¿Quién fue realmente Corocotta?

18 abril 2016 at 8:38 pm Deja un comentario

  • Solo citado por el historiador Dion Casio dos siglos después, no está ni siquiera claro que fuera cántabro, solo que recogió la recompensa que Augusto ofreció por él
  • Lejos de las interpretaciones documentadas de los historiadores están quienes le han hecho un icono

Corocotta

Estatua de Corocotta en Santander / Sane

Fuente: JOSÉ LUIS PÉREZ > Santander  |  El Diario Montañés    17/04/2016

Los episodios de las guerras astur-cántabras de conquista del norte de la península Ibérica por parte del Imperio Romano (29 al 19 antes de Cristo) mantienen muchas incógnitas sin resolver, a pesar de que en los últimos años varios arqueólogos han realizado importantes descubrimientos en Cantabria, en el norte de Castilla y León y en la vecina Asturias que han arrojado luz a los relatos de los historiadores romanos, incompletos e insuficientemente detallados para lo que hoy desean todos aquellos que tratan de reconstruir el pasado con rigurosidad y criterios únicamente científicos.

Sin embargo, hay anécdotas o citas como la que trae a colación a un rival de los romanos llamado Corocotta que se han convertido en legendarias fruto de interpretaciones cargadas de fantasía. Hace siete días, en estas mismas páginas de EL DIARIO, el doctor en Historia y arqueólogo Eduardo Peralta, pionero en la investigación arqueológica de las guerras cántabras, afirmaba en una entrevista que a Corocotta «se le ha presentado como un bandolero que se planta ante Augusto para cobrar su propia recompensa por entregarse. No huele a ser un hecho heroico, más bien se interpreta como un caudillo de los cántabros que en un momento puntual pacta con los romanos y por ello recibe un dinero. Las fuentes son fiables, pero no sabemos qué importancia tuvo. No obstante, no soy partidario de considerarle un héroe o un invento nacionalista».

Esta interpretación de un historiador que ha buceado en las fuentes y ha estudiado cómo los historiadores romanos han manejado episodios semejantes en otras zonas, no ha generado, por parte de algunos que como cada día es más frecuente opinan desde el anonimato que permiten los medios digitales, el respeto o el debate científico que toda hipótesis puede suscitar. Mucho más allá han ido aquellos que quieren que todos veamos a Corocotta como el gran caudillo de los cántabros en la Antigüedad que luchó con tenacidad y arrojo contra los conquistadores romanos, como el irreductible cántabro que desafió a Roma y mantuvo en jaque durante años al ejército de Augusto. Este perfil es válido y respetable para ejercicios novelescos como el que plantea Javier Lorenzo en su libro ‘El último soldurio’.

‘Bandido de Iberia’

El personaje de Corocotta únicamente aparece citado por las fuentes clásicas en una ocasión. Es el historiador y senador romano Dion Casio (155-después de 235) el único que le cita. Lo hace en su Historia Romana (LVI, 43, 3), pero no en el contexto de las guerras cántabras, sino al final del principado de Augusto y tras la muerte del emperador (año 14 d. de C.).

Al narrar algunas anécdotas de su vida, dice únicamente que Augusto estaba irritado con un «bandido de Iberia» llamado Corocotta y que ofreció una recompensa por él; que cuando éste se entregó voluntariamente no le causó daño y le entregó el dinero prometido por su captura. Nada más nos indica sobre la vida de Corocotta anterior o posterior a este episodio de la vida de Augusto, con el que el historiador grecorromano quiso ilustrar la magnanimidad del emperador.

En ningún caso se dice además que Corocotta se presentase audazmente a cobrar la recompensa y dejase boquiabierto a Augusto con su bizarro gesto de colarse hasta la tienda del mismísimo emperador (lo que les habría costado a los que estuviesen de guardia en las puertas del campamento y a la misma guardia personal del emperador un castigo ejemplar por incompetentes), como ha pretendido el chovinismo popular local, ni se especifica a qué pueblo pertenecía ni qué hechos de armas protagonizó para que merezca el rango de figura ‘heroica’.

La cita

Para que no existan dudas, Dion Casio dijo exactamente esto: «Se citaban estas cosas de Augusto, y se decía además que se enfadaba con quienes le habían ofendido pero sin llegar a perder el control, y que mantenía fielmente su palabra incluso con quienes no eran dignos de ella. Un ejemplo: en un primer momento llegó a estar tan enfadado con un tal Corocotta, un bandido famoso de Iberia, que prometió doscientas cincuenta mil dracmas (=denarios) a quien lo capturase. Pero como Corocotta acabó por entregarse voluntariamente, no sólo no le causó ningún daño sino que le entregó la recompensa prometida».

El episodio cuadra bien con un jefe de alguna comunidad indígena al frente de algunas fuerzas que se entrega al final de la guerra y al que Augusto trata con magnanimidad (seguramente para convencer a otros para que siguiesen su ejemplo).

El calificativo de ‘ladrón’ es habitual en los autores grecorromanos al referirse a los hispanos que realizaban incursiones depredatorias sobre otros pueblos, práctica muy extendida en la Hispania septentrional y entre los lusitanos.

Este tipo de incursiones depredatorias son típicas de los pueblos ganaderos de montaña. Incluso un gran caudillo como Viriato que derrotó a ejércitos romanos enteros recibió este calificativo por las incursiones de saqueo de los lusitanos.

Augusto visitó dos veces Cantabria y el escenario de las guerras cántabras -la primera para dirigir el triple ataque desde Segisama (Olmillos de Sasamón) en el 26 a. de C. y la segunda al término de las campañas de Antistio y Carisio en el 25 a. de C., que es cuando regresa de Tarraco (a donde se retiró el año anterior por su enfermedad)- e impone sus condiciones a los vencidos, tal como indica otro historiador antiguo, Floro, tras describir las campañas en Cantabria y antes de narrar las de Asturias: «mientras él invernaba en Tarraco. Después, presentándose él mismo, hizo bajar a unos de los montes, obligó a otros con rehenes, a otros los vendió en subasta según el derecho de guerra». Es en este momento donde tal vez podría encajar el episodio de Corocotta, según la interpretación de Eduardo Peralta.

La falta de datos alimenta las elucubraciones

Los historiadores contemporáneos dan credibilidad al relato de Dion Casio, quien, a pesar de que recupera la historia romana más de doscientos años después, bebe de otras obras que no han llegado hasta nosotros. No obstante, hay que preguntarse por qué otros historiadores antiguos que documentan las guerras cántabras no aluden a este episodio, cuando siempre se les ha atribuido tendencia a encumbrar la figura del emperador con grandes victorias sobre sus enemigos.

La falta de datos ha multiplicado las interpretaciones y una fácil de alimentar ha sido convertir a Corocotta en un símbolo de los cántabros –en Asturias no ha sucedido lo mismo– y de su oposición a Roma. Pero esto es complicado de entender si lo que sucede es que al final el ‘bandolero’ pacta, llega a un acuerdo con su rival, Roma, y por extensión con su máxima autoridad, Augusto.

Algunas interpretaciones más libres sobre este episodio las efectúa el historiador Ángel Ocejo un un libro titulado ‘Augusto y Corocotta’, que vio la luz en 2009.

 

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