Es el último sorprendente y «dramático» descubrimiento en el área del Regio V, en la esquina del callejón de los Balcones

Los restos óseos encontrados en Pompeya – EFE

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES  |  ABC
29 de mayo de 2018

Pompeya no deja de sorprender. Hoy se ha hecho público un descubrimiento excepcional: en las nuevas excavaciones ha aparecido el que por ahora se considera el último fugitivo de la antigua ciudad romana. Tuvo un final horrible: fue investido por la furia del Vesubio, que le lanzó una roca de unos 300 kilos, aplastando su tórax y con toda probabilidad decapitándolo.

La víctima era un hombre de unos 35 años, con una pierna enferma, que quizás por su discapacidad se retrasó en la fuga. Murió mirando el Vesubio en su intento desesperado por huir de la furia destructiva del volcán. «Es un descubrimiento dramático y excepcional», ha dicho el arqueólogo Massimo Osanna, director del parque arqueológico de Pompeya.

Tras las primeras observaciones, se percibe que la víctima, que sobrevivió a las primeras fases de la erupción del Vesubio, huyó en busca de su salvación por un callejón invadido ya de cenizas y piedras volcánicas. Aquí fue embestido por la densa nube piroclástica que lo arrojó violentamente hacia atrás. El bloque de piedra que lo aplastó será removido en breve.

Análisis antropológicos

Los primeros análisis antropológicos indican que el hombre tenía más de 30 años. La presencia de lesiones en la tibia señalan una infección ósea, que podría haber sido la causa de su dificultad para andar, hasta el punto de impedirle escapar tras las primeras señales dramáticas que procedían de la erupción del Vesubio. Esa infección debía procurarle dolor, y cuando se convenció de que escapar era la única opción, ya era demasiado tarde. Intentó el todo por el todo, pero fue en vano.

El esqueleto presenta lesiones a nivel de la tibia – EFE

El director Massimo Osanna explica así la importancia de la recuperación de este esqueleto: «Más allá del impacto emotivo de este descubrimiento, nos da la posibilidad de compararlo con otros, confrontar las patologías y los estilos de vida, así como las dinámicas de fuga de la erupción. Además, estas investigaciones, realizadas con instrumentos y una profesionalidad cada vez más específicas y presentes en las excavaciones, contribuyen a darnos cuenta, de una forma cada día más precisa, sobre la historia y la civilización de una época, lo que es la base de la investigación arqueológica». Se añade así una nueva pieza a la fascinante historia de Pompeya.

Los restos óseos han sido hallados en la llamada área del Regio V, en la esquina entre el callejón de los Balcones, recientemente descubierto, y el callejón de Bodas de Plata, una zona en la que los arqueólogos trabajan en estos momentos.

El individuo fue localizado decapitado en el primer piso de un edificio – EFE

En las últimas excavaciones han salido a la luz tres edificios con grandes balcones, ánforas de vino y mosaicos, así como los esqueletos de una caballo engalanado y de un niño que trató de esconderse del fuego y la ceniza y que pueden dar más elementos de la vida en esta ciudad que quedó completamente arrasada.

 

29 mayo 2018 at 3:43 pm 1 comentario

Nuccio Ordine: «La buena escuela la hacen los buenos profesores, no Internet ni las tabletas»

El autor de «Clásicos para la vida» y «La utilidad de lo inútil» llevará mañana a Ferrol su defensa de las humanidades

SANDRA ALONSO

Fuente: BEATRIZ ANTÓN – Ferrol  |  La Voz de Galicia
29 de mayo de 2018

«Lo que vivimos hoy en día no es una crisis económica, sino una crisis moral. Hoy reina la indiferencia hacia el sufrimiento del otro y el mensaje con el que se bombardea a los jóvenes es el egoísmo: estudia una carrera para trabajar y ganar dinero, piensa en tu interés, piensa en tu cuenta bancaria y no te preocupes de nada más. Es terrible». Nuccio Ordine (Diamante, Calabria, 1958) considera que la sociedad actual está enferma, pero advierte de que no todo está perdido. El autor de Clásicos para la vida y La utilidad de lo inútil (editado en España por Acantilado, en Galicia por Kalandraka y traducido ya a 22 idiomas en 32 países) defiende el estudio de las disciplinas humanísticas como antídoto contra la dictadura del utilitarismo y reivindica el papel de los profesores como «seres heréticos» capaces de combatir los «falsos valores» de la sociedad. Hablará de ello mañana en el campus de Ferrol (19.30 horas), invitado por la Cátedra Jorge Juan.

-¿Qué fue lo que le llevó a alzar la voz a favor de las humanidades?

-Estamos viviendo una crisis muy importante a causa del utilitarismo, que está destruyendo las cosas buenas de la sociedad, invadiéndolo todo, incluso la escuela y la universidad. La utilidad de lo inútil es un grito de alarma contra eso, una forma de protestar contra esa lógica utilitarista según la cual las cosas que no producen beneficio no son buenas, porque yo realmente pienso que la literatura, la filosofía, la música o el arte son muy importantes para hacer más humana la humanidad.

-Dice que el utilitarismo está invadiendo la escuela y la universidad, ¿de qué manera?

-La universidad tiene que ser un lugar para aprender la reflexión crítica, pero hoy en día no es eso. La universidad se ha convertido en un amplificador de los valores importantes de la sociedad, que son los valores económicos. A los alumnos se les transmite el mensaje de que tienen que estudiar para aprender una profesión y ganar dinero, no para ser personas más solidarias, justas y preocupadas por el bien común. Y en la propia universidad se empiezan a implantar sistemas de evaluación similares a los de las empresas. Pero ni la universidad ni la escuela pueden funcionar como una empresa. ¿Por qué? Porque en una empresa, si una rama no funciona, se corta, pero aplicar esta lógica al ámbito universitario tendría unas consecuencias terribles. Por ejemplo, si tenemos a un profesor enseñando griego y latín a tres alumnos, la universidad podría decir que eso es un lujo y eliminar esos estudios, pero al cabo de cien años, ya nadie sabría leer un texto en griego y latín. ¿Y qué implicaría eso? Pues un gran daño para la democracia, porque si cortamos la memoria, la historia, creamos una sociedad desmemoriada. Y una sociedad desmemoriada es una humanidad perdida, porque para comprender el presente y pensar el futuro tenemos que conocer el pasado.

-En Ferrol, la Xunta ha decidido eliminar el grado de Humanidades por su baja matrícula y la Universidade da Coruña dejará de ofertarlo en el curso 2019-2020. ¿Qué opinión le merece?

-¡Es una locura! Es lo mismo que intentaba explicar antes con el ejemplo del griego y del latín. Cerrar las titulaciones de Humanidades porque no producen beneficios económicos es un suicidio programado del futuro de la sociedad.

-En sus libros también se muestra crítico con la llamada digitalización de las aulas. ¿El libro electrónico y los ordenadores no mejoran la enseñanza?

-La tecnología no es mala, pero hay que saber cómo utilizarla. En el Reino Unido hace ya mucho tiempo que el Gobierno destinó mucho dinero para hacer una revolución digital en las aulas, pero, pasados treinta años, nadie puede asegurar que la enseñanza haya mejorado gracias a eso. Lo que sí se puede asegurar es que las multinacionales que vendieron esos equipos han ganado mucho dinero, porque la tecnología se queda obsoleta enseguida y hay que cambiarla cada cierto tiempo. La buena escuela la hacen los buenos profesores, no Internet, ni las tabletas, ni los ordenadores. Sin embargo, no se destina dinero suficiente a formar a los profesores ni tampoco a pagar su trabajo dignamente.

-¿Qué papel deben desempeñar los profesores hoy en día?

-A los jóvenes se les bombardea constantemente con la idea de pensar en el dinero y en su interés personal. Resulta terrible crecer con esa ideología, pero un buen profesor puede hacer un trabajo muy importante en el aula, porque el saber es una forma de resistencia al utilitarismo. El profesor tiene que ser un hereje que critique los falsos valores de la sociedad. Y aunque a veces me siento pesimista, también soy optimista, porque de verdad pienso que un buen profesor puede cambiar la vida de un estudiante. Por eso hay que defender la educación, la escuela y la universidad. Si las destruimos, no será posible imaginar un futuro de humanidad solidaria.

 

29 mayo 2018 at 1:23 pm Deja un comentario

Cleómenes, el rey loco de Esparta

Hizo de Esparta una gran potencia, pero sus ambiciones políticas y su juego sucio con los oráculos divinos llevaron a sus conciudadanos a apartarlo del poder, hasta que puso fin a su vida con un suicidio

La Esparta imaginada
En el siglo XIX, el pintor y arquitecto inglés Joseph Michael Gandy recreó el centro monumental de la ciudad de Esparta en esta acuarela; la imagen dista mucho de la sobria ciudad del siglo VI a.C. en la que vivió Cleómenes.
Foto: Bridgeman / Aci

Fuente: Francisco Javier Murcia Ortuño  |  National Geographic
28 de mayo de 2018

Aunque en el sistema político espartano las funciones de los reyes se limitaban sobre todo a la dirección del ejército, Cleómenes consiguió –gracias a su gran personalidad y energía– dejar una huella profunda en la historia de Esparta, a la que convirtió en la primera potencia de Grecia durante su reinado de más de 30 años, entre 520 y 488 a.C.

Sin embargo, las fuentes antiguas le son hostiles y lo presentan como un hombre colérico, cruel y mentalmente inestable que despreciaba las normas humanas y divinas. Según escribió el historiador griego Plutarco, Cleómenes tenía su propia norma: “El mal que uno puede hacer a los enemigos es superior a la justicia”.

Heredero por accidente

Las circunstancias de su nacimiento fueron ya inusuales. Su padre, el rey Anaxándridas, estaba casado con una sobrina suya, pero no tenían hijos. Esto preocupaba a los éforos, cinco hombres elegidos anualmente que ostentaban el máximo poder en Esparta y que tenían entre sus funciones el control de los reyes. Los éforos, que velaban por la continuidad dinástica, propusieron a Anaxándridas que repudiara a su esposa para casarse con otra que le pudiera dar hijos. Pero el rey amaba profundamente a su mujer y se negó en redondo a separarse de ella. Según explica Heródoto, los éforos le hicieron entonces una nueva y singular propuesta: “Como te vemos encadenado a la que ahora es tu mujer, ya no te pedimos que la repudies, pero sí que además de ella te lleves a tu casa a otra que te dé hijos”. Anaxándridas lo aprobó y desde ese momento tuvo dos esposas y mantuvo dos hogares.

La nueva esposa pronto dio a luz un hijo, Cleómenes, pero poco después la primera esposa tuvo otros tres hijos. Según las leyes de Esparta, la sucesión recaía en el primer hijo varón nacido después de que su padre subiera al trono y, por tanto, Cleómenes fue considerado el heredero legítimo. Aunque en su juventud ya mostraba síntomas de cierto desequilibrio mental, a la muerte de Anaxándridas los espartanos se ajustaron a su legislación y lo proclamaron rey.

Su primera actuación en el exterior llegó en 510 a.C., cuando dirigió un ejército espartano contra Atenas para derrocar al tirano Hipias. Los espartanos deseaban romper las buenas relaciones que Atenas mantenía con Argos, su gran enemiga; esas buenas relaciones se remontaban al padre de Hipias, Pisístrato, que se había casado con una mujer argiva. Además, Hipias mostraba inclinación hacia los persas y esto llenaba de inquietud a los espartanos, que veían cómo el Imperio persa se extendía poco a poco hacia Occidente.

Cleómenes invadió la región de Atenas, el Ática, y derrotó a Hipias. Tras entrar en la ciudad sitió al tirano, que había buscado refugio en lo alto de la Acrópolis, un recinto bien amurallado. Los espartanos evitaban siempre los combates en las murallas, pues implicaban un gran número de bajas en una lucha sin ninguna gloria, pero tuvieron suerte cuando los hijos del tirano, que pretendían salir en secreto de la Acrópolis, cayeron en sus manos. Hipias pactó entonces su salida de Atenas con su familia y se exilió. Sin duda, la expulsión de Hipias por Cleómenes cimentó la fama de Esparta como enemiga de la tiranía.

Dos años después, Cleómenes volvió a una Atenas alterada por la lucha política entre Clístenes e Iságoras. El primero era partidario de reformas políticas que dieran mayor participación al pueblo, a lo que se oponía Iságoras, que aspiraba a mantener el poder en manos de la aristocracia. Cleómenes había establecido una firme amistad con Iságoras durante su anterior estancia en Atenas (las malas lenguas decían que había sido amante de su esposa), y cuando Clístenes entregó el poder al pueblo, Iságoras llamó a su poderoso amigo. Cleómenes se presentó con escasas tropas, señal de que se trataba de una aventura privada, y entró en Atenas.

Humillado dos veces

El rey de Esparta puso las magistraturas de la ciudad en poder de Iságoras y expulsó a los partidarios de Clístenes, unas 700 familias. Pero el pueblo se negó a obedecer, y en la revuelta que siguió Cleómenes ocupó la Acrópolis junto a Iságoras y sus seguidores. Tras dos días de asedio pactó una tregua para salir sin sufrir daño, aunque, según Heródoto, los atenienses partidarios de Iságoras fueron ejecutados. Entonces Cleómenes se sintió humillado y quiso vengarse de los atenienses.

Los aliados que acompañaban a los espartanos ignoraban que el objetivo principal de la expedición era imponer a Iságoras como tirano de Atenas

Para ello reclutó un ejército entre sus aliados del Peloponeso e invadió el Ática. Esta vez la expedición estaba autorizada oficialmente por Esparta, ya que se pusieron al mando del ejército los dos reyes que tenían los espartanos: el propio Cleómenes y Demarato, miembro de otra casa real. Pero los aliados que acompañaban a los espartanos ignoraban que el objetivo principal de la expedición era imponer a Iságoras como tirano de Atenas. Cuando atenienses y espartanos se encontraron frente a frente, sus aliados corintios se retiraron al conocer de pronto el motivo de la campaña; lo mismo hizo Demarato, que sin duda se oponía a la aventurera política exterior de su colega Cleómenes. Los otros aliados, al advertir la disensión de los reyes, también se retiraron.

Entonces Cleómenes pensó en reponer a Hipias como tirano de Atenas. Para ello, en el año 504 a.C. convocó a los aliados a una reunión en Esparta, en la que tomó parte el propio Hipias. Cleómenes alegó como excusa que había conocido unos oráculos que anunciaban que los espartanos iban a sufrir mucho por culpa de Atenas (se había llevado los oráculos de la Acrópolis de Atenas cuando estuvo allí). Pero los aliados, y en especial Corinto, que había sufrido un largo período de tiranía, se negaron a apoyar los planes del rey.

La masacre de los argivos

Puesto que no había conseguido doblegar a Atenas, Cleómenes centró su política exterior en asegurar la hegemonía de Esparta en la península del Peloponeso y para ello atacó a Argos, su enemiga acérrima, en 494 a.C. Los dos ejércitos acamparon muy cerca uno del otro, a la espera de la batalla campal. Según Heródoto, los argivos estaban pendientes de las órdenes de los heraldos espartanos y realizaban los mismos movimientos que éstos anunciaban. Al advertirlo, Cleómenes ordenó que los heraldos dieran la señal de almorzar; los argivos se prepararon para hacer lo mismo, y entonces Cleómenes los atacó y mató a muchos. Los supervivientes se refugiaron en un bosque consagrado al héroe Argos, pero Cleómenes los exterminó, un acto impío que conllevaba una maldición.

A continuación, el rey despidió al ejército y con mil hombres escogidos se dirigió al Hereo, el santuario más importante de los argivos, y allí realizó un sacrificio solemne a la diosa Hera. Luego, aunque tenía Argos a su merced, se retiró a Esparta. Sus enemigos, entre los que seguramente se contaba su colega en el trono, Demarato, lo acusaron de aceptar sobornos a cambio de esa retirada, pero Cleómenes se defendió diciendo que mientras realizaba el sacrificio en el Hereo, del pecho de la imagen de la diosa salió una fuerte llamarada y comprendió por aquella señal que no podría tomar la ciudad. Al parecer, los piadosos espartanos consideraron dignas de crédito estas explicaciones. En realidad, es muy posible que Cleómenes considerase que una Argos diezmada, pero no destruida, sería más provechosa para la política espartana: no era conveniente que otras ciudades del Peloponeso, como Corinto, incrementasen demasiado su poder, lo que sin duda harían a costa de una Argos arruinada.

Lo cierto es que Argos quedó sin hombres. Heródoto fija en 6.000 el número de argivos muertos, y otro historiador, Pausanias, habla de 5.000 bajas. La ciudad tardó en recuperarse de aquella matanza y alegaría escasez de varones para justificar su neutralidad durante la futura guerra contra los persas.

Precisamente en el año 491 a.C., el rey persa Darío I envió heraldos por toda Grecia para pedir la tierra y el agua, señal tradicional de sumisión. Los atenienses los arrojaron a una antigua cantera, y los espartanos los tiraron a un pozo diciendo burlonamente que se llevaran de allí la tierra y el agua para su rey. Pero la isla de Egina, que era enemiga de Atenas, aceptó someterse al rey persa. Los atenienses acudieron a Esparta y acusaron a los eginetas de traición. Cleómenes se presentó en Egina para exigir rehenes, pero los eginetas se negaron a entregarlos alegando que no estaban presentes los dos reyes de Esparta, como establecía la ley; los eginetas estaban aleccionados por Demarato que, además, según Heródoto, se dedicaba a difamar a Cleómenes en Esparta.

Lo cierto es que Demarato debía de representar la opinión de muchos espartanos, hostiles a Cleómenes. No habían querido reponer como tirano a Hipias, un amigo de los persas; y no les gustaba el comportamiento siempre colérico y vengativo del rey, que era un motivo de intranquilidad para los aliados de Esparta en el Peloponeso. Este grupo utilizó en adelante a Demarato para frenar las empresas de Cleómenes, como sucedió en Egina. Éste se sintió ultrajado, y antes de castigar a los eginetas quiso encargarse de Demarato.

Triunfo y caída

Aprovechó que había ciertas sospechas sobre la legitimidad de su colega y sugirió que se consultase al oráculo de Delfos. Cleómenes había sobornado a los dirigentes de Delfos de modo que, cuando se formuló la pregunta, la pitia declaró que Demarato no era hijo legítimo. Demarato fue destronado y pasó un tiempo en Esparta soportando las burlas, hasta que escapó a Asia y se refugió en la corte de Darío. En su lugar, Cleómenes colocó a Leotíquidas. Ambos se presentaron en Egina y tomaron rehenes; Cleómenes, como especial venganza hacia los eginetas, los dejó en manos de los atenienses, sus peores enemigos.

Temiendo represalias, Cleómenes huyó a Arcadia, a cuyos habitantes intentó unir para que lucharan contra Esparta

Poco después se descubrió el soborno de la pitia y Cleómenes cayó en desgracia en Esparta. Temiendo represalias, huyó a Arcadia, a cuyos habitantes intentó unir para que lucharan contra Esparta. Entonces los espartanos le dejaron volver a casa, pero al regresar sufrió un ataque de locura y empezó a dar bastonazos en la cara a los que se cruzaban con él. Sus parientes lo encadenaron a un cepo, pero cierto día en que quedó bajo la vigilancia de un ilota (un siervo), Cleómenes le pidió un cuchillo. El ilota se negó a dárselo, pero Cleómenes lo amenazó diciéndole lo que le haría cuando estuviera libre del cepo. El ilota se lo entregó, y Cleómenes, según escribe Heródoto, “empezó a herirse desde las piernas; cortando las carnes a jirones fue subiendo hacia los muslos, y desde los muslos hacia las caderas y las ijadas hasta que llegó al vientre y tras cortárselo en pedazos murió”. Otras fuentes añaden que reía con gesto de dolor mientras se desgarraba las carnes.

Hoy, los historiadores apuntan a que quizá fue ejecutado por los mismos espartanos cuando se convirtió en un peligro para el Estado: su política personalista y ambiciosa era un peligro para el equilibrio de fuerzas en el Peloponeso y, en consecuencia, para Esparta.

 

La ciudad sin murallas
Emplazada sobre el río Eurotas, Esparta o Lacedemonia era la polis griega más temida; confiando en el valor sin parangón de sus soldados, carecía de muralla. En la imagen, el teatro de Esparta, de época helenística y romana.
Foto: J. LANGE / GETTY IMAGES

 

La diosa de Esparta
Arriba, antefija del templo de la diosa de Esparta, Atenea Calcieco, “la del templo de bronce”. Este recinto de culto –como el teatro helenístico– estaba en la Acrópolis que dominaba la ciudad.
Foto: P. HORREE / AGE FOTOSTOCK

 

Atenas, enemiga y aliada
Cuando Cleómenes sitió al tirano Hipias en la Acrópolis de Atenas, en esta gran roca aún no se habían construido los edificios que la harían famosa, como el Partenón o el templo de Erecteo, que vemos en esta fotografía.
Foto: RENÉ MATTES / GTRES

 

Santuario de Apolo en Delfos. La pitia, o profetisa, daba sus respuestas en el gran templo de Apolo
El oráculo de Clístenes
El ateniense Clístenes, enfrentado al tirano Hipias, logró que la pitia, la profetisa de Apolo en Delfos, “sobornada a fuerza de dinero”, ofreciera a los espartanos la misma respuesta a cualquier consulta de uno de ellos: que la voluntad de los dioses era que liberasen a Atenas. Al final, en vista de que siempre recibían del oráculo la misma respuesta, hicieron caso a Apolo y Cleómenes marchó contra Hipias y lo depuso. Así lo explica Heródoto.
Foto: Beaux-Arts de Paris / RMN-Grand Palais

 

El expulsado de Atenas
Clístenes instauró el ostracismo para exiliar a los enemigos del Estado; su nombre se escribía en un trozo de cerámica, como el de la imagen. Cleómenes puso las magistraturas de la ciudad de Atenas en poder de Iságoras y expulsó a los partidarios de Clístenes, unas 700 familias. Pero el pueblo se negó a obedecer, y en la revuelta que siguió Cleómenes ocupó la Acrópolis junto a Iságoras y sus seguidores. Tras dos días de asedio pactó una tregua para salir sin sufrir daño, aunque, según Heródoto, los atenienses partidarios de Iságoras fueron ejecutados. Entonces Cleómenes se sintió humillado y quiso vengarse de los atenienses.
Foto: Akg / Album

 

El teatro de Argos, construido hacia 300 a.C.
Sacrilegio en Argos
Cuando Cleómenes derrotó  al ejército de Argos en 494 a.C., los supervivientes se refugiaron en un bosque sagrado dedicado a Argos (el héroe que daba nombre a su ciudad). Cleómenes no quiso entrar allí y matarlos por miedo a cometer un sacrilegio. Entonces los engañó: por un heraldo les dijo que había llegado su rescate y que salieran sin temor a medida que los llamaran por sus nombres, que conocía gracias a unos desertores. Así mató a unos 50, hasta que los de dentro del bosque advirtieron lo que pasaba. Entonces mandó a los ilotas, los esclavos de los espartanos, que amontonaran leña en torno al bosque y le prendieran fuego. Los argivos fueron exterminados y los ilotas asumieron la culpa del sacrilegio.
Foto: A. Garozzo / Getty images

 

Cubiertos de bronce
En esta escena, los infantes u hoplitas llevan armaduras semejantes a las que vistieron espartanos y argivos en la batalla en la que tuvo lugar el sacrilegio de Argos. Esta ciudad era la gran enemiga de Esparta en la península del Peloponeso. Ánfora del siglo VI a.C. Louvre, París.
Foto: Scala, Firenze

 

Leónidas, yerno de Cleómenes, en las Termópilas. Óleo por Jacques Louis David. 1814. Museo del Louvre, París
Hija de rey, esposa de rey
Cleómenes dejó una sola hija llamada Gorgo, que desde pequeña dio muestras de inteligencia. Cuando Aristágoras intentó sobornar a su padre Cleómenes para que ayudara a los rebeldes jonios contra Persia, prometiéndole una cantidad cada vez mayor, Gorgo, que tenía ocho años, exclamó: “Padre, si no te alejas el extranjero acabará por sobornarte”. Gorgo se casó con Leónidas, hermanastro de su padre y futuro defensor de las Termópilas frente a los persas.
Foto: Erich Lessing / Album

 

Guerreros bien protegidos
La coraza, el casco, las grebas o espinilleras y el escudo constituían el armamento defensivo del hoplita griego.
Foto: Bridgeman / Aci

 

El templo de Apolo en Delfos
Cleómenes se ganó el apoyo de Cobón, un personaje muy influyente en Delfos. Éste persuadió a la pitia Perialo, la profetisa de Apolo, para que dijera que Demarato (adversario de Cleómenes) era hijo ilegítimo.
Foto: Jean Heintz / Gtres

 

Áyax se suicida arrojándose sobre su espada. Gema del siglo VI a.C. El suicidio no estaba bien visto en la Grecia antigua
Las razones de un suicidio
El terrible final de Cleómenes, ejemplo de la capacidad de sufrimiento de un espartano, tuvo diferentes explicaciones. En la versión espartana, Cleómenes enloqueció por su afición a beber vino puro (no mezclado con agua); otros lo vieron como un castigo divino por el sacrilegio cometido en el bosque sagrado de Argos, y también se pensó que fue la culminación de un trastorno que ya se había manifestado en su juventud.
Foto: Museum Fine Arts, Boston / Bridgeman / Aci

 

28 mayo 2018 at 6:20 pm Deja un comentario

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