Archive for 31 julio 2017

El Arco de Giano de Roma se levantó para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II en el siglo IV

Las inscripciones repartidas por el arco, claves para conocer por qué se construyó y su cronología

Foto: EUROPA PRESS / UCO

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA

CÓRDOBA, 31 Jul.- Una investigación desarrollada por el profesor titular de Arqueología de la Universidad de Córdoba (UCO) Ángel Ventura, en colaboración con los investigadores del Instituto de Arqueología del CSIC de Mérida, Pedro Mateos y Antonio Pizzo, ha permitido desvelar que el Arco de Giano de Roma (Italia), ubicado junto a la iglesia romana de San Giorgio al Velabro, se levantó para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II en el siglo IV.

Según informa la UCO en un comunicado, un exhaustivo análisis de la estructura arquitectónica, un examen de la epigrafía y la exploración arqueológica en el área del monumento han llevado a este equipo científico a afirmar que este arco monumental cuadrifronte (de cuatro caras) fue construido bajo la dirección del senador de Roma Memmio Vitrasio Orfito a mediados del siglo IV para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II tras vencer a Magnentio, asesino de su hermano.

Este trabajo de investigación, publicado recientemente en la revista ‘Journal of Roman Studies’, ha permitido desmentir la creencia de que el arco se situaba en una plaza para afirmar que se ubicaba entre dos calles, una que se dirigía hacia el Foro Boario y el Palatino y otra al Circo Máximo y el Foro Romano. Así, el monumento está justo en la vía triunfal por donde desfilaban los generales o emperadores de la época para celebrar sus victorias.

El estudio contiene un análisis topográfico realizado en colaboración con la Universidad de La Sapienza en Roma que ha permitido generar la planimetría completa del monumento con aplicación de las últimas novedades tecnológicas en esta materia. Gracias a ellos, se ha concluido que el monumento se construyó a base de distintos añadidos.

Según el profesor de la UCO Ángel Ventura, en los siglos III y IV a la ciudad de Roma llegaba poco mármol, lo que provocó que este arco se levantara con material de expolio de otros edificios que estaban en ruinas. Así, en esta edificación se han encontrado piezas procedentes por ejemplo del templo de Venus y Roma, muy cercano al Coliseo Romano y que sufrió un incendió a finales del siglo III.

La clave para conocer el motivo por el que se construyó el arco y aquilatar la cronología del mismo ha sido el estudio de las inscripciones repartidas por el arco, destacando la dedicatoria con que cuenta el ático del monumento.

En esta última, ha señalado Ventura, especialista en la materia, se hace referencia a Constancio II indicando que “visitó solo una vez Roma, en la primavera del 357 y fue entonces cuando se celebró su triunfo por haber vencido a los enemigos del Estado, igualando así las proezas de su padre Constatino el Grande”.

Esta investigación tiene una trascendencia añadida, puesto que ha contribuido a que se emprenda, por parte de las autoridades culturales de Roma, la restauración del arco. Según Ventura, el estudio publicado en ‘Journal Roman Studies’ está aportando mucha información para estos trabajos que permitirán sacar al monumento de la situación de decadencia en la que encontraba hasta el momento.

 

Anuncios

31 julio 2017 at 1:54 pm Deja un comentario

La ciudad perdida de Caraca resurge del olvido en Driebes

Una excavación arqueológica saca a la luz estructuras de esta urbe romana, nudo importante de comunicaciones en la vía de Complutum a Segóbriga camino a Cartago Nova

Trabajos arqueológicos en el Cerro de la Virgen de la Muela – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Fuente: MÓNICA ARRIZABALAGA  |  ABC
31 de julio de 2017

Desde el cerro de la Virgen de la Muela no se divisa ni un pueblo, ni una casa aislada, nada. Driebes, la localidad más cercana, se encuentra a unos seis kilómetros de carretil de piedras, polvo y matojos. En este paraje olvidado de Guadalajara hoy solo quedan en pie las ruinas de la antigua ermita que da nombre al lugar, en medio de un extenso campo de cereal recién cosechado. En otro tiempo, sin embargo, aquí se levantaba la ciudad de Caraca, una importante urbe de la Hispania romana a la que acudían las gentes del entorno para ir al mercado, al foro o al templo. La empinada cuesta que baja hasta el Tajo era entonces un transitado tramo de la calzada romana que conducía a Cartago Nova (Cartagena).

«Donde ahora pisamos debía de estar el foro», indica el arqueólogo Emilio Gamo, mientras muestra el plano con los resultados del georradar y drones que sirvieron en febrero para anunciar el descubrimiento de esta ciudad perdida que citaron Plutarco o Ptolomeo, equidistante de Complutum (Alcalá de Henares) y Segóbriga (Saelices, Cuenca), según el Anónimo de Rávena.

Detalle de un mapa de Claudio Ptolomeo conservado en el IGN, con Caraca en el centro de la imagen – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Se la había situado anteriormente en lugares como Almoguera o Tarancón, pero el hallazgo en 1945 de un tesorillo de plata de unos 14 kilos durante la construcción del canal de Estremera hizo sospechar de la existencia de un yacimiento en Driebes. Los profesores Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal defendieron en los años 80 que se trataba de la ciudad romana de Caraca, pero hasta ahora nunca se había excavado en este lugar.

El georradar reveló que ante la ermita se extendía antiguamente un espacio diáfano, rodeado por una columnata a modo de pórtico. De ratificarse la existencia allí de un foro, como estos datos sugieren, se habrá dado con la primera ciudad romana de la que se tiene constancia en la provincia de Guadalajara.

Las excavaciones que se están llevando a cabo desde el 17 de julio vienen a confirmar el diagnóstico al que llegaron los arqueólogos. «Empezamos a constatar estructuras y una serie de materiales que ratifican los resultados que dio el georradar en la campaña precedente», subraya Javier Fernández Ortea, coodirector del proyecto junto con Gamo.

En las dos catas abiertas, ya se aprecian con claridad algunos muros de antiguas edificaciones públicas romanas, aunque aún es pronto para poder identificarlas como parte del foro y para datar la época en que éste fue erigido, un dato clave para saber cuándo esta población fue promocionada jurídicamente como ciudad romana.

Hay una tercera cata señalada, en el cruce del cardo y el decumano, las dos coordenadas que vertebraban toda urbe romana. Allí el georradar indica que podría conservarse un empedrado con un sistema de alcantarillado. Si es así, servirá para verificar hasta qué nivel de desarrollo llegó Caraca.

Ruinas de la ermita de la Virgen de la Muela – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Con estas primeras intervenciones quirúrgicas, el equipo interdisciplinar que dirigen Gamo Pazos y Fernández Ortea pretende registrar la estratigrafía de la ciudad y conocer así la evolución histórica de este lugar que se cree que estuvo habitado desde comienzos del primer milenio antes de Cristo y fue un «oppidum», un asentamiento carpetano antes de la romanización.

Una ciudad de 1.800 habitantes

La ciudad, de unas 8 hectáreas en el perímetro que creen que pudo estar amurallado y otras cuatro de zona anexa, se abastecía de agua a través de un acueducto de tres kilómetros del que quedan unos 130 metros, según han podido comprobar los arqueólogos en las proximidades del cerro de la Virgen de la Muela. Calculan que llevaba 1,3 litros por segundo, lo que les lleva a pensar en una población de entre 1.500 y 1.800 habitantes.

Bajo el sol de justicia que cae sobre el yacimiento, Javier Fernández comenta que en época romana el clima era más húmedo y había más vegetación. «Posiblemente era un lugar más habitable y había más densidad de población en esta zona hace 2.000 años que ahora», dice.

Sillares en una ladera del cerro, con el Tajo al fondo – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

La ciudad contó con templos, que estarían ubicados bajo la actual ermita derruida, con posibles termas y con un macellum (mercado) donde acudían los campesinos y artesanos de los alrededores para comprar y vender. «Debió de ser una ciudad como Valeria o Ercávica», apunta Gamo haciendo referencia a dos yacimientos romanos de Cuenca.

El arqueólogo de la UNED explica que por su posición estratégica sobre la vera del Tajo y la presencia de atochas en la zona, creen que se dedicaba a la explotación del esparto, tan apreciado en la época por su uso para confeccionar cabos para la navegación o la minería, o para usos cotidianos (calzado, cestas…).

Caraca se destacó también por la exportación del lapis specularis o espejuelo, un yeso traslúcido y brillante que los romanos utilizaron en sus ventanas antes del vidrio. «Quizá el declive del uso del lapis specularis tuvo relación con el abandono de Caraca en el siglo II d.C.», sugiere el arqueólogo Saúl Martín.

Un CSI arqueológico

Los peones que ayudan en la excavación acaban de encontrar un fragmento de interés y requieren el examen de Gamo, que explica: «Esto es como en CSI, investigamos cada pieza, cada detalle, solo que no es una escena de un crimen».

Peones y arqueólogos trabajan en una de las catas abiertas – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Excavar en un yacimiento virgen como el de Caraca permite estudiarlo desde cero, documentando de forma exhaustiva cada hallazgo, con el apoyo de modernos métodos como el sistema de información geográfica del Instituto Geográfico Nacional o los sistemas de información geocientífica del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). El equipo multidisciplinar cuenta con la ayuda de especialistas en inscripciones latinas, expertos en gestión del patrimonio y especialistas del IGME, así como con la financiación de la Junta de Castilla-La Mancha, el Ayuntamiento de Driebes, la Asociación de Mujeres de Brea de Tajoy y la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara.

Los arqueólogos confían que Caraca arroje luz sobre un periodo histórico aún en parte desconocido. Es «otra tesela más en ese mosaico tan complejo de la romanización en el interior peninsular», subraya Fernández Ortea.

Hasta el 17 de agosto removerán la tierra en busca de cuanta información logren obtener, pero parte de Caraca siempre ha estado ahí, a la vista de cualquiera. En la construcción de la ermita de la Virgen de la Muela en el siglo XVI se reutilizaron fustes de columna que aún permanecen encajados en las paredes, uno incluso numerado con un cinco romano.

Fuste de columna que se reutilizó en la construcción de la ermita – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

En las laderas del cerro, es fácil ver grandes piedras que formaron parte de edificios públicos de relevancia. Los agricultores las fueron arrojando a un lado cada vez que daban con alguna que les impedía arar el campo. No es ésa una buena tierra para cultivar. Allí donde antes se empedró una calle o se levantó una vivienda no crece igual el cereal.

El cerro de la Virgen de la Muela donde el pastor Mariano Vadillo jugaba solo en su niñez con aquellas piedras y trozos cerámicos de los que desconocía su origen, acapara ahora el interés de lugareños y curiosos, tanto que la Guardia Civil patrulla a menudo por los alrededores, no sea que una porción de la Hispania romana acabe olvidado en la vitrina de algún desaprensivo sin revelar sus secretos.

Fíbula de Driebes – CAROLINA MÍNGUEZ

El tesoro escondido a finales del s. III a.C.

Durante la construcción del canal de Estremera en 1945 se descubrió en un talud del cerro de la Virgen de la Muela un tesorillo de plata de más de 13 kilos en forma de tortas, lingotes y fragmentos de adornos (torques, brazaletes, varillas, sortijas y fíbulas) que actualmente se expone en el Museo Arqueológico Nacional. Son piezas de cultura carpetana, datadas entre los siglos IV y III antes de Cristo o principios del II a.C. «El peso de las tortas, entre 448 y 455 gramos y sus particiones indican que utilizaban un sistema metrológio estandarizado, similar al de Cancho Roano», se indica en la vitrina que contiene las piezas halladas en Driebes. Los fragmentos completarían el valor de su peso en una transacción comercial. Las monedas constituyen solo una pequeña parte del tesoro y en su mayoría están partidas, pues se usaron como pequeños lingotes. Algunas proceden de Cartago y por su datación se ha podido fechar cuándo se ocultó el tesoro, ya que las más modernas fueron acuñadas a finales del siglo III a.C.

La pieza más relevante del tesoro es una fíbula que debió de ser emblema de un personaje de la aristocracia. Muestra un personaje con casco y torques en el pie y una escena simétrica de un felino que devora una cabeza humana en el puente. Ésta representaría a un jefe guerrero que al ser comido por el león se convierte en héroe. Cuando se descubrió, el arqueólogo Julián San Valero Aparisi la llamó «Fíbula de Hércules», creyendo que la imagen del puente representaba al héroe griego vestido con la piel del león de Nemea.

 

31 julio 2017 at 10:47 am Deja un comentario

Las complejas redes de abastecimiento y saneamiento en Lucus Augusti

La captación de agua se efectuaba en O Castiñeiro y en A Piringalla y las dos redes se unían en la Rúa das Fontes

PRADERO

Fuente: ENRIQUE ALCORTA > Lugo  |  La Voz de Galicia
31 de julio de 2017

La elección del emplazamiento de una ciudad romana creada ex novo no se deja al azar, sino que sigue una serie de directrices arquitectónicas y geográficas.  El tratadista Marco Vitrubio Polión, arquitecto romano del siglo I a. C., resume en su obra De architectura las cualidades óptimas que debe tener un emplazamiento para proceder a una fundación urbana: terreno elevado y abierto, despejado de nieblas, con orientación adecuada a ser posible templada, evitando la proximidad de terrenos pantanosos, no muy cerca del mar, en la vecindad de zonas agrícolas y de pasto, etcétera. Por lo demás, haciendo buena la importancia que para una ciudad, una aglomeración humana de cierta entidad, tiene el abastecimiento, salubridad y captación de agua, a ella le dedica todo un capítulo de su obra, el VIII, insistiendo en el concepto del aqua viva, el agua que se mueve y regenera, frente a las aguas estancadas / retenidas consideradas como insalubres.

En este sentido, los romanos entendían claramente que no hay ciudad, que no hay vida urbana sin agua, y además sana y de calidad, y, por tanto, si era necesario, la captaban y localizaban a larga distancia y la transportaban desde aquel lejano punto, a veces a muchos kilómetros, mediante redes hidráulicas más o menos complejas compuestas, en su caso, por canales, acueductos, perforaciones, pozos de aireación, compuertas, sifones, etcétera.

Básicamente, una red hidráulica comprenden cuatro sistemas: captación, transporte, distribución y evacuación. Empezando por el primero, resulta fácil pensar que el abastecimiento de agua de Lucus Augusti estaba garantizado por el Miño. Pero este se encuentra a una cota muy baja con respecto a la ciudad, erigida sobre una colina, y su aprovechamiento hubiera exigido grandes obras hidráulicas. Por eso, se optó finalmente por la captación de manantiales en la zona de O Castiñeiro y A Piringalla. Conocemos bastante bien la primera, a partir de un gran pozo de captación, y que probablemente sería aprovechado y remodelado por el obispo Izquierdo en el siglo XVIII para su traída de aguas a la ciudad, unido mediante canales internos a otros, de los que aún se conservan restos, en los que el agua se acumularía y decantaría ya desde un primer momento.

Ambos ramales de captación, con un volumen aceptable de abastecimiento de agua limpia, se unirían al final de la actual Rúa das Fontes, a la altura del remate de Camiño Real e inicio de la calle Mar Cantábrico. En este punto, los canales de traída verterían el agua a un acueducto que se prolongaría por las calles Milagrosa y pintor Luis Seoane, conocida antiguamente por la calle de la Cañería y en donde se conservan dos fuentes públicas desactivadas, hasta alcanzar la ciudad, en un principio sin la cortapisa de la muralla y, alzada esta, por la Porta do Boquete.

Trazado

Ya dentro del recinto urbano, avanzaría por la plaza de San Marcos, en donde todavía, en una ventana arqueológica, se conservan las cimentaciones del acueducto, hasta alcanzar finalmente la parte más alta del recinto urbano que corresponde con la confluencia de la Praza de Santo Domingo con la calle Progreso, en donde se dispuso el llamado castellum aquae, el depósito distribuidor de la ciudad con diversas salidas en su fondo que permitirían la repartición y el control del agua, del que también se hallaron algunos restos. La elección de un punto alto dominado la ciudad resultaba imprescindible ya que el agua, a falta de medios mecánicos modernos, se distribuiría por gravedad, por su propio peso, necesitándose para ello mínimas pendientes.

Llegados a este punto sería necesario un doble sistema hidráulico, el de abastecimiento de agua limpia y el de retirada de aguas sucias y pluviales. El primero se realizaría por canales y fistulae (cañería o tubos) de barro o plomo, de los que aún se conservan algunos ejemplos. Este sistema estaría completado, en su caso, por el agua obtenida de pozos.

 

31 julio 2017 at 10:43 am Deja un comentario


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

julio 2017
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente