El primer gran pensador

20 febrero 2016 at 11:20 am 1 comentario

socrates-escultura

Escultura que representa al pensador Sócrates (470-399 antes de Cristo).

Fuente: MANUEL HIDALGO  |  EL MUNDO   20/02/2016

La pieza de Mario Gas y Alberto Iglesias narra la muerte de Sócrates tal y como la describió su discípulo Platón en uno de sus diálogos: bebió la copa de cicuta, se puso a pasear, comenzó a sentir las piernas pesadas, se tumbó boca arriba, empezó a perder sensibilidad por los pies y a notar un frío y una rigidez ascendentes, percibió ese frío y esa rigidez en el vientre y entonces se acordó de que debía un gallo a Asclepio y pidió a Critón que se lo pagara. Eso fue lo último que dijo Sócrates. Critón le cerró los ojos y la boca. Así murió, según Platón, “el mejor hombre que conocimos, el más inteligente y el más justo”. Sucedió en Atenas, en el 399 a.C., y Sócrates tenía 70 años.

Había nacido en el arrabal ateniense de Alopece, en el que su padre, Sofronisco, se desempeñaba como cantero y escultor, llegando a participar después en las obras del Partenón. Sócrates tuvo un hermanastro, Patrocles, fruto del primer matrimonio de su madre, la comadrona Fainarate. Tuvo la oportunidad de estudiar música, gimnasia, matemáticas y poesía y se inició en la filosofía con Arquelao. Pero Sócrates conoció el trabajo manual y el empleo de las armas: siguió brevemente el oficio de su padre como artesano del mármol y de la piedra y participó como hoplita -soldado raso de a pie- en tres batallas de la Guerra del Peloponeso, en las que demostró valor y por las que fue condecorado. Esa guerra determinó la decadencia de Atenas frente a la hegemonía de Esparta.

Anthony Kenny, en su Breve historia de la filosofía occidental, confirma que Sócrates fue un tipo “descuidado y feo, panzudo y chato”. Debido a su modo de entender la austeridad no se cambiaba mucho de ropa, evitaba los placeres de la comida y la bebida y vivía desinteresado del confort material. Se labró fama de persona risible, al ir con esas pintas por calles y plazas haciendo preguntas a la gente.

Ése fue su dialéctico sistema de enseñar a pensar y a conocer, la mayéutica, un sistema de preguntar y obtener respuestas para obtener un mejor conocimiento de uno mismo y de las cosas. Sócrates pensaba que el conocimiento y el bien son lo mismo, pues quien sabe la verdad no puede obrar mal.

La imagen de Sócrates sufrió un serio revés cuando el comediógrafo satírico Aristófanes, en el 423 a.C. (aproximadamente), se mofó de él en Las nubes, presentándolo en actitud meditativa metido en un cesto que colgaba de un árbol. Pero el agudo Aristófanes hizo en su obra algo peor y que traería más cola: le acusó de sofista.

Los sofistas, inmediatamente anteriores a Sócrates, habían cogido mala fama -aunque eran utilizados por los ricos para enseñar a razonar a sus hijos- por estar considerados unos escépticos relativizadores que preferían la esgrima de la discusión al hallazgo de la verdad.

Me paso ahora a mi viejo manual universitario de Historia de la Filosofía, dos volúmenes de más de 1.300 páginas en total. ¡Eso era estudiar! El profesor Johannes Hirschberger, que arremete contra los sofistas, reconoce, sin embargo, que Sócrates tuvo mucho de sofista, pero que fue sofista para superar los sofismas y desentrañar los saberes y los valores de validez universal. El saber y el valor son para Hirschberger los pilares de la filosofía socrática, que influyó, con muchas variables y divergencias, en los estoicos e, incluso, en los epicúreos.

Como es sabido, charla que te charla, Sócrates no escribió un solo libro. Su pensamiento fue recogido por su discípulo y amigo Platón -que añadió cosas de su cosecha- y, enseguida, por Aristóteles, que nació 15 años después de la muerte de Sócrates.

Mario Gas y Alberto Iglesias han tomado materiales para su pedagógico y didáctico texto de las fuentes indirectas disponibles. Platón, Jenofonte, Plutarco y Diógenes Laercio son algunas de esas fuentes que, no obstante, no son en todo coincidentes.

Diógenes Laercio -un historiador ateniense del siglo III d.C.-, dedicó a Sócrates un montón de páginas en el libro segundo de los 10 que constituyen su monumental Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos ilustres. En lo relativo a los detalles biográficos, y no sin cierto desparpajo, Diógenes Laercio confirma el mal carácter de la esposa de Sócrates y la existencia de una segunda mujer. Sócrates estuvo casado con Jantipa, más joven y de mejor familia que él, que -como su madre- era partera. Parece ser que tenía un humor sulfuroso, que sacudía al filósofo y que, según trascendió en pinturas y obras literarias muy posteriores, llegó a echarle por la cabeza el indeseable contenido de un orinal. Tuvieron tres hijos, pero no está del todo claro si uno de ellos nació de Myrto. Las leyes atenienses autorizaron, en un momento dado, a los varones a tomar una segunda esposa -o concubina- para paliar la caída demográfica causada por las guerras y, en una ocasión, por la peste.

Sócrates ya fue protagonista de un inolvidable espectáculo de cubos en 1972, creado y dirigido por Adolfo Marsillach con el decisivo concurso literario de Enrique Llovet. Un año antes, el gran Roberto Rossellini había filmado para la televisión italiana Sócrates, una biografía del filósofo que los interesados pueden encontrar en DVD siempre -creo- que recurran a los servicios de Amazon y a la versión original.

José María Pou da contundencia y convicción moral, con su enorme disposición para la ironía socrática (“Sólo sé que no sé nada”), a Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano, que podemos ver en la Sala Fernando Arrabal de Matadero.

El espectáculo se centra en el juicio para exponer la estatura cívica y ética de Sócrates, quien, acusado contradictoriamente de despreciar a los dioses y querer introducir otros nuevos -también fue imputado por corromper a los jóvenes-, aceptó la sentencia de muerte por cicuta y no quiso colaborar en un plan de fuga preparado por sus amigos. Se defendió, sí, ante jueces, acusadores y el mismo pueblo ateniense con su método de preguntar y preguntar para mejor conocer la verdad, pero prefirió morir para hacer valer su compromiso incorruptible con la ley, la democracia y la justicia que, sin embargo, le condenaban.

Anuncios

Entry filed under: cultura clásica, filosofía, Grecia, Greece, teatro. Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , .

Nuccio Ordine advierte sobre una “humanidad desmemoriada” y utilitarista ‘La mujer en la antigua Roma’

1 comentario Add your own

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Aprovecha esta oferta especial de suscripción a Historia National Geographic

HNG-Enero16-EMAIL-XCOM--revista-OK

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

febrero 2016
L M X J V S D
« Ene   Mar »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
29  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente


A %d blogueros les gusta esto: