“Corocotta no fue un héroe”

12 abril 2016 at 5:46 pm 1 comentario

Eduardo Peralta, que es pionero en la investigación arqueológica de este periodo, ha coordinado una publicación que identifica asedios de las legiones a castros de cántabros y astures

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El arqueólogo Eduardo Peralta

Fuente: JOSÉ LUIS PÉREZ  |  El Diario Montañés   11/04/2016

Más de dos décadas investigando las guerras de Roma contra cántabros y astures han ocupado a Eduardo Peralta Labrador (Santander, 1957), doctor en Protohistoria y Arqueología y académico correspondiente por Cantabria de la Real Academia de la Historia. Y en este periodo se han mezclado los trascendentales hallazgos arqueológicos en el antiguo territorio de los cántabros con los sinsabores fruto de las zancadillas de las administraciones que han escatimado los apoyos necesarios y la divulgación de los mismos. Ahora, con la publicación de las actas de un congreso sobre las guerras, se pone luz y se aglutinan hipótesis y conclusiones a raíz de los numerosos hallazgos en los que Peralta fue pionero, pero que el prefiere compartir con su equipo y con otros investigadores que siguen esta línea de estudio.

¿Dónde nace su interés por la historia?
Mi padre fue catedrático de Griego y en casa siempre ha habido libros de Historia Antigua. Me aficioné y estudié Historia. Luego hice una memoria de licenciatura sobre las estelas discoideas gigantes de Cantabria. Siempre me han interesado los pueblos prerromanos y así llego a las Guerras Cántabras.

¿Dónde está el punto de partida?
Con motivo de mi estancia en París, para hacer la tesis doctoral, tuve acceso a bibliografía especializada inexistente en España. Esta me abre los ojos sobre aspectos militares de época romana. Aplicando estos conocimientos en las salidas al campo, fuimos formándonos en lo que había que buscar, especialmente los campamentos romanos.

¿Contaron también con el apoyo de las nuevas tecnologías?
Especialmente de la foto aérea, que nos ha permitido en muchos casos identificar estructuras campamentales, con formas rectangulares y doble foso como sistema defensivo.

¿Qué límites había para conocer mejor este conflicto bélico?
Las fuentes clásicas estaban agotadas. Las últimas interpretaciones de la toponimia desmontan las hipótesis de investigadores anteriores, como se ha puesto de relieve en el Congreso de Gijón. Un buen ejemplo es Aradillos, un lugar que se ha identificado con el Aracillum de los textos clásicos, pero en esa localidad campurriana no hay evidencias arqueológicas. Sin embargo, en los años setenta, García Guinea recibió en el Museo unas monedas de Augusto procedentes de Cildá. Con esa pista, visité la zona pero el yacimiento era difícil de interpretar sobre el terreno sin otra perspectiva. González de Riancho, en su libro sobre la vía romana del Escudo, identificó la Espina del Gallego. Después, con el apoyo de la foto aérea se pudo localizar un campamento romano ‘de libro’ y el castro asediado.

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Excavaciones en el castro de La Loma

Tenemos un mapa de yacimientos que indica cómo y por dónde entraron las legiones

¿Cuál es el balance de más de dos décadas de investigaciones?
Ahora tenemos un mapa de yacimientos que indican cómo y por dónde se desarrollaron los ataques del ejército romano a cántabros y astures. Los castros tienen evidencias de que fueron atacados. Y, una vez vencidos los indígenas, los romanos dejaban allí un puesto de vigilancia, un castellum, una guarnición para que no fuesen reocupados

Cronológicamente, ¿cómo se desarrollan las Guerras Cántabras?
Creo que hemos conseguido descifrar cuatro fases. En un primero momento, Augusto y Antistio abordan el control de la Cantabria meridional. En la segunda campaña, el propio Antistio llega a la costa por los cordales, Cildá en Cantabria y Carissia en Asturias. En la tercera, se producen las sublevaciones, en época de Agripa, alguno de cuyos episodios debió tener lugar en el cerco a Peña Dulla, en la Merindad de Sotocueva, en Burgos. Finalmente, concluidas las Guerras, se aborda el control de territorio, con la implantación de campamentos romanos donde se mantiene una tropa para evitar nuevas revueltas como la que tuvo lugar en el 16 a. de C. En Cildá, una fecha de carbono 14 nos permite apuntar que hubo tropas hasta mediados del siglo I d. de C.

¿En qué contexto histórico y qué explicaciones encuentra para que el emperador Augusto pusiese tanto empeño en la conquista de estos territorios?
Augusto, tras llegar al poder, diseña un plan estratégico que contempla controlar todo el área atlántica y por tanto los puertos desde la zona de los astures hasta la de los aquitanos. Esto le facilitaría el gran objetivo que era conquistar Germania. Por el Atlántico podría abastecer al ejército de forma segura.

¿Hasta la fecha no se ha puesto mucho énfasis en la logística, en lo que implicaba el movimiento de las legiones para poder conquistar a cántabros y astures?
Un ejército como el romano precisaba una infraestructura de abastecimiento de tales dimensiones que es difícil de imaginar. Sobre este tema ofrecieron muchos datos los militares que participaron en el Congreso de Gijón, el general Francisco Ramos y el teniente coronel Francisco Jiménez. Solo un dato, cada ocho soldados, precisaban una mula para llevar todos los ‘bártulos’, la tienda de campaña… Así, es posible imaginar cientos de animales siguiendo a los ejércitos, pero también una gran logística para suministrar alimentos, agua y demás aspectos de primera necesidad.

Roma metió mucho ejército, siete legiones, y unos 20.000 hombre en el área de los cántabros

¿Cuántas legiones pudieron participar en las guerras?
Nunca pensé que estas guerras tuvieran tanta entidad ni que hubiesen dejado tantas evidencias, pero la arqueología nos ha iluminado en muchos aspectos. Los romanos metieron mucho ejército, como mínimo siete legiones, tres en el frente astur, tres en el frente cántabro y una más que entró por mar desde Aquitania. Para que nos hagamos una idea de la magnitud, en la Guerra de Judea intervinieron cuatro legiones y en la Guerra de las Galias César empezó con cuatro legiones y terminó con diez.

¿Cómo se traduce esto a número de efectivos?
Aunque Augusto reforma el ejército pasando a tener las legiones cinco mil hombres y 120 jinetes, esto no será hasta después de las Guerras Cántabras. En nuestro caso, podemos calcular que una legión tendría unos 4.000 efectivos, pero sin caballería. A ello hay que sumar las tropas auxiliares, caballería, infantería ligera y pesada, exploradores, arqueros… No era un número fijo, pero se puede cifrar en unos 3.000 más. Así, para un ataque en tres columnas al territorio cántabro bien pudieron participar unos 12.000 legionarios y unos 8.000 hombres en tropas auxiliares. Y otros tantos para el ataque a los astures.

¿Y qué oposición en número se encontraron de los cántabros?
El historiador Dion Casio dice que los cántabros estaban en inferioridad numérica, por lo que evitaban las batallas campales. Salvo una elite guerrera –la caballería–, la mayoría eran agricultores y ganaderos, no profesionales de la guerra, que se ponían al servicio de las armas puntualmente, cuando las circunstancias lo exigían. En un castro como el de La Loma (Santibáñez de la Peña, Palencia), por su extensión y, a falta de trabajos de campo que permitan conocer en profundidad sus estructuras habitacionales, podríamos hablar de unas 1.500-2.000 personas.

¿Cómo eran entonces los enfrentamientos?
Como ya hemos dicho, las batallas en campo abierto no eran lo usual. Siempre se ha hablado de ‘guerra de guerrillas’, pero no debemos ver a los cántabros como cuatro bandoleros. Empleaban grandes contingentes y atacaban las vías, los suministros de las legiones y a éstas cuando estaban en columna en orden de marcha, en situaciones comprometidas. En esas circunstancias los legionarios estaban impedidos para reaccionar con rapidez, porque llevaban el pesado escudo a la espalda que ataban con cinchas en el pecho. Además, portaban toda su impedimenta, su mochila, sus armas…

¿Pero en sus hallazgos arqueológicos han documentado asedios cruentos a asentamientos cántabros como el de La Loma?
Se trata de un castro con un extraordinario registro arqueológico que está rodeado por dos campamentos romanos. La muralla fue destruida, hay restos de incendios y se ha recuperado la mejor colección de puntas de fecha romanas de Europa, con tipologías desconocidas hasta la fecha. Incluso aparecieron restos humanos, el fémur de un varón, de unos 20 años, corpulento. En el interior del castro se han recuperado restos de cerámica indígena, realizada a mano con decoración estampillada y a torno con motivos geométricos pintados. De las tropas romanas, además de tachuelas, también se recuperaron fragmentos de cerámica común, escasos porque los militares empleaban vajillas metálicas.

¿Hay certeza de que Augusto estuvo en el teatro de las operaciones?
Sí, entre el 26 y el 25 a. de C. En este sentido las fuentes clásicas son fiables. Se cita a Segisamo, Sasamón. Pero no hay muchos más datos. Carecemos de esta parte de la historia que escribió Tito Livio, que fue contemporáneo de Augusto y que debió manejar fuentes de primera mano porque se relacionaba con la elite de Roma. Floro y Orosio son más escuetos en sus relatos.

¿Existe la posibilidad de disponer de nuevas fuentes?
Es muy difícil y remota la posibilidad. Algún códice medieval reutilizado…, pero realmente es muy complicado. En este sentido también cabe lamentar que no se haya conservado la autobiografía que realizó Augusto de sus años de juventud que termina con estas Guerras Cántabras.

¿Qué opina de Corocotta?
Le cita Dion Casio, pero no se aclara si es cántabro o astur. Se le ha presentado con un bandolero que se planta ante Augusto para cobrar su propia recompensa por entregarse. No huele a ser un hecho heroico, más bien se interpreta como un caudillo de los cántabros que en un momento puntual pacta con los romanos y por ello recibe un dinero. Las fuentes son fiables, pero no sabemos qué importancia tuvo. No obstante, no soy partidario de considerarle un héroe o un invento nacionalista.

En la actualidad, los proyectos de investigación y los trabajos arqueológicos de campo están interrumpidos. ¿Por qué razón si los datos que proporcionan están despejando muchas dudas sobre este periodo?
La paradoja es que cuantos más yacimientos y campamentos se han descubierto en el área cántabra es cuando más se han cerrado los proyectos de investigación. En Monte Bernorio se quiere hacer lo mismo. Hemos encontrado muchas dificultades por parte de las administraciones y no me refiero al Gobierno actual en el caso de Cantabria, sino a la etapa de Justo Barreda.

Aún por descubrir

Los grandes retos: localizar las batallas del Medulio y del Vindio

Eduardo Peralta, sin apenas dudar, afirma que, si vuelve a los trabajos de campo, le haría mucha ilusión «encontrar el Monte Medulio que citan Floro y Orosio, y que Dion Casio describe como la épica batalla en la que los cántabros se suicidan, en la campaña de Cayo Furnio del 22 a. de C. Éste realizó un gran cerco, de varios kilómetros, similar al asedio a Alesia por Julio César. Los cántabros, ante la imposibilidad de escapar, se suicidan con espadas y con el tejo (árbol venenoso)».

El arqueólogo apunta algún detalle más: «Cayo Furnio es uno de los que conquistan la vertiente costera, por lo que creo que el Medulio puede estar entre la zona oriental de Asturias y la occidental de Cantabria. Además, tenemos otro dato, Cayo Furnio, cuando termina con esta batalla, pasa a ayudar a Carisio, que había sido asediado por los astures».

¿Yel monte Vindio? Peralta afirma que «sabemos que hubo una batalla campal entre cántabros y romanos en el 25 a. de C. Los indígenas midieron sus fuerzas con las legiones de Cayo Antistio a los pies de ‘Bergida’. Derrotados se refugiaron en el monte Vindio, otro sitio que está pendiente de localizar».

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