¿Sabían ustedes que sus hijos quieren ser humanistas?

20 mayo 2016 at 8:39 pm Deja un comentario

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Fuente: Universidad Internacional de Valencia

Emilia Mataix Ferrándiz
Profesora derecho romano del Grado en Derecho de la VIU
Investigadora, ERC Portus Limen (University of Southampton/ Université Lyon 2)

Resulta difícil no empezar un artículo en el que se habla de la importancia de la educación en humanidades citando el discurso que el difunto David Foster Wallace dio en la graduación de 2005 del Kenyon college (Ohio, USA)[1]. En éste, el autor utilizaba una metáfora, en la que dos peces jóvenes están nadando y se encuentran a otro pez más viejo en sentido contrario. El pez viejo les saluda con la cabeza y dice “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?” Y los dos peces jóvenes nadan un poco más y entonces uno de ellos se vuelve hacia el otro y dice “¿Qué diablos es el agua?”. Con este ejemplo, el escritor pretendía indicarnos que las realidades más esenciales son a veces las más difíciles de percibir. Aparte, Foster Wallace continuaba su discurso haciendo hincapié en el hecho de que los estudios en humanidades enseñan no sólo a pensar, sino a decidir cómo pensar. Obviamente, todos estos pensamientos resultan harto estimulantes y nos llenan de esperanza a los que, desde hace tiempo, nos dedicamos a trazar las huellas del pasado. Pero me gustaría dar una vuelta de tuerca a la metáfora de Foster Wallace. En ésta, el autor utiliza la dicotomía joven-viejo para indicar que este último ha podido conocer estas realidades esenciales, imaginamos que gracias a su madurez y todos los años dedicados a la reflexión. No vamos a negar ahora el conocido dicho de que sabe más el diablo por viejo que por diablo, pero vistos los últimos recortes de los departamentos de clásicas de muchas universidades, o las nuevas reformas educativas, quizá los jóvenes que sí quieren conocer estas realidades esenciales tienen algo más qué decir.

En una reciente entrevista para el Wall Street journal[2], el cineasta Werner Herzog acusaba estos recortes, indicando que “nos estamos privando a nosotros mismos de entender las raíces de nuestra identidad cultural”. Esta afirmación se corresponde con una realidad en la que, estos jóvenes que quizá tuvieron interés en entender y conocer el pasado no pudieron, no ya sólo por estos recortes en los departamentos, sino también porque, seamos sinceros, ¿qué futuro le espera al clasicista moderno? La imagen viva de la mujer romana moderna -que responde al nombre de Mary Beard- nos repite constantemente en sus artículos que Roma importa y que los romanos están vivos en nosotros[3]. Lo mismo dirán otros estudiosos de nuestros queridos griegos, fenicios, babilonios, etc. La afirmación de todos ellos será la misma que inspiraba la frase de Juan de Salisbury (citando a Bernardo de Chartres), “somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no porque la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura”. En resumen, el pasado nos puede dar respuestas acerca del futuro, ya que no podemos evitar la influencia de esta herencia cultural. Todas estas afirmaciones son también muy inspiradoras, pero, de nuevo, la pregunta que tantas veces me han hecho cuando indico a qué me dedico es ¿para qué sirve? Podría responder indicando todos estos argumentos acerca de la herencia, el conocimiento del pasado como forma de entender el contexto actual, el desarrollo del pensamiento crítico, etc. Pero esto no sirve de nada si no lo mostramos, si mantenemos el conocimiento del pasado encerrado entre los muros de la academia. Quizá la solución es hacernos más fuertes a través del público, haciendo a la sociedad consciente de la importancia del pasado. Por lo tanto, mi aviso para los amantes de las clásicas que pretendan continuar en este mundo es: renovarse o morir.

¿Cómo? Mediante la interdisciplinaridad y el uso de instrumentos digitales. Interdisciplinaridad implica no ser especialista, pero conocer un poco de varias materias que ayudan a contextualizar y entender mejor las fuentes de conocimiento. No son pocos los proyectos que se dedican a estos menesteres en la actualidad, desde la base de inscripciones eagle[4], el proyecto digital classicist[5], o nuestro proyecto europeo Portus limen[6]. El proyecto Portus Limen es una iniciativa financiada por el European Research Council, en el que se estudian de forma interdisciplinar treinta puertos romanos del Mediterráneo. El trabajo se desarrolla mediante la colaboración de profesionales de diversas materias, como arqueólogos, epigrafistas, cartógrafos, y finalmente, una jurista. Mi trabajo en el proyecto consiste en estudiar las inscripciones de mercancías (ánforas, barriles, lingotes, etc), y relacionarlas con el derecho romano, tratando de dilucidar cómo funcionaba el comercio a lo largo de las costas mediterráneas. De esta forma, intentamos darle un soporte firme a la evidencia, estudiándola desde la perspectiva de materias diversas. Aparte, el trabajo del proyecto está constantemente siendo presentado online y en conferencias en diferentes países. Nuestra intención es clara: relacionar disciplinas para lograr una mejor comprensión de las fuentes, además de acercar la antigüedad al público.

No quiero decir con esto que la interdisciplinaridad y la difusión esta sea la solución a todos los problemas que están sufriendo las humanidades hoy en día. De todos modos, creo que lo único que nos puede ayudar en estos tiempos difíciles es tratar de acoger a cuantos más acólitos podamos en el seno de éstas disciplinas. De esta forma, y viendo que la historia se repite, estaremos luchando contra un mal que ya manifestó Victor Hugo en la asamblea constituyente de 1848: “¿Qué pensarían, señores, de un particular que, disfrutando de unos ingresos de 1500 francos, dedicara cada año a su desarrollo intelectual […] una suma muy modesta: 5 francos, y, un día de reforma, quisiera ahorrar a costa de su inteligencia seis céntimos? […] ¿Cuál es el peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria. […] Han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es gloria.”

 

[1] La transcripción se puede leer en: http://www.metastatic.org/text/This%20is%20Water.pdf

[2] http://blogs.wsj.com/speakeasy/2015/06/17/werner-herzog-thinks-we-are-losing-touch-with-ancient-wisdom/

[3] http://www.theguardian.com/books/2015/oct/02/mary-beard-why-ancient-rome-matters

[4] http://www.eagle-network.eu/

[5] https://wiki.digitalclassicist.org/Main_Page

[6] http://portuslimen.eu/

 

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