Rodas, los marinos del Coloso

11 noviembre 2015 at 5:58 pm Deja un comentario

  • Levantaron una de las Siete maravillas de la Antigüedad y dominaron el comercio mediterráneo durante siglos, pero los rodios fueron admirados sobre todo por la estabilidad de su constitución
  • La isla de desempeñó un papel crucial tras la muerte de Alejandro Magno

recreación Coloso de Rodas

Recreación de Rodas por el pintor checo Frantiek Kupka (1871-1957).

Fuente: JOSÉ PASCUAL. Universidad Autónoma de Madrid |  La Aventura de la Historia – EL MUNDO   11/11/2015

La fértil isla de Rodas, la más grande (1.400 km2) del archipiélago del Dodecaneso, desempeñó a lo largo de las dos centurias que siguieron a la muerte de Alejandro Magno un papel de primerísima importancia en el contexto del Mediterráneo antiguo y fue precisamente en este prodigioso período de su historia cuando los rodios adquirieron la fama de la que gozaron en la Antigüedad por su pericia naval, su riqueza comercial y la moderación y estabilidad de su constitución. “La ciudad mejor gobernada de los griegos”. Así se refiere a la democracia rodia el historiador Diodoro de Sicilia, del siglo I a.C. (20, 81, 2), haciéndose eco de un sistema que fue capaz de mantener de manera continuada, cosa infrecuente entre los griegos, la armonía entre sus ciudadanos.

El Estado rodio, fruto de la unión (sinecismo) en el año 408-407 de las tres ciudades de la isla, Yáliso, Cámiro y Lindo, que mantuvieron su existencia física y política como subsecciones del Estado, comprendía en primer lugar el Consejo (boulá), compuesto por un número desconocido de consejeros que se renovaban cada seis meses. Los consejeros llevaban la administración de los asuntos cotidianos y convocaban la asamblea a la que se sometían las propuestas que debían debatirse y, eventualmente, aprobarse. La Asamblea (ekklesía), abierta a cualquier ciudadano que lo deseara, se reunía de manera regular una vez al mes. Poseía la autoridad suprema y se ocupaba, por ejemplo, de los ingresos públicos, de la política exterior y de defensa y de la organización militar.

Igualmente están atestiguados los tribunales, llamados dikastéria. Por lo que se refiere a los magistrados (archaí), el sacerdote de Helios era epónimo, es decir, encabezaba la lista de magistrados y daba su nombre al año administrativo. Destacaban también los cinco pritanos, que ocupaban el cargo durante seis meses. Estos ejercían la presidencia del Consejo, y probablemente de la Asamblea, y poseían el insólito poder en el mundo griego de nombrar embajadores.

El Estado no se redujo únicamente a la propia isla sino que se extendió por las islas vecinas del Dodecaneso, así como por la costa de Asia Menor. Esta última se denominaba Perea (la tierra de enfrente) y sus habitantes eran considerados también rodios. Además, desde comienzos del siglo II, controlaron las Cícladas y llegaron a ocupar en el sur de Asia Menor toda Licia y partes de Caria. “Ocuparás la colina entera de la asamblea (de los dioses) con una sola de tus nalgas”. Estas palabras pone en boca de Zeus Luciano (Zeus trágico, 11-17), un autor griego del siglo I d.C., para referirse de manera jocosa a una de las celebérrimas obras de la Antigüedad que albergó la ciudad, la colosal estatua de Helios, el dios Sol, patrono de la isla.

alejandro-helios-EM

Cabeza del dios Helios caracterizada con rasgos de retratos de Alejandro Magno

Y en efecto, el Coloso medía más de 30 metros de altura. Era obra del arquitecto Cares de Lindo para conmemorar la victoria resistencia rodia del asedio de Demetrio Poliorcetes en 305-304 a.C., y su construcción se prolongó durante doce años, quizá entre 304 y 292 a.C., y costó trescientos talentos de plata, una cifra extraordinaria (cada talento equivale aproximadamente a 26 kg de plata). Exteriormente estaba formada por láminas de bronce que pesaban en conjunto unas trece toneladas y contaba con un armazón interno de hierro de unos 7.800 kilogramos.

Debemos abandonar la idea de que estuviera situada a la entrada de uno de los puertos de la ciudad y que los barcos pasaran por debajo de sus piernas. De hecho, tal separación de las piernas para una estatua tan gigantesca era tecnológicamente inalcanzable y, cuando el Coloso cayó, lo hizo sobre las casas y no parece que ningún fragmento fuera a parar al mar. Es mejor imaginarlo con las piernas juntas o apenas distanciadas, tocado con una corona de rayos. Seguramente pudo alzarse en la zona del Palacio del Gran Maestre, en las proximidades de la actual Iglesia de San Juan del Coloso, en la parte superior de la calle de los Caballeros.

Acrópolis y gimnasios

A pesar de su fama, el Coloso fue, sin embargo, efímero. Fue derribado por un terremoto en 226 a.C. y nunca más se reconstruyó. Mucho tiempo después, en el siglo VII, un mercader judío compró sus restos y se los llevó a Oriente para fundirlos. En todo caso, el Coloso adornó, si bien por un breve tiempo, una ciudad que era ya de por sí bella. Rodas fue creada de nueva planta a partir de 408 en el extremo nororiental de la isla, en una zona que formaba un anfiteatro natural dotado de gran capacidad portuaria. La nueva ciudad se construyó sobre un trazado hipodámico, cuyas calles se cruzaban en ángulo recto. Las más pequeñas poseían una media de unos 5,5 metros de anchura y las mayores medían aproximadamente 16 metros.

El ágora pudo encontrarse hacia el centro de la ciudad, al suroeste del gran puerto, debajo de la ciudad medieval. Al sur del ágora se encontraría el Tolomeo, uno de los dos grandes gimnasios de la ciudad. La acrópolis se ubicaba al oeste, dominando la ciudad, en la colina de Agios Stefanos o Monte Smith. Estaba incluida en el recinto murado y conserva un estadio del siglo III, un Odeón, con una capacidad para ochocientas personas, y, sobre la cima de la colina, el templo de Apolo. El teatro pudo ubicarse en la ladera meridional de la acrópolis, junto a la muralla que circundaba completamente la ciudad. La necrópolis mejor conocida se extendía al suroeste.

Rodas fue famosa por sus puertos, que centralizaban gran parte del tráfico comercial del Mediterráneo oriental. En el puerto pequeño, el actual Mandraki, se disponían las atarazanas que albergaban los buques de guerra. Inmediatamente al sur se encontraba el gran puerto comercial y, más allá, el de Acandia. Otro puerto se localizaba aún más al sur, y el último se extendía por el área noroccidental, que se vio colmatado a lo largo del siglo III por el crecimiento de la ciudad.

Máquinas de fuego y piratería

Aunque desconocemos exactamente el número de efectivos de la Armada, el mayor número de barcos que estuvo en servicio en un año, que sepamos, fue de setenta y cinco en 190 a.C., y es posible que el total superara holgadamente esta cifra. En todo caso, durante largo tiempo, a partir de la segunda mitad del siglo III, Rodas fue el único Estado que poseyó la capacidad de poner en servicio en el mar una fuerza considerable y experimentada. Los buques de guerra de la Antigüedad se dividían en dos categorías básicas: catafractos o acorazados, es decir, aquellos que estaban provistos de una cubierta que protegía a los remeros de los disparos adversarios, y afractos, o que carecían de ella. Los rodios combinaban varios tipos de barcos.

Entre los catafractos, los más grandes eran quinqueremes y cuadrirremes, las clases menos pesadas de esta categoría, y empleaban también trirremes en versión afracta o catafracta y, además, naves más ligeras, las famosas hemiolías y triemiolías, que parecen haber constituido una creación rodia de finales del siglo IV o principios del III. Podemos interpretar la hemiolía, literalmente el uno y medio, como un buque dotado de un doble banco de remeros con dos y un remero bogando con el mismo remo en cada fila y con 30 a 50 remeros en total. La triemiolía, el dos y medio, debía contar con tres filas horizontales de remeros, si bien le faltaba parte de una línea de remeros, aunque se debate si se trataba de la fila superior o la inferior.

Templo de Atenea Lindia

Templo dórico de Atenea Lindia, en Lindo, núcleo fundacional junto a las ciudades de Yáliso y Cámiro del Estado de Rodas, en los años 408-407 a.C.

En todo caso, una triemiolía contaría con una tripulación de 144 hombres de los que 120 serían remeros, esto es, dos filas completas de 24 remeros por cada lado, con dos remeros manejando el mismo remo, y una media fila con doce por cada costado de la nave con un solo remero en cada remo. Los rodios introdujeron también otras innovaciones, como las máquinas portadoras de fuego (pyrphoros), que lanzaban bolas de fuego sobre los barcos enemigos. Se trataba, en suma, de una flota predominantemente ligera, fácil de desplegar y capaz de patrullar las costas, de proteger la navegación y el comercio y, sobre todo, de combatir a la piratería.

La mayor parte de los barcos estaba mandada por un trierarco que anticipaba el pago a la tripulación que luego le reembolsaba el Estado. Aparentemente, la unidad táctica básica era el escuadrón, compuesto de tres barcos de guerra. Las escuadras estaban mandadas por arcontes y hagemones, y el navarco o almirante, elegido en situaciones excepcionales, ejercía el mando supremo de toda la flota. Los remeros parecen haber sido en su mayor parte ciudadanos y, a menudo, las tripulaciones de una nave formaban una asociación para preservar los vínculos que habían establecido durante el servicio. Por ejemplo, una de las dos inscripciones del famoso relieve de la escalera de la acrópolis de Lindo es una dedicatoria, hacia el año 80 d.C., de un arconte, un trierarco y la tripulación de una triemiolía.

Monopolio del grano egipcio

Además de la flota, los rodios crearon una red de puertos (liménas) y embarcaderos (hormatéria) como en la ciudad cretense de Hierapitnia (SIG3 581), que permitían ejercer el control sobre el mar adyacente y proteger las rutas, un concepto que los rodios expresaban con el nombre de phylaké (vigilancia). Esta verdadera talasocracia estaba diseñada en esencia para atender a las necesidades del comercio rodio, la fuente principal de riqueza de la isla.

En efecto, Rodas estaba estratégicamente situada para el comercio naval a medio camino entre el Egeo y las costas de Cirene, Egipto, Chipre y Siria, entre los centros de producción de grano y los puntos de distribución. Así, por ejemplo, los barcos podían cubrir la distancia entre el Bósforo y Rodas en cinco días (445 millas náuticas) o alcanzar Alejandría, que distaba 325 millas, en tres días y medio, y Atenas en cuatro (275 millas). A ello se sumaban las facilidades portuarias, mercantiles y financieras que los rodios ponían a disposición del tráfico marítimo.

La república exportaba notables cantidades de frutas, miel, aceite, vino y algunos pescados y minerales, y difícilmente podríamos encontrar un solo sitio excavado desde Ampurias a Mesopotamia, pasando por Crimea, el delta del Nilo, el sur de Italia, Sicilia, Cartago e Iliria donde no aparezcan las ánforas rodias, que tendían a ser marcadas por el fabricante o el mercader y por un magistrado. Rodas fue también el principal centro bancario del Mediterráneo oriental, importaba notables cantidades de grano chipriota y llegó a monopolizar virtualmente el comercio del grano egipcio.

Así, los barcos cargados de vino, aceite, higos y otras materias primas viajaban de Rodas a Alejandría, donde se cambiaban por grandes cantidades de grano que demandaban los rodios y otros griegos. Su principal papel fue como intermediarios del comercio mediterráneo, y no solo de materias primas, sino también de productos de lujo procedentes de las caravanas que venían de la lejana Arabia a los puertos de Siria, de Palestina y de la propia Alejandría y que se distribuían en el Mediterráneo después de reembarcar para Rodas.

Auge de Roma

De este modo, Rodas se convirtió en uno de los Estados más ricos. Solo las tasas aduaneras de las mercancías en tránsito reportaban a la república unas ganancias de un millón de dracmas, lo que supone un valor de veinticinco millones de dracmas o 4.167 talentos, más de cien mil kilogramos de plata, y ello representaba solo una fracción de la riqueza que afluía a Rodas y era negociada por los rodios. El beneficio privado debió de ser enorme.

Serían, finalmente, la declaración como puerto franco de Delos por Roma en 166 a.C., la destrucción de los puntos de comercio en Cartago y Corinto, la competencia de ciudades como Quíos, Cos, Cauno y Cnido, el aumento de la piratería cilicia, la expansión de las exportaciones itálicas y la creciente presencia de los negotiatores itálicos, los fenómenos que terminaron por llevar a la isla a su decadencia.

relieve de nave rodia

Relieve de una nave de guerra rodia incrustada en la roca, a los pies de las escaleras que conducen a la acrópolis de Lindo

A la luz de las noticias conservadas, un reducido círculo de familias parece haber monopolizado los más altos cargos civiles, militares y religiosos de la república. Así, por tomar el ejemplo mejor conocido, un número extraordinario de hijos, padres y hermanos y otros miembros de familias poderosas se turnaban con sorprendente regularidad en el sacerdocio de Atenea en Lindo, uno de los principales cultos de la isla. Del mismo modo, un considerable volumen de inscripciones honra a individuos que sirvieron como comandantes y oficiales de la flota y que parecen costear los gastos navales.

Por ejemplo, un tal Alexidamo fue honrado en una inscripción por cuarenta y tres oficiales y marineros que sirvieron con él en el mismo barco. Un alto número de dedicantes, quizás unos quince, están vinculados por lazos familiares. Así, Alexidamo es muy probablemente el padre de Epicratidas, uno de los infantes de marina. El trierarco, Teupropo, era el hijo de Euclidas, uno de los artilleros de la catapulta. Dos hermanos, Filóstrato y Lisandro, marineros de popa, tienen por padre a uno de los marines, Hagesarco. Y además todos ellos parecen haber estado envueltos, directa o indirectamente, en el comercio marítimo.

Se trataba, pues, de familias que poseían no solo barcos mercantes sino también buques de guerra. De hecho, buena parte de la flota rodia parece estar formada por barcos que eran de propiedad privada y cuyos propietarios los ponían al servicio del Estado. Asimismo, estas familias poseían grandes propiedades, complementarias de un poder que se basaba en dos fuentes vitales de riqueza, la tierra agrícola y el comercio marítimo. Marinos, mercaderes, latifundistas, estamos en definitiva ante una aristocracia naval, algo infrecuente en la Antigüedad, que era la principal responsable de la posición política y económica que ocupó Rodas en el mundo helenístico.

Asociaciones ciudadanas

Esta aristocracia naval ejercía su poder e influencia también a través de formas sofisticadas y sutiles como la beneficencia a gran escala (euergesía) y las contribuciones públicas voluntarias (epídoseis), mediante las cuales mostraban su excelencia y riqueza y por las que esperaban recibir honores. En realidad no solo subsidiaban la infraestructura política, militar y comercial sino la propia democracia, lo que les permitía controlar en buena medida el Estado.

Conocemos también numerosas asociaciones de todo tipo, públicas o privadas, que incluían no solo a ciudadanos sino también a extranjeros residentes (metecos). Estas asociaciones votaban honores a determinados benefactores que formaban parte de las mismas y habían prestado dinero a sus miembros, una evidencia de que se hallaban vinculadas a la aristocracia. A través de ellas, la aristocracia establecía relaciones de dependencia, penetraba y controlaba el tejido social, consolidaba su posición de privilegio y monopolio y daba esa imagen de una Rodas gobernada a un tiempo por un Consejo aristocrático y la Asamblea, por el Senado y el pueblo, que tanto agradaba a los romanos (Cic. República 3, 35, 48).

*Artículo publicado por el autor en el número 179 de La Aventura de la Historia. Puede leer el texto completo en http://quiosco.historia.orbyt.es/

Anuncios

Entry filed under: ancient greece, cultura clásica, Grecia, Greece, historia. Tags: , , , , , , .

Un Coloso para Rodas en el siglo XXI Carlos III y Pompeya: La luz de la arqueología

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Aprovecha esta oferta especial de suscripción a Historia National Geographic

HNG-Enero16-EMAIL-XCOM--revista-OK

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

noviembre 2015
L M X J V S D
« Oct   Dic »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente


A %d blogueros les gusta esto: