Archive for 22 noviembre 2016

Vulci, hallan una tumba principesca etrusca del siglo VIII a.C.

Una tumba etrusca principesca de fin del siglo VIII A. de C. fue hallada en las excavaciones de la necrópolis de Poggetto Mengarelli en la ciudad de Vulci, en la provincia italiana de Viterbo.

tomba Vulci

Fuente: ANSA Latina
Fotos: ANSA

ROMA, 21 NOV – Los arqueólogos se encontraron frente a un sitio intacto y de unos 2.800 años, destinado a honrar la memoria de una destacado miembro de la naciente aristocracia etrusca. Los restos que acompañaron al difunto en su último viaje son extraordinarios: corta lanza de hierro con espiral de anillos de bronce en el mango, algunas cerámicas entre las cuales hay una olla pintada de rojo y blanco del Grupo Bisenzio, recipientes de bronce con residuos orgánicos que pudieron ser una últiam comida.

Otros objetos de relevancia son un jarrón de bronce bicónico con una bola de tapa coronada por un casco decorado con cresta, que contiene las cenizas del importante personaje y un contenedor en bronce con decoración en relieve de la cubierta, tal vez con las cenizas de algún otro pariente cercano.

“La forma compleja antropomorfa del cinerario bicónico es único en el panorama de los hallazgos del período y confirma la voluntad de los señores de Vulci de proveer una buscada representación del cuerpo del difunto que no existe más a causa del rito funerario de la incineraciones”, dijo Carlo Casi, Director Científico de la Fundación Vulci. “Otra importante pieza, útil para el conocimiento de la civilización etrusca que emerge de las excavaciones en curso en Vulci en este momento. Cada día salen a la luz pequeñas y grandes historias que nos ayudan a componer un cuadro que todavía se nos escapa”, afirmó Alfonsina Russo, superintendente para la Arqueología, Bellas Artes y Paisajes del área metropolitana de Roma y la provincia de Viterbo.

tomba Vulci

 

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22 noviembre 2016 at 8:43 pm Deja un comentario

Estudian el posible hallazgo de un anfiteatro en Torreparedones (Córdoba)

Los alcaldes de las localidades cordobesas de Baena y Castro del Río, Jesús Rojano (PSOE) y José Luis Caravaca (IU), respectivamente, han hecho público este martes el posible hallazgo de un anfiteatro en el yacimiento arqueológico de Torreparedones, para lo cual ahora se prevé llevar a cabo un estudio con georradar para verificar la presencia del edificio.

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Foto: EUROPA PRESS / AYTO-BAENA

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA

BAENA (CÓRDOBA), 22 Nov.- Así lo apunta un dossier del profesor de la Universidad de Córdoba (UCO) Antonio Monterroso, quien ha realizado un estudio que sitúa este espacio fuera de la ciudad romana, en una finca privada del término municipal castreño, que permitirá a ambos ayuntamientos establecer una línea de colaboración conjunta para ahondar en su investigación.

Según Rojano, este posible descubrimiento “viene a constatar que el yacimiento de Torreparedones ni es ni nunca ha sido ni de Baena ni de Castro del Río, sino que supone un motor de desarrollo para toda la comarca”, al tiempo que ha mostrado su predisposición para la puesta en valor conjunta de este espacio y considera “muy positivo” establecer líneas de colaboración entre las dos administraciones, que “permitan mayores recursos y una mejor gestión en la promoción y difusión del yacimiento”.

En los mismos términos se ha expresado el alcalde castreño, quien ha destacado “la apuesta de ambos ayuntamientos por un trabajo mancomunado”. Caravaca, quien ha reconocido el “importantísimo papel del Ayuntamiento de Baena a lo largo de estos últimos diez años con una apuesta decidida y valiente para la puesta en valor del parque”, ha apuntado que la Universidad de Granada (UGR) hará una exploración magnética de dos hectáreas para confirmar la hipótesis de la existencia de esta gran estructura ovalada.

Al respecto, el arqueólogo José Antonio Morena ha dado cuenta del estudio de Monterroso, que en base a diversos programas informáticos y fotografías aéreas cree haber descubierto “uno de los edificios de espectáculos más interesantes de la antigua Itvci Virtus Iulia”.

Aunque se ha mostrado “prudente” y ha reiterado que los estudios deben confirmarse con “una prospección geofísica y unos sondeos de trinchera”, Morena ha informado de que el estudio de Monterroso sitúa este espacio a unos 180 metros al oeste de la puerta occidental de la ciudad. También aporta las medidas del óvalo, con una altura de ocho metros, unas dimensiones de 79 metros de longitud y 64 de anchura y su aforo ronda las 5.000 personas.

Este espacio, localizado fuera de la propiedad del Ayuntamiento baenense, se sitúa en una hondonada en la que no se aprecia nada sobre el terreno, por lo que no estaría hecho con sillería ni con cemento romano, sino con mampostería. Según Morena, “de confirmarse se trataría de un nuevo atractivo para la ciudad”, dado que “en él se celebraban las luchas entre gladiadores, cacerías de fieras salvajes y el suplicio de los condenados a muerte”.

 

22 noviembre 2016 at 6:09 pm Deja un comentario

Málaga quiere recuperar las tablas originales de la Lex Flavia

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Fuente: Andalucía Información
22 de noviembre de 2016

Cómo elegir y votar a los magistrados por las asambleas populares, designar patronos municipales o gestionar los fondos públicos dirigidos a los magistrados municipales. Son algunos de los 19 artículos que recogen las cinco tablas de bronce de La Lex Flavia Malacitana, descubiertas en 1851 en el Monte El Ejido.

Las tablas establecen incluso aspectos de máxima actualidad, como la obligación de que los propietarios de edificios destruidos sin motivo suficiente los reconstruyan en un año o afronten una multa, así como una organización censitaria que distribuye las deberes y los derechos en función de la capacidad económica de los individuos.

La dinastía Flavia, aliada de Hispania, fue la vencedora en las guerras civiles que estallaron en Roma en el año 69. En el año 74, en el marco de la concesión de latinidad a toda Hispania, el emperador Vespasiano otorgó a Malaca la Lex Flavia, un compendio de cinco tablas que reúnen los estatutos jurídicos según los cuales Malaca (Málaga) pasaba de ciudad federada a municipio de pleno derecho en el Imperio romano. De gran importancia, de hecho, es el reconocimiento de que los malagueños pudieran presentar a sus candidatos a ediles locales sin tener en cuenta las designaciones imperiales.

Las tablas formaron parte del Museo Lorginiano, en la finca de La Concepción, hasta que los propios Loring las vendieron al Estado, que en la actualidad las conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Mientras tanto, la ciudadanía malagueña debe contentarse con algunas copias, entre ellas en el Salón de Plenos del Ayuntamiento.

Este jueves, Málaga Ahora, siguiendo varias demandas ciudadana, presentará una moción para que el gobierno municipal, en colaboración con la Junta de Andalucía, reclame al gobierno central las tablas de la Lex Flavia Malacitana. La moción pide que las tablas se sumen a las 15.000 piezas de la colección arqueológica del Museo de Málaga, cuya inauguración tendrá lugar el próximo 12 de diciembre.

 

22 noviembre 2016 at 6:05 pm 6 comentarios

«El foro romano de Gijón está por descubrir»

La incógnita que planteó Santos Yanguas es si Gijón llegó a tener categoría de municipio romano, ya que, aunque no figura como tal en inscripciones explícitas, que existen en casos como el de Astorga

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Narciso Santos Yanguas, junto a José Luis Martínez. / PALOMA UCHA

Fuente: NACHO PRIETO  > Gijón  |  El Comercio Digital
22 de noviembre de 2016

Hay vestigios romanos a la luz pública en la plaza del Marqués y bajo el Campo Valdés, pero «el foro de la ciudad romana, el centro administrativo, religioso y de mercado está por descubrir y previsiblemente se encuentre en el interior de la muralla», hasta donde no han llegado las excavaciones realizadas. Más que una propuesta de actuación, que sería inevitablemente conflictiva, la idea fue un argumento utilizado ayer por Narciso Santos Yanguas, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo, para explicar en una conferencia pronunciada en el Ateneo Jovellanos la importancia de Gijón en el mundo romano.

La incógnita que planteó Santos Yanguas es si Gijón llegó a tener categoría de municipio romano, ya que, aunque no figura como tal en inscripciones explícitas, que existen en casos como el de Astorga, todo apunta a que fue un enclave importante en el Cantábrico, con instalaciones relevantes como la fábrica de salazones y el puerto original, en lo que hoy es El Muelle.

El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo manifestó a EL COMERCIO que «Gijón no se configura como centro urbano hasta el siglo II, que es cuando lo cita Tolomeo, sin perjuicio de asentamientos anteriores como los de cilúrnigos de la Campa Torres», y que probablemente no tuvo «un teatro o un anfiteatro, pero falta por saber qué había dentro de las murallas», ya que el único edificio público que se conoce, las termas, están fuera. «El conocimiento del Gijón romano no está agotado, ni mucho menos, y seguramente intramuros se ubicaba el foro, como espacio más significativo, pero es evidente que descubrir eso entraña muchas dificultades».

No matar al herido

Puede ser cuestión de tiempo, porque, según indicó Santos, no hay motivo para pensar que los vestigios se vayan a perder por permanecer enterrados. «Lo importante es que si aparecen restos cuando se excaven los cimientos de un nuevo edificio se dé cuenta de ello, porque, si se tapa, estaríamos matando al herido». En ese sentido, la normativa es clara y cualquier obra de excavación en Cimadevilla requiere un seguimiento arqueológico para comprobar que no se destruyen huellas que puedan ser interesantes para profundizar en el conocimiento de los orígenes de la ciudad.

Sobre la población estimable en el Gijón romano, Santos Yanguas señaló que un castro ocupaba aproximadamente una hectárea y se puede pensar que en el Cerro de Santa Catalina había cinco, aunque la capacidad fuera para siete, de forma que se debe entender que «Gijón llegó a tener en época romana entre 1.200 habitantes y, a lo sumo, 2.000 habitantes».

Sobre lo que el historiador invitado ayer por el Ateneo Jovellanos no tiene dudas es sobre la relevancia de Gijón en su entorno, donde destacan tres enclaves romanos en Lugo de Llanera, Santianes de Pravia y Gijón.

Narciso Santos hizo referencia también a los crismones en cerámica localizados en Veranes, como expresión de la expansión del cristianismo en torno al final del Siglo V y el Siglo VI.

Otro dato que citó el mismo conferenciante como significativo de lo que fue el Gijón romano es su producción cerealista, suficiente para deducir que mantenía actividades comerciales a través de la escuadra romana del Cantábrico. Derivado de ello, entiende que en Gijón pudo existir un faro similar a la Torre de Hércules de La Coruña, aunque es evidente que no ha llegado hasta nuestros días.

 

22 noviembre 2016 at 9:15 am Deja un comentario

La «Damnatio memoriae», el infame castigo del Imperio romano a no haber nacido nunca

Se sabe que los asirios, los hititas, los babilonios, los persas y después los egipcios (véase el ejemplo de Hatshepsut o Akenatón «El faraón hereje») ya había aplicado penas similares

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Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
22 de noviembre de 2016

Los romanos reverenciaban a sus ancestros, decoraban sus villas con episodios heroicos de los más eminentes y velaban porque los apellidos fueran legados de generación en generación, aunque hubiera que recurrir a hijos adoptivos para salvarlos. La memoria familiar era uno de los ejes de la sociedad romana, hasta el extremo de la condenada al olvido se situaba en la cúspide de los castigos más crueles. Los romanos imaginaban la historia de la humanidad como un lugar cuyas páginas más oscuras podían, simplemente, ser arrancadas y sustituidas por nuevas.

El nombre moderno de este castigo «Damnatio memoriae» significa literalmente «condena a la memoria». Es decir, condenado a no haber existido nunca. Se trataba de un castigo reservado para determinadas personas que los romanos querían borrar por completo de cualquier forma de recuerdo, ya fuese en textos, grabados, murales, estatuas e incluso música popular

La «abolitio nominis», que prohibía que el nombre del condenado pasara a sus hijos y herederos, y la «rescissio actorum», que suponía la completa destrucción de su obra

Este castigo del período imperial, no en vano, tenía su origen en varios mecanismos para provocar la muerte civil en tiempos de la República. Entonces existían la «abolitio nominis», que prohibía que el nombre del condenado pasara a sus hijos y herederos, y la «rescissio actorum», que suponía la completa destrucción de su obra política o artística. Ese fue el caso de Marco Antonio, cuyas estatuas fueron derribadas a su muerte por orden de su último enemigo, César Augusto, según Plutarco:

«Sus estatuas fueron derribadas: pero las de Cleopatra se conservaron en su lugar, por haber dado Arquibio, su amigo, mil talentos a César, a fin de que no tuvieran igual suerte que las de Antonio».

Emperadores contra el Senado, la venganza

No fue hasta el Imperio romano cuando se llegó a un nuevo nivel de perfección en el borrado de la memoria. El «damnatio memoriae» era una herramienta legal al alcance del Senado y una forma de que la aristocracia se cobrara su venganza contra los abusos del Emperador una vez hubiera fallecido. El proceso solía ir acompañado de la confiscación de los bienes del difunto «damnificado», el destierro de su familia y la persecución y exterminio físico o moral de sus partidarios. Además se decretaban anuladas las leyes que hubiera sacado adelante o éstas se le achacaban a sus sucesores.

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El Emperador Cómodo era conocido por sus ostentosos espectáculos y su constante enfrentamiento con el Senado

No obstante, la mayoría de estas condenas fueron consecuencia de las represalias de los nuevos Emperadores, en su mayoría responsables de la muerte de sus antecesores, y de su afán de consolidarse en el poder. Así fue el caso de Publio Septimio Geta, hermano menor de Caracalla, que fue asesinado por su hermano y posteriormente recibió el infame castigo. Muchos de sus seguidores fueron asesinados y su legado borrado del mapa. Por su parte, a la muerte Maximiano, en el año 310, su sucesor impulsó un damnatio memoriae por el que se ordenó la destrucción de cualquier elemento público que le hiciera alusión.

De otros emperadores se conocen procesos directamente vinculados con su mala relación en vida con el Senado. Por ejemplo, a la muerte de Domiciano, el Senado emitió la condena y autorizó que sus monedas y estatuas fueron fundidas, sus arcos derribados y su nombre eliminado de todos los registros públicos. En este mismo sentido, Nerón fue declarado «enemigo del Estado» por el Senado aún antes de su muerte y varias de sus representaciones destruidas.

De Cómodo, el Emperador gladiador, el Senado decretó su damnatio memoriae tan solo un día después de ser ahogado en el baño por uno de sus libertos. Aquella condena le convirtió en enemigo público, ordenando el derribo de sus estatuas y la eliminación de su nombre de los registros públicos.

En el otro extremo, cabía la posibilidad de que el Senado se reuniera para elevar a la categoría de divino al emperador fallecido. El Apoteosis era el equivalente de reconocer que el Emperador estaba en proceso de «ascender al cielo de los dioses». En este caso el personaje pasaba a ser reconocido como un dios –véase el caso del divino Julio César o el augusto Octavio– se celebraban lujosos funerales en su honor, se le erigían templos e incluso se les reconocía como un astro del firmamento (catasterismo).

Estas «damnationes minores» podíar ser establecidas por senados locales, de alcance mucho más limitado

Más allá de los altares y los tronos, esta condena también iba dirigida a ciudadanos corrientes que hubieran cometido crímenes especialmente censurables, sobre todo aquellos relacionados con la traición al Emperador o al Senado. Tal fue el caso de Lucio Elio Sejano, favorito de Tiberio, al que se le acusó de liderar un amplio complot contra su soberano. O el caso del ex cónsul y gobernador Cneo Calpurnio Pisón en 20 d.C., quien se suicidó tras ser responsabilizado de la muerte de Germánico. A consecuencia de ello, el Senado dictó un senadoconsulto que proponía borrar su nombre de los documentos oficiales y confiscar sus bienes.

En este sentido, las conocidas como «damnationes minores» podíar ser establecidas por senados locales, de alcance mucho más limitado y cuyas razones rara vez tenía que ver con motivaciones políticas.

Del Antiguo Egipto a la Edad Media

No fueron los romanos los primeros ni lo últimos en atentar contra la memoria. Se sabe que los asirios, los hititas, los babilonios, los persas y después los egipcios (véase el ejemplo de Hatshepsut o Akenatón «El faraón hereje») ya había aplicado penas similares a los romanos. En muchas de estas culturas quienes no tenían nombre no podía existir y, por lo tanto, borrar el nombre de un personaje del recuerdo suponía impedirle disfrutar de una vida en el más allá.

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«El Papa Formoso y Esteban VI», por Jean-Paul Laurens

Siguiendo con la tradición romana, en la Alta Edad Media, el Papa Esteban VI ordenó que el cadáver del Papa Formoso fuera exhumado para someterlo a un juicio por sus pecados. Además de borrar su legado y anular sus decisiones como pontífice, el nuevo Papa orquestó la espeluznante escena de juzgar a un cadáver en avanzado estado de descomposición, en lo que hoy es conocido como el Sínodo del Terror.

Otros muchos personajes históricos han aspirado a borrar de un plumazo todo rastro de sus rivales. Todavía en el siglo XX varios dictadores han impuesto borrados colectivos, «vaporizaciones», diría George Orwell en su novela «1984». Sin ir más lejos, el régimen de Stalin prohibió toda mención de los nombres de sus enemigos y eliminó a éstos de la prensa, libros, registros históricos, fotografías y documentos de archivo. La lista de «personajes incorrectos» afectó a León Trotsky, Nikolái Bujarin, Grigori Zinóviev y a otros líderes políticos que fueron cayeron en desgracia a ojos del dictador.

La cuestión es ¿tuvo alguna vez éxito pleno estas condenas? ¿Alguien ha logrado borrar todo rastro de un personaje a lo largo de la Historia? Evidentemente sería imposible saberlo. Si funcionó y consiguieron borrar la memoria de un personaje o pueblo sería hoy un desconocido. Sin embargo, la experiencia de miles de años ha demostrado que se necesita algo más que recortar una fotografía o romper una estatua para eliminar un legado vital. Resulta una tarea sumamente difícil la de destruir en tantos trozos a sus enemigos.

 

22 noviembre 2016 at 9:13 am Deja un comentario


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