La tradición romana del árbol de Navidad

25 diciembre 2016 at 11:46 pm Deja un comentario

Historiadores remontan la costumbre de decorar un árbol con bolas y estrellas a la fiesta de la Saturnalia que se celebraba en Roma

bolas-arbol-navidad

Reuters

Fuente: EFE  |  Sur Digital
25 de diciembre de 2016

Con la Navidad regresan a las plazas públicas y a los salones de casa los árboles decorados con bolitas de colores y tiras de espumillón, una tradición que tiene sus orígenes en el mundo antiguo, cuando la naturaleza era el eje central del día a día del ser humano.

Lo que hoy son bolas de plástico de mil colores, en la antigüedad eran de algodón. Lo que hoy es espumillón, en aquellas fechas eran objetos decorativos dirigidos a asegurar el ciclo de las estaciones.

Una forma de decir que, tras los días “oscuros” y “más cortos” del año como son los invernales, llegarán los “más luminosos”, en los que la luz da vida a la naturaleza, en referencia a la primavera y el verano.

La Saturnalia en el Imperio Romano tenía lugar originariamente el 17 de diciembre, pero la fiesta, dedicada a Saturno, dios de la agricultura y las cosechas, enraizó tanto en el pueblo que pasó a celebrarse durante una semana, del 17 al 23 de diciembre.

Se trataba, según la investigadora y conservadora del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR) de Mérida, Pilar Caldera, de una festividad “asociada a la celebración de lo que los romanos llamaban los días angostos, los menos luminosos y más cortos del año”.

Pero también, según incide, “relacionada con el ciclo agrario, pues es cuando la simiente ya está en los campos, protegida por la tierra y a la espera de la vuelta de la primavera”.

Con el fin de asegurarse los regalos que la tierra les da a lo largo de los días largos y prósperos, en el tiempo de la cosecha y de la recolección, los romanos, “de forma simbólica”, le devuelven a la tierra lo que ésta les ha dado.

¿Cómo? Pues poniendo bolas de algodón o lana y figuritas de estrellas en los elementos vegetales que los ciudadanos tienen en sus casas.

No obstante, no puede asegurarse que la tradición concreta de poner un árbol de Navidad venga de Roma, ya que tal y como se conoce arranca en el siglo XVI y XVII en el centro y el norte de Europa.

“Las fiestas estacionales en Roma eran las más importantes. El mundo antiguo vivía muy acorde con la naturaleza. Son fiestas en las que se articulan las estaciones como eslabones de una cadena”, explica Caldera.

Por ello, cuando se hace algo en invierno, se piensa en la primavera; de ahí que en la Saturnalia tuviera mucho peso “el conceder y desear” lo mejor en las jornadas de los días ocultos “de cara a la llegada de los días luminosos”.

Son días de estar en la casa con la llegada del final de las tareas agrícolas. En la Saturnalia, las cenas familiares, que incluían música y danza, eran habituales y, además, compartidas con amigos y esclavos.

“Los esclavos tenían la oportunidad de formar parte activa de la familia. De hecho, eran atendidos y agasajaos por sus dueños”, apunta Caldera, que enmarca este hecho en los citados ciclos. “Desorden en esos días para garantizar el orden posterior”, añade.

Surge en esos festejos hogareños otra tradición que hoy aún pervive: la cesta de Navidad. Con ella, siempre elaborada en mimbre, se agasaja a la familia y a los amigos y con productos de obligada presencia: el olivo, el laurel, los higos y las nueces. Es una forma de “garantizar” los recursos para “los días largos”.

Todas estas tradiciones fueron “fagocitadas” por el cristianismo, que, curiosamente, en sus inicios y coincidiendo con estas fechas, “no tiene recuerdo alguno de Cristo”, según ha explicado el investigador Isaac Sastre. Es en el siglo II cuando comienza a recordarse su mito y su resurrección, especialmente en Egipto.

Sin embargo, tal como apunta Sastre, “algunas investigaciones fechan el nacimiento de Jesús entre finales de septiembre y principios de octubre”. Al parecer, el censo y registro de nacidos estaban cerrados en diciembre, y no parece muy lógico que los pastores durmieran a ras de suelo en pleno diciembre.

Es a mediados del siglo IV cuando se fija el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, “como el nuevo sol, la luz que viene”, en clara consonancia con la filosofía de la Saturnalia sobre “los días largos” y de luz que vendrán tras el invierno.

De hecho, los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta en honor del dios Mitra, cuya religión también estaba muy arraigada en el sentir de Roma y que suponía asimismo festejar el solsticio de invierno.

 

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