Archive for 9 junio 2017

El fuego griego, la misteriosa sustancia empleada por los bizantinos para frenar los ataques árabes

Incluso hoy se desconoce la composición exacta de la fórmula original perdida en los saqueos a Constantinopla de 1204. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y se cree que la mezcla incluía nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina) y azufre

Uso del fuego griego, según una ilustración de una crónica bizantina.

Fuente: CÉSAR CERVERA ABC
9 de junio de 2017

Constantinopla, la segunda Roma, sobrevivió toda la Edad Media a los ataques musulmanes como una isla cristiana a las puertas de Oriente y un agente de equilibrio entre ambos mundos. Las murallas de la ciudad, su poder militar, su capacidad de adaptarse a los tiempos sin renunciar a las tradiciones romanas…. muchos elementos explican la longevidad del Imperio bizantino, pero ninguna responde a la pregunta de cómo pudieron prevalecer ante asedios que llevaron a miles de naves a sus puertas. Un arma secreta, incluso hoy imposible de desentrañar, salvó al menos en dos ocasiones al último imperio romano de su destrucción.

El fuego griego recibió muchos nombres en la Antigüedad: «fuego romano» para los árabes, «fuego griego» para los cruzados que se dirigían a tierra santa y «fuego bizantino» para los otomanos. Entre los siglos VII y XIII, el Imperio bizantino empleó una sustancia inflamable en las batallas navales y en los asedios contra Constantinopla, que le daba una clara ventaja táctica y tecnológica contra enemigos con recursos y hombres muy superiores. Este fuego era capaz de arder sobre el agua y la única forma de apagarlo era asfixiándolo. Tratar de apagarlo con agua solo avivaba aún más la llama. Y si bien hoy en día se utilizarían espumas y polvo químico para extinguir el fuego, en la Antigüedad y la Edad Media la única posibilidad probablemente sería la de usar orina (por su alto contenido en sales inorgánicas y urea), esteras de esparto e si acaso vinagre.

El secreto mejor guardado de la historia militar

Los bizantinos usaban dos métodos para lanzar el líquido inflamable. Uno de ellos consistía en derramar a presión la sustancia a través de un inyector con un ajuste giratorio, después de que un brasero instalado en el barco calentara previamente la mezcla. Otro forma era llenando granadas de cerámica con el material y arrojándolas sobre los barcos enemigos, siempre buscando prender sus velas. Cuando el líquido rozaba el agua o alcanzaba cierta temperatura entraba en ignición e incendiaba las embarcaciones enemigas. Entonces se producían «truenos» y una aparatosa nube de humo. Además de los efectos destructivos, hay que tener en cuenta que la sustancia resultaba tóxica para quienes la respiraban.

El hecho de que incluso hoy resulte un misterio saber la composición exacta de esta sustancia convierte la fórmula en uno de los secretos mejores guardados de la historia del mundo. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y los fabricantes vivían aislados del mundo exterior, hasta el punto de que hoy en día solo cabe especular sobre los componentes y las proporciones, sin que existan muestras o documentos que estudiar. La mezcla incluía probablemente nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina), azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. El nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible.

No obstante, otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.

«Granadas» de cerámica que se rellenaban del fuego griego

Ya en el año 214 a. C., se considera que el inventor griego Arquímedes había usado una sustancia también inflamable para combatir al ejército romano en su intento de conquistar la ciudad griega de Siracusa. Pero nada demuestra que su fuego griego fuera el mismo que el bizantino… La invención de este segundo se le atribuye a un ingeniero militar llamado Callínico, procedente de la actual Siria, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe de 674. Se cree, no obstante, que el propio Callínico se basó en los trabajos del alquimista, astrónomo e inventor griego Esteban de Alejandría, que se trasladó en 616 a Constantinopla.

Todas estas fechas flotan en torno al primer gran asedio árabe de Constantinopla, cuando la lucha entre el Imperio bizantino y el Califato Omeya devino en el asedio de la gran ciudad, bajo el mando de Constantino IV. En esta batalla, los omeyas fueron incapaces de abrir una brecha en las Murallas Teodosianas, que bloqueaban la ciudad a lo largo del Bósforo, y fueron derrotados a nivel marítimo gracias al invento de aquel sirio loco. La armada bizantina lo utilizó decisivamente para destrozar a la marina omeya en el mar de Mármara y en la posterior batalla de Silea, en las costas de Panfilia, en el año 678. El cronista Teófanes menciona en sus textos la sorpresa táctica que supuso el fuego para los árabes durante el largo asedio de cuatro años:

«Por entonces había huido a territorio romano un arquitecto de Heliópolis de Siria llamado Calínico, inventor del fuego marino, gracias al cual los navíos árabes se incendiaron y todas sus tripulaciones se quemaron. Así los romanos volvieron vencedores y descubrieron el fuego marino».

El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzad

Durante año las acometidas árabes perecieron ante la superioridad de la flota bizatina. En el 717, las fuerzas musulmanas aprovecharon un periodo de inestabilidad bizantina para iniciar un nuevo asedio. Después de casi un año de cerco, una escuadra árabe compuesta por 400 naves de refuerzo se sumó a las 300 naves que mantenían el asedio en Constantinopla. Una superioridad numérica que no amilanó a la flota bizantina, que, recuperando la sustancia de Calínico, contraatacó por sorpresa hacia las naves árabes. Esto puso en fuga a los árabes y muchas naves fueron destruidas por el «fuego griego», encaminando el asedio a su último desenlace.

Pasada la sorpresa inicial de estos dos asedios, los árabes aprendieron a combatir este fuego, que en tierra resultaba poco útil y en el mar su empleo era limitado. Árabes, venecianos, písanos, normandos y demás rivales del Imperio bizantino aprendieron a contrarrestar los efectos del fuego griego y a neutralizar su valor táctico. El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzada. Sin la mezcla primitiva, los ingenieros bizantinos buscaron alternativas en otras sustancias inflamables usadas en la Antigüedad, aunque su poder de destrucción nunca alcanzó la densidad del fuego griego original. Estas mezclas alternativas fueron la que probablemente usaron para defenderse del Imperio otomano en 1453, año en el que cayó definitivamente la ciudad.

Sabías qué…

La ficción se ha inspirado en el fuego griego para presentarlo como una sustancia casi mágica en libros, películas e incluso videojuegos. En la televisiva serie «Juego de Tronos», a su vez inspirada en los libros de «Canción de Hielo y Fuego», el fuego griego tiene su equivalente en el fuego valyrio, que juega un papel importante en una de las batallas navales de la saga. No en vano, aquí el fuego es verde y es casi imposible de apagar, además de mucho más inestable que el original. En el videojuego «Assassin’s Creed: Revelations» el protagonista Ezio Auditore utiliza un cañón similar a los que utilizaron los bizantinos para incendiar un puerto de Constantinopla. Y en Age of Empires II existen unos barcos bizantinos que escupen fuego a las naves enemigas.

 

9 junio 2017 at 11:17 pm Deja un comentario

Porcuna determinará el estado del anfiteatro de la antigua Obulco

Según estudios, es el tercero más grande de España

Restos del antiguo anfiteatro romano de Obulco.

Fuente: Diario Jaén
9 de junio de 2017

Recuperación del patrimonio. El Ayuntamiento de Porcuna realizará, en diez días, las catas para determinar el estado en que se encuentra el anfiteatro de la ciudad romana de Obulco y estudiar, en función de los resultados, si es viable o no su recuperación. De serlo, indica el alcalde, Miguel Moreno, se convertiría en el tercer anfiteatro más grande de España, tras el de Tarragona y Mérida, ya que, según los arqueólogos, tendría una capacidad de diez mil personas.

En este sentido, el regidor explica que las catas se llevarán a cabo en un terreno cerca de las viviendas limítrofes. “Si cuando se excave aparece una grada nueva, la portada u otros espacios, no nos podremos rendir. Tendremos que seguir adelante como sea, porque estamos hablando de un vestigio arqueológico de muchísima relevancia. Será un proyecto muy importante, de carácter internacional”, indica el alcalde, quien añade que son unos 100.000 euros, los que destinarán a las excavaciones.

Fue en febrero de 2015 cuando en el marco de labores de ajardinamiento en una zona de expansión del casco urbano de Porcuna se encontraron restos del citado recinto, que los expertos situaron entre los de mayores dimensiones del Imperio con un aforo que superaría con mucho los diez mil espectadores. Ante la posible magnitud del hallazgo, el Ayuntamiento encargó un proyecto arqueológico y otro arquitectónico, realizados por el arqueólogo Pablo Casado y el arquitecto experto en patrimonio Pablo Millán, y que fueron remitidos a Cultura, para ejecutar unas catas con la finalidad de conocer el estado de esta gran infraestructura. Algo para lo que ya se tiene el visto bueno. Hasta disponer de los resultados, según defiende, sería arriesgado hablar de la inversión que podría suponer rescatar el anfiteatro. En la zona en la que aparecieron los restos existen construcciones cercanas, aunque en torno a un cuarenta por ciento no está edificado y está ocupado por un jardín y vías públicas de titularidad municipal en las que se podría actuar.

Los expertos estiman que el aforo superaría los 10.000 mil espectadores

Los investigadores identificaron unos restos pertenecientes a un monumental edificio que, según las investigaciones en curso, pertenecerían al anfiteatro del Municipium Pontificiensis Obulco, que era como se llamaba la ciudad de Porcuna en época romana. Se trata de una sección de varias decenas de metros de la fachada sur del edificio de espectáculos de esta importante ciudad de la romana provincia Bética. Las estructuras de los muros, de impresionante sillería almohadillada, configuran un lateral elíptico donde se alternan los pilares y vanos de la fachada. Los restos evidencian una mínima parte del conjunto que hoy subyace bajo las construcciones actuales. Hay zonas perdidas por expolios cometidos en los últimos cinco siglos. “Las magnitudes y geometría de los restos hallados hablan de un edificio que supera ampliamente el centenar de metros en el lado mayor de la elipse, situándose entre los de mayores dimensiones del Imperio”, indicaron. A falta de concretar datos, los expertos estiman que su aforo superaría con mucho los 10.000 espectadores. Además, por la comparación de las técnicas constructivas, se puede fechar su construcción en los años centrales del siglo I d.C., algo antes de la construcción del mayor de estos edificios, el Anfiteatro Flavio, o Coliseo, de Roma, edificado a partir del año 70 d.C.

 

9 junio 2017 at 11:11 pm 1 comentario

Hallada una tumba del período helenístico en la ciudad egipcia de Alejandría

Una misión arqueológica egipcia ha hallado una tumba del periodo helenístico (entre el 332 y el 30 a. C) en la zona de Al Shatbi, en la ciudad mediterránea de Alejandría, anunció el Ministerio egipcio de Antigüedades.

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA
Fotos: Egypt Independent

El Cairo, 8 jun.- Según un comunicado del Ministerio, el estilo arquitectónico y los restos de cerámica encontrados en su interior permitieron determinar la época de su construcción.

Agregó que la tumba está formada cuatro cámaras, cada una de ellas con adornos geométricos policromados y textos funerarios escritos en griego antiguo.

Los huecos para los enterramientos se encuentran en filas superpuestas, según la nota.

La arqueóloga en el centro de Alejandría, Aya Mohamed Taher, indicó que la misión halló dentro de esa tumba casi 300 artefactos, entre ellos vasijas de cerámica, estatuas de terracota y lámparas de arcilla.

En la próxima campaña arqueológica, el equipo se dedicará a estudiar las escrituras funerarias para intentar identificar a la persona que albergó la tumba.

9 junio 2017 at 11:05 pm Deja un comentario


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