Nuevas huellas de la vieja Roma

26 mayo 2016 at 10:39 pm Deja un comentario

  • El hallazgo de nuevos campamentos militares levantados durante la conquista «aporta datos de por dónde avanzaban las tropas del Imperio»
  • «Estamos dibujando la ruta por la que discurrieron las legiones», dice Andrés Menéndez

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Talud y foso nevados del territorio ocupado hace 21 siglos por el campamento romano de Moyapán, en Allande. / E. C.

Fuente: PACHÉ MERAYO > Gijón  |  El Comercio
26 de mayo de 2016

Hasta hace bien poco, todo el conocimiento que de la conquista de Roma se tenía a este lado de la Península procedía de fuentes escritas casi en aquel presente. Textos de autores de la época que han permitido traer a nuestros días datos sobre aquella vieja guerra datada 29 años antes de Cristo. Pero a esa información «le faltan los detalles y desde luego las evidencias materiales». Lo afirma así el arqueólogo e investigador de la Universidad de Oviedo Andrés Menéndez Blanco, que, con un equipo de investigadores de universidades de Lisboa, Santiago y Madrid, ha empezado a reunir esas trascendentales «y necesarias» evidencias. Su método, la localización de los campamentos en los que «las tropas pernoctaban y a veces vivían durante unos días» en tiempos de batalla. «Teníamos solo datos sueltos, a veces inconexos y ambiguos. Ahora, con la información de los asentamientos militares, estamos logrando dibujar la ruta real por la que discurrieron las legiones romanas y llegaremos a delimitar el tiempo de la conquista con exactitud». En solo unos meses han sumado cinco enclaves militares de la época. Unos de gran tamaño, como el de El Xuegu la Bola, levantado en el Camín Real de la Mesa, que supera las diez hectáreas. Otros, como La Resiecha, «que no solo es pequeño, sino que está muy mal conservado». Recuerda el arqueólogo asturiano que el tamaño del campamento «dependía del de la tropa» y que siguiendo sus localizaciones podemos conocer sus avances militares. «Cada vez que paraban construían una de esas estructuras. A veces, se creaban solo para una noche». Es el caso del de Moyapán, en Allande. «Fue lo que se conoce como una ‘castra aestiua’ o campamento temporal de marcha». Pero aún siendo su eventualidad tan marcada, mantiene la estructura general. «Planta rectangular con las esquinas redondeadas, abrigada por un talud y un foso». De hecho es esa forma la que ha permitido su localización. No hay que olvidar que, desde 2001, en que fue evidenciada la existencia del primer campamento romano, el de El Picu Curriechos, el número de localizaciones no ha dejado de crecer hasta superar la veintena. Recuerda Menéndez Blanco que del trabajo del equipo en el que él colabora dependen cinco. «Todos descubiertos a vista de pájaro» y todos también «confirmados sobre el terreno».

La localización se inicia buscando entre miles y miles de fotos aéreas del territorio donde existen sospechas de presencia, incluso, leyendas locales. En la mirada que ofrecen las nuevas tecnologías de detección a distancia se puede observar ya la estructura rectangular «característica de un campamento ideal, conservado en condiciones óptimas». Una vez observado de cerca, la presencia de las tropas se evidencia al hallar el foso y el talud. «Ahora queremos encontrar material de superficie, como las piquetas que los romanos utilizaron para sujetar sus tiendas. También hay posibilidad de encontrar restos de tela y de otros metales. En ningún caso vestigios cerámicos, no solían viajar con ellos en tiempos de guerra».

El primer campamento que anotaron en sus libretas fue el de Moyapán. «Apareció de forma casual en 2007 mientras observábamos la fotografía aérea de una de las zonas mineras romanas más importantes del occidente asturiano». Entonces era el segundo recinto reconocido en Asturias después de El Picu Curriechos. «Ese asentamiento fue el que abrió nuestro camino en la investigación de la presencia del ejército romano en Asturias y León».

Después, con el tiempo y mucho trabajo, llegaron las confirmaciones, del Xuegu la Bola y el Cueiru (los dos en la vía de La Mesa), el Chao y La Resiecha (en Allande) y A Penaparda (en Los Oscos). Cada uno con sus peculiaridades y todos aportando nuevas huellas de la vieja Roma.

 

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