Diez maravillas romanas sin pisar Roma

9 diciembre 2016 at 12:06 am Deja un comentario

Del coliseo de ‘Gladiator’, en Túnez, al palacio Diocleciano, en Split, ruta por los restos del gran imperio

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Turistas en el interior del anfiteatro de El Djem, en Túnez. / BAILEY-COOPER (AGEFOTOSTOCK)

Fuente: El Viajero – EL PAÍS
8 de diciembre de 2016

Para viajar a la antigua Roma no hace falta visitar la capital italiana. Por toda Europa, el Norte de África y Oriente Próximo también encontraremos todavía sus huellas, 2.000 años más tarde, en restos monumentales que acaparan las fotos de los viajeros: desde ciudades completas, como Pompeya, a baños termales, teatros, palacios, anfiteatros, murallas y obras de ingeniería increíbles. Hemos seleccionado 10 yacimientos para regresar a la gran Roma… sin pisarla.

01 Pompeya, la cápsula del tiempo
ITALIA

Comenzaremos por uno de los vestigios más famosos de la vida en la antigua Roma: Pompeya. Al pasear por las calles de esta antigua ciudad, inquietantemente bien conservadas, no se puede evitar ir echando vistazos al oscuro y amenazante cono del monte Vesubio, volcán aún activo de 1.280 metros de altura. Se dice que el Vesubio explota a lo grande cada 2.000 años y su último cataclismo se produjo en el año 79. Echando cuentas, la visita resulta todavía más escalofriante.

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Una calle de la antigua ciudad de Pompeya (Italia). / HONGJIONG SHI (AGEFOTOSTOCK)

Pompeya se llevó la peor parte de la ira incendiaria del Vesubio en el siglo I. La ciudad, fundada en torno al siglo VII antes de Cristo, se convirtió en el sitio de moda para las vacaciones en la bahía de Nápoles. En la explosión que la arrasó por completo murieron miles de personas: Pompeya quedó sepultada bajo una capa de lapilli (piroclastos pequeños) durante cerca de 1.000 años, una especie de cápsula del tiempo, aunque enterrada en terribles circunstancias.

Pompeya tenía una extensión de 66 hectáreas y de lo excavado hasta ahora (quedan partes sin desenterrar) no se puede visitar todo en un día.

Puesto que la mayoría de los millones de turistas que la visitan van a cotillear los frescos del burdel romano, hay suficientes callejuelas interesantes para alejarse del gentío. Pero, ¿por dónde empezar? Por el ancho foro, por ejemplo, entre cuyos pilares aún se puede oír a los comerciantes vendiendo y a los filósofos, filosofando. Se puede deambular por calles de enormes y desgastados adoquines por las rodadas de los carros, o visitar el impresionante anfiteatro, el más antiguo entre los que siguen en pie (150 años más viejo que el famoso Coliseo de Roma). Y luego queda lo más macabro: moldes de yeso de personas encogidas de miedo, realizados a partir de los fantasmales huecos que sus cuerpos dejaron en la ceniza.

Pompeya está a unos 40 minutos en tren desde Nápoles o Sorrento, y la entrada al yacimiento se encuentra a solo 50 metros de la estación.

02 Bath, un baño de belleza
REINO UNIDO

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Los antiguos baños termales romanos en Bath, en Inglaterra. / VICTOR KORCHENKO (AGEFOTOSTOCK)

Todo empezó con el rey Bladud y sus cerdos leprosos: cuando las bestias se curaron al revolcarse en estas aguas, se descubrió el manantial curativo. Los romanos llegaron en el siglo I y las bautizaron como las aguas de la diosa Sulis. Actualmente, este enclave inglés de majestuosos baños y templos a 90 minutos en tren de Londres se llama Bath (baño). Lo que a la localidad le falta en imaginación respecto a su nombre se compensa con su magnificencia. Es patrimonio mundial de la Unesco y sus baños (hoy convertidos en museo) ofrecen una visión del pasado romano.

03 Timgad, símbolo de Roma en África
ARGELIA

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Ruinas de la colonia romana de Timgad, en Argelia, con el arco de Trajano al fondo. / WITOLD RYKA (ISTOCK)

En esta extraordinaria colonia militar romana, ubicada en la actual Argelia, cuesta apreciar el aspecto de conjunto de las ruinas por lo extenso de sus cuarteles, termas, capillas y columnatas. Esta ciudad, concebida como un cuadrado perfecto, se extendió por nuevos territorios durante su apogeo (entre los siglos II y III) y constituye una muestra del poder romano en África, aunque albergó también un fuerte bizantino. El elemento más impresionante entre lo que queda en pie es el arco de Trajano, pero no hay que perderse el museo de Timgad.

Timgad está en los montes Aurés. La ciudad de acceso es Batna, a unos 40 kilómetros de distancia.

04 Beit She’an, las provincias romanas
ISRAEL

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La antigua ciudad de Beit She’an, en Israel. / ALEXEY STIOP (ISTOCK)

En Israel, la vida tras Jesucristo fue una época de esplendor y decadencia, algo que queda patente en las ruinas de Beit She’an. Pueden verse calles con columnatas, un teatro con capacidad para 7.000 personas que se conserva casi igual que hace 1.800 años –los baños públicos originales quedan cerca de allí– y dos casas de baños, además de enormes columnas de piedra que descansan en el sitio exacto donde se derrumbaron durante el terremoto que arrasó la ciudad en el año 749.

Se puede llegar al yacimiento en autobús desde Jerusalén, en unas dos horas. Sobre todo, no hay que perderse el espectáculo multimedia al anochecer que devuelve las ruinas a la vida.

05 Baalbek, la ciudad del sol
LÍBANO

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Restos de la ciudad romana de Baalbek, en Líbano. / AGEFOTOSTOCK

Las ruinas de uno de los proyectos arquitectónicos más atrevidos del Imperio Romano no se encuentran en Roma, sino en el altiplano del valle de Bekaa, en Líbano. Esta increíble colección de templos colosales, que se transformó en la Ciudad Sagrada del Sol, eclipsa por su monumentalidad a cualquier otra construcción que intentaran realizar los antiguos romanos. Al subir las escaleras del templo de Júpiter, el visitante se convierte en una hormiguita entre gigantescas columnas de granito. Bajo la gran entrada al templo de Baco es posible maravillarse con sus increíbles tallas y, luego, sentado sobre una de las gigantescas losas de caliza del peristilo, observar el alcance y la visión de este monumento, construido para gigantes.

La razón por la que los romanos decidieron construir sus templos más ambiciosos tan alejados de su capital sigue siendo un misterio. Pero estos restos, muy bien conservados, que han sobrevivido a terremotos, pillajes y guerras a los largo de los siglos, conforman uno de los lugares más fascinantes de Oriente Medio y una auténtica maravilla de la ingeniería y la arquitectura de la antigüedad.

Baalbek está a dos horas en coche de Beirut. La seguridad en el valle para los viajeros cambia bastante, así que conviene informarse antes de viajar hasta allí.

06 Split, historia viva del Adriático
CROACIA

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Turistas visitan el Peristilo del Palacio de Diocleciano, en Split (Croacia). / GONZALO AZUMENDI (AGEFOTOSTOCK)

En muchas ciudades de Europa hay ruinas romanas, pero las de Split forman parte del moderno entramado de la ciudad. El palacio central de este animado puerto dálmata fue construido por el emperador Diocleciano, que importó el mármol de Italia y Grecia, y trajo columnas y esfinges desde Egipto para decorar su majestuosa casa. Algunos de los callejones están desiertos, otros están llenos de bares y cafés, los vecinos cuelgan en ellos su colada y los niños juegan al futbol en el interior de los antiguos muros romanos.

A Split es muy fácil llegar en avión directo desde muchas ciudades europeas y hay numerosos ferris. Es un destino imprescindible de cualquier viaje por Croacia.

07 El muro de las maravillas
REINO UNIDO

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Senderistas junto a restos del Muro de Adriano, cerca de Housesteads (Inglaterra). / STEPHAN GOERLICH (AGEFOTOSTOCK)

Al recorrer el camino del Muro de Adriano, un sendero de 117 Kilómetros que cruza el norte de Inglaterra de costa a costa –desde Wallsend, en el este, hasta Bowness-on-Solway, en el oeste–, se descubre lo interesados que estaban los romanos en mantener a los escoceses a raya. Levantado entre los años 122 y 128, y bautizado con el nombre del emperador que ordenó su construcción, el Muro de Adriano fue una obra de ingeniería increíble. La estructura contaba con una puerta vigilada en cada milla romana.

Se pueden contemplar restos del muro en Housesteads, cerca de Hexham.

08 Museo Nacional del Bardo
TÚNEZ

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Una de las salas del Museo Nacional del Bardo, en Túnez. / KEVIN O´HARA (AGEFOTOSTOCK)

Con una espectacular colección de mosaicos romanos, el Bardo es el museo más importante de Túnez. En su interior se ofrece una vívida representación de cómo era la vida en el norte de África en la antigüedad gracias a sus mosaicos, muy bien conservados. Observar el más famoso del museo, el de Virgilio, invita a la reflexión sobre el esplendor del imperio romano. También es posible ver una increíble colección de objetos de valor incalculable recuperados por arqueólogos submarinos de un pecio romano frente a la costa de Túnez.

El Bardo está a cuatro kilómetros del centro de Túnez y se puede llegar en tranvía (línea 4).

09 Un símbolo segoviano (y del ingenio romano)
ESPAÑA

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Vista elevada del Acueducto de Segovia. / SEAN PAVONE (ISTOCK)

Que un monumento romano tan espectacular como el Acueducto de Segovia haya sobrevivido en pleno corazón de una capital provincial es un milagro. En una visión totalmente incongruente, pues sus famosos arcos se alzan desde el casco urbano como si fueran una obra de Escher, repitiéndose hasta el infinito. Levantado por los romanos en el siglo I, sus 163 arcadas y sus 28 metros de altura (en el punto más elevado) dejan con la boca abierta a todo el que visita la ciudad. Para descubrir una perspectiva distinta hay que subir las escaleras que hay al lado del monumento.

El AVE conecta Segovia con Madrid en 30 minutos.

10 El Djem, el coliseo africano
TÚNEZ

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Panorámica del anfiteatro de El Djem, en Túnez, donde se rodaron algunas escenas de ‘Gladiator’, de Ridley Scott. / Brian Brake (AGEFOTOSTOCK)

¿Qué hicieron los romanos por nosotros? Bastantes cosas, probablemente, pero en El Djem, concretamente, construyeron una de las grandes maravillas del norte de África. En su momento de máximo esplendor, en el siglo III, este gran anfiteatro tenía cabida para 35.000 espectadores, que rugían pidiendo sangre mientras los gladiadores luchaban a golpe de músculo y metal contra animales salvajes, o combatían entre sí para entretener al emperador. Era el tercer anfiteatro más grande del Imperio y se conserva casi intacto, demostrando lo maravilloso que es el legado romano.

A diferencia del Coliseo, en el que claramente se inspiró, el gran teatro de El Djem se alza sobre la localidad homónima que lo rodea, formada por las típicas casas árabes, bajas y de techo plano. Aún puede imaginarse el subidón de adrenalina que debía de dar cuando se liberaban las bestias en la arena. Y si les parece haberlo visto antes, tranquilidad, no están delirando: apareció en dos películas tan distintas como archiconocidas, Gladiador y La vida de Brian.

El anfiteatro domina el centro de la localidad tunecina de El Djem que se puede visitar en una excursión desde Susa o Sfax.

 

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