‘Alea jacta est’ en las rutas de la Roma sevillana

26 mayo 2017 at 12:56 pm Deja un comentario

Entre los siglos II a. C. y III d. C. el pueblo romano dejó un sinfín de testimonios artísticos y culturales de su paso por el territorio sevillano. Hallazgos que la Diputación de Sevilla compila en una guía

Uno de los mosaicos hallados en Écija que hoy se expone en el Palacio de Peñaflor. / El Correo

Fuente: ALBA POVEDA > Sevilla  |  El Correo de Andalucía
25 de mayo de 2017

El paso del pueblo romano por el territorio sevillano dejó muchos más vestigios que los de Itálica o los encontrados en Hispalis. A lo largo y ancho, la provincia cuenta con innumerables ejemplos de la arquitectura, ingeniería y cultura romana, que tuvo su máximo exponente en el territorio con la llegada al poder de Trajano y Adriano. Tanto es así que la Diputación de Sevilla, a través de Prodetur, presentó hace unos meses la guía El legado de Roma en Sevilla, donde recoge los restos hallados hasta el momento, y que articula en tres rutas: la Vía de la Plata, la ruta Bética Romana y la Vía Augusta.

Vía de la Plata. Entre Itálica y Guadalcanal

La Roma sevillana no podría entenderse sin Itálica, al ser el mayor yacimiento hallado hasta el momento en la provincia. Lugar de nacimiento del gran emperador Trajano, es aquí donde empieza el recorrido de la Vía de la Plata. La ciudad, enclavada en la actual Santiponce, fue fundada en el año 206 a. C. por el general Publio Cornelio Escipión, más conocido como El Africano, durante la batalla de Ilipa para resguardar en ella a los soldados heridos en combate.

Fue la primera ciudad levantada por los romanos en la Península, lo que explica el estrecho vínculo que tenía con Roma. Tanto es así, que desempeñó un papel estratégico en materias político-militares y económicas durante el Alto Imperio Romano, relevancia palpable en sus monumentos públicos, el lujo de las viviendas e incluso el trazado urbanístico, que partía de dos grandes vías: el Cardo Maximus –que iba de norte a sur– y el Decumanus Maximus –que cruzaba la ciudad de este a oeste–, siguiendo la tradición romana. Los trabajos arqueológicos desvelaron que Itálica estaba amurallada, pero apenas quedan testimonios visuales.

El desarrollo de la urbe vivió dos etapas. La primigenia, la vetus urbs de Escipión, se encuentra enterrada bajo los cimientos de Santiponce, a excepción del Teatro. Pero con la llegada al poder de Adriano, quien nació en Roma pero se crió bajo el amparo de su tío Trajano en Itálica, la ciudad creció en el primer tercio del siglo II d. C. con la ampliación de la nova urbs, que hoy conforma el Conjunto Arqueológico, descubierto en 1781 por Francisco de Bruna.

Pasear por el yacimiento de Itálica es hacerlo por la antigua Roma. Sus amplias calles, las aceras porticadas y el enlosado de las vías y aceras –que aún se dejan ver– trasladan al visitante a aquella época. La nova urbs que hoy puede visitarse desvela que hubo seis edificios públicos y medio centenar de casas. Ejemplo de ello es la Casa de Exaedra, en la que sobresalen sus termas y el patio central. También la Casa del Patio Rodio, que pese a ser crudamente expoliada, es un claro ejemplo del dominio de la arquitectura y el terreno de los romanos, pues el patio que le da nombre se caracteriza por las galerías (una más alta que las otras) con las que salvaban los desniveles topográficos. En esta vivienda cabe hacer mención del mosaico que viste el suelo de una de sus estancias, rodeado por una hermosa cenefa de roleos vegetales.

Pero para vivir las más pura experiencia romana, el conjunto arqueológico dispone de un centro temático, Cotidiana Vitae, donde el visitante puede trasladarse a la vida pública y privada del siglo II d. C. Además, continuamente se realizan actividades, muchas de ellas teatralizadas.

Sobre la antigua ciudad de Itálica se levantó Sacti Geronti (la actual Santiponce), donde se ubica el Teatro Romano, que también forma parte del Conjunto Arqueológico de Itálica. Fue construido durante la época de Augusto, entre los años 30 y 37 d. C., y con el traslado de la villa durante el siglo XVII quedó soterrado por el caserío, hasta que en 1937, Francisco Collas de Terán y Delorme documentó la existencia de estos restos, que no saldrían a la luz hasta el año 1970. También en Santiponce se encuentran las Termas Menores que construyó Trajano durante su gobierno. Muy cerca de allí, Camas hacía de corredor entre los dos núcleos fuertes de la Sevilla romana, Hispalis e Itálica.

A unos 30 kilómetros, la ruta continua en Aznalcóllar y sube hasta Almadén de la Plata. La romana Tucci (Aznalcóllar) conectaba con la capital a través de su acueducto, el vestigio más importante del municipio, junto a su tradición minera, pues ya los romanos supieron explotar las minas de pirita. El acueducto se construyó en el siglo II d. C. y llevaba el agua hasta Itálica a lo largo de sus 35 kilómetros.

El citado acueducto se encuentra en la carretera Aznalcóllar-Gerena, siguiente parada en el itinerario. Bautizada por los romanos como Vevera, su importancia como asentamiento fue tal que todavía perviven algunos restos del recinto amurallado –fechado en el siglo II a. C.–. Además, llegó a acuñar su propia moneda. Se cree que incluso el poblado llegó a sobrepasar la muralla, pues en la periferia se hallaron los restos de unas termas, así como un complejo de infraestructuras hidráulicas y redes de saneamiento.

Siguiendo el camino, la Vía de la Plata se para en Agilis o Gaelius (o también Guillena). Su mayor impronta es la Casa de Maera, que se trata de un departamento subterráneo de planta casi cuadrada y que está cubierto por una bóveda de cañón.

A pocos kilómetros, se levantaron varias villas, que en la actualidad son parte del municipio de Burguillos. Por allí transcurría un antiguo cruce de caminos, que pasaba por Cazalla de la Sierra y conducía hasta Córdoba. En él se han encontrado sobre todo restos de las labores de campo, como una hoz de hierro forjado, que data del Alto Imperio Romano; aunque también molinos de aceite y granjas.

La ruta que parte de Itálica encamina su salida de la provincia en Almadén de la Plata, cuya principal fuente de riqueza eran las canteras de mármol; material que se ha podido ver en más de uno de los hallazgos.

Pero la deja atrás en Guadalcanal, donde destacan los restos de la época republicana (siglo III d. C.). Allí, varios siglos antes, en el II a. C., se asentaba un castrum (equivalente a los campamentos militares) que se piensa sirvió para frenar el empuje del ejército celtíbero, y que más tarde se convirtió en oppidum (ciudad amurallada). Destaca también el Puente Sevilla, que data del siglo I d. C., y que conectaba con otra de las rutas que hoy se ponen en valor en la provincia, la Vía Augusta.

Bética Romana. De La Rinconada a Peñaflor

Aunque su punto de partida está en Iulia Romula Hispalis –hoy Sevilla–, la Bética Romana recorre más de 100 kilómetros hasta desembocar en San Nicolás del Puerto. Tras hacer parada en cada uno de lo vestigios de la capital hispalense –que se desgranan en el anterior reportaje—, La Rinconada abre paso a este camino romano. Allí se ha encontrado un sinfín de restos, que desvelan la existencia de una villa. Pero fue en La Jarilla donde se hallaron numerosos fragmentos de ladrillo, sillares y teselas, que probablemente decoraron algunas de las domus de la ciudad. Salió también a la luz una necrópolis.

Al norte se erige Ilipa Magna, hoy conocida como Alcalá del Río. La ciudad disfrutó de días esplendorosos, como bien apunta su nombre romano. Su situación estratégica, a orillas del río Guadalquivir, la convirtió en el principal fortín de los romanos, tal y como atestiguan los restos de su muralla. Allí se libró la conocida batalla de Ilipa, que abrió camino al asentamiento de los romanos en la provincia. Durante la segunda Guerra Púnica entre Roma y Cártago, El Africano fue enviado hasta la península para detener el avance del cartaginés. Después de numerosas batallas, El Africano y Asdrúbal (al frente del bando cartaginés) pelearon en una última enfrenta en el entorno del Cortijo de El Vado de las Estacas. Los romanos ganaron la batalla y empezaron a asentarse en la Península. Sin embargo, a partir del siglo III, ante el mayor protagonismo portuario de Hispalis, Ilipa Magna entró en decadencia.

Otra de las grandes urbes de la Roma sevillana fue Carmo (Carmona). Sus calles así lo reflejan todavía, pues, salvo ligeras modificaciones, la ciudad todavía conserva el plano urbanístico romano. Al igual que Vevera, llegó a acuñar moneda propia, cuyo uso se extendió hasta la Edad Media. Pero son sus restos arquitectónicos el mejor regalo del Imperio Romano, después de que conquistara la villa en el 206 a. C, y que le valieron para que la Junta de Andalucía creará por decreto, en 1992, el Conjunto Arqueológico de Carmona. Los romanos se encargaron de rodear la ciudad de un recinto amurallado que la hiciera infranqueable, como señalaba Julio César en su De Bello Civili. En este recinto destaca una de las entradas de más valor estético e histórico de la provincia, la Puerta de Sevilla. Aunque data del siglo XI a. C., con la conquista de la urbe, el pueblo romano fortificó la entrada más fácil de la ciudad para convertirla en la «más fuerte de la Bética durante la antigüedad», según declaró César tras ocuparla.

Otro de los restos más importantes que pueden visitarse en Carmona es la necrópolis, situada a las afueras de la ciudad. Construida en el último siglo de la era precristiana, ésta no se descubriría hasta el siglo XIX, por iniciativa de Juan Fernández López y del arqueólogo Jorge Bonsor. La técnica más utilizada entonces era la incineración, que se realizaba en quemaderos excavados en la roca. Destaca también la presencia de mausoleos, especialmente los de carácter colectivo, que representaban la forma más habitual de enterramiento. Uno de los más llamativos es el de Servilia, que se cree debió pertenecer a una poderosa familia romana de la época de Augusto. Pero también el mausoleo del Elefante, santuario dedicado al culto de las divinidades orientales de Cibeles y Attis.

Cabe resaltar el anfiteatro construido en el último siglo de la era precristiana, que se abrió a finales de 2016 al público. Este edificio se levantó con la intención de acoger espectáculos de fieras. Así como también es destacable el Puente de la Vía Augusta, cuyos 33 metros de largo conectaban la Colonia Patricia (Córdoba) con Hispalis.

Al norte, en Tocina, también se han encontrado restos de vasijas funerarias, lucernas, sillares, así como vestigios de villas romanas y de áreas de servicios.

A pocos kilómetros, se levantó Munigua (la actual Villanueva del Río y Minas), uno de los puertos fluviales más importantes que tenía el Imperio Romano en la provincia. No por ello fue menos importante su actividad minera, que le otorgó esplendor y riqueza a esta villa también conocida como Mulva, descubierta en el año 1765 y declarada como Bien de Interés Cultural. Aunque se le conoce como Castillo de Mulva, la realidad es que se trata de un santuario, que corona el foro, las termas, las casas, la necrópolis y la basílica. Además, dentro de él, se encuentra, en la segunda terraza, el templo de Podio.

La ruta Bética Romana continua al sur, en Obúlcula (hoy Fuentes de Andalucía), que pese a ser de origen Turdetano, pronto pasó a manos de Roma. En el cerro de San Pedro se han extraído restos de cerámica campaniense, mientras que en el de Obúlcula se hallaron las ruinas de lo que pudieron ser unas termas, así como un ataúd de plomo con monedas. Reseñables son también los vestigios de numerosas villas orientadas a la explotación agrícola, como las ruinas de un molino de aceite localizado en la zona de Los Pinos; o los restos de ingeniería romana en Fuente de La Reina.

En plena Campiña, salieron a la luz varias villae rusticae dedicadas a la explotación de olivos, en lo que hoy es La Luisiana. Pero el mayor hallazgo fue el de unos baños, que sobresalen por su valor arqueológico y estético, y que siguieron en uso hasta la Guerra Civil.

La posición de La Luisiana era estratégica, pues estaba cerca de Astigi, la actual Écija, y que todavía guarda su pasado romano en el gentilicio de sus habitantes (astigitanos). Los romanos llegaron a estas tierras en torno al 208 a. C, durante las campañas en Turdetania de Escipión y Silano. Pero el esplendor de esta ciudad llegaría dos siglos después, cuando Augusto, en el año 14 a. C., la ascendió al rango de Colonia Augusta Firma Astigi. Durante su época romana, llegó a convertirse en la capital de uno de los cuatro conventos jurídicos de la Bética; además llegó a ser la principal ciudad exportadora de ánforas de aceite entre los siglos II y III d. C.

Se han encontrado numerosos restos, sobre todo escultóricos, que hoy pueden visitarse en el Museo Histórico Municipal de Écija. Una de las piezas más valiosas es la escultura de una Amazona Herida (también conocida como Sciarra), hallada apenas hace 15 años en un estanque a las espaldas de un templo romano ubicado en el casco histórico de la ciudad. La obra fue oculta intencionadamente sobre el siglo IV d. C., ya que cuando se descubrió estaba protegida por sillares de piedra, lo que explica su excelente estado de conservación. Además, la pieza mantenía la policromía original en el pelo, los ojos y el pilar de apoyo. Como apunta la catedrática de la Universidad de Sevilla Pilar León, también es destacable su «mérito artístico», ya que replica a la perfección un original griego del siglo IV a. C, atribuido a las manos de Policleto.

Igualmente de estimables son los mosaicos que hoy se aprecian en el museo astigitano, como el mosaico de Los Océanos, el Triunfo de Baco o el del Doble rapto, entre otros.

En la Vega Alta se hallaba Celti, hoy más conocida como Peñaflor, un importante puerto fluvial entre la Colonia Patricia, Astigi e Hispalis. La ciudad vivió dos etapas romanas: la republicana –entre los siglos I y II a. C.– y la imperial, entre los siglos I y II d. C, momento en el que llegó a construirse un foro. Entre los vestigios del imperio, sobresale la estructura del oppidum, que hoy está integrada en el Conjunto Arqueológico Casas Cuevas. A las afueras del recinto amurallado se hallaba la necrópolis, formada por cuevas naturales y cavadas por la mano del hombre, que siglos más tarde servirían de vivienda.

La Bética Romana pone fin en San Nicolás del Puerto, cuyo vestigio más afamado es el puente sobre el río Galindón, que en la actualidad sirve a más de uno de trampolín para zambullirse en la playa artificial del municipio.

Vía Augusta. Un paseo de Osset a Herrera

La calzada romana más extensa, con 1.500 kilómetros, da nombre a la tercera de las rutas, que parte desde Osset Iulia Constantia. El pasado romano de la actual San Juan de Aznalfarache salió a la luz durante los trabajos de construcción de la línea 1 del metro, en el año 2005.

Con la llegada al poder de Augusto, la antigua ciudad turdetana de Osset pasó a denominarse Osset Iulia Constantia, principal atalaya defensiva de Hispalis, y que se levantaba en lo que hoy es el barrio del Monumento, donde en la actualidad se aloja el Centro de Interpretación del Patrimonio Arqueológico de San Juan, en el que pueden contemplarse restos del periodo augusteo, como las piletas de fermentación y decantación de un complejo industrial o una bodega de almacenamiento. También pueden contemplarse lo que en su día fue una plaza pública (foro), en la que destaca el excelente estado de conservación de una fuente, o descubrir cómo eran las costumbres romanas. Lejos del espacio museístico pueden verse rastros de la muralla, en el entorno de la plaza de Otto Engelhardt.

Alcalá de Guadaíra también fue testigo del paso de los romanos, así lo atestiguan los yacimientos encontrados a lo que posiblemente fue una villa romana. También son reseñables los mosaicos que se encuentran en la zona próxima al Camino de Pelay Correa.

Al sur se levantaba Utrer (actual Utrera), donde el paso de los romanos dejó la receta de uno de sus dulces más afamados, el mostachón (mustaceum). En latín, su nombre hace referencia a la industria de odres y vinos, lo que marca desde antaño su carácter agrícola. Además de su nombre y la gastronomía, parte del legado romano se encuentra en el Puente de las Alcantarillas, donde en una inscripción reza que por allí pasaba la famosa Vía Augusta. También han aparecido restos de una villa romana, que se cree tenía cierta relevancia por su tamaño.

Hacia el este se cruzaba en el camino Martia (o Marchena), ciudad fundada por los romanos en el 169 a. C. durante el periodo de paz de las guerras púnicas. Los restos, descubiertos durante las obras de mejora de la infraestructura de abastecimiento de agua, apuntan que era una ciudad dedicada a la explotación agrícola.

Sigue el camino hacia Castra, o lo que hoy sería La Puebla de Cazalla. Como su nombre (en latín) indica, la ciudad nació a partir de un campamento militar. Pero destacó porque durante la época romana el núcleo urbano, conocido como Municipium Flavium Villonensi, llegó a tener lex (ley) municipal propia. Once tablas con más de 67.450 letras, que hoy puede verse en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Al sur, en El Saucejo, se han encontrado varios yacimientos, donde se desarrollaron actividades agrícolas. En el vado del Yeso se encontró la copia más completa a la ley municipal Flavia, que estaba redactada sobre bronce; además de un texto del Senado Consulto de Neo Pisón Padre, también dispuestas en el Arqueológico de la capital hispalense. A pesar de haber numerosos restos romanos en el municipio, la gran mayoría no son visitables al estar en fincas particulares.

En plena Campiña surgía Urso, considerado el municipio español más antiguo. La actual Osuna salvaguarda su pasado romano en su gentilicio, pues sus habitantes son ursaonenses, pero también en sus calles. Máximo exponente es su teatro romano, a pesar de no ser visitable por estar ubicado en una propiedad privada. Sí pueden contemplarse la necrópolis, en la que destaca la riqueza de la decoración de los muros, o las canteras de la antigua ciudad, conocidas como el Coto de las Canteras, cuyas cuevas de 27 metros de altura impresionan al visitante, y que están consideradas como la Petra de Andalucía. El resto de hallazgos pueden disfrutarse en el Museo Arqueológico de Osuna.

Pero son los hechos políticos y militares los más destacables del paso de los romanos por Osuna. En Urso, Viriato derrotó a Quinto Máximo. Y durante la segunda guerra civil que podría punto y final a la etapa republicana, la ciudad sería el último reducto que apoyaría a Pompeyo contra César. Sin embargo, su esplendor lo alcanzó en la época imperial, etapa en la que formó la Regio Urusaria, un ejército propio de 7.000 soldados; e incluso llegó a tener moneda y leyes propias, como atestiguan los famosos Bronces de Osuna. También obtuvo los títulos de Nutrice y Civitas Inmune.

A 20 kilómetros se hallaba la cantera de piedra más importante del territorio, bautizada como Silex, Gilena ya destacaba en tiempos romanos por la que hoy es su principal actividad económica. Allí se ha encontrado más de una treintena de yacimientos arqueológicos que pertenecieron tanto a la Baja República como a la época Tardorromana, entre ellos una ciudad y unas termas que están declarados como Bien de Interés Cultural.

Muy cerca se hallaba Ostippo (hoy Estepa), ciudad cartaginesa que Lucio Marcio destruyó con su legión en el 206 a. C. Al estar ubicada en una posición estratégica, entre Hispalis y Anticaria (Antequera), la ciudad se gobernaba por sus propias leyes. En la actualidad son visitables los restos de la vieja ciudad, así como los de una antigua domus romana. Pero el paso de los romanos dejaron también una necrópolis, y una basílica pelocristiana. Aunque una parada obligatoria es la del Museo Arqueológico Padre Martín Recio, donde pueden encontrarse restos tanto del periodo púnico como de la época imperial.

En Lora de Estepa el único vestigio que se conserva es un pozo votivo, junto al puente del camino de Casariche, la antigua Ventippo. Allí se encuentra el cerro Bellido, una importante cantera de donde los romanos extraían piedra, como también atestiguan los utensilios de hierro hallados en el entorno. Pero es la Colección Museográfica del Mosaico Romano José Herrera Rodas donde el visitante puede conocer los pormenores del arte y la técnica del mosaico.

El camino sevillano de la Vía Augusta acaba en Herrera, donde además de encontrarse importantes restos arqueológicos de la época, en los que destaca el uso del lujoso mármol, despierta el interés del visitante el Museo de la Medicina Antigua, único en Andalucía, donde se pueden contemplar piezas de uso medicinal y quirúrgico romanas, así como de otras épocas.

 

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