Archive for 4 enero 2017

Piden multas de 300.000 euros a un agricultor que destrozó una tumba romana en Córdoba mientras araba

El propietario de una finca y dos trabajadores realizaron trabajos agrícolas en un yacimiento arqueológico

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Expolio de tumbas romanas en una imagen de archivo – ARCHIVO

Fuente: P. GARCÍA-BAQUERO > Córdoba  |  ABC
3 de enero de 2017

El propietario de una finca en la carretera N-432 a su paso por el termino municipal de Córdoba, así como dos trabajadores a los que encargó arar el campo para plantar nuevos olivos, se enfrentan a multas que suman 21.600 euros y una indemnización como responsables civiles subsidiarios de 300.888 euros, acusados de un delito de daños al patrimonio histórico.

Según consta en la calificación provisional de los hechos del Ministerio Público, en fecha no exactamente determinada pero, en todo caso, en los días inmediatamente anteriores al 7 de marzo de 2016, el propietario de la finca, en torno al kilómetro 300 de la N-432, encargó a los otros dos acusados trabajos agrícolas. En la fecha citada se detectó el yacimiento, no declarado administrativamente, cuando la Guardia Civil interceptó a tres personas que utilizaban detectores de metales en el mismo, los cuales son objeto de otro procedimiento, por los desperfectos causados por los mismos.

El propietario encargó a uno de los acusados que allanase el terreno con cuchilla para proceder a la posterior plantación que había encargado. Conocieron que afloraban restos arqueológicos, pese a lo que continuaron las labores hasta la culminación de los desperfectos en el yacimiento. En el curso de estas labores, aparecieron, según el Ministerio Público, numerosos restos arqueológicos de construcción como tegulas, cerámica romana del denominado como «taller de Andújar», grandes fragmentos del «opus caementicium» y del «opus signinum», así como una inscripción en mármol de «Secunda», que apunta a la lápida funeraria de una esclava o una liberta.

 

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4 enero 2017 at 11:03 am 1 comentario

Vigo: La única salina que aún queda en el Imperio Romano

“Salinae”, en Rosalía de Castro, atrajo 6.000 visitantes durante el pasado año en un espacio único recuperado en una urbanización

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López-Chaves con Vicente Caramés, director del museo, ayer en la salina romana.

Fuente: Atlántico Diario
4 de enero de 2017

El director del Museo del Mar de Galicia, Vicente Caramés Moreira, resaltó ayer la “originalidad” que supone para Vigo contar con el yacimiento en la ciudad porque “no se conserva ninguna salina de esta época en todo el Imperio romano que quedara fosilizada”.  Así lo explicó durante una vista al centro que gestiona el Museo del Mar en compañía del delegado de la Xunta, Ignacio López-Chaves, quien dio también datos sobre las visitas realizadas.
Vicente Caramés significó lo que este centro representa para Vigo explicando que, como si puede observar en el yacimiento del Areal, “hace 2.000 años a actividad industrial de Vigo estaba relacionada con el mar y 2.000 años después es exactamente igual. Hay una lógica y continuidad histórica que se debe valorar”, señaló. “Nos sirve para aprender del pasado, para valorar el presente y para saber dónde estuvimos caminando y la donde tenemos que caminar”, consideró el director del museo.

“Salinae” contó con una inversión de la Xunta de 1,4 millones de euros y permanece abierto al público desde el año 2009. Su descubrimiento fue en parte esperado y en parte casual, durante la urbanización de Rosalía y la construcción del centro de salud. Muy cerca se hallaron más salinas, aún por musealizar, y a unos 100 metros una factoría de salazón. El horario de apertura del centro  es de 11 a 14 horas y, desde noviembre de 16 a 18 horas, excepto los fines de semana. El Centro Arqueológico del Areal “Salinae” recibió el pasado año 2016  cerca de 6.000 visitantes. Este dato, como resaltó el delegado, pese a su modestia supone un incremento del 20% con respeto al ejercicio anterior.

Un lugar de referencia mundial para el estudio de la sal

López-Chaves hizo un recorrido para conocer la historia de la única salina marina de evaporación solar conservada y musealizada de todo el Imperio Romano y cuyo funcionamiento fecha de los siglos I-III , cuando producía sal a gran escala. El delegado calificó de “orgullo” tener esta instalación museística en pleno centro de la ciudad, en la calle Rosalía de Castro, puesto que se trata de un “lugar de referencia mundial” para los estudios sobre la explotación de la sal en la antigüedad y para conocer “qué funciones se cumplían en las primeras épocas del Imperio Romano en esta zona del Areal, donde se producía un recurso tan necesario para la alimentación”, consideró.  Así, animó a conocer este yacimiento de más de 300 m2 que, por su excelente estado de conservación, permite entender el funcionamiento de una instalación salinera y como los romanos producían la sal. “Es una apuesta de la Xunta por el patrimonio histórico y arqueológico”, declaró ante los medios.

 

4 enero 2017 at 11:00 am Deja un comentario

Anglesey: cuando la legión romana XIV Gemina aplastó una secta renegada de druidas y brujas en Britania

En enero del año 43 d.C., esta unidad fue enviada a Gran Bretaña. Dos décadas después, logró acabar con uno de los mayores focos de enemigos de la región.

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Representación de una legión romana – El último centurión

Fuente: MANUEL P. VILLATORO  |  ABC
4 de enero de 2017

«El griterío daba pavor. Decenas de mujeres vestidas completamente de negro saltaban locamente entre los guerreros, completamente hechas furia. Sus cabellos en completo desorden se agitaban en el aire al igual que lo hacían las antorchas encendidas que llevaban en sus manos. Cerca de ellas una banda de druidas, todos ellos vestidos de blanco, alzaban sus manos al cielo lanzando terribles imprecaciones». Así es como describió Tácito la llegada a Angresey (la llamada «Isla de los druidas») de la legión romana XIV Gemina en el año 60 d.C.

La jornada no pudo ser más aciaga para los militares, pues aquel día tuvieron que superar sus prejuicios y su carácter supersticioso para asestar el golpe definitivo a la que, en aquellos tiempos, era la mayor secta de druidas de Britania. Y lo cierto es que su miedo estaba en cierta forma justificado, pues de estos religiosos se decía que coqueataban con la magia negra y llevaban a cabo sacrificios humanos para contentar a sus dioses. Hoy, recordamos a esta legión aprovechando que, en enero del año 43 d.C. (tal mes como este) fue enviada a Gran Bretaña.

La «Isla de los druidas»

La llegada de las legiones romana a Britania en el siglo I d.C. de manos del emperador Claudio (Julio César ya lo había intentado un siglo antes y había fallado estrepitosamente) llevó a las diferentes tribus de la zona a organizar varios focos de resistencia. La mayoría, establecidos en la mitad norte de la isla. Sin embargo, los historiadores reconocen como uno de los enclaves celtas más destacados la isla de Anglesey (cerca de Liverpool).

«El pueblo céltico vivió en el norte de Francia y las Islas Británicas. Practicaba las artes ocultas y adoraba a la naturaleza»

Conocida como la «Isla de los druidas» (o Ynys Mon en dialecto local), este pedacito de tierra de apenas 715 kilómetros cuadrados se convirtió en un auténtico dolor de cabeza para los soldados de las legiones romanas. Y es que, en ella se asentaba un «colegio de druidas» cuyos miembros decían tener el poder necesario para proteger a todo el territorio de los invasores.

¿Quiénes eran los druidas? Oficialmente, los sacerdotes del pueblo celta. Pero extraoficialmente eran aquellos que canalizaban la religión como forma de aunar a las diferentes tribus contra las legiones romanas. «El pueblo céltico vivió en el norte de Francia y las Islas Británicas. Practicaba las artes ocultas y adoraba a la naturaleza, a la que atribuía cualidades animísticas o sobrenaturales», señalan John Ankerberg y John Weldon en su libro «Facts on Halloween». De esta opinión es también el historiador y arqueólogo Henri Hubert quien (en su obra «Los celtas y la civilización céltica») determina que los habitantes de las islas se mantenían unidos gracias a los druidas, a los que se daba gran importancia por saber interpretar los deseos de los dioses: «Eran una clase de sacerdotes expresamente encargados de la conservación de las tradiciones».

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Ilustración ficticia de un druida – Wikimedia

En su extensa obra, «Legiones de Roma. La historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas», el historiador Stephen Dando-Collins es de la misma opinión ya que, en sus palabras, los romanos se percataron de que «los druidas eran un factor unificador de las diferentes tribus britanas». De hecho, los hijos de los nobles eran habitualmente educados por estos sacerdotes en su religión.

Muchos de ellos se convertían en druidas, mientras que el resto pasaban a dirigir políticamente la mayoría de los pueblos de la región. «Así, todas las tribus apelaban a los mismos dioses celtas para que les dieran poder para derrotar a sus enemigos», añade el experto en su obra.

En base a todo ello, no es raro que -en cuanto pisó BritaniaAugusto prohibiera a los romanos que profesaran esa religión y, posteriormente, Claudio la ilegalizara en su totalidad. Con esos precedentes, los romanos entendieron que debían conquistar la isla para acabar de un único golpe con el foco de resistencia. «Pretendían acabar con esa secta ilegal apagando así el fuego druídico de la resistencia británica», completa Dando-Collins. Sin embargo, para el ataque se necesitaba un oficial aguerrido capaz de tomar con sus legiones una región que, a priori, parecía inexpugnable.

El elegido

Para el ataque, Roma eligió al que había sido gobernador de Britania durante dos años, Cayo Suetonio Paulino. El primer general romano que, según explica el historiador Plinio en su obra «Descripción de África y Asia», cruzó la cordillera del Atlas durante su estancia como general en África: «Suetonius Paulinus […] fue el primer general romano que avanzó una distancia de algunas millas más allá del Monte Atlas: él habla como cualquier otra de la altura de esta montaña, pero añadió que el camino está lleno de espesos bosques y profundos formados de una especie de árboles desconocidos: la altura de estos árboles es notable, y el tronco sin nudos es brillante y el follaje es similar al ciprés, que emana un olor fuerte, y está cubierto como con lana sutil, que con arte, se pueden hacer tejidos como con la seda. La cumbre de la montaña está cubierta, incluso en verano, de nieve espesa».

Además, Suetonio no solo ofreció una información clave para la geografía romana como la ruta idónea para cruzar el Atlas o la situación de los accidentes geográficos de la zona, sino que también combatió en África como un auténtico héroe. No en vano, en el año 42 había demostrado sus habilidades marciales expulsando a una molesta tribu rebelde de Mauritania y optaba a recibir el título de «mejor soldado del imperio». Era, en definitiva, un «trabajador y sensato oficial», como determina el también historia Tácito.

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Estatua de Suetonio – Wikimedia

Para tomar la isla, Suetonio eligió a los hombres de la XIV Legión, llamada Gémina, fundada por Julio César, y famosa por haber participado en todo tipo de campañas como la de Dirraqui y Tapsos. De hecho, tras combatir en Britania sería conocida como una de las unidades más experimentadas de todo el ejército romano.

Pero sus hombres no estarían solos ante los britanos, pues contarían además con el apoyo de varias unidades de caballería e infantería ligera bátavas. Hombres junto a los que llevaban llegando al baile de los aceros durante décadas y en los que tenían total confianza. Todo estaba listo para el enfrentamiento definitivo entre la secta de druidas y los legionarios.

Los enemigos

Pero… ¿Quiénes eran realmente sus enemigos? En palabras de Tácito, la isla estaba habitado por una secta de druidas renegados entre los que había mujeres. El historiador latino habla de hembras despeinadas, que vestían ropajes fúnebres dedicados al luto, y que solían llevar consigo antorchas. Todas ellas, acompañadas de druidas y de miles de guerreros celtas.

El contemporáneo afirma también que este grupo de enemigos era dirigido por una sacerdotisa llamada Veleda. «La sacerdotisa vidente era una virgen que dominaba un vasto territorio y que era objeto de una profunda veneración. […] Su función en el oráculo era [sumamente] importante por su influencia», explica Stefano Mayorca en «Los misterios de los celtas». Tácito dice lo siguiente de ella: «Estaba prohibido acercarse a Veleda o dirigirse a ella, como queriendo manifestar la veneración que se le debía».

Hacia la batalla

Suetonio salió de Camulodunum (actual Colchester) en al año 60 d.C. Tras reunir a sus hombres en la frontera con Gales, se dirigió al noroeste de la región. Como romanos que eran, no tardaron en buscar una solución para poder vadear rápidamente los ríos que encontraran a su paso. Así lo explica el autor de «Legiones de Roma»: «Durante el invierno, los hombres de la legión XIV Gemina se habían preparado para el ataque construyendo unas pequeñas barcas desmontables de fondo plano para poder operar en el río y en la costa. Dichas barcas fueron transportadas en la columna de bagaje de la fuerza especial y descargadas en cada uno de los ríos que se encontraban a través del norte de Gales».

«Durante el invierno, los hombres de la legión XIV Gemina se habían preparado para el ataque construyendo unas pequeñas barcas desmontables»

Tras atravesar el río Dee, el Clwyd y el Conway, se encontraron con su último escollo: el Estrecho de Manai. Una corriente de agua a la que arribaron en verano y que tenían que superar para llegar hasta los dominios de los britanos. Los primeros en cruzarla fueron los infantes. Los legionarios romanos. Y lo hicieron en las barcazas de fondo plano que ya habían sido montadas y desmontadas en una infinidad de ocasiones. Posteriormente le tocó el turno a los jinetes bátavos, a los cuales se les ordenó mojarse y pasar el líquido elemento «a nado con sus caballos».

Por su parte, los defensores esperaron al enemigo en las costas. «Una masa de guerreros galeses, probablemente de las tribus de los deceanglos, los ordovices y los siluros, formó en la orilla sureste de la isla en una “formación apretada” y esperaron el desembarco de las tropas romanas», explica Stephen Dando-Collins. Todo estaba listo para enfrentarse a pilum y scutum contra los enemigos.

Con los ejércitos formados en las playas y las armas preparadas para cargar contra el enemigo, los legionarios fueron recibidos por unos curiosos personajes ataviados con túnicas. En palabras de Mayorca, los primeros en plantar cara a los invasores fueron «un grupo de druidas que gritaban fórmulas y conjuros mientras elevaban sus manos hacia el cielo».

Tácito va más allá y señala que todo era parte de un extraño «ritual mágico» llevado a cabo por mujeres y que estaba destinado a maldecir a sus contrarios. «Mientras los legionarios y los auxiliares salían con dificultades de los botes, un grupo de mujeres histéricas aparecieron como un rayo por detrás de las filas celtas. Vestidas de negro, con los cabellos desaliñados, las mujeres agitaban tizones ardiendo en las manos y chillaban como animales», determina, en este caso, Dando-Collins.

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Soldados romanos asesinan druidas – Wikimedia

Ver aquel improvisado aquelarre dejó más que boquiabiertos a los legionarios romanos de la XIV Gemina. Parece que a estos de nada les sirvió su amplio entrenamiento militar pues, sintiendo pánico a aquellas maldiciones llegadas del inframundo, se quedaron petrificados y no atendieron ni a levantar sus escudos para defenderse. La situación llegó a ser tan desesperante para los invasores que Suetonio, a voz en grito, recordó a sus supersticiosos hombres que aquellas no eran más que falacias lanzadas desde gargantas de tribus sin cultura alguna. Después, encabezó la carga contra los enemigos. Algo que enardeció los corazones de sus combatientes.

El resultado fue el esperado, una masacre. «Fue necesario que el propio Paulino asumiese el liderazgo e incitase a sus hombres a actuar preguntándoles si tenían miedo de las mujeres. Sin esperar a que se les uniera la caballería, los legionarios cargaron, exterminando tanto a guerreros como a brujas. Al poco, había pilas de cadáveres celtas quemándose entre las llamas de las piras funerarias encendidas con los propios tizones de las mujeres», determina Dando-Collins.

Acto seguido, y con los contrarios aplastados, las legiones se expandieron por la isla dispuestos a acabar con todos los druidas. Unos hombres que, según las leyendas, solían llevar a cabo sacrificios humanos.

¿Verdad o mentira?

Son muchos los expertos que, en base a los textos de Tácito, creen que los legionarios romanos tuvieron que sobreponerse a los maleficios que les lanzaban aquellas brujas antes de cargar contra ellas. Sin embargo, hay otros como el historiador español Pedro Palao Pons que afirman que este episodio fue exagerado por los militares de la época.

«En honor a la verdad, lo que cuenta Tácito posiblemente ocurrió más en la mente del historiador que ante sus ojos, ya que cuando aconteció la batalla del estrecho de Menai nuestro querido historiador romano, ni era historiador, ni estaba en Britania, puesto que solo era un niño», explica el autor en su obra «El libro de los celtas».

A su vez, Palao explica en este libro que, muy probablemente, Tácito se dejó impresionar por algún legionario exagerado que quería demostrar lo valiente que había sido en aquella isla. Aun con todo, el historiador sí corrobora que los druidas solían bendecir a los guerreros con salmos, canciones y danzas frenéticas para imbuirles ánimos en las batallas.

 

4 enero 2017 at 10:56 am Deja un comentario


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