Archive for 19 marzo 2017

“¡Otra columna romana, aquí no hay quien cultive!”

Los arqueólogos confirman que los restos que los hermanos Zorita se encontraban al arar su terreno en Driebes forman parte de la ciudad perdida de Caraca

Ángel Zorita, copropietario donde se halla la ciudad perdida de Caraca

Fuente: NACHO CARRETERO > Driebes  |  EL PAÍS
19 de marzo de 2017

En Driebes, un pueblo de 350 habitantes de Guadalajara, los niños jugaban hasta no hace mucho a tirarle piedras a ánforas romanas de dos mil años de antigüedad. “También jugábamos a romper jarrones, vasijas, tejas y piedras. No teníamos ni idea de que estábamos destrozando piezas de un valor incalculable. Éramos solo críos”, explica Mariano Vadillo, 63 años, vecino del pueblo y pastor jubilado.

Lleva Mariano una gorra castiza y fuma tabaco de liar. El sol baña hoy un pueblo en el que los vecinos son como una familia numerosa, donde las casas blancas dibujan calles laberínticas y donde el silencio ofrece un respiro a menos de una hora de Madrid.

“Desde siempre -continúa Mariano en la entrada del bar del pueblo- han aparecido en los campos de alrededor restos de cosas antiguas, pero no hacíamos mucho caso. Nunca nos paramos a pensar en lo que era”. En realidad, lo que era, con lo que jugaban los chavales y lo que ignoraban los mayores, se puede resumir en una frase: el mayor hallazgo arqueológico de los últimos años.

Comienza esta historia en 1945, durante la construcción del canal de Estremera, que discurre entre las provincias de Cuenca, Guadalajara y Madrid, justo donde se encuadra Driebes. En el tramo que atraviesa un cerro pegado al pueblo, apareció ese año un tesoro. Casi 1.500 piezas romanas de plata, en forma de sortijas, monedas y lingotes. El hallazgo, hoy exhibido en el Museo Arqueológico Nacional, puso sobre la pista a los arqueólogos. Años después, en la década de los 80, dos de ellos, Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal, apuntaron por primera vez una jugosa posibilidad: bajo el suelo de Driebes, de donde brotan todos estos restos y tesoros, podría encontrarse la ciudad perdida de Caraca.

La sospecha acercaba la solución a un misterio de siglos. Desde la Antigüedad, investigadores y eruditos llevan buscando la desaparecida Caraca. Los libros de Historia de la Antigua Roma hablan de ella como una ciudad mediana de la provincia de Hispania, de unos 1.500 habitantes y núcleo importante en la ruta Segógriba (Saelices), Complutum (Alcalá de Henares) y Cartagho Nova (Cartagena). Pero no lograban definir dónde estaba exactamente. Mucho menos localizarla.

Mariano Vadillo, vecino de Driebes, muestra una teja romana en el terreno donde se encuentra la antigua ciudad. KIKE PARA

“Hasta las investigaciones de los 80, se creía que había desaparecido, que solo quedaban restos y que, probablemente, habría estado situada cerca de Cuenca. Incluso se creía que Caraca era el actual pueblo de Carabaña”. Lo explica Emilio Gamo, arqueólogo y profesor de la UNED, uno de los directores de la investigación. “Pero las investigaciones de las últimas décadas nos permitieron tener indicios claros de que Caraca existía aún. Y que estaba en Driebes”. En concreto, enterrada en una parcela de cultivo de seis hectáreas y perteneciente a los hermanos Zorita, Pedro y Ángel, vecinos del pueblo.

Comprar una ciudad romana a una monja

“Cada vez que arábamos, nos encontrábamos piedras y tejas. Y cerámica. Y de todo. Coño, aquello era imposible. Cogíamos las piedras y todo lo que encontrábamos y lo tirábamos. Para poder arar”. Lo cuenta en el salón de su casa del pueblo Ángel Zorita. En 1978, junto a su hermano Pedro, le compraron a la familia Roa un terreno de seis hectáreas a las afueras de Driebes. En concreto, se lo compraron a una heredera de la familia que era monja. “No recuerdo el precio, no era mucho”, dice Ángel. “Algunas pesetas”. Y por algunas pesetas, Ángel y Pedro compraron una ciudad romana.

“Era una tierra de baja calidad. Y encima estaba llena de piedras que ellos no tenían ni idea de qué eran”. Lo cuenta el hijo de Ángel, Roberto Zorita. “Se ponían a labrar y sacaban columnas, sillares, piedras talladas y las tiraban a tomar por saco. Y se agarraban un cabreo de la hostia. Claro, no sabían lo que era todo aquello. Lo único que les importaba era que no podían cultivar. Qué van a saber, si son labriegos de toda la vida. No tenían ni puta idea”, cuenta Roberto con una expresión mezcla de resignación y sonrisa. Todavía, alrededor del terreno, se amontonan las piedras, tejas y demás restos romanos tirados por los hermanos Zorita.

“Se ponían a labrar y sacaban columnas, sillares, tejas talladas y las tiraban a tomar por saco. Y se agarraban un cabreo de la hostia”

Su padre y su tío estaban arando -intentándolo- sobre la ciudad romana de Caraca. “Todos en el pueblo sabíamos que ahí había restos, pero ni idea de que era una ciudad o un yacimiento”. De hecho, hasta no hace mucho, a Driebes se acercaban decenas de cazatesoros en busca de vestigios. “Venían con aparatos, detectores de metales y eso, y se llevaban de todo. Hasta que empezaron a vigilar”, cuenta Mariano, el pastor. La Guardia Civil controla hoy en día el terreno.

“Hasta los vecinos cogieron cosas. Aquí hay casas que tienen ánforas romanas de adorno. Y monedas. Dicen que hay uno que tiene una armadura romana en casa”, cuenta Mariano. “Yo he visto en la tierra monedas de plata y no voy a decir si las cogí o no. Pero las había”.

La cosa cambió de forma radical el pasado mes de noviembre, cuando Pedro, Ángel y los demás vecinos recibieron la visita de los arqueólogos.

“Ya sabemos dónde va a ir el parking”

El arqueólogo Emilio Gamo mantuvo una reunión con Pedro Rincón, alcalde de Driebes, y con Javier Bachiller, concejal de Educación y Deportes. Les explicó que tenían la convicción de que en el terreno de los hermanos Zorita se escondía la ciudad de Caraca. Así que los tres fueron a hablar con los hermanos y les pidieron permiso para hacer una prospección. “Desde el primer momento han mostrado toda su colaboración. Eso, a pesar de que todavía el terreno está cultivado”, cuenta Pedro, el alcalde. En concreto de cebada. Y bajo la cebada miró el georradar y mostró lo que Emilio sospechaba: Caraca.

Uno de los sillares sacados de la tierra por los hermanos Zorita, con el Tajo de fondo. KIKE PARA

“La foto que nos enseñaron del georradar -dice Javier, el concejal- mostraba en rojo un foro romano, un mercado, varias casas, calles, canales… una ciudad completa”. En paralelo, los investigadores hallaron la prueba final de que aquello era más que una villa o un par de casas: un acueducto. “Una obra de ingeniería romana que se llevaba a cabo para abastecer de agua a las ciudades”, explica Emilio Gamo.

Con estos datos, tanto el Gobierno de Castilla-La Mancha como el Ayuntamiento de Driebes no se lo pensaron. Financiaron la primera fase de las excavaciones, que empezarán en unas semanas y prohibieron, por fin, tocar los restos con los que el pueblo llevaba conviviendo décadas. “Estamos hablando de uno de los hallazgos más importantes de los últimos años, un símbolo”, dice Emilio. Y el alcalde añade: “Algo único en Europa. Un bombazo”.

El descubrimiento podría cambiar la vida de Driebes. De toda la comarca, en realidad. El pueblo pierde población desde hace años, debido a la falta de empleo que hace que los jóvenes se larguen. Contener uno de los yacimientos romanos más importantes de España atraería un gran número de visitantes. “Desde que esto ha salido en la prensa, ya hemos recibido cientos de turistas. Y eso que ni siquiera hemos empezado las excavaciones”, dice el alcalde en el terreno del futuro yacimiento. En concreto, mientras habla, está subido a una piedra que, se sospecha, podría ser el techo de una de las casas.

El hallazgo es uno de los más importantes de Europa en los últimos años. Podría cambiar la vida de la comarca entera.

La idea es que los restos de Caraca se puedan visitar desde las primeras fases de la excavación, que sea posible ser testigo directo de los avances y descubrimientos. Además, Caraca está en un enclave de postal. Se aúpa sobre un pequeño cerro desde el que se puede ver la campiña de la Alcarria Baja y el paso del río Tajo. Alrededor del cultivo se ven restos de muralla y cientos de piedras talladas acumuladas que los hermanos Ángel y Pedro tiraban cuando les interrumpían en cultivo.

Pedro, el alcalde, señala con la cabeza, soñando despierto. “Allí podría ir el parking y allá el acceso al yacimiento a través de una pasarela”. Es como si ya pudiera ver a cientos de familias visitando el pueblo. “Mi sueño es que este descubrimiento nos ayude a dejar de perder población. Solo pido eso”, dice Pedro.

Javier, el concejal, añade: “El empleo es importante, pero siempre se habla de lo mismo. Hay otro asunto y para nosotros es igual de importante: el orgullo y el impulso cultural que esto supone para el pueblo. Ahora, los vecinos, son expertos en la Antigua Roma”, dice sonriendo.

Sospechan los expertos que Caraca fue abandonada porque se agotaron las minas de las que vivía. Otra teoría señala la peste como causante del abandono del enclave. Sea como sea, a Caraca le ha surgido ahora una segunda oportunidad, una resurrección. “Todo va a depender de la financiación”, dice Emilio, el arqueólogo jefe. “Si logramos que se mantenga, podremos revivir Caraca”. La ciudad perdida que los vecinos de Driebes han encontrado.

 

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19 marzo 2017 at 11:59 am Deja un comentario

Plomo español de hace 2.000 años para descubrir los secretos del Universo

Científicos del Gran Sasso utilizan material extraído de las minas de Cartagena hallado en un pecio romano cerca de la isla de Cerdeña

Estructura de cobre del laboratorio de Física que protege el plomo milenario – Yury Suvorov / LNGS-INFN

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES  |  ABC
19 de marzo de 2017

Jamás los españoles que trabajaron hace 2.000 años en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión imaginaron que el plomo que extraían iba a convertirse hoy en material precioso a la caza de neutrinos, con vistas a descubrir la naturaleza más íntima de la materia y comprender su comportamiento en similares condiciones a las de los primeros instantes de vida del Universo. Para desvelar el secreto de los neutrinos que los físicos persiguen desde decenios, se echa mano también de la historia y de la arqueología. Ese plomo, descubierto en una antigua nave romana que naufragó en aguas de Cerdeña, ayudará a desvelar algunos de los misterios del universo.

Tan precioso como el oro

El experimento se realiza en el laboratorio subterráneo más grande del mundo, el de Gran Sasso, el pico más alto de la cordillera de los Apeninos, en el centro de Italia, bajo 1.400 metros de roca. «El plomo moderno está constituido con 210 PB, un isótopo radiactivo que necesita una media de 22 años para reducirse a la mitad su radioactividad. Es decir, cualquier plomo extraído en los últimos decenios tendría radiactividad. Esta ya ha desaparecido en el plomo de hace dos mil años conservado bajo el mar, que para nosotros es precioso como el oro», manifiesta a ABC el físico Antonio D’Addabbo, que participa en este experimento extraordinario para verificar un fenómeno de la física de los neutrinos jamás observado hasta ahora y que, si constituye un éxito, se asegura que sería digno de un premio Nobel.

El pecio romano con el plomo fue hallado por un submarinista en 1988 en la costa de Cerdeña – ABC

Para los físicos, la nave romana cargada con 2.000 lingotes de plomo, procedente del puerto de Carthago Nova (Cartagena) hundida en un naufragio entre el 80 y 50 antes de Cristo, constituyó un auténtico tesoro. La descubrió casualmente en 1989 un buzo aficionado, Antonello Azori, apasionado del mar y conocedor de las aguas de la isla de Cerdeña, a lo largo de la costa de Oristán, a unos 30 metros de profundidad. Se ha tratado de uno de los descubrimientos submarinos más significativos de los últimos decenios. La nave, de 36 metros por 12, transportaba además de los lingotes de plomo ánforas de diverso tipo y objetos de uso cotidiano. En época romana, el plomo representaba un mercado riquísimo por sus múltiples usos: tuberías para el agua como las utilizadas en Pompeya, urnas cinerarias, monedas, armamento para las legiones romanas… También se utilizaba en la construcción para sostener unidos bloques de piedra. Cada lingote pesaba 33 kilos, que corresponden a las 100 libras romanas, el peso máximo transportable por ley de un esclavo. Doscientos setenta de los lingotes de la nave romana ya han sido trasladados al Laboratorio Nacional Gran Sasso, un importante centro que aglutina a físicos de todo el mundo.

Proyecto CUORE

Así, pues, para proyectarnos en el futuro de la física, se echa mano del pasado en este experimento, con alma antigua española, denominado CUORE. «El experimento trata de descubrir un proceso llamado “doble desintegración beta sin emisión de neutrinos”, fundamental para comprender la naturaleza de la materia y aspectos de la evolución del universo. Este fenómeno, actualmente rarísimo, tan raro que nunca ha sido observado, podría haber sido frecuente al inicio del universo, inmediatamente después del Big Bang, y haber determinado el predominio de la materia sobre la antimateria», nos dice Antonio D’Addabbo.

Una investigadora trabajando sobre una de las estructuras a temperatura intermedia del criostato de CUORE, que cuenta con metro cúbico más frío del universo, cercana al cero absoluto, todo un récord. – Yury Suvorov / LNGS-INFN

La función del plomo originario de las minas de Cartagena sirve para proteger y aislar completamente el observatorio del experimento: «Son varios los blindajes. En primer lugar, está la montaña que es protectora natural para reducir muchos de los rayos cósmicos, que son las partículas de energía muy alta producidas en su mayor parte por nuestra estrella, el sol. Por ejemplo, la palma de la mano es atravesada por un rayo cósmico cada segundo, más o menos. Solo algunas partículas logran atravesar la roca y llegar a la zona de nuestro experimento. Para evitarlo, CUORE está protegido por otros dos escudos de plomo colocados al interno del criostato –el recipiente que permite mantener las temperaturas muy bajas-, el más grande jamás construido . Uno de los escudos está formado por el plomo procedente de la nave romana, que para nosotros es precioso como el oro», afirma Antonio D’ Addabbo.

Entre las cosas que sorprenden del experimento CUORE está la temperatura. El detector, gracias a refrigeradores mecánicos y a la dilución de helio, trabaja a 10 milliKelvin, cerca del cero absoluto (-273.15º centígrados). «El núcleo de CUORE es el metro cúbico mas frío del mundo. La infraestructura de tipo criogénico que hemos realizado no tiene precedentes, es un enorme, gigantesco frigorífico. El experimento CUORE ha probado que es posible construir una máquina así y hacerla funcionar, algo en lo que esperaban los cinéticos para hacer otros experimentos», explica Antonio D’Addabbo.

Además de intentar descubrir el proceso llamado «doble desintegración beta sin emisión de neutrinos», el proyecto buscará también huellas de materia oscura y estudiará algunas desintegraciones raras. En particular, se estudiarán los neutrinos, las partículas que impregnan el universo, producidas en grandes cantidades en las estrellas. Las que proceden del sol atraviesan continuamente la Tierra: Al segundo, cada centímetro cuadrado de nuestro cuerpo es atravesado, sin que nos demos cuenta, por 60.000 millones de neutrinos, que viajan a una velocidad próxima a la de la luz.

El misterio de los neutrinos

Se espera que CUORE pueda dar respuesta a un interrogante que nos explica el físico Antonio D’ Addabbo: «Se trata de comprobar si el neutrino es una partícula de Majorana –mítico físico siciliano (1906-1938)-, según el cual el neutrino y el antineutrino eran dos manifestaciones de la misma partícula, como las dos caras de una misma moneda; es decir, el neutrino es al mismo tiempo materia y antimateria y la transición entre materia y antimateria resultaría posible».

Así, pues, se trata de arrojar luz de forma experimental sobre si el neutrino es su propia antipartícula o no, lo que constituye uno de los granes interrogantes de la física de las partículas y que se lleva estudiando 75 años. La investigación se intenta adentrar en el origen del universo, según nos aclara Antonio D’ Addabbo: «Llegar a decir que el neutrino y el antineutrino son la misma partícula, que no hay diferencia entre la partícula de materia neutrino y la partícula de antimateria antineutrino querría decir que no hay distinción entre materia y antimateria, que es la misma cosa. Esto tendrá consecuencias muy importantes para explicar los posibles mecanismos que en el origen del universo han conducido a la generación de la asimetría entre materia y antimateria».

Experimento de Nobel

Se explica así el gran interés que en la comunidad científica ha suscitado el experimento CUORE, en el que se trabajará durante cinco años, con la colaboración internacional de 157 científicos de diversos países, procedentes de 30 instituciones, con participación también de España.

En definitiva, se trata de un experimento revolucionario. Y los científicos no tienen duda: Si llega a buen puerto, sería una investigación de premio Nobel. Se iría más lejos del famoso dicho de que somos polvo de estrellas, al confirmarse que nuestros antepasados, nuestro punto de partida son los neutrinos. Por ellos estaríamos aquí.

 

19 marzo 2017 at 11:54 am Deja un comentario


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