Archive for 23 mayo 2016

La ciudad que esconde la Seo de Valencia

  • La catedral acoge en el subsuelo calles romanas, una iglesia visigoda y una mezquita
  • Los últimos hallazgos debajo del museo diocesano permiten definir el plano de la urbe imperial del siglo I

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Fuente: PACO MORENO > Valencia  |  LAS PROVINCIAS
23 de mayo de 2016

¿Qué hay debajo de la catedral? Esa es la pregunta que asalta a los aficionados a la historia de Valencia después de observar las imágenes de los restos romanos y medievales destapados con motivo de la remodelación del museo de la Seo. Responder a esa cuestión obliga a internarse en un terreno donde la certeza se confunde con la intuición por la poca constancia que hay de otros hallazgos en épocas pasadas, aunque las intervenciones en el entorno sí que permiten trazar un callejero casi completo.

Las calles, casas y hasta rejas de la Valencia imperial se han encontrado a tres metros de profundidad, en la parte de la Seo que recae a la calle Barchilla. Pero hay otra ciudad anterior, la republicana, en un estrato inferior. «Puede haber restos en esa zona, pero no han bajado» para encontrarla, relata Albert Ribera, arqueólogo del Ayuntamiento de Valencia.

El experto desempolva carpetas de los años 80 y 90, donde guarda trazados de esa parte de la ciudad dibujados a plumilla, hipótesis que poco a poco fueron convirtiéndose en hechos. «Todo lo que está punteado es que se tiene constancia», indica del callejero que tiene su epicentro en la Almoina. Esta pequeña plaza puede considerarse el inicio de la búsqueda del plano de la ciudad antigua, donde ahora se añadirá con puntos la calle de la Seo.

Ribera tiene otras certezas respecto al subsuelo de la catedral, donde se sitúa la iglesia episcopal visigoda. Algunos elementos se encuentran en la exposición de la Almoina y en la cercana capilla-cárcel de San Vicente, pero buena parte de la nave se interna por debajo de la Seo, en dirección a la plaza de la Virgen.

¿Qué podría encontrarse en caso de excavar? Es un enigma, lo mismo que ocurre con la mezquita musulmana posterior, donde sí es seguro que el acceso que mira a La Meca (el minrab) se situaba en el lugar donde ahora se levanta la bella portada románica de la Seo. «De ahí hacia adentro», precisa el arqueólogo coordinador de la excavación de la Almoina, considerada algo así como el tesoro madre de donde nacieron todos los mapas y teorías de las ciudades antiguas.

Ribera está seguro también de que en la plaza del Arzobispado no se encontrarían restos de esa época medieval, precisamente porque en esos años nació como espacio público. Lo mismo que la aseveración de que es mucho más sencillo predecir descubrimientos de la ciudad romana que de las posteriores, auténticos callejeros anárquicos, donde las edificaciones tenían como premisa aprovechar construcciones anteriores. Por ejemplo, el baptisterio y el mausoleo de la iglesia visigoda se sirvieron de las sólidas piedras de la Vía Augusta.

Quizás los primeros visitantes que bajen a partir del día 7 al subsuelo del Museo Diocesano se lleven una ligera decepción, al comprobar que sólo hay piedras. Pero basta con pensar que sirvieron para que los habitantes del siglo I caminaran por esos pavimentos. Entonces surgen las emociones.

Pequeños fragmentos donde todavía se desconoce si se han encontrado utensilios, monedas o cualquier herramienta de aquella época. Los gobernantes de la catedral están desvelando el futuro museo y su contenido por etapas y hasta el mismo día de su apertura no se sabrá si hay más sorpresas.

De esos pedazos de historia salen en muchas ocasiones los más fantásticos edificios. La mejor demostración se encuentra en lo que ocurrió hace años con el propio Ribera. La ‘Guía del Centro Arqueológico de l’Almoina’, editada por el Ayuntamiento en 2010, de Ribera, Isabel Escrivà y José Vioque, y una de las referencias para elaborar el gráfico adjunto, incluye una detallada descripción del circo romano que iba desde la sede de Comisiones Obreras, en la plaza Nápoles y Sicilia, hasta el Colegio del Patriarca.

Gracias a una decena de hallazgos que afloraron en otras tantas excavaciones, el arqueólogo fue capaz de dibujar un recinto donde cabían 10.000 espectadores, un aforo mayor a la población que habitaba Valencia en el siglo II. El último descubrimiento, clave por completar el conjunto, fue un tramo de la spina junto a la capilla de Santa Bárbara, en la iglesia de San Juan del Hospital, en Trinquete de Caballeros.

Pero para esbozar los enigmas que hay en el subsuelo de la catedral no es necesario irse tan lejos. La estructura principal de la Seo se levantó entre los siglos XIII y XV, por lo que hay numerosos testimonios en los alrededores más próximos de edificaciones anteriores.

Sirva como anécdota que el proyecto elegido por el Colegio de Arquitectos en 1999 para remodelar la plaza de la Reina y que ahora ha retomado el Ayuntamiento se llama Titolivio.es, que toma el nombre del famoso historiador romano. La iniciativa de los arquitectos Miguel del Rey, Íñigo Magro y Antonio Gallud incluye la excavación y posterior excavación de los restos encontrados junto a la catedral, en la parte que va desde la calle Barchilla hasta las inmediaciones de la puerta de los Hierros. Además, se basa en el perímetro de la muralla romana republicana para delimitar una de las zonas de la pretendida plaza, que ahora los técnicos municipales deben proyectar.

Ribera indica también trabajos realizados como en la calle Subida del Toledano, donde se levantó durante unos años un edificio efímero junto al actual en ruinas, llamado Casa del Relojero. El Plan de Protección de Ciutat Vella prevé un inmueble de nueva planta, donde cerca del 40% del solar quedará como un patio interior visitable. Con seguridad, a la hora de acometer las obras aparecerán restos de la Valencia antigua. En caso de que pertenezcan a la urbe visigoda o musulmana, el desorden está asegurado.

En la parte opuesta, el libro titulado ‘Los primeros obispos de Valencia’, publicado por el Ayuntamiento, también de Ribera aunque en esta ocasión con Miquel Rosselló, muestra la fotografía de la excavación realizada en 2002 con el hallazgo del muro septentrional de la catedral visigoda. La intervención se realizó con precisión milimétrica y los fuertes cimientos están justo en el centro del enorme agujero, con un trazado que apunta a la girola, la parte trasera del altar mayor de la obra de arte convertida a su vez en una sucesión de estilos arquitectónicos que nacen en el gótico y acaban en el neoclásico.

Pero si hay algo seguro a la hora de apuntar los restos que hay debajo de la Seo, eso es el trazado de la ciudad imperial. Los agrimensores romanos eran gente muy seria, que no permitían grandes modificaciones sobre el manual establecido pese a las sucesivas destrucciones de la ciudad, todas reflejadas en el centro arqueológico de la Almoina, donde en uno de los paneles se comenta incluso que era lo normal.

La catedral visigoda se encuentra debajo de la Seo actual, en la parte norte, mientras que debajo de la primera estaba la Basílica romana. Parte de este inmueble puede verse en la exposición de la Almoina. Los estratos continúan hasta el nivel estéril, que esta zona llega a varios metros de profundidad.

Algo más al norte, los cimientos de la Basílica se asientan también con seguridad sobre restos de época romana, en especial el foro y otros espacios públicos. Durante la restauración del inmueble mariano se realizaron varias catas que destaparon muestras de pavimento. Incluso se barajó un proyecto de recorrido abierto al público por el subsuelo de la plaza de la Virgen, algo parecido a lo que acabó siendo la Almoina a mediados de la década pasada y con el riesgo de que la excavación se alargara lo mismo. Por ese motivo y la falta de financiación se descartó la iniciativa. Habrá que esperar a ver si en el interior de la catedral sucede lo mismo cuando se realicen nuevas intervenciones.

 

23 mayo 2016 at 2:16 pm Deja un comentario

Tàrraco Viva: El primer ejército profesional

Roma fue la primera en pagar un salario y proporcionar el equipamiento necesario a sus legionarios

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Cinco legionarios escenificaron la explicación de Cagigal sobre la evolución de los legionarios. Foto: Pere Ferré

Fuente: Francisco Montoya  |  Diari de Tarragona
22 de mayo de 2016

El primer ejército profesional de la historia, y el más eficaz que se recuerda. Así eran las legiones romanas en su época más esplendorosa, allá por el siglo I dC. Es la principal conclusión a la que llegaron ayer las varias decenas de asistentes al espectáculo sobre la Evolució de l’armament i vida quotidiana dels legionaris, ofrecido por Ricardo Cagigal, de JANO Recreaciones Históricas, en los restos arqueológicos de Parc Central.

Cagigal, un estudioso y divulgador del mundo antiguo, repasó durante casi tres cuartos de hora las metamorfosis que los legionarios fueron sufriendo desde sus primeros tiempos y hasta la caída de Roma, ayudándose de la presencia in situ de cinco soldados, a uno por etapa, que escenificaban visualmente esa evolución.

El primero de esos estadios, correspondiente al inicio de la legión, hacia los siglos VII y VI aC, mostró a un legionario aún incipiente. Una figura circunstancial, puesto que eran ciudadanos elegidos para combatir en una campaña concreta. Ellos mismos debían costearse su equipamiento, y de ahí que hubiera evidentes diferencias entre unos y otros. No todos, por ejemplo, podían permitirse espadas. Se trataba de hombres de entre 16 y 60 años, para nada profesionales, «simplemente ciudadanos armados», remarcó Cagigal, que durante algunos meses combatían hasta terminada la batalla. Y, con suerte, vuelta a casa.

La importancia de Cayo Mario

Emerge, en la siguiente etapa, la figura de Cayo Mario, político y militar romano y que fue quien llegó a la conclusión de que había que profesionalizar el ejército: «Pensó que sería mejor pagarles un salario a los legionarios, y proporcionarles a todos el mismo equipamiento, en lugar de tener que costeárselo cada uno. De este modo, se conseguía que fuera soldado todo aquel que tuviera ganas. Eran patriotas. Con la ventaja de que combatían contra ejércitos que no eran de patriotas, sino de mercenarios», expuso Cagigal durante la exposición.

Al ser profesionales, además, se contaba con ellos de forma permanente, no sólo durante la campaña, por lo que, cuando no estaban en el campo de batalla, se dedicaban a entrenarse y a perfeccionar tácticas. Fue en esa época cuando se comenzó a gestar, en palabras de Cagigal, «el ejército más eficaz jamás conocido. No era por el número de efectivos, sino por ese nivel de entrenamiento».

Un ejército que alcanzó su apogeo en la fase siguiente, la tercera, alrededor del siglo IdC, cuando su vestuario evolucionó y las protecciones para hombros y pecho pasaron a estar hechas de placas articuladas, en vez de malla, lo que «no sólo permitía protegerse del corte, sino también del pinchazo». Los escudos, antes pesados –de hasta 14 kilos– pasaron ahora ser más ligeros:no necesitaban ser tan aparatosos, gracias precisamente a las mejorías en las demás protecciones.

También la lanza evolucionó:su gran defecto en estadios históricos anteriores era que el enemigo, a menudo, podía reutilizarla y se acababan registrando numerosas bajas por culpa de lanzas propias. Ahora ya no: se diseñaron de tal forma que al impactar se doblaban y quedaban inutilizables.

Ocurre que Roma y sus recursos entraron en decadencia a partir del siglo III. La cuarta fase de la explicación de Cagigal enseñó a un legionario con vestimenta ya menos sofisticada, lanzas de nuevo más rudimentarias, un casco –que hasta la fase anterior habían sido cada vez más elaborados– de nuevo sencillo… Un proceso vivido en época de Trajano y que se culminó ya en la época final del Imperio, cuando el equipamiento del legionario pasó a ser «muy justito», en elocuente descripción de Cagigal, y «ya muy germanizado». De nuevo malla protectora en vez de plazas, lanza y casco todavía más simples… El esplendor del legionario del siglo I dC había quedado en casi nada, en metafórico paralelismo con el del propio Imperio.

 

23 mayo 2016 at 2:14 pm 1 comentario

Vuelve Ben-Hur: La Fórmula-1 del Imperio Romano

El ocio en el mundo clásico se entendía como un tiempo para el descanso y el placer. Las carreras de carros en Roma, de actualidad ante el próximo estreno del «remake» de «Ben-Hur», eran uno de los espectáculos favoritos en el Circo Máximo

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Jack Huston (que interpreta a Judah Ben-Hur), en la histórica escena de la carrera de cuadrigas de la superproducción que se estrenará en agosto en EE UU

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
22 de mayo de 2016

El concepto de tiempo libre en las sociedades occidentales remite invariablemente al mundo clásico, a Roma y, más allá aún a Grecia, y lo hace en su inicio con un rico trasfondo literario y filosófico, aunque haya derivado en un ocio vacuo y manipulador. Si el vocablo castellano ocio remite al latín «otium» el concepto en griego antiguo se expresaba con una polisémica palabra, «scholé», que ha resultado nada menos que en nuestra «escuela». En Grecia «scholé» significaba, a la vez, tiempo libre e instrucción. Frente a ello, la falta de ocio era la «ascholia» (con la alfa privativa), es decir, el «no-ocio», implicaba un cierto estado de servidumbre de lo físico y lo material. El tiempo libre, en el ideal de los buenos ciudadanos, había que dedicarlo al cuidado del espíritu y de la cultura. Existían, por supuesto, en el mundo antiguo maneras de pasar ese tiempo libre en espectáculos de muy variada índole, desde el teatro y las competiciones deportivas, hasta las representaciones de danza, mimo o juegos de habilidad o lucha. Desde luego, el ocio del hombre de bien, como nos dicen Platón o Aristóteles, era para dedicarlo no a espectáculos serviles que envilecieran el alma, sino a los goces supremos de la especulación científica y filosófica, a la escuela del alma, o al bien colectivo representado por la dedicación desinteresada al gobierno de la polis.

Otra cosa era el atletismo antiguo, que tenía implicaciones religiosas, al celebrarse en el marco de los grandes festivales panhelénicos dominados por las cúpulas dirigentes de todo el mundo griego, y suponía un espectáculo regido por un código ético elevado y elitista. También tenía otra consideración muy diferente, por sus matices políticos y educativos, el teatro en Atenas. Nuestro ocio actual, como se ve, no puede equipararse conceptualmente con un tipo de ocio antiguo, pues este presenta una gran variedad.

En Roma, a grandes rasgos, el ocio se concebía en general como un lapso de descanso y placer, de dispersión del espíritu. A diferencia del mundo griego, en el unitario estado romano, en el que primaban la expansión militar y económica, se dio una organización socioeconómica más compleja, de sostenida y creciente urbanización, diferenciación de sectores sociales y con grandes masas de desocupados «libres», lo que tal vez mantenía a la mayor parte de la población ajena a intereses comunes en el plano de las ideas.

La negación del «otium» romano, es el «neg-otium», de donde deriva «negocio», es decir, trabajo al que se dedicaban negociantes y mercaderes, pero también la gestión de las haciendas de los ricos ciudadanos que gobernaban el estado romano, la llamada nobilitas patricio-plebeya que será el sustento de las cúpulas dirigentes desde la República. Pronto surgió el problema de a qué convenía que cada clase social dedicara el tiempo libre. El ocio del ciudadano romano de pro había de ser empleado, lejos del servicio público y de los ojos de los conciudadanos, en una soledad fecunda que se dedica a la producción de obras literarias, sobre todo de historia o filosofía política, recogiendo el ideal griego de la scholé. Así lo manifiestan las obras de Cicerón y, más tarde, de Séneca sobre el tema. Pero, por otro lado, Roma atestiguará el uso de una especie de ocio popular en forma de espectáculos masivos con arreglo a intereses políticos, para tener controlada a la población con festivales, juegos, carreras y otros espectáculos.

Baños de sangre y muerte

Sin duda dos de los espectáculos favoritos de las masas eran las carreras del Circo Máximo, heredadas del mundo griego, y los juegos gladiatorios, una bárbara derivación de los agones luctatorios del atletismo griego, protagonizada por esclavos, y que acababa en baños de sangre y muerte. Las carreras de carros recogían indirectamente la tradición del olimpismo griego, en el que las carreras en el hipódromo eran el centro de los juegos por su espectacular desarrollo y por ser financiadas por los grandes potentados de la época, que eran realmente los que obtenían el honor y la gloria del triunfo. En Roma, frente a Grecia, era el auriga el premiado y no el dueño de los caballos y el carro, y se convertía en toda una estrella para la sociedad. Las carreras fueron un útil instrumento de dominación social: los ciudadanos más pobres podían acceder a este espectáculo, ofrecido por su líder político, y acercarse al emperador, que se unía de esta manera a su pueblo. El público se organizaba en facciones que apoyaban denodadamente a uno u otro auriga, llegando a protagonizar enfrentamientos violentos. Bizancio heredará la pasión por las carreras de carros de caballos en el famoso Hipódromo de Constantinopla, algunas de cuyas estatuas se pueden ver aun hoy en la Basílica de San Marcos de Venecia. Las facciones del circo constantinopolitano, más rebeldes que las romanas, llegaron a protagonizar sonadas revueltas contra emperadores como Justiniano. El control social se acabaría convirtiendo en descontrol.

Pero el circo romano y todo lo que lo rodea sigue fascinándonos hoy día, ya sea como espectáculo irrepetible o como mecanismo sociopolítico (panem et circenses), en ambos casos como precursor de lo que hoy hay. Pocas recreaciones han sabido captar la fascinante atracción de este espectáculo de masas, entre política, ostentación y entretenimiento, como la famosa y vibrante escena de la carrera de cuadrigas de la película «Ben-Hur» (1959), de William Wyler, protagonizada por Charlton Heston, que ahora ha tenido un «remake» que llegará a las salas de cine este verano y que pretende ser aún más espectacular.

Sin embargo, el concepto de ocio en el mundo antiguo era otra cosa muy diferente al «entretenimiento». Lo que nos cuenta la literatura antigua es que había que aspirar a la scholé griega o al otium cum dignitate encomiado por Cicerón, formativos del espíritu, y alejarse de las masas a las que los poderosos adulaban con fiestas y espectáculos. Roma supone un desarrollo de un ocio mal entendido, como entretenimiento vacío, arma de propaganda, embrutecimiento y dominación. El ocio se comienza a expresar en actividades concretas y colectivas, no ya en términos ideales, regido por la búsqueda de lo inmediato y del placer material y desprovisto de los parámetros de moralidad expresados por los filósofos griegos y latinos. El tiempo libre, en suma, se moderniza notablemente en Roma: se empezará a parecer, de forma precursora, a nuestra idea de ocio, que cada vez, por desgracia, es más alienante y ajena a lo intelectual. Mantener, pues, al pueblo entretenido y lejos de la reflexión parece ser uno de los objetivos del poder en todas las épocas. Otro había de ser el ocio culto del ciudadano.

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Charlton Heston al mando de su carro en «Ben-Hur» (1959)

Un año entero para preparar una secuencia mítica

La película «Ben-Hur» (1959), de William Wyler, contiene la más espectacular recreación de una carrera de cuadrigas de la historia del cine, pendiente de ser superada por su «remake» dirigido por Timur Bekmambetov (2016). La escena de la carrera, que estuvo preparándose durante un año, se inspira a su vez en la secuencia paralela de la primera versión de la película, de Fred Niblo (1925). Históricamente, pese a las licencias habituales, se trata de una recreación bastante fiel del circo y sus elementos clave, que permiten al espectador hacerse una idea de la magnificencia del Circo Máximo y de la potencia política que la comunión entre emperador y pueblo permitía en aquel espectáculo.

Un clásico popular que sigue vendiendo

La novela «Ben-Hur» del escritor Lewis Wallace, publicada en 1880, fue un éxito muy notable de público y tuvo una enorme fama en su tiempo y en la posteridad, gracias en parte al cine. Pese a ciertas carencias literarias que refieren sus críticos frente a otros clásicos de la novela histórica sobre el mundo romano –excelentes son «Quo Vadis», la introspectiva «La muerte de Virgilio» o la inolvidable «Memorias de Adriano»– «Ben-Hur» presenta de forma atractiva una narración que mezcla los aspectos más populares del mundo romano con el elogio del nacimiento del cristianismo. La combinación entre personajes ficticios y reales, así como la paráfrasis de la narrativa de los Evangelios, combinando romanticismo y espiritualidad, son una de las claves de su éxito. El autor dio su visión sobre el Jesús histórico y su contexto y realizó una obra histórica, romántica y a la par apologética que ha gozado del favor del público desde entonces. Lewis Wallace dijo que escribió «Ben-Hur» como una manera de interpretar sus propias creencias acerca de Dios y de Cristo. La novela ha sido muy popular desde su publicación; a menudo aparece en las listas principales de la literatura estadounidense como uno de los libros más vendidos.

David Hernández de la Fuente es escritor y profesor de Historia Antigua de la UNED

 

23 mayo 2016 at 2:13 pm Deja un comentario

Pompeya recupera su esplendor con Igor Mitoraj

Italia rinde homenaje al escultor franco-polaco con una gran exposición de treinta monumentales estatuas de bronce

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Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES > Roma  |  ABC
23 de mayo de 2016

El escenario es grandioso: las monumentales estatuas de bronce del escultor franco-polaco Igor Mitoraj, parecen como héroes y dioses que descendieron del Olimpo, para poblar las calles, plazas y casas de Pompeya, la ciudad romana destruida por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. El espacio expositivo es único en el mundo, para esta exposición póstuma de Mitoraj, anunciada entre las más bellas de Italia en el 2016, que se podrá admirar hasta enero 2017.

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Una de las esculturas de la exposición de Igor Mitoraj- ABC

Treinta esculturas de cinco metros de altura parecen surgir como sueños entre las ruinas de Pompeya. Da la impresión de que siempre estuvieron allí, desde hace 2.000 años, fundiéndose con el paisaje de las excavaciones. «Las obras de Mitoraj nos recuerdan el valor profundo de lo clásico en la cultura contemporánea. En Pompeya, como ha escrito Théophile Gautier en 1852, dos pasos separan la vida antigua de la vida moderna», ha subrayado el superintendente de la antigua ciudad romana, Massimo Osanna.

Estatuas caídas del cielo

Realizar esta exposición ha conllevado un trabajo extraordinario en todos los órdenes, incluso en el transporte, porque no pueden entrar camiones en Pompeya. Las estatuas se han hecho caer de forma espectacular, como bajadas del cielo para evitar daños a las excavaciones, utilizando grúas de 75 metros. Pompeya parece habitada ahora por dioses y creaturas mitológicas, porque estas obras parecen antiguas. «Las esculturas de Mitoraj parece que nacieron aquí. He visto muchos turistas, durante la instalación que ha durado quince días, preguntar de qué época eran», ha manifestado el director de la exposición, Luca Pizzi.

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Una de las esculturas de la exposición de Igor Mitoraj- ABC

Pompeya rinde así homenaje al escultor que murió en París en el año 2014, un artista enamorado de Italia, abriendo un taller en Pietrasanta, en la provincia de Lucca, en 1983. «Ahora, en Pompeya no solo están sus obras, sino también su historia. Nacido en 1944 en Oederan, en la Alemania nazi donde el padre, francés, era prisionero de guerra, y la madre, polaca, deportada, Igor Mitoraj conservó vivos aquellos recuerdos: los bombardeos de Dresde, la infancia vivida bajo el régimen soviético», ha explicado Richard Cork, que ha coordinado la publicación del catálogo de esta exposición con el título «Mitoraj y Pompeya». De esa infancia difícil deriva la obsesión del escultor por las estatuas clásicas, pero en ruina, agrietadas, abandonadas.

Maravilla y estupor

La exposición causa maravilla y estupor. Ha sido inaugurada por el presidente de la República, Sergio Matarella. Ha sido una presencia muy significativa, porque ha sido el primer jefe de Estado italiano en medio siglo que visita las excavaciones. Y es que el renacimiento de la antigua ciudad romana está ayudando a Italia a sentirse nuevamente orgullosa de sí misma. Cada día acuden más turistas. Tres millones visitaron Pompeya en el 2015. Pasear entre sus ruinas es todo un espectáculo con mil sensaciones. Se pueden admirar nuevas y sugestivas domus restauradas, con sus mosaicos y maravillosos frescos; visitar exposiciones como la titulada «La devoción religiosa antigua y moderna en Pompeya»; además, se perciben los olores procedentes de sus jardines reconstruidos con las mismas plantas y flores, dispuestas como hace dos mil años, gracias al regalo que dejó la lava del Vesubio.

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Una de las esculturas de la exposición de Igor Mitoraj- ABC

«Ha sido posible excavar en el terreno y encontrar los residuos orgánicos de las platas. Así con el análisis del polen sabemos con precisión dónde estaban y sobre todo de qué planta se trataba», explica la arqueóloga Grete Stefani. Seguramente es el primer gran ejemplo de arqueología botánica: limones, granadas, olivos, palmas y otras plantas evocan los olores y la cultura mediterránea. Se hace así irresistible la capacidad de comunicación que inspiran las ruinas de una civilización. Se está dando vida a Pompeya y este renacer permite, como demuestra la exposición de Mitoraj, establecer un diálogo con lo antiguo y clásico para comprender el presente.

 

23 mayo 2016 at 7:34 am 1 comentario


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