Archive for octubre, 2016

Por qué la hidra es ‘inmortal’

El mito se vuelve real y los científicos estudian la morfología de estos pólipos

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Hércules lucha contra la hidra de Lerna. / ZURBARÁN / MUSEO DEL PRADO

Fuente: ÒSCAR CUSÓ  |  EL PAÍS
28 de octubre de 2016

En la mitología griega, la Hidra de Lerna era un monstruo del inframundo con forma de serpiente de múltiples cabezas. En el segundo de sus doce trabajos, Heracles tuvo que matarla. No fue una misión fácil, cada vez que cortaba una cabeza, dos más surgían de nuevo. Para evitar que se regeneraran, su sobrino Yolao quemó los muñones de los cuellos. Luego Heracles tomó su única cabeza inmortal y la enterró bajo una gran roca. Al fin, acabaron con la bestia policéfala. Desde entonces, la Hidra de Lerna ha inspirado a los científicos tanto por su aspecto como por sus poderes.

En el año 1736, Abraham Trembley se encontraba en Sorgvliet, cerca de la Haya, haciendo de tutor de los hijos del Conde de Bentinck. En una de sus clases, encontró un extraño organismo en una muestra de agua proveniente de un estanque. Un diminuto monstruo verde con múltiples extremidades. Al contarlas, se sorprendió. Cada individuo tenía un número diferente. Esta irregularidad hizo dudar a Trembley; ¿se trataba de un animal o de una planta? Para solventar la cuestión, cortó uno de ellos por el centro. El naturalista quedó estupefacto al ver que cada mitad regeneró en un nuevo individuo. Un propiedad, más bien, propia de las plantas. Estos resultados no lograron convencerlo: “De acuerdo con el razonamiento detrás de este experimento, habría tenido que concluir que se trata de una planta. Sin embargo, estaba muy lejos de arriesgarme a tomar tal decisión», ya que los movimientos espontáneos y erráticos del minúsculo espécimen balanceaban su juicio. Pero con paciencia y perseverancia, Trembley encontró la prueba que necesitaba: ¡observó cómo el monstruito comía!

La experimentación sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la ciencia e Hydra no deja de asombrarnos

René Antoine Ferchault de Réaumur, un polímata francés, puso punto final al quebradero de cabeza de Trembley. Gracias a una fluida y detallada correspondencia con el suizo, Réaumur pudo probar y reafirmar que el organismo en cuestión se trataba de un animal (concretamente un pólipo, una de las formas de los cnidarios, la otra es la medusa). En una de sus cartas, Trembley apodó a uno de sus ejemplares como Hydre, en referencia al mito griego, y siete años más tarde, Carl Linnaeus clasificó a estos pólipos propios de aguas dulces bajo el género Hydra. Antes de los experimentos y la taxonomía, Hydra ya había sido descubierta por otro gran científico; Antonie van Leeuwenhoek, así como por un inglés anónimo. Pero en ciencia, más allá del qué y el quién, es el cómo. El reconocimiento de Trembley dentro la comunidad científica reside en su proceder. Con una investigación reiterada y minuciosa, una observación aguda y crítica y cierta cautela con las metas y las conclusiones, sentó las bases de la metodología experimental. Abraham Trembley cambió la biología para siempre.

'Hydra viridis'. Wikimedia Commons.

‘Hydra viridis’. / WIKIMEDIA COMMONS.

La experimentación sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la ciencia, e Hydra no deja de asombrarnos. A finales del siglo XX, el profesor Daniel Martínez, reportó que Hydra vulgaris no envejecía. Después de estudiar esta especie durante cuatro años, vio que lucían tan bien como el primer día. Sus células no se deterioraron. La Hydra es eternamente joven y potencialmente inmortal. Su codiciado poder se encuentra en sus células madre. Gracias a ellas, se regenera y se reproduce sin sexo. Puede recuperar partes dañadas, como observó Trembley, y crear pequeños clones de sí misma. Recientemente, el profesor Thomas C. G. Bosch y su equipo han descubierto una proteína en las células madre que parece ser clave en el antienvejecimiento. «Si se elimina el gen FoxO, la Hydra envejece», apunta Bosch, aunque aún no está claro cómo funciona. En realidad, más allá de Hydra, FoxO podría ser la fuente universal de la eterna juventud. Los humanos tenemos versiones de este gen, y algunas son más comunes en gente que vive más de 100 años. Quizás algún día el tiempo no nos pase factura.

La Hydra ha superado a su predecesor ficticio. No hay ningún Heracles que luche contra su poder, sino más bien científicos que trabajan duro para desvelarlo. La regeneración y la inmortalidad de la Hidra de Lerna han quedado en segundo plano ante el pólipo de aguas dulces. Su estudio ha abierto nuevos caminos en la biología, y sus secretos, en un futuro hipotético, podrían hacernos inmunes al paso del tiempo. Puede que sea un sueño, pero lo que una vez empezó como una fantasía ha acabado en ciencia. El mito de la Hidra se ha vuelto real.

Òscar Cusó (@oscarcuso) es biólogo, director y guionista de documentales de naturaleza, ciencia e historia. Ha trabajado en diferentes series y largometrajes para cadenas como la BBC, National Geographic o TVE.

 

29 octubre 2016 at 9:49 am 1 comentario

La riqueza romana emerge en Baelo

El análisis del ‘Doríforo’ permite identificar piezas de una docena de canteras diferentes del Mediterráneo. La UCA calcula que hay 10.000 metros cuadrados con hallazgos por excavar

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Presentación del libro ‘Las Termas Marítimas y el Doríforo de Baelo Claudia’, ayer. Foto: UCA

Fuente: MARÍA E. SELVA > Algeciras  |  Europa Sur
29 de octubre de 2016

El conjunto arqueológico Baelo Claudia, situado en la ensenada de Bolonia, está muy vivo. Las últimas investigaciones desvelan la pujanza económica que marcó al enclave en su época romana. Hace tres años, el profesor titular de Arqueología de la Universidad de Cádiz (UCA), Darío Bernal, desveló el hallazgo de un conjunto termal marítimo en la zona del suburbium -zona periurbana- tras unas excavaciones en las que también se localizó una escultura, que se identificó como una copia del Doríforo, del conocido escultor griego Policleto.

Cinco años después del comienzo del proyecto de la UCA, de la mano de la Delegación Territorial de Cultura y la dirección de Baelo Claudia, se ha publicado un monográfico -en español e inglés- que permitirá dar una dimensión internacional al hallazgo para que llegue a manos de investigadores de todo el mundo.

Esta publicación fue presentada ayer por la delegada territorial de Educación, Remedios Palma; junto al responsable de Publicaciones de la UCA, José Marchena; el director de Baelo Claudia, Ángel Muñoz, y el director del proyecto arqueológico, Darío Bernal, que inició su intervención apuntando que «no todos los días se descubren edificios nuevos en yacimientos cuyo uso se pueda demostrar, no es lo habitual».

Bernal recordó que el hallazgo no fue casual. El equipo investigó con técnicas geofísicas el barrio pesquero-conservero. Descubrió esta zona desconocida y los sondeos arqueológicos confirmaron que había termas, las segundas de Baelo. Han aparecido más de 5.000 fragmentos de placas de mármol en el conjunto termal, que aún hay que estudiar, y la mayoría de la decoración era mármol coloreado procedente de países como Egipto o Túnez.

El investigador explicó, para dimensionar lo que aún puede dar de sí Baelo, que de la zona termal nueva sólo se han excavado unos 100 metros cuadrados y tienen total certeza que, al menos, hay 10.000 metros cuadrados en los que hay hallazgos.

Doríforo de Baelo

Doríforo de Baelo

En el libro hay una presentación de las termas junto al estudio del famoso Doríforo -significa el portador de lanza-, una obra clásica de Policleto -siglo V a. C.-. Bernal recordó que «es la primera vez que se encuentra en la España romana una copia de esta obra, está realizada en mármol importado, y tras los análisis científicos se ha podido demostrar que el material procede de una de las canteras de las Islas de Paros, en el Egeo, que eran las más prestigiosas del mundo antiguo».

La importancia del hallazgo de la escultura permite, según Bernal, demostrar que la construcción del conjunto termal se ornamentó con un programa decorativo del más alto nivel de la época. De hecho el Doríforo se ha estudiado desde el punto de vista artístico por la profesora Isabel Rodá y su equipo. Analizaron las piezas identificando más de doce procedencias de las principales canteras del Mediterráneo.

La escultura apareció fragmentada delante de la hornacina donde debía estar colocada. En el siglo V, sin saber los motivos, se tiró. Los fragmentos dentro de la terma se han posicionado en su lugar y se ha restaurado y colocado en la pieza, que aproximadamente tiene el 65% de la totalidad de la escultura. Bernal considera que antes o después aparecerá el resto, como la cabeza, que probablemente esté en el entorno.

Junto a la copia del Doríforo apareció una punta de lanza en hierro, también restaurada, que formaba parte de la escultura. Por la importancia de la misma lo lógico es que fuera de oro o mármol, pero en este caso es de hierro.

El profesor insistió en que la escultura permite reflexionar sobre quién construyó las termas así como el momento de pujanza económica de la ciudad en el siglo II a. C., incidiendo sobre la importancia de Baelo entre el siglo II y el V.

El monográfico tiene cinco capítulos, en el primero se presentan las fases de las termas y la historia de la ciudad. El segundo y tercero giran en torno a la escultura, desde el contexto arqueológico al análisis estilístico, tanto datación como paralelos. Bernal recordó de hecho que hay menos de diez piezas como el Doríforo en todo el mundo y con lanza ninguna, ni tampoco información equiparable a la que se tiene sobre la hallada en Baelo. «Toda esta convergencia de factores provocan que esta escultura halla adquirido una relevancia a nivel nacional e internacional». Por ello el libro permitirá que el hallazgo y el estudio quede escrito y se pueda leer y difundir.

El investigador de la UCA subrayó que todo se ha hecho en un tiempo récord. Las investigaciones empezaron en el 2010 y ya se han publicado avances en revistas científicas. Y en cinco años se ha publicado una monografía, un periodo corto en referencia a lo que se tarda en descubrir, excavar, procesar, estudiar y publicar.

El monográfico permitirá ayudar a documentarse por lo menos a tres generaciones, aunque se vaya actualizando. Deontológicamente es muy importante publicar las excavaciones. «Si no desnudas científicamente y no publicas todos los datos luego los investigadores no pueden venir detrás», señaló Bernal, que auguró además que traerá mucho debate científico.

Los coeditores del libro son, además de Bernal, José Ángel Expósito, José Juan Díaz y Ángel Muñoz, éste último director del conjunto arqueológico de Baelo Claudia. Demuestra el trabajo conjunto entre la Consejería de Cultura y la UCA. Han contado además con fondos del Ministerio de Economía y Competitividad, a través de proyectos de investigación, y con el apoyo del Campus de Excelencia Ceimar y del Instituto Catalán de Arqueología Clásica. Los autores del libro denotan que para hacer investigación arqueológica se debe recurrir especialistas de diferentes campos.

El estudio que se recoge en el monográfico permite replantear la historia de la ciudad. En el mismo sitio donde se hallaron las termas hay estratos anteriores así como desde la época de su funcionamiento hasta la época de Adriano y Diocleciano. Luego llegan las evidencias del abandono del edificio y su reocupación en época Tardo Antigua, así como vestigios de seísmo y reocupaciones pesqueras o militares.

El Doríforo, prácticamente desde su hallazgo tras ser restaurado en el propio laboratorio de Baelo Claudia, se expuso al público dentro del discurso museográfico del conjunto. Destacar además que entre publicaciones, estudios y excavaciones han participado unas 50 personas, desde profesores a alumnos, siendo un valor añadido el esfuerzo de la UCA por investigar a la vez que forma a su alumnado.

 

29 octubre 2016 at 9:42 am 1 comentario

Hallan el templo del Foro romano de Llívia

Las excavaciones realizadas en los meses de septiembre y octubre en el foro romano de Iulia Libica (Llívia, Girona) han confirmado la existencia de un edificio de grandes dimensiones situado en el centro del foro. Se trata del templo situado sobre un podio de dos metros dentro de una gran plaza porticada y que presidía el foro.

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Detalle de la cella del templo

Fuente: ICAC
28 de octubre de 2016

El Ayuntamiento de Llívia y el equipo de arqueólogos que dirige los trabajos de excavación, liderado por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y el ICAC, han presentado hoy los resultados obtenidos en la campaña.

Pavimento y fragmentos de estatuas

En el interior de la cella del templo se ha encontrado pavimento de opus signinum rectangular delante de un basamento de obra sobre el que estaría la estatua de culto. En las paredes se conservan restos de la decoración pintada. También ha aparecido otro basamento de estatua de granito.

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Fragmento de escultura de una mano

Junto al podio se ha encontrado un muro de época tardorromana con fragmentos de piezas de mármol reutilizadas para construir. Algunos corresponden a estatuas monumentales, probablemente de mármol de Carrara. Destacan un trozo de rostro en el que se aprecia el ojo y parte del cabello, una mano de grandes dimensiones con un anillo, un busto con el pelo bien conservados y la parte inferior de una toga o una túnica.

Según los arqueólogos las esculturas son representaciones de divinidades o emperadores divinizados. En los próximos meses se estudiarán para identificar la procedencia del mármol y la correspondencia iconográfica de los personajes.

El único foro romano del Pirineo

El de Llívia es el único foro conocido ubicado en un valle pirenaico. La ciudad de Iulia Libica era la capital de los ceretanos, pueblo que tenía el derecho latino y como tal se le dotó de un foro. Otras ciudades romanas cercanas en las que hay documentados otros foros romanos, como Lugdunum Covenarum (San Bertrán de Cominges), están situadas ya al pie del Pirineo.

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Vista general de la excavación de este año

Excavaciones desde 1996

Las excavaciones se iniciaron hace veinte años dejando al descubierto los restos de este yacimiento. En la actualidad, la excavación reiniciada en 2013 es parte de un proyecto de investigación dirigido por el catedrático de la UAB e investigador del ICAC, Josep Guitart , con la participación de diversos investigadores y estudiantes de arqueología de la UAB.

Los estudios y hallazgos de campañas anteriores ya demostraron que el foro se abandonó en el siglo III dC y que los materiales nobles se reutilizaron. Encontramos nuevas fases constructivas que hicieron uso de la arquitectura original hasta el siglo VII dC.

El proyecto ha sido posible gracias al Ayuntamiento de Llívia, la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Generalitat y la Diputación de Girona. Las instituciones prevén realizar un proyecto que permita poner en relieve y aprovechar los valores arqueológicos y monumentales de este foro romano de Llívia.

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Planta general del foro

28 octubre 2016 at 6:54 pm Deja un comentario

Paul Veyne: «La destrucción de Palmira es un crimen contra los recuerdos»

La destrucción sufrida por Palmira (Siria) por la acción deliberada del Estado Islámico es no solo un atentado contra el patrimonio histórico y arqueológico, sino «un crimen contra los recuerdos» y contra la memoria de quienes habitaron esta ciudad siria hace 2.000 años.

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Vista de las ruinas del Castillo de Palmira (castillo de Fakhr-al-Din al-Ma’ani) en dicha ciudad histórica en Siria. EFE/Archivo

Fuente: EFE  |  YAHOO Noticias

Madrid, 27 oct.- Esa es la opinión que expresa a Efe el arqueólogo e historiador francés Paul Veyne, especialista en la Roma antigua y con energía, a sus 86 años, para alzar la voz y denunciar tanto una «dramática destrucción» como el desconocimiento generalizado de «lo que era exactamente Palmira».

En «Palmira, el tesoro irremplazable» (Ariel) traza un retrato breve y destinado al gran público sobre la larga y rica historia del sitio grecorromano de Palmira, el más suntuoso de los excavados por los arqueólogos junto a Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía).

«Cuando supe de la destrucción de templos en Palmira -los de Baal Shamin y Bel principalmente- estaba tan furioso que como no podía sacar un fusil, decidí escribir el libro».

Una obra que es una versión aligerada de un volumen más detallado y erudito que Veyne escribió hace quince años sobre la brillante historia de Palmira, en el que ahora el autor incluye algunas reflexiones sobre la destrucción de algunas de sus joyas arqueológicas, así como fotos del antes y el después de que fuera tomada por el Estado Islámico.

«Con la destrucción de Palmira por la organización terrorista Dáesh, toda una parte de nuestra cultura y de mi objeto de estudio acaban de volar brutalmente en pedazos», señala Veyne en la introducción.

Y se pregunta: «¿Por qué un grupo terrorista saquea los monumentos inofensivos de un lejano pasado (o los pone a la venta)? ¿Por qué destruir esta Palmira que fue declarada por la Unesco patrimonio mundial de la humanidad?».

Tras la salida del EI en marzo pasado, se pudo constatar la desaparición del Arco del Triunfo y la destrucción de los templos de Baal Shamin y Bel, además de graves daños en el Hipogeo de los Tres Hermanos.

«Hablamos de una destrucción dramática», asegura Veyne en una conversación telefónica.

Por un lado «se han destruido vestigios, reliquias que no son reliquias de una religión sino de la Humanidad» y por otro es «un atentado, un crimen contra un momento histórico (…), contra nuestros hermanos de hace 2.000 años».

Porque la mayor parte de los restos arqueológicos de Palmira corresponden a la época de ocupación romana, que se desarrolló desde el siglo I a.C hasta el III d.C.

Unos restos «suntuosos», de una riqueza solo comparable a la de Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía), resaltó el historiador, para quien el objetivo de los terroristas islámicos no es tanto la destrucción en sí misma sino atacar a las convicciones de Occidente.

«Saben que nosotros, los occidentales, respetamos los momentos del pasado humanos. Ellos no, para ellos la historia comienza en el año 622» cuando el profeta Mahoma huye de La Meca a Medina.

Antes de esa fecha, solo existen los «falsos dioses» y por eso para el EI destrozar Palmira es un ataque directo y voluntario contra Occidente, no un acto de guerra, señaló el experto.

Además han elegido Palmira y no otros lugares arqueológicos porque antes de la guerra era uno de los puntos más visitados por los turistas occidentales.

Y a la destrucción de algunos de los templos mejor conservados de la ciudad se une el tráfico ilícito de piezas, que están siendo vendidas a coleccionistas principalmente de América del Sur y Japón, resaltó Veyne.

Un problema, alertó, que ahora afecta a Siria pero que se podría extender a lugares como la Alhambra o la catedral mezquita de Córdoba, también en el punto de mira de los islamistas.

Como señala Veyne en el cierre de su libro: «Decididamente, no conocer, no querer conocer más que una cultura, la propia, es condenarse a vivir en la oscuridad».

 

27 octubre 2016 at 2:55 pm 1 comentario

Un camarero rompe un dedo a una valiosa estatua del British Museum

El hombre chocó contra la escultura el año pasado y el museo lo ocultó hasta restaurarla

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La Venus de Townley en exhibición en el el British Museum. / THE TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUM

Fuente: EL PAÍS
27 de octubre de 2016

La secuencia parece sacada de una película de Mr. Bean. Sin embargo, es real. Londres, seis de la tarde del pasado 10 de diciembre. Una empresa de catering contratada por el British Museum ultima los preparativos para un evento corporativo en una sala de la pinacoteca. Alrededor, lucen hermosas estatuas de varios maestros griegos y romanos. Un camarero se agacha para un arreglo. Al levantarse no se percata de que a su espalda, demasiado cerca, está la Venus de Townley, obra del primer o segundo siglo d.C., de valor «incalculable», según la BBC. Así que el hombre y la diosa chocan. Y el pulgar de la mano derecha de la estatua cae al suelo. Por lo menos, el dedo resultó intacto y pudo ser restaurado sin problemas por el museo.

La pinacoteca no hizo público lo ocurrido. Pero la historia ha sido descubierta y publicada ahora por la revista especializada The Art Newspaper, que ha reconstruido lo ocurrido aquella tarde. La publicación también apunta a que el museo no ha querido identificar la compañía de catering implicada, aunque destaca que ha de ser una de las nueve que suelen ser contratadas habitualmente por el British Museum.

Una portavoz del museo informó a The Art Newspaper que la ruptura del pulgar fue «limpia» y que pudo ser arreglada de forma rápida y directa. Y el centro añadió en un comunicado que se ha tomado el incidente «en serio». «La preservación de nuestra colección es de importancia fundamental. Nuestros conservadores expertos han podido restaurar perfectamente la obra y ha permanecido expuesta al público», añade el documento.

The Art Newspaper añade que el British Museum ha tomado también medidas para evitar episodios parecidos en el futuro. «Hemos dado pasos para asegurarnos de que no se repita. Todo el personal que está implicado en eventos que no sean vigilados ha sido entrenado para ofrecer la mejor protección de las obras», ha declarado una portavoz.

En 2012 otro visitante protagonizó un incidente con la misma estatua, y resultó dañada una mano que también tuvo que restaurarse. La escultura es una copia de otra griega, la Diosa del Amor. La copia de mármol del museo londinense mide dos metros de alto y se encontró en Roma en 1775 y la compró Charles Townly, de ahí su nombre. Sus descendientes la vendieron al museo en 1805.

 

27 octubre 2016 at 2:52 pm Deja un comentario

Una familia de Sevilla negocia pagar sus impuestos con un busto romano

  • La pieza podría salir de España si la Junta y los dueños no se ponen de acuerdo sobre su valor
  • La obra, bien conservada y de gran valor artístico, está depositada ahora en el Museo Arqueológico de la ciudad

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Busto del emperador Octavio Augusto, hallado en 1955 en Lora del Río – ABC

Fuente: M. J. PEREIRA  |  ABC de Sevilla
25 de octubre de 2016

La Consejería de Hacienda de la Junta de Andalucía negocia cobrarse el impuesto de sucesiones que tiene que abonar una familia sevillana con un busto romano de valor excepcional hallado en 1955 en Lora del Río y hoy en depósito en el Museo Arqueológico de Sevilla, según ha podido saber ABC. El expediente de dación en pago está abierto desde hace varios años pero ha encallado con la tasación que se hace de la pieza de arte y sobre la que no hay consenso con la familia propietaria. Fuentes consultadas por ABC señalan que si finamente la Junta de Andalucía y los dueños del busto no llegan a un acuerdo, la obra de arte podría salir de España si finalmente se vende a un museo o coleccionista extranjero.

En las negociaciones para la dación en pago del impuesto de sucesiones han participado la consejerías de Cultura y Hacienda de la Junta de Andalucía. La parte más interesada en quedarse con la pieza artística es la Consejería de Cultura, cuya titular es Rosa Aguilar, ya que supondría reforzar su colección en el Museo Arqueológico de Sevilla, que aglutina la mejor colección de escultura romana de España.

Situación delicada

La falta de acuerdo sobre la tasación de la obra de arte ha paralizado un expediente que podría estar resuelto hace años. Las cosas de palacio van despacio, pero tanto que en esta ocasión «la situación es delicada porque estamos hablando de una pieza de gran valor que podría acabar siendo vendida en el extranjero si la Junta de Andalucía no llega a un acuerdo sobre su valor», según ha podido saber ABC.

A la Consejería de Hacienda, cuya titular es María Jesús Montero, se le ha hecho llegar la importancia de que la Junta de Andalucía sea propietaria de esa pieza, «pero parece inasequible a cualquier sensibilidad patrimonial», añaden las mismas fuentes. Este medio intentó ayer sin éxito que la Consejería de Hacienda se pronunciara sobre las negociaciones para quedarse con el busto romano, pero la contestación oficial ha sido que «no hay información».

Al tratarse de un Bien de Interés Cultural, la Ley de Patrimonio de Andalucía concede al Gobierno autonómico los derechos de tanteo y retracto en caso de que existe otro posible comprador. Por tanto, la Junta tiene la última palabra.

En 2011, el Consejo de Gobierno de la Junta acordó inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural (BIC) el busto del emperador Augusto localizado en el Cortijo Ossorio, en Lora del Río. La obra es una pieza excepcional en España tanto por su calidad artística como por tratarse del único retrato del emperador datado en la antigua Hispania durante su mandato (27 a.C.-14 d.C.).

El busto fue descubierto en 1955 cuando se desarrollaban labores agrícolas en una zona muy rica en restos arqueológicos donde, según las fuentes documentales, se asentó la población romana de Flauium de Axati. La escultura es de mármol blanco «de grano fino y cristalino, de 27 centímetros de altura y 25,2 de anchura, carece de policromías y su tamaño supera ligeramente a la escala natural. La base del cuello indica que formó parte de una estatua de cuerpo entero en la que el emperador podría manifestarse como máxima autoridad militar o magistrado .

El retrato destaca por la fuerte expresión del rostro y la mirada profunda, que transmiten las cualidades de dignidad, majestuosidad, firmeza, solemnidad y clemencia, inherentes al título de augusto. El esculpido del pelo es realista y laborioso, aunque la parte trasera de la cabeza está simplemente esbozada, debido a la probable colocación de la escultura dentro de una hornacina.

Especial significación

El busto de Lora del Río, que ha sido comparado con el de los Museos Capitolinos de Roma, presenta una especial significación vinculada a los inicios del proceso de difusión del poder imperial. Es uno de los tres descubiertos hasta la fecha en la Bética romana. Los más cercanos al de Lora del Río proceden del yacimiento sevillano de Itálica, aunque se adscriben a momentos posteriores (uno de época de Tiberio y otro de Tiberio-Claudio).

Una escultura de «valor excepcional»

El valor del busto de Octavio Augusto hallado en 1955 en el cortijo Ossorio de Lora del Río (Sevilla) y declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Andalucía es «excepcional» en cuanto a su calidad artística y conservación, a decir de los expertos consultados por ABC. Estamos hablando de una pieza única en el mundo, hecha durante el mandato del emperador romano Octavio Augusto (27 a.C.-14-d. C.) con «mármol lunense», un tipo de mármol extraído de las canteras de Carrara (Italia). La obra es propiedad de los herederos del dueño de la finca donde fue hallada. Este busto es uno de los tres hallados en la Bética romana y de los cinco de la antigua Hispania (los otros dos se localizan en Mérida y Zaragoza)

 

26 octubre 2016 at 12:03 pm 1 comentario

La tumba de Alejandro Magno, el rompecabezas que tampoco Napoleón supo resolver

Durante dos años sus compañeros de armas se empeñaron en construir un mausoleo de oro macizo con la figura en relieve del Magno. La estructura contaba en sus extremos con columnas jónicas de oro y en sus laterales incluía escenas de la vida del general

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Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
26 de octubre de 2016

La localización de la tumba del gran conquistador de la Antigüedad resulta uno de los casos más misteriosos de la arqueología mundial. No tanto por lo que puede haber en su interior, como por el hecho de que durante siglos su ubicación era archiconocida. La visitaron emperadores, reyes, gobernantes y grandes personajes hasta que, mientras se venía abajo el Imperio romano, se le perdió el rastro para siempre.

Alejandro cayó enfermo el 2 de junio del 323 a. C. tras un banquete en Babilonia donde había bebió grandes cantidades de vino. Durante casi dos semanas, Alejandro padeció fiebre alta, escalofríos y cansancio generalizado, unido a un fuerte dolor abdominal, náuseas y vómitos. El 13 de junio, cuando le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años de edad, falleció el dueño de media Asia sin dejar un heredero claro.

Durante dos años sus compañeros se empeñaron en construir un mausoleo de oro macizo con la figura en relieve del Magno. La estructura contaba en sus extremos con columnas jónicas de oro y en sus laterales incluía escenas de la vida del general. En el palio de púrpura bordada se encontraba expuestos el casco, la armadura y las armas del macedonio. Una vez finalizado, el mausoleo fue transportado desde Babilonia hacia Macedonia por 64 mulas que completaron un recorrido de 1.500 kilómetros. Sin embargo, los restos mortales nunca lograron alcanzar su lugar de nacimiento.

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Reconstrucción del catafalco de Alejandro según Diodoro (mitad del S. XIX) – Wikimedia

La guerra abierta entre los sucesores de Alejandro Magno fragmentó el imperio del macedonio y entregó la parte Egipcia a Ptolomeo, que se declaró a sí mismo Rey de Egipto. Mientras el cortejo fúnebre con los restos de Alejandro se dirigía a Macedonia, Ptolomeo se apropió de ellos y se los llevó a Egipto. En un principio, adaptó una tumba vacía que había sido preparada para enterrar al último faraón nativo de Egipto, Nectanebo II, y trasladó los restos del que fuera su general a una capilla dentro del templo del Serapeo de Saqqara, en la necrópolis de la antigua Menfis. La grandilocuente tumba se encontraba al final de una larga avenida de esfinges.

Una parada para los emperadores que se perdió

Al hijo de Ptolomeo, Ptolomeo II, no le parecía suficientemente lustrosa la localización y trasladó la tumba de Alejandro de Menfis a Alejandría (la más famosa de las 50 Alejandrías fundadas por el conquistador). Así creó un estructura monumental conocida como el Soma para el descanso del macedonio y el de su propia dinastía. El sarcófago era en su origen de oro, si bien Ptolomeo IX lo reemplazó por cristal debido a necesidades económicas e incluso es posible que cambiara su ubicación de nuevo. Allí lo halló Julio César cuando peregrinó a la tumba de su héroe de juventud. En el año 48 a. C, el romano llegó a Alejandría, después de haber perseguido a su enemigo Pompeyo, y tuvo ocasión de ver los restos.

Algunos, como Cayo Calígula, que la conoció en un viaje con su padre de niño, se apoderaron de distintos objetos presentes (en su caso de la coraza de Alejandro)

Su heredero político, César Augusto, también visitó la tumba en un acto plagado de propaganda. Cuando las dignidades griegas que le acompañaban le ofrecieron visitar las tumbas de los reyes Ptolomeos, el primer ciudadano de Roma les recordó que él no había ido a ver muertos sino a un rey. Ordenó que fueran sacados los restos de Alejandro de su tumba, adornando el cadáver con flores y una corona de oro. Según las fuentes del periodo, cuando Augusto estiró la mano para tocarle la cara a Alejandro le rompió de forma accidental un pedazo de nariz.

A partir de entonces, la visita de los emperadores de Roma a la tumba de Alejandro se convirtió en «protocolaria». Algunos, como Cayo Calígula, que la conoció en un viaje con su padre de niño, se apoderaron de distintos objetos presentes (en su caso de la coraza de Alejandro). Por el contrario, Septimio Severo ordenó sellar el acceso a la tumba al ver lo poco protegida que estaba, en el año 200 d. C. La última supuesta visita fue la del emperador romano Caracalla, en 215, que afirmó haber sido poseído por el espíritu de Magno.

Con la decadencia del Imperio romano, Alejandría se vio azotada por distintos saqueos y revueltas, que terminaron por perder el rastro de la tumba del general. Si bien hay evidencias de que todavía en el siglo IV la tumba seguía en su lugar original, no se puede constatar que saliera intacta en el 365 del gran terremoto seguido de un tsunami gigantesco, que provocó estragos en las regiones costeras y ciudades portuarias de todo el Mediterráneo oriental. En Alejandría los barcos fueron levantados hasta los tejados de los edificios que quedaron, lo que hace probable la destrucción del mausoleo del Soma.

A partir de ese momento se perdió el rastro a la tumba, ya fuera porque fue destruida en el terremoto o en los saqueos que acompañaron los años finales del Imperio romano. No así a los restos mortales del conquistador. Libanio de Antioquía mencionó en un discurso dirigido al Emperador Teodosio, que el cadáver de Alejandro estaba expuesto en Alejandría de forma pública. Probablemente fue retirado y separado del sarcófago, lo que explicaría que la expedición de Napoleón lo hallara vacío en el siglo XIX.

La devoción por estos restos finalizó de forma abrupta cuando Teodosio publicó una serie de decretos para prohibir el culto a los dioses paganos, entre los que destacaba Alejandro. Aquí se perdieron también los restos.

Una búsqueda obsesiva entre los arqueólogos

En la célebre expedición que Napoleón condujo en 1798, se descubrió un antiguo sarcófago vacío situado en una capilla en el patio de la mezquita Atarina en Alejandría. Los lugareños aseguraban, basándose en la creencia medieval de que el gigantesco sarcófago se había quedado limitado a una pequeña capilla, que se trataba de la tumba de Alejandro Magno. No obstante, los arqueólogos que acompañaban al «Gran corso» albergaba sus dudas y no fueron capaces de resolver el rompecabezas todavía vigente.

En 1801, Edward Daniel Clarke llevó el sarcófago al Museo Británico de Londres y dio pie a que Champollion descifrara los jeroglíficos. Después de que los británicos transportaron el sarcófago a Inglaterra entre 1802 y 1803, la mezquita se deterioró rápidamente, y pocas décadas después había desaparecido. No en vano, el monumento contenía una pista, una inscripción que anunciaba que el sarcófago pertenecía al faraón Nectanebo (Nectanebo II, aclararon investigaciones posteriores).

El egiptólogo italiano Evaristo Breccia lo buscó casi de forma desesperada en la zona de la mezquita de Nabi Daniel (a no muchos metros de donde estuvo la de Atarina)

El asunto se cerró en falso sin sospechar, en ese momento, que Ptolomeo se había apoderado de la tumba de Nectanebo II (él huyó de Egipto cuando llegaron los macedonios y su tumba quedó vacía) para enterrar a Alejandro Magno. Distintos autores han insistido recientemente en que la respuesta al misterio está en esta mezquita de Atarina en Alejandría, concretamente en la costumbre de los ptolomeos por reciclar elementos arquitectónicos de sus antecesores.

Pero esta no ha sido la única teoría, siendo que la mayor parte de los esfuerzos por encontrar la tumba o los restos del conquistador se han centrado en Alejandría. El egiptólogo italiano Evaristo Breccia lo buscó casi de forma desesperada en la zona de la mezquita de Nabi Daniel (a pocos metros de donde estuvo la de Atarina) y en Kom el Dick. Todo ello sin éxito. Como explica Valerio Massimo Manfredi en su libro «La tumba de Alejandro: El enigma», el sucesor de Breccia, el arqueólogo Achille Adriani, decidió cambiar la dirección de las búsquedas hacia el cementerio latino de Alejandría, en la zona sudeste de la península del Lochias. Tampoco él logró dar con la tecla.

Fuera de la ciudad, otros estudios han buscado la tumba en el oasis de Siwa, el lugar donde Alejandro fue acogido por los sacerdotes egipcios como el hijo del dios Amón. Así como en la antigua Anfípolis, una importante ciudad del reino de Macedonia, a 100 kilómetros al este de Tesalónica, la segunda ciudad de Grecia. En este sentido, los arqueólogos anunciaron el año pasado que lo más probable es que esta tumba esté dedicada a Hefestión, el amigo más íntimo de Alejandro Magno.

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Mosaico hallado en el pavimento de la tumba de Amfípolis – ABC

Pero más allá de saber dónde está la tumba, al menos cabe preguntarse qué fue de los restos tras la prohibición de Teodosio de adorar a símbolos paganos. En 2004, el historiador británico Andrew Chugg planteó una curiosa pero poco probable teoría en su libro «La tumba perdida de Alejandro Magno». En su opinión, la venerada tumba de San Marcos en Venecia podría contener no los restos del evangelista, sino nada menos que el cuerpo de Alejandro Magno.

Sostiene este experto en el legendario rey de Macedonia que la confusión histórica sobre la suerte del cuerpo del mítico guerrero se explica porque el cadáver fue disfrazado de San Marcos para evitar su destrucción durante una insurrección cristiana. De esta forma, no fueron los restos de San Marcos (que algunas tradiciones dicen que fueron quemados) los que fueron robados por mercaderes venecianos unos cuatro siglos más tarde para devolverlos a su ciudad natal. Serían, en este caso, los restos de Alejandro Magno los que fueron llevados a Venecia.

 

26 octubre 2016 at 11:52 am 2 comentarios

Por qué leer a los clásicos

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Virgilio / EL MUNDO

Fuente: PEDRO G. CUARTANGO |  EL MUNDO
24 octubre de 2016

SIEMPRE he sentido inclinación a leer a los clásicos y he pasado ratos memorables con los textos de Homero, Platón, Virgilio, Dante y Shakespeare. He encontrado en ellos una profundidad y una compresión de la naturaleza humana que me han ayudado a entenderme a mí mismo.

Pero aprecio a estos autores no sólo por lo que transmiten, sino también por cómo lo transmiten. Nada más placentero que la métrica de La Eneida, un libro que me gusta leer en voz alta. En su testamento, Virgilio ordenó que se destruyesen sus versos, pero su protector Octavio Augusto no sólo lo prohibió sino que contrató a dos escribas para que copiasen la obra sin la más mínima alteración.

La Eneida tiene fragmentos maravillosos como cuando Eneas, fundador de Roma, se topa con su madre Venus, disfrazada de ninfa, tras su llegada a las costas de Libia después de perder parte de su flota.

Si uno lee este largo poema épico, inevitablemente encuentra hexámetros que parecen sacados de La Ilíada o La Odisea. El mismo Eneas, que sobrevive de la guerra de Troya, viaja por el Mediterráneo hasta llegar a las playas de Roma, al igual que Ulises retorna a Ítaca tras sufrir penalidades sin cuento.

Estos libros se han convertido en clásicos porque han tocado la fibra más sensible de los lectores de diferentes generaciones. Es imposible no conmoverse con la desesperación de Eneas al perder sus barcos en la tormenta provocada por Eolo o por el llanto de Príamo al pedir a Aquiles que le entregue el cadáver de su hijo Héctor.

En ese sentido, es imposible que la obra de Homero fuera la recopilación anónima de una serie de relatos míticos porque sus libros tienen vida, han sido escritos por una persona con una gran empatía hacia los sentimientos humanos hasta el punto de que cualquier lector de hoy puede reconocerse en sus personajes. El dolor de Aquiles por la pérdida de Patroclo es auténtico, no es una mera creación literaria, como sabe cualquier conocedor de La Ilíada.

Creo que quien no es capaz de leer a estos autores se pierde una dimensión de la existencia humana que sólo se puede percibir en estas grandes obras, que, al fin y a la postre, transmiten una acumulación de experiencia. Cuando uno lee a Shakespeare se puede dar cuenta de que los sentimientos de los hombres no han cambiado en cuatro siglos y que la tecnología es un barniz que apenas cubre una fractura interior que todos llevamos dentro.

No podría vivir sin estos libros porque sería como perder una parte esencial de mí mismo. En cierta forma, tengo la impresión de que somos depositarios de ese inmenso legado cultural del que formamos parte activa. Los clásicos no son ellos, somos nosotros. Yo soy Hamlet, Eneas, Don Quijote, Madame Bovary y Aquiles. Todos viven en mi interior y he sido un poco de todos ellos mientras leía estas obras.

Por eso me gusta tanto el final de Fahrenheit 451, la película de François Truffaut, cuando los personajes pasean por el bosque y recitan en voz alta los libros prohibidos que sobrevivirán en su memoria porque nadie podrá matar jamás a Homero.

 

24 octubre 2016 at 1:46 pm Deja un comentario

Las ventajas de tener muchos dioses

Las religiones de la antigüedad no creían en un dios verdadero por encima de los demás, una idea muy útil para el presente

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Mosaico romano en el Museo del Bardo (Túnez). / G. A.

Fuente: MAURIZIO BETTINI  |  EL PAÍS
23 de octubre de 2016

Resulta raro hojear un libro de un filósofo contemporáneo sin toparse con una cita de Platón, al tiempo que cualquier ensayo, de divulgación incluso, dedicado a la democracia —tema crucial en los últimos años— se inspira a menudo en los textos que describen el sistema de gobierno ateniense. Decimos esto para apoyar una tesis, evidente por lo demás: la cultura antigua no se limita a proporcionar material de trabajo para los estudiosos profesionales del mundo clásico, sino que sigue siendo fuente de inspiración para la producción cultural contemporánea. Este razonamiento, como es lógico, se aplica también a la literatura, al arte, al teatro: pocas piezas son tan representadas hoy día como el Edipo rey de Sófocles, y los modernos montajes de tragedias griegas constituyen muy a menudo auténticas reescrituras. En conclusión, podemos decir que la producción cultural griega y romana sigue proporcionando alimento para la de hoy. Pero ¿y la religión? ¿Tiene hoy también la religión de los antiguos esa misma capacidad y desempeña el mismo papel?

La pregunta podría parecer extraña porque, al menos en la percepción común, no se concibe la religión como una forma de producción cultural semejante al teatro o al arte. La religión da siempre la impresión de ser “algo más”. En realidad, deberíamos saber que no es así, pues de lo contrario no habría tantas y tan diferentes religiones en el planeta, del mismo modo que hay en él muchas y muy diferentes culturas. Que la religión es un producto cultural, en cualquier caso, es taxativamente cierto para las civilizaciones antiguas, en las que las estatuas (las que hoy admiramos en los museos) se destinaban a menudo a proporcionar imágenes para el culto; mientras que en el centro de la orquesta, cuando se representaba una tragedia, había un altar de Dionisio. No cabe duda, en definitiva, de que en el mundo antiguo la religión constituía una producción cultural a todos los efectos, mejor dicho, una encrucijada en la que se entretejían múltiples formas. Pero entonces, ¿por qué la antigua religión sigue encerrada en los departamentos universitarios y no parece interactuar con la cultura contemporánea al mismo nivel que el teatro o la filosofía?

Con la aparición del cristianismo comenzaron los conflictos religiosos

La respuesta es obvia. Porque desde sus inicios el cristianismo fue construyéndose contra las religiones clásicas, relegándolas al territorio de la falsedad y el error. Y el cristianismo no sólo sigue estando muy vivo, a diferencia de las religiones antiguas, sino que se ha ganado el papel de religión dominante en muchos lugares del mundo y, sobre todo, ha modelado también con su horma buena parte de la percepción cultural de quienes han dejado de ser cristianos o no lo han sido nunca pero forman parte de una civilización poscristiana. De esta manera se ha eclipsado el hecho de que la religión antigua no es simplemente un batiburrillo de mentiras, como pretendían los padres de la Iglesia, o un fascinante repertorio de relatos “mitológicos” como mucho, sino otra religión o, mejor dicho, una religión, en la misma medida en la que lo son el cristianismo, el sintoísmo o el islam. Una religión de la que podemos seguir extrayendo aspectos de reflexión —al igual que pueden extraerse de otras creaciones del mundo clásico, como la filosofía o el arte— y, señaladamente, reflexiones que pueden ayudarnos a hacer frente a algunos de los graves problemas del mundo contemporáneo: sacándonos de los “cauces mentales” a los que 2.000 años de monoteísmo nos han acostumbrado, consciente o inconscientemente.

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Ciudad romana de Duga, en Túnez. / G. A.

El meollo de la cuestión estriba en lo siguiente: las antiguas religiones no conocieron el rasgo dominante de las religiones monoteístas, es decir, la idea de que no sólo hay una única deidad, sino que esta es la “verdadera”. Las religiones monoteístas han identificado hasta tal extremo esas tres nociones (deidad, unicidad, verdad) que resulta casi imposible concebir una sin las otras: un “dios”, si es tal, sólo puede ser “único” y “verdadero”. En las religiones antiguas no sólo las deidades eran muchas, sino que no se excluían mutuamente, no había divinidades “verdaderas” y divinidades “falsas”; ni tampoco se excluían entre sí deidades de diferentes culturas y religiones. Un romano no consideraba falsos a los dioses de los griegos o de los germanos; todo lo contrario, los consideraba “verdaderos” al mismo nivel que los suyos.

Los griegos y los romanos asumían dioses de otras culturas como propios

Esta actitud conllevaba dos consecuencias importantes: la primera era que los dioses de los otros podían ser asimilados a todos los efectos como propios, como ocurrió, por ejemplo, en Roma con la Magna Mater, procedente de Asia Menor; la segunda era que divinidades propias y divinidades ajenas podían incluso llegar a identificarse entre sí, como el Zeus griego identificado con el Júpiter romano, el Vertumnus romano identificado con el germánico Pisintus, y así sucesivamente. Como podemos apreciar, esta actitud de extrema apertura en relación con los dioses ajenos es exactamente lo contrario de cuanto ocurre en los sistemas monoteístas, en los que es imposible, por definición, aceptar dentro del propio panteón una deidad ajena o identificar el propio dios con el venerado por otros. La Iglesia no admitiría de ningún modo la posibilidad de venerar a Shiva además de a Jesús, o, peor aún, de identificar ambos dioses entre sí.

La consecuencia más importante, sin embargo, que la forma politeísta de concebir lo divino ha tenido en la vida de los hombres es la siguiente: la Antigüedad nunca experimentó un conflicto religioso. En otras palabras, a pesar de que los griegos y los romanos pudieran ensangrentarse en todo tipo de guerras y conflictos, nunca mataron o torturaron para afirmar la supremacía o la verdad de sus dioses sobre los de los demás. Como se ha producido, por el contrario, de forma sistemática y dolorosa a lo largo de los siglos en las culturas monoteístas; y como todavía sigue sucediendo hoy, por desgracia, con hombres que matan a otros hombres en nombre de su propio dios. Esa es la lección más valiosa que podemos extraer de las religiones antiguas.

Maurizio Bettini es profesor de clásicas en la Universidad de Siena. Acaba de publicar Elogio del politeísmo (Alianza Editorial). Traducción de Carlos Gumpert.

 

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23 octubre 2016 at 9:14 pm Deja un comentario

La Universitat Autònoma de Barcelona pide crear una base con los datos arqueológicos de la Península

El centro plantea el registro como una herramienta de fácil acceso para arqueólogos e historiadores de España, Portugal, Gibraltar y Andorra

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Monedas encontradas en el interior de una ánfora romana en Sevilla – EFE

Fuente: E. A. > Barcelona  |  ABC Cataluña
22 de octubre de 2016

La Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha propuesto la creación de una base de datos que recoja todos los hallazgos arqueológicos de la historia de la Península Ibérica. Según el investigador del proyecto, Joan Anton Barceló, «el objetivo es conseguir datar con precisión todos los objetos encontrados desde paleolítico hasta la época medieval en la Península».

La UAB accercó la propuesta la pasada semana al centenar de arqueólogos que acudieron al congreso «Iber-Crono: Cronometrías para la Historia de la Península Ibérica», celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB.

«La datación de objetos arqueológicos empezó en los años 50», precisa Barceló, para quien «ahora es el momento de ponerlos en orden en una base de datos». La propuesta es fruto de las experiencias y resultados de diversos proyectos de investigación en el Laboratorio de Arqueología Cuantitativa de la Autònoma, en colaboración con otros laboratorios europeos.

«Trabajar en coordinación»

El investigador Joan Anton Barceló declara que «estos datos son de difícil acceso porque es complicado saber cuáles se han publicado y dónde los podemos encontrar, y por eso es importante trabajar en coordinación con los distintos laboratorios de España».

La base de datos será una herramienta de libre acceso que podrán consultar, e incorporar los resultados, profesionales de arqueología, historia y historia del arte de España, Portugal, Gibraltar, Andorra y otras áreas como el sur de Francia o el norte de Marruecos.

 

23 octubre 2016 at 9:07 pm Deja un comentario

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