Archive for 15 marzo 2017

Le piden dos millones por arar en un yacimiento romano sin saberlo

  • El hombre, que es juzgado hoy en Mula, dice que desconocía que en los terrenos que le vendieron había restos arqueológicos
  • Su defensa subraya que esa tierra ha sido cultivada durante décadas

Fuente: Ana Lucas La Opinión de Murcia
15 de marzo de 2017

«El hombre no podía saber que allí había un yacimiento arqueológico», insiste Miguel Ángel Alcaraz, abogado de un vecino de Bullas que será juzgado hoy en Mula acusado de arar en un terreno que esconde un yacimiento romano.

En concreto, se trata del yacimiento arqueológico de Fuente Caputa, que se encuentra catalogado en la Carta Arqueológica de Mula y en el Plan General de Ordenación Municipal, según consta en un informe del arqueólogo municipal de Mula, José Antonio Zapata, fechado en 2014.

Sin embargo, estos terrenos «nunca han sido excavados arqueológicamente ni señalizados por el Ayuntamiento de Mula ni la Consejería de Cultura de la Región», alerta el arqueólogo y profesor de la Universidad de Alicante Antonio Manuel Poveda, que se personó en la finca para ver qué restos había en la zona. «En toda nuestra prospección ocular, no se apreció en superficie ni en los surcos trazados en la tierra por los arados ningún muro, paramento o estructura arquitectónica cortada o destruida», detalla Poveda.

El yacimiento fue descubierto a principios de los años 80. Salieron entonces monedas, columnas, trozos de cerámica y hasta un impluvium de la zona residencial, así como el hipocaustum de unas termas. El impluvium es una especie de estanque rectangular con fondo plano, diseñado para recoger agua de lluvia que se encontraba en el vestíbulo de las antiguas casas romanas. El hipocausto era el sistema de calefacción del suelo de los romanos. Dos basas de columnas que también salieron entonces están ahora en el Museo de la Ciudad.

De ahí a 2013 (cuando el vecino de Bullas compró la parcela) el yacimiento había quedado olvidado. No se excavaba. No había señal alguna de que allí existiesen restos arqueológicos. El hombre adquirió una tierra en la que se plantaban cereales. Él pensó que podría plantar almendros, con lo cual comenzó a arar. Hasta que un buen día se encuentra a una patrulla del Seprona (Guardia Civil) en sus tierras, y le informan de que debajo de donde pretende poner los cultivos hay restos arqueológicos. El hombre defiende que no sólo no tenía ni idea cuando adquirió el terreno, sino que no ve villa romana alguna.

El arqueólogo municipal de Mula insiste en que, por los trabajos que comenzó el procesado, se vieron afectadas «estructuras con mortero de cal y piedra y removido fustes de columna, alguno de los cuales podría encontrarse in situ». Subraya que hay «restos en el subsuelo de carácter monumental dañados al producirse las actuales remociones».

El abogado del afectado apunta que hace años «se pidió la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC)» de la zona, pero que «no se llegó a terminar el expediente».

Alcaraz hace hincapié en que su cliente «desconocía» que en la tierra en la que quería plantar almendros hubiese una villa romana, y ahora se ve en medio de «una película kafkiana». Y es que el arqueólogo del Servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad que se hace cargo del caso estima en más de dos millones los daños que pudo sufrir la parcela, «si bien consideramos que dicha cifra podría verse muy modificada si se aborda una intervención arqueológica». Estos dos millones, en concepto de responsabilidad civil, tendrían que ser abonados por el vecino, en el caso de que fuese condenado. Asimismo, el hombre se enfrenta a una multa que rondaría los 1.500 euros.

Restos. Las columnas halladas en los 80, en el Museo de la Ciudad

Las dos basas de columna que se ven en la fotografía fueron halladas en los años 80 en la finca que ahora pertenece a este acusado. Dada la importancia de este descubrimiento, los restos fueron llevados a un museo. Actualmente, están en el Museo de la Ciudad de Mula. Después, el terreno no se exploró más. Si hay o no más restos romanos relevantes, sólo lo diría una excavación a fondo de la zona, algo que aconsejan los arqueólogos.

 

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15 marzo 2017 at 1:55 pm Deja un comentario

Los Idus sangrientos de marzo: el auténtico asesinato de Julio César

  • El dictador consiguió defenderse durante unos segundos y atacó a Bruto en el muslo con un punzón. Ya herido de muerte, se cubrió la cara con su túnica en un último intento por dignificar su apariencia.
  • La cuenta de Twitter @antigua_roma se ha propuesto este año contar de una forma diferente la muerte de Julio César desde el epicentro de esta ciudad

Muerte de César, de Carl Theodor von Piloty. – Wikimedia

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
15 de marzo de 2017

Casca apuñala en la nuca a Julio César, mientras los otros le secundan en la acción incluido Bruto. César dice en ese momento: «Et tu, Bruté?», lo cual se traduce en «¿Y tú, Bruto?» (¿También tú, Bruto?). Así escenifica William Shakespeare –inspirado en la versión del historiador Suetonio– la muerte del dictador romano y la puñalada final de Marco Junio Bruto, hijo de Servilia (amante de César), en una de sus obras trágicas más famosas. Sin embargo, cualquiera parecido con la realidad es pura coincidencia. Después de recibir 23 heridas, aunque paradójicamente solo una de ellas resultó mortal, parece poco probable que todavía tuviera fuerzas para lanzar una cita tan teatral. Al contrario, César consiguió defenderse durante unos segundos e hirió a Bruto en el muslo con un punzón. Herido de muerte, se cubrió la cara con su túnica en un último intento por dignificar su apariencia.

La cuenta de Twitter @antigua_roma (dedicada a la divulgación de los hechos significativos de la Antigua Roma) se ha propuesto este año contar de una forma diferente y original la auténtica muerte de Julio César. Desde ayer y durante todo el día de hoy, 15 de marzo, la cuenta va narrando los detalles de la conjura contra el dictador y los lugares que pisó el Divino Julio en su último día sobre la faz de la tierra. «Desde hace un tiempo hemos incluido en nuestra cuenta retransmisiones en vídeos en lugares históricos. Los Idus de Marzo siempre es un día importante y queríamos hacer algo especial este año», explica Néstor F. Marqués, principal responsable del proyecto divulgativo que ya lleva cinco años presente en redes sociales. Para dar más vivacidad a la retransmisión, este joven arqueólogo cubrirá las actividades conmemorativas que organiza cada año Roma, resistente a olvidar dos milenios después a su dictador.

«Se escenifica el asesinato en las proximidades de donde ocurrió (en el Área Sacra de Largo Argentina, junto a la Curia de Pompeyo) y luego se celebra una suerte de funeral. Hay muchos romanos que dejan flores en los días siguientes», apunta F. Marqués.

Camino a la dictadura

Nacido el 13 de julio del año 100 a. C, Cayo Julio César tuvo una carrera política mucho más convencional de lo que tradicionalmente se ha considerado. Tras la muerte del dictador Sila, que recelaba de Julio César por sus lazos familiares con Cayo Mario, el joven patricio ejerció por un tiempo la abogacía y fue pasando por distintos cargos políticos. En 70 a.C., César sirvió como cuestor en la provincia de Hispania y luego como edil curul en Roma. Dado a endeudarse para ganarse la simpatías del pueblo, la generosidad de Julio César se hizo famosa en la ciudad y le permitió en 63 a.C. ser elegido praetor urbanus al obtener más votos que el resto de candidatos a la pretura.

Busto de Julio César en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles

Su carrera política, no en vano, dio un salto definitivo cuando fue elegido cónsul gracias al apoyo de dos poderosos aliados políticos –Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso–, los hombres con los que César formó el llamado Primer Triunvirato. Al terminar el consulado, fue designado procónsul de las provincias de Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina, desde donde regresó convertido en un gran héroe militar y en el dominador de los pueblos galos.

La muerte de Craso en una desastrosa campaña contra el Imperio parto hizo añicos el Triunvirato y enfrentó a Pompeyo contra César. Tras una guerra civil que duró cuatro años, César volvió victorioso a Roma a finales de julio del año 46 a. C. La victoria total de su facción dotó a César de un poder enorme y el Senado se apresuró a legitimar su posición nombrándolo dictador por tercera vez en el año 46 a. C. por un plazo sin precedentes de diez años.

La benevolencia mostrada por el dictador, que no solo perdonó la vida a la mayoría de los senadores que se habían enfrentado contra él durante la guerra, sino que incluso les otorgó puestos políticos, se reveló con el tiempo como un error político de bulto. La mayoría de los 60 senadores implicados en su asesinato habían sido amnistiados previamente por el dictador.

Ni la gratitud ni la amistad disuadieron a los conspiradores de sus intenciones, que afirmaron haber matado al tirano por salvaguardar la República

Marco Junio Bruto, sobrino de Catón «El joven», había combatido junto a César en la Galia y después contra él durante la guerra civil. Por su parte, Cayo Casio Longino, quizás el principal cabecilla de la conspiración, ejerció como legado para él después de combatir primero en el bando de Pompeyo. Otro conspirador, Cayo Trebonio, había servido durante muchos años en el alto mando de Julio César durante las campañas de la Galia. Pero ni la gratitud ni la amistad disuadieron a los conspiradores de sus intenciones, que afirmarían haber matado al tirano por salvaguardar la República y, sin embargo, solo consiguieron acelerar la caída de una institución que llevaba un siglo tambaleándose. Su final se vislumbraba desde que la derrota final de Aníbal había requerido buscar enemigos internos.Pero más allá de los asuntos políticos, que tenían como trasfondo la lucha entre distintas familias de la aristocracia, el asesinato del dictador escondía un factor simbólico. Julio César decía descender de los Reyes de Alba Longa –una ciudad absorbida por Roma poco después de su fundación– y solía vestir por esta razón con una túnica de mangas largas y botas de media caña de cuero rojo. Por su parte, Bruto pertenecía a la estirpe de Lucio Junio Bruto, que en torno al año 509 a.C. acabó con el último rey de Roma, Tarquinio «El Soberbio», aunque ciertamente entre muchos de sus contemporáneos había dudas de que la afirmación fuera cierta.

La imagen de un grupo de senadores poniendo fin al dictador que aspiraba, supuestamente, a convertirse en rey, el tirano, impulsó a los conspiradores más dubitativos a participar en el magnicidio.

El día del magnicidio: «¡Cuídate de los idus!»

Como explica Adrian Goldsworthy en su biografía de Julio César, el día previo al asesinato, la esposa del dictador, Calpurnia Pisonis, tuvo una pesadilla donde advirtió el asesinato de su marido. Dado que Calpurnia no era dada a supersticiones, se dice que el dictador aceptó quedarse en casa y envió un mensaje al Senado para informarles de que la mala salud le impedía abandonar su casa para llevar a cabo ningún asunto público. Sin embargo, Décimo Bruto –otro de los conspiradores– consiguió convencer finalmente a César de que acudiera a la cámara, ya que en pocos días iba a ausentarse del país y debía dejar los asuntos políticos convenientemente atados. También se ha considerado, según la tradición, que el profesor de griego Artemidoro entregó un manuscrito a César a la puerta del Senado avisándole de la conspiración, pero éste no llegó a abrirlo a tiempo.

Hasta principios del año 44 a.C. César había contado, además, con la protección de una escolta de auxiliares hispanos, a los que había licenciado como demostración de normalidad política en cuanto el Senado aprobó prestarle un juramento de lealtad. El 15 de marzo (día de buenos augurios según la tradición romana) acudió al Senado sin más protección que la compañía de sus colaboradores más cercanos. Una vez dentro del edificio público, los conspiradores se encargaron de llevarse a Marco Antonio a un lugar apartado. Los asesinos eran conscientes de que el lugarteniente de César era un hombre corpulento y dado a arranques de ira.

Muerte de César, de Jean-Léon Gérôme, 1867

Antes de que diera comienzo la reunión senatorial, los conspiradores se apiñaron en torno al dictador fingiendo pedirle distintos favores. Lucio Tilio Címber, que había servido a las órdenes del César, le reclamó que perdonara a un hermano suyo que se encontraba en el exilio. Mientras el dictador romano trataba de calmar al grupo, Címber tiró de la toga de César y mostró su hombro desnudo: era la señal acordada. Casca sacó su daga y le apuñaló, pero solo fue capaz de arañar el cuello del dictador. Según algunas versiones, César agarró los brazos de Casca y forcejeó con él intentando desviar la daga.

El general romano no solo se defendió por unos segundos de los ataques, sino que fue capaz de sacar un afilado estilo (un punzón) y herir a varios hombres, al menos a dos, incluido a Bruto en un muslo. Tras el ataque de Casio, los otros conjurados se unieron a la lucha propinando a César numerosas estocadas y tajos. Solo dos senadores de los presentes trataron de ayudar al dictador, pero no consiguieron abrirse camino.

Sin que sea posible de comprobar, puesto que las fuentes presentan distintas versiones, Marco Bruto fue uno de los últimos en acuchillar a César, con una herida en la ingle. A él se habría dirigido supuestamente el dictador para decir sus últimas famosas palabras: «Tú también hijo mío». Con 23 cortes y puñaladas en su cuerpo (aunque solo una realmente mortal), Julio César se cubrió la cabeza con su túnica púrpura en un último esfuerzo por mantener la dignidad y cayó desplomado junto al pedestal de la estatua de Pompeyo, su otrora máximo rival.

El momento cumbre del funeral llegó cuando Antonio leyó a viva voz el testamento de César, que incluía la donación de unos amplios jardines junto al Tíber al pueblo de Roma

El pánico se propagó a continuación por la sala. Los senadores que no tenían manchada la ropa de sangre huyeron del lugar enseguida. Durante un tiempo, toda Roma quedó anonadada sin decidir si aquello era el comienzo de una nueva guerra civil o el origen de los festejos por la muerte de un tirano. Marco Antonio se reunió con los conspiradores en privado y obtuvo permiso para que César tuviera un funeral público en el Foro. En línea con el famoso discurso que Shakespeare puso en boca de Marco Antonio en su drama, el leal amigo de César aprovechó el acto para ensalzar las virtudes del fallecido dictador, al mismo tiempo que lanzaba velados reproches a los conspiradores: «Los hombres más honrados».El momento cumbre del funeral llegó cuando Antonio leyó a viva voz el testamento de César, que incluía la donación de unos amplios jardines junto al Tíber al pueblo de Roma y un regalo en metálico a todos los ciudadanos. Después del anuncio se produjeron disturbios y ataques contra las viviendas de los conspiradores. Ahora sí, el pueblo de Roma se había convencido de que no se celebraba la muerte de un tirano. Paradójicamente, el leal seguidor del dictador Helvio Cinna fue asesinado ese día por la turba que le confundió con uno de los conspiradores, Cornelio Cinna.

Desde que se hizo público el testamento, el sobrino nieto de Julio César, Octavio, de 18 años, asumió el papel de hijo adoptivo del dictador y cambió su nombre por el de Cayo Julio César Octavio. Al principio, combatió junto al Senado y varios de los conspiradores contra Antonio, que no tardó en atraer a su bando a las legiones que todavía eran fieles a la memoria de Julio César. No en vano, Cayo Julio César Octavio –el futuro Emperador Augusto– terminó uniéndose a Antonio y a Lépido, otro de los fieles de Julio César, para formar el Segundo Triunvirato y dar caza a los asesinos de los idus de marzo.

En el plazo de tres años, prácticamente todos los conspiradores fueron ajusticiados, sin que observaran para entonces ni la más leve sombra de la famosa clemencia del tirano al que tanto se habían afanado en eliminar.

Cinco preguntas a Néstor F. Marqués

–¿Qué es Antigua Roma al día?

–Es un proyecto de difusión cultural a través de redes sociales que nació hace cinco años en Twitter. Tenemos contenido de entretenimiento, efemérides, difusión de curiosidades históricas, pero, sobre todo, nos gusta dar voz a los arqueólogos e historiadores. Recientemente he estrenado el formato por vídeo y, aprovechando que los Idus de marzo es una fecha muy importante en la Antigüedad, ha surgido esta iniciativa de contar sobre el terreno la muerte del dictador de una república moribunda.

–¿Cómo empezó el proyecto?

–Empezó como el hobby de un joven arqueólogo y se está convirtiendo en uno de los proyectos más importantes de mi vida. En un medio dominado por el humor y la actualidad como es Twitter, hemos logrado introducir conocimiento e información cultural. La gente se sorprende al descubrir que muchas de las cosas que damos por hecho, como son los días de la semana, en realidad vienen de la época de los romanos.

–¿Cuál es tu valoración personal sobre Julio César?

–Es necesario ver a Julio César y a todos los personajes de su tiempo con perspectiva histórica para comprender por qué se comportaron como lo hicieron. Él fue un militar, un brillante estratega, pero no un buen político. Carecía de las sutilezas políticas que sí tenía Octavio, que era un genio político que cambió nuestra historia e inició el periodo imperial. Octavio, luego proclamado César Augusto, creó un imperio con la ficción persistente de que él había restaurado la República. Su primer acto político fue divinizar a Julio César para poder convertirse en el hijo de un dios.

–¿Sigue mitificado el asesinato de Julio César por la literatura y el cine?

–La historia se deforma hasta límites insospechados. En el caso del asesinato de Julio César sabemos puñalada a puñalada lo que ocurrió y lo que fueron sus supuestas últimas palabras por las fuentes antiguas. Si bien solo dos autores clásicos ponen palabras en su boca, entre ellos Suetonio, la frase exacta es «¿tú también, hijo mío?», sin entrar a matizar que se refiriera o no a que Bruto era su hijo. Hay muchos desvaríos sobre estas últimas palabras y William Shakespeare tiene buena culpa de ello.

–Después de este directo histórico, ¿os planteáis hacer algo parecido en los próximos meses?

–Otro punto claro en el calendario clásico es la erupción del Vesubio en 79 d.C. Hay bastante documentación para ir retransmitiendo también endirecto el suceso. Ese será probablemente mi siguiente proyecto.

 

15 marzo 2017 at 1:49 pm Deja un comentario


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