Archive for 10 octubre 2015

El atleta más rico de la historia era de Mérida

  • Un auriga de Emerita Augusta ya se beneficiaba del ‘merchandising’ hace veinte siglos
  • Un investigador de la universidad de Pensilvania ha calculado la fortuna de Cayo Apuleyo Diocles en más de 15.000 millones de dólares actuales

mosaico-auriga

Fuente: J. LÓPEZ-LAGO  |  Hoy Digital    10/10/2015

La última lista Forbes situaba a Fernando Alonso como el deportista español mejor pagado del mundo. A ese exclusivo grupo pertenecen Pau Gasol, el héroe del pasado Eurobasket, o Rafael Nadal, ya en la recta final de su carrera. Pero incluso si sumáramos estas tres fortunas, no superarían lo que ganó un emeritense, considerado el deportista mejor pagado del mundo, por encima del boxeador Floyd Mayweather, con 300 millones de dólares y último líder de la lista de celebridades mejor pagadas del mundo que elabora regularmente la revista Forbes.

Se trata de Cayo Apuleyo Diocles, auriga que en Mérida tiene calle y un pabellón con su nombre, pero que más allá de la capital autonómica no es tan conocido, aunque sobre su fortuna se haya escrito recientemente en medios de comunicación de todo el mundo. Se debe a que ha buceado en su pasado el investigador Peter Struck, profesor asociado de Estudios Clásicos en la Universidad de Pennsilvania.

Según sus cálculos, ganó 35.863.120 sestercios en su vida, una cifra que recoge la inscripción monumental que le dedicaron a su muerte en Roma en el 146 D.C. sus admiradores y compañeros de profesión. Según Miguel Alba, exdirector del Consorcio de la Ciudad Monumental del Mérida, «su inscripción está en Roma, en la metrópoli, y allí solo están los mejores del imperio. En su caso, quedaba claro que Diocles movía pasiones». Según explica, podemos intuir que es de Mérida porque de Lusitania venían los mejores caballos, además de contar con un circo del que solo gozaban unas pocas ciudades.

Según las averiguaciones de Struck, esa cantidad hubiera servido para mantener a todo el ejército romano y a sus legiones durante un periodo de tres meses, explica el experto para hacerse una idea del alcance de sus emolumentos como corredor.

Como referencia actual, añade, los ingresos que logró el emeritense en su carrera deportiva superaron los 15.000 millones de dólares. Según la revista Forbes, en 2009 el golfista Tiger Woods fue el primero – sin contar a este atleta de la Antigüedad– en superar la barrera de los 1.000 millones de dólares.

Cayo Apuleyo Diocles tiene su propia entrada en Wikipedia, donde se afirma que era nativo de la actual Mérida, entonces Emérita Augusta, una de las tres principales ciudades del imperio y con un circo romano en el que más de 30.000 espectadores cómodamente sentados pudieron ver sus primeras carreras. De hecho, Alba señala cómo en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida hay referencias a Diocles, su origen emeritense, y su valía como corredor «cuando los visitantes están ante el mosaico con una cuadriga que hay en uno de sus muros, o ante una pieza de bronce de un caballo esto sirve de excusa para explicar la historia de Diocles».

En torno a los 18 años, probablemente tras imponerse en competiciones locales que ya eran de primer nivel, emigró a Roma. Allí las escuderías se llamaban ‘facciones’ con seguidores tan fanáticos que se producían enfrentamientos entre ellos. Tras unas temporadas con la facción blanca, cambió a la verde a los 24 años, y finalmente a los 27 a la roja, algo que equivaldría a la escudería Ferrari actual, donde siguió corriendo hasta los 42 años, una edad excepcional, pues lo habitual era retirarse antes por culpa de graves accidentes. En total se le atribuyen 1.462 victorias, unas cifras que ni Michael Schumacher soñó en el mejor momento de su carrera.

Marca personal propia

Siguiendo con el símil automovilístico, de Cayo Apuleyo Diocles se conocen hasta los detalles del motor que usaba para arrasar en las competiciones: sus caballos reales, siendo los más conocidos Cotino, Gálate, Abigeio, Lúcido y Pompeyano.

Víctor Sánchez del Real, experto en comunicación y especialista en marca personal, vinculado a Mérida y afincado en Madrid, lo usa como ejemplo en sus charlas sobre cómo alrededor de este auriga se fabricó una aureola gracias a la cual sus ingresos económicos se multiplicaron.

En su página de Internet, Elocuent, Sánchez del Real explica que de su fortuna solo tenemos noticia de las ganancias por carreras ganadas, «pero debemos tener en cuenta que el ‘merchandising’ de la época en torno a gladiadores y aurigas incluía todo tipo de objetos: lámparas de aceite con la efigie del deportista que se vendían en mercados y en los propios eventos, o los mosaicos conmemorativos (equivalentes a los posters actuales). Sin dejar de lado las estelas o las estatuillas. Incluso los caballos tenían su nombre incluido en estos elementos y llegaba la adoración a tal nivel que podemos tener la referencia cuando en su locura el emperador Calígula nombró cónsul a su caballo favorito: el también hispano Incitatus, una figura reconocida en su época».

La capacidad de movilización de fans y seguidores –prosigue Sánchez del Real– generaban importantes ingresos adicionales a los premios, como las apuestas y todo el material promocional de deportistas que es fácilmente reconocible en los yacimientos de la época.

«Cuando ahora vemos aumentar el dinero que generan las marcas de deportistas de élite, podemos estar seguros de que aún falta una temporada para que alguien alcance el nivel del emeritense Gaius Appuleius Diocles. Su marca personal merecería estar en los museos, donde de hecho ya está escondida en muchos objetos conmemorativos», señala.

Tal y como recuerda el exdirector del Consorcio, Miguel Alba, en Roma «la muerte verdadera no se consideraba la física, sino ser olvidado». Si sus inscripciones en Roma como capital del imperio ya consiguieron prolongar su vida hasta la actualidad, ahora los últimos artículos publicados sobre sus peripecias lograrán que el auriga emeritense sea definitivamente inmortal.

 

10 octubre 2015 at 10:47 am 3 comentarios

Los muertos de Pompeya se confiesan

Un equipo de científicos escanea los cuerpos de víctimas de la erupción para estudiar cómo vivieron y perecieron

momias-pompeya

Una tomografía axial computarizada de una de las momias de Pompeya. / EL PAÍS

Fuente: GUILLERMO ALTARES > Madrid |  EL PAÍS     10/10/2015

El primer esqueleto de Pompeya fue descubierto el 19 de abril de 1748, apenas dos meses después de que comenzasen las excavaciones en la ciudad romana enterrada por el Vesubio. Dos siglos y medio después, gracias a la tecnología de vanguardia y a un equipo internacional y multidisciplinar de científicos, las víctimas de la erupción del año 79 comienzan a desvelar sus secretos. Como explica la gran latinista británica Mary Beard, autora del estudio de referencia sobre el yacimiento, Pompeya. Vida y leyenda de una ciudad, “los moldes de yeso de las víctimas del Vesubio son un recuerdo constante de que se trata de personas como nosotros”. Lo que pretende ese proyecto, que se está desarrollando actualmente, es sacar a la luz toda esa humanidad, estudiar las patologías que padecían –la primera sorpresa que se han llevado los expertos es que su salud dental era muy buena–, descubrir cómo murieron pero, sobre todo, cómo vivieron. Y, tal vez, aclarar alguno de los misterios que todavía esconde el yacimiento.

Giuseppe Fiorelli fue el primer gran director de Pompeya, que en el siglo XIX marcó las pautas de organización que rigen casi desde entonces el yacimiento. Sin embargo, Fiorelli será recordado por una idea tan sencilla como genial: rellenar con yeso los huecos que habían dejado al descomponerse los cuerpos de las víctimas de la erupción y lograr un molde perfecto de los pompeyanos en el momento de su muerte. De hecho, son los únicos rostros y cuerpos de muertos que han llegado hasta nosotros desde la antigüedad. Una de las secuencias más impresionantes del filme Te querré siempre (Il viaggio in Italia), de Roberto Rossellini, muestra como Ingrid Bergman y George Sanders contemplan este proceso para descubrir que el hueco escondía una pareja de amantes abrazados. El maestro del neorrealismo captó en esa escena la capacidad que los muertos de Pompeya tienen para hablar al presente.

El primer yeso surgió las viejas cenizas en 1863 y, pese a la fascinación que despiertan, nunca habían sido estudiados así. Hasta ahora solo se había escaneado una vez un cuerpo, en 1994 en Australia, donde había sido trasladado para una exposición. “Lo más increíble de los yesos es que nunca habían sido analizados a fondo”, explica por teléfono la antropóloga australiana Estelle Lazer, una de las máximas autoridades mundiales en el estudio forense de la antigüedad, que lleva tres décadas trabajando con los restos encontrados en Pompeya. Un perfil de la Universidad de Sidney definió a Lazer como Indiana Bones (huesos en inglés) para ilustrar su obsesión por arrancar toda la información histórica posible a los esqueletos. De hecho, la profesora Lazer, autora del libro Resurrecting Pompeii, retrasó ayer la entrevista porque su móvil iba a carecer de cobertura: iba a pasar la mañana visitando una tumba etrusca en Tarquinia.

“Gracias a nuevas técnicas, podemos tener mucha información sobre su edad, sobre las enfermedades que padecían, sobre los motivos de su muerte. Tenemos la capacidad de mirar la antigüedad de una forma totalmente nueva”, explica Lazer, que forma parte del equipo internacional dirigido por el soprintendente de los yacimientos de Vesubio, Massimo Osanna, integrado por un radiólogo, un odontólogo, un arqueólogo y un experto en el sofisticado TAC que están utilizando. Lazer explica que en Pompeya se han encontrado muchos huesos desperdigados, pero que los únicos esqueletos completos están encerrados dentro de los yesos.

cuerpos-pompeya

Unos arqueólogos extraen los cuerpos momificados de dos adultos y tres niños tras la erupción. / EL PAÍS / © Bettmann/CORBIS

La nueva dirección del yacimiento se enfrenta a una gigantesca tarea científica, pero también administrativa para sacar al yacimiento del desastre en el que se ha encontrado inmerso los últimos años, gracias a una importante inyección de fondos europeos. Este trabajo con los yesos comenzó hace varios meses con su restauración, en una especie de hospital para fantasmas romanos instalado dentro de las propias ruinas. En muchos casos se trata de piezas del siglo XIX, que necesitaban ser restaurados antes de poder ser escaneados.

Veinte de ellos fueron expuestos este verano, pero ahora ha comenzado la labor más difícil: extraer toda la información posible a unos seres humanos que murieron hace 2.000 años. Por ahora han estudiado apenas una decena, pero pretenden analizar 86 y presentar los primeros resultados a finales de noviembre. Desde la dirección del yacimiento explican que Philips ha puesto a su disposición un TAC de última generación, que permite eliminar cualquier elemento metálico de la imagen que se genera. Luego, gracias a un sofisticado escáner con láser, se generará una imagen tridimensional.

La primera sorpresa se ha producido en los dientes: la mayoría de las víctimas no han perdido piezas pese a que vivieron en una época en la que no existía nada parecido a la odontología o higiene dental –“Pompeya debió ser una ciudad de muy malos alientos”, escribió Mary Beard–. La explicación es que los antiguos pompeyanos debían tener una dieta muy buena, con muy pocos azúcares. También se está descubriendo que había víctimas de todas las edades frente a la idea de que en la ciudad solo se quedaron los ancianos o los débiles. Y también se han encontrado muchos huesos rotos, lo que indicaría que las víctimas no murieron ahogados por una lluvia de piedra pómez sino con golpes mucho más brutales. Lazer explica: “Lo increíble de Pompeya es que puedes haber pasado media vida investigando y siempre te ofrece algo nuevo”.

La ciudad de los misterios

La villa de los misterios es uno de los edificios más impresionantes de Pompeya, situado en las afueras de la ciudad, que recibió ese nombre por la cantidad de recovecos que ofrecía. Sin embargo, puede ser un nombre aplicado al yacimiento. Pese a que cientos o miles de arqueólogos han pasado por sus ruinas, todavía hay misterios sorprendentemente tozudos. Por ejemplo, nunca se ha encontrado el puerto. Y sigue abierto otro debate apasionante: ¿cuándo se produjo la erupción?

La fecha tradicional es el 24 de agosto porque en su relato Plinio el joven habla del noveno día antes de las calendas de septiembre. Pero numerosas evidencias, sobre todo una moneda, indican que el desastre pudo ocurrir más tarde, a finales de septiembre. Pero, en este terreno, el estudio de los yesos no llevará a conclusiones definitivas aunque algunos lleven togas de invierno. “Creo que la ropa no nos proporciona información sobre la estación porque lo que la gente lleva en una huida no refleja lo que llevarían puesto en un día normal”, explica Mary Beard. Grete Stefani, responsable de las excavaciones en Pompeya, se pronuncia en el mismo sentido: “No creo que la investigación sobre los yesos nos proporcione información sobre la fecha de la erupción”.

10 octubre 2015 at 8:59 am Deja un comentario


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente