Archive for 13 marzo 2017

Las mujeres de Julio César: de Cornelia a Cleopatra

Julio César realizó numerosas conquistas amorosas y utilizó en su propio beneficio, político o económico, a todas las mujeres que conoció

César y la reina de Egipto. El general romano conoció a Cleopatra cuando, persiguiendo a su rival Pompeyo, llegó a Egipto. En el siglo XVIII, Tiépolo recreó el episodio en esta pintura. Museo Arkhangelskoye, Moscú. Foto: Heritage / Scala, Firenze

Fuente: JUAN LUIS POSADAS  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
13 de marzo de 2017

Cayo Julio César fue más conocido por sus amantes –mujeres y hombres– que por sus esposas, y eso que estuvo prometido en una ocasión y casado en otras tres. Su vida sexual estuvo marcada por multitud de relaciones amorosas y conyugales, que no siempre es lo mismo; el historiador Suetonio contaba que sus conquistas de las Galias suscitaban menos entusiasmo durante su desfile triunfal en Roma, al término de la guerra, que sus conquistas “de las galas”. Cuando leemos a Suetonio y otros autores podemos interpretar que la vida sexual de César estuvo marcada por su relación juvenil con el rey Nicomedes de Bitinia, mucho mayor que él. Todas sus historias posteriores con mujeres parecen querer borrar dicho episodio. Según otro historiador antiguo, Dión Casio, la sola mención de este hecho era lo único que le sacaba de quicio, incluso muchos años después de aquel suceso.

César cultivó una doble imagen en lo sexual: moralismo en público y liberalismo en privado. Llegó a ser Pontífice Máximo, el cargo religioso más importante de Roma, por lo que su imagen pública debía ser de la mayor santidad. Esa santidad la subrayó promulgando leyes conservadoras contra la ostentación en el vestir y en el adorno femenino; a la vez, recalcó esa imagen de tradicionalismo moral mediante algunas actuaciones contra el adulterio o contra las relaciones entre mujeres de clase alta y libertos. Pero de forma paralela cultivó una imagen muy liberal en su sexualidad, acorde con su liderazgo del bando de los populares, enfrentados al cerrado moralismo de la otra facción que dominaba la vida política en Roma al final de la República, los aristocráticos optimates.

Adiós, Cosucia

Según era costumbre en Roma, a los catorce años Julio César estuvo comprometido con una tal Cosucia, “de familia ecuestre, pero muy rica”, dice Suetonio, y dos años después fue designado flamen dialis, sacerdote de Júpiter. Esto lo obligaba a casarse con una patricia, algo que no era Cosucia, y Julio César rompió su compromiso para contraer matrimonio en el año 84 a.C. con Cornelia, “hija de Cinna, cuatro veces cónsul”, en palabras del mismo historiador. Lucio Cornelio Cinna era el líder de los populares después de la muerte de su aliado Cayo Mario, tío de César. En ese momento, los populares controlaban el Senado, por lo que esta unión abría a César grandes perspectivas en su carrera política. Pero la inestabilidad de la República desembocó en una guerra civil entre los seguidores de Cinna y los optimates, liderados por Sila.

En un acto de respeto por su esposa y de rebeldía hacia la autoridad, Julio César rehusó y tuvo que esconderse para escapar de la muerte

Tras esta guerra en la que resultaron vencedores los optimates, y durante la cual murió el suegro de César, comenzaron las proscripciones de Sila, en las que murieron miles de ciudadanos. Como miembro del partido derrotado, César fue despojado de su sacerdocio y su herencia familiar. Sila quería que repudiara a Cornelia, hija del líder del bando perdedor, pero en un acto de respeto por su esposa y de rebeldía hacia la autoridad, Julio César rehusó y tuvo que esconderse para escapar de la muerte. Al cabo de un tiempo, Sila cedió a las presiones de las vírgenes vestales y de dos parientes de César y le retiró la pena de muerte, pero advirtió que aquel joven sería la ruina del partido optimate pues “en él había muchos Marios”, según Sila.

Tras el perdón, César dejó a su mujer y a su hija en Roma y comenzó su servicio en el exterior. Fue enviado como embajador a la corte del rey Nicomedes IV de Bitinia, en Asia Menor, donde habría mantenido relaciones sexuales con el monarca. El hecho de que Nicomedes fuera mucho mayor que él sólo podía significar que César había desempeñado un papel pasivo. Los romanos denigraban a los homosexuales pasivos y se mofaban de ellos, y es probable que César publicitara una desmedida vida amorosa heterosexual para apagar la infamia de haberse deshonrado por una relación homosexual pasiva con un hombre mayor y extranjero. Él siempre negó la veracidad de la historia, que sirvió de argumento a sus detractores incluso mucho después de su muerte.

La muerte de Cornelia

Julio César mantuvo durante quince años un exitoso y feliz matrimonio con Cornelia, hasta que en 69 a.C. su esposa murió durante el parto de su segundo hijo, que tampoco sobrevivió. César presidió los funerales por su mujer y por su tía Julia, esposa de Cayo Mario, y pronunció un elogio fúnebre por Cornelia. No había precedentes de elogios para mujeres tan jóvenes y esta novedad le granjeó simpatías entre los oyentes, ya que no era frecuente demostrar públicamente el amor conyugal.

Se puede pensar que el verdadero amor de Julio César fue Cornelia, a la que no repudió ni bajo peligro de muerte. Pero a César le interesaba volver a casarse pronto para obtener riquezas y alianzas políticas y la elegida fue Pompeya, nieta de Sila, el viejo rival del padre de Cornelia. Es probable que, en aquellos años difíciles, César quisiera nadar y guardar la ropa, mientras se declaraba popular por sus acciones, intentaba dotarse de un seguro de vida con la facción contraria en esos tiempos convulsos. Sin embargo, el amor y el afecto que sintió por Cornelia desaparecieron del matrimonio con Pompeya, aunque este desinterés parece haber sido compartido por su esposa.

En el año 64 a.C. se hizo pública su relación con Servilia, la amante “a la que amó como a ninguna otra”, según Suetonio. Servilia era hermanastra del gran enemigo de César, Catón el Joven, y ayudó a su amante cuando Catón le acusó de ser cómplice en la conspiración del senador Catilina contra la República. César y Servilia mantuvieron su relación hasta la muerte del primero. Algunos autores de la Antigüedad sostenían que ya habían mantenido un idilio en su juventud, del que pudo haber nacido Bruto, primogénito de Servilia y uno de los asesinos de César. Su relación volvió a salir a la luz en 63 a.C., durante la sesión del Senado en la que se debatía si aplicar la pena de muerte al proscrito Catilina, cuando César se vio obligado a mostrar una lujuriosa nota que le había mandado Servilia.

Y mientras César seguía viéndose en secreto con Servilia, se produjo un incidente que puso de manifiesto la doble vara de medir de César (y de la sociedad romana) para él y para sus esposas. Sucedió durante una festividad religiosa, cuando Pompeya protagonizó el mayor escándalo sexual y religioso de la Roma republicana.

Sacrilegio y divorcio

Aurelia, madre de Julio César, no se fiaba de su nueva nuera, y la vigilaba de cerca porque sospechaba que no era fiel a su hijo. Una noche del año 62 a.C. en la que se celebraba la fiesta de la Bona Dea –reservada a mujeres– en casa de César, entonces pretor y Pontífice Máximo, el joven aristócrata Clodio se coló en la casa disfrazado de mujer y fue descubierto por una criada; ésta llamó a Aurelia, que mandó detener al intruso. El escándalo fue mayúsculo, y, según Plutarco, “al día siguiente corrió por toda la ciudad la noticia de que Clodio había cometido un sacrilegio, por el que debía pagar no solo ante los ofendidos, sino también ante la ciudad y los dioses”.

Julio César repudió a Pompeya y Clodio fue acusado de sacrilegio e, implícitamente, de adulterio contra César, que negó los cargos contra su aliado político durante el juicio. Entonces, preguntado por qué había repudiado a su esposa si no creía que hubiera cometido adulterio, respondió con su famosa frase: “Considero que los míos deben estar tan libres de sospecha como de culpa”.

Tras el divorcio, César estuvo soltero algún tiempo, que no sin pareja, ya que conservó su pasión por Servilia a la que, se decía, regaló una enorme perla valorada en seis millones de sestercios, el equivalente al salario anual de una legión. También buscó placer sexual con amantes de toda condición, incluso reinas. Fuentes y rumores de la época aluden a una larga lista de conquistas y adulterios de César. Dice Suetonio que “corrompió un considerable número de mujeres de familias distinguidas”, entre las que destacan Mucia y Tértula, esposas de los futuros compañeros de César en el triunvirato, Pompeyo y Craso. Más adelante, también seduciría a la reina Eunoe de Mauritania, mujer de su aliado el rey Bogud. Su importancia radicaba en que eran esposas de sus enemigos, con lo que las usaba de informantes, o de sus amigos, y le servían como refuerzo de sus alianzas. No era extraño que un acuerdo entre dos políticos quedara sellado acostándose uno con la mujer del otro.

Boda doble y triunvirato

La carrera política de Julio César continuó, y a los cuarenta años ocupó la dignidad de cónsul por primera vez. Al final del consulado, en el año 59 a.C., volvió a tejer alianzas políticas a través del matrimonio. Concedió la mano de su hija Julia a su compañero de triunvirato Pompeyo, en ese momento líder de los optimates, y él mismo se casó con Calpurnia, hija de un aliado del triunviro conservador. Su gran rival, el estricto Catón, calificó este arreglo entre los dos políticos como “la prostitución de la República con los casamientos”.

Esta boda entre un cuarentón y una joven adolescente fue un intento de engendrar un varón. Desgraciadamente, el matrimonio no tuvo hijos, a pesar de lo cual César siempre manifestó un tierno amor por su mujer, afecto que fue correspondido. La pareja vivió separada casi desde el principio, ya que el “regalo de boda” de Pompeyo fue el nombramiento de César para la conquista de las Galias. En el tiempo que estuvo en campaña parece que su apetito sexual no disminuyó. Cuando celebró el triunfo en Roma, sus soldados cantaban estos versos: “Romanos, vigilad a vuestras mujeres. Os traemos al adúltero calvo; en la Galia te gastaste en putas el oro que aquí tomaste prestado”.

La alianza entre César y Pompeyo se fue debilitando, y la muerte de Julia, hija de César y esposa de Pompeyo, terminó de romper los vínculos entre ambos. Los dos hombres se enfrentaron por el poder en una guerra civil que acabó con la victoria de César y propició su conquista amorosa más célebre, la de Cleopatra VII, reina de Egipto. Se conocieron cuando, en el año 48 a.C., César marchó a Alejandría, la capital egipcia, para acabar con la resistencia de las tropas de Pompeyo, refugiado en aquella ciudad.

En sus crónicas no perdió la oportunidad de criticar a sus enemigos por la vida disipada que llevaban allí; según él, “se habían olvidado del nombre y disciplina del pueblo romano” por casarse con alejandrinas y tener hijos con ellas. Pero en el mismo momento en que escribía esto, él vivía con una alejandrina, Cleopatra. Según Plutarco, César quedó “cautivado por su conversación y su gracia”, es decir, por su inteligencia y talento (y no por su supuesta belleza). El romance con la soberana de Egipto, que constituía una relación casi de concubinato, se prolongó hasta la muerte de César. La unión con la reina más influyente del Mediterráneo hacía de César casi un rey, lo cual venía a sostener su pretensión monárquica en Roma. Además, Cleopatra le proporcionaba un apoyo económico decisivo para obtener la supremacía política en la República. Pero por encima de todo, Cleopatra dio a César el hijo varón que tanto deseaba, Cesarión. La reina, por su parte, obtuvo el trono de Egipto, que disputaba a su hermano Ptolomeo XIII.

El dictador ‘polígamo’

Julio César fue nombrado dictador perpetuo en el año 45 a.C. y acumuló más poder que cualquier otro hombre en la historia de Roma hasta el momento. Paralelamente, mantenía tres relaciones estables a la vez. Calpurnia, su esposa, fue la primera “emperatriz”, ya que fue cónyuge de quien se proclamó imperator, dictador perpetuo y señor absoluto del Estado romano. Fue una mujer discreta y, a pesar de las infidelidades, siempre quiso a su marido, como demuestra el famoso episodio de su pesadilla la noche anterior al asesinato de César, cuando soñó que lo asesinaban e intentó impedir que acudiera al Senado.

Por su parte, tras la guerra civil, Servilia continuó sacando provecho de su larga relación con César. Compró a buen precio muchas propiedades confiscadas a los pompeyanos y obtuvo el perdón para su hijo Bruto, que había sido aliado de Pompeyo. La patricia llegó a ofrecer a César a su hija Junia como esposa, dada la esterilidad de Calpurnia. En cuanto a Cleopatra, César la había invitado a viajar a Roma en otoño del año 46 a.C., y volvió a la ciudad al año siguiente, en una estancia que se prolongó hasta el asesinato del dictador. Ambos revivieron su amor y discutieron de varios asuntos de Estado. Según Dión Casio, se declaró a la reina “aliada y amiga del pueblo romano” y se erigió una estatua de oro de la propia Cleopatra en el templo de Venus Genitrix, construido por César.

Después de los idus de marzo del año 44 a.C. Julio César dejó tres “viudas”. La primera, Calpurnia, representó muy bien el papel que César exigía a las mujeres de su familia; fue discreta en el luto y la administración del testamento político de César. Jamás volvió a casarse. La segunda, Servilia, se convirtió durante unos meses en el árbitro de la política romana, mediando entre los partidarios de César y sus asesinos, entre los que, como hemos dicho, figuraba su hijo Bruto. La tercera, Cleopatra, regresó a Egipto y terminó sus días de manera trágica años más tarde, al lado de su nuevo amante y antiguo colaborador de Julio César, Marco Antonio.

 

13 marzo 2017 at 9:32 pm Deja un comentario

Un telescopio de realidad virtual permitirá observar cómo era el norte del parque arqueológico de Segóbriga (Cuenca)

Se instalará en las próximas semanas

Parque arqueológico de Segóbriga, en Cuenca. Foto: EUROPA PRESS / DIPUTACIÓN DE CUENCA

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA

CUENCA, 13 de Mar.- El parque arqueológico de Segóbriga (Cuenca) contará en las próximas semanas con un telescopio de realidad virtual que mostrará al visitante la imagen virtual del norte del conjunto arqueológico, incluyendo el acueducto, los edificios dedicados a espectáculos, las áreas funerarias, las vías de comunicación o los talleres metalúrgicos o cerámicos.

Así lo ha anunciado este lunes el vicepresidente de la Diputación Provincial de Cuenca, Julián Huete, en el transcurso de una rueda de prensa en la que, junto al presidente de la institución, Benjamín Prieto, ha hecho balance del pasado ejercicio y ha avanzado las líneas de actuación para 2017 en torno a un recurso que, según Huete, “se destaca” entre los yacimientos de Castilla-La Mancha, gracias a un crecimiento sostenido en el número de visitantes y la ruptura de la estacionalidad.

Desde que la Diputación Provincial de Cuenca asumió su gestión, el número de visitas se ha incrementado en un 21,1 por ciento, hasta los 49.000 visitantes, dato que “confirma el clarísimo liderazgo” entre los conjuntos monumentales de época romana visitables en la región.

Con una media de 158,2 personas al día, el 98,35 por ciento de visitantes son turistas nacionales de entre 41 y 60 años, cifra que se incrementó en más de un cinco por ciento el año pasado con respecto a 2015 y, en un 88,88 por ciento de los casos valoran “positivamente” los servicios recibidos.

Un parque que abre al público durante 312 días y que tuvo el pasado Viernes Santo su día de mayor afluencia en 2016, con 1.145 visitas, siendo los fines de semana y festivos las fechas que suelen concentrar el 49,68 por ciento del total de visitas y la primavera el 43 por ciento.

Huete también ha destacado cómo el 9,2 por ciento del total de visitantes ha participado en alguna de las actividades incluidas en el programa divulgativo del parque.

Entre las citas para este año, ha mencionado el 34 Festival Juvenil de Teatro Grecolatino, que se celebra del 25 al 27 abril, el IV Festival de Teatro Grecolatino para la Infancia y Adolescencia, que tendrá lugar el 10 de mayo y el shooting fotográfico dirigido por el fotógrafo Javier de Miguel y que tendrá lugar en el anfiteatro durante el mes de junio.

Asimismo, también como novedad y en colaboración con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), se organizará una exposición de esculturas contemporáneas en este entorno monumental y, del 3 al 6 de octubre, los visitantes del centro de interpretación podrán conocer cómo era la sociedad segobrigense, desde su economía a su vida pública o privada, mediante la presentación de las piezas expuestas en la sala permanente.

Un parque arqueológico que, según Benjamín Prieto, representa un “laboratorio para comprender mejor el turismo en la provincia” y que cada vez recibe “más visitas en invierno”, con unas trescientas en lo que va de año.

Tras anunciar la próxima convocatoria de un premio de novela histórica en época romana y visigoda, ha afirmado que la voluntad de Diputación Provincial de Cuenca es “afianzar” los programas existentes e incrementar el número de visitantes procedentes de colectivos como el universitario.

NOHEDA

En otro orden de cosas, Prieto ha explicado que, “en breve”, espera que concluya el proyecto de iluminación y climatización del yacimiento de Noheda y que espera que el Gobierno regional “se acuerde de destinar alguna partida para Noheda” y desbloquee “de una vez por todas el plan de patrimonio”, ya que, desde hace “más de año y medio, hay pendientes fondos comunitarios para que estos enclaves puedan participar”.

En cuanto a su apertura al público, Prieto ha espetado que, si la Junta “no pone ningún impedimento cuando estén finalizadas las obras”, ésta será “en breve”, pero todavía “sin recibir ninguna ayuda para la musealización y algunas infraestructuras que habría que hacer en este yacimiento”.

 

13 marzo 2017 at 8:41 pm Deja un comentario

Hallan indicios de asentamientos romanos bajo una sinagoga medieval de Híjar (Teruel)

Los sondeos han confirmado que la Ermita de San Antonio de esta localidad turolense fue antes un templo hebreo

Ermita de San Antón, antigua sinagoga de Híjar

Fuente: R. P. > Zaragoza  |  ABC
13 de marzo de 2017

Unas catas arqueológicas realizadas en el subsuelo de la ermita de San Antonio de Híjar (Teruel) han detectado indicios de asentamientos romanos, que abren una nueva línea de investigación histórica en este municipio.

Aunque existen restos arqueológicos romanos en el entorno de esta localidad turolense, hasta la fecha no se habían encontrado evidencias de asentamientos de esa época en lo que es actualmente el casco urbano de esta población, conocida por la importancia que tuvo su judería.

De hecho, los indicios romanos hallados ahora se han encontrado bajo una ermita que, antes de estar dedicada al culto cristiano, fue una sinagoga, muy posiblemente el centro de referencia educativo, cultural y religioso de la potente comunidad hebrea que hubo en Híjar.

Estas catas arqueológicas han confirmado ese pasado judío de la ermita de San Antón. Se han encontrado restos inequívocos de estructuras hebreas. Las más significativas, las bases de dos de los cuatro pilares sobre los que se sostenía la «bimá», la tribuna desde la que se leía la Torá.

Estos hallazgos arqueológicos encajarían con las referencias históricas documentales que hablaban de la sinagoga de Híjar. Así, existe un documento fechado en 1410 que relata una solicitud de ampliación y reforma de la sinagoga, lo que supone que Híjar ya contaba con un templo hebreo consolidado al menos en el siglo XIII y que existió, como mínimo, hasta bien avanzado el siglo XV.

A finales del siglo XV -los judíos fueron expulsados de España en 1492- la judería de Híjar contaba con 32 familias (unos 150 vecinos) y disponía de su propio horno, carnicería, baño ritual, cementerio y escuela talmúdica. La comunidad hebrea de Híjar es conocida mundialmente gracias al minucioso trabajo de un grupo de artesanos encuadernadores y pergamineros en torno a los cuales surgió la célebre imprenta judía de Híjar, una de las primeras de la Península Ibérica y de cuyos talleres salieron valiosas ediciones de obras religiosas hebreas de las que se conservan algunos ejemplares en importantes bibliotecas del mundo.

La iglesia de San Antonio de Híjar está a la espera de unas obras de rehabilitación que pueden dar de sí para avanzar más en el conocimiento del pasado de este inmueble y para poner en valor los restos de lo que fue esa sinagoga. Se cree que el templo formaba parte de un conjunto arquitectónico completado por diversas estancias, entre ellas la casa del rabino y la escuela talmúdica.

Respecto a los restos romanos hallados en el subsuelo, quedan todavía muchas incógnitas abiertas que solo podrán resolverse con excavaciones arqueológicas más amplias. De momento solo se han encontrado indicios que apuntan a que hubo una presencia de época romana, pero no se ha podido determinar con más detalle el alcance de ese asentamiento.

 

13 marzo 2017 at 2:46 pm Deja un comentario


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